Disclaimer: los personajes pertenecen a E. .
Este capítulo no se encuentra beteado
Canción del capítulo: pueden encontrarla en la página de Facebook.
AVISO: este será el último cápitulo que subiré en FF, podrán encontrar los siguientes en mi cuenta de Wattpad ( MFJohns13)
Capítulo 4- Parte 2
-Te amo tanto. Fue algo muy duro, no supe como manejar con eso- nunca había sido así, tan abierto conmigo.
-Vamos a superarlo Christian. Saldremos adelante, lo haremos.
Luego de un tiempo abrazados y conversando, decidimos irnos a cenar los dos a un lugar al que siempre nos gustaba ir cerca de casa, bueno la casa de Christian.
Christian toma mi mano y me da un beso en ésta. El lugar sigue tal cual lo recuerdo: un par de palmeras a los extremos de la entrada y a través de los ventanales se ven las mesas con la tenue luz de las velas.
Él pide salmón con salsa holandesa y yo opto por algo más simple, un lomo con espárragos.
Comemos en un ambiente agradable, conversando y planeando la mudanza. Christian me pide que lo ayude con sus valijas (algo extraño, pero nunca sabe hacerlo). En verdad me agrada bastante hacerlo, son estas pequeñas cosas las que me llenan de alegría.
-Anastasia necesito pedirte un favor- me dice volviendo a su posición habitual, serio.
-mmm ¿qué es?- me asusta un poco lo que pueda decir.
-Quiero que me acompañes en la sucursal de New York y seas la vicepresidente.
Eso sí no me lo esperaba, es una completa locura.
-¿¡Qué?! Definitivamente no Christian, no estoy capacitada, aparte, en primer lugar no va a ser bueno que estemos tanto tiempo juntos y en segundo quiero dedicarme a lo que me gusta ahora.
Pero podemos trabajar juntos es lo que los dos queríamos, no puedes decir que no es cierto-lo dice totalmente seguro- con lo mandona que eres, los tendrás a tus pies-me guiña un ojo.-bueno no tan así tampoco.
Le golpeo el brazo en forma juguetona, mientras sonrío.
-No seas exagerado- le resto importancia- aunque bien que te gusta que sea mandona ¿no?
-No sabes cuánto. Vamos a casa, es tarde.
-¿A la tuya o la mía?
-A la mía, te echo de menos allí- nos dirigimos al auto y partimos. El frio es, cada vez, más insoportable. Enciendo la calefacción y Christian me está observando.
-¿Qué?- le pregunto.
-Hacen como 30 grados aquí ¿tanto frío tienes? Estamos en la mitad de la primavera Ana.
-No lo sé, tal vez tenga un poco de fiebre- me mira con cara de preocupación.
-En el asiento de atrás hay un saco mío- me dice mientras apaga la calefacción- esto te hará mal.
Me doy vuelta y me estiro para tomarlo, mientras el semáforo da el verde y Christian acelera. Me voy hacia atrás a causa del envión, pero el cinturón me detiene un poco, aunque pego un gritito. Quedo con mi trasero casi al lado del rostro de Christian, con el cinturón al tope.
-No te das una idea de la vista que tengo desde aquí- y me pega un manotazo en la cola.
-¡Ay! Eres un desubicado- y vuelvo a mi asiento- le pongo una mano en su pierna para desconcentrarlo. Me siento una niña jugando en el medio de una carretera en la madrugada.
Me pongo el saco y vuelvo colocar la palma de mi mano en el mismo lugar, mientras Christian me observa con los ojos bien abiertos.
-Ana, nena. Para o voy a tener que dejar el coche a un costado.
-No entiendo, qué, ¿quieres que pare?
Gira bruscamente el auto hacia el lateral de la carretera y me sobresalto.
-¿Cómo es eso que no entiendes?- me dice con una sonrisa pícara y llena de deseo. Se inclina y comienza a besarme desesperadamente. Lo abrazo y respondo a su beso.
-¿De verdad? ¿Aquí?
- Donde sea nena.
-38,5 grados.- digo. Christian, por mientras me abre la cama mientras comienzo a recostarme y me cubre con la sábana y mantas. Efectivamente, tengo fiebre.
-Te traeré algo para que te tomes- me dice mientras le doy el termómetro.
Estoy tiritando de frío y Christian me trae un pañito mojado y una pastilla. Me la entrega y me pasa el vaso con agua de la mesita de luz. Tomo la pastilla y me coloca el pañito sobre la frente, hago una mueca por lo frío que está.
-Ya se te pasará- me da un beso en la frente y se va a cambiar para acostarse.
Mis ojos comienzan a cerrarse y lo único que alcanzo a percibir, es cuando regresa con sus pantalones de dormir, que ni siquiera percibo el color, pero parecen grises. La cama se mueve de su lado y me abraza tiernamente. Caigo rendida.
Unos gritos me despiertan.
-¡Ana, por favor! No puede ser ¡Ted!
Es Christian, está teniendo pesadillas.
-Christian, despiértate. Estoy aquí, no pasa nada- le acaricio el rostro luego de sacudirlo por sus hombros para despertarlo.
Sigue respirando muy rápido y está cubierto de sudor, todo su pecho y su cabeza.
-¿Ana?- me busca con la mirada, cuando llega a mí me abraza fuerte.
-Amor estás bien, estoy aquí, duérmete.
-No puedo- dice medio sollozando.
-¿Qué pasó? ¿Qué soñaste?
-no quiero hablar de eso, abrázame Ana, no me dejes.
-¿Cómo se te ocurre? No te voy a dejar Christian.
Apoyo casi la mitad de mi cuerpo sobre él, con mi mentón sobre su pecho. Lo miro a los ojos y están brillantes.
-No me lo puedo sacar de la cabeza Ana, no sé qué hacer.
-Yo estoy aquí para ti, tranquilo.
Le doy un beso casto pero él me responde haciéndolo más profundo.
-Te amo- Le digo. Sabiendo lo que esa palabra significa.
-¡Oh nena! Te amo.
-¿Quieres que te traiga un vaso con agua?
-No me vendría mal, pero quiero que te quedes aquí- me dice acariciando con una mano mi espalda y con la otra mi cabello.
-Voy rápido y vuelvo- me levanto de un saltito y me dirijo a la cocina de la casa de Christian, la que, en algún momento fue nuestra.
Voy hacia el refrigerador y saco una botella de agua de agua, sirvo en un vaso, tomo un poco. Lo lleno de nuevo para llevárselo.
De repente siento unas grandes manos que me toman por la cintura. Me quedo sin aire del susto y Christian suelta una carcajada.
-¿Y tú, como te sientes?
-Perfecta, hasta hace un momento.
-Eres tan linda, y cuando pones esa cara, ni te digo- me susurra al oído.
-¡Mira!- le pego un manotazo en la pierna- ¡casi me haces tirar el vaso!
-¡Qué grave! ¿Y? hay cientos y puedo comprar los que se me dé la gana, apoya su mentón en mi hombro- te ves tan sexy con ese camisón, pero te voy a comprar uno que me guste más.
-No tienes por qué.
-¿Por qué no? Lo hago porque quiero y puedo ¿cómo no te voy a regalar algo a ti?
-A veces puedes ser tan adorable- le digo riéndome.
-Srta. Steele, soy adorable.
Me giro y le doy un beso cariñoso en sus labios a la vez que apoyo mis manos en el elástico de sus pantalones con los que durmió anoche.
-¿Quieres tocar un poco el piano para mí?
-Con gusto Srta. Steele, para usted lo que desee, siempre. Hasta Londres te voy a llevar si así lo deseas, aunque eso es un poco cerca. Hasta la luna.
-Lo voy a reconsiderar- y nos reímos mientras me lleva de la mano hacia donde se encuentra el piano y corre el banco, se sienta y yo me quedo de pie.
Voy por detrás y lo abrazo por el cuello. Comienza una melodía muy lenta y agradable e incluso romántica, la reconozco inmediatamente.
Me hace recordar a ese lugar mágico en el que estuvimos, lo que parece, hace mucho tiempo.
Alemania.
¡Hola a todos!
Como habrán leído al principio, este capítulo tampoco se encuentra beteado, el próximo si lo estará. Quería entregárselos lo más pronto posible. Disculpen por los errores que pueda haber.
El próximo cap. traerá bastantes sucesos inesperados. Espero que les guste.
Saludos.
¡Nos estamos leyendo!
