Capítulo 6: Reminiscencia
La imagen de Odín reclamándole estaba impresa en su mente, se sentía consumido en rabia y dolido, su pecho se presionaba insoportable. No pudiendo aguantarlo más, las lágrimas se derramaron por sus mejillas, bien sabía que no podía engañarse, Odín le importaba mucho y esto era doloroso.
Frustrado lanzó un alarido estruendoso y golpeó la tierra con su puño ocasionando la ruptura del suelo y que una onda de fuego se expandiera incendiando las casas y todo lo demás alrededor volara por los aires.
Alzó la vista y observó, no le interesaba que le sucediera al pueblo, de paso se vengaba por los comentarios hacia su hija. Ya no quería estar aquí.
Convirtió su cuerpo en llamas y se fundió con el remolino caliente sobre él, desapareciendo dejando destrucción y caos.
Fornjót más cansado y anciano que nunca rompió agitado de su meditación. Lo sabía, sentía su final a más tardar mañana, debía apresurarse a realizar su última misión antes de fenecer. Se encontraba en la cima de una montaña en Jotunheim, ayer prohibió tajantemente a sus hijos que lo acompañaran y casi no lo logra si no los hubiera petrificado, el hechizo duraría hasta que muriera, que tampoco falta mucho; con una mirada cómplice a su nieta se fue, ella también inmovilizada por el hechizo.
Rivfadr jamás le reveló el contenido de su visión pero a juzgar por su insistente búsqueda de información y constante meditación no hacía falta, deducía correctamente quién era el liado.
Escaló con dificulta un peñasco más alto, en varias ocasiones lesionándose las manos, rodillas y pies. Parado, extendió los brazos hacia los costados y llamó a su magia, manifestándose con un brillo azul que lo envolvió.
- Sagrado Ygdrassil, soy Ymir y he completado mi ciclo de vida, me uno hoy a tu esencia y ascenderé a las estrellas después de cumplir mi último deseo, muy necesario de ser hecho… - Alzó la vista al cielo que se iluminaba precioso, como si las estrellas aprobaran su petición y alentaran a hacerlo para acogerlo luego eternamente – Por favor, esparzan mis restos sobre los nueve mundos y recíbeme glorioso en tu seno -.
Una luz poderosa descendió del cielo como un rayo impactando directamente en el gigante convirtiéndolo en millones y millones de partículas luminiscentes que recorrían a velocidad luz sobre todos los habitantes dentro del gran árbol cósmico. Del lugar donde estuvo parado brotaron torrentosas aguas que formaron ríos que surcaron vastos territorios y mundos, de esa manera se creó el gran río Aurgelmir.
Los distintos seres, gigantes, aesir, elfos, humanos, vanir fueron tocados por esas partículas borrando de sus mentes el nombre Loki e instalándose remplazándolo por uno nuevo: Loder, sin cambiar al personaje al que hace referencia.
Esa gran hazaña tuvo excepciones, compuestos casi por completo de magia, Loki y Rivfadr se excluyeron.
Al instante en que los resquicios del ancestral gigante de hielo se elevaron al infinito, Loder y hermanos junto con Rivfadr se teletansportaron inmediatamente encontrándose son un nuevo paisaje; la congoja y tristeza abrumaron sus corazones llorándolo por días.
El rey de Asgard sentado en su balcón percibió un extraño acontecimiento. Por un momento pensó en algún tipo de amenaza pero pronto se dio cuenta que era mera energía.
Una energía que se desplazaba anormalmente.
Una energía que se desplazaba anormalmente descendiendo hacia cada persona.
Una energía que se desplazaba anormalmente descendiendo hacia cada persona y que desaparecía justo al tocar sus cabezas.
Una de esas motitas de luz se dirigía directamente a él con un delicado vaivén del cual la brisa no era responsable. El rubio frunció el entrecejo y se apartó un poco. La bolita de energía se detuvo lento y como midiendo sus pasos redirigió su curso hacia la dirección del rey.
Odín se quedó quieto y mirando fijamente a la pequeña luz que se acercaba a él y cautelosamente extendió la mano para que se posase allí, sin embargo la motita con algo de dificultad sobrepasó la palma abierta y subía hacia su cabeza. Era casi entrañable e inocente su esfuerzo. ¿Qué eres? Se preguntó Odín, decidiendo al final que no le haría nada si lo tocaba, total, no era en absoluto amenazante y ayudando a la tambaleante motita de luz acercó su frente a ella.
Justo en el instante que lo tocó se arrepintió e inmediatamente lo olvidó, el nombre Loki desaparecía de su mente por completo, visualizando a su amigo desvanecerse en la bruma y reapareciendo pero sin reconocerlo como tal. Era un hombre que solo causaba intriga y desastres por donde pasaba, ese que destruyó una aldea y con el cual debía tener cuidado.
De ese evento al presente, transcurrieron muchos, muchos siglos, ahora la primogénita vivía sola en tierras Norn, versada en curaciones, recibía visitas de innumerables criaturas y seres pidiendo ayuda para su futuro gracias a su arte adivinatorio. El travieso escurridizo que tiene por padre la visitaba cada cierto tiempo o viceversa.
-Jajajajaja - Le causaba gracia aún verlo enamorado de una gigante de fuego, es una buena mujer, también amaba a su querido padre – Ya no soy la única hija del bribón - Efectivamente Loder tenía otras hijas con su esposa, dos doncellas extremadamente hermosas, la mayor Eisa y la segunda Eimyrja. Tres damas que establecieron a Loder definitivamente en una familia, aunque él siempre estuvo rodeado de damas contándose a ella misma.
- Creo que es hora de una visita – Recogiendo su largo vestido y atando su cabello en una trenza muy elaborada agitó su mano en un elegante patrón y desapareció en una nube de vapor.
Hacía mucho que Loder no veía a Rivfadr, a veces la extrañaba tanto que en los manierismos de su más reciente progenie le recordaban a su primogénita; sin embargo Glut, su pareja era muy buena haciéndolo feliz en muchos sentidos, justo como ahora, tendidos en una cama suave repleta de una montaña de mantas mullidas. En momentos como éste se le hacía fácil alejar de su mente cualquier pensamiento poco preocupante.
Glut estaba recostada en su hombro dibujando perezosamente círculos en su hombro opuesto. Claro que como seres sobrenaturales en bastantes aspectos, con gran capacidad física y mental, prácticamente nadie era comparable al intelecto de Loder, solo Odín era equiparable, pero en una forma distinta y por ende ni siquiera ella podría desentrañar todo lo que se tejía en la mente de su esposo, sin embargo haría todo lo posible para asegurar su felicidad.
- Has estado muy callado, eso es extraño ¿En qué piensas? – preguntó con esa voz rica y profunda que la caracterizaba.
Loder no respondió inmediatamente sino que suspiró y después contestó – Nada importante -.
Glut chupó sus labios sin comentar pero mirándolo inquisitivamente.
El pelirrojo giró sus ojos divertido – Está bien, está bien – rió – Pensaba en todos los idiotas del mundo -.
La giganta no esperaba esa respuesta, Loder pudo ver el gesto de confusión en su esposa y ella lo volvió a mirar – Eso es muy vago, no eres preciso – replicó. Él rió más fuerte esta vez pero aun sin agregar más.
Glut hizo un puchero – Aunque si en eso pensabas de seguro solo hacías introspección – soltó gruñendo.
- Hey, no soy idiota – saltó el pelirrojo y dando una ligera palmada en el brazo de la mujer causando que ella riera.
- Entonces, si me dirás en qué pensabas – dijo mientras lo abrazaba.
- En serio, pensaba solo en los idiotas… en los idiotas vanir, los idiotas de Alfheim, en los idiotas terrícolas y-
- Y en los idiotas asgardianos – le cortó.
Él se pasó la mano por la cara – Si, en esos idiotas -.
Glut sopesó su siguiente argumento y tratando de buscar las palabras adecuadas prosiguió – Sé que estabas enojado en el momento, lo más probable es que aun ahora lo estés con Odín, sin embargo tu reacción fue muy desproporcionada hacia esa aldea… - De repente luz cruzó sus pensamientos - La verdad es que nunca me dijiste porqué te disgustaste con el rey y me gustaría saberlo -.
Loder la miró de reojo, sabía que en los nueve mundos nadie recordaba el nombre Loki y ahora ni nunca sería el momento de publicar esa interesante verdad, así que a la velocidad de la luz trataba de idear una mentira que la convenciera y rápidamente, algo de gran magnitud que se ajuste a la proporción de la destrucción causada y también a la ira legendaria del soberano de Asgard.
Abrió la boca en pequeños balbuceos poco convincentes para un cuento que trataba de ser convincente hacia una esposa curiosa y un poco escéptica. Esto no estaba resultando.
Y como salvado por la campana un toque en la puerta se escuchó desde abajo.
- Tocan la puerta – apuntó Loder, escurriéndose de la conversación.
La giganta lo miró ya completamente escéptica – Esto es solo una pausa para una seria charla y lo sabes – dijo mientras se levantaba y miraba por la ventana para saber de su visitante, entonces una sonrisa dentada se formó – Aunque Rivfadr puede contarme – y se apresuró a salir de la cama y correr a abrir la puerta.
Loder abrió los ojos enormes y siguió tropezando a su esposa.
- ¡Glut, nooooooo! -.
Continuará...
