Nota: Hola a todos, una disculpa pero entre a clases de nuevo y en fin, me dejaron montones de deberes.

Les había dicho que pondría un horario (Por así llamarle) para que ustedes no se desesperen y estén atentos a los días de actualización.

Hare esto, la vez pasada dije que no subiría capitulo hasta tener el siguiente y así. Bueno eso lo hace más sencillo para mi y puedo actualizar más seguido. Los días de actualización serán LUNES, MIERCOLES Y VIERNES, en caso de no actualizar un miércoles, ya que es entre semana lo cual se me complica un poco, esperen CAPITULO DOBLE LOS VIERNES.

Ahora otra cosa importante, como tengo varios capítulos hechos, dependiendo de los reviews habrá días de MARATÓN. Mi otro fic (Somewhere Only We Know, para aquellos que lo siguen) únicamente lo actualizare los fines de semana.

Eso es todo.

Siéntense, relájense y lo mas importante… ¡Disfruten de la lectura!


Capitulo 6

Febrero 21 - Día 36

Tan pronto como entre al pabellón sabia que seria un buen día.

Había estado soleado durante toda la tarde, al menos en Westerville. Lo que comenzó como un día agradable se había desvanecido en una preciosa violeta puesta de sol. Apenas alcance a verlo a través de las cortinas a Kurt, el estaba acostado en la cama, tenia apoyadas sus manos en su cabeza mientras veía los últimos minutos de lo que parecía ser un episodio de Project Runway en la tv sujetada a la pared.

Sonrió de lado cuando me vio cambiándose de posición.

- ¿Project Runway? – Le pregunté al ver de nuevo mi silla azul que había estado perdida, la jale y la acomode de forma que yo pudiera ver la tv.

Sam, Quinn y yo habíamos visto alguna temporada, recuerdo que todos nos enfermamos, acabábamos de mudarnos juntos, así que todos mis recuerdos de esta serie estaban nublados por delirio y enfermedad.

- Episodio cuatro de la sexta. Hoy me la pase viendo toda la primera temporada. Me estoy divirtiendo, pero no creo que las enfermeras estén disfrutando la cantidad de insultos que salen de mi boca al ver algunos diseños tan patéticos. - Respondió

- Eso es cierto. Y mas siendo tu. – Le conteste deslizando mi bolso de mi hombro, mientras miraba como los diseños se iban presentando. – ¿Cómo estás hoy?

- Flotando. – Dijo, sintiendo una cantidad inmensa de placer en la calidad de su respuesta.

- ¿En serio? – Le dije con una sonrisa, notando el cambio en su actitud que me contagiaba.

Me acordé de la primera vez que me encontré con él, cuando ni siquiera me miraba a los ojos. Fue increíble verlo ahora, con pequeños destellos del niño alegre que se manifestaba en sus ojos cada vez que me miraba. Todavía no podía creer que se hubiera abierto tanto, era realmente increíble, surgió en mi estomago una especie de felicidad privada. Por supuesto, todavía estaba enfermo, pero lograba demostrar otro aura alrededor de el.

El me guiño un ojo llamativamente. –Creo que puede ser la heroína que consumí.

Una risa estalló fuera de mí antes de que pudiera detenerla, con la falta de lógica en su respuesta era imposible mantener una cara seria. – Bebe, si consumieras heroína no creo que serias tan guapo.

Se quedo sorprendido mientras movía un poco sus pestañas y me miro. – ¿Estas diciendo que soy guapo?

- Para ser un chico pálido con cabello castaño y bien peinado. No este tan mal. – Le conteste, preguntándome que lo había puesto de tan buen humor.

- Alguien se ve alegre. – Dijo La enfermera de hace dos semanas mientras se asomaba en la puerta con una expresión amigable en su rostro.

-Tan alegre como una muerte lenta y dolorosa puede ser. – Dijo Kurt mientras sonreía de lado hacia mí.

Ella le dio una sonrisa incierta mirándome tratando de analizar si estaba bromeando o no. –Le hemos aumentado sus analgésicos, por lo que estará un poco desubicado hasta que su cuerpo se acostumbre a ellos. No va a poder mantenerse de pie por mucho tiempo, no mas de lo usual.

Bueno, eso sin duda explicaba su anterior comportamiento. Aun me gustaba aunque estuviera en este modo, sarcástico y un poco vulgar, con su encantador y suave tono de voz parecía un tonto.

- Esta bien, gracias. – Le dije mientras le daba mi mejor sonrisa a la enfermera.

Ella me sonrió de vuelva, evidentemente satisfecha con mi aparente respuesta. –Llámenme si me necesitan.

- Lo hare. –Le respondí mientras dirigía mi mirada de nuevo a Kurt, quien me estaba aun sonriendo desde la cama, sus dedos trazando el borde de su playera en una forma que distraía bastante.

-Bueno, gracias a Dios, nos hemos librado de ella, ¿eh? – Le dije.

Él asintió con su cabeza. – ¡Ugh! Chicas.

Saque su expediente de mi bolso y lo utilice para golpearlo en la pierna. –No todas las chicas son malas. Quinn hace muffins deliciosos ¿Recuerdas?

- Ella es aceptable. – El sonrió, sus hoyuelos aparecieron en su pálida piel. Me quede sin aliento, la luz y lo despreocupado de su expresión hicieron que se me hiciera difícil respirar. Acostado en la cama un poco desubicado por los analgésicos y la mala tv, el se veía feliz.

- ¿Que haremos hoy? – pregunto, acomodándose un poco, su playera se levanto dejando ver un poco de su piel pálida. Me llamo la atención su torso, no era tan musculoso, pero se veía firme y bien trabajado. Coloco sus brazos detrás de su cabeza. Realmente no se había movido mucho desde lo que recuerdo, hubo un cambio en el.

- ¿Que quieres hacer? – le pregunte.

- Algo divertido. – Contesto mientras acomodaba un poco sus brazos.

- Bueno, ¿que te gustaría hacer? – Tome mis lentes de lectura, me los coloque mientras abría su expediente. Había una pequeña información en un párrafo de la segunda pagina, comencé a leerlo pero mis ojos se detuvieron donde decía su fecha de nacimiento. – ¡Kurt, no lo puedo creer! – Le dije en desaprobación mientras lo miraba a travez de los lentes.

Sus cejas se arquearon. – ¿Que hice ahora?

- Bueno, ni siquiera me dijiste que fue tu cumpleaños. – Le reproche.

El se encogió un poco de hombros. –Fue mi último cumpleaños. No quería hacer un gran evento por eso.

Sus palabras se sintieron como un golpe, pero trate de no demostrar dolor en mi rostro. El no necesitaba nada de eso ahora.

- Bueno esa es una buena razón para hacer algo especial ¿Verdad?

- Supongo. –Su sonrisa de antes se había desvanecido a una mínima sonrisa, sus finos labios se curvaron en forma de tristeza. Pensé que no había nada que yo pudiera hacer para volver a ver sus hoyuelos de nuevo.

Cerré su expediente y lo metí de nuevo en mi bolsa junto con el libro que me había pedido que le trajera The Fault In Our Stars, una gran cantidad de recetas y gotas para la tos que había tenido toda la semana. No era cáncer. No, no era, definitivamente no era cáncer, no podía serlo. –Por lo menos dime que tuviste un pastel. – Le dije, tratando de ignorar mis manos sudorosas debido a mis pensamientos negativos.

El miro la televisión, mordiendo un poco su labio en tono de culpabilidad mientras evitaba mi mirada.

- Kurt ¿Fue tu cumpleaños y ni siquiera tuviste un pastel?

Exclame mientras me levantaba de la silla. –Es completamente inaceptable. ¿Donde esta tu teléfono? vamos a llamar a la cocina exigiendo un pastel.

Hizo un largo sonido que término pareciendo una pequeña risa. – ¡No! Blaine ¡Nooo! El pastel de aquí sabe como cartón y tristeza.

- ¿Dijiste cartón y tristeza? –Lo mire e inmediatamente mire afuera tratando de planear algo. –Hmm, bueno entonces ¿Que te parece tener una aventura?

Su sonrisa creció, no fue una sonrisa como la anterior, apenas se podían ver sus hoyuelos, pero era una sonrisa traviesa, sus ojos tenían un brillo especial. – ¿Que tipo de aventura?

- Una aventura que termina con un pastel. – Le conteste.

El se levanto, peinando su cabello hacia un lado. – Bueno sabes como me siento hacia el pastel.

Sonriendo, me coloque mi bolso de nuevo y lo cerré, estire mi mano ofreciéndola. –Vamos, ángel.

El tomo mi mano, entrelazando sus dedos con los míos dejando que lo sujetara. El se paro por un momento, pero inmediatamente se tambaleo y se fue hacia adelante cayendo en mis brazos.

Me miro con sus ojos azules bien abiertos y una amplia sonrisa, tuve el presentimiento que se había caído a propósito. – Oops. – dijo.

- Te tengo. – Le conteste mientras lo ayudaba a medio pararse. – ¿Que hay con las salidas a la cafetería donde trabaja Quinn que hacen que no puedas mantenerte de pie?

El no se separo de mi, no se si era porque no podía tener estabilidad en pararse o por que no quería. El era un mas alto que yo y tenia que voltear hacia arriba cada vez que lo miraba a los ojos cuando estaba completamente de pie. Creo que era el volumen de su cabello, no era que yo fuera pequeño. –Creo que los muffins y el café hacen que mis piernas tengan cierta debilidad.

- He escuchado que eso solo pasa con los panes de Quinn. – le conteste, tratando de no quedar atrapado en el hecho de que mis brazos aun seguían alrededor de su cintura y el seguía apoyado contra mi. Sabia que comenzaba a verme como un tonto adolescente, pero no podía evitar las pequeñas mariposas que sentía en mí estomago cuando estábamos cerca. Podía sentir su respiración en mis labios, su mirada en la mía con un un brillo algún tanto juguetón y eso hacia todo a nuestro alrededor un poco borroso.

- Creo que puedo caminar desde aquí hasta el closet. – dijo después de un largo momento, su voz algo quieta y un poco divertida. Asentí retirando mis manos de su cintura para que fuera a cambiarse. Llego al closet y comencé a ver como se colocaba su abrigo con cierta estabilidad.

- ¿Vas a poder caminar hasta la cafetería? – Le pregunte mientras lo veía tambalearse en el cuarto, a punto de caerse mientras ataba las agujetas de sus botas.

El alzo su miraba con una sonrisa descarada en su rostro.

- Entonces… ¿planeas cargarme todo el camino de aquí hasta ahí?

Cruce mis brazos en mi pecho. – ¿En serio crees que podría cargarte?

Se levanto mientras cerraba los botones de su abrigo. –Uno nunca sabe.

- Creo que tendrás que conformarte con que te empuje, es lo único que puedo hacer por ti. – Le conteste mientras señalaba la silla de ruedas que estaba apoyada contra la pared cerca de la ventana.

El miro la silla de ruedas y luego me miro a mí, haciendo un gesto adorable y asustado a la misma. Abrió la silla, y se sentó en ella. - ¡Vamos rápido! Creo que hace mucho que no estoy en una silla desde estudiaba.


Sacar a Kurt del hospital fue más fácil que la última vez. No había nadie en la sala de recepción, y bajamos en el elevador sin ningún problema. Era una encantadora tarde de febrero, se me hacia lindo el sonido de nuestra charla ociosa mientras lo empujaba por la acera.

Al llegar a la cafetería deje escapar un suspiro debido a mis músculos cansados y mis pulmones jadeantes. Le di un último empujón a la silla finalmente entrando a la cálida tienda.

Estire mis brazos por enzima de mi cabeza tomando un largo y profundo de respiro de aire con aroma dulce, esto hizo que un ataque de tos me comenzara.

Hubo una pequeña pelea en la parte de atrás de la cafetería antes de que Quinn se asomara. – ¡Blaine! –Exclamó ella, limpiando sus manos en su delantal dirigiéndose al mostrador, sus ojos se iluminaron al ver a mi acompañante. – Y Kurt también.

Asentí dándole una expresión severa mientras sus ojos se desviaban de mi rostro al de Kurt con emoción en sus ojos.

- ¿Podemos tomar prestada la cocina?

Ella coloco una mano en su cintura. – ¿Prestada?

-Solo temporalmente. – Kurt agrego, mientras acomodaba sus piernas y se levantaba con sus dedos apretando mi brazo para mantener su equilibrio.

- Es una cuestión de vida o muerte. – le explique serio, Kurt asintió en acuerdo.

Ella hizo una mueca. –Sabes que se cierra a las ocho y que el jefe se puede enojar.

- Tengo cáncer ¿Eso cuenta? – Pregunto Kurt esperanzado, mientras le dedicaba su mejor sonrisa. Dios, era tan encantador cuando quería serlo.

- Blaine, estoy haciendo esto solo porque tu amigo es muy, muy lindo. – Respondió luego de una pausa, me miro mientras se dirigía a la caja registradora para contar las ganancias del día.

Sonreí sabiendo que Quinn nunca se había resistido a ese tipo de sonrisas, tan adorables; era una de las razones por las que ella amaba a Sam. – Gracias Q' eres la mejor.

Le mostré el camino a Kurt hasta la cocina, colocando mi mano en su espalda asegurándome de que se mantuviera de pie.

- ¡Lo soy! – contesto Quinn a mis espaldas, con su tono suave de voz.


- Sabes que puedo caminar por mi mismo. –Susurro Kurt mientras caminábamos hacia la cocina, Aunque no hizo ningún movimiento para quitar mi mano de su espalda.

Levante mis cejas y lo mire. – ¿En serio puedes?

- Claro. – Él respondió, dirigiéndose a la meseta y apoyándose en ella. – ¿Que clase de pastel haremos?

- Estaba pensando tal vez uno de chocolate con glaseado de vainilla. – Tome un libro de cocina que estaba en una de las alacenas, examinando la portada roja. Eran más de decoración, ya que Quinn se había memorizado todas las recetas, pero yo no estaba tan familiarizado con el arte de hornear o cocinar.

Mientras leía los ingredientes que necesitábamos, mis ojos se detuvieron. –'Pastel Supremo de chocolate' ¿Suena bien? –Le pregunte, mientras regresaba a la pagina y se la enseñaba a Kurt.

El asintió, mientras aun se sujetaba de la meseta. –Suena perfecto.

- Así que tu... – Solté una pequeña risa, tratando de que sonara como una broma, aunque a juzgar por el color rosa que se hizo presente en sus mejillas y el calor que aparecía en mi cuerpo, tenia la sensación de que no estaba siendo del todo exitoso. ¿Qué demonios fue eso? Todo esto era ridículo. Kurt era un paciente, un paciente que ya tenia fecha de muerte. No funcionaría, no importa lo mucho que me hubiera gustado que funcionara.

No habría final feliz para nosotros.

- Léeme los ingredientes. Te aviso que no soy el mejor cuando se trata de cocinar. - le dije moviéndome hacia el estante que contenía las los frascos de harina y azúcar, tratando de evitar su mirada. Debía admitirlo, tenia un poco de miedo de lo que iba a encontrar en ella.

- Dos tazas de azúcar en un tazón. – El comenzó a leer, mientras que la delicadeza de su voz calmaba mis nervios. Tome una taza de medida, un tazón azul, luego llene la taza con azúcar y me detuve cuando el hablo.

- Sabias que tienes que quitar el exceso de azúcar de la taza ¿Verdad? De lo contrario eso seria más de una taza. – El dijo, y tuve la impresión de que en serio pensaba en reírse de mí. Las cosas entre nosotros no parecían ser capaz de permanecer incomodas por mucho tiempo, ya que Kurt era demasiado tolerante. Era como un enorme lago tranquilo.

- Eso era lo que iba a hacer. –Le mentí mientras deslizaba mi dedo sobre la taza quitando el exceso de azúcar que callo en sobre mi y en el piso.

- Oh, si claro. – Dijo mientras dejaba escapar una risa de sus labios.

- Púdrete. –Le dije rápidamente riendo mientras colocaba las dos tazas de azúcar en el tazón.

- 2 tazas de harina. – agrego mientras movía su pie de adelante hacia atrás golpeando un lado de la meseta.

Me moví por la harina, cuidadosamente llenando dos tazas para colocarlas en el tazón, al final termine con harina en toda mi frente y en mis mocasines rojos.

- No eres bueno en esto, hobbit. – Kurt me miro desde donde estaba parado con una sonrisa en su rostro.

Le lance un poco de harina a Kurt, pero solo logre que el harina llegara al suelo. –No te daré pastel si sigues de insolente. – le dije bromeando.

-Esta bien. – Levantó sus manos en sumisión. –Luego hay que poner en una cucharada de sal y prometer que le darás pastel al pobre y enfermo Kurt.

-Puedo hacerlo. –Le conteste mientras disfrutaba del ambiente en la cocina y la mirada de Kurt fija en mí. Pude notar que mostraba mucho a través de sus ojos. En realidad el no pasaba mucho tiempo demostrando sus sentimientos, pero sus ojos decían mucho. Llene la cuchara de sal y quite el exceso con cuidado.

- ¿En serio quisiste decir eso? – El pregunto con una voz tímida.

- ¿Decir que? – Le pregunte como si no supiera de lo que estaba hablando. La lenta melodía de la radio en la esquina de la cocina llenaba el silencio. Era una lenta melodía de piano que venia de las bocinas de esta mientras esperaba que Kurt me respondiera. Coloque lentamente la cucharada de sal en el tazón.

- Lo que dijiste de que me amabas... – El susurro y lo mire. El tenía su mirada en el suelo, sus manos completamente en los bolsillos de su abrigo, unos mechones de cabello en su rostro. Había algo de timidez en el, como si estuviera tan nervioso como yo lo estaba.

- Claro que lo quise decir. – le respondí, tratando de ser un poco serio, mientras miraba el libro que de cocina que tenia para saber cual era el siguiente ingrediente.

- ¿De verdad? – Levantó su mirada, sus ojos azules, hermosos y penetrantes. Todo en él me ponía fuera de mi cuerpo, haciendo que mis palabras fueran torpes y que mi corazón latiera más rápido.

Asentí mientras me encogía un poco de hombros. –Si.

Hubo una pausa después de mi respuesta. Un momento dulce que quería agarrar y guardarlo en mi bolsillo por siempre.

- Necesitamos Huevos. – Dijo finalmente mirando hacia abajo, mientras sus mejillas se tornaban rosadas. –Dos huevos.

Asentí y me dirigí a la nevera, ignorando mis pasos torpes.

- Si dejas caer algunas cascaras de huevo tendré que matarte. – Me respondió mientras seguía moviendo su pie.

Yo solo sonreí, abrí la nevera mientras hacia una mueca ante su respuesta.

A pesar de mis fracasos iniciales para hornear, Kurt y yo nos las arreglamos para batir la mezcla juntos, lo hicimos bastante bien.

Habíamos vertido la mezcla en un molde antes de que Quinn regresara a la tienda.

- Estoy algo impresionado, Blaine. – Kurt remarco mientras colocaba la mezcla en el horno. –Había una gran posibilidad de que esto terminara en desastre pero supimos manejarlo.

- Hay una esperanza de que no quememos nuestro trabajo. –Le conteste mientras cerraba el horno.

El se encogió de hombros, se dirigió hacia la pared de azulejos de color amarillo, y se deslizo por la superficie de esta para sentarse en el suelo con un bostezo. – No lo se, tal vez si le pusieras mucho glaseado aunque este quemado, me lo comería.

-Lo voy a tomar en cuenta. –Le respondí mientras pasaba una mano por mi cabello para luego soltar un bostezo también. –Estas haciendo que me de sueño, Hummel.

Me senté en el suelo junto con el. –Duerme una siesta conmigo entonces, este piso es cómodo.

- ¿Lo es? – Le pregunte mientras tomaba mi bolso y me acomodaba a su lado apoyando mi cabeza en la pared.

- No mucho. – Deslizo sus manos en los bolsillos de su pantalón, luciendo adormilado, parecía un osito de felpa con piel pálida.

Abrí mi boca, y luego la volví a cerrar no queriendo interrumpir la melodía de piano que salía de la radio. Creo que una de mis cosas favoritas sobre Kurt era su compañía silenciosa. Yo no era una persona calmada, no lo era en ningún sentido de la palabra. Pero a Kurt parecía no importarle.

Iba a comenzar a memorizar las líneas de la pared con mi mirada cuando Kurt finalmente hablo.

– Están pensando darme Quimioterapias de nuevo.

Me quede sin aire por un momento al escuchar sus palabras. – ¿Qué? – le dije subiendo un poco mi voz.

El se encogió de hombros mientras se acomodaba en mi cuerpo, dejando que se acurrucara en mí. – Piensan que eso me dará más tiempo.

Descanse mi barbilla en su cabeza. Yo quería que el tuviera mas tiempo, quería conseguirle mas tiempo. Pero me fije en la forma que Kurt coloco sus manos en sus bolsillos, y en su voz con cierto nerviosismo. Entendí que Kurt no quería lo mismo para el. Para las personas que no han tenido cáncer, es imposible entender lo que es sentir que tu cuerpo se revele contra ti, sentir como la radiación de la quimioterapia se filtra en tus huesos y te ahoga en cansancio. Cuando te pasa a ti consideras que la morir es mejor que sufrir todo eso. – ¿Ya les dijiste que no quieres?"

- No es mi elección. – contesto simplemente.

- Ya tienes 18 años, es tu cuerpo, puedes decir que no quieres.

El negó con su cabeza. –No puedo. Es solo que el- no lo culpo a el.

-¿El? – le pregunte, mientras sacaba su mano de su bolsillo, la tome y entrelace sus dedos con los míos.

- Mi papá. No puedo decirle que- no quiero. – Sus palabras eran confusas ahora, era como si Kurt no pudiera dejar sus emociones en claro para poder decir lo que sentía en una oración coherente.
Yo no hable, solo acaricie su mano con mi dedo pulgar, tratando de reconfortarlo.

El tomo un respiro y continúo hablando. –El cree que puede comprarme un poco más de tiempo, Un mes o dos meses. Mas pastillas, eso serian dos semanas. Un poco de medicina experimental, eso seria un mes. Salvar a tu hijo de morir en una habitación de un hospital con un dolor inmenso. Felicidades señor Hummel, debería de estar orgulloso.

- Oh, Kurt. – le dije con un tono de preocupación mientras lo abrazaba con fuerza. Creo en la barata metáfora del agua, Kurt era un rio, el tipo de rio con monstros obscuros adentro de el.

– El solo esta haciendo esto porque te ama.

- Lo se. – El susurro. – Eso lo hace peor.

- Desearía poder reparar todo esto por ti. – Le dije colocando mi cabeza en su hombro. – Desearía poder comprarte todo el tiempo en el mundo.

- No digas eso. - Dijo mientras dejaba salir un suspiro.

- ¿Porque no? – Le pregunte.

Creo que sabia porque.

Tal vez porque sabia que eso no podía pasar. Pero creo que el nunca dejaría de sorprenderme.

– Porque cuando tu dices eso, a veces creo que puedes hacerlo. – Me respondió.

Y así como estábamos en el suelo de la cocina, creo que entendí la forma en que Hazel explicaba como se enamoro mientras se quedo dormida: Lentamente y todo a la misma vez.


Nota:

Bien creo que eso es todo, una pequeña explicación de esto ultimo: Hazel es la protagonista del libro The Fault in our stars, solo para los que no han leído el libro ;D

No quiero que se molesten con el padre de Kurt, es solo que lo ama demasiado. Dicen que quieren que Kurt se salve, no puedo decir nada, lo verán en los capítulos consiguientes ;D Créanme esto apenas comienza.

¡Los dejo! Gracias por agregar a favoritos esta historia y por los follows y en especial a los que se toman el tiempo de dejar un review.

¡Nos leemos luego!

¡Espero sus reviews para continuar con este trágico romance!