VII
-Ni de coña.- Fue la respuesta de Gokudera.- Ya llevas bastante tiempo vagabundeando por mi casa, así que lárgate a tu condenado anillo y deja de molestar.
-Ey.- G afiló su mirada y en cierto modo pareció relajar su tono de voz.- Estar ahí dentro es aburrido y tú necesitas compañía, ¿qué hay de malo en que me sacrifique?
La mirada que le dedicó y esa extraña sonrisa -o media sonrisa- lo descolocaron. Miró la película que había escogido, Paranormal Activity, y suspiró con pesadez y melancolía al recordar sus intenciones cuando la escogió. Ahora la vería, sí, claro, al fin. Pero no sería con el Décimo y eso le dolía.
-No sabía que tenías éstos gustos.- Le dijo el pelirosado, encendiendo la película y sentándose en el sofá. Hayato lo miró con el entrecejo fruncido. El único sofá. El único y pequeño sofá.- Oh, vamos, que no voy a violarte.
-¿¡Huh?! ¡Claro que no lo harás idiota!- Ese comentario lo había alterado. G enarcó una ceja, satisfecho por dentro. No le gustaba la reciente tranquilidad que Hayato había adquirido. Era como si no estuviera con él, sino con otra persona, y no queria que su herencia la tuviera otra persona.
Pese a las quejas iniciales, el peligris se sentó en el dichoso sofá y, cruzándose de brazos, posó sus ojos en la pantalla. Sin embargo su mente no dejaba de repetir esa última frase como si revovinara contínuamente; "No voy a violarte". ¿Por qué al pensarlo concluía que si lo intentaba no se opondría demasiado?
Hayato, deliras por culpa de tu depresión. Céntrate en la maldita película. Se dijo a sí mismo.
-¿No te dan miedo éstas películas?- G le dedicó una mirada divertida. Claro que no le daban miedo.- Supongo que en tu época no se estilaban éste tipo de cosas.
-No, pero había otras cosas que se estilaban tanto como ahora.- Gokudera ya no le prestó atención a la pantalla y miró con curiosidad a su compañero.- Como por ejemplo robar besos.
Y acto seguido atrajo hacia sí la cabeza de Hayato, plantándole un pasional beso en los labios al que el peligris ni siquiera tuvo tiempo de contestar. Trató de apartarse del primer guardián, pero al ser el sofá tan pequeño esa tarea resultó un poco difícil.
