Futuro
Miho colgó el abrigo en el pequeño closet de su habitación, guardó los aretes y el dije de corazón en su joyero, se soltó y cepilló el cabello, se quitó el maquillaje y colocó las medias que había usado en la ropa sucia, pero se dejo el vestido puesto, quería que él la viera luciéndolo aunque ya lo había hecho durante el evento, se sentó en el tatami y luchó por controlar los alocados latidos de su corazón.
Escuchó tras ella como se abría y cerraba la ventana corrediza del balcón, cerró los ojos y se mantuvo a la expectativa.
Se estremeció cuando ese cuerpo que conocía perfectamente la abrazó y en su espalda pudo sentir el calor de la piel que tanto extrañaba. Ella sujetó con ambas manos aquellos brazos varoniles y suspiró cuando sintió ese cálido aliento en su cuello.
-Te he echado mucho de menos...bonita
-Y yo a ti...
El caballero la volteo para poder verla a los ojos, tomó su cara con ambas manos y le dio un beso cálido y ansioso en los labios. Para Miho el mundo había desaparecido, sólo eran ellos dos. Cuando se separó de aquel beso, sintió como el rubor cubría sus mejillas.
-Tanto tiempo y aun te sonrojas, eres adorable.
-Ikki...- Miho dijo el nombre casi en un susurro. Su felicidad cuando estaba junto al caballero de fénix era tanta que no se podía medir.
Ikki volvió a besarla tiernamente en los labios y la atrajo hacia su cuerpo con un abrazo.
-Dime que tú y Sirah han estado bien.
-No te preocupes, estamos bien, nada nos falta y sabes que Shun está al pendiente de nosotras.-Miho acomodó su cabeza en el hombro del fénix.
-Hay tantas cosas que quisiera decirte...verás, yo he pensado...
-¡No!- Ella escondió su rostro en el pecho del caballero mientras sus manos apretaban la tela de la espalda de su camisa blanca- Esta noche no lo digas, las siguientes horas son sólo para nosotros. Te quiero a mi lado y no me interesa nada más, por favor Ikki bésame otra vez.
El fénix levantó la cara de la mujer, la miró a los ojos con inmensa ternura y la besó, suavemente al inicio, aumentando la intensidad de sus caricias poco a poco, le besó el cuello mientras le acariciaba la espalda, se separó de ella para tomar un respiro y preguntar.
-¿A que hora llega Sirah mañana?
-Por la tarde, irá con la familia de Makoto a un parque de diversiones.
-¿Podemos estar juntos todo el día?
-Si tú quieres, sí.
Ikki retomó las caricias, mientras que Miho le desabrochaba la camisa y con sus manos le acariciaba el pecho y la espalda por debajo de la tela, eso lo enardeció, tomando aire para contenerse, se separó de su amada poniéndose de pie, y al hacerlo le regaló a ella una vista increíble, el caballero de fénix vestido sólo con un pantalón de vestir color negro y una camisa blanca desabrochada y arremangada, Miho se sonrojó intensamente y no opuso resistencia alguna cuando él la cargó, con ella en brazos, le susurró al oído.
-Miho, por favor, sé mía.
Ella acaricio la cabellera azul y el rostro del fénix, le dedicó una mirada de amor y le respondió:
-Soy tuya desde hace tiempo.
El corazón del caballero brincó de alegría, y con Miho en brazos se dirigió a su habitación.
Las sombras de la noche fueron discretas testigos del amor entre Ikki y Miho.
Por la mañana, ella fue la primera en despertar, sintió felicidad al ver a Ikki profundamente dormido a su lado, sintió ternura al escuchar su respiración tranquila y sintió paz pensando en el amor que él le había profesado.
Tomó del suelo la camisa de su adorado y se la puso para cubrirse, dada la estatura de Ikki a ella le quedaba grande, sonrió y dobló las mangas para poder moverse cómodamente. Se dirigió a la cocina para preparar café, y mientras la bebida estaba lista se dio cuenta que ya tenía hambre, pensó en preparar hot-cakes pero al final se decidió por algo que sabía era del gusto de él.
Dispuso de los ingredientes y comenzó a cocinar.
Mientras tanto al caballero lo había despertado el aroma del café, sonrió al imaginarla en la cocina preparando el desayuno, pero no se levantó, agudizó sus sentidos y pudo percibir el olor del perfume dejado en la cama por ella, los sonidos de la radio encendida en una estación de música que Miho escuchaba mientras preparaba la comida, la suavidad de las sábanas con las que estaba cubierto y pudo imaginar el sabor del desayuno en su boca.
-Por cosas de este tipo es que vale la pena vivir.- Dijo para si mismo.
Pocos minutos después Miho entró a la habitación, se sentó en la cama y lo movió suavemente creyéndolo dormido, pero en un rápido y ágil movimiento la tomó por la cintura y la colocó boca arriba debajo de él. Miho rió sonoramente divertida y sorprendida a la vez.
-Buenos días, bonita.
-Buenos días Ikki, ya está listo el desayuno.
-Te comería a ti a besos.
-Hice omelette de arroz...
-¿De verdad?-Al escuchar que desayunaría uno de sus platos favoritos la soltó y comenzó a buscar su ropa.-Oye ¿Que me voy a poner si tú tienes mi camisa? ¿Eh?
-Por mí no hay problema, puedes quedarte así- el fénix se sonrojó consciente de su desnudez y cerró los ojos sonriendo ante la ocurrencia-Ya en serio...tengo una muda de ropa para ti, espero no haberme equivocado en la talla. Miho comenzó a buscar en un cajón, sacó una bolsa con la marca de una tienda de ropa y se la dio al caballero.
-Muchas gracias...
-Vístete y ven a desayunar antes de que la comida se enfríe.
-¿Y mi camisa?
-Te la devolveré antes de que te vayas, no te preocupes.-Miho le guiñó un ojo y salió de la habitación para servir.
Poco después estaban terminando el desayuno tranquilamente.
-Tu comida es de las cosas que más había extrañado.-Dijo Ikki tras terminar su café.
-Me alegra mucho que te guste.
-Pero esta tarde me gustaría salir a comer a algún sitio contigo y con Sirah.
-¿Estás seguro?
-Después de tanto tiempo con nuestra situación quizá sea una tontería preguntar esto, pero...
-Pero...-La mujer se intrigó al ver al caballero sonrojarse.
-Rayos...no es tan fácil decirlo, ¿sabes?
Miho abrió los ojos y se preguntó a si misma si lo que Ikki trataba de decirle era...
-Quiero que seas mi novia y luego de un tiempo, mi esposa. Y por supuesto voy a reconocer a Sirah como mi hija. Vamos a dejar de escondernos.
-He esperado tanto para escucharte decir eso.
-Aceptas?
-Sí.
Ikki la tomó por los hombros y la besó en los labios. Al soltarla comenzó a llorar.
-Miho...
-Lloro de alegría y de alivio, por fin podemos estar juntos.
-Si de mí dependiera nos casaríamos hoy mismo, pero debemos dejar que Sirah lo vaya asimilando.-El caballero limpio las lagrimas con su mano.
-Tienes razón.
-Sé que debí haber hecho esto hace tiempo, perdóname por mi cobardía.
-No digas eso, ambos sabemos por qué lo hiciste. Y siempre has cuidado de nosotras.
-Escondiéndome, dejando que Seiya y Shun estén con ustedes, cuando ese es mi deber.
-Tu deber es cuidar nuestro bienestar y eso has hecho desde el principio.
-Gracias bonita, ¡eres increíble! Por eso te amo.
-Y yo a ti.-Miho le acarició el cabello-No quiero romper el encanto, pero ¿qué tal si nos damos un baño?
-¿Juntos?
-El baño es pequeño para eso. Báñate primero mientras limpio la mesa y la cocina.
Ikki obedeció de buena gana, no sin antes robarle un beso a su novia. Cuando él terminó su baño fue el turno de Miho y después ella se puso a lavar la ropa incluyendo las sabanas y la ropa del caballero. Salió a tender las prendas y finalmente se sentó con Ikki que todo ese tiempo la había estado observando.
-De la comida no me preocupo dices que saldremos.
Ikki asintió.
-Veo que la ropa te quedó bien.
-Me sorprende que supieras tan bien mi talla.
-Me sé las medidas de tu cuerpo.-Dijo la mujer con una sonrisa.
El caballero se recostó en el tatami apoyando la cabeza en las piernas de Miho, ella lo miró con ternura y comenzó a acariciarle el cabello.
-¿Cómo crees que lo va a tomar Sirah?
-Primero se va a desconcertar, luego se va a enojar, luego necesitará hablarlo con alguien que no seamos nosotros, lo asimilará y finalmente lo aceptará.
-Suena a lo que yo haría...
-Es lógico, ella tiene muchos rasgos de tu carácter.
-Espero que sean rasgos positivos...
-Lo son, no te preocupes.
Ikki se incorporó, tomó ambas manos de Miho y las besó con suavidad, sorprendiéndola.
-¿Y eso?
-Estas manos pueden convertir el caos en orden, pueden con una caricia cambiar el rumbo de un día pésimo, pueden corregir desajustes, son capaces de convertir un montón de ingredientes en una deliciosa comida y son las manos que quiero sostener para siempre.
Miho no dijo nada asintió y también tomó las manos de Ikki y las besó.
-Estas manos pueden abrir el cielo de un solo golpe, pueden matar o destruir a alguien, pueden lanzar ataques a la velocidad de la luz, pero también pueden limpiar una lágrima con suavidad, pueden curar heridas y pueden dar las caricias mas tiernas, por eso son las manos que quiero sostener toda la vida.
-Parecen votos de matrimonio.
-Deberíamos repetirlos el día que nos casemos.-Miho se sonrojo imaginando su boda.
-Lo haremos, bonita, lo haremos. Pero por ahora déjame disfrutar estos momentos contigo.-Ikki tomó con ambas manos la cara de Miho y la besó, comenzó a acariciarla tocando las fibras que sabía sensibles. Y así pasaron el resto de la tarde felices de estar juntos, recuperando el tiempo perdido.
Con la tranquilidad de saber que con tiempo y voluntad todo volvería a su cauce natural.
