DESIDERÁTUM

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WARNING: Este capitulo contiene LEMON. Y en honor a mis amigos gay que me han enseñado el significado de la palabra versatilidad y equilibrio en una relacion homosexual, he hecho algo especial pensando en ellos. Gracias por sus consejos y amistad.

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CAPITULO 7: SIN TEMORES

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Precipicios rocosos se elevaban casi perpendiculares al agua; eran restos de un valle sumergido por el mar, millones de años atrás. Tenía un aire primitivo, eterno. La majestuosidad y magia del lugar hacia que todo lo demás pareciera diminuto e irrelevante, como el magnifico yate de Seto.

Joey supuso que iba a ser lujoso y esa descripción se quedaba corta. Extravagante de proa a popa. Los más recientes avances tecnológicos combinados con el más moderno confort. Seto aún no le había mostrado el camarote, pero Joey sabía que era sólo cuestión de tiempo.

No le cabía duda de que respondía a toda necesidad material, igual que la cocina y el salón.

El castaño controlaba el barco desde la cubierta superior y era allí donde se encontraban, con el viento soplándoles en las caras y el sol calentándoles la piel. Joey se sentía deliciosamente libre de preocupaciones.

-Parece como si uno pudiera perderse aquí para siempre -comentó con deleite el rubio.

-¡Excelente idea!. Harían una película acerca de nosotros. "Los amantes que nunca regresaron".

Sus ojos se encontraron por un instante... cautelosos, buscando, deseando... y después desviaron la mirada. Joey se preguntó a que estaría jugando Seto con él. Parecía alicaído, pero el rubio no estaba seguro de si estaba fingiendo o no.

El ojiazul no lo había presionado en absoluto. Cuando lo tocaba era sólo por breves instantes, nada que pudiera objetar. Una mano en el hombro, cintura, el brazo... inofensivo, pero lo hacía estremecerse.

Joey sabía tan bien como el castaño porque este quería pasar el fin de semana con él. Por el momento, a Seto parecía complacerle fingir otra cosa, aceptar que el rubio necesitaba sentirse libre. Pero Joey lo había visto utilizar el lenguaje corporal antes y sabía de antemano cuan astuto podía ser Seto Kaiba cuando se lo proponía.

El sexy castaño vestía ropa deportiva muy elegante. Su camisa color azul marino y blanco tenía cuello en V y manga corta. El pantalón era de material ligero, color blanco. Joey estaba consciente de aquel cuerpo y de su latente virilidad. Eso lo hizo percatarse del suyo y de su propia masculinidad.

-Hoy no estas siendo parlanchín -comento el castaño de manera neutra.

-Creí que querías explorar mi mente, no mi palabrería -Joey le dirigió una mirada burlona.

Los deslumbrantes ojos azules se clavaron en los suyos, con un destello íntimo.

-Eso hago. El silencio puede ser una forma tan eficiente de comunicación como la conversación. Lo estas disfrutando,. ¿o no?

-Sí.

-No hace falta que hables, si no quieres.

-Esta bien.

El castaño también asintió y se volvió para beber un sorbo de fina cerveza. Ninguno de los dos había bebido mucho. El placer del paseo en yate y estar con Seto era bastante intoxicante para Joey.

Navegaron por el rompecabezas de canales, sin rumbo fijo, hasta encontrar una remota bahía que parecía no haber sido visitada por humanos durante un siglo: una playa pequeña, con plantas nativas y llamativos árboles que proporcionaban sombra a la arena caliente.

Hicieron un día de campo allí, bebieron una botella de vino y, en la tranquilidad de la tarde, se acostaron sobre una manta debajo de los árboles; relajados y somnolientos. Seto jugueteaba ociosamente con la mano de su rubio, acariciándola con sus largos dedos, entrelazándolos con los suyos.

-Tienes manos hermosas –observó el castaño -muy finas pero masculinas.

-Sí -respondió el rubio.

-Me gustan mucho -agregó el CEO llevándolas a sus labios para besarlas brevemente.

-Las tuyas si que son perfectas -comentó Joey halagado.

-La perfección solo esta en ti, Joey -se acostó de lado, mirando al rubio a la cara mientras volvía a llevar una mano de Joey hasta sus labios y la acariciaba de manera erótica.

"Este es el momento de la verdad", pensó el rubio. "¿Estoy enamorado del niñito rico?". ¿Cómo saber si eso era amor?. ¿Dónde estaba la línea divisoria entre estar y no estar enamorado?. ¿O acaso era posible estar parcialmente enamorado y parcialmente no?

Pero al menos de una cosa si podía estar seguro: ese castaño orgulloso y arrogante le gustaba, más que gustarle le encantaba, le fascinaba. Y empezaba a sospechar que eso no era solo de ahora, sino tal vez desde antes. ¿Era posible eso?. ¿Realmente gustaba de Seto desde que eran unos simples estudiantes de secundaria?. Ciertamente adoraba discutir con él, devolverle las malas palabras y actitudes. Y sí, siempre se sorprendió a si mismo mirándolo fijamente cuando este permanecía ausente del mundo, escribiendo rápidamente en su laptop durante los recesos.

La vida era muy extraña, y los caminos del destino aun mas. Seto Kaiba siempre significo algo para él y solo hasta ahora se daba cuenta de ello.

Se sintió tenso de repente cuando el castaño empezó a acariciarlo en las sienes, mejillas y cuello. Los labios de Seto siguieron a sus dedos, suaves, seductores, devastadoramente eróticos. Joey trato de relajarse, pero no lo estaba haciendo de corazón.

-No estas respondiendo -comentó el ojiazul levantando la cabeza bruscamente, para mirarlo de manera interrogante.

-Tal vez comí demasiado -Joey se obligo a si mismo a hablar con ligereza.

-¿Y cuál es la verdadera razón?

-A lo mejor me gusta demasiado que me hagas el amor, Seto -repuso el rubio con suavidad.

-¿Y?

-Hace que la despedida sea difícil.

El castaño frunció el ceño, clavando los ojos azules en los de Joey con mayor intensidad.

-Si te hago el amor,. ¿quieres que sea permanente?

-Algo así. Creo que no deseo meterme en una situación en la cual no puedo ganar.

-Eso puedo entenderlo.

Seto bajo la mirada hasta la boca del rubio, estudiando su forma. Después agachó la cabeza y rozó aquellos apetecibles labios en caricias estremecedoras. Joey le rodeó el cuello con los brazos. Quizás, si no lo estaba ya, se estaba enamorando con rapidez.

El rubio le permitió que le abriera los labios. O quizás estos se abrieron por sí solos. Seto lo besó con una sensualidad que se convirtió en hambrienta pasión. Joey podía sentir que sus defensas se derretían mientras el deseo lo invadía, haciéndolo sentir por completo desvalido.

¿Como resistirse a una fuerza como esa? Una vez en su poder... era imposible no dejarse llevar. La única solución era evitarla. Lo cual no era posible ese fin de semana.

-Quiero hacerte el amor -murmuró el castaño con voz ronca.

Nada de promesas a futuro... sólo el ahora.

-Puedes hacerlo, si quieres -susurró Joey.

El rubio podía sentir el fuerte deseó del castaño, la tensión eléctrica en su cuerpo. Todos sus sentidos vibraban en respuesta a Seto, tensos, aguardando, deseando.

Los ojos azules brillaban, su expresión de mando opacada por una necesidad extraña que Joey no podía definir. Seto respiró profundamente y soltó el aire con lentitud.

-Creo que no lo haré -murmuro el ojiazul, más para sí que para Joey.

-¿Por que no? -pregunto el rubio con curiosidad.

Era la razón por la cual lo había llevado ahí. Ya había dado su consentimiento. ¿Que detenía a Seto Kaiba?

-¿Quieres la respuesta ingeniosa o la seria? -la sensual boca se curvó con expresión irónica.

-¿Cuál es la respuesta ingeniosa?

-El tiempo esta a mi favor.

Implacable, de nuevo. Implacable y despiadado al perseguir lo que deseaba. Seto se lo había advertido. Pero Joey Wheeler también era despiadado e implacable. Seto Kaiba podía disfrutar de ese fin de semana a su manera.

Pero después de eso, Joey Wheeler no le daría nada más.

-¿Y la respuesta seria? -preguntó el rubio.

La expresión del ojiazul se transformo en una mofa de si mismo. Alzó una mano y le acarició una mejilla con una ternura que parecía completamente opuesta a su carácter.

-No quiero lastimarte -le respondió con dulzura.

El corazón de Joey dio un vuelco. Confirmado, estaba enamorado del niñito rico. Era tonto, sí, pero irreversible. Deseó que, por única vez, la suerte le favoreciera en lo sentimental, pero con seguridad era un deseo fútil. Aunque tal vez existía una pequeña oportunidad... si Seto no quería lastimarlo. ¿Eso significaba que él le importaba, o no?

A Seto no le importó lastimarlo la primera noche en Tokyo, después de la conferencia.

Joey recordó su enfado el día anterior. Al castaño no le gustó pensar que fue un acto de despecho en lugar de algo entre ellos dos. Y no le gustó que llorará.

De pronto Joey se dio cuenta del por qué el castaño estuvo tan distante aquella lejana mañana; cauteloso, aguardando. Seto quería que le respondiera, sólo a él. No quería que recordara a ningún otro hombre. Y no quería que llorara después. Quería que él estuviera contento a su lado.

Todo eso demostraba consideración. Claro que estaba ligada a los deseos de Seto, pero no era la persona que únicamente poseía, como Joey había pensado. El castaño en realidad quería darle placer, y tomó en cuenta sus sentimientos; no como el egoísta de Duke.

-Vamos -apremió el castaño, poniéndose de pie -Limpiemos esto y sigamos navegando.

Volvieron al barco y guardaron las cosas del almuerzo en la cocina.

Joey no tuvo intención de ser provocativo. No supo bien como sucedió todo.

Simplemente estaba pensando cuan agradable era estar con un hombre adinerado y acostumbrado a ser atendido por muchos empleados que no le molestaba limpiar y guardar las cosas, que no esperaba que el pobretón Wheeler, acostumbrado a todo tipo de trabajos, lo hiciera todo. Tal y como Duke. Que sentía que recoger la ropa de él mismo, tirada en el baño, era una tarea imposible de realizar ya que no estaba acostumbrado a ensuciarse las manos.

Con Seto, compartir aquellas simples tareas de forma tan amistosa era tan natural como si hubieran estado haciendo esas cosas juntos toda la vida. Y los ávidos ojos cafés no podían evitar recrearse en aquel castaño, en sus ágiles movimientos, en la masculina belleza de su rostro, en las perfectas proporciones de su cuerpo tan poderoso...

-Wheeler.

Joey alzó la vista, sorprendido por la aspereza en su voz.

-¿Sí, señor? -respondió automáticamente, olvidando que no debía llamarlo así.

En aquellos impactantes y penetrantes ojos azules ardía una mirada de deseo puro.

-Yo no tengo un carácter demasiado noble, eso ya lo sabes -gruño -Si continuas mirándome de ese modo... ¡Oh, al diablo con todo!. ¡Te deseo!

Soltó el vaso que había estado lavando. Arrancó la toalla de las manos de Joey y la arrojó lejos. Lo estrechó con fuerza contra sí y besó su boca con una urgencia que recorrió el cuerpo del rubio como una corriente eléctrica que hizo añicos todas sus inhibiciones. Joey lo deseaba con el mismo ardor, con una desesperación alimentada por todas sus necesidades insatisfechas.

El castaño se apoyo en el fregadero, atrayéndolo consigo, moviéndolo hasta que el rubio quedó entre sus piernas, atrapado por sus poderosos muslos, intensamente consciente de su excitación. Seto lo besó en la boca, en la cara y en el cuello, con una pasión febril que no le dejó tiempo para pensar.

Cuando el ojiazul interrumpió por un momento para quitarle la camisa, su rostro tenía una expresión pensativa, los ojos le brillaban con un ardiente desafío mientras le quitaba la prenda.

"Deténme si quieres", le decían esas orbes azules, "pero estarás mintiendo si lo haces". Joey definitivamente no tenía intención de detenerlo. Su excitación era demasiada como para ser controlada y la intensidad con que Seto parecía necesitarlo era embriagante.

Se quitó la camisa y la arrojó lejos. Los músculos de su pecho se alzaban al compás de su agitada respiración mientras atraía contra sí el perfecto pecho masculino del rubio.

Echó hacia atrás la cabeza y un gemido profundo escapó de su garganta. Nuevamente busco los tentadores labios de Joey para besarlo con inusitado arrebato, inflamando el deseo de ambos hasta casi hacerlos gritar.

El rubio apenas fue consciente de cuando se trasladaron al camarote. Cayeron, enredados, sobre la cama y sus cuerpos rodaron. Las manos de Joey se posaron en el espeso cabello castaño, acariciaron sus hombros y arañaron su espalda, mientras la experta boca de Seto infligía un dulce tormento en sus tetillas y pezones. Cada movimiento era un latido de intenso placer. Se deshicieron del resto de sus ropas, reacios a perder el contacto corporal, deleitándose con cada roce de sus carnes, acariciándose el uno al otro hasta llegar a un punto febril.

A pesar de la vehemencia de sus toques y movimientos, en esta ocasión fueron mas lento que nunca, cada uno de ellos se tomo su tiempo para explorar al otro. Joey se sentó para poder verle el pecho a Seto, tocarlo y explorar lentamente sus hombros, los músculos pectorales firmes.

El castaño por su parte, se concentro en deslizar las manos a lo largo del perfecto cuerpo dorado, deteniéndose para besar un hombro y luego bajar a los pequeños y sensitivos pezones para recrearse en ellos de forma intima.

Joey grito, y tomo con fuerza a Seto del rostro para estrellar aquellos sensuales labios con los suyos.

Mientras sus bocas se unían una vez más, en un beso febril, Seto enmarco con sus manos las caderas de Joey y se tumbó boca arriba, haciendo al rubio colocarse sobre él. Le acaricio la cintura, moldeando la delgadez de sus caderas.

Arqueado sobre su ojiazul, Joey continuó besándolo y acariciándolo. Gimiendo, el castaño movió su cuerpo contra el del rubio.

-¿Sientes cuanto te deseo, cachorro?. ¿Cuánto te necesito? –susurró, moviendo sus caderas sensualmente, para sugerirle a su rubio la cadencia salvaje que lo esperaba.

Joey sabía que su propio deseo por aquel guapísimo castaño era igual de profundo, igual de intenso. Su cuerpo estaba listo, tan caliente que se sentía derretir. Su fogoso cuerpo exigía una unión mas intima, mas profunda.

En vez de decirlo con palabras, hablo con su cuerpo, deslizando su boca a lo largo de la garganta de Seto y apretando sus piernas contra las delgadas caderas. Ansiaba unirse a su castaño y, cambiando un poco la posición de sus muslos, se deleito con el impacto de su entrada.

Al principio, Seto se movió con lentitud dentro de él, saboreando cada apasionado ímpetu de su pasión. Joey sentía que todo su ser se abría para el castaño, su cuerpo, su corazón y alma. No había dentro de si un solo sitio que no hubiera sido tocado por el fuego puro y blanco de su amor. Moviéndose con Seto, más y más de prisa, le pareció que se volvía parte de él. Se sentía tremendamente unido, cerca de su amante no solo a nivel físico, sino emocional.

Aquella proximidad fue otro vuelo hacia la exquisita satisfacción, una necesidad sucediendo a otra, más y más alto. Concluyó al fin en una explosión de éxtasis y satisfacción.

Jadeando aun, se quito de encima de Seto y se acomodo a su lado para abrazarlo con fuerza. Permanecieron inmóviles por mucho rato, hasta que finalmente el castaño lo libero y con un suspiro se acostó de medio lado.

De inmediato, Joey, se apretó contra él, antes de acariciar su cabello color chocolate y su espalda, permitiéndose disfrutar de una dulce fantasía, dejando que la necesidad que sentía emanara de si mismo y se expresara como ternura, mientras el castaño estaba dándole la espalda, demasiado satisfecho como para moverse. No pensó en el futuro. Ni adónde lo llevaría eso. Era suficiente abrazarlo a su cuerpo, sentir su corazón latiendo, poseerlo... un poquito.

Y entonces se le ocurrió... ¿por que no?. ¿Por que no tomar a Seto y demostrarle la profundidad de su sentimiento y deseo poseyéndolo? Después de todo era una batalla de iguales. Dos contrincantes con los mismos derechos y con el mismo número de cartas, conocimiento y experiencia.

¿Por que solo permanecer quieto, recibiendo sin dar?

Pero una duda detuvo al rubio cuando movió su mano más allá de la espalda del castaño,. ¿y si Seto no lo deseaba así? Duke y él solían turnarse no solo para variar, sino para sentirse más cerca el uno del otro. ¡Pero una cosa era tomar a Duke y otra muy diferente tomar a Seto Kaiba!

"Bien", se dijo el rubio, "quien no arriesga, no gana".

Lentamente empezó a besar la espalda del castaño, subiendo para deleitarse mordiendo el hombro o besando ruidosamente el cuello y la nuca. Regresando a la espalda para besar los tenues arañazos que él mismo había hecho en aquella nívea piel, besándola con ternura, como pidiendo disculpas por el dolor causado.

La piel del CEO se estremeció ante cada toque, roce, mordisco y beso. Sintiéndose mas atrevido, Joey movió un mano por aquella cintura hasta detenerse en el estomago plano. Ascendió por el pecho deteniéndose unos minutos para rendirle tributo a las sensibles tetillas y después descender hasta más abajo del ombligo para tomar con tentadora suavidad aquella flácida masculinidad.

Seto permanecía quieto, ya no lo inmovilizaba la relajante satisfacción post-orgásmica, sino la curiosidad de saber que planeaba Joey con aquellas caricias exploratorias, sumado al exquisito placer que todo eso le provocaba.

Si su rubio continuaba así, pronto estaría nuevamente "de pie" aquel trozo de carne que Joey masajeaba de manera muy placentera.

Cerró los ojos y se relajó ante aquella deliciosa sensación. Su respiración nuevamente empezaba a acelerarse y su corazón se movía frenético. Apretó los labios dispuesto a no gritar ni gemir y lo habría logrado si Joey no hubiera movido su mano sobre su virilidad en un magistral movimiento, que Seto intento memorizar para mas tarde torturar al mismo rubio con aquel delicioso sube y baja masturbatorio.

Mientras se aferraba a la zona más sensible de su castaño, Joey sintió que tenía la mitad de la batalla ganada. Las cartas usadas para atacar y provocar sumisión habían sido las correctas. Premio con lamidas y pequeños mordiscos a las sensitivas orejas del CEO mientras continuaba con su movimiento de mano, excitándose al percibir como aquel trozo de carne iba in crescendo rápidamente.

Llevo la mano que tenía libre hacia los labios de Seto. La perfecta boca se abrió para succionar de manera vehemente los dos dedos que estaban a su alcance.

Después de que estuvieran lo suficientemente húmedos los llevo hacia la entrada del castaño, deteniéndose antes de siquiera rozarla, para preguntarse si estaba bien hacerlo.

Además le preocupaba la reacción del CEO,. ¿y si se enfadaba? Bueno, ya había llegado hasta ese punto, seria una tontería renunciar y dejarlo todo así.

Aun con cautela, movió un dedo hasta aquel íntimo lugar y se detuvo apenas sintió como la punta de su dedo chocaba con aquella parte de rugosa piel.

-¿Joey? -llamó el castaño en un susurro.

-¿Mmmmm?

-¿Estas planeando hacer lo que creo?

-¿Y que crees exactamente? -le pregunto el rubio deteniendo el movimiento de la mano que masturbaba tan adorablemente la masculinidad del castaño.

-Entrar en mí.

-Bueno... yo... -Joey se puso nervioso. La voz de Seto no expresaba enfado, pero tampoco feliz aceptación.

-Así que mi cachorro piensa que puede poseerme -Seto seguía hablando en susurros, sin moverse ni un poco. Aun seguía acostado de medio lado, dándole la espalda a Joey.

-Veras... yo...

-Supongo que estoy a tiempo de decirle a mi indomable cachorro que nunca antes he sido tomado.

Esa tranquila confesión casi provoco un shock en el rubio. ¡Por Ra, Seto Kaiba era virgen! Vaya, se dijo cuando por fin se recupero del impacto de aquellas palabras. Siempre pensó que el castaño era el pasivo en la relación que tuvo con Pegasus, pero debió suponer que no era así, después de todo Seto Kaiba no sería jamás pasivo en ninguna circunstancia de su vida.

Pobre Pegasus que nunca tuvo el privilegio de navegar por ese increíble cuerpo.

-¿Que sucede?. ¿Por que ya no siento esa mano moverse sobre mí y a ese dedo explorarme? -pregunto el castaño, invitando de esa manera a Joey a continuar.

El rubio ahogó una exclamación,. ¡Seto le daba permiso!. ¡Él estaba de acuerdo en que lo tomara!

"Ni modos Pegasus, lo que tu no tuviste, yo si lo tendré", y con una sonrisa de autentica felicidad y orgullo por ser el afortunado, reanudo el movimiento de su mano sobre la erguida virilidad del castaño y del dedo que ansiaba deslizarse en aquel calido y muy estrecho pasaje.

-¿Estas seguro, Seto? -le pregunto antes de sumar un dedo mas.

-Hazlo -le pidió el castaño con voz ahogada -¡Hazlo ya, Joey!

Y aquel ardoroso pedido fue atendido lo más pronto posible. El rubio no podía hacerlo al instante, pues necesitaba preparar muy bien al castaño para no lastimarlo. Podía recordar perfectamente su primera vez y vaya que dolía si no había la suficiente dilatación.

Finalmente se acomodo detrás de Seto, arrastro las estrechas caderas para acercarlo a su dureza y se introdujo lentamente provocando el menor daño posible.

Si le dolió o no al castaño, es algo que Joey nunca supo, pues el CEO no se quejó en ningún momento. Apenas se había apretado contra Joey lanzando su cadera hacia atrás para ser totalmente invadido por la tensa y dura masculinidad del rubio.

Suaves gemidos de ambos amantes llenaron el camarote, cuando Joey por fin empezó a mecerse lentamente.

Las sensaciones fueron aumentando en el interior del castaño que cerraba los ojos sintiendo que rayaba entre lo sublime, lo mágico y lo mundano.

Volteó la cabeza para buscar los labios de Joey y no fue defraudado. Cálidos, dispuestos, esos labios estaban allí para él.

Seto sentía que algo indefinible dentro de él salía a la superficie, mientras su rubio poseía no solo su cuerpo, sino también su boca de aquella manera que lo arrastraba hasta el borde de la locura.

Su grito fue ahogado por la fuerza de la lengua de Joey succionando la suya y casi se creyó inconsciente cuando el clímax los arrastro a los dos. Su semilla se esparció en una oleada de pasión que no cesó hasta que Joey, también se unió en el devorador éxtasis, gritando su nombre.

Después de aquella agotadora faena, Seto fue el primero en recuperarse y se dio la vuelta para mirar los soñadores ojos cafés, que en ese momento estaban más dorados que nunca.

No dijo ni una sola palabra, solo se dedico a acariciar las sienes del rubio con las puntas de los dedos mientras sus ojos estudiaban los de Joey, como si le fueran remotos, desconocidos. Después se acerco y lo besó con suavidad antes de apartarse.

Joey no trato de retenerlo, ni de seguirlo; sabía por instinto, que al castaño le resultaría odioso que él lo asiera. Seto Kaiba era un hombre que tomaba sus propias decisiones, que seguía su propio camino.

"Seto no sintió lo que quise transmitirle cuando lo poseí y le hice el amor", pensó Joey mientras lo veía moverse por el camarote buscando algo.

Cuando regresó, se dejo caer nuevamente al lado de Joey, de costado y apoyándose sobre un brazo. Mientras que con la mano libre deslizaba con tortuoso erotismo un paño húmedo con el que limpio los desastres del orgasmo de su piel. Se tomaba su tiempo para mover aquel paño por su dorada piel, del pecho al abdomen. Cuando acabo con el rubio se aseo a si mismo de manera concienzuda. Al terminar arrojo el paño al suelo y se dedico una vez mas a observar a Joey, mientras trazaba senderos con sus dedos sobre el estomago del rubio. No había tensión en el silencio, era más bien una evaluación pacífica en donde se encontraban los dos.

-¿Aceptarías mudarte a vivir conmigo, Joey? -pregunto de manera inesperada el ojiazul.

Al rubio le sorprendió ese salto de amante esporádico al de una relación de unión libre. Significaba que Seto quería más de él de lo que había indicado al principio. Pero Joey no iba a caer en el error de nuevo. Con una vez era más que suficiente. ¡Joey Wheeler era el tipo de persona que aprendía de sus errores!

-No -contestó con firmeza.

El rostro del CEO no registró reacción alguna. Seto era el tipo de personas que mostraba muy poco de sus pensamientos íntimos.

-¿Alguna razón en particular? -preguntó tras una pausa.

Joey encogió los hombros.

-Lo sabes perfectamente. Tú eres quien eres, y yo solo soy un simple asistente, sin cuenta bancaria, sin tarjetas de crédito, sin apellido aristocrático, sin refinamiento, sin una fortuna que manejar a diario. No tenemos nada en común y eso sin imaginar lo que dirá Mokuba si de repente resulto mudándome a la mansión porque soy el amante de su hermano mayor. Quizás lo encuentre incorrecto, si es que antes no le da un paro cardiaco al vernos juntos -Joey tomo aire para continuar -Imagínate la situación, Seto... ¿tú viviendo con uno de tus ex-compañeros de clase, ex-enemigo y actualmente asistente financiero de tu corporación? Querrías esconderlo, lo sé. Degradarlo. Y no te culpo. Sería natural dado mi origen y el tuyo. Pero yo no sirvo para desempeñar un papel secundario al lado de nadie. Ni siquiera de ti.

El castaño asintió. Arrugó la frente, pensativo.

-De modo que seguiremos viéndonos así. Solo fines de semana.

-No lo creo, Seto.

El castaño hizo una pauta cautelosa. Después apuntó con ligereza:

-¿Alguna razón en particular?

-No quiero pasar mi vida esperando a que tú me hagas un lugar en la tuya de cuando en cuando.

-Yo haría que fueran buenos momentos, Joey.

El rubio sacudió la cabeza.

-Una cadena de fantasías, Seto. Pero yo quiero, yo merezco una vida real. Y quiero un hombre que comparta esa vida real conmigo. Lo que tú sugieres sólo me impediría encontrar lo que busco.

El CEO meditó largo rato antes de hablar nuevamente.

-De modo que éste es nuestro primer y último fin de semana juntos.

Joey escondió valientemente la dolorosa decepción que sentía. No habría oportunidad con Seto Kaiba... nunca. Claro, había sido muy tonto al pensar que podía suceder. Los hombres como Seto sencillamente no toman en serio a gente como Joey Wheeler.

Pero al menos se había atenido a sus principios y no accedió a concesiones o medias tintas. Lo cual le dejaba únicamente ese fin de semana con el castaño. Una noche y otro día para disfrutar de lo que era quizá el amor de su vida.

Joey sabía que era lo que Seto quería de él... que disfrutara del placer que le ofrecía... y el rubio quería disfrutar lo poco que el CEO le daba. Seto Kaiba sería suyo y él sería del castaño durante aquel corto tiempo que estarían juntos. Eso era mejor que nada.

Sonrió y sus ojos se encendieron de súplica y esperanza.

-Hagamos que sea hermoso, Seto. Feliz y hermoso.

El castaño pareció confundido durante una fracción de segundo. Después le sonrió.

-De acuerdo. Feliz y hermoso.

Y fue feliz y hermoso. Una vez tomada la decisión, ambos bajaron la guardia e hicieron todo lo que se les antojó, sacando el mayor provecho posible del corto tiempo que tenían para estar juntos. Si Joey sentía ganas de tocarlo, lo hacía, y Seto disfrutaba de la misma libertad.

Al rubio le resultó muy placentero poder satisfacer cualquier capricho que tuviera, y a menudo bromeaba con el CEO, haciéndolo reír, sorprendido. La sensación de compartir se hizo más intima a medida que todas las inhibiciones desaparecían entre ellos.

Cuando se entregaron esa noche, Joey le confeso a Seto que después del acto sexual le gustaba que lo abrazaran y mimaran un poco. El castaño pareció disfrutar al complacerlo. Lo abrazó hasta que el rubio se quedo dormido y cuando se despertó por la mañana, tenía el brazo de su CEO aún alrededor de su cintura y su cuerpo estaba acurrucado contra el de él. En cuanto Joey se movió, aquel posesivo brazo en su cintura se estrecho y miles de besitos Kaiba se tomaron por asalto su nariz, mejilla y labios.

El domingo fue un hermoso día de verano. Nadaron antes de desayunar... desnudos, algo que Joey siempre había querido hacer pero nunca había podido. Fue una experiencia deliciosa, sensual, y la compañía de Seto la hizo aun más. Ese lujurioso castaño era un amante increíble y excitante, impredecible y muy erótico. No había mentido al decir que era un hombre al que le gustaba tener mucho sexo. Pero al rubio no le molestó. Descubrió que a él también le gustaba tener mucho sexo con aquel ojiazul.

Después de desayunar, pescaron un rato, sin éxito. De cuando en cuando Joey descubría a Seto mirándolo con extrañeza, como si no entendiera del todo que estaba pasando; aunque le gustaba. Sin duda le gustaba ver en los preciosos ojos azules esa cálida expresión de placer cada vez que lo observaba. Joey sabía que esa expresión no era fingida. Ni tampoco la diversión en la que a veces se abandonaban. Seto Kaiba disfrutaba mucho estar con él.

Por acuerdo mutuo pasaron las últimas horas de la tarde en cama. El castaño permitió que Joey lo tomara una vez más y después, reclamo su derecho de poseer y deslizarse nuevamente por la tentadora piel dorada. Poseyéndolo una y otra vez, llenando de dolor y placer al rubio que no sabía si pedirle más o pedirle que se detuviera. Cuando el cansancio extremo hizo claudicar a Seto de tomar una vez mas al rubio, prefirió dejarse caer a su lado, abrazándolo durante largo rato, sin apartarse, manteniéndose increíblemente unidos. Joey se sintió feliz y triste... feliz por lo toda mágica e increíble experiencia. Nunca imagino que podría llegar a tanto con Seto y menos que lo disfrutaría de manera pecaminosa. Y triste por que el fin estaba cerca y era ineludible. Se acurrucó más contra su ojiazul y le beso el cuello.

-Gracias, Seto -murmuró con voz ronca -Gracias por todo. Has sido increíblemente bueno conmigo. Jamás imagine que conocería de ti esta parte que tanto ocultas al mundo. Mokuba es muy afortunado de tener siempre para sí esta cara de la moneda. Me has permitido que te vea reír, que te vea actuar como un niño, que te escuche gemir, que te vea lo vulnerable que te vez en ciertos momentos y la expresión de tu rostro cuando alcanzas el clímax. Todo ha sido increíble para mi, tu lado mas humano es adorable, Seto. Es un privilegio como pocos y a cambio de todo esto, espero también haberte dado lo mejor de mí. Joey Wheeler tal y como es, el real. No el niñato pendenciero que solía ser cuando tú sacabas lo peor de mí.

-No tienes nada que agradecerme, cachorro -sus largos dedos, enredados en el rubio cabello, se apretaron durante unos segundos y después se relajaron lentamente -Las gracias las doy yo, por todo lo que siempre me has dado.

-¿Siempre?

-Sí, siempre. En el pasado me dabas buena pelea, buenos ataques verbales y buenos ataques físicos. Eso sin contar con los inolvidables duelos de cartas de monstruos que aunque lo perdías, eran únicos. Todo eso me hacía sentir vivo. La gente solo me da falsas sonrisas, falsos halagos, me temen, me odian, me envidian. Pero tu siempre fuiste autentico. Si tenías algo que decirme, me lo decías en la cara sin ningún temor. Te enfrentabas a mí como un igual. Eso Joey, fue muy valioso para mí. Y lo más importante aún: quisiste y quieres a Mokuba por quien él es, no por su fortuna, ni su posición social, ni por ser el hermano menor de Seto Kaiba. Eres autentico en todo lo que haces y lo que das. Es un privilegio para mi haber recibido la sinceridad, la pasión, la honestidad, las sonrisas, los berrinches, los regaños, los desafíos, los besos y la sensualidad que tú me has dado. Lo mejor de ti, como siempre.

El rubio lo beso, totalmente conmovido. Conciente de que nunca podría ser capaz de entregarse a otra persona. Su piel, su cuerpo, sus labios, todo estaba hecho única y exclusivamente para deleite de Seto Kaiba. Nadie jamás podría darle tanto y él jamás podría dar tanto de si a otra persona diferente al castaño. Aquello le auguraba un futuro muy solitario, demasiado.

-Pronto oscurecerá. Será mejor que regresemos, Joey.

Navegaron con lentitud hacia Domino City. Seto encendió los motores a la mínima velocidad y el sol comenzó a ponerse detrás de las montañas. El castaño no parecía preocupado por la creciente oscuridad.

-Tardaremos años en llegar, a esta velocidad -comentó el rubio secamente. Podrían haber pasado más tiempo en la cama.

-¿Te molesta? -le pregunto el castaño tomando una mano de Joey.

-No.

No iba a molestarle nada. Feliz y hermoso hasta el fin, decidió.

-A mí tampoco, cachorro.

Sus ojos azules eran impenetrables en la penumbra, pero Joey tuvo la impresión de que estaban llenos de bellos recuerdos.

-Me gusta esta velocidad -murmuro el castaño.

A Joey le pareció agradable que Seto se sintiera reacio por separarse de él. Recostó la cabeza en aquel hombro. El CEO le deslizó un brazo por la cintura, apretándolo más contra él. Una ola de melancolía los envolvió en silencio. Había oscurecido. Apareció una pálida luna y unas nada tímidas estrellas titilitaban en la infinidad del cielo. Miro al castaño preguntándose en que pensaría en ese momento, pues su rostro se veía ausente, concentrado.

-Confiar es muy duro –murmuró de repente Seto, soltando lentamente al rubio.

-¿A que te refieres? –pregunto Joey, levantado la cabeza para clavar sus ojos en los azulinos.

-A que basta con que seamos defraudados una sola vez para perder la confianza en todos para siempre.

-Dímelo a mi –susurró el rubio –He aprendido demasiadas lecciones en demasiadas escuelas.

-Joey,. ¿estas seguro de no aceptar mi ofrecimiento?

-Estoy seguro. Yo no quiero nada de ti, Seto. Así que deja de poner cara de culpabilidad como si me hubieras hecho daño.

-Quizás no te he hecho daño físicamente…

-Ni mentalmente –los dedos de Joey trazaron la línea de los labios de Seto –Necesitabas algo de mí y yo me he alegrado de dártelo.

-Pero quiero más, Joey. No solo este fin de semana, sino muchos más. Se que piensas que podría repetirse lo que te paso con Deblin, pero…

-Seto, no arruines los últimos momentos que nos quedan juntos. Yo he sacado lo mejor de mi para dártelo y se que tu también me has dado lo mejor de ti. Con eso basta y sobra para este momento. Pídeme más de lo que estoy preparado para ofrecer y te lo negaré. Hazme enfadar y pelearé contigo. Lo que tú me ofreces, no me sirve Seto, no me basta, no me alcanza. Ya te dije antes lo que yo quiero y no pienso cambiar de opinión ni quedarme con menos de lo que siempre he soñado tener. No soy conformista y lo sabes.

Un nuevo silencio cayó entre ellos. Seto se dedico a jugar con los rubios mechones mientras nuevamente su rostro adquiría un aire meditabundo.

Después de algunos eternos minutos carraspeó.

-Wheeler...

¡Ah! El intervalo ya había terminado. "De vuelta a los negocios", pensó Joey con resignación. Hora de cambiar de canal. No entendía como lo hacía Kaiba. Aunque suponía que era bastante fácil cuando los sentimientos no estaban involucrados. Se alegraba de haber rechazado futuros "fines de semana" con el castaño. Lo hubieran enloquecido o matado.

-¿Sí, señor? -pregunto burlonamente.

Hubo una larga pausa. Joey tuvo la impresión de que la mente del CEO bullía de actividad. Sin duda la tensión en su cuerpo aumentó. Respiró profundamente.

-Wheeler, no tengo la costumbre de tomar decisiones apresuradas.

-Lo sé, señor -recitó el rubio, sin emoción.

-De modo que esta decisión... más vale que lo creas... no es apresurada.

-Bueno, señor.

-Wheeler, voy a casarme contigo.

-¿¡QUE!? -el cerebro de Joey quedó en blanco por el impacto. Había descartado toda esperanza de esa remota posibilidad. Estaba resignado a la inevitable separación.

-Lo que oíste, Wheeler.

.-.

CONTINUARA...


Perdon, otravez me quedo sin contestar reviews, pero son las 1:42 a.m y ya casi tengo que regresar a mi turno. De verdad pido disculpas por no poder "hablar" con cada una de ustedes, gracias por el apoyo y sus preciosas palabras. Un abrazo a todas.

GRACIAS A:

Misa

DarKenjiFujisaki

Mary Maxwell

Oo.Yuna.oO

Dark-Cold-Gaby

Mimi Kinomoto The Wicked

clumsykitty

Ms. Fronkonsteen

Plam

Carito