7.- Una historia sin fin (Extra)

¡Hola chicos y chicas!
Sé que tengo mucho tiempo sin publicar y espero que me perdonen, pero al fin les traje un capi que me pareció muy interesante darles a conocer. No me maten si no les gusta.

DUDAS, SUGERENCIAS, COMENTARIOS, ¡POSTEAN POR FAVOR!

"Frío, de cualquier ángulo que me viesen siempre era completamente indiferente, hasta que… la conocí"

(Ootori Kyoya)

Han pasado casi cinco meses desde el incidente con Tamaki en el hospital, después de eso, habían perdido cualquier rastro de él. Para Jun todo era perfecto durante este lapso, pues su beca para entrar a Ouran había sido aceptada, sabía que todo sería distinto: cursaría el 2º año al lado de su mejor amiga: Ootori Hanamatsuri. También les harían compañía en el mismo módulo elemental, pero en 1º; las gemelas Hitachiin.

El primer día para Jun y Hana fue como suele ser normalmente el inicio de un nuevo curso: pesado. Kyoya había ido a recogerlos, iban con rumbo hacia la residencia Ootori cuando Hanamatsuri comenzó a indagar acerca de la tarea de ese día.

— Papá, necesito que me relates la crónica de cómo fue que tú y mamá se conocieron; ¿Puedes decirnos? — Los ojos del Rey Demonio de Sangre Fría se abrieron como platos. Nunca había comentado eso ni siquiera a su hermana; pero su hija lo miraba con la curiosidad reflejada en sus brillantes orbes almendra; aún así prefirió hacer lo mismo que con los que cuestionaban ese hecho.

— Pregúntaselo a tu madre. Ella te lo explicará mucho mejor de lo que yo pudiera hacerlo. — No era la respuesta que la jovencita esperaba, pero ya le había dado la alternativa perfecta para conseguir lo que tanto necesitaba.

Llegaron pues, a la residencia. Kyoya estacionó el auto frente a la casa; de un momento a otro se percató de que su hija no esperó a que alguien de la servidumbre abriera la puerta para ella, sino que lo hizo por sí misma y tomó la mano de Jun ante el asombro del asistente y de su propio padre.

Jun iba un poco atrás de la chica, la cual lo llevaba casi a rastras, pero le extrañaba el motivo por el que lo llevara de esa manera. — Hanamatsuri, no sé si te has dado cuenta pero estás arrancándome el brazo. — Dijo el chico de los orbes azules la cual, al darse cuenta de su acción, aflojó un poco la mano en la que llevaba a su amigo. Aún así no le dirigió la mirada, al parecer iba un poco seria.

— Lo siento Jun, pero si queremos tener esta tarea hay que llegar adentro; sino, no nos permitirá indagárselo a mamá. Lo conozco le ha de parecer algo cursi como para no contármelo él mismo. — La de los cabellos tan negros como la noche estaba decidida, así que entró al salón donde se encontraba su madre en uno de los sofás de la de la confortante casa leyendo un libro.

La dama se sorprendió al ver la entrada de su hija tomada de la mano del chico de Haruhi, por ello decidió formular una inocente broma con la escena que presenciaba, además su marido iba entrando también detrás de ellos así que le pareció el momento perfecto para sacarla a la luz.

— ¡Oh, Jun- kun!, ¿Al fin te le has declarado a mi hija y ella solo piensa en ti como algo a lo cual torturar? — Los niños se miraron sorprendidos y Hanamatsuri soltó la mano de Jun completamente sonrojada e hizo como que se la limpiaba contra la falda de su uniforme.

— ¡Por favor mamá, no digas cosas como esa!…— Jun miró a Hana con un leve sonrojo sobre sus mejillas y Kyoya; que lo había visto todo, se puso en el lado derecho de Jun como si fuese verdugo y se puso al nivel de su oído.

— ¿Qué intenciones tienes con mi hija, jovencito? — Puso su temible rostro de Rey Demonio de Sangre Fría, que logró que Jun se sorprendiera demasiado y comenzara a tartamudear y manotear.

— ¡Etto… no es lo que… tu piensas tío Kyoya; yo… yo! —En su rostro tenía una mueca de espanto hasta que Kumiko decidió intervenir.

— Tranquilo cariño, sólo era broma. Y bien, ¿Qué necesitan niños? — Puso su hermosa sonrisa y la pequeña de los ojos almendra miró a su padre con una sonrisa maquiavélica.

— Bien, ¿Podrías contarnos cómo se conocieron tú y papá? Es parte de la tarea para mañana ¿verdad Jun? — Dirigió su vista hacia él, que con un poco de esfuerzo se iba alejando lentamente de la mirada penetrante que Kyoya le proporcionaba.

—Ah, claro que sí…— Kumiko miró extrañada a Jun al ver que bajo la mirada y comenzó a cuestionarlo.

— Pero Jun, ¿no tienes que poner tú la de…— Jun puso su mirada un poco entristecida y observó a la que lo interrogaba.

— Bueno, verás, mamá ha estado un poco extraña, por eso preferí no preguntarle. Hablé con la profesora y ella dijo que, si ustedes me lo permitían, podía escribir su historia. — Tomó una de sus libretas y la colocó sobre la mesa de centro.

— ¡Claro que puedes ponerla, no hay problema! — Respondió sonriente la dama.

Kyoya esperaba que su esposa no entrara en detalles con la crónica; pero de repente recordó lo que hizo cuando Arika se lo pregunto: Lo dijo al descubierto. Se decidió a quedarse ahí observando para vigilar que no dijera cosas de más y se sentó en el mismo sillón en el que se encontraban Jun y Hanamatsuri, pero sentándose en medio de los dos.

— Bien niños, ¿están listos? — Parecía que Kumiko había esperado esa pregunta por parte de su hija desde hace tiempo, los chicos alistaron lápiz y papel mientras la dama comenzaba a retomar los recuerdos de casi diez años atrás…

/ FLASH BACK /

Una joven de unos 20 ó 21 años aproximadamente, de cabellos color café chocolate, ojos almendrados y pequeños, una figura ligeramente esbelta, iba caminando por las calles de Kantou con una pequeña maleta en una de sus delgadas y blancas manos. Iba muy pensativa hasta que se detuvo frente a la puerta de una casa, que si bien se veía de fachada sencilla era muy elegante.

— Bien, esta es mi primera casa. Debo ser firme y vender al menos un libro si quiero conseguir la cena de hoy. — Se dijo a sí misma mientras miraba la puerta frente en la cual se situaba de frente.

Tocó el timbre, a los pocos segundos abrió la puerta el presidente en la sombras del exHost Club; Kyoya Ootori con una enciclopedia en su mano derecha, al parecer estaba leyendo un articulo acerca de la ley de oferta y demanda, pues estaba estudiando la carrera de administración de empresas.

— ¡Oh Ootori-kun, no sabía que tú eras quien vivía aquí! "de haberlo sabido ni siquiera me hubiese parado ni a una cuadra". — Dijo la chica al joven frente a ella, el cual no hizo más que recargarse en el umbral de la casa y observarla misteriosamente.

Kumiko conocía a Kyoya porque estudiaban la misma carrera, en el mismo semestre y, por supuesto en la misma aula. Sin darse cuenta, se había ido enamorando de él al darse cuenta de que era una persona muy brillante, atenta y excelente conversadora con cualquier persona que no estuviese conectada con su aula de estudio; si normalmente le dirigía a ella dos ó tres palabras al día era mucho. Pero sobre todo, veía su comportamiento con el resto de sus compañeros. Si bien en el aula era extremadamente serio; cuando se reunía en un café cercano a la escuela con los miembros del ex-Host club, era muy buen platicador, atento y, debía admitirlo, si bien nunca se había fijado en su físico se dio cuenta de lo guapo que era.

La chica lo admiraba secretamente pero, el día en que conoció el pasado de su estatus social, el cual nunca daba a conocer y comparado con el de ella, que era de medio a bajo; se avergonzó y comenzó a apartarse de su lado cada vez más.

— ¿Qué es lo que necesitas Mizuno-chan, deberías estar estudiando para el examen, no? — El modo en él que la miraba comenzaba a alterarla un poco, pero aún así siguió con el mismo objetivo con el que llegó a esa casa.

Su cara comenzaba a sonrojarse, se sentía un poco incómoda; hasta que decidió tomar la palabra.

— Bueno, verás, estoy vendiendo algunos libros para… una empresa y quisiera saber si no quieres comprar alguno. — No podía negarlo, se sentía estúpida al tener que hacer eso, pero era la acción que mantendría sus estudios.

Kyoya la miraba con un poco de desprecio, hasta que una fugaz visión pasó por su mente. Si la miraba mejor tenía un leve parecido con la persona de la cual estaba enamorado; que está de más decir: Fujioka Haruhi. Aunque sabía que mantenía una relación con su mejor amigo, y el más idiota debía admitir, no se daba por vencido con ella. No necesitaba saber que la chica frente a él le admiraba, pero por ahora su corazón le pertenecía a otra persona.

Kumiko sabía de por medio eso, por ello se había guardado todo acerca de esos sentimientos sólo para ella. Le parecía un poco egoísta, pero era lo mejor para no dañar la leve relación de compañero que llevaba con él. Para Kyoya, la única chica distinta seguía siendo Haruhi y juzgaba erróneamente a su compañera, se había quedado con la idea de que todas las chicas sólo le admiraba por su físico o por lo rico y popular que era. Necesitaría un gran golpe para que esa opinión cambiase.

— No, por ahora no necesito nada, chica de los libros. Nos vemos mañana en la escuela y recuerda ponerte a estudiar para no reprobar. — Cerró la puerta frente al rostro de la de los pequeños ojos almendrados, que se dio cuenta a la perfección de lo que le había tratado de dar a entender.

No trató de insistir. Aún así tocó nuevamente el timbre; se había decidido a declarar lo que sentía aunque la fuesen a rechazar. Siempre había sido una persona decidida y concreta con lo que hacia, de todos modos su voluntad la obligaría a hablar. Tocó nuevamente hasta el momento en que parecía que su dedo índice se había pegado al pequeño botón.

Después de unos dos minutos, el ojivioleta abrió molesto la puerta, sabía bien de por medio que era ella, pero la verdad era que no le interesaba para nada. Ella también era muy conocida en la escuela, no sólo por su belleza, sino por lo destacado de sus trabajos y la calidad que dedicaba a todo aquello que hacía, pero era remota la posibilidad de interesarse en "una chica tan superficial como el resto". Abrió la puerta y ella sólo se quedó mirándolo quieta por un instante, estaba todo en silencio hasta que ella decido hablar.

— Ootori-kun, sé muy bien que no te interesarías en alguien como yo, pero aún así quiero decirte que me…— Kyoya la interrumpió poniendo un dedo sobre sus labios color cereza y la obligó a callar.

—No me interesas niña, no me importa lo que desees conmigo así que guárdate tus comentarios. — Las lágrimas trataban de hacerse presentes en el rostro de Kumiko, pero no quería demostrarle que sus palabras podían herirla, por ello decidió seguir hablando.

— No he terminado aún. —Anunció con determinación al joven frente a ella.

— Si se supone que tienes mucha más educación que yo, demuéstrala respetando cuando estoy hablando. —Un tono de acidez se hizo presente en sus palabras.

— Me gustas desde el momento en que te vi resolver aquella incógnita tan pronto, eres muy brillante, te he visto con tus amigos fuera de la escuela hablar. Estoy segura de que piensas que me interesas por tu físico, o por popularidad, o tan sólo por algo tan estúpido como lo material. ¡Pero tú eres una persona increíble, eres más que eso, no todas las personas sólo se fijan en lo que puedes ofrecer, también hay quienes ven lo que eres! — Kyoya se sorprendió ¿cómo es que aquella niña frente a sus ojos sabía lo que tanto despreciaba de él mismo? La chica no se dejaba caer. Continuaba con la misma postura con la que llegó, aunque su rostro en lugar de mostrar tristeza por ser evitada, demostraba que le molestaba que la comparasen con las otras.

— Una cosa más. No te quitaré más el tiempo con lo que crees es una estupidez. Si tanto te gusta la chica castaña del departamento de derecho, ¿Por qué no se lo dices? Es odioso que estés detrás de ella y no le digas lo que sientes. — Se dio la vuelta y comenzó a caminar, salió de aquel lugar al fin, pero, aún así no se permitió derramar una sola lágrima. Continúo con lo que por ahora era su trabajo con el rostro que era necesario para desempeñar su actual función.

Kyoya se quedó en el umbral de la puerta parado observando hacia el frente por un momento. Entró a la casa y se recargo en la puerta ¿Cómo era posible? Si la había observado mucho y sabía exactamente lo que hacía. Las apariencias lo engañaban, tenía que hablar con alguien que pudiese ayudarle.

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El Rey Demonio de Sangre Fría caminó hasta la casa de la persona que siempre le apoyaba cuando lo necesitaba. Tocó la puerta lo suficientemente fuerte como para que pareciera que trataba de tumbarla. Esa chica lo había dejado confundido. Era cierto que nunca le había dicho a Haruhi lo que sentía por ella.

— ¿Kyoya- sempai? ¿Puedo ayudarte en algo? — Dijo la castaña de ojos grandes observando el rostro de confusión de su sempai.

— ¿Tienes un momento, por favor? Necesito hablar contigo. — Haruhi asintió con la cabeza y entró para tomar una chaqueta, al momento salió y comenzaron a caminar.

Se detuvieron en un café, en el cual Kyoya se dispuso a contarle todo a su acompañante, que lo miraba atentamente. Cuando hubo terminado de relatarle todo Haruhi lo miró y comenzó a puntuar sus errores.

— Sempai, eres un tonto. Yo conozco a Kumiko, ella es una chica totalmente genial, es muy distinta a las otras y, por supuesto nunca se interesaría por un beneficio. Deberías tomarla en cuenta, no siempre tendrás que estar tan frío, y la forma en que te lo dijo fue muy valiente. — Haruhi lo miraba seriamente, él se dio cuenta de donde estaba su error: siempre juzgaba a las personas de una manera que todos le parecían iguales.

— Haruhi, debo decirte que…— Haruhi lo detuvo del mismo modo que el hizo con la chica de la que hablaban con anterioridad.

— Kyoya-sempai, sé lo que intentas decir, no es necesario que me lo expreses. Pero aún así yo estoy enamorada de otra persona, y tú tienes que buscar a alguien que sea para ti. No siempre voy a estar contigo y no me gustaría que te quedases solo. Bien, tengo que irme, papá no tarda en llegar y tengo que hacer la cena. Hasta mañana. —Kyoya se dio cuenta que, ahora que Haruhi lo había dicho, era la señal de que no tenía ninguna oportunidad con ella.

Se conformo con observarla partir con rumbo al oeste, donde la puesta de sol señalaba que estaba a punto de llegar la noche. También él se fue, volvió a su casa y pensó todo lo que Haruhi le había dicho anteriormente.

/?

El despertador sonó. Acababan de dar las 6:30 de la mañana, Kumiko se levantó, aunque sus ánimos no se encontraban muy bien que digamos, pero aun así no se dejaría vencer por algo tan insignificante. Se vistió y tomó rumbo a la universidad, que se encontraba a unas siete cuadras de su departamento.

Al mismo tiempo, Kyoya iba hacia el mismo sitio, estaba concentrado, tratando de comprender bien todo aquello que le dio Haruhi el día anterior; que aunque fueron unas cuantas palabras no dejaban de rondar por su mente. Entró al edificio y vio frente a el a Kumiko, que caminaba con la prisa habitual rumbo al aula de clases, en ese momento, Kyoya se acerco a bloquearle el paso (intencionalmente por supuesto) fingiendo que uno de sus bolígrafos había caído al suelo.

Tratando de ocultar aún más su angustia simulo no haberse dado cuenta de que el ojivioleta cruzó enfrente de ella. Continuó avanzando hasta que escuchó una voz helada pronunciar su nombre.

Se detuvo. Kyoya estaba parado en frente de la chica de ojos almendrados, le observó con su normal cortesía y le ofreció el saludo habitual que le daba al resto de su compañeros —Buenos días, Ootori-kun. Con su permiso. — El rey demonio de sangre fría no podía creerlo. ¡Por primera vez una chica le sacó la vuelta! Eso no se podía quedar así.

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Durante las clases, Kumiko se hizo completamente indiferente con todos. Se le sentía completamente fría al hablar, pero su semblante era el mismo tan alegre de siempre. Apenas recitaba algunas palabras y devolvía al congelante silencio al aula. Kyoya estaba completamente molesto: esa chica estaba actuando exactamente igual que el y defendía su postura como la 2ª más brillante de la clase.

En la última clase del día el ojivioleta estaba fastidiado de la actitud tan extraña y retadora de su compañera. Sin darse cuenta dejó pasar por un momento una actividad y cuando se dio cuenta, la chica de los pequeños ojos almendrados le había quitado su lugar como el primero en terminar ejercicios y el más listo de la clase.

Se quedó paralizado; estaba harto de esa situación, para terminar haciéndolo salir de sus casillas fue necesaria una mirada retadora y completamente relente de su enemiga del aula. ¡Esa chica hizo lo mismo que el por todo el día! Ese era el colmo, primero su pupitre estaba lleno de cartas de chicos diciendo que la admiraban a mas no poder, y ahora le quitaba su lugar como alumno modelo. Tenia que terminar con esas condiciones.

Cuando intentó hablar con ella sus amigas le dijeron que se había ido a casa, pues tenía mucho trabajo. Kyoya les agradeció y salió corriendo a buscar a la mencionada chica.

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Pasó casi todo el semestre sin poder hablar con Kumiko, pero muchas cosas habían cambiado, la actitud de la chica de los cabellos de dulce chocolate se había vuelto más frívola que la de el mejor alumno del departamento de finanzas; se le notaba más apagada, pero, al finalizar la ceremonia de clausura de clases tuvo la oportunidad de hablar con ella al fin después de tanto tiempo.

— ¿Qué ocurre contigo, porqué te estás comportando así? — La chica no se inmuto, se le veía totalmente paciente tal como en too ese curso, se levantó de la silla donde se encontraba y miró al Rey Demonio de Sangre Fría a lo ojos.

— ¿Qué? ¿Tanto te molesta que me comporte tal como tú? Pues no te preocupes tendrás el placer de no volver a verme, al fin que no te ha de importar eres un egoísta. ¿No te ha gustado que juegue el mismo juego que tú? Admítelo esta vez te he ganado yo. Bueno, me voy. — Se dio la vuelta y caminó hacia la salida, donde su amiga Arika y otra compañera de la Universidad la esperaban.

— ¡Kya… Kumi-chan eres muy malvada, qué actitud, quisiera ser como tú! — La chica de los lindos cabellos pelirrojos la abrazó y luego se dirigió a su acompañante — ¡Verdad Haruhi que Kumiko es genial, le hizo la vida de cuadritos al más amargado de la escuela! — Haruhi se dio la vuelta hacia atrás para ver la institución en la que estudiaban las tres chicas y vio a Kyoya detrás de ellas y parecía agua para chocolate.

— Bueno chicas, yo me voy tengo que hablar con alguien, ya las veré en la noche supongo. ¿El tren sale a las 7:45 p.m. verdad Mizuno- chan? — La castaña miró a la susodicha, la cual contestó a ello — Sí, nos vemos después, Fujioka-san… — Kumiko y Arika se dirigieron hacia la casa de la segunda para ayudarla con sus maletas, pues decidió volver a su hogar natal en Kyushu.

— Creí oír que habías dicho que ignorarías la actitud de Mizuno, pero veo que te equivocaste, la primera vez que lo haces en mi presencia supongo. —Miró a Kyoya con una sonrisa y luego continuó — ¿Te has enamorado de ella, verdad? Nunca nadie te había retado tanto y no te había visto celoso de una chica nunca en todo el tiempo que te conozco. Ya has oído, Kumiko se va hoy, aún supongo tienes tiempo para alcanzarlas, son las 7:24 p.m. Ve, yo estoy bien, tengo que esperar a Tamaki que no ha salido aún. ¡Bye, bye! — Haruhi se despidió y corrió de nuevo hacia el edificio de la universidad. Mientras, el viento soplaba algo fuerte, lo suficiente para levantar un poco de polvo.

Esta vez se daba cuenta de que lo habían vencido, por primera vez e imposible de creer, una persona con unos sentimientos tan fáciles de quebrar como el cristal mismo. Sonrió, después comenzó a correr rumbo a la estación, se dio cuenta de que esa niña había logrado vencer también su frío corazón de piedra.

¡!

— Bueno, supongo que me voy. Vendré a visitarte Arika, despídete de las chicas de mi parte. — La dama de los ojos turquesa observó a Kumiko y luego le dio un abrazo. — Pero, ¿por qué has decidido irte? Si es por Ootori-Kun yo puedo hacerlo callar. — Arika se veía un poco deprimida por lo que hacía su mejor amiga, pero no podía hacerla cambiar su decisión por más que quisiera.

La chica de los ojos almendra miró a su amiga y luego comenzó a hablar — He decidido hacer esto por mí misma. Me he comportado de este modo para aligerar el peso que ponía sobre mis hombros Ootori-kun al sólo mirarme con desprecio, y todo eso me ha dejado muy mal. Supongo que si vuelvo a casa tal vez logre olvidarme de él. Mi vida tiene que seguir y no quiero continuar aquí. Lo siento Arika. — Kumiko abrazó muy fuerte a su amiga para contener el llanto que quería brotar en sus ojos.

— Lo siento Kumiko-chan tengo que irme, Cuídate mucho y llámame en cuanto estés en Kyushu. — Salió corriendo y a un la o de ella pasó el ojivioleta que trataba de impedir a la chica que le había robado por completo el corazón. Kumiko estaba a punto de abordar el tren, cuando sintió de repente cómo la regresaban al andén jalándola de la mano derecha.

Se dio la vuelta y, antes de que pudiera decir algo, el Rey Demonio de Sangre Fría la abrazó. — Lo siento mucho, Mizuno-chan. Estaba tan encerrado en mi propio mundo que no me di cuenta de que tú eres diferente a todas esas chicas. Perdóname por ello. Te amo… — La tarde se fue en silencio junto con los trenes que pasaban a toda velocidad; los segundos e hicieron minutos y los minutos horas…

¿?

FIN DEL FLASH BACK

— Mamá, no tenías que contarlo tan específicamente, voy a tener que ver un psiquiatra después de esto. — Dijo la pequeña niña de los ojos almendra mientras miraba a la mujer con los mismos ojos, que era su madre.

—Lo siento niños. Pero me encanta recordar ese día… — Jun y Hanamatsuri miraban a Kumiko con un rostro de "qué" cuando Kyoya dejó el diario que había estado leyendo mientras esperaba a que su esposa terminaba de contar su anécdota.

— Muchas gracias Tía Kumiko, gracias tío Kyoya, su relato fue genial, pero tenemos aún más tarea. — Dijo Jun mientras se levantaba de su sitio, tomó su mochila y guardó su cuaderno.

— ¿No quieren que les cuente la historia de verdad que no es tan cursi? — Le dijo Kyoya a los niños, a lo cual Hanamatsuri tomó de la muñeca a Jun y comenzó a llevárselo de ahí sin decir nada.

— Sabes que dije parte por parte la verdad ¿O me equivoco? — Preguntó Kumiko mientras miraba a su esposo a los ojos con una dulce sonrisa — Pues no mentiste, pero aún así no deja de ser tan cursi el modo en el que lo cuentas. — Llevó Kyoya su mirada a su esposa y luego hacia los niños que se habían ido a sentar al comedor de la casa en donde pasaban en limpio lo que la dama de los cabellos café chocolate les había contado…
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Bueno, espero que les haya gustado, es bastante rosa a mi parecer, subiré más capítulos y serán muy interesantes, porque a partir de este punto comienza la…

Cap. 8.- Cuenta regresiva

Ciao ciao!