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Capítulo 7: Los secretos de tus Nakamas.

Lejos del escondite de los vampiros, se encuentran tres siluetas que observan la llegada de los ryouka. Ni siquiera se perturban de la llegada de Orihime con su equipo. El líder del trío sonríe arrogante de ver a Orihime interactuar con sus ex amigos.

—Al fin va a comenzar el show.

—¿De verdad nos vamos a quedar aquí? Orihime va a terminar con tres estatuas.

—Miku, Miku… ¿Para qué gastar energías si podemos dejarle a Orihime el trabajo sucio?

—¿Y está seguro que ella lo conseguirá? — Dice la tercera persona que hasta ahora se mantuvo en silencio. — Es Mahoma su rival.

—Solo preocupémonos de nuestra parte. — Contempla a la pareja de pelinaranjas. — Y aprovecharé la oportunidad de ayudar a Orihime contándole la verdad a su adorado Kurosaki-kun para tenerlo de su lado en su guerra contra la Sociedad de las Almas… ¿No será un trato justo por la estatuilla?


Dentro de la guarida, tres vampiros apostaban a las cartas mientras mezclaban sangre con alcohol y disfrutaban los gritos de dolor que se podía oír de los niños prisioneros. Planeaban como divertirse con ellos apenas su jefe se aburra con los fallidos y, sin esperárselo con sus sentidos sobrenaturales siempre alertas, las grandes puertas principales son destruidas.

Conmocionados, no reaccionaron al ataque de Inu en su forma de lobo, por lo que el lobo termina comiéndose a uno de ellos, rápido para no oír los chillidos de lamento. El segundo vampiro fue incendiado gracias a los poderes de Chihiro, quien se mantenía flotando en los aires.

El último vampiro consigue esquivar el ataque de la bruja voladora y va directamente hacía Orihime para matarla de venganza pero Kento se interpone y agarra al vampiro con mucha facilidad del cuello con una mano y se lo presiona, sin problema alguno a pesar que los chupasangres son más fuertes que los humanos en físico.

Pero Kento no es humano.

—Queremos a Mahoma. — Sus ojos de rubíes arden en rabia. Quizás por el enojo que siente por su colega capturado.

—Va… yan… ¡se a la…!

Kento no lo deja terminar. De su boca sale un ruido bestial y su pelo corto y negro se transforma en serpientes furiosas. Horrorizado, el vampiro grita de miedo mientras su cuerpo se transforma en piedra. Kento suelta su nueva creación y la estatua se hace polvo al tocar el suelo.

—Eso… ¡¿Serpientes en su pelo?! — Gritaron Renji, Ichigo e Ishida mientras Chad sólo queda perplejo.

—¿Medusa? — Pregunta Rukia.

—Descendiente de Medusa. — Corrige Mio. — No bajen la guardia que ahora se pondrá feo.

El ambiente se vuelve tenso y oscuro. Varios ojos brillan en la oscuridad antes de tomar las formas de hombres y mujeres, bastante blancos y muy furiosos. Todos se ponen en posición de defensa, menos Orihime. Ella estuvo quieta y muda desde que entraron, confiada que su grupo la protegería. Y ahora que tiene audiencia, se digna por fin a dar su movimiento. Camina bastante segura, sus tacos resuenan gracias al silencio tenso que hay, y se detiene al quedar en medio de los dos bandos recientemente formados.

Los vampiros están furiosos, mostrando los dientes en señal de ataque, ansiosos por pelearse y darse un manjar de sangre y alma. Pero eso no preocupa a Orihime, sigue inerte y despreocupada.

—¡Exijo tu presencia Mahoma! — No se preocupa en alzar tanto la voz, sabe que puede oírla. Los sirvientes de la noche se ríen divertidos del atrevimiento de la comida. — ¡Soy Inoue Orihime, una de las Cinco Líderes de la Estrella! ¡Aparece ahora mismo!

Los vampiros dejan de reírse al oír el rango. Ahora están asustados y ya no están seguros de si deben o no atacar. Después de todo, hay consecuencias muy feas al atacar a un líder de la Estrella.

De pronto el ambiente se vuelve pesado… oscuro. Chihiro les grita a los ex colegas de Orihime una vez más que estén alerta. Ichigo se mantiene concentrado pero tampoco le quita la vista a Orihime, listo para protegerla.

Y entre las sombras surge Mahoma.

El vampiro milenario tiene un tono de piel blanco opaco y gastado, bastante delgaducho que puede pasar por un indigente enfermo y de ojos rojos. Por su sonrisa macabra digna de película clásica de terror, no está para nada preocupado y eso le da confianza a sus súbditos.

—Estoy bastante intrigado de saber cómo me encontraron. — Lleva una mano a su pelo corto y negro para arreglárselo. — Oh, disculpen mis modales… buenas noches. — Se inclina con la misma elegancia de un caballero inglés del siglo diecinueve.

—Buenas noches Mahoma. — Orihime inclina la cabeza. — Es usted un maldito Hijo de Puta. — Escupe con odio y rabia. — Ha tomado a uno de mis subordinados y a varios niños inocentes para tus experimentos de mierda.

Mahoma alza las cejas mientras sus seguidores se preocupan de sus propias vidas, porque el responsable de haber traído a su guarida secreta a un subordinado de un Líder de la Estrella, será castigado con mucha, pero mucha tortura antes de matarlo.

—¿Un niño de doce años trabaja para alguien de su categoría? — Mahoma se nota curioso. — Que poco común…

—Tienes veinte segundos para darme la estatua de jade, liberar a tus presos y devolverme a mi subordinado… o me estarás rogando por una muerte rápida.

De respuesta, Mahoma se echa a reír. Resuena de una forma tan siniestra que pone los pelos de punta a cualquiera. Su confianza de victoria contagia a los suyos, ya no se ven preocupados de la Estrella. La confianza de su líder es prueba de una victoria asegurada.

—¡Atrápenlos! ¡Y déjenme a la suculenta líder para mí! — Se moja los colmillos con la lengua. — Ya anhelo divertirme con ella.

Los vampiros se lanzan al ataque con su grito de guerra (y bastante chillón). Igual que una camada de lobos directo a un rebaño de ovejas.

Ishida lanza sus flechas, ataques directos a los vampiros, sin fallar. Caen al suelo como un enjambre que ha sido envenenado… pero, para sorpresa del Quincy, se vuelven a levantar.

—¡¿Qué?! — No lo puede creer.

—¡Los Quincy matan almas y los vampiros no lo tienen! — Le explica Chihiro al mismo tiempo que le lanza algo. — ¡Lo usan los Quincy de nuestra aldea para pelear contra los sobrenaturales!

Irónicamente es una cruz de oro y con la figura de Cristo crucificado. Ishida piensa que se ha metido en una mala película de vampiros pero igual decide obedecer. Lo pega en su arco y emite un brillo entre azul y dorado. Lanza sus flechas una vez más, que también tenía una mezcla de los dos colores, y está vez, al atravesar a sus víctimas, éstas chillan de dolor y se convierten en cenizas.

—¡Te lo puedes quedar! —Chihiro lanza bolas de fuego a los vampiros que van tras ella. — ¡Un regalo de Orihime!

Ishida mira de reojo a Orihime, quien sólo atacaba con Tsubaki mientras Kento le protege la espalda como un leal guardaespaldas. Le complace verificar que sigue siendo la misma Inoue-san… de alguna forma.

Los vampiros rodearon a Mio, tomándola como la más débil si no emite magia de los dedos ni huele a lobo. La chica sonríe ante su estupidez, se le escapa un gruñido de los labios, un gruñido para nada humano ni de lobo, y su cuerpo convulsiona para una metamorfosis.

Se ha transformado en un minotauro.

Los ryouka quedaron más choqueados que antes (y los vampiros que la subestimaron no se quedaron atrás). No pueden creerse que aquella joven con apariencia de muñeca con el pelo de Orihime y los ojos verdes de primavera se pueda convertir en una bestia que desmiembra vampiros con las manos desnudas.

Renji y Rukia trabajan en equipo. El pelirrojo los ataca con Zabimaru y la pequeña de su prometida los congela para encerrarlos.

—¡Hadou 31: Shakkahou!

Con el Kidou, Rukia termina matándolos en un pequeño incendio explosivo.

—¡¿Cómo es que salen tantos?! — Se queja Ichigo incinerando a varios enemigos con el Getsuga.

—Que no te engañe el lugar, de seguro hay más espacio oculto. — Le explica Chihiro volando sobre él.

Inu se lanza para derribar a un vampiro que quería atacar a Sado por la espalda. Lo tiene bajo sus cuatro patas de lobo, abre el hocico y le entierra los colmillos en el cráneo, arrancando la cabeza. Lanza un aullido, quizás busca comunicarse con Kouki para hacerle saber que llegaron por él o simplemente es su forma de decir lo mucho que le disgusta la sangre de los vampiros que se le adentra por la garganta. Para un lobo, es tan horrible como tratar de ingerir canela sin ahogarse.

Pero hará lo que sea por los que quiere.

Seis vampiros se lanzan sobre él. Trata de quitárselos pero solo consigue deshacerse de dos. Chihiro grita su nombre, preocupada, y eso le costó caro. Dos vampiros la agarraron de los brazos para inmovilizarle sus movimientos de bruja y le sostienen también de la cabeza para enterrársela en el suelo y dejarla quieta. Incluso un tercer vampiro se pone de pie sobre ella para impedirle aún más alguna oportunidad de liberarse. Mio ruge como todo un toro furioso y embiste a todos a su paso, pero un vampiro consigue darle un puñetazo en la cabeza, noqueándola en el suelo y Mio regresa a su forma humana, peleando para no perder la consciencia.

Orihime, al ver a sus nakamas caídos, se horroriza de miedo y preocupación por ellos.

—¡No! — Chilla, perdiendo la concentración. Kento tuvo que interponerse en un ataque que iba para ella, recibiéndolo directo en los ojos. — ¡Kento!

Se arrodilla a su lado pero un vampiro la jala del pelo con fuerza para llevarla ante Mahoma.

Ichigo la llama en un grito y va a salvarla pero los vampiros consiguieron atraparlo, como a sus amigos. Mahoma vuelve a reírse, complacido de tenerlos bajo su poder. Truena los dedos y el vampiro que mantiene a Orihime agarrada la hace arrodillarse ante su jefe, disfrutando el gesto de dolor en su bonita cara. Kento e Ichigo hacen esfuerzo por soltarse e ir tras de ella, pero basta una orden de Orihime para que se detengan.

—Me encanta ver como unos débiles idiotas creen que pueden derrotarme. — Dice Mahoma con el dedo índice recorrer el escote de Orihime, ascendiente por su cuello y deteniéndose en su mentón, dejando un corte de sangre en el camino. — La famosa Estrella está perdiendo credibilidad y poder… o los senos de sandía te ayudaron a ser elegida. — Se lame el dedo para saborear la sangre de Orihime y emite un gemido de placer. — Sea como sea, me divertiré contigo está noche.


Nanao entra a la oficina de su capitán preparada para regañarlo por no trabajar. Especialmente ahora que anda reemplazando al Capitán Comandante.

Pero no fue necesario. Para su asombro, Kyouraku Shunsui se encuentra sentado en el escritorio, con la vista en los papeles y firmando lo que es necesario. Detrás de ella estaba el capitán Ukitake, quien también se sorprendió de encontrar a su mejor amigo siendo responsable.

—¿T-Taichou?

—Ah, Nanao-chan… hola Ukitake.

—Kyouraku. — Alza la mano para saludar.

—¡Taichou! — Nanao corre hacía él y apoya la mano en su frente. — ¿Está enfermo? ¿Necesita algo? ¿Aspirina? ¿Debo ir por Retsu-taichou?

Kyouraku, aturdido y algo ofendido, le asegura que se encuentra de maravilla y le pide que lo deje solo con Ukitake. El capitán peliblanco de ríe de lo sucedido apenas quedaron solos.

—No puedes culparla.

—No seas cruel conmigo tú también, Ukitake.

Se sientan en el suelo, viendo la ventana para contemplar el bello clima a pesar del ataque enemigo.

—Sí que son peligrosas las madres. — Dijo Shunsui haciendo referencia a Orihime.

—¿La puedes juzgar? — Ukitake le ofrece sake.

—No. — Toma un gran trago. — Podemos engañarnos diciendo que hicimos lo que pudimos pero nuestra consciencia no se lo creé.

—Fue una orden de la Central 46. — Ukitake mira el suelo. — Un hijo de Aizen y de Orihime no es seguro para la Tierra ni para la Sociedad de las Almas a sus ojos… ellos tenían miedo.

—Y ahora todos nosotros pagaremos la ira de Orihime-chan.

—Suenas bastante seguro de nuestra derrota Kyouraku.

—Una mujer enojada es el peor enemigo porque siempre ganan… sólo falta usar a Retsu-san de ejemplo.

Ukitake responde con una risa.

—Ichigo-san… — El peliblanco mira el cielo. — ¿Se enojará con nosotros cuando sepa que matamos al bebé?

El silencio es prueba que sí.

—Si no lo hiciera, no sería Ichigo-kun. — Comenta Shunsui a su copa de sake.


Una risa.

A Orihime se le escapa una risa digna de una villana de cuento. Los vampiros están confusos de verla así y Mahoma frunce el ceño.

—¿De verdad creíste por un segundo que la Reina de la Estrella iba a perder contra un hijo de puta como tú? — Sus captores se incendian gracias al fuego que nace de su cuerpo como una explosión. — Solo te quería cerca para matarte.

Y con una mano cubierta de fuego lo atraviesa en el pecho.

Al otro extremo del vampiro se puede ver su corazón siendo agarrado por la delicada mano ahora cubierta de sangre.

El enemigo queda atónico de aquel fin de su líder. Al sacar su brazo del cadáver, sus aliados sobrenaturales dejaron la actuación de debiluchos y terminaron con el trabajo de matar al resto de chupasangres.

Orihime presiona el corazón de Mahoma y éste se transforma en la estatua de jade. Al parecer, Mahoma encontró la manera de apropiarse del poder de la estatua metiéndoselo en sus frías venas. Y, para ello, tenía que fusionarlo con su corazón, la fábrica de su sangre. Y entonces, su sangre se convirtió en el ingrediente principal de sus experimentos.

Ichigo la miraba sin poderse creer aún que ahora sea alguien capaz de herir y matar sin remordimiento.

—Kento, ve con Chihiro a recorrer el lugar hasta encontrar a Kouki y a los demás niños. Yo vo-

—No es necesario. — Es interrumpida. — Te he dado una mano solidaria.

Esa voz causó el caos.

Ichigo y sus amigos captaron como esa nueva voz paraliza a su autonombrada ex nakama y cómo le sacude la rabia. Y los nuevos amigos de Orihime se colocaron alrededor de ella, como una barrera de protección, y rugen literalmente como bestias enfurecidas a punto de atacar.

Todo a causa de un hombre.

Sus ojos verdes esmeraldas brillan maldad y lo muy complacido que está de ver a Orihime. Su cabello es castaño oscuro, liso y corto. Su cuerpo bronceado es cubierto por un simple traje de etiqueta verde claro, una pollera blanca con el estampado de una calavera y unas deportivas negras. Sonreía de forma burlona y las manos las lleva en los bolsillos de su saco.

—Tanto tiempo sin vernos amigos.

—No somos tus amigos. — Reprocha Chihiro mientras Inu y Mio gruñen en su forma de lobo y minotauro.

—¿Qué haces aquí? — Pregunta Kento.

—No es de ti hacer preguntas estúpidas. Es obvio que vengo por la estatua… que por cierto, gracias por hacer el trabajo sucio por mí. — Sonríe. — No estoy al mismo nivel de Orihime, no podría derrotar a Mahoma por mí mismo… así que gracias preciosa.

—Estás más demente de lo que creí si piensas por un segundo que te entregaré mansita la estatua, imbécil. — Reprocha Orihime furiosa.

—Creo que estamos siendo ignorados. — Dice Sado luego de no haber hablado un rato en la batalla.

—No, de verdad estamos siendo ignorados. — Corrige Renji.

—Más bien olvidados. — Reprocha Ishida.

—Eso me molesta. — Se queja Rukia con una vena en la frente.

—¡Hey! — Ichigo da un paso al frente. — ¡¿Quién diablo eres?!

El castaño sonríe de respuesta, más divertido aún al reconocerlo.

—Pero si es tu Kurosaki-kun. — Lo dice con sarcasmo y superioridad. — Es un conocerte al fin… el incompetente Shinigami que no pudo proteger a su princesa.

A tocado una vena sensible. Los ryouka no reaccionaron a tiempo y no pudieron evitar que el pelinaranja le diera un puñetazo al hombre. Pero éste no cae al suelo, apenas su cabeza se movió a su derecha por el impacto.

—¡Ichigo! — Regaña Orihime. — ¡Aléjate de él!

Pero, como siempre, Ichigo no hace caso.

—¡Maldito, no me hagas repetir la pregunta!

El hombre se toca la mejilla golpeada y vuelve a sonreír. — Que buen puñetazo… ¡Pero tienes razón! ¿Dónde quedaron mis modales? — Toca a Ichigo con un dedo y, para asombro de Rukia, Renji, Ishida y Sado, el Shinigami Sustituto desaparece frente a sus ojos para luego aparecer entre ellos. — Me gustaría presentarme diciendo que soy quien tomó la virginidad de Orihime, pero no… ese honor me lo gano Aizen Sousuke. Soy un ex amante… mi nombre es Tomoya.

Inu gruñe, enseñando el hocico. Se nota que anhela hacerlo trizas. Mio da un paso al frente, clavando sus pezuñas de toro en el cemento con la misma facilidad si estuviera en tierra. Los ojos de Kento emiten un brillo y se escucha el siseo de serpientes entre su cabello. Orihime se aferra a la estatua de jade y su mano libre emite una mezcla de fuego y trueno.

El otro grupo, a pesar de no comprender lo que ocurre ni sabe la historia, igual se ponen alertas, confiando en los instintos de Orihime.

—Alto — Tomoya alza la mano —, o no respondo por lo que Miku e Ichika le pueden hacer a tu amado hijo.

De las sombras surge Miku con su pelo azul amarrado en una coleta y sus trenzas hasta la cintura se mueven libremente por sus pechos. Sus ojos son de color rojo y los pequeños músculos en sus brazos delatan ser una mujer atlética y fuerte. Es una morena que no expresa ni una emoción de arrastrar a Kouki inconsciente del cabello ni tampoco muestra culpa de tirarlo al suelo a pesar de lo golpeado, sucio y maltratado que ésta.

Ichika se aparece después, con su arco de Quincy señalando al joven y herido niño lobo. Sus ojos color miel ven a Orihime con arrepentimiento de estar apuntando al niño con su flecha rosada.

Pero no va a dudar en disparar si se lo ordenan.

El odio crece en Orihime. El maldito bastardo sabe lo mucho que vale Kouki para ella y lo usa de chantaje.

Definitivamente va a matarlo.

—La estatua. — Repite Tomoya.

—Hijo de puta.

—Gracias querida. — Sonríe triunfal.

Sabe que gano.

Orihime le lanza la estatuilla de jade. Tomoya lo atrapa con una mano.

—Hay una habitación llena de máquinas y niños. — Explica el hombre al momento que alza su mano libre y sus dos seguidoras desaparecen, abandonando a Kouki. — Los más críticos ya no tienen vuelta atrás… ya es tu decisión matarlos o no.

Orihime corre a socorrer a Kouki sin preocuparle que su enemigo la ataque, confía en que su grupo la protegerá sin problema. Se arrodilla a su lado e invoca su escudo curativo. En su mente suplica una y otra vez que no sea tarde y se pueda salvar… porque no va a poder soportar la idea de matarlo.

—No lo entiendo. — Dice Tomoya concentrado en Ichigo una vez más. — ¿Cómo puedes estar con los Shinigamis y tratarlos como a tus amigos después de lo que le hicieron a tu princesa?

Ichigo frunce el ceño. ¿Se refiere al exilio? Por supuesto que le molesta, pero sabe que Rukia y Renji no tuvieron nada que ver, que pelearon por ella.

—¡Cállate! — Exclama Orihime furiosa… ¿Y preocupada también? Incluso Rukia y Renji quedaron tensos.

—Lo mismo para ustedes. — Tomoya la ignora y mira a Sado e Ishida. — Ustedes tres deberían pelear también al lado de Orihime, no de los Shinigamis… ni mucho menos hacerla volver a ser una aliada de ellos.

—¡No digas una palabra más! — Ordena Orihime al borde de la desesperación. Él no puede hacerle esto después de lo mucho que trabajó para que Ichigo nunca lo supiera.

—Oye, que te estoy ayudando… — Reprocha molesto de no recibir gratitud. Pero luego sonríe burlón al darse cuenta de sus intenciones. — ¿Acaso te siguen importando? — El silencio de la mujer le provoca una risa. — Nos vemos en la Luna Roja.

Y desaparece.

Pero no desaparece la tensión.

Mio regresa a su forma humana y presiona a Chihiro y a Kento que la acompañen a buscar a los niños y los expedientes de Mahoma. Es obvio que lo hace para dejar solos a Orihime con sus antiguos nakamas y resolver sus problemas del pasado. Pero Inu no quiere ir con ellos, decide quedarse con Kouki y Orihime porque está preocupado por la salud del pequeño y quiere ser un apoyo moral para su líder. Se recuesta en el suelo para que Orihime lo use como una almohada para recostar a Kouki y le lame la mano como gesto de apoyo, cosa que la joven mujer agradece con una caricia bajo la oreja.

—¿De qué estaba hablando ese sujeto? — Pregunta Ishida más a Rukia y Renji que a Orihime.

—¿Ha pasado algo más en la Central 46 cuando desterraron a Orihime? — Sigue Sado.

Rukia abre la boca, al parecer dispuesta a decir todo, pero basto una mirada de Orihime para callarla. Puede leer claramente lo que le dice esos ojos plateados: no le digan nada, me lo deben. Arrepentida, cierra su boca.

—¿Qué quería decir ese bastardo? — Insiste Ichigo, ignorando el gruñido de advertencia por parte de Inu. — ¿Inoue?

—No ha querido decir nada. Tomoya acostumbra decir tonterías o mentiras para crear dudas.

—No me ha sonado una mentira o una tontería lo que dijo.

—Porque eres un idiota fácil que hasta tu padre consiguió engañarte.

—¡Basta Inoue!

—¡Basta tú! ¡Sólo olvida lo que dijo y largo! — Le da un puñetazo en la rodilla. Sabe que fue un golpe débil que no le va a causar nada a ese cuerpo bien desarrollado anti golpes. — Solo vete y sé un ignorante… — Aquel susurro se oye igual que una súplica.

Por un segundo Ichigo volvió a ver esa chica de colegio alegre desmoronarse por culpa de Hueco Mundo y se desespera más. Necesita saber qué paso y acabar con esta sed de venganza que nunca sospechó ver en su nakama.

—No. — El Shinigami Sustituto pone fin a este juego de apartarlo y se marca bien firme en su lugar. — No me van a tratar más como a un niño ingenuo… ¿Qué te hizo la Sociedad de las Almas?

Orihime ni siquiera lo ve, obstinada a mantener el secreto para ella… pero no los tenientes. Los prometidos se miran para tener una conversación gestual, tomando ese momento para decidir un o un no.

—Lo siento Inoue. — Se disculpa Renji y enfrenta a su amigo antes que Orihime interrumpa su decisión. — Aizen embarazó a Inoue.

—Y la Central 46, asustados de lo que podría llegar a convertirse aquella criatura, antes de desterrarla, la encerraron en el laboratorio de Mayuri y le hicieron un aborto forzoso. — Sigue Rukia con arrepentimiento en sus ojos. — Mataron a ese bebé en frente de nosotros… dañaron a Inoue en nuestra presencia y no hicimos nada… lo siento Ichigo.