¡Holas!... Ya llegó el jueves, un nuevo capítulo y una semana que está ya a punto de terminar. Hoy no me alargaré demasiado, pues tengo bastantes cosas que hacer, así que les dejo el capítulo y mis agradecimientos por leerlo! …n.n…

-.-.-.-.-

Cap. 7: Fiesta

Los días siguientes pasaron demasiado rápido, la duquesa la entretuvo en los preparativos de la mencionada fiesta; entre las dos decidieron la decoración, el menú de la noche, contrataron los músicos y enviaron las invitaciones. Sango, la condesa de Aberdeen, también las visitó en varias oportunidades, ayudó a ambas con los preparativos y ayudó a Kagome a elegir los detalles que debería llevar el vestido en que trabajaba la modista y el cual usaría en la fiesta; por ello, con tantas cosas, ni siquiera tuvo oportunidad de ver al duque.

No se topó con él desde la noche del beso. A la hora del desayuno él estaba encerrado en su estudio, según su madre tenía mucho trabajo atrasado, el almuerzo lo tomaba en la misma oficina y la cena al parecer la recibía en su cuarto y por alguna razón eso no la tenía de muy buen humor. Y para terminar su hermana fue a visitar a un día de la fiesta.

- Me enteré de que harán una fiesta, en Londres no se habla de otra cosa y me gustaría saber por qué no estoy invitada.

- Lo siento, no fui yo quien organizó todo esto, fue la duquesa…

- ¿Bueno y quién se supone que eres tú?, no podías decir que tu hermana estaba en la ciudad…

- Kikyo, la duquesa repartió las invitaciones y yo ni siquiera me di cuenta cuando sucedió – le aseguró Kagome, además ni siquiera se le había ocurrido enviarle una invitación a ella.

- Bueno, ahora que lo sabes, espero que hagas algo…

- Kagome, hay un problema con el menú… - la duquesa entró al cuarto y miró a la recién llegada.

- Su excelencia – se adelantó Kagome – Permítame presentarle a mi hermana, la vizcondesa viuda de Melbourne…

- Es un placer conocerla Su excelencia – saludó Kikyo con una reverencia.

- El placer es mío señora – la madre de Inuyasha miró a la joven con cierta desagradó cosa a la que Kagome no le prestó atención, la madre de Inuyasha era bastante simpática y la actitud de Kikyo y ella no cuadraban mucho – La recuerdo, estuve durante su presentación en sociedad.

- También la recuerdo levemente Su excelencia – Kagome las miró a ambas y le restó importancia al asunto, Kikyo había pasado varias temporadas en Londres y conocía a muchas personas allí.

- Oh es cierto, daremos una fiesta espero nos honre con su presencia mañana – dijo la mujer – La celebración es para darle la bienvenida a mi hijo y presentar a mi nuera…

- Será un placer – aceptó encantada – Bueno y como veo que están muy ocupadas, las dejo – se acercó a Kagome y le dio un abrazo y un beso en la mejilla – Nos vemos mañana – luego se giró a la duquesa e hizo una leve reverencia – Su excelencia…

- Hasta luego… - dijo la mujer – No te pareces mucho a tu hermana, tú eres bien simpática

Bien, a Kagome le quedo claro que a la madre de Inuyasha no le agradaba Kikyo. Y estaba bien que la actitud de su hermana no le gustara, pero había algo más que Kagome no identificaba.

-.-.-.-.-.-

Esa misma tarde Sango llegó a la casa con bolsas y paquetes que Izayoi había encargado para Kagome.

- ¿Qué es todo esto?, pensé que usaría sólo un vestido – dijo Kagome mientras entraba al salón.

- Es sólo uno, pero encargamos más que llegaran la próxima semana – explicó Sango mientras la llevaba hasta las cosas – Y después de mañana estarás demasiado ocupada como para salir de compras y encargarte de todo esto.

- ¿En qué podría ocuparme? – preguntó sin entender.

- Ya verás – dijo Sango – Por el momento tienes que mirar lo que traje para ti – Hay zapatos, guantes, sombreros, chales y otras cosas; sólo espero que salgan con los vestidos que te enviaran dentro de poco.

- Creo que trajiste de más – musitó sorprendida - ¿Quién pagara por todo esto? – preguntó, estaba segura que su mensualidad, si Kikyo se la daba, no le alcanzaría.

- Inuyasha, es tu esposo y es quién paga todas las cuentas, pero bueno, sólo vine a traer esto, debo ir a casa y encargarme de algunas cosas – le dijo la mujer – En una o dos horas llegan unos encargos de zapatos que no pude traer.

- ¿Qué?... Sango espera… - muy tarde la mujer había salido como un rayo, esto no estaba bien, ella no podía quedarse con eso.

-.-.-.-.-

- Todo Londres está como loco, la temporada inicia hoy y nada más emocionante que asistir a una fiesta del duque de Lancaster

Kagome miró a su doncella desde la bañera, la joven se movía por todo el cuarto alistando las ropas que iba a usar; el vestido, que había llegado esa tarde, estaba sobre la cama listo para ser usado.

- Es un hermoso vestido – la doncella alistó una toalla de lino y la ayudó a salir de la bañera – Va a estar preciosa, será la envidia de todas…

- No creo que sea para tanto, en Londres hay muchas mujeres hermosas – aseguró Kagome mientras se secaba.

- Sí, pero ninguna es la duquesa de Lancaster – la joven sonrió al ver su cara de desconcierto y sonrió antes de explicarse – El duque ha sido el soltero más codiciado por años, cada temporada era asediado por jovencitas en edad casadera, sus madres corrían tras él para presentarle a sus hijas

Kagome escuchó con bastante interés las palabras de su doncella, mientras se sentaba frente al espejo y se dejaba peinar los cabellos.

- Por supuesto el duque jamás se interesó por ninguna de ellas, además de que es joven, tan solo tiene veintisiete años; pero eso sí, jamás le faltaron sus andadas, se le conocieron varias amantes, nada serio, cuestión de unas semanas si mucho un mes, todas ellas era viudas o alguna que otra cortesana.

- ¿Amantes?

- Así es – contestó la joven como si nada – Claro que eso es normal, los hombres solteros tienen necesidades y si le rehúyen al matrimonio, buscan consuelo en brazos de viudas dispuestas, cortesanas o en mujeres casadas aburridas de su vida conyugal…

- ¿Infidelidad?

- Sí, es bastante normal, los matrimonios de la nobleza son de conveniencia, un beneficio por otro, no se piensa en banalidades como el amor; es muy común que un esposo tenga amantes y que su esposa, de una manera más discreta, tenga los suyos – en ese momento Ayumi cayó en cuenta de sus palabras, por lo que se apresuró a suavizarlas un poco – Pero no se preocupe, es claro que el duque no renunciaría a su soltería a menos que la quisiera – aseguró la joven – Además él se preocupa por usted, si no, no vendría todas las noches para verla…

- ¿Qué?

- ¿No lo sabía? – Preguntó sorprendida – Su excelencia viene en las noches a su cuarto, pensé que se quedaba con usted

- Eh… bueno…

- No se preocupe, mejor la ayudo a prepararse – asintió y se levantó para colocarse el vestido.

-.-.-.-.-

Por enésima vez, Inuyasha alisó una arruga inexistente de su traje, la fiesta estaba comenzando, su madre estaba recibiendo a los invitados y él y Kagome debían hacer acto de presencia en unos minutos. Era por eso que la esperaba en la salita de su cuarto, mientras su doncella terminaba de prepararla; el problema era que estaba nervioso, se sentía como un jovencito inexperto, mirando el reloj que guardaba en el bolsillo de su traje; finalmente la doncella salió del cuarto con una sonrisa en su rostro.

- Su excelencia, la duquesa está lista – dio un paso al lado de la puerta, moviéndose de la puerta para dejar salir a Kagome.

Inuyasha la miró atónito. No la veía hace varios días y nuevamente una oleada de calor lo recorrió. Estaba hermosa, perfecta, esa era el tipo de palabras que le cruzaban por la cabeza. Lucía un magnifico vestido de satén dorado, sus mangas caían bajo sus hombros dejándolos al descubierto y el escote de su pecho era recatadamente tentador, dejando entrever el inicio de sus pechos; el traje se apegaba a su cintura, de la misma manera que los guantes blancos lo hacían sobre sus brazos; la falda del vestido caía con gracia y elegancia. Era un vestido sencillo, con apliques de brillantes sobre la tela y cintas blanco perla, acomodadas estratégicamente, para darle mayor belleza.

Mas sin embargo, más que el vestido, la bella era ella; sus cabellos azabaches, recogidos en lo alto, dejando caer unos cuantos mechones rizados; su piel cremosa, sus mejillas arreboladas y sus labios rojos incitándolo a un beso. Incitándolo, eso era lo que ella estaba haciendo con él, o al menos eso era lo que su cuerpo pensaba.

- Eso es todo Ayumi – le dijo a la doncella quién se apresuró a irse con una sonrisa en sus labios.

- ¿Vamos? – estaba comenzando a incomodarse bajo su escrutinio.

- Antes – metió su mano al bolsillo de su frac y sacó un caja de terciopelo negro – Tengo algo para ti…

- No… no es necesario

- No me discutas, además es necesario que lo tengas, al menos esta noche… - Kagome recibió la caja y la miró intrigada, luego finalmente la abrió, dentro de esta había un collar, era sencillo dentro de su opulencia, era un capullo de rosa, rodeado de unas pequeñas figuras en forma de hojas, estaba hecho en oro blanco y diamantes.

- Es hermoso, muchas gracias – él asintió y la miró un momento antes de decir.

- ¿Te ayudo?

- Gracias – se giró y recogió los mechones de cabello para ponerlos sobre su hombro derecho. Inuyasha se acercó y tomó el collar, lo pasó tras su cuello dejándolo descansar sobre su pecho y lo abrochó con suavidad, rozando sin querer su nuca.

- ¿Vamos? – le ofreció su brazo y ella asintió.

Para cuando llegaron al salón todo se enmudeció. Las personas se juntaron alrededor de las escalas para ver bajar a los duques de Lancaster. Kagome se puso nerviosa, tanto que hizo mayor presión al brazo de Inuyasha.

- Cálmate, solo sonríe y todo estará bien – le aconsejó mientras terminaban de bajar. Cuando llegaron al último escalón, Inuyasha lanzó una mirada a los músicos para que reanudaran la melodía; así, todos volvieron a lo suyo – Ves, la música los dispersa – bromeó y Kagome sonrió.

- Estás hermosa – la madre de Inuyasha se acercó a ellos con una gran sonrisa en su rostro, la cual se ensanchó mucho más al descubrir el collar en su cuello – Y tú tan guapo como siempre…

- Gracias madre…

La primera parte de la fiesta estuvo tranquila, los invitados bebieron champaña y socializaron entre años. Inuyasha la guió en todo momento por el salón, le presentó a miles de personas, todas ellas eran de la nobleza, marqueses, condes, vizcondes y barones; todos parecían bastante contentos con el regreso de Inuyasha y bastante sorprendidos por su nueva esposa; mas sin embargo nadie hizo ningún comentario despectivo y en cambio alabaron lo bella que era; sin embargo una cosa era lo que decían frente a ella y otra las miradas que notaba que le lanzaban, algunos hombres la miraban con marcado deseo y otras mujeres con despectivo enojo; por lo menos Inuyasha no la dejó sola.

Lo segundo de la fiesta fue pasar a la cena, Kagome encabezó la salida del salón en compañía de Inuyasha, así lo fueron siguiendo las personas de mayor rango hasta la de menos. Todos llegaron hasta un salón donde las mesas estaban listas para acoger a los invitados; manteles blancos, vajilla de porcelana y flores en cada mesa estaban ya dispuestos. Una vez todos estuvieron sentados, los sirvientes comenzaron a moverse, sirviendo champaña y los platillos uno tras otro.

La cena fue un poco más aburrida que las que tenían cuando estaban solos. Los hombres hablaban entre ellos, de política, carreras de caballos o caza, por su lado las mujeres hablaban de vestidos, sombreros y joyas; ningún tema le apetecía a Kagome, por lo que sólo asentía o hacia algún comentario cuando se le preguntaba.

Ya para terminar la fiesta, comenzó el baile. Los invitados fueron esta vez al salón principal de la mansión. El lugar estaba ampliamente iluminado, las ventanas estaban abiertas para evitar el calor en el lugar y la puerta que daba a la terraza y el jardín también lo estaba; una mesa de bocadillos estaba a un costado y lacayos vestidos de librea tenían bandejas con copas de champaña listas para repartir. Una vez los invitados hicieron aparición, los músicos comenzaron a tocar y las personas se dispersaron, ocupando el lugar.

- ¿Bailas conmigo? – Le preguntó el duque cuando un vals comenzó a sonar – Todos esperan que abramos el baile – se apresuró a decirle cuando vio su indecisión. La joven finalmente asintió y se dejó guiar por él al centro de la pista, al acto se les unieron muchas más y todas comenzaron a danzar al ritmo de la música.

Era un perfecto bailarín, la guiaba con gracia y soltura, dando los pasos y los giros en el momento preciso. Las personas a su alrededor los miraban intrigados, lo que hacía a Kagome sentirse más incómoda, sin embargo prestó atención al consejo de Inuyasha y no se dejó amedrentar por ello.

- ¿No se cansaran de mirarnos? – preguntó exasperada.

- No, somos la última novedad de Londres – dijo Inuyasha – A menos de que suceda un escándalo, seguiremos siendo lo interesante de la Temporada.

- Hubieras dicho antes – refunfuñó Kagome.

Para cuando el vals finalmente se terminó, Miroku y Sango se acercaron hasta ellos. Los dos caballeros, se fueron a la mesa de juegos, dispuesta en una habitación contigua al salón. Kagome se quedó con Sango, quién le presentó a otras tantas personas.

- Kagome… - la aludida se giró para encontrarse con su hermana.

- Kikyo… ¿Cómo estás? – Se giró para saludar a su hermana – Sango ella es mi hermana, la vizcondesa viuda de Melbourne, Kikyo, ella es la condesa de Aberdeen…

- Un placer milady – dijo Kikyo.

- El gusto es mío – dijo Sango – Yo las dejó, acabo de ver a un conocido, nos vemos más tarde Kagome

- Vaya, que hermoso collar… - por instinto Kagome cerró su mano alrededor de este - ¿Un regalo del duque?

- Sí…

- Y a todas estas, ¿dónde está? – preguntó mirando alrededor.

- Con un amigo… - contestó incomoda, Kikyo ponía un tono de voz diferente cada vez que se refería al duque.

- Lastima, quería saludarlo

- Discúlpame Kikyo, voy al tocador… - avisó antes de dar medio vuelta e irse.

La fiesta era divertida, Kagome estaba disfrutando bailando con varios caballeros, quienes la alabaron por su belleza y envidiaron la suerte del duque por tenerla como esposa. También había conocido jóvenes bastante amables, no todas estaban dolidas con ella por "robarse" al duque. Y era precisamente al duque, a quién no veía hace un buen momento; había bailado con él en una ocasión más y luego este había desaparecido.

- Kagome, ¿has visto a mi hijo? – le preguntó la duquesa.

- Eh… no, hace un momento que no lo veo – miró a los lados, pero no advirtió su figura – Quiere que le ayudé a buscarlo

- Muchas gracias, si lo encuentras dile que me busque por allá – dijo apuntando hacia un grupo de señoras, sentadas a un costado.

- Claro…

El lugar estaba atestado de gente, no tenía ni idea como iba a encontrar al duque entre tantas personas. Caminó por entre todas, saludando a una que otra a medida que avanzaba, veinte minutos después había quedado aburrida y acalorada de moverse por todo el salón, había mirado en todo lado y no había ni rastro.

- Kagome, ¿qué haces? – la atajó Sango.

- ¿Has visto al duque?

- ¿Inuyasha?, no

- ¿No está con el conde en la sala de juegos?

- No, Miroku está por allá – dijo señalando la mesa de refrescos - ¿Sucedió algo?

- No, su madre lo necesita – explicó – Me ofrecí a buscarlo, pero el lugar está a reventar y hace un calor infernal…

- Tardaras toda una vida buscándolo de esa manera – aseguró Sango – Espera que venga Miroku, le pediré que lo haga por ti

- Oh no, no es necesario – se apresuró a decir – Puedo hacerlo yo, no hay necesidad…

- Su excelencia – saludó Miroku, pasándole una bebida a su esposa - ¿Desea algo de beber?

- No es necesario milord

- Kagome está buscando a Inuyasha, ¿se quedó en la sala de juegos?

- No, salió conmigo y no ha regresado… - aseguró Miroku dando un trago a su copa.

- ¿Sabe dónde está?, su madre lo necesita…

- Pue sino estoy mal, creo que lo vi salir a la terraza – apuntó hacia las puertas abiertas.

- Nada raro, Inuyasha odia el bullicio y generalmente sale a los balcones en las fiestas – afirmó Sango, su esposo la miró con una sonrisa incomoda.

- Lo más seguro es que entre en unos minutos – intervino Miroku – Si quiere puedo ir y llamarlo por usted…

- No será necesario, yo puedo ir y así de paso tomo un poco de aire, disfruten el resto de la noche – se despidió con una sonrisa, antes de girarse y dirigirse al lugar.

La terraza era amplia, varias personas estaban allí tomando aire, pero ninguna de ellas era el duque. Kagome se acercó a la balaustrada y se asomó al jardín, por si lo veía cerca, nada. Soltando un suspiro decidió bajar hasta al jardín, no era muy grande y podía buscar y luego regresar si no lo encontraba. Bajó las escalas y luego caminó por el sendero de grava, hasta quedar oculta tras los rosales de la señora Izayoi.

No se veía nadie, estaba por regresar, cuando el sonido de arbustos moviéndose y una risita ahogada se escuchó; miró hacia el sitio del ruido y luego hacia el salón, pensando si debía regresar o no, pero una vez más el ruido de los setos la llamó y se encaminó hasta allí. Con agilidad se movió por entre los setos del jardín, era altos y formaban una especie de laberinto; al girar en un costado se topó con el origen de los ruidos.

Un gemido de sorpresa brotó de los labios de Kagome, al ver la figura del duque besando apasionadamente el cuello de su hermana mientras la aprisionaba con su cuerpo contra los arbustos. Ambos se separaron con rapidez y la miraron, ella no les dejo decir nada, recogió sus faldas y dio media vuelta para irse.

- ¡Kagome! – Escuchó la voz de su hermana, aunque el sonido de fingida angustia ni ella se lo creía - ¡Hermana espera! – la alcanzó antes de que saliera de entre los setos y la tomó de un brazo deteniéndola.

- Suéltame – masculló sin mirarla.

- Kagome… - la joven la miró de reojo y descubrió la figura del duque, dos pasos tras ellas; él no decía palabra alguna, sólo las miraba sin ninguna expresión de sus ojos, aquello la enfado aún más – Nosotros…

- ¡Déjame! – se soltó del todo y salió corriendo, no paró hasta que llegó al pie de las escaleras, el ruido del salón la hizo detenerse y luego de pensarlo un segundo, decidió entrar en la mansión por la puerta del servicio, no quería regresar a una fiesta y actuar como si no hubiera visto nada. Cuando en realidad, había visto a su esposo con su amante, quien también era su hermana; no, prefería ir a dormir y terminar la fiesta por esa noche.

-.-.-.-.-

¡¿What?... Pffff, que pensaba cuando escribí esa… $%&?/&… Jajajajjaa!... Creo que Inu acaba de meter las patas bien hondo!... ¿Y ahora qué?...

Espero que les haya gustado el capítulo de hoy (Todo menos lo último =D), dejen sus comentarios, les mando un abrazo fuerte y nos vemos el próximo jueves! Bye! xD