Una época de su vida.
Diana se encontraba cayendo en un espacio en negro, pronto reconoció el suelo acercándose hacia ella a mucha velocidad.
Vió las ruinas de la sala de baile cayendo con ella:
Su caja de música con la bailarina exactamente igual a ella, todas sus muñecas y varios vestidos. Esas eran las ñas ruinas , pensó.
Un poco más lejos, vió su colección de vestidos de princesa que utilizaba para jugar y todos los vestidos arrogantes que se solía poner. Al lado, su colección de cuadros a los que tanto tenía aprecio. Y al lado, sus imaginaciones. Todo lo que se había imaginado, historias de mundos fantásticos y criaturas especiales, también estaban allí.
``Si estos son las ruinas del salón de baile, toda mi vida ha debido de estar en esa fiesta, llena de falsedades, vanidades, y disfraces´´ Y empezó a darse cuenta de que así era.
Todo empezó a ir más velocidad y comenzó a girar, más y más rápido, en un remolino, y Diana con él. Las acometidas del viento se convirtieron en una chirriante y atronadora música.
Se detuvo. Diana estaba en tierra, vestida de nuevo con sus ropas normales. Miró su mano derecha y vió una deslúmbrate manzana roja, la tiró al suelo y en cuanto dió un paso, se desmayó.
Diana despertó en el pantano, recostada en un árbol. Le dolía la cabeza y todo le daba vueltas, la musica hipnotica se iba apagando de su cabeza poco a poco.
Había estado en un baile, eso era todo lo que podía recordar. Donde estaba, cómo había llegado allí y por qué… no lo recordaba; sólo el baile. Cerró los ojos ante el recuerdo de Jareth, sonrojándose de vergüenza debido a cómo había sucumbido a su encanto. Jareth, que la había toqueteado, que tan groseramente había intentado robarle un beso… si ella en verdad hubiera sido inocente, él no se habrían comportado como lo había hecho .La verdad es que ella quería besarle en ese momento. Ahora le odiaba.
—¿Quien soy yo? —Preguntó en voz alta. Se incorporó y miró a su alrededor.
Lo primero que noto, es que allí olía demasiado a humedad, asique debía de estar en un sitio pantanoso. Un pantano o una ciénaga. Lo segundo que notó, fue que algo le apretaba el cuerpo, miró las zonas apretantes y suspiró de alivio al ver que solo eran sus ropas, que la apretaban. Sobre todo ese cuello, la estaba ahorcando. Los pantalones le quedaban un poco pesqueros, ¿Porque se había puesto esa ropa tan pequeña?
Intentó bajarse el cuello, pero solo lo rompió, rajándolo, se puso el cuello que ahora medía el triple y le caía por los hombros.
``Como el escote de mi vestido´´ Sonrió.
Sabía que era humana y mujer. Tenía el pelo negro y largo. Si, una mujer. Ante ese pensamiento, recordó lo que había pensado en la fiesta.
``Nunca más volverán a llamarme niña´´
Instintivamente, se tocó los pechos. Esos pechos eran demasiado grandes para ser de una chica de quince o dieciséis años...más bien, ella tenía entre veinte y veinticuatro años. El ópalo le rozó las manos.
-Que bonito... —Susurró—Tendré que salir de aquí.
Miró por última vez la manzana en el suelo y empezó a andar por el pantano.
-¿Que has echo? —Le preguntó la anciana a Yudo.
-Lo siento... —Dijo Yudo sintiéndose culpable.
-Hay que buscar a la chica—La anciana saltó del bote como pudo—En ese pantano hay muchos peligros y por tu culpa ahora está por ahí, medio drogada.
Yudo sabía perfectamente porque Jareth le había obligado a hacer eso: estaba celoso de que él y Diana se hubieran echo amigos, por eso la había envenenado con algo que solo le hiciera pensar en él.
``¿Abré echo algo malo?¿Por eso me han quitado la memoria?´´
Entonces, de la espesura del pantano, apareció un ciervo macho. Su gran cornamenta asustó a Diana. Luego pudo recordar que los ciervos son herbívoros.
—Hola—Dijo acercándose al ciervo—Hola, amigo.
El ciervo se puso en posición para que lo acariciaran, y Diana pudo ver que tenía unas manchas verdes brillantes en el lomo.
—Que bonito eres.
El ciervo le hizo gestos para que lo siguiera y Diana le obedeció. Pensó que era un ciervo mágico o algo. Le siguió por el fétido pantano y munchas veces la ayudó a levantarse cuando se caía y se llenaba de barro. Entonces, el ciervo se paró. Agachó la cabeza y le señaló un camino muy oscuro.
—¿Estas seguro de que es por ahí? —Le preguntó Diana.
El ciervo la miró muy intensamente. Todo quedó en silencio y Diana escuchó un laud justo por la dirección contraria.
Miró al ciervo por última vez y fue hasta de donde venía la música: Un monstruo de la noche, disfrazado de juglar estaba sentado y junto a un grupo de niños monstruos le hacían espacio. Los niños estaban sonrientes y con unos sacos a los lados.
—Hola—Dijo Diana mientras se acercaba—¿Me puedo sentar con vosotros?
—¡Pues claro que si, muchacha! ¿Buscáis algo?
—Si…creo que buscaba algo.
De unas grandes bolsas, los niños sacaron todas las cosas que habían caído con Diana y ella abrió la boca.
—¿Era esto? —Le dijo una niña mientras sacaba un precioso vestido.
—Puede…es mio pero…—Diana no estaba del todo convencida.
—¿Y esto? —Un niño le entregó un cuadro.
—No era eso, pero gracias, lo necesito.
—Toma este pintalabios—Diana empezó a aplicárselo.
—Esto es tuyo—Dijo otra niña mientras le ponía una tiara de mentira en la cabeza.
—Esto es muy bonito—Dijo el hombre dándole la caja de música. En cuanto se la
dió, la caja empezó a sonar. Esa música le recordaba a la del baile…
—Del corazón de los hombres, nace la oscuridad—Dijo el hombre al compas de la música siniestra—Viejo por nuevo. Si uno de los dos muere el otro también morirá. Corazón por corazón.
—¿Eso es así? Yo no me la sé así... —Dijo ella un poco aturdida.
—Escapa, huye. El rey va a venir. Él te quiere a ti.
``Jareth…El Rey…¿ Me quiere a mi? No...´´ Pensó.
—Toma esto—Le dijo una niña entregándole unos zapatos.
—No, no era esto la que buscaba—Respondió Diana, intentando recordarlo, ahoramestaba un poco molesta, los niños la estaban enterrando en sus cosas.
—Todos lo que quieres, está aquí, Diana—Dijo severamente un niño.
``Todo lo que quieres está aquí´´ Se repitió en su cabeza.
—Jareth, el rey. Diana, él te quiere a ti. Jareth llévate a esta niña para no volverla a ver nunca...
—Llévate a esta niña... —Diana recordó lo que verdaderamente estaba buscando
¡Dalia!
Todo cambió. Todas sus cosas, empezaron a parecerle cosas de una niña vanidosa, una niña pequeña y vanidosa que estaba metida dentro de su mundo de fantasía, pensando que encontraría a su príncipe azul en vez de enfrentarse a la realidad, ahora sabía que debía casarse con Jacob para mantener a su ultimo ( Y ya odiandose a si misma) Pensó en Jareth .Ahora ya no le veía igual que antes. Ya no estaba enamorada de él. Ahora le odiaba por llevarse a su hermana, y esque ¡Iban a convertirla en un monstruo de la noche! ¡Maldito Jareth!
—¿Que te ocurre, Diana? —Le preguntó el juglar con falsa simpatía.
—Estas cosas, son solo chatarra. ``¿Como sabes mi nombre?´´
—Pero, ¿No es esto solo lo que te importa? Esto es muy bonito...—El juglar le entregó la caja de música como si fuera lo más valioso del mundo— Diana, esto es SOLO lo que te importa. Todas las cosas que quieres, están aquí.
Diana se levantó de un salto enfadada y tiró la caja de música al suelo, echa añicos.
—¡Ya no!
Sentía que había estado viviendo en un mundo irreal, las cosas no eran en verdad como ella creía..
Una niña se lanzó hacia ella con animo de morderla inyectar su veneno y convertirla. Diana retrocedió rápidamente. Otro niño se abalanzó y ella le pegó una patada. Entonces se puso a correr, alejándose de todas sus cosas y de esos niños y ese extraño juglar.
El ciervo de las manchas verdes brillantes, había estado observando la escena. De pronto su cuerpo cambió y se convirtió una persona. En Jareth.
—Ya eres toda una mujer, Diana—Jareth sonrió maléficamente.
De pronto, él se convirtió en una grandísima águila blanca, con algunas plumas verdes brillantes. Alzó el vuelo hacia su palacio.
Y desapareció.
Diana estaba cansada y no dejaba de repetirse que debía encontrar a Dalia.
Tampoco dejaba de pensar en la canción cambiada que había cantado el juglar.
—Viejo por nuevo. Si uno muere, el otro también morirá. Corazón por corazón—No
dejaba de repetir—Si uno de los dos muere, el otro también morirá, osea, un corazón
por un corazón.
Algo en su mente sabía lo que significaba y gritaba por que Diana supiera ese acertijo.
Tampoco dejaba de repetirse:
``Jareth me preguntó que si era lo que siempre había soñado...y yo le contesté que
más o menos...¿Está intentando hacerme feliz? ¿O solo pretendía tenderme una
trampa?
Ensimismada en sus pensamientos, no oyó las primeras veces que la anciana y Yudo la llamaban a voces.
-¡Diana!¡Diana! —Reconoció las voces.
Por lo menos era mejor que estar sola, asique gritó:
—¡Estoy aqui! ¡Aqui!
—¡Diana, Diana sal de ahí!
—¡Venid vosotros!
Diana se quedó muy quieta donde estaba, con los brazos cruzados. Unos minutos después, Yudo y la anciana aparecieron entre la maleza. Por un momento se quedaron mirando todo el espacio buscándola. De repente se dieron cuenta de que estaba allí.Pero aun era como sino la vieran. Abrieron la boca asombrados. Diana ya se estaba poniendo incomoda.
—¿Diana?¿Eres tu? —Preguntó Yudo.
—Pues claro que soy yo—Dijo ella exasperada.
—Jovencita...¿Que te ha pasado?
—¿A que se refiere?
—Has crecido, ¿No te has dado cuenta? Eres una mujer... —Dijo solemne la anciana
—Diana, ya no tienes quince años.
Diana se había dado cuenta de ello antes, pero en ese momento no se acordó. Ahora se daba cuenta de lo importante que era.
—Oh dios mio...¡Es verdad! —Diana no supo que sentir. Por un lado nunca jamás volverían a tratarla como una niña pequeña, pero también quería pasar los dieciséis, diecisiete, dieciocho...etc—¿Quién ha sido? No me siento cómoda, quiero volver a tener quince años.
—Diana, que has echo... —Dijo la anciana.
—¿Que? —Diana se acordó, que ella la había envenenado—¡Usted me envenenó!
—¿Yo? —Preguntó la anciana sorprendida, luego miró a Yudo—Cuéntaselo...
Yudo dió un paso hacía adelante con la mirada bajada.
—Diana...Jareth me pidió que te echará un elixir que...
—¿Que?¿¡Como has podido! —Gritó indignada—¡Casi me olvido de todo!
Yudo la miró un momento a los ojos, ella pudo ver al muchacho de la fiesta a través de ellos. Pero un momento después, y antes de que Diana digera algo, Yudo salía corriendo a través del pantano, arrepentido, y con la vergüenza cargada sobre sus hombros.
La anciana y Diana quedaron en silencio y la joven empezó a sentir que había sido muy dura.
—Bueno ya tienes lo que querías...¿Como ha sucedido? —Preguntó la anciana.
Diana se encogió de hombros.
—Debemos salir del pantano, hay que llegar hasta el castillo—Dijo Diana, yendo por donde habían venido Yudo y la anciana.
—La verdad, es que a través del pantano, se llega mucho antes. Y solo nos quedan dos horas como , la luna empieza a salir...
