Capítulo 7

POV Lukas

Habían transcurrido alrededor de tres semanas desde la noche en la que me acosté por primera vez con Matthias, realmente podría decir que me sorprendía en gran manera el hecho de que nuestra "relación" aún siguiera en pie, siendo honestos yo no había cambiado mi actitud distante hacia él, y a pesar de ello él seguía llegando a mi apartamento cada noche. No comprendía la razón que le hacía volver y sinceramente estaba seguro que tarde o temprano su actitud me enloquecería.

—¿Estás seguro que no quieres caminar tomados de la mano? —Era la decimo-sexta vez que él hacía esa pregunta desde que habíamos salido de mi apartamento.

—Matthias, te aseguro que la próxima vez que hagas esa pregunta voy a usar tu corbata para ahorcarte. —Murmuré cansado de escuchar su repetitivo palabrerío.

—En ese caso no sabrías quien es Tino y así no podrías presentárselo al gruñón de tu primo. —Gruñí tras aquel recordatorio.

La semana pasada Berwald había vuelto nuevamente para entregarme otro sobre con dinero y nuevamente Matthias estaba presente… se podría decir que todo transcurría con normalidad hasta que le pregunté a Berwald como le estaba yendo en su trabajo, luego de lo cual el danés se entrometió en nuestra conversación queriendo saber a lo que se dedicaba mi primo, de haber sabido a que conllevaría aquella intervención hubiese preferido no haber preguntado nada.

Berwald había crecido aprendiendo todo lo relacionado al mundo de la carpintería y tras mucho trabajo y esfuerzo había llegado a crear su propia compañía inmobiliaria. Se podría decir que él mismo se había forjado su propio futuro en el mundo de los negocios… No había nada malo en ello, el problema era que Matthias tuvo la ocurrencia de mencionar que tenía un amigo suyo que estudiaba diseño, el cual estaría agradecido de conocer a Berwald; por supuesto, él se negó rotundamente a conocer a un amigo de Matthias… no lo culpaba, seguramente sería otro idiota.

Sin embargo, Matthias no desistió fácilmente y Berwald aceptó a regañadientes… Y ahora aquí nos encontrábamos, camino al restaurante en el cual habíamos acordado reunirnos para que Berwald y el amigo de Matthias se conociesen. Ahora, la pregunta del millón era ¿Por qué estaba yo presente? Aún seguía sin saber lo que me había hecho aceptar acompañar al danés a aquel restaurante, pero definitivamente me estaba arrepintiendo.

—Simplemente deja de actuar como el idiota que eres. —Murmuré mientras intentaba calcular cuanto tiempo más tendría que soportar aquella tortura.

—Pero caminar tomados de la mano no tiene nada de malo. —Intentó hacerme cambiar de opinión.

—¿Por qué te cuesta aceptar que no quiero tomar tu mano? —Le observé irritado. —Ya es suficiente tener que soportar tu presencia.

Matthias resopló y se cruzó de brazos.

—Está bien. —Finalmente aceptó. Milagrosamente no volvió a mencionar palabra alguna hasta que llegamos al restaurante.

Al ingresar al lugar nos detuvimos y Matthias buscó alrededor del lugar a su amigo.

—¡Ahí está! —Alegremente anunció al divisarle. —¡Tino!

A pesar de nuestra reciente discusión sobre no caminar tomados de la mano, sostuvo la mía efusivamente y me arrastró a la mesa donde estaba el supuesto Tino.

—¡Matthias! —La voz alegre y nerviosa de un muchacho quizás de la misma edad que yo resonó en mis oídos cuando estuvimos lo suficientemente cerca. —Tú debes ser Lukas ¿Cierto?

Me tendió la mano y yo la estreché antes de dirigirle una mirada de soslayo a Matthias, Tino no parecía ser un idiota como el danés, si bien su mano había estado sudorosa cuando la tomé e intentaba evitar contacto visual supuse que se debía al nerviosismo de conocer a Berwald.

—Así es, Tino. —Matthias contestó en mi lugar. —Él es mi adorado Lukas.

Fruncí el ceño tras escuchar sus palabras, no me agradaba la idea que utilizase ese tipo de expresiones refiriéndose a mí.

—Soy Tino Väinämöinen. —Se presentó a sí mismo, luego de lo cual decidimos tomar asiento y esperar a que Berwald llegase.

Tino y Matthias empezaron una amena conversación de temas triviales que no me interesaban en lo absoluto, por lo que preferí observar el menú del restaurante.

Quizás habrían pasado diez minutos cuando por fin apareció Berwald, el cual se sentó a mi lado y frente a Tino, Matthias había dicho que prefería sentarse frente a mí para poder disfrutar de su cena mientras me observaba, lo cual sonaba ridículo… lo más seguro era que temía sentarse al lado de Berwald.

A pesar de la actitud callada de mi primo sabía que había algo extraño, desde que se había sentado no había dejado de observar a Tino, al principio creí que intentaba intimidarle, pero luego me percaté que no le estaba dirigiendo la misma mirada intimidante que solía dirigirle a Matthias, sino una más apacible; sin embargo, eso no hacía que el nerviosismo del muchacho desapareciese, es más… estaba seguro que había aumentado.

—Tino ¿Has traído alguna muestra de tu trabajo? —Intenté distraerle de la mirada de Berwald.

Tino se volteó hacía mi y me dirigió una mirada de agradecimiento antes de asentir.

—Así es. —Se inclinó a un lado para alcanzar el portafolio que había llevado consigo. —¿Quieren ver algunos de mis diseños?

Todos los presentes sabíamos que al único al que realmente le interesaría sería a Berwald, pero debido a que yo había hecho la pregunta ahora me vería involucrado en observar cada uno de los diseños que él había traído consigo.

—Algunos son simples bocetos. —Clarificó antes de entregarnos a Berwald y a mí un folder a cada uno. —Aún no tengo suficiente experiencia y estoy intentando encontrar algo en lo cual especializarme… Suelo hacer este tipo de cosas en mi tiempo libre, pero realmente quiero estudiar diseño.

Tal como había mencionado, había diseños de juguetes, ropa, amueblado, decoración de habitaciones…

—Diseño de interiores. —La profunda voz de Berwald se dejó escuchar. —Deberías especializarte en diseño de interiores.

Observé de soslayo a Berwald, me parecía extraño que dijese aquello, había creído que se limitaría a dar su opinión sobre los diseños, pero en realidad había sonado como si estuviese dándole una orden militar al pobre muchacho que le observaba con los ojos abiertos ampliamente.

—Tino, ¿Escuchaste? —Matthias codeó amistosamente al rubio a su lado. —¡Berwald cree que tienes talento para algo!

Me vi tentado a golpear al danés con el folder que me había sido entregado, al parecer necesitaba un buen golpe en la cabeza para dejar de hacer esos comentarios innecesarios; sin embargo, me limité a pisar su pie bajo la mesa.

La mirada de dolor reprimido en su rostro me hizo saber que había hecho un buen trabajo.

Tanto Tino como Berwald se sumergieron en una conversación que me resultaba poco interesante y por tener la mirada de Matthias sobre mí, supuse que él pensaba lo mismo que yo en ese instante.

—Lukas ¿Quieres que te sirva un poco de vino? —Sonrió mientras tomaba la botella entre sus manos y se disponía a derramar el liquído dentro de mi copa casí vacía; sin embargo, esa sonrisa tenía algo que me hacía creer que sus intenciones eran otras.

Lo observé con el ceño fruncido y negué con la cabeza.

—No, gracias. —Sospeché que tuviese alguna intención oculta.

—Pero cuando bebes eres más dulce conmigo. —Apremió mientras servía más vino en mi copa.

—No lo beberé. —Respondí mientras me encogía de hombros, no había forma alguna en que me hiciera beber más de lo que ya había hecho, a diferencia de las noches en las que iba al bar esta vez mi primo estaba presente y estábamos en un restaurante, no podía dejarme llevar por el alcohol de la bebida.

—Podríamos irnos más rápido. —Susurró antes de guiñarme un ojo.

—O podríamos marcharnos ahora mismo. —Respondí con el mismo tono de voz que él había utilizado.

—Pero entonces no me dejarías tomar tu mano de regreso a tu apartamento. —Rodé los ojos tras escuchar aquello. ¿Cuál era su obsesión con tomar mi mano?

—Matthias y yo nos retiraremos. —Me levanté tras dar ese breve anuncio, al parecer Tino no sería un problema para Berwald, así que mi presencia era innecesaria y el danés seguramente me seguiría si yo me iba.

Berwald me dirigió una mirada sospechosa antes de observar a Matthias, el cual se levantó después de mí.

Me despedí de Tino y me dirigí a la salida del restaurante, tal como predije el danés me siguió el paso.

—Lukas… Pronto se habrá cumplido un mes desde que iniciamos nuestro trato… —Se posicionó a mi lado y empezó a caminar. —Cada noche la pasamos juntos, te digo que te quiero y lo eres todo para mí, intento hacerte reír y quiero que seas feliz…

—¿A qué quieres llegar? —Me detuve en seco. —¿Acaso planeas decirme que ya tuviste suficiente de mí y ahora te irás? Bien, ándate… no te necesito, te lo dije desde la primera vez que hablamos.

Me crucé de brazos y lo miré con soberbia, debía estar preparado para ese momento, tarde o temprano él debería cansarse de mí y decidiría encontrar alguna excusa para que el trato terminase lo antes posible.

—¡Lukas! —Gritó molesto, era la primera vez que me hablaba de aquella manera. —¿Por qué actúas tan defensivo?

Me tomó de los hombros y me zarandeó levemente.

—¿Estoy haciendo algo mal? —Esta vez su voz sonaba dolida. —Un mes está a punto de terminar y te he llegado a conocer mejor, pero ¿qué hay de ti? ¿Has hecho un esfuerzo por conocerme a mí o por al menos… de conocerte a ti mismo?

Observé con los ojos ampliamente abiertos a Matthias. ¿Acaso no estaba a punto de darme una excusa para terminar el ridículo trato que él mismo había iniciado?

—No sabes nada de mí. —Murmuré intentando mantener mi orgullo.

Matthias rodó los ojos antes de soltarme y empuñar sus manos.

—¿Qué no sé nada de ti? —Susurró mientras dirigía su mirada al suelo. —Lukas, he llegado a conocerte de manera que sé lo mucho que amas el café por las mañanas, también que sueles hablar solo cuando crees que no estoy cerca, incluso he notado que hay veces que dejas caer algunos mechones de tu cabello sobre tu rostro para que no pueda verte a los ojos…

Le observé llevar una de sus manos hacía el bolsillo del pantalón, luego de lo cual sacó una pequeña cajita color roja con un listón azul dándole la apariencia de la bandera de Noruega, mi país natal.

—Compré esto hoy, tenía planeado dártelo al final de este mes… —Mis ojos se abrieron ampliamente, a pesar de desconocer el contenido que había dentro de la caja, lo primero que pasó por mi mente fue la imagen de un anillo.

Mi corazón empezó a latir fuertemente contra mi pecho, aquello no podía ser verdad… se suponía que Matthias se marcharía casi dentro de un mes, no podía proponerme matrimonio, y aunque lo hiciera definitivamente lo rechazaría.

—Cierra los ojos, Lukas. —Susurró mientras me abrazaba.

Permanecí estoico, mi cerebro dejó de obedecer mis órdenes y como si hubiese sido hipnotizado por la irritante voz del danés, cerré los ojos tal y como lo pidió.

Sentía un gran nudo en mi garganta, el cual fue deshaciéndose al sentir sus dedos atravesar suavemente mi cabello.

—Te conozco lo suficiente como para saber que la primera noche que pasamos juntos hubieras preferido encontrar a alguien menos problemático como yo… porque de esa forma no te hubieran robado el corazón como lo he hecho yo. —Su aliento golpeó levemente mi piel, haciendo que se me erizara; sin embargo, nos hallábamos en la vía pública y mis ansias deberían ser soportadas hasta llegar a mi apartamento. —No quiero que vuelvas a esconder tu mirada de mí.

Abrí los ojos de golpe, su rostro estaba demasiado cerca del mío, unos cuantos centímetros más cerca y sus labios estarían sobre los míos, fruncí el ceño y bajé la mirada.

—Eres un idiota. —Murmuré mientras tomaba su mano y caminaba apresuradamente hacia mi apartamento, urgentemente necesitaba encerrarme junto a él en algún lugar privado.

—Lukas ¡espera! Aún no me has dicho si te gusta tu regalo. —Le escuché decir mientras tomaba fuertemente mi mano impidiéndome avanzar.

Estaba seguro de que había empezado a sonrojarme, podía sentirlo. Me había enfocado en el deseo de sentir su tacto que había olvidado la caja que estaba abierta en sus manos.

Lo miré confundido, dentro de la caja no había nada.

—Y ¿cuál es el supuesto regalo? —Pregunté mientras mantenía la vista puesta en la caja.

Escuché una leve risa proveniente de él, luego se acercó a mí y me colocó frente a la ventana del automóvil más cercano a nosotros.

—¿Puedes verlo ahora? —Me preguntó mientras mi vista se encontraba con nuestro reflejo.

En mi cabello había un broche dorado en forma de cruz, el cual evitaba que cierta parte de mi pelo cayera sobre mi rostro, por el mismo reflejo en la ventana podía observar la mirada satisfecha de Matthias.