Manipulando el corazón
Cuando Ron bajó el día siguiente al Gran Comedor, encontró a Harry desayunando solo. No había visto a Hermione en la sala común, ni tampoco por los pasillos. No tenía muchas ganas de hablar con Harry, porque le preguntaría como le había ido su supuesta cita con la chica de Hufflepuff. Bueno, ya le había mentido, lo volvería hacer. Le resultaba sencillo mentir a los demás, y muy satisfactorio. Se sentó en frente de Harry, que estaba cabizbajo y parecía un poco deprimido.
¿Qué te pasa, Harry? – le preguntó, intentado parecer preocupado.
Hermione y yo nos hemos peleado – suspiró con tristeza – Empezó por una tontería y al final…
¿Qué? – estaba deseoso de que cortasen.
Pues que me dijo que no pensaba en ella y que solo pensaba en mí mismo – dejó caer la cuchara sobre las gachas – Y no sé donde se ha metido, aunque por la forma en que se fue anoche…
¿Vais a cortar? – la voz se le agudizo por la emoción.
No sé – se encogió de hombros – Intentaré arreglar las cosas con ella.
Lo siento, amigo – intentó no parecer demasiado contento – ¿Quieres que hable con ella?
No sé, quizás sea mejor que lo hago yo – removió su cuenco con desgana – Nunca se había puesto de esa manera conmigo.
A lo mejor solo tenía un mal día – le dijo, esperando que no fuese así – Puede que se le haya pasado ya.
Eso espero – apartó el cuenco de gachas – Voy a ver si la encuentro. Nos vemos en Transformaciones.
Vale.
Harry se levantó apesadumbrado y salió del Gran Comedor. Ron sonrió y comenzó a desayunar. Lo mejor que le podía pasar es que Harry y Hermione tuviesen una pelea, así él podría aprovechar la situación. Pensaría algo para sacar partido de la situación y ganarse a Hermione. Estaba untando una tostada, cuando Tom se le acercó. Observó que nadie de Slytherin le miraba y se acercó a Ron.
¡Ah Tom! – se alegró al verlo – ¿Qué tal?
Bien – respondió secamente – Tienes que cumplir tu promesa.
Lo sé – lo miró – ¿Qué quieres?
Verás yo – se rascó la cabeza nervioso – Necesito que me des clases particulares.
¿Clases particulares? – preguntó, estupefacto – ¿Eso es lo que quieres?
Si – asintió enérgicamente – Quiero aprender lo más rápido posible, antes que mis compañeros, antes de que me enseñen…
¿Durante todo el curso?
Si – miró alrededor – Tú eres un alumno de séptimo y sabrás muchas cosas, quiero que me enseñes todo lo que sabes.
Ambicioso, un típico Slytherin – se carcajeó – De acuerdo, acepto el trato. Pero si yo te doy clases todo el curso, tú me ayudarás siempre que te lo pida
De acuerdo – aceptó muy convencido – Así lo haré.
¡Estupendo! – le dio unas palmadas en el hombro – ¿Cuándo quieres empezar?
Cuanto antes mejor – le brillaban los ojos de avidez – Hoy tengo que hacer muchos deberes, pero mañana por la tarde estoy libre.
Vale, nos podemos ver en la biblioteca – le propuso Ron – Nunca he hecho de profesor, así que no se que tal irá.
No te preocupes – Tom se movía nervioso – Aprendo muy rápido y estoy dispuesto a hacer cualquier cosa por conseguir lo que quiero.
Vale, Tom – lo miró con curiosidad – No pensaba yo que tuvieras tantas ganas de aprender.
Tú no me conoces bien – sonrió brevemente – Tengo muy claras las cosas
Ya te veo – se rió – Bueno Tom, tengo clase de Transformaciones. Nos vemos ¿vale?
Si, si.
Se despidieron y Ron salió fuera del comedor. Había sido muy fácil conseguir que Tom y él siguieran manteniendo una relación. Era un poco pronto para ir a clase, pero Ron estaba seguro de que Hermione ya estaría esperando. Esperaba que Harry no se le hubiese adelantado, tenía que llegar antes que él. No debía lanzarse a ella precipitadamente, tenía que jugar sus cartas. Simplemente, que ella viera que el gran Harry Potter no era más que un engreído sin talento alguno y que no sabía tratarla, pero que Ron Weasley, el segundón que siempre había estado en la sombra, era un muchacho que estaría a su lado y que tenía mucho poder oculto. Cuando dobló la esquina, vio a Hermione entrando en la clase. Esperó unos segundos, y entró en clase haciéndose el despistado, como si no supiese que la chica estaba allí.
¡Ron! – lo llamó la chica.
Hola Hermione – se acercó sonriendo a ella – ¿Qué tal? No te he visto en el desayuno.
No, no tenía demasiado apetito – dijo, de manera poco convincente.
Ya – la miró – He estado hablando con Harry.
¿Ah sí? – alzó una ceja – ¿Y qué te ha dicho?
Que os habíais peleado – le comentó – ¿Estás bien?
Si, si – pero no parecía estarlo – Es que…
¿Qué pasa? – se inclinó un poco.
Son cosas de parejas – dijo, intentando quitarle importancia – Ya se arreglarán.
Si, hay que hablar las cosas – le sonrió – Bueno Hermione, tú no te preocupes, todo se arreglará.
Gracias Ron – le sonrió con dulzura – Te notó muy maduro últimamente.
¡Ya ves! – se rió – Uno que ha crecido.
¿Sabes? – le miró – Cuando empecé a salir con Harry, me di cuenta de que te alejaste de nosotros, de que parecías enfadado… ¿Te enfadaste?
Si, bueno, un poco – desvió la mirada – Solo es que, que mis dos mejores amigos saliesen juntos, no sé, me dejaba de lado.
Nosotros nunca te dejaríamos de lado – le cogió la mano – Ron, ¿de verdad piensas eso de mí?
Bueno… – se preguntó porque Hermione había dicho de mí, en vez de nosotros – Cuando una pareja empieza a salir, es normal que quiera estar sola ¿no? Y yo… pues bueno… estaba en medio, solo molestaría.
¡No es cierto, Ron! – negó la chica, enérgicamente – Tú no molestas, nunca.
Yo…
Ronnie – la chica le apretó más fuerte la mano – Tienes que prometerme, que no pensará nunca eso de mí. Con todo lo que hemos vivido juntos, no puedo creerme que…
Vale Hermione – puso un dedo en su labios para callarla – No tiene importancia, no le des más vueltas ¿de acuerdo?
De acuerdo.
Se quedaron mirándose en silencio, atravesando el uno los ojos del otro. Sus manos aún estaban entrelazadas y Ron podía notar un nuevo brillo en los ojos de la chica, un brillo esperanzador. La puerta de clase se abrió y Harry entró cabizbajo. Hermione soltó la mano de Ron, pero no se acercó a Harry, ni le dijo nada. Simplemente, abrió su libro y se quedó mirando a la pizarra. Aquello empezaba a avanzar, poco a poco se iban congelando las cosas entre Harry y Hermione, y Ron aparecía como un nuevo chico ante los ojos de ella. Ron también abrió su libro y observó de reojo a Hermione. Se dio cuenta de que tenía las mejillas sonrosadas y que los ojos seguían brillantes. Se preguntó sería por Harry o por él mismo. Si era por él, tenía que pensar algo para acelerar la ruptura entre Harry y Hermione. Solo de pensar que dentro de poco, podía tener a Hermione junto a él, le invadía una sensación de placer. Después de siete años, por fin podría tenerla para él, lo que había deseado casi desde que la conoció. Aunque eran unos niños, Ron sintió algo especial por ella, aunque solo pensará en hacerla enfadar y en meterse con ella. La clase de Transformaciones fue extraña, pues Hermione se mostraba muy educada con él, y cada vez que se daba la vuelta, volvía a ponerse colorada. A parte de eso, los hechizos de Ron continuaban siendo tan eficientes y certeros, lo que Hermione no dejaba de notar. La chica parecía emocionada y observaba atenta a Ron, cuando realizaba cada uno de los hechizos. Cuando Ron se volvió a mirarla y le dedicó una sonrisa, la chica se puso tan colorada que el chico podía notar el calor que desprendían sus mejillas.
¡Es realmente impresionante! – le dijo, con voz ahogada – Has mejorado muchísimo en poco tiempo.
Ya ves – se encogió de hombros – Será que últimamente practico más.
Pues es genial porque tus hechizos son impresionantes – lo miró – Se te ve más confiado, siempre he pensado que eso es lo que te hacía falta.
Si, bueno – sonrió con timidez – Es difícil confiar en uno mismo cuando tus hermanos han hecho cosas impresionantes y tus dos mejores son mejores magos que tú.
¡Eso no es cierto, Ron! – se apresuró a negar Hermione – Tú eres muy buen mago.
No tanto como tú y como Harry – algo le decía que dar pena podía serle útil.
Pues yo creo que si – volvió a cogerle la mano – Ya sé que hemos tenido muchas peleas, y que Harry y yo hemos atraído demasiada atención, pero Ron tú eres muy buen mago y sobre todo, muy buen amigos.
Gracias Hermione – los ojos de la chica volvían a brillar – Harry es muy afortunado.
Bueno… – la chica se puso completamente colorada – Si, supongo que si.
Aquel día, fue uno de los mejores para Ron. Harry había intentado hablar varias veces con Hermione, pero la chica no parecía dispuesta a darle una oportunidad. Cada vez que se acercaba a ella, se ponía a hablar con Ron, y le ignoraba completamente. Ron estaba perplejo, no podía creer que aquello estuviese pasando. Miraba a Harry haciéndose el inocente, como demostrando que él no pretendía incomodarle. Pero estaba encantado, estar junto a Hermione le volvía loco. No podía apartar sus ojos de ella y tenía que controlar a sus manos para que no abalanzasen sobre el cuerpo de la chica. Después de cenar, Hermione subió a la sala común pero Ron se quedó en el Gran Comedor. Se le había ocurrido una idea, pero necesitaba a Tom. Cuando vio que el chico lo miraba, le dijo con los labios, que verían en la biblioteca. El chico asintió, y comenzó a terminarse la cena rápidamente. Ron subió las escaleras para ir hasta la biblioteca, pero una mano en su hombro le detuvo.
¡Espera Ron! – Harry se paró ante él – Necesito hablar contigo.
Claro, ¿qué pasa? – dijo, con voz amable.
Es sobre Hermione – parecía nervioso – ¿Te ha dicho algo? ¿Sabes lo que le pasa?
No, no me ha dicho nada – se mostró preocupado, aunque no lo estaba en absoluto – No parece querer hablar de ello.
Si, ya lo sé – se pasó la mano por el pelo preocupado – ¿Qué crees que será?
No lo sé – se encogió de hombros – Solo me ha dicho que son cosas de parejas.
Ya veo – se rascó la barbilla – Iré hablar con ella, a ver si se soluciona todo esto.
No te preocupes, seguro que saldrá bien – le animó, deseando con todas sus fuerzas que no fuese así – Estate tranquilo.
Eso espero – miró al suelo – Voy a hablar con ella. Nos vemos.
Ok.
Harry corrió escaleras abajo y Ron siguió subiendo. Si el plan que había pensado salía bien, Harry no iba a tener ninguna oportunidad para volver con Hermione. Por eso necesitaba a Tom, él era perfecto para llevar a cabo su plan. Subió a la biblioteca y pasó por las estanterías, fingiendo que buscaba un libro. Después de un rato, vio a Tom que entraba y estiraba el cuello, buscándole. Ron le hizo señas para que se acercara a él y se ocultaron tras una estantería.
¿Qué pasa? – preguntó Tom, con curiosidad.
Necesito tu ayuda – susurró para que no les oyesen – Tengo un plan y tú eres el más indicado para ayudarme.
¿De qué se trata? – parecía emocionado.
Bien – lo miró – Sabes que Harry Potter es mi mejor amigo ¿no? – el chico asintió – Y está saliendo con mi mejor amiga, Hermione Granger – Tom asintió de nuevo – Pues necesito que los dos corten. Estoy loco por Hermione y necesito que corte con Harry para que al fin sea mía.
Ah – parecía decepcionado – Pensaba que tendríamos que buscar algo. Y no imaginaba que esto sería por una chuchería.
¿Chuchería? – eso es lo que decía el otro Ron para referirse a Hermione – ¿Por qué la llamas así?
Es lo que dice mi padre para referirse a una chica – le explicó riéndose – Se lo dice a mi hermano.
¿Tienes un hermano? – preguntó, con curiosidad.
Dos hermanas y un hermano – dijo, sin darle importancia – Pero no los conocerás, porque son todos muggles.
¿Eres el único mago de tu familia? – le preguntó, sorprendida.
Si, de momento si – estaba molesto – Pero no quiero hablar de eso. Si se enteran en Slytherin de que soy…
Ya, te entiendo – le dio unas palmadas en la espalda – No se lo diré a nadie.
Gracias – le agradeció, aliviado – Bueno, ¿qué es lo que tengo que hacer?
¡Ah si! – se frotó la manos – Bien, los conozco perfectamente a los dos y sé una forma de separarlos. Lo que tienes que hacer es…
Cuando Ron salió esa mañana hacia el Gran Comedor, vio que Tom estaba ya preparado para ejecutar el plan que había ideado la noche anterior. Esperó un rato simulando que se detenía a ver los relojes de arena, cuando vio a Hermione que bajaba. Tom se acercó a ella, tenía un aspecto lastimero, pues se había pintado ojeras y estaba más pálido de lo habitual. Temblaba de manera muy convincente y parecía a punto de echarse a llorar. Le sorprendió le buen actor que era Tom. Si Ron conociera el plan, se hubiera creído que Tom había sufrido el salvaje ataque de Harry que ambos habían pensado. Tom cayó a los pies de Hermione, con lágrimas en los ojos.
¿Eres Hermione Granger? – preguntó, con voz temblorosa.
Si – lo miró preocupada – ¿Estás bien?
Yo… yo…
¿Qué te ocurre? – se agachó junto a él – ¿Necesitas ir a la enfermería?
Harry… Harry… él me… él me dijo que…
¿Qué te dijo? – le cogió de la barbilla – ¿Cómo te llamas?
Tom – era un actor muy bueno – Él me obligó… él dijo que no… él…
Tom, dime que te pasa – lo miró preocupada – ¿A qué te obligó Harry?
Yo no quería ir – empezó a sollozar – Pero él dijo que debía hacerlo, que no pasaba nada. Pero yo… pero yo…
¿Qué te dijo que debías hacer? – estaba empezando a ponerse nerviosa.
¡Me obligó a ir al Bosque Prohibido! – lloró sobre el hombro de la chica – Decía que allí tenía que buscar una cosa, no sé que era, para acabar con él.
¿Te refieres a Voldemort? – preguntó, perpleja.
¡Si! – Tom lloró aún más fuerte – Que aunque me pasase algo, no pasaba nada, que no era más que un sangre sucia, y que los sangre sucia no eran magos de verdad, que si me pasaba algo, daba igual…
¿Eso te dijo? – entornó los ojos furiosa.
Si – Tom se enjugó las lágrimas – Yo es que… quería decírtelo porque tú puedes ayudarle… se volvió como loco…
Ya veo – ayudó a Tom a levantarse – Muchas gracias, Tom.
Lo siento – se disculpó – No sabía a quien decírselo…
No tienes que disculparte – le sonrió con cariño – Si no te encuentra bien, es mejor que vayas a la enfermería. ¿Lo harás, Tom?
Si – sonrió agradecido – Gracias Hermione.
De nada.
Tom se fue hacia la enfermería, guiñándole un ojo a Ron. Hermione se lo había creído y parecía muy enfadada. Sabía que para ella era peor que Harry dijese eso de los sangre sucia, que le fuera infiel con una chica. La chica esperó de brazos cruzados hasta que vio que Harry bajaba por las escaleras. Se acercó a Harry echa una furia y cuando se paró frente a él, le soltó una bofetada. Harry se quedó perplejo ante la reacción de Hermione y la miró sin comprender nada.
Hermione, ¿qué…?
¡Eres un imbécil! – le gritó, furiosa – ¡Eres un… idiota! ¡Te odio!
Pero Hermione, ¿qué…?
Nunca pensé que fueras a decir esas cosas – los ojos se le llenaron de lágrimas – Sé que tú necesitas derrotarle, pero…
¿De qué estás hablando, Hermione? – preguntó, sin comprender nada.
Ya lo sabes bien – le miró con asco – ¡Idiota!
Hermione se fue furiosa y Harry se quedó parado, ni siquiera se atrevía a seguirla. Ron ocultó su sonrisa tras un libro, su plan había dado resultados.
¡Impresionante! – se asombró Ron, aquella tarde en la biblioteca – Es que me lo he creído hasta yo.
Gracias – sonrió orgulloso – No se habla de otra cosa en el colegio.
¡Si! – se rieron – Todo el mundo lo sabe.
¿Han roto ya?
No, todavía no – se lamentó Ron – Pero no te preocupes, lo harán en breve. Cuando vuelve a la sala común, le daré el toque final.
¿Qué vas hacer? – preguntó, emocionado.
Una pequeña conversación para acelerar las cosas – sonrió con malicia.
¿Y qué le dirás? – le preguntó, intrigado.
Te lo contaré cuando hablé con ella – le prometió – No sé que le voy a decir, pero se me ocurrirá sobre la marcha.
¡Genial! – se rió – ¡Eres un genio, Ron!
Algo – recogió sus libros – Bueno, seguiremos el lunes. Esperó estar muy ocupado este fin de semana.
Vale – se levantaron y salieron de la biblioteca – Nos vemos.
Cada uno tomó una dirección y Ron se fue a la sala común. Había pasado la mayor parte de su clase con Tom comentando lo que había pasado. Todo el colegio se había enterado de lo que había pasado entre la pareja más famoso. Harry buscaba a Hermione por todos los lados, para intentar hablar con ella. Pero la chica lo evitaba y lo ignoraba por completo, y en una de las ocasiones que lo consiguió, Hermione le volvió a soltar una bofetada. Ron se había tenido que aguantar la risa al ver la escena, era algo muy divertido lo que estaba sucediendo. Pero ahora Ron, tenía que hacer de amigo solidario y dispuesto para ayudarla, y aconsejarla. Entró en la sala común y vio a la chica que estaba sentada en una butaca alejada, sola. Ron se acercó a ella, preguntándose donde se encontraba Harry.
Hola – saludó suavemente – ¿Qué tal estás?
Bien – tenía la voz tomada – Aún estoy alucinando de que Harry dijese todas esas cosas.
Si, yo tampoco me lo esperaba – la miró – Supongo que no ha tenido que ser muy agradable para ti.
¡No! – negó furiosa – Me parece increíble que haya dicho eso, pero claro…
¿Qué pasa? – preguntó, al ver que la chica lo miraba significativamente.
El otro día me comentó que creía que había un Horrcrux en el Bosque Prohibido – Ron no daba crédito a lo que oía – Y que por eso había ido al Bosque Prohibido aquel día.
¿En serio? – no se lo podía creer – ¿Por eso fue al Bosque Prohibido?
Si – asintió – Pero no pensaba que caería tan abajo, ni que dijese esas brutalidades – sollozó – ¡No quiero volver a verle!
¿Vas a cortar con él? – preguntó, esperanzado.
Creo que si – ocultó el rostro entre las manos – No quiero salir con él si va diciendo esas cosas por ahí. Aunque…
¿Qué?
Puede que es chico se lo esté inventando – se quedó pensativa – Es de Slytherin, y ellos odian a Harry, puede que lo haya hecho para fastidiarle.
Si, tienes razón – la miró – Pero no sé…
Si, está un poco raro, puede que la fama se le haya subido a la cabeza – opinó – Además, no sé si le quiero.
¿No lo sabes? – se extrañó.
No – negó – Es mi amigo, y es muy buen chico, pero…
Si no tienes claro si le quieres o no, es mejor que no estéis juntos – le dijo, fingiendo tristeza – Solo os haréis daño.
Tienes razón – suspiró con tristeza – Deberías decirle la verdad.
Hablaré con él – prometió – Es mejor solucionar esto cuanto antes, no debemos alargarlo.
Si, ya verás como cuando lo habléis y tengáis las cosas claras, te sentirás mejor. Y si no sabes lo que sientes, es mejor cortar.
Tienes razón – lo miró – Hablaré ahora mismo con él y bueno… supongo que tendremos que cortar.
Si, es lo mejor – la cogió de la mano – No te preocupes, todo saldrá bien.
Eso espero – sonrió a Ron – Muchas gracias Ron, me estás ayudando mucho.
No hay de que – le apretó la mano – Puedes confiar en mí.
Gracias – se inclinó y le dio un beso en la mejilla – Eres un cielo.
Ron sonrió orgulloso de si mismo y observó a Hermione, sabiendo que había triunfado. Su plan había dado resultados inmediatos, todo estaba saliendo más rápido de lo que pensaba. Vio que Harry entraba en la sala común y sonreía esperanzado al ver a Hermione acercándose a él. Pero su expresión cambió, al ver la cara de la chica.
Tenemos que hablar, Harry.
CONTINUARÁ
