Ahhh!! (Adu feliz) ¡Creí que me habías abandonado! ¡Y qué reviews más largos, que gusto!
Quiero leer más de la pluma encadenada. Quiero odiar a Drain, o a Demian o quiero que me gusten los dos, u odiarlos a los dos me da igual. Pero quiero leer más.
La visión de Nadya… Nop, no es exactamente eso (es que soy muy retorcida jeje)
Está bien que te chekes lo de Armand, pq te garantizo que va a traer mucha cola jajaja
El vestido de Nadya.. Yo también quiero uno, aunque tampoco me gusta demasiado el dorado..
Y no digo más porque: tumtumtum (música de tiburón) Chiu chiu (música de Psicosis) Ya viene la fiesta
NADEZHDA. Rumores
Aún intentaba recuperarme de la sorpresa de que mis dos celosos compañeros me dejaran marchar con tanta facilidad, cuando una sonriente rubia se abalanzó literalmente sobre nosotros. Peter compuso una expresión de fastidio, y la saludó con frialdad mostrando con meridiana claridad su intención de no detenerse ni un segundo más. Pero ella no pareció captar la indirecta. De hecho, parecía incapaz de captar incluso una explicación lenta y paciente.
"Hola, soy Geneve", se presentó dejando escapar una risita tonta. "Y tú debes ser..."
No pudo terminar la frase. Peter la interrumpió con brusquedad
"Es Nadezhda. La compañera de Leonardo y Aleksei", me presentó apresuradamente. "Y ahora discúlpanos, querida. He visto alguien a quien debemos saludar", pero antes de que pudiera responder me arrastró velozmente hacia el fondo del salón. Se volvió hacia mí con una sonrisa cómplice
"Disculpa mi brusquedad, Nadezhda, pero no soporto la risa de mi prima más de diez segundos", sonrió, y le correspondí divertida. "Si fuera sólo un poco menos inteligente, la confundiría con una escoba. Una hermosa escoba, es cierto, pero escoba al fin". Sonreí
"Siempre había pensado que la transformación aumentaba nuestra capacidad mental, no solo la física", comenté, con más curiosidad que malicia. Peter se rió con suavidad.
"Y así es. Imagino que quien la transformó tenía en mente algo distinto. No creo que le interesara su cerebro lo más mínimo", comentó, riendo con malicia, evidentemente disfrutando de un chiste privado que no parece dispuesto a compartir conmigo.
Recorrimos el salón, deteniéndonos aquí y allá, saludando a familiares y amigos. Peter es un fantástico anfitrión. Siempre tiene una anécdota, o un comentario sobre cada uno de los que me presenta, que además de divertirme, me ayuda a grabar en mi mente la maraña de nombres y caras. Después de un rato, me llegó un olor familiar y una mano se posó en mi hombro. Decidí imitar su costumbre.
"Shannen", saludé sin volverme. Ella rió alegremente, y Peter y yo nos giramos para encararla
"Peter, querido, Lisías te reclama. Creo que empieza a cansarse de narrar detalles sobre el combate. Ya sabes lo poco que le gusta que le obliguen a hablar sin parar", sonrió
Peter dejó escapar una risa maliciosa, antes de volverse a mí.
"Te dejo en buenas manos, Nadezhda. Shannen conoce al menos tantos cotilleos maliciosos como yo mismo"
"La mayoría por que tú me los has contado", replicó ella.
Peter se limitó a sonreír y a despedirse con una inclinación de cabeza antes de marcharse a buscar a Lisías. Shannen lo miró alejarse sonriente.
"No debería decir esto, pero de todos mis primos, Peter es mi favorito con diferencia. Y no sólo porque sea el que más tiempo lleva con nosotros. Tiene un sentido del humor difícil de igualar. En otra ocasión le pediré que te cuente alguna de sus historias. Son realmente hilarantes" pareció un instante perdida en divertidos recuerdos, y finalmente se volvió de nuevo hacia mí. "Estas preciosa, Nadya. Te dije que ese color era perfecto para ti. ¿Les ha gustado a tus compañeros?"
"No sabría decirte, Shyn. Se limitaron a mirarme con la boca abierta y preguntarme con enfado donde estaba el resto del vestido", sonreí, y ella me recompensó con sus musicales carcajadas.
"Hubiera dado cualquier cosa por verlo", rió
En ese instante, un grupo de mujeres se aproximó a nosotras. Eran cuatro, a cada cuál más hermosa, y a duras penas pude disimular mi asombro cuando comprobé que dos de ellas eran gemelas. No tenía ni idea de que había algo así entre los nuestros.
"Shannen", saludó la más alta del grupo. Una morena escultural. "¿No nos vas a presentar a la mujer del momento?"
Me pareció ver una fugaz mueca en el rostro de Shannen, que desapareció de inmediato para dejar paso de nuevo a su brillante sonrisa.
"Por supuesto", se volvió hacia mí, e inició las presentaciones, señalando a cada una de las mujeres a medida que decía su nombre. "Ella es Dalmática. Brigitte. Y las gemelas son Anzhelika y Oksana"
Anzhelika y Oksana. Reconocí de inmediato los nombres de las dos mujeres, y me recorrió una inevitable oleada de celos. Respiré profundamente en un gesto instintivo para tranquilizarme. Los celos siempre me enfurecían
"Y ella por supuesto es Nadezhda", estaba diciendo Dalmática. "La compañera de Alyosha y del León"
¿El 'León'? Por el rabillo del ojo vi con claridad como Shannen clavaba sus ojos en Dalmática en un indudable gesto de advertencia. Esta se limitó a devolverle la mirada con un gesto divertido.
"No sabes cuanto me alegro de que seas tan normal", la forma en que pronunció la frase pareció casi un insulto, y empecé a notar como la ira crecía en mi interior. "Al saber que esos dos habían decidido por fin tomar una compañera, casi esperaba encontrarme una bellísima Diosa griega de tres metros de alto. Y en su lugar, mira lo que tenemos aquí. A ti", terminó con sonriente desprecio. Shannen le dirigió una mirada furiosa.
"Muérdete la lengua, Dalmática. Con un poco de suerte te envenenarás y nos evitarás a todos muchos quebraderos de cabeza. Si no te callas ahora mismo, te haré callar yo. Y no te gustará lo más mínimo, ya lo sabes", le ordenó airada.
Mantuvieron la mirada unos instantes, y finalmente Dalmática bajó la cabeza, sin parecer en absoluto arrepentida y no sin antes dirigirme una mirada malévola.
"No le riñas, Shannen. Se ha limitado a decir lo que todas pensamos. Todas las que hemos disfrutado de los favores de sus compañeros en el pasado, al menos. Y hemos sido unas cuantas. No podemos evitar preguntarnos que oculta esa apariencia insulsa que les ha hecho elegirla", replicó Brigitte con una sonrisa sarcástica.
Shannen la fulminó con la mirada, y se volvió hacia mí. Yo hervía de rabia a esas alturas. Mi mente buscaba una réplica mordaz, pero lo único que encontraba era la necesidad de arrancarles los ojos a esas dos arpías. Si nadie me detiene voy a saltar sobre ellas de inmediato. Les borraré de su cara esas estúpidas sonrisas burlonas a bofetadas. Shannen me miró alarmada y se volvió hacia el grupo de mujeres.
"Largo de aquí. Ya hablaremos más tarde vosotras y yo"
Ellas parecían reticentes a abandonar la diversión, pero Shannen les dirigió una mirada aterradora y susurró con voz letal un seco "fuera". Las cuatro se marcharon de inmediato, dejándome consumida de ira. Shannen se volvió a mí con preocupación.
"No les hagas caso, Nadya. Son los celos los que hablan por ellas".
Iba a replicarle cuando de pronto mi mente se desconectó
La muchacha del cabello pelirrojo corre entre las calles, sedienta. Olfateando su presa. En su mente no hay nada más que la necesidad de alimentarse, la sed que lo consume todo. Pronto amanecerá y debe volver a casa, pero antes tiene que beber. A lo lejos distingue un delicioso olor a sangre joven y sus ojos carmesí contemplan un muchacho que camina silbando distraídamente entre las calles. La adrenalina corre por sus venas, su mente racional escapa hasta el pulsante latido de la garganta del joven. Sus músculos se preparan para saltar. Se abalanza sobre él, que apenas tiene tiempo para dejar escapar un gemido ahogado, y clava los dientes en su cuello con violencia, recibiendo el preciado líquido entre sus ávidos labios. En unos segundos todo ha terminado. El mortal yace en sus brazos como una cáscara vacía. Ella lame la sangre que queda en sus dedos con avidez, mientras el alimento le devuelve las fuerzas a su cuerpo...
"¡Nadya! ¿Qué ocurre?" Abrí los ojos para encontrarme con el rostro preocupado de Shannen. La miré, confusa.
"Una visión", susurré. Una mirada de comprensión apareció en su cara.
"Ven, acompáñame querida. Te llevaré junto a Lisías y tus compañeros"
Me dejé guiar entre la gente, sin saber muy bien lo que hacía. La visión me había dejado aturdida, las sensaciones todavía recorrían mi cuerpo. El miedo, la sed, la violencia. En la ocasión anterior apenas había sido una revelación, pero de esta vez lo que había visto me sacudió con su intensidad. Lisías, Plauto y mis dos compañeros ya se apresuraban a nuestro encuentro. Imaginé que Lyosha había percibido lo que ocurría, y las palabras de Lisías me demostraron que así había sido.
"¿Has tenido otra visión, Nadezhda?", preguntó. Asentí débilmente. "Vamos a mi despacho" ordenó sin más.
Leo y Lyosha se apresuraron a tomarme cada uno de un brazo antes de seguir a Lisías y su hermano que ya se encaminaban hacia el piso superior. Shannen cerraba la marcha con gesto preocupado. Al llegar al despacho, me sentaron en un sofá junto al fuego y se situaron frente a mí.
"¿Qué ha pasado? ¿Te has herido?", preguntó Leo, inquieto.
Negué con la cabeza, mientras Plauto separaba con suavidad a mis compañeros y se acuclillaba frente a mí.
"Nadezhda, quiero que me digas que pasó justo antes de tener la visión. Cualquier detalle, por insignificante que te parezca. Qué sentiste, qué estabas viendo. Todo lo que recuerdes", me instó
Tomé un innecesario aliento antes de responderle, y cerré los ojos para poner en orden mis pensamientos.
"Bueno. Peter acababa de marcharse y yo estaba con Shannen. Cruzamos un par de frases y entonces...".
Entonces aparecieron ese grupo de arpías a estropear lo que estaba siendo una tarde fantástica, pensé, mientras volvía a sentir la ira creciendo en mi interior. A medida que los recuerdos inundaban mi mente, me enfurecía más y más. Esa maldita morena y sus repugnantes frases despreciativas, tratándome como si yo fuera poco más que una mascota. Y la otra con sus comentarios insidiosos. ¿Las que hemos disfrutado de tus compañeros? ¿Hemos sido unas cuantas? Levanté la mirada hacia Leo y Lyosha. Estoy tan furiosa que a duras penas puedo pronunciar palabra. Desde algún lugar muy lejano me llegó la voz de Plauto instándome a continuar, pero no soy capaz de concentrarme en nada que no sean las caras de mis dos compañeros, que me miran con extrañeza.
"Vosotros... Esas mujeres...", gruñí, incapaz de decir nada coherente, mientras alzaba las manos abarcándolos con un gesto furioso.
Ellos cruzaron una rápida mirada de entendimiento, antes de volverse hacia mí mirándome como si no tuvieran ni idea de que decir a continuación. Lisías se aproximó a mí, dispuesto a serenarme, pero Plauto lo detuvo con un gesto. En ese instante...
Corre por las calles vacías, fortalecida por la sangre, satisfecha su sed. Los recuerdos de la caza se agolpan en su mente, pero no puede detenerse a pensar en eso. Ahora no. Ahora debe regresar. Rápido. Rápido. Sin detenerse. Una profunda sensación de alivio se apodera de ella al ver por fin su hogar, su refugio. Se desliza por la ventana y se acurruca en una esquina. Los gritos del joven acuden a su mente. La culpa la invade. El dolor. Quiere llorar, pero no es capaz. Pero también recuerda el sabor de su sangre. Y eso es bueno. Cuando la sed se apaga se siente bien. Pero está mal. No debió hacerlo. ¿Por qué lo hizo? Su propia respuesta la sorprende. Lo hace porque quiere. Porque puede.
"Nadya. Nadya, ¿estás bien? ¿Quién es ella, Nadya?", estaba preguntando Lyosha.
Enfoqué la vista para encontrarme los rostros preocupados de Leo y Lyosha mirándome fijamente. Plauto se ha levantado e intercambia rápidos susurros con Shannen mientras Lisías los escucha con atención. Poco a poco fui saliendo del aturdimiento que parece que me producen ahora las visiones. Iba a sonreírles a mis preocupados compañeros, y decirles que todo estaba bien, cuando me llegaron una vez más los recuerdos de la fiesta, y la sonrisa murió en mis labios. Bloqueé mi mente a Lyosha con total concentración. Quizá pueda saltarse mis barreras, pero hice todo lo que estaba a mi alcance para evitar que fuera pronto. Estoy enfadada. Muy enfadada. Sé que enfadarme con ellos no es lógico, pero no puedo evitarlo. Estoy celosa, y los celos me enfurecen. Me enfurecen mucho. La parte racional de mi cerebro intenta desesperadamente decirme que no puedo culparlos por lo que ha sucedido antes de conocerme. Me dice que si intento echarles en cara todas las relaciones que pueden haber acumulado en once siglos, me pasaré el resto de mi eterna existencia furiosa. Pero ese par de zorras me han sacado de mis casillas, y al diablo con la racionalidad y la lógica. Lisías se aproximó a mí, me serenó con su toque, y entonces pude escuchar por fin los dictados de mi sentido común. Miré a mis compañeros, y no pude evitar sonreírles para tranquilizar sus atormentadas miradas.
"Estoy bien. Tranquilos. Sólo me ha dejado aturdida unos segundos", respondí.
Los dos dejaron escapar sendos suspiros de alivio. No puedo decir si por ver que ya puedo hablar con coherencia, o porque ya no pretendo hacerme un abrigo con sus pellejos.
Plauto se aproximó a nosotros.
"Bien. Esto confirma mi teoría. Creo que tengo una idea acerca de como se originan tus poderes, querida. Y por fortuna, la respuesta no tiene nada que ver con dolor o quemaduras. Al menos, no directamente" Le miramos confusos. Él sonrió, mientras tomaba asiento y hacía un gesto a los demás invitándolos a imitarlo. "Intentaré explicarme lo mejor que pueda, pero tened en cuenta que sólo es una primera teoría. Tendremos que seguir profundizando en esto"
Todos asentimos y él se tomó un instante para poner en orden sus pensamientos antes de comenzar su explicación.
"Cuando mi hermano me consultó acerca de tus visiones, no supe que pensar. Es cierto que yo también tengo ciertos poderes precognitivos, pero surgen después de invocarlos con profunda concentración. De hecho, no suelo recurrir a ellos, ya que me lleva demasiado tiempo conseguir una visión, y no siempre aparece ante mis ojos la respuesta a lo que ando buscando. Pero en tu caso, la visión parecía surgir espontáneamente. Era lógico pensar que el fuego, o el dolor, habían tenido algo que ver en ella. No obstante, no me cuadraba con tus otros poderes. Después de mucho meditarlo empecé a desarrollar la teoría que creo acabamos de confirmar. Nadezhda, pienso que las visiones surgen cuando tu cuerpo ofrece una respuesta automática a un estímulo que reconoce como peligroso. En el caso de la primera visión, ese estímulo fue el fuego. Las dos que acabas de tener las causó la furia. Tu cuerpo se preparó para el ataque, la adrenalina lo recorrió y surgió la respuesta establecida a una situación peligrosa. Es cierto que no estabas en peligro, pero tu cerebro no entiende de sutilezas. Si se prepara para atacar, es que estás en peligro. ¿Comprendes?"
Asentí, meditando sus palabras. Desde luego, es mucho mejor enfurecerme para conseguir una visión, que tener que abrasarme un brazo.
"Pero si esa teoría explica todos sus poderes, ¿eso quiere decir que su cuerpo reconoce la sangre humana como un peligro?", preguntó Leo confuso.
"No exactamente. La reconoce como algo extraño. No es alimento, luego es algo ajeno, que no debería estar ahí, y se prepara para combatirlo. Como el cuerpo de un mortal cuando lucha contra un catarro. He pensado que quizá aquí hay dos momentos diferenciados. Cuando bebe la sangre, su cuerpo la reconoce como un elemento invasor y surge el conocimiento de la localización del sujeto. Después, su sistema de regeneración, lucha contra el elemento extraño, y aparece el sueño y las visiones sobre la historia del sujeto. Pero por ahora no es más que una teoría. El tiempo la irá confirmando, u ofreciéndonos nuevos datos para perfeccionarla", concluyó
Parece encantado con sus conclusiones, pero yo vuelvo a sentir esa familiar sensación deprimente de estar siempre fuera de lugar. Bienvenidos a la parada de los monstruos. Enhorabuena, Nadezhda. Eres un vampiro cuyo cuerpo reacciona a la sangre humana como si de un virus de la gripe se tratara. Al final esas mujeres tenían razón. ¿Qué soy yo salvo una mutación estúpida?
"Querida, no importa cuántas veces tenga que repetírtelo hasta que te lo creas. No eres un monstruo, ni una mutación estúpida. Eres única y milagrosa. Y ninguna de esas mujeres puede soñar siquiera con compararse a ti", susurró Lyosha.
"No es verdad. Ellas son normales", protesté
"Nadya, ¿qué demonios se supone que es normal? Frente a ti tienes a un hombre que lee la mente, a otro que tiene visiones del futuro, a otro cuya sangre cura cualquier imperfección, que puede percibir y manipular los estados de ánimo, inducir al olvido, y sólo el diablo sabe cuantas cosas más. No hay una medida para la normalidad, Nadya. Y menos en una especie tan peculiar de por sí como es la nuestra", sonrió Leo.
Le devolví una sonrisa triste. No estoy en absoluto convencida. Cuando me acostumbro a una de mis rarezas, surge otra aún peor. Shannen se acercó a mí, mirándome con una sonrisa maliciosa.
"Querida, tus compañeros tienen razón. No hay forma de decir lo que es normal y lo que no. Y aunque fueras diferente, ¿qué importancia tendría? Ninguno de los aquí presentes te juzga por ello, y hay dos hombres maravillosos frente a ti deseando demostrarte lo poco que les molestan tus supuestas rarezas. Y sobre mis primas, bueno, es evidente que eres distinta a ellas. Tú posees lo que ellas no lograron conseguir. Y eso a pesar de intentarlo con denodados esfuerzos, debo añadir", rió.
No pude por menos que acompañarla en sus risas, y más cuando vi la cara aterrorizada de mis compañeros ante las últimas palabras de Shannen. La furia y la tristeza me abandonaron, dejando paso a la confortable sensación de sentirme aceptada, y amada. Pero entonces, los recuerdos de la visión volvieron a mí, y mi risa calmó de inmediato.
"Shannen, ¿Mayra es pelirroja?", pregunté. Ella me miró con sorpresa
"Si, lo es. ¿Pero, por qué...? Oh, demonios. ¿Tus visiones eran acerca de ella?", preguntó inquieta
"No lo sé. Vi una mujer pelirroja, ávida de sangre humana. Atacaba a un muchacho y se alimentaba de él. Después huía, y se refugiaba en un rincón, sintiéndose horriblemente culpable", expliqué
Shannen se levantó con rapidez.
"Voy a comprobar si está en casa. Ayer cuando la encontramos estaba histérica. Lisías ha tenido que hacerle olvidar todo el día, hasta que pueda enfrentarse a su pérdida de control. No le está resultando nada fácil habituarse a la sangre animal", explicó antes de salir a toda velocidad de la habitación.
"Y nosotros es mejor que regresemos al salón, si os parece bien. Los demás no tardarán mucho en preguntarse por que desaparecimos de ese modo. Aunque conviene a nuestros planes que nos reunamos en privado en medio de una fiesta, no quiero arriesgarme a despertar ninguna sospecha sobre Nadezhda. Alguien pudo verla con la mirada perdida en medio de la estancia, y puede empezar a atar cabos", comentó Lisías.
