ESTE FANFIC NO ES MÍO. ES UNA TRADUCCIÓN.

La historia original en inglés es obra de MurkyMuse y se llama "Eyes of a Dragon". Lo tiene publicado en la página "Archive of Our Own". Cuento con su permiso para hacer esta traducción y publicarla en esta página. El link a la página del fanfic original está en mi perfil, porque no me dejaban escribirlo aquí.

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Capítulo 7: Festival de las Estrellas.

El sonido de risas de niñas flotó por el pasillo mientras Abi caminaba por los pasillos del castillo con Bora encaramado en su hombro. El dragón suspiró ligeramente ante el sonido. El castillo y la ciudad estaban zumbando de excitación por la llegada de la noche del festival. Como era el Festival de las Estrellas, la mayor parte de las mujeres jóvenes estaban deseando que llegara. Después de todo era la celebración de unos trágicos amantes que solo podían estar juntos una noche al año.

"¿No tendría más sentido celebrar a una pareja que no fuera tan tonta?" Murmuró Abi.

Un grupo de jóvenes mujeres, más o menos de la misma edad que Abi eran la fuente de las risas, que se aproximaban desde el otro extremo del pasillo. Ellas eran señoritas de la corte, las hijas y hermanas de los nobles y oficiales. Todas ellas estaban emperifolladas con sus mejores vestidos y sus joyas más caras, el maquillaje pintaba sus rostros. Excitados y aún así tímidos murmullos cruzaron el aire cuando divisaron a la dragona. La verdad sea dicha, Abi raramente hablaba con cualquiera de las señoritas. Sus deberes como Guerrera Dragón y líder de Tribu implicaban que simplemente su camino no se cruzaba a menudo con el de las señoritas de la corte real. Sus ojos dorados miraron de forma inexpresiva a las mujeres, sabiendo que ellas querían que ella hablara con ellas pero Abi no sabía qué decir.

Después de un momento, una de las señoritas más osadas con unos encantadores ojos verdes se adelantó e inclinó la cabeza. "Lady Seiryuu, ¿va a participar en el concurso de costura de esta noche? ¿O en cualquiera de las otras festividades?"

"No." Abi hizo una breve pausa, riéndose silenciosamente de sus patéticas habilidades para tejer y la costura. En este punto probablemente era mejor con la espada. "El Rey Hiryuu desea ir a la ciudad después del banquete y, como una de sus dragones, es mi deber acompañarle."

"Por supuesto." La respondió la señorita con un suspiro. Las otras mujeres también parecían decepcionadas, sus labios pintados se fruncieron y sus miradas se bajaron. Bora pió suavemente en su oído, Abi alzó la mano inconscientemente para acariciar su cabeza emplumada.

"Buena suerte con el concurso a todas." Añadió Abi antes de continuar su camino por el pasillo, sus pisadas resonaron débilmente en las paredes.

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Con faroles llenando las calles, la ciudad brillaba como un reflejo del cielo estrellado de arriba. Música, charlas y risas flotaban en la cálida brisa veraniega. Meciéndose suavemente había serpentinas de todos los colores colgando de forma entrecruzada sobre las calles principales. Al igual que el concurso que estaba habiendo entre las mujeres nobles en el castillo, había un concurso de costura en la plaza del mercado. Las jóvenes mujeres estaban determinadas y hacían con destreza obras con aguja e hilo teñido de colores brillantes. Un santuario temporal adornado con guirnaldas tejidas estaba en el otro lado de la plaza del mercado, tanto las mujeres solteras que esperaban tener suerte en el amor como las nuevas parejas estaban dejando sus ofrendas.

Contemplando la escena que había ante él, los ojos del Rey Hiryuu brillaban con asombro. Ouryuu también estaba mirando a su alrededor hacia todas las intrincadas decoraciones y la multitud de personas, pareciendo como si los dos estuvieran abrumados y aún así apenas pudieran contener la emoción infantil. En ese momento parecía aún más joven de lo que era.

"No tengo interés en juegos de niños o en ir de compras." Anunció Ryokuryuu, haciendo una mueca al ver a tres hermanos volando una cometa en el borde de la calle. "Saltaré si pasa algo."

Entonces Rokuryuu se fue pavoneándose por el mar de cuerpos sin mirar atrás. El Rey y Hakuryuu intercambiaron una mirada sombría, mientras que Ouryuu siguió mirando la coleta verde hasta que se desvaneció entre la multitud.

"Si Ryokuryuu prefiere ir a beber, entonces dejadle." Abi giró la cabeza con una sacudida, el pájaro azul en su hombro imitó su movimiento.

La energía emocionada se desinfló un poco después de eso, tanto los hombros del Rey Hiryuu como los de Hakuryuu se cayeron con decepción. Aún así el Rey Hiryuu y los dragones siguieron caminando por el festival, disfrutando de las vistas y los sonidos. La mezcla de olores de diferentes alimentos y perfumes era llevado por la suave brisa. Al pasar junto a un puesto de bollos de carne, la baba goteó de la boca de Ouryuu. Hiryuu se dio cuenta y corrió hacia el puesto con una sonrisa decidida. Después de unos pocos minutos en los que el propietario se inclinó repetidamente, el Rey fue capaz de hacer su compra y rápidamente les entregó uno a cada dragón.

Ellos continuaron a través de la cuidad convertida en el recinto del festival, el Rey Hiryuu a menudo se adelantaba corriendo para revisar algún puesto o jugar a los juegos de niños que llamaban su atención. No conforme con que su Rey saliera corriendo, Hakuryuu hacía todo lo posible para permanecer al lado de Hiryuu.

"¡Zeno, prueba esto también!"

"¡Estos pasteles de luna se ven bien!"

"¡Esto es algo dulce!"

Sus ojos azules parpadeaban vertiginosamente mientras Ouryuu miraba la pila de aperitivos y dulces que se había montado rápidamente en sus brazos. "¿Por qué me estás dando todo esto a mí?"

"Porque aún estás creciendo, Ouryuu." Hakuryuu se rió y golpeó rudamente su espalda con su mano con garra.

Ouryuu casi dejó caer la comida mientras se tambaleaba hacia delante, una exclamación de sorpresa se escapó de sus pulmones. El Rey agarró su brazo con diversión bailando en sus labios.

Hakuryuu extendió el brazo y ayudo al joven también. "Lo siento, Ouryuu."

Abi terminó su bollo de carne y agarró un pastel de luna de la pila de Ouryuu antes de que pudiera caerse fuera de su alcance. Por el rabillo del ojo, un brillo de joyas llamó la atención de Abi. Ella pellizcó un pedazo de pastel de luna y alimento a Bora con él antes de dejar a los demás sin ninguna palabra, vadeando a través de la marea de gente hacia el puesto del mercado. Collares, pendientes y adornos para el pelo se extendían sobre la mesa del puesto. El oro y la plata brilló bajo la luz de los faroles, mientras que las piedras preciosas de todos los colores resplandecían; sin embargo las gemas rojas como rubíes y las granates parecían las más populares. Abi las miró fijamente mientras su mano se cernía sobre los adornos para el pelo. Finalmente hizo su elección, agarrando dos y dándole al propietario del puesto monedas más que suficientes.

Sus ojos de dragón avistaron rápidamente los mechones carmesí de su Rey entre los muchos negros y marrones que cubrían las cabezas. Abi se apresuró a volver con los demás, la multitud se abría sin palabras para uno de los Guerreros Dragones.

"Ahí estás, Seiryuu." La saludó Hakuryuu mientras Abi se acercaba.

"¿Has encontrado algo que te guste, Abi?" La preguntó Hiryuu, mirando las joyas en sus manos mientras un mechón rojo se le caía en el rostro.

"Hace juego con su pelo, mi Rey." Le respondió ella con una petición sutil deslizándose por su lengua.

El Rey Hiryuu asintió consintiendo felizmente. Abi levantó la mano y colocó cuidadosamente uno de los adornos para el pelo entre los rizos justo detrás y encima de su oreja izquierda, volviendo a sujetar el mechón de su cara. Pequeñas hojas y pétalos hechos de oro se desplegaban sobre el color carmesí, con una amatista redondeada como pieza central. Una vez hecho, Abi retrocedió y asintió con satisfacción.

Hiryuu sonrió, mirando su reflejo ondulante en un barril de lluvia cercano. "¡Se ve bien! ¡Gracias, Abi!"

Un rosa pálido se formó bajo las rayas rojas de sus mejillas. Tratando de ignorar su sonrojo y el aleteo de su pecho, Abi cambió su atención a Ouryuu. "También tengo algo para tu melena rebelde."

"¿Eh?" Ouryuu parpadeó a la vez que Abi descendía sobre él antes de que pudiera pensar en escapar. Ella peinó su pelo dorado con sus dedos y luego se lo puso en una coleta alta. Ella le miró pensativamente durante un momento antes de girar la coleta para formar un moño. El segundo adorno para el pelo, un pin con una cigarra decorativa hecha de turquesa, fue utilizado para sostener el moño.

"Eso está mejor." Dijo Abi mientras observaba su trabajo.

"¿Eh?" Volvió a decir él silenciosamente.

"¡Te ves adorable, Zeno!"

"Ouryuu podías embelesar a las señoritas con este look." Añadió Hakuryuu con una carcajada.

Bora voló del hombro de Abi y aterrizó en el pelo rubio dorado, piando con aprobación ante el nuevo peinado. Ouryuu apretó los labios, ignorando al pájaro que ahora estaba posado en su cabeza. "Vosotros tres me habéis estado tratando como a un crío durante toda la noche."

"Tú eres el más joven de todos nosotros." Le respondió Abi.

"Tú eres solo un año mayor que yo, Seiryuu."

"Eso todavía es un año más que tú." Abi sonrió. "Y las quejas hacen que suenes más infantil."

"Sin embargo soy más sensato que todos vosotros juntos." Se quejó Ouryuu en voz baja, lo que provocó que el Rey Hiryuu y Hakuryuu se rieran pero también asintieran de acuerdo.

Dándose cuenta de una perturbación por el rabillo del ojo, Abi miró a su alrededor repentinamente. Su boca se frunció ante la visión de una discusión tensa que había estallado dentro de una posada cercana.

"Hay un problema."

Tan pronto como ella habló, los otros pasaron de su estado de relajación alegre a uno de alerta grave. El Rey Hiryuu asintió así que Abi abrió la marcha, guiándoles a través de la multitud. La gente se apartó de su camino según pasaban a través de las calles. Antes incluso de que el Rey y los dragones entraran en el edificio de madera, los gritos reverberantes podían oírse.

"¡Simplemente no puedes prometer una cierta cantidad y luego no cumplir con tu parte del trato!" Gritó una joven mujer, aproximadamente de la edad de Abi, a un hombre que estaba delante de ella.

"¡Métete en tus propios asuntos, pequeña niña!" Replicó el hombre, a quien Abi reconoció como uno de los muchos vendedores de papel del castillo, mientras se escapaban salpicaduras de saliva de su boca retorcida. "¡No hay pruebas de que haya hecho semejante acuerdo!"

"Señorita Yoora." Tomó la palabra una más tranquila y nerviosa voz de un chico más joven, sosteniendo un arpa cerca de su pecho. "Está bien. No tiene que hacer esto por mí."

"¡No, no está bien!" Le respondió al parecer Yoora sin apartar sus furiosos ojos marrón ámbar del noble. "¡Este hombre piensa que solo porque es un noble y trabaja para el rey puede irse sin pagarte!"

"¡Esta es una adquisición salvaje!" Él cerro sus puños con ira como su fuera a golpear a la joven mujer si la discusión continuaba.

La puerta se abrió a la vez que el Rey Hiryuu entraba dentro de la posada, seguido por tres de sus dragones. Sus habituales ojos calmados y gentiles parecían estar ardiendo mientras entraba en escena.

"Es bastante adquisición, ¿no es así? Dime si es verdad o no."

El silencio llenó la habitación como un pesado peso mientras las partes involucradas en la discusión se giraban hacia el Rey. Una resplandeciente mirada dorada fulminante y otros azul verdosos se unieron a la desaprobación de Hiryuu. Incluso Ouryuu parecía casi intimidante con un profundo ceño fruncido y ojos oscurecidos, aunque el pájaro que aún estaba posado en su cabeza reducía el efecto. El noble palideció ante las miradas fijas en él.

"Yo, um… ¡Por supuesto que no, majestad! Yo hice contratar a este chico para que tocara en mi fiesta pero la cantidad de dinero que me ha pedido no es la que acordamos."

"¡Eso no es cierto!" Yoora volvió a resoplar, encontrándose con las llamas de los ojos de Hiryuu con su propia mirada intensa a la vez que señalaba a su amigo. "¡Jun-Sae me habló de este concierto hace días! ¡Se suponía que debía recibir el doble de la cantidad que le han pagado!"

"Es la palabra de vosotros dos," El hombre miró hacia ellos con una sonrisa burlona. "contra mi palabra."

La boca de Abi se crispó. Esto era con lo que este hombre había estado contando desde el principio; probablemente desde cuando contrató al músico. La palabra de los nobles simplemente tenía más peso que la de los plebeyos. Esta joven mujer aún tenía que aprender esta simple realidad de la vida. Con su vestido lavanda y su piel tan suave como cualquier mujer de la nobleza, Yoora obviamente era de una familia rica que tenía un cierto grado de influencia a pesar de su falta de estatus de noble. Aún así, era dudoso si la influencia de su familia podría superar incluso a la del más pequeño de los lores. Simplemente esto era así.

"¿Tal vez hay alguna parte neutral que presenciara el acuerdo?" Preguntó el Rey Hiryuu mientras miraba a su alrededor hacia la gente que había en la habitación.

"Um" Jun-Sae prácticamente chillo y se medio escondió detrás de su amiga. "Hay un dueño de un puesto que escuchó el acuerdo y podría recordarlo…"

El noble resopló a la vez que volvía a salir saliva de su boca. "Su majestad, ¿vais a escuchar a un simple músico callejero, un vendedor del mercado y a una niña maleducada?"

"Tampoco veo ninguna razón para no hacerlo." Le respondió el Rey a la vez que volvía a girar su mirada ardiente hacia el hombre, haciendo que éste retrocediera.

"Ya he tenido suficiente." Habló una mujer noble más mayor – una invitada de la fiesta del hombre. "Él ha estado presumiendo de cómo contrató a un idiota al que podía engañar fácilmente durante toda la noche."

El hombre la dirigió una mirada de enfado y traición pero ella se encogió de hombros como respuesta, el chal de encaje se deslizó por sus brazos. Jun-Sae bajó la mirada, mientras que Yoora puso un brazo reconfortante sobre sus hombros y miró de forma afilada al noble.

"Le pagaras a este hombre la cantidad total." Ordenó el Rey Hiryuu con sus ojos ardiendo como un abrasador reguero de pólvora a través del bosque.

"Mi Rey." Intervino Abi, su tonó era ligero pero aún cortante mientras sus palabras eran espadas listas para golpear. "No creo que sea prudente tener a un hombre trabajando con los documentos financieros del reino cuando él está dispuesto a extorsionar y a mentirle."

"Esa no parece una mala idea." Concordó Ouryuu mientras Hakuryuu asentía secamente.

El hombre respiró fuerte, el pánico invadió su rostro. "Su majestad, yo-"

"Tú pagaras a este joven hombre la cantidad prometida y luego te marcharas." Le interrumpió el Rey Hiryuu. "Y serás degradado y trasladado a otra área de trabajo."

Él tragó saliva y le dirigió una rígida reverencia antes de escarbar en su monedero y arrojar el dinero a Jun-Sae. El músico y su amiga contaron la cantidad y asintieron como si estuviera correcto. Entonces el noble se escabulló por la puerta, haciendo una mueca ante las miradas severas que continuaban siguiéndole a su espalda.

"Abi, mantén un ojo en él hasta que llegue a su casa."

"Por supuesto, mi Rey." Ella asintió.

Entonces Hiryuu se volvió a girar hacia los otros dos implicados en el conflicto. Jun-Sae movió sus pies e inclinó la cabeza profundamente. "Gracias, majestad, por ayudarme."

"Me alegro de haber sido capaz de resolverlo rápidamente."

"Rey Hiryuu." Yoora se enderezó, apartando un mechón de pelo oscuro sobre su hombro. "¿Qué pasará si este tipo de maltratos ocurren cuando usted no aparece por casualidad? Actualmente no hay leyes para proteger a los trabajadores que son contratados una sola vez. La gente como Jun-Sae acepta semejantes trabajos sin pago por adelantado en la capital de Kouka basándose en su reputación."

Aunque su expresión se mantuvo cuidadosamente neutral, Abi se dio cuenta de que podría haber subestimado a esta mujer antes. Yoora estaba sin duda más informada de lo que Abi había asumido. Sin embargo, Hakuryuu, estaba visiblemente molesto por la implicación. "Señorita-"

"Está bien, Guen." Le dijo el Rey Hiryuu a la vez que indicaba a Hakuryuu que se callara. "Me has dado algo que considerar, ¿señorita Yoora no…?"

La ira volvió a estallar en los ojos de ella a la vez que soltaba un fuerte bufido. "¿Considerar?"

"Sí, eso es lo que he dicho…" Hiryuu parpadeó con confusión.

Abi tuvo que resistir la tentación de darse una palmada en la frente ante el comentario inconsciente de su Rey. Sin tener dudas que de que había manejado la situación de la peor manera posible, la cara de Yoora se arrugó con ira. Con los hombros temblando, parecía como si una ronda explosiva de gritos fuera inminente. Ideas pulularon por la mente de Abi sobre cómo podría calmar la ira de esta mujer, evitando más escenas, y rescatar a su Rey burro. Por el profundo ceño fruncido de sus ojos azules como dardos, Ouryuu estaba pensando lo mismo. Lamentablemente, ningún dragón fue lo suficientemente rápido.

"¡No debe solo 'considerarlo'!" Las mejillas de Yoora se hincharon con frustración a la vez que daba un paso al frente, casi invadiendo el espacio personal del Rey Hiryuu. "¡Es su deber como Rey hacer algo al respecto!"

El Rey HIryuu volvió a parpadear mientras la miraba con la boca levemente abierta. Abi sacudió la cabeza ante su expresión aturdida, sus costados temblaron ante la hilaridad de que el antiguo dios dragón y actual rey estuviera siendo regañado por semejante chica común de apariencia inocente.

Yoora cambió su peso hacia atrás, su vestido lavanda ondeó por el movimiento. Sus ojos marrón ámbar miraron a su alrededor, dándose cuenta finalmente de que ella era el centro de atención. Los trabajadores de la posada y los clientes estaban en un silencio atónito. El rosa se propagó por su cara pero aún así ella se encontró una vez más con la mirada del Rey.

"… ¡Bueno, no te quedes ahí parado como un idiota despistado!"

"¡Yoora!"

Un hombre de mediana edad de precipitó en la habitación con una ráfaga de túnicas caras, ojos saltones, y el corazón latiéndole tan frenéticamente que Abi podía ver su pulso en su cuello. Él se acercó a Yoora y se inclinó en el suelo.

"Por favor disculpe a mi hija por su descaro, su majestad." Rogó él mientras su frente se presionaba contra las tablas del suelo. "Ella tiene la audacia de la juventud y se olvida de todo cuando se enoja."

"Su hija no ha hecho nada malo. Ella es lo suficientemente valiente como para defender a los demás." Le respondió Hiryuu, sus ojos parpadearon hacia Yoora. "Y aprecio a la gente que habla abiertamente conmigo."

Yoora hizo un pequeño asentimiento mientras su padre se ponía de pie. El alivio invadió su rostro y su voz. "Gracias, su majestad."

"¿Podría saber su nombre?"

"Lei Hoon, su majestad."

Abi tomó nota del nombre, reconociéndole ahora como uno de los comerciantes de seda más exitosos tanto en Kouka como en los territorios de los clanes de los alrededores. De hecho, gran parte de la seda que llevaba personalmente había pasado por sus manos en algún momento antes de llegar a ella.

"Ya veo." Hiryuu sonrió. "Es un placer conoceros, señor Lei. Señorita Lei Yoora."

"Joven hombre." Abi llamó al músico. "Si crees que eres lo suficientemente bueno, los músicos de la corte están buscando unos pocos aprendices para entrenar."

Un cálido rubor cruzó las mejillas de Jun-Sae mientras balbuceaba. "Y-Yo, um, ¡gracias!"

"Buena suerte." Añadió Ouryuu con su sonrisa alegre y alentadora.

Entonces tan repentinamente como habían entrado, el Rey Hiryuu y sus dragones escoltas salieron de la posada. Al darse cuenta de la persistente mirada hacia atrás de Hiryuu, Abi intercambió una mirada con Ouryuu.

"La señorita Yoora era realmente interesante." Comentó Ouryuu con una amplia sonrisa que dejaba ver sus colmillos.

"Sí, desde luego es una persona interesante." Respondió su Rey con un tono melancólico haciendo eco en su voz. "Creo que me gustaría volver a hablar con ella."

Hakuryuu lo entendió entonces, su boca formó una forma de 'o' ante la realización antes de dejar salir una carcajada. "Bien por ti, mi Rey."

"¿Eh?"

"Esta es una buena señal." Habló Abi con un tono sarcástico a la vez que le hacía señas a Bora, el pájaro azul dejó su nido rubio hacia la mano que le ofrecía.

Hiryuu se giró hacia ella con ojos interrogantes. "¿Qué?"

"Exactamente."

Con la multitud comenzando a dispersarse según se hacía tarde, los puestos del mercado y los juegos del festival se recogieron. Unas pocas personas se inclinaron cuando el Rey y sus dragones pasaron, los visitantes de la cuidad seguramente ya que los ciudadanos estaban acostumbrados a que el Rey Hiryuu caminara por las calles ocasionalmente. Fue entonces cuando Ryokuryuu decidió reunirse con ellos, cayendo desde el cielo lleno de estrellas y aterrizando a su lado.

Hakuryuu asintió en señal de saludo. "Bienvenido, Ryokuryuu."

"¿Te has divertido, Shuten?"

"Sí." Respondió Ryokuryuu encogiéndose de hombros. Él miró a Hiryuu y Ouryuu, observando las decoraciones prendidas en los rizos del Rey y en el moño de Ouryuu. Entonces Ryokuryuu se giró hacia Abi con un gesto de burla. "Seiryuu, ¿qué le has hecho a su pelo?"

"Me queda bien, ¿no lo crees?" Le respondió el Rey Hiryuu con una sonrisa tan resplandeciente y brillante que Abi no habría estado muy sorprendida si las flores hubieran brotado y florecido espontáneamente.

"¿Qué- Sí- No- Supongo, estúpido Rey." Las orejas de Ryokuryuu estaban sonrojadas mientras tartamudeaba.

El Rey Hiryuu se rió con diversión mientras murmuraba lo adorable que era Ryokuryuu. Al mismo tiempo, Abi miró a Ryokuryuu mientras sus ojos dorados brillaban con picardía.

"Había un encantador adorno de plumas que habría quedado bien con tu pelo. El puesto aún está abierto. ¿Tal vez debería ir a buscarlo?"

Ryokuryuu la miró como si la hubieran crecido cuernos de demonio. "Paso."

Así que la excursión al festival terminó, el Rey Hiryuu y sus dragones volvieron a su casa en la colina. El patio del castillo aún estaba resplandeciente por las luces de los faroles, serpentinas de colores de los cuatro dragones bailaban con la brisa fría de la noche. A pesar de lo tarde que era, aún había unas pocas señoritas de la corte dando ofrendas para buscar la bendición de los amantes celestiales. Abi reconoció a unas pocas de las que había hablado con ella más temprano, la señorita de ojos verdes entre ellas.

"Buenas noches." Hakuryuu bostezó antes de inclinarse ante el Rey y caminar hacia dentro.

El Rey Hiryuu y Ouryuu pronto siguieron su ejemplo, aunque Ouryuu parecía alegre y enérgico como siempre. No por primera vez, Abi se preguntó de dónde sacaba su energía. Entonces sus ojos de dragón volvieron a vagar hacia la ermita donde estaban charlando y riéndose todas las damas. Abi acarició al pájaro azul que estaba posado en su mano mientras consideraba que preferiría: irse por la noche o tratar de hablar con las damas de la corte como había deseado antes.

"¿Desde cuándo estás interesada en ese tipo de cosas?" La preguntó Ryokuryuu mientras seguía la dirección de su mirada hacia la ermita de los amantes.

"No lo estoy." Le respondió Abi. "Solo estaba pensando que la compañía femenina podría ser un agradable cambio de ritmo de tratar con vuestros gritos insufribles y presuntos esfuerzos masculinos."

Con la decisión hecha con esa declaración, Abi se acercó a las damas de la corte. Sus ojos se iluminaron al ver al dragón acercándose; y, Abi no pudo evitar saludarlas con una pequeña sonrisa.