La familia Weasley en conjunto miró al niño que era sostenido del hombro por Albus Dumbledore. En unísono, juzgaron primero su apariencia, su piel estaba de un pálido enfermizo, su rostro decaído en líneas tristes, el pelo azabache, sucio e incontrolable, era opaco y los ojos verdes brillantes, de los que todos hablaban, se hallaban oscuros y desenfocados.
Luego, por separado, cada miembro de esta familia pensó algo del joven Potter. Unos sintieron lastima por el chico que vivió en el callejón Knockturn con esas personas oscuras, otros dos se vieron atraídos por ese hecho, otro Weasley esperaba la oportunidad para hablar con Harry Potter y su convivencia con el Abstrahunt, con el pecho dolido de anticipación y la garganta oprimida en necesidad de expresarse y otro simplemente aun no terminaba de entender porque el Niño-que-vivió estaba en su casa.
Harry Potter solo los vio como un mal necesario, por sus gemelos tendría que convivir con una familia de luz perfecta. Sentía los brazos y piernas como plomo, los ojos le escocían de llorar y respirar era simplemente toda una hazaña.
Harry quería escapar de ahí, invadir el Ministerio y salir con sus gemelos fuera de la sociedad mágica podrida. Pero Harry no sabía el alcance de las salas del Ministerio y su seguridad, apenas conocía su ubicación al escuchar a Feodras hablar de él (Harry se había despertado ya en el departamento de aurores y, en su dolor, no presto atención a la magia del lugar como debería), no sabía dónde estaban las celdas del lugar y menos aún como salir impune, y con dos gemelos a cuestas, sin provocar una persecución masiva a por su cabeza.
Albus Dumbledore se fue con una última mirada de advertencia hacia Harry, este se contuvo de rodar los ojos y murmurar sobre asesinar oscuramente a la familia de luz contagiosa porque Harry era así de malvado gracias a su crianza y porque el anciano así lo dictaba.
La familia pelirroja solo necesito que Albus Dumbledore se fuera para reaccionar, dos adolescentes idénticos se abalanzaron con preguntas sobre Harry, hablando de tal manera sincronizada que el corazón de Harry se oprimió dolorosamente. La única niña pelirroja se escondió detrás de su madre con su magia ondulando ansiosa, lo que le valió una mirada curiosa de Harry, otro chico rojo (Harry empezaba a cansarse de dicho color de pelo) separó a los gemelos de Harry para presentarse.
—Percy Weasley, Harry. Encantado de conocerte —dijo y Harry, agradecido por no mirar a los gemelos y sentir que lloraría, estrechó la mano extendida.
—Ya, dejen al pobre Harry en paz —intervino la matrona Weasley, y abrazó a Harry fuertemente. El joven se puso rígido y evitó a duras penas hechizar a la mujer por el contacto repentino—. Harry querido, soy Molly Weasley —entonó dulcemente y Harry en un segundo la descartó como un ser del que no tenía que confiarse demasiado. Parecía el tipo de persona que era buena y siempre hacia el bien, Harry por lo general buscaba huir lo más lejos posible de estas.
—Es un placer conocerla, señora Weasley —dijo Harry, reconociendo en ella a la persona que seguramente estaba en más contacto con Dumbledore. Respirando profunda y lentamente, supo que no soportaría demasiado de esto.
La matrona Weasley llamó a todos a la mesa, y la numerosa familia se reunió alrededor. Harry se sentó calladamente y asesinó los vegetales en su plato, que misteriosamente tomaron forma de la cara de Dumbledore, todos ellos.
Entretenido como estaba al volver puré la cara de Dumbledore, Harry casi se pierde la conversación entre el señor y la señora Weasley al otro lado de la mesa. Con su magia permitiéndole escuchar, Harry deseo tener más vegetales para poner la cara de Molly Weasley en ellos.
—No, Arthur, ya lo dije —discutía en susurros la señora Weasley con su marido—. No vas a habar de esas personas con él o tratar de consolarlo, Dumbledore dejo en claro que no tocáramos el tema por el bien de Harry.
—Dumbledore no es padre, querida ¿Qué puede saber él del dolor de perder a tus guardianes de semejante modo? —dijo el señor Weasley y Harry pensó que quizás había esperanza para esta familia.
—¿Guardianes? —chilló por lo bajo Molly Weasley, y su magia se movió enfada. El señor Weasley debió de suponer que enfado a su mujer porque palideció rápidamente y pareció retroceder ante su mirada— Esas cosas no eran guardianes, Arthur. Un Abstrahunt y su cómplice, eso eran. Cometer semejante atrocidad y ritual de magia oscura para cambiar de manera egoísta contra lo que la magia y naturaleza dicta, ¡Para ser un Abstrahunt nada menos! Volverse semejante ser desviado, por sus motivos egoístas y locos. Una enfermedad, eso son, Arthur. —La diatriba de la señora Weasley fue en voz baja y nadie más pareció escucharla. El señor Weasley le facilitó la razón a su mujer, agotado y Harry perdió cualquier esperanza.
Una llamarada de magia furiosa llamó la atención de Harry. La niña pelirroja parecía comer y bromear perfectamente con sus hermanos, pero su magia en tonos terracota se movía enfadada y el agarre en sus cubiertos parecía apretado.
Harry se procuró vigilarla.
…
Darrius pasaba una mano cariñosa a través de la cabellera de Harry, este último dormitaba sobre el hombro del gemelo menor, con la cabeza apoyada en su hombro y los ojos pesados. Feodras leía un libro en el sillón a un costado de la chimenea, mordisqueando distraídamente una de las galletas de Darrius y frunciendo el ceño para evitar sonreír con lo que leía.
Era una noche antes de navidad, y los tres disfrutaban del silencio mientras la chimenea brindaba al lugar la calidez que todos sentían.
—¿Harry? —murmuró Darrius, Harry volteó a verlo y Feodras levantó la mirada de su libro— ¿Te hicimos feliz?
—¿Qué clase de pregunta es esa? —dijo Harry y bostezando agregó: — Claro que sí, no seas ridículo.
Fue ahí que el recuerdo se separó de la realidad. Los ojos de Darrius se endurecieron, Feodras se paró de su lugar y arrojó su libro a las llamas. El simple hecho de que Feodras, con su bibliofilia, arrojara uno de sus libros al fuego fue suficiente para espabilar a Harry.
—¿Por qué me mientes? —dijo Darrius, las palabras quebradas en tristeza y decepción, pero su ceño se frunció y los labios se volvieron una línea delgada, estaba enojado.
—Te enseñe a mentir mejor, Harry, pero no a nosotros —reprendió Feodras y sonaba tan como él que Harry se asustó.
—Si así fuera nos hubieses salvado, pero ¿Qué hiciste?
—Te entró el pánico y nos fallaste…
—Tu no nos quieres…
—Nos abandonaste.
Con cada frase los gemelos se acercaban y sus pieles palidecían, a ambos se les opacó y ensució el cabello, las mejillas se hundieron y las ojeras bajo los ojos se volvieron profundas, casi como el abismo que anunciaba una caída. Una mano, pálida, cicatrizada y huesuda, de Darrius y otra de Feodras se cerraron sobre los hombros de Harry y lo apretaron con tal fuerza que a Harry le recordó al agarre aplastante de Dumbledore.
—¡MÍRANOS! —dijeron como uno y las voces fueron roncas por falta de uso o por quien grita demasiado— ¡Mira como nos tienen! ¡Es tu culpa! ¿Por qué no haces nada?
…
Harry se despertó sobresaltado, frotando sus ojos y sintiendo el hielo correr por su cuerpo. El mago se sentó en la cama que le habían dado en la increíblemente naranja habitación del muchacho pelirrojo menor. Con las manos temblorosas y la respiración demasiado rápida, volteó su mirada hacia la ventana y observó el anochecer profundo y glorioso pintado por un cielo oscuro y estrellas brillantes.
Muertas, pero brillantes, pensó Harry. La culpa formó un sabor amargo en su boca ¿Podrían ellos ver el cielo siquiera?
Harry sabía que no había sido su culpa, pero había cosas que eran difíciles de aceptar por más que uno las comprendía. Todo su ser solo gritaba por haberlos perdidos y no había razón en este dolor que lograra convencerlo de lo contrario.
El adolescente sintió que lloraría de nuevo y apretó los puños en impotencia. No más de eso, se prometió, voy a sacarlos de ahí cueste lo que cueste.
Volviendo su vista hacia afuera, Harry vio una solitaria figura pelirroja saliendo del lugar, parecía dirigirse al bosque cercano al lugar.
Interesante.
Saliendo de la cama, Harry llamó a su magia para silenciar sus pasos en la vieja madera crujiente y bajó veloz por las escaleras. Su ropa para dormir se transfiguró sin esfuerzo en un atuendo adecuado y Harry decidió dejar sus gafas de lado. El frío de la noche fue como un mordisco en su piel y el adolescente se apresuró en rodear la casa estrafalaria en dirección a donde vio a la persona pelirroja dirigirse.
El rastro de magia en tonos terracota solo le indicaron que se trataba de la séptima hija Weasley, la magia se veía ansiosa y asustada, pero Harry podía sentir la libertad y felicidad debajo de esta. Más curioso de lo que debería, buscando una distracción y metiéndose en asuntos que no eran de su interés, Harry siguió el rastro lejos de la propiedad Weasley, por un sendero en medio de los árboles y caminó otros veinte minutos hasta que casi perdió el rastro de magia de la bruja cuando desapareció abruptamente bajo tierra.
El azabache miró curioso la tierra bajo sus pies, que vibraba en su propia magia, le impedía ver si la bruja estaba bajo suyo. Decidido, el mago se puso en cuclillas y apoyó sus manos en el suelo frío, extendiendo su magia en el lugar. Harry podía sentir el poder embriagante y potente de la magia viva bajo sus pies, la tierra latía en pulsaciones invisibles a todos y llamaba a Harry a sumergirse en lo más profundo de su magia y darle todo a ella.
Sacudiendo su cabeza para concentrarse, Harry extendió su magia hacia adelante suyo y abajo, hasta que sintió en agujero carente de magia diez metros más adelante bajo tierra y se expandía como un túnel. Sonriendo, el mago se arrodilló al lado de la puerta del túnel, invisible y oculta, y dibujo una sola runa que le permitiría abrirla.
Dagaz brilló sobre la tierra y esta se hundió para revelar la entrada, Harry pasó a través y caminó por el túnel, contento de volver a ver el rastro de magia terracota frente suyo. Avanzó con sigilo hasta que el pasaje se ensanchó y dio paso a una cueva subterránea iluminada por antorchas, que obligaron a Harry a pegarse a la pared de tierra y asomar su cabeza despacio.
En el lugar había dos personas, una era una muchacha de cabello rubio claro, casi blanco, piel pálida y ojos azules pertenecientes a una mirada lejana. Estaba apoyada contra la otra persona en el lugar.
Y ahí fue cuando todo se volvió raro, la Vista Mágica de Harry le decía que la otra bruja era la joven Weasley reclinada sobre la muchacha rubia mientras está le mostraba una revista al revés, pero sus ojos no veían a una niña Weasley. Contra la joven de ojos lejanos estaba el que podría haber sido tranquilamente un varón Weasley más, con, lo que Harry sabia, era la larga cabellera roja de la joven oculta bajo una gorra gatsby, esas abultadas con visera que le recordaban a Harry a las que usaban los niños muggles que vendían periódicos en plena época victoriana, y, como en sincronía con el personaje de niño vendedor de periódicos, toda la ropa de la pelirroja era del mismo tipo pasada de moda. Con los pantalones rectos, una camisa blanca y tiradores a juegos, la chica Weasley parecía un chico Weasley.
Conmocionado, Harry usó su magia para escuchar la conversación de las dos brujas, sin saber si dirigirse a la pelirroja menor como un él.
—Y entonces, no vas a creerlo Luna, mamá empezó a escupir palabras sobre como todos somos seres que negaban la magia y naturaleza, nos llamó egoístas y desviados aun después de que pesa en su conciencia lo que ella me hizo ¿Puedes creerlo? Tuvo la caradura para decir esas cosas luego de lo que ella hizo, no sé cómo no rompí mis cubiertos de tanto apretarlos —la voz de la niña incluso imitaba a la perfección el tono que tendría un adolescente entrando a la madurez.
—Tu madre tiene la cabeza llena de nargles, querido —respondió Luna y Harry parpadeó ante la confirmación de lo que sospechaba ¿Querido? La chica (¿Chico?) Weasley sonrió dulcemente con esas palabras —. Por cierto, papá te consiguió más ropa que te agradará y dice que el fin de semana, después de que todos vuelvan a Hogwarts, te invita a visitarnos. —Weasley, pensó Harry decidido a tratar esto lo más neutral posible, prácticamente brillaba en felicidad y anticipación ante esas palabras.
—¿Iremos al mundo muggle de nuevo? Me muero por poder salir como me gusta —preguntó y la chica rubia le asintió distraída con su revista.
Harry no lo soportó más, y en una manera que haría que Feodras se palmeara el rostro exasperado, saltó al lugar solo un poco histérico y muy nervioso.
Weasley empalideció como si viera un fantasma y la chica rubia solo le sonrió alegre.
—Me preguntaba cuando entrarías —dijo la joven, ganándose un "¡Lunaaaaaa!" triste de Weasley y Harry solo chirrío:
—¿Tu qué? —Harry negó y se giró a mirar a Weasley con determinación renovada— Weasley. —él/la nombrado/a saltó con la mención de su apellido, pero luego alzó la barbilla desafiante— Por como hablabas eres un Abstrahunt ¿Qué, por la mierda de volverme loco, es un Abstrahunt?
Los hombros de Weasley cayeron y miró con decepción a Harry.
—Tu… ¿En serio no lo sabes? —sonó triste y Harry le dio su mejor mirada de no me jodas, Weasley lo captó y continuó— Primero, no digas Abstrahunt. Eso es, en realidad, un insulto —Y solo cuando Weasley lo dijo, Harry cayó en la cuenta de que así era. Abstrahunt en latín significaba desviado.
«Dinos Mutantur…
—¿Mutante? —exclamó Harry incrédulo y Weasley lo miró como si quisiera golpearlo.
—No, idiota, cambiante —le gruñó Weasley—. Ahora, calla y escucha, cerebro de Nargles.
Obedientemente, y preguntándose qué diablos era un nargle, Harry calló y se sentó. Weasley le sonrió como si quisiera felicitar a un perro.
—Dicen que el séptimo hijo de una familia de magos nace con gran poder y futuro ¿Lo sabes?... Bien, no eres tan idiota como pensé. —Weasley ignoró el ruidito ofendido de Harry— Pero el séptimo hijo, del mismo género que los anteriores, de una familia de magos es incluso aún más poderoso, llegando en algunos casos a desarrollar habilidades curativas o parecidos.
«Pero a mamá eso no le basto para soportar otro niño varón, el principal motivo por el cual tuvo tantos hijos era porque quería una niña —los ojos de Weasley se endurecieron, Harry no pudo evitar pensar ¿Acaso nació…? —Si Potter, yo nací varón, pero mi madre no soportó la tristeza de no poder tener más hijos y que su última oportunidad naciera hombre.
Y mamá hizo lo impensable, aquello que todo mago de la luz juzga como inmoral, una atrocidad y un insulto a lo que la magia y la vida dicta. Mi madre realizó un antiguo, y el cual aún buscó como es, ritual de magia oscura. Le pidió a la magia por mi cambio, que me volviera niña.
Debes de entender, Potter, que las personas que realizan un ritual es porque no se identifican con el género que nacieron. Pregúntale a cualquier mago oscuro y te dirá que un Mutantur es un bendecido por la magia, porque está lo escuchó y realizó lo imposible por él, la magia lo tocó y le permitió cambiar. —La voz de Weasley resonó en la pequeña cueva y Harry sintió a la magia en la tierra vibrar más fuerte».
Escucha, Kappi.
—Para los magos de la luz, somos frutos de algo que consideran desconocido y oscuro, somos personas egoístas que negamos lo que deberíamos de ser por naturaleza y cometemos la atrocidad de recurrir a tales cosas viles para ser nosotros mismos. Somos algo prohibido e ilegal, castigado con Azkaban y denigrados al rango de criatura, por solo desear existir feliz.
«Mi madre quiso una niña y me condenó a la existencia de estar en el cuerpo de una, pero soy un niño, Potter, entiende eso. Y, aun así, por más que deseo y ruego por poder cambiar, desconozco ese ritual y, aunque lo conociera, es imposible cambiar de nuevo, por lo que se. Los magos de la luz intentan siempre cambiar o "limpiar" a los Mutantur que capturan y nunca lo logran. —Weasley le miró con tristeza en el alma y Harry presenció a una persona que sufría a cada momento por no poder ser ella misma, atada a un cuerpo que no era suyo y una elección que le es quitada y prohibida— Ruego, Potter, por el que tu Mutantur no sufra el destino de caer en una limpieza.
…
Los gemelos Filaidas nacieron en una noche estrellada, un niño, el primogénito, y una niña, la menor. Fueron nombrados por su abuela según la tradición familiar y la mujer que veía y sentía mucho con sus ojos, los sostuvo y, con un aura de sabiduría y tristeza, pronunció:
—Feodras, el varón, vas a ser la piedra, la base, que apoye y proteja a su hermana. Estás marcado para ser fuerte. —Con esto, la anciana miró a la niña y sintió su alma pesar con su edad— Y tú, mi bella niña, te llamaras Dessa, porque veo en tu alma que serás una búsqueda, confía en tu hermano y tu verdadero ser florecerá en tu búsqueda de la felicidad y existencia. —La mujer, para que los demás en el lugar no escucharan sus palabras, susurró con su magia: Ojalá este nombre te duré poco, joven. Que tu hermano logre protegerte.
Los años pasaron y una persona joven llamada Dessa era arrastrada del brazo por su padre. Dessa vestía la ropa de su hermano, sostenía entre su mano libre el mango de una escoba y ocultaba su largo cabello castaño bajo un sombrero.
—Vas a cambiar tus vestimentas, Dessa, no me hagas repetirlo. Tendremos visitas y no vas a avergonzarnos con tu capricho de ser como tu hermano —Gruñía el mago, y la joven de dieciséis años se abstuvo de corregirle como él quería ser lo que su hermano era, no ser como su hermano—. Pareces un Abstrahunt, una vergüenza que mi hija tenga semejante desviación a la magia y vida.
En una habitación vacía y con un hermoso juego de túnicas vistiendo su cuerpo, la persona en ella soltó lágrimas de rabia e impotencia que se deslizaban por su mejilla silenciosas y sintió la amargura de su alma querer escapar por ellas.
¿Qué tenía de malo lo que hacía? ¿En qué lo perjudicaba a ellos? Era su cuerpo el que estaba mal y ninguna sociedad prejuiciosa, que no eran él ni sentían lo que él, podría cambiar eso. No tenían derecho a dictar que debería vestir, pensar y ser, era su derecho el elegir ser lo que su alma, magia y corazón le dictaban.
Ellos no se veían atrapados en un cuerpo que no era suyo, no odiaban su voz dulce y suave ni su pelo largo, o cuerpo curvilíneo. No sentían la soledad asaltar su alma con cada alagó por lo "hermosa" que se veía ¿Qué sabían ellos de ser prisioneros de tu propio cuerpo?
—D —Feodras llamó en su diminutivo, que para ellos era más masculino que nada y De volteó a verlo con la respiración agitada en desesperación—, solo será por poco tiempo, trata de soportarlo.
—Es fácil para ti decirlo —le acusó, pero sabiendo que Feodras no era más que la única persona que lo comprendía y apoyaba, agregó a modo de disculpa: —, no tienes que soportar al egocéntrico de Alexei babeando sobre tu mano.
El ceño y nariz de Feodras se arrugaron casi imperceptiblemente, como cada vez que quería reír y no podía. D le sonrió feliz y Feodras no pudo evitar sonreír con él.
—No me refería a las visitas —dijo Feodras, y por primera vez D vio a su hermano inseguro sobre algo—. Yo… encontré un libro, le compré un libro a Apolline.
—Como cada libro de magia oscura o "ilegal" que tienes Feodras, no es noticia nueva.
—Calla y escucha, mocoso, el libro tiene el ritual Mutantur —La cabeza de D giró rápido a ver a su hermano, y sus ojos se ensancharon, para luego mirar a su hermano llenos de felicidad desbordante.
—¿Cuándo? —Casi grita D.
—En Samhain —respondió Feodras—, Apolline nos consiguió la forma de salir junto a un cargamento de ingredientes para pociones que irá a Inglaterra en traslador a la mañana siguiente, solo necesitaré tu nuevo nombre para los papeles.
D resplandeció en emoción para Feodras y este supo que cualquier riesgo valdría la pena solo con ver a su hermano ser él mismo por fin.
—Seré… No, soy Darrius, Mutantur, el que siempre defenderá el bien de estos —pronunció D, ahora Darrius—. Y nosotros seremos libres en Inglaterra.
…
—¿Qué se siente ser una cría de Abstrahunt, Potter?
Harry ignoró el susurro malintencionado del Gryffindor mientras se dirigía a la sala común de Slytherin, si no fuese por Dumbledore, hubiera hecho que el cerebro del león idiota explotara en el pasillo, para que rociara a los otros magos en el lugar que sonreían divertidos.
Marcus Flint, quien parecía haber cambiado de opinión sobre Harry, así como todo Slytherin tras que saliera a la luz la crianza de Harry en Knockturn y que uno de sus guardianes era un Mutantur; miró al Gryffindor con la suficiente intención como para hacerlo palidecer y acompaño al azabache todo el camino a Slytherin en silencio.
Draco lo esperaba ansioso junto a la entrada a la sala común y Harry sintió que todo Slytherin había organizado turnos para vigilarlo fuera del lugar y tener motivos para poder asesinar a un idiota de la luz o dos.
Harry deseaba poder sonreírles a quienes hacían esos comentarios y contestarles lo genial que era Darrius, para poder callar sus cerebros en descomposición, pero los retratos eran muchos y Dumbledore podría enterarse.
Pasando al lado de Draco e ignorando su saludo, Harry avanzó velozmente hasta el despacho de Snape. Necesitaba al otro mago más que nunca, y, al abrir la puerta, ahí se encontraba el hombre.
Severus no se quejó cuando el adolescente se le tiró encima, casi derribándole, para abrazarlo fuertemente y comenzar a sollozar. No lo hizo ante los brazos que lo apretaban dolorosamente ni con las manchas que dejaban las lágrimas en su túnica, solo rodeó con un brazo los hombros del menor y se limitó a esperar a que parara.
Cuando se calmó, Harry miró los ojos ónix que compartieron sus penas y el vacío en los ojos verdes solo endurecieron la resolución de Snape para cuidar del otro mago.
—¿Sabias? —preguntó Harry.
—No, y no cometas ninguna locura, mocoso. —El azabache solo compuso su mejor combinación de rostro inocente y ojos de perro pateado.
—¿Locuras? ¿Yo?
Severus solo suspiró derrotado.
—¿Qué planeas, Harry?
…
El año en Hogwarts pasó rápidamente, con una parte del alumnado burlándose de Harry, otra evitándolo como si fuese contagioso y muy pocos (Slytherins y otros) brindando su apoyo directo o silencioso hacia el mago con la Vista.
Y era así como Harry se encontraba en el absolutamente súper secreto y muy bien protegido cuarto donde Dumbledore escondía la, para nada obvia, piedra filosofal. El anciano no podría hacer más obvio su plan si así quisiera y el idiota Señor Oscuro no podía caer en el más torpemente.
El adolescente observó a Quirrell ingresar con paso firme a la habitación, atravesando las llamas y sin parecer el profesor patético de siempre. Harry se ocultó aún más con su magia solo por precaución y se entretuvo en ver al otro hombre mirar fijamente el espejo y pasar de la confianza a la desesperación absolutamente rápido.
El joven esperó otros cinco minutos de la voz del Señor Oscuro insultando a Quirrell antes de salir de su escondite. Silbó para llamar la atención de estos y Quirrell gritó tan fuerte "¡Potter!" Que Harry no pudo evitar sonreírle confiado.
—Hola Quirrell —dijo Harry, y por disfrutar de enloquecer al otro hombre mientras saboreaba un poco de venganza, agregó: — y Voldy, ahí en su nuca.
Quirrell lo miró como si quisiera partir su cuello y Harry sonrió aún más al hombre.
—¿Cómo sabes eso, Potter? —le amenazó y, acto seguido, sacó su varita para lanzar un incarcerous hacia el mago. Harry vio las cuerdas acercarse y se burló notablemente de ellas, con un movimiento de manos las arrojó a un lado.
—No vine aquí a pelear, idiota oscuro, sé que quieres la piedra filosofal.
—¿Te atreves a…? —comenzó Quirrell, pero la voz del Señor Oscuro lo detuvo con una sola orden.
—Déjame hablar con el chico.
—Pero mi señor…
—¡Hazlo! —Ante la orden, Quirrell se quitó el turbante y se volteó de espaldas a Harry. El nombrado solo miró fijamente el rostro del otro en asombro.
—Eres más feo de lo que imagine… Oye ¡Relaja ese rostro! Lo dije sin pensar. —Voldemort lo miró como si Harry fuera su próxima víctima, el más joven solo metió su mano a su bolsillo y sacó una brillante piedra roja de este— Antes de que intentes atacarme, quiero recalcar de que tampoco te imagine tan estúpido.
—¡SUFICIENTE! —Rugió Voldemort y Quirrell tomó eso como su señal para atacar.
Ágilmente, Harry esquivó los hechizos y sintió su magia prepararse para atacar. Los hechizos volaron de un extremo a otro, Harry bailaba alrededor del lugar peligrosamente mientras el torpe andar de Quirrell trataba de igualar la antigua gracia de su señor. Cansado de esto y sintiendo como el tiempo se le agotaba, Harry activó a Aegishjalmur y el encantó brilló poderoso.
La sala se enfrió velozmente y Harry sintió sus facciones cambiar a la vez que se movía más rápido. Corrió directo hacia el parásito de un Señor Oscuro, golpeó su mano de varita con magia y disfrutó enormemente de la incredulidad en su mirada al sentir su magia fallar. Harry no dudó, inmediatamente giró y derribó al Señor Oscuro por detrás, la nariz de Quirrell resonó asquerosamente al chocar contra el suelo y el azabache posicionó una mano amenazante sobre el horrible rostro en la nuca del otro hombre.
Con la respiración acelerada, pupilas dilatas y su propia magia presionando amenazante contra el mago bajo él, Harry presionó una rodilla contra el pecho del otro y acercó fríamente su mano al cuello del otro. El Señor Oscuro no intentó liberarse.
—Escúchame bien, cabrón miserable, odio absolutamente lo que estoy por hacer, pero entre tú y Dumbledore, eres el menor de los males —susurró Harry y observó fascinado al otro mago mientras la cara deforme demostraba shock y odio por igual— ¿Quieres la estúpida piedra? Tómala, pero no dudó en que me recordaras nombrando tu estupidez al notar que esta es falsa ¿Qué? ¿No lo sospechabas? ¿En serio creerías que un hombre tan viejo y sabio como Flamel se sometería a los caprichos de Dumbledore? ¿Dumbledore, que en comparación de Flamel, no es más que un niño que moriría tarde o temprano? ¡Grandísimo idiota irracional! ¿Acaso el mutilar tu alma te volvió estúpido? —dijo Harry incrédulo y sintió la magia del otro, lista para atacar.
Sin dudar, Harry disparó magia desde su mano al núcleo del otro, casi electrocutándolo y dejándolo saborear el vacío y pánico de no sentir tu magia responderte.
—Aw ¿Acaso duele? Cometiste el error de realizar tu primer horrocrux en Hogwarts, Tom Riddle… Si, sé tu nombre e historia, mago tonto, sé también la estupidez que invadió tu miserable mente como para pensar que mutilar tu alma de esa manera no traería consecuencias ¿Acaso no puedes sentirlo? Tu magia está pobre y llora de dolor, das pena, si tu alma estuviese entera tu cordura y poder volverían, pero este es el precio de lo que hiciste ¿Disfrutas del paraíso de ser un parásito débil pseudo-squib, Voldemort?
—Voy a matarte, Potter ¿Cómo te atreves? —gruñó Riddle y Harry no evitó verlo como si fuera idiota.
—Mira, bastardo feo, te estoy tratando de ofrecer un trato aquí, descerebrado. —Harry pensó que tal vez debería de tratar de insultar al otro un poco menos— Escucha, Voldemort, te estoy ofreciendo un trato aquí.
«Yo te consigo la verdadera piedra filosofal y tú, a cambio, me ayudaras a sacar a dos personas del Ministerio ¿Entiendes?
Voldemort se rió como si Harry hubiese contado el mejor chiste de todos, la risa histérica y maníaca solo logró enervar al azabache, quien volvió a electrocutar al Señor Oscuro con su magia para callarlo.
—¿Y qué piensas hacer, Potter? ¿Exigirles que te la entreguen? Eres solo un niño sin poder, mocoso. —Voldemort se burló, Potter le miró furioso y el lugar repentinamente se detuvo silencioso.
Potter sobre él miró al techo y asintió brevemente a este para luego sonreírle a Riddle como gato que atrapa al canario.
—Felicidades, Riddle, serás el primero que sabrá de esto y tendrás el honor de conocer a mi patrocinadora —dijo Potter. La habitación pareció cobrar vida tras sus palabras y Potter se quedó quieto como piedra sobre él, los ojos verdes se cerraron y viento sopló de la nada en todo el lugar
La piel de Voldemort-Quirrell se erizó, su corazón palpitó enloquecido con la presión sofocante que crecía en la habitación y pudo sentir el suelo retumbar pesadamente.
Potter abrió los ojos, y el Señor Oscuro supo que estaba frente a algo mucho más grande que él. El azabache no poseía retina, pupila o iris, sus ojos resplandecían completamente en un dorado escalofriante. Riddle sentía la piel del otro alcanzar temperaturas elevadas y juraba que el aire crepitaba a su alrededor.
—Ahora, mutilado —dijo el adolescente, su voz no tenía género o tono, era como escuchar la antigüedad en persona, pesada y profunda, resonando como cientos de voces en una—, obedecerás a mi Kappi. —Riddle sintió su rostro palidecer ante el significado detrás de ese nombre ¿Cómo era aquello posible? —Y si no quieres que extermine tu mortal existencia, me escucharas atentamente, mutilado.
El Señor Oscuro Voldemort solo pudo asentir, Magia le sonrió como recompensa.
***...***
¡Hola! Aquí sin saber si tomar café o té mientras esto explota, debo decir que espero no encontrarme con comentarios ofensivos en esto y que mi intención aquí tampoco es ofender.
Sé que muchos esperaban que un Mutantur-Abstrahunt sea una criatura, pero no lamento para nada decir que no lo es. Lo siento como algo rebuscado y aquí solo busco dar a entender otro lado de la sociedad mágica al mostrar como imagino que se reaccionaria al tema transgénero, siendo más fácil y posible en su mundo, y quizás tirar mi granito de arena al resaltar que no dista mucho de cómo tratan este tema aquí. Repito que es sin ánimos de ofender a nadie (más allá de a los intolerantes con poca mente).
Gracias por comentar (¿Ya dije que adoro los comentarios?), apoyar y leer está historia ¡Saludos!
