¡Buenas tardes a todas mis fujoshi lectoras! Hoy sí he venido temprano a actualizar; bueno, los que son de Latinoamérica lo sentirán así, del otro lado del océano, no creo XD Pero bueno, las cosas tendrán un ligero giro y al mismo tiempo, creo que se ve venir lo que muchas han estado esperando cofdurocofcontracofelcofmurocof. Pero ya saben, lo bueno se hace esperar lol. ¡Así que disfruten pequeñas mías, tengan una buena semana –o lo que queda de ella- y ya nos estamos leyendo!¡Gracias a esas hermosas que siempre comentan! :D Matta ne~

Capítulo 7

Confrontación de intereses

Sólo le había tomado un par de minutos el ir a fotocopiar aquel pequeño grupo de exámenes por lo que consideró bastante extraño que alguien estuviera aguardando fuera del salón de clases.

Las celestes pupilas del blondo miraron a la chica, posando su atención en lo que llevaba puesto. Al parecer alguien había sido lo suficientemente caballeroso como para ofertarle su sudadera y así no pasar frío alguno.

Después de todo, el día había estado bastante frío.

—Tatsuhisa-sensei -le saludó con cierto espasmo, tras percatarse que el aludido se había detenido justo frente a ella.

—Buenas tardes -allí estaba esa sonrisa impecable que las damas adoraban-. Al parecer estás esperando a Aomine-kun -esa sudadera pertenecía únicamente a los titulares del equipo de básquetbol

—Algo así -señaló con mesura.

—Ser joven debe ser muy emocionante -expresó fingiendo un notorario desánimo al respecto.

—¡Pero usted es muy joven! Seguramente su vida es mucho más interesante que la de todos nosotros.

—Eso es algo cuestionable -alzó sus hombros restándole importancia al asunto-. Sólo debes esperar un poco para poder ver a tu novio -le tranquilizó.

—N-No somos pareja...-su mirada escapó hacia su derecha, tornándose roja como un tomate. Él por su lado sonrió ante su reacción.

Así que se trata de eso... Les deseo suerte...-su mano derecha de detuvo justo sobre el pomo de la puerta; no es que dudara sobre abrir, sino más bien deseaba agregar algo más a la charla antes de entrar al salón-. Aunque no olvides que siempre habrá quienes quieran una diversión pasajera sin ataduras...

Esa última frase dejó confundida a la chica. No supo cómo interpretarlo y para cuando intentó decir algo, ya era demasiado tarde.

—Deberán hacer este examen. Tras acabarlo podrán irse a casa -comunicó Tatsuhisa para su pequeño grupo de alumnos.

Entregó a cada quien su respectivo examen y tomó asiento en la brevedad posible.

Ya es viernes y no ha intentado nada extraño -aun con su mirada puesta sobre la primera hoja de su prueba, tenía la cabeza llena de ideas vagas y nada agradables-. Desde que pasó eso con ella, no ha habido ni un día que me deje a solas... Y ya es viernes -suspiró intranquilo. Buscarse una novia sería lo mejor y haría que cierto chico le dejará en paz definitivamente, permitiéndole dejar de dudar sobre su heterosexualidad.

—¿Profesor, se encuentra bien? -fue el cuestionamiento lleno de preocupación expuesto por la única fémina-. Se ve algo pálido.

—No es nada -mencionó con esa suave sonrisa en sus labios-. Sólo falta de sueño -simplemente dejó a su espalda descansar contra el respaldo de la silla-. En buen momento me aparecen los efectos secundarios...

Supongo que podría llamarle...

Si esa chica no hacía esa observación, el moreno nunca hubiera notado que ese hombre en realidad no se veía del todo bien y que estaba casi tocando la transparencia.

Se ve realmente fatal...

Los cuatro exámenes fueron entregados antes de una hora. Razón por la que el blondo los cogió con rapidez y literalmente salió con bastante prisa, dejando a todos allí desconcertados; hasta al moreno.

—¡Aomine-kun! -saludó eufórica la chica en cuanto cruzó mirada con el moreno.

—Rei -expresó con mucho menor euforia-. Te dije que era mejor que regresaras a casa hoy. Es viernes y es un asco estar hasta tarde en la escuela.

—Lo sé. Pero quería verte y hablar contigo un poco -ese era un gesto dulce, que incluso alguien como él valoraba, pero de momento su curiosidad era más grande que ello.

—¿Sabes hacia dónde se fue el profesor? -interrogó en automático.

—Se fue en dirección a la sala de profesores -respondió.

—Lo siento, pero debo entregarle esto -efectivamente el rubio estaba en peor estado de lo que se imaginaba que no notó que le había dado simples hojas garabateadas y no el examen.

—Puedo esperarte si así quieres -insistió.

—No es necesario. Ya nos veremos el fin de semana -y con esa promesa lanzada al aire se fue en dirección a la sala de maestros.

Tan pronto arribar, anunció su llegada y entró sin titubeo. Y estaba pensando en la burla perfecta para el blondo. No obstante, lo siguiente que supo es que el chico estaba tendido sobre el suelo con claros signos de una fiebre alta.

Y justo a su lado aquel móvil en plena llamada.

—Ey Tatsuhisa -se agachó a un lado del inconsciente chico, llamándole inútilmente.

—¿Kai, qué ha pasado? ¿Por qué no respondes? -el oído del moreno se centró en la voz femenina que emergía del móvil.

—La persona a la que llamas se ha desmayado en la sala de profesores -Daiki había optado por responder el teléfono.

—¡Ese idiota hermano mío, no hace más que estupideces! Le dije que no fuera a trabajar -la voz de la mujer mezclaba tanto preocupación como un cabreo digno de temer-. ¿Podrías llevarle al hospital? Yo pagaré los gastos del taxi y todo lo que surja.

Ese hombre le enervaba y a la vez le despertaba sentimientos contradictorios. Pero no por eso debía dejarlo tirado en el piso con una fiebre tan elevada. Así que hizo lo que cualquier otro haría en su posición.

—Me vas a deber una grande, Tatsuhisa.

El personal del hospital iba de un lado para otro. Por lo visto había optado por un mal día para llevar a alguien a ser atendido de urgencias.

Por el momento se encontraba en la sala de espera, recargado contra uno de los pilares que sostenían la segunda planta mientras aguardaba a que llegara la hermana del blondo.

—¿Tú eres Aomine-kun? -aunque esa voz ahora se escuchaba más relajada, era la misma que casi le perforó los tímpanos en cuanto se puso a insultar a su hermano.

—Sí, soy yo -sus pupilas poseían el mismo tono de azul que el rubio, pero a diferencia de él era castaña y su cabellera era ligeramente ondulada. Aunque igualmente era una mujer bella.

—Pido disculpas por Kai. Él siempre ha sido un dolor de cabeza desde pequeño -habló bastante resentida.

—Le gusta torturar a sus alumnos...

—No me sorprendería saber que les encarga pilas de tareas mientras les sonríe angelicalmente y finge la inocencia que no tiene -bien, Aomine empezaba a sentir simpatía por la chica. Ella al igual que él apreciaban perfectamente la malicia de Kai.

—Es tal y como lo describes.

—Muchas gracias por traerlo al hospital. Sé que fui egoísta y mandona y me disculpo por ello... A todo esto, me llamo Tatsuhisa Eiko, encantada -extendió su mano en son de amistad.

—Encantado.

Tras unos cuantos minutos más de espera, ambos pudieron acceder a la habitación en la que aquel chico descansaría hasta que la fiebre desapareciera por completo. Y aunque todavía no estaba del todo lúcido, le era imposible no reconocer al par que habían entrado a verle.

—Te ves horrendo, Kai. Pero veo que aun así las mujeres te adoran -comentario surgido tras apreciar el canasto con fruta que reposaba en la única mesa existente.

—No sé en qué momento trajeron eso -habló con sinceridad. Recién había vuelto en sí.

—Como sea, agradece a este buen alumno el que estés bien -expresó como un general.

—Hmp..-enfocó toda su atención en el moreno sin saber qué gesto ofertarle-. Te lo agradezco -habría de ser la frase más robótica y difícil de decir para él.

—Bien, ya que estás vivo, me largo -ya hasta había dado media vuelta listo para irse. Qué pena que la castaña le hiciera quedarse y tomar asiento al lado de la cama del rubio-. ¡¿Ah?!

—¿Podrías vigilarlo un poco más? Necesito hablarle a mi jefe y pedirle permiso para cuidar al idiota de mi hermano -le pidió con ojitos de cachorro triste.

—Como sea -suspiró con resignación pura. La mujer salió a toda marcha.

—Fui traído aquí por la persona menos esperada.

—Deja de hablar con quejas -vociferó. Ahora estaba molesto por haberlo salvado.

—¿Y dime...ya te quitaste todas las dudas que tenías? -su voz había adquirido una seriedad digna de un interrogatorio trascendental.

—Por supuesto -omitiría la parte que la incluía a él.

—Es bonita -comentó tranquilo. Aomine por su lado lo vio con sorpresa.

—Lo es.

—Estaba esperándote fuera del salón como una buena novia -continúo hablando. El peli azul por su lado estaba extrañado por el tema que estaban abordando.

—No es mi novia -aclaró con aspereza.

—Entonces hay un problema -indicó tras erguirse un poco para quedar totalmente sentado sobre su cama-. Ella piensa que hay algo más que un simple acostón de por medio.

—¿Pero cómo demonios sabes eso? -¿le espiaba o qué?

—Es muy obvio, Aomine. No se necesita ser un genio para deducirlo... Muchas personas se enamoran tras ese tipo de situaciones casuales -por alguna razón su mirada lucía seria y calmada; una extraña combinación que le intrigó un poco.

—Te oyes como un experto.

—Bueno, en mi caso yo no necesité hacer lo que tú para que se enamoraran -presumió abiertamente y él sólo se enfureció. ¿Qué tan grande era su ego?-. Lo que quiero decir es que avances hacia el siguiente punto o le digas las cosas como son.

—Ahora resulta que estás preocupado por ella, ¿eh? No me hagas a reír -se burló.

—En lo más mínimo. Nadie le obligó a creer que había algo más de por medio...-estableció fríamente-. Pero con tu carácter volátil seguramente terminarás explotando en cuanto comience a reprocharte lo mal hombre que eres.

—¿Así que en realidad estabas preocupado por mí? -sonrió socarronamente, encogiéndose de hombros.

—¿Te haría feliz que te dijera que ese es el caso? -siseó con humor, logrando sacarle un gesto enfadoso al moreno-. Eres fácil de leer.

—Cállate idiota.

Si de sorpresas se trataba su día, estaba yendo por buen camino.

Para cuando reaccionó sus labios se encontraban siendo aprisionados por los del blondo. Y aunque el ritmo era desquiciadamente lento, no era para nada una mala forma de robar el aliento.

—¿Entonces, cuál disfrutaste más? ¿Los de ella...o los míos? -no sólo tenía su rostro demasiado cerca y su aliento entibiando sus labios, sino también esa astuta mirada que le indicaba que él ya sabía la respuesta y sólo quería oírla de su propia voz.

—Los de ella claramente -mintió tan mal que él rubio ensanchó la sonrisa que ya poseía.

—Mentiroso.

—Allá tú si no me crees -agregó casi triunfal, incluso se había acercado hasta su oído-. Algún día podría mostrarte de todo lo que te has perdido al lado de todas esas mujeres -al diablo que le hiciera esa explícita proposición sexual, lo que en verdad alteró su estado basal fue el inmaculado tono sugerente con el que le ofertó cada palabra. Ese idiota estaba seduciéndolo y lo estaba haciendo bien.

—¡Eso no va a pasar! -se levantó totalmente alterado y ofuscado.

—¿Ahora qué le has hecho al pobre chico? -la hermana había regresado y miraba de forma recriminadora a su hermanito.

—Que aunque me haya salvado el pellejo debe hacer todos sus deberes.

—Eres un tirano.

—Tsk...Da igual. Yo me largo de aquí -cogió sus cosas y le faltó poco para azotar la puerta tras salir de allí.

—Dime que él no es tu actual víctima, Kai -sonó lo más seria que le era posible.

—Define qué es víctima para ti.

—No te hagas el tonto conmigo. Los dos sabemos cómo eres y lo muy laxo que eres para las relaciones.

—Ni siquiera lo conoces, Eiko -volvió a recostarse. Sabía que la charla iba para largo.

—¿No has aprendido la lección con todas esas chicas que siguen buscándote? Sin mencionar a los chicos...-reclamó.

—Jamás les prometí que me enamoraría de alguno de ellos o cosas parecidas. Tampoco es como si les hubiera sido infiel.

—Pero les terminabas cuando tu curiosidad hacia ellos se agotaba. Y aunque no se los prometieras, es normal encariñarte y que te despierte sentimientos la persona con la que sales -estableció su punto, dispuesta a defenderlo a capa y espada.

—No es totalmente mi culpa que no me despertaran sentimiento alguno -aclaró sin rodeo alguno-.

—Eres demasiado testarudo, cabeza dura e idiota -resopló molesta. Aunque igualmente manifestaba un sentimiento de impotencia por no poder cambiar la panorámica que él poseía sobre las relaciones sentimentales.

—Como sea, no metas tu cuchara en mis asuntos con él -no era una petición amable y negociable, era una orden casi con tintes militares.

—Lo haré quieras o no, porque no quiero ver a ese pobre muchacho sufriendo por algo que no podrá tener -ese temple de acero e intransigente, indudablemente era de familia.

—Hermana idiota.

—¡Hermano asaltacunas! -porque las palabras no eran suficientes creyó adecuado golpearle la cabeza con aquella lata de café que había comprado para ella.

Tras salir del hospital optó por ir a comer algo y olvidarse de todo lo que había pasado. Era viernes por la tarde y había que aprovecharlo.

Llegó a Maji Burguer y pidió de inmediato. Trasladándose hacia una de las mesas desocupadas en cuanto tuvo su orden. Pero había olvidado el detalle de que ese lugar era el favorito de cierta pareja.

—Aomine-kun, buenas tardes -le saludaba su ex sombra.

—Tienes una cara de insatisfecho. ¿Tu rubio no te cumple como es debido? -preguntó Kagami fingiendo una seriedad indigna de él. El moreno sólo apretó los bordes de su charola, rechinando los dientes de la irritación y se dedicó a obsequiarle los mejores insultos que conocía tanto en japonés como en inglés.

—Vamos, cálmense los dos -llamó a la paz Kuroko-. ¿Por qué no te sientas con nosotros, Aomine-kun?

—No quiero hacerles mal tercio...

—Mejor di que te incomoda estar con nosotros sabiendo lo que pasa en realidad -habló el pelirrojo con toda la razón.

—No realmente.

—¿Por qué no nos platicas lo que ha pasado con Tatsuhisa-kun y tú? -Tetsu siempre tan diplomático y con dobles intenciones.

El moreno se resignó, tomó asiento y empezó a contarles el asunto de manera resumida, omitiendo algunas cosas.

—Está más que claro que quieres tirártelo, idiota -Taiga había esperado a que el moreno tuviera algo en la boca para soltarle semejante comentario y se medio ahogara.

—Kagami-kun, esa es una palabra de mal gusto -le regañaba su pareja.

—¿Follárselo? -y nuevamente recibió la mirada desaprobatoria del peli azul.

—¡Claro que no quiero hacer eso con él! -gritó notablemente enfurecido.

—Aomine-kun, negarlo no hará que desaparezca.

—Simplemente admite que te atrae y deja de estar de orgulloso -bufó el pelirrojo-. Todos pasamos por tu etapa de negación e hicimos prácticamente lo mismo que tú -mencionó con menos burla.

—¿Y entonces qué harás, Aomine-kun?

—¡No he admitido nada en primer lugar!

—Eres como un grano en el culo, Ahomine. A este paso se aburrirá y te cambiará por otro.

—Kagami-kun tiene toda la razón. Además, hay más peces allá afuera con mejores cualidades -sorprendía lo tranquilo que estaba tras decir eso que no le importaba beber tranquilamente de su batido de vainilla.

—¡Tetsu cabrón!

—Pues piénsalo bien. Tatsuhisa parece ser de los que se aburren de esperar y se van sin pensarlo demasiado -agregaba Kagami.

Daiki sabía que así era el rubio. Aunque ahora su frustración recaía más que nada en el aspecto de que tenía que ser él quien tuviera que establecer las bases de una "relación" que el mismo blondo se encargó de recrear egoístamente, sólo porque se encaprichó con él.

—¿Vas a llamarle? -la curiosidad de Kagami se intensificó en cuanto vio al moreno tomar el celular y marcar.

—No van ni dos horas de que nos vimos, ¿y ya me extrañas? -maldito burlón que a todo le hallaba un modo de torcerlo a su favor.

—No te emociones -gruñó.

—¿Entonces? ¿A qué debo tu inusual llamada? -curioseó.

—Sólo voy a dejar las cosas claras.

—¿Oh, de qué manera?

—Te vas a arrepentir de haberte metido conmigo, Tatsuhisa -sonrió con autosuficiencia y el ego inflado.

—¿Esa es tu manera de decirme que me cedes tu exclusividad? -inquirió notablemente divertido.

—No fanfarronees aún, imbécil. Todo esto es meramente informal.

—Me haces lamentarme estar en el hospital y no a tu lado…satisfaciéndote -al diablo que su risa fuera agradable. A él sólo le importaba colgar y enfriar su cabeza tras lo que le dijo. Él sabía que había dicho eso a posta, para dejarlo mal parado.

—¿Qué demonios te dijo que estás rojo? -su ceja se arqueó magistralmente ante una reacción tan ajena a Aomine Daiki.

—¡Nada que te importe, Bakagami!

—Creo que este caso es más serio de lo que nos imaginamos, Kagami-kun.

No existía nada de malo en salir a trotar un sábado por la mañana, mucho menos si sus intenciones eran dedicarse un par de horas a practicar en la cancha de basquetbol que se ubicaba cerca de donde él vivía. Y de igual modo deseaba gastar un poco de tiempo antes de que la hora de reunión llegara.

Debía aclarar ciertos asuntos con una entusiasta chica que había malinterpretado lo que ocurrió entre ellos el lunes por la tarde.

—Parece ser que hay bastante actividad este día –mencionó el moreno, atravesando la calle y dirigiendo sus pasos hacia la cancha; habían dos grupos de chicos compitiendo fieramente-. No estaría nada mal un calentamiento.

Y aunque su atención estaba puesta en examinar las habilidades de esos chicos, sus pupilas se posicionaron de inmediato en la persona que resaltaba más que nadie más dentro del lugar. Y claro, también estaba el factor de que era rubia y le conocía.

Es esa chica…

Notó de inmediato que el uniforme que portaba pertenecía a Rakuzan. Allí estudiaba aquel maniático de las tijeras, Akashi Seijuurou y ahora estaba muy tranquila sentada en la única banquilla disponible.

Movido por su curiosidad se acercó hasta donde ella estaba, fingiendo como si no la hubiera notado. Pero esa mujer habría de tomarle por sorpresa en cuanto enfocó su carmesí y astuta mirada en él.

—Tú debes ser Aomine Daiki, ¿verdad? –el moreno simplemente asintió, viéndole de reojo.

—¿De dónde me conoces?

—Me gusta el basquetbol aunque no lo parezca y conozco a los mejores de todo Japón. Uno de ellos va en mi salón de clases –comunicó con una sonrisa integrada-. Además…

—¿Además? –esa palabra al aire captó su atención.

—He escuchado de ti por otro lado –refutó con tranquilidad. Incluso se cruzó de piernas y le obsequió una sonrisa burlona.

—Akashi imagino.

—No. Él no... Más bien de un rubio fastidioso –los ojos de Aomine se abrieron de golpe, enfocando toda su atención en ella. ¿Qué Kai había estado hablando de él con ella? Y sobre todo, ¿qué le había dicho?

—Tatsuhisa…-rechinó los dientes y torció sus gestos faciales.

—Justamente.

—Ese idiota bueno para nada…Mira que andarle contando esas cosas a su ex novia -farfullaba.

—¿Ex novia? ¿Te dijo eso? –era inevitable para ella no reír e incluso secar esa pequeña lagrimilla que había escapado de su ojo derecho. El asunto en sí era muy gracioso para ella.

—¡¿De qué te ríes?!

—No soy su ex novia, Aomine. Soy solamente su hermana menor, así que no debes preocuparte por mí –le comunicó seriamente.

—¡Ni que me importara un carajo! –rabió-. ¡¿Y cómo que…su hermana…?! -ahora que le observaba detenidamente, bien podría ser cierto. Ambos eran blondos y con ese atractivo fastidioso, que era fácil notar el parentesco.

—Además, a Kai no le gustan las chicas en primer lugar. Por lo que no debes temer por ninguna mujer en concreto –comentó alegremente. Pero eso desconcertó sin duda a Aomine; ¿si no le gustaban las mujeres por qué había tenido novias?-. Por cierto, me llamo Axelle, encantada.