Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.

Los personajes, salvo alguna excepción de OCs, no me pertenecen.

La historia se inspira en el anime y las live actions, por lo se toman escenas, diálogos o semejantes de ello.

Se aceptan dudas, sugerencias y criticas constructivas con fundamento, esto es para pasarlo bien y conocer gente, NO soy escritora.

Importante: A pesar de seguir ciertas partes de la trama original, la he variado en varias ocasiones para amoldarla a mi historia. Se me olvidaba decirlo, y es posible que si no lo sabéis podáis haceros lío con algunas cosas venideras. Gracias por leer.

Capítulo 7

-No puedo morir, tengo por quién seguir. –Susurró aquel hombre mientras de su boca brotaba sangre, centrando sus ojos profundos en los míos mientras se pone en guardia de nuevo, dispuesto a continuar.

Suspiro imperceptiblemente, harto de aquello. Por mi cabeza sólo pasa una pregunta al ver a aquel hombre ¿estaré haciendo lo correcto? Pero alejo todo aquello y vuelvo a asestarle un corte mortal, haciéndole caer al suelo, pero parece que ese hombre es muy duro de roer y vuelve a levantarse, atacándome demasiado rápido para su estado.

Siento como el filo de su katana roza la piel de mi mejilla izquierda, poco después noto la sangre caliente correr por ella. Estoy desconcentrado por esos pensamientos, no puedo evitarlos.

Con enfado vuelvo a atacarlo, rematándolo de una vez. Está de nuevo en el suelo mientras escucho sus palabras ahogadas decir que ellas le necesitan.

Cuando el silencio se hace con la calle, mis quimeras vuelven a atacarme, está vez más duramente mientras toco la sangre de mi corte.

Mi mundo interior, mis creencias parecen que cada vez se tambalean más ¿A cuántos hombres he matado ya? ¿de verdad esto es necesario? Sin poder evitarlo me colapso y empiezo a temblar, siento que incluso el aire me falta mientras avanzo como un muerto viviente con los ojos muy abiertos y vacíos, fijos en la nada, llenándose de lágrimas de desesperación al sentirme perdido.

Kenshin se incorporó rápidamente cubierto de sudor frío mientras jadeaba tras aquella pesadilla. Ni siquiera se dio cuenta en un primer momento que había despertado a Kaoru, quien se dispuso a encender la pequeña lámpara de aceite, incorporándose asustada, desperezándose veloz.

-Tranquilo, ha sido un sueño ¿Estás bien? –Preguntó tras escudriñar su pálido rostro, compungido.

El pelirrojo tragó saliva, calmándose al ubicarse de nuevo, mirando a la chica mientras cambiaba su expresión.

-Sí, no pasa nada. Sólo necesito unos minutos.

-Has soñado otra vez con algo relacionado con Nanako, ¿verdad? –Preguntó la morena con cautela y tristeza, sin dejar de mirar al pelirrojo, quien asintió levemente, hablando después serio.

-Esta vez ha sido más que un sueño. Ha sido lo que ocurrió en realidad. Como asesiné a su padre y él me hizo esta cicatriz. –Agregó pasando dos de su dedos por la vertical.

-¿Fue el padre de Nanako?

-Sí, era un buen guerrero. Su madre unas semanas después me hizo la otra –agregó separando la mano de su rostro. -Aún pienso que quería que la matara, no se conformaría sólo con herirme o matarme. Supongo que por esa locura que la consumió se suicidó al no conseguir nada de eso. No sé como convivir con este remordimiento que me corroe tras haber conocido a Nanako, no puedo hacer nada para redimir mis pecados. –Dijo resignado, sabiendo que aquello era lo que se había buscado, y de nada serviría lamentarse. Debía afrontar su castigo.


Nanako depositó el pesado cubo lleno de agua en la pequeña cocina de Hiko, para después pasarse la mano por la frente, apartando los cabellos sueltos de su trenza que se pegaban a su cara mientras pensaba en que su maestro no cambiaría jamás, al recordar que llevaba varias horas fuera de la casa, posiblemente bebiendo sake en algún tugurio.

La morena, tras tomarse unos minutos de respiro, cogió su katana y salió fuera de la casa para pasar el tiempo entrenando los movimientos de su técnica de lucha mientras el sol iba descendiendo lentamente en el horizonte, haciendo que la oscuridad comenzara a cubrir el lugar.

Un par de horas después, Seijuro comenzó a divisar a lo lejos a su discípula, y decidió no distraerla, entrando en la casa sin ser visto para dejar el sake que había comprado, saliendo después, haciendo que la chica parara al observarlo.

-Por fin apareces, ya estaba pensando que tendría que ir a buscarte y arrastrarte hasta aquí, borracho perdido.

-Sabes, antes no eras tan irrespetuosa con tu maestro. Espero que las cosas que te enseñé no se te hayan olvidado... Me ha parecido verte un poco lenta en esos movimientos, Hissaki. –Comentó con indiferencia tratando de provocarla mientras sonreía interiormente al ver la cara de pocos amigos de la joven.

-Será un placer demostrarte que tus enseñanzas perduran en mi mente. –Agregó ella orgullosa mientras se ponía en guardia, y su maestro sonreía levemente, sacando su espada.

-Adelante, no te contengas. Yo no lo haré.

Tras aquellas palabras, ambos se lanzaron el uno contra el otro, mostrando el rasgo de personalidad que los unía: El orgullo.

Entre choques de espada y comentarios irritables de Hiko hacia la joven, ninguno se percató de que a lo lejos, dos persona se iban acercando.

-¡Veo que te has entrenado duro durante estos años, pero aún no eres lo bastante fuerte para derrotarme, Hissaki!

La chica trató de no escuchar sus comentarios, que sin duda buscaban distraerla a causa de nublar su juicio con la rabia, haciendo que se volviera descuidada, pero sabía que tenía razón, Hiko era el mejor guerrero que había visto jamás y sólo era cuestión de tiempo que la venciera con algún golpe certero.

Pocos segundos tardó en llegar aquel momento, hiriendo a la chica tras golpearla con la katana en el estomago, haciendo que cayera al suelo.

-Debo decir que estoy impresionado, no esperaba que tus cualidades se hubieran acrecentado tanto. –Comentó mientras se ponía en pie con dificultad, comprobando que aún no estaba en plena forma tras aquella paliza en el bosque. –Estás sangrando, ve a lavarte. Puede que cuando te recuperes del todo me toques con la espada. –Se burló mirándola.

-Dalo por hecho. -Dijo ella como despedida, metiéndose dentro de la casa mientras su sensei se giraba, contemplando a lo lejos algo que le asombró. Su antiguo alumno Kenshin Himura.

Hiko se sentó en un tronco de árbol caído mientras observaba avanzar a la pareja, sacando de uno de los bolsillos ocultos por su capa algo de sake, que bebió con tranquilidad hasta que el pelirrojo estaba a tan sólo un paso de él.

-Ha pasado mucho tiempo, Himura, dime ¿Qué haces aquí después de 15 años?

La indiferencia de ambos hombres sorprendió a Kaoru, que detrás de Kenshin prestaba atención a la conversación sin emitir ningún sonido.

-Estoy buscando a Nanako Hissaki, y pensé que al haber sido tú su única familia después de lo que hice, habría venido aquí, a encontrarse con su sensei. –Dijo ahorrándose las explicaciones, sabiendo que él estaba al corriente de todo lo pasado.

-¿Crees que la harás entrar en razón? No, Himura, esa chica es más terca de lo que puedas imaginar. Es muy probable que intente matarte de nuevo si te ve aquí, yo en su lugar lo haría. –Respondió tranquilamente bebiendo un sorbo.

El pelirrojo apartó la mirada brevemente de los ojos de Hiko, mientras respondía con sinceridad y templanza.

-No importa. Sólo quiero intentar ayudarla a poder vivir en paz, aunque eso signifique mi sufrimiento. Se lo debo.

-No trates de engañarme, Kenshin, y sé sincero totalmente. Ambos sabemos que una razón egoísta te ha traído hasta aquí, aunque sea cierto que deseas ayudarla. El resentimiento desde que la encontraste no te deja vivir. Creo que este tema te resulta tan doloroso que incluso serías capaz de dejarte matar por no vivir con el remordimiento del fantasma de Battousai.

Antes de que nadie pudiese intervenir, la muchacha salió de la casa, ahogando su voz dejando la frase que iba a pronunciar inconclusa al ver a Kenshin allí de pie, parado frente a Hiko, con Kaoru a la espalda.

-¿Qué haces aquí? –Susurró mirándole con odio, clavando sus pupilas en las de él.

-Nanako, Kenshin sólo quiere que esta situación acabe. Los dos lo necesitáis. –Intervino Kamiya ante el silencio de su amigo.

-Lárgate. No tengo nada que oír viniendo de ti, no me obligues a matarte.

La morena se encaminó con decisión hacia el interior de la casa, deteniéndose al escuchar la voz del ex-samurái.

-Por favor, no pretendo que me perdones, sé que no tengo ningún derecho a pedirte algo así, pero me gustaría que me escucharas.

-¿Te gustaría? –Susurró ella volviéndose lentamente, mirándole mientras avanzaba hacia él. -¿Sabes que me gustaría a mí? –acto seguido la joven desenvainó su katana con una ágil movimiento, dejando su filo rozando el cuello del hombre. –Me gustaría no haber perdido a mi padre, ni a mi madre, no haber gastado mi vida obsesionada contigo, aprendiendo tu misma técnica de Battojutsu, recreándome en el momento en que atravesaría tu corazón con esta espada. Pero eso no ocurrirá, porque ahora he entendido que soy mejor que tú. No quiero parecerme a un asqueroso asesino, un perro del gobierno que no pensaba en la consecuencias de sus actos. Me das asco y lástima, Himura Battousai.

Tras aquellas duras palabras, la chica retiró igual de rápido la espada de la piel del chico envainándola, para después escupir en el suelo, cerca de él con odio, retirándose de la escena.

-Siempre ha sido algo maleducada. –Dijo Hiko mirando a Nanako desapareciendo tras la puerta, para después centrarse en el antiguo Hitokiri, levantándose. -Bueno, Himura, parece que tendrás que continuar luchando contra tus fantasmas algo más. Espero que te vaya bien. –Se despidió, para después meterse también en la casa.

-Kenshin, acabará cediendo, yo hablaré...

-No, Kaoru. Vámonos. Lo ha dejado muy claro. –Susurró en un tono más grave de lo normal, haciendo que la chica contemplase unos segundos como se ponía en marcha, abatido a pesar de su apariencia externa, alejándose del lugar.

P.D: Quiero aclarar que le pongo tilde a ``samurái´´ porque la RAE al introducir la palabra en el castellano la ha ``castellanizado´´