Hola todo el mundo! Hoy les dejo por aquí el episodio siete de este fanfic!

Agradezco a todos los que siguen, comentan, dan favorito a mi historia!

No soy dueño de ningún personaje, todo eso corresponde a sus respectivos autores.


Capítulo 7: Divergencia de destinos

-Vamos Tsunade, no estás feliz de verme aquí? – una voz seseante proclamó arrogantemente.

Un sujeto andrógino de piel blanquecina, pelo negro largo y lacio, con los párpados pintados, estaba de pie delante del dúo de kunoichis médicas en conjunto a su asistente de pelo gris, quien mantenía una pequeña sonrisa cínica.

La rubia mascullaba entre dientes, deseando que el mago que la acompañaba durante todo este tiempo estuviese a su lado en forma corpórea y no con esa estúpida capa que utilizaba para volverse invisible a todo, siendo su preferida para asustarla y mantenerla siempre alerta. La pelinegra por su parte, estaba preparada para liberar de su sello el paraguas que había recibido semanas atrás de su nuevo Sensei, un profesor bastante estricto pero atento a sus necesidades.

-Orochimaru, qué estás haciendo aquí? – con veneno en sus palabras, soltó la ojimiel.

-Tsunade…o Tsunade, es todo lo que le dirás a tu antiguo compañero de equipo? Tanto tiempo compartimos junto a Sarutobi-sensei y Jiraiya…- condescendientemente comunicó el Sannin de las serpientes.

Kabuto miraba detenidamente al par de féminas que estaban delante de él, presintiendo que algo estaba fuera de ellas. Según los datos que tenían, ambas deberían de ser cansadas y distraídas con todas las borracheras y malgastos de dinero que tenían. Pero lo que veía era nada parecido a que él tenía concepción. Lucían varios años más jóvenes y no exactamente gracias a un Genjutsu, sino como si hubiesen vuelto a entrenar bajo estrictas condiciones.

-Qué buscas, Orochimaru? No es común que aparezcas de la nada y quieras socializar…no desde que Sarutobi-sensei eligió a Minato-kun como cuarto Hokage…- lúdicamente respondió la mujer adulta, aplicando esas lecciones que el inglés le había dado sobre leer a las personas.

-Es cierto, pero antes que nada…dónde está ese hombre que las acompaña? – dejando que su sonrisa permanezca en su albino rostro, casi como si estuviese burlándose eternamente de la rubia.

-Cómo sabes de él? – Shizune cuestionó, sin romper su posición de alerta, tensando sus músculos.

Un leve chasquido de lengua provino del peligris con gafas, con sus dedos derechos hurgando su bolsa de kunais por cualquier intento de ataque.

-Orochimaru-sama sabe perfectamente de quien habla. Ese Uchiha que viaja con ustedes es bastante notable si me lo preguntan, más si va en compañía de la heredera del Shodaime Hokage- orgulloso de su maestro dijo el ninja espía.

Hari miraba atentamente todo el espectáculo que se había montado en medio de la callejuela desierta. Observando atentamente a los ojos de los dos sujetos que acababan de aparecer saltando entre los árboles, cosa que él percibió kilómetros atrás e ideó un plan junto a la Senju para ocultarse y ver como se manejaba con su ex compañero de batalla. Cuando vio por primera vez en los recuerdos de la rubia, el longevo sintió la imperiosa necesidad de buscarlo y desollarlo vivo, pero luego de unos segundos recapacitó y comprendió que él no era aquella persona que le quitó todo.

Se internó en su cabeza, sondeando cada recoveco retorcido que tenía, anotando cada singular detalle y realizando ingeniería inversa para recrearlos. Aunque lo último que vio le hizo sonreír de sobremanera. Al parecer volvería a ver a esa pequeña bola de pelos nerviosa.

Tsunade ya estaba hartándose de la actitud autoritaria que poseía la serpiente, frunciendo su ceño de la misma manera que el ojiverde le decía que no debía de hacerlo. Su mano derecha se convirtió en un puño, transformando la delicada piel rosácea de sus nudillos en un blanco enfermizo debido a la fuerza que aplicaba.

-Ha tomado un viaje de reconocimiento…como siempre lo hace- respondió la rubia, simulando malestar con la última parte, aunque muy en su interior sentía que no tenía que simularlo por completo.

-Escuché algo de ello, digo…como para aparecer en el libro bingo con pedidos en Kiri o Kumo, dice mucho de él. Sí, él sería mucho mejor receptor que Itachi o Sasuke- con deseo perverso comunicó la serpiente, lamiéndose los labios con su extensa lengua.

Shizune no pudo aguantar más, por lo que se abalanzó a toda velocidad contra el Sannin, arrojando senbon de manera imperceptible, los cuales fueron eludidos por el científico pero no por su ayudante, quien quedó en el suelo tras ser atacado en ciertos nervios periféricos.

-Senbon…bañados en veneno…es muy rápida- se quejaba el shinobi de pelo ceniciento, quitándose del cuerpo las agujas y salvarse de una puñalada proveniente de la pelinegra de no ser por el grito de su maestra.

-Shizune, tranquilízate! –

Un escalpelo se frenó a milímetros de la yugular del Oto ninja, abriendo los ojos al percatarse que nunca hubiese podido llegar a tiempo para tomar su kunai y defender su vida. El simple hecho de ver un brillo azulado en el filo hizo que Orochimaru se diese cuenta que su base de información estaba un poco desactualizada, ya que no tenía conocimiento que la Kato pudiese dominar chakra viento.

Sin darle la espalda, la aprendiz médica retrocedió lentamente hasta volver a posicionarse a la izquierda de su maestra, gruñendo como un animal en estado de alerta. Hari puso su mano en su espalda, dándole su apoyo moral para hacerle entender que esas palabras no debían afectarla, imitando el proceso con la ojimiel, quien sintió un escalofrío que deshecho inmediatamente.

-Solo lo preguntaré una vez más, Orochimaru…qué buscas? – con temple serio, interrogó la Senju.

-No sé si estás enterada, pero Sarutobi-sensei ha muerto. O mejor dicho, yo lo maté- feliz relató su acto.

-Vaya, parece que lo de Minato-kun te afectó mucho, no? – burlescamente contestó ella, aunque por dentro lamentaba la pérdida de su maestro.

-El anciano era un tonto al elegir a ese niño que se hizo matar. Pero no he venido a platicar sobre Namikaze, sino para pedirte que cures mis brazos- dijo la serpiente humana, mostrando sus brazos vendados.

-Qué te paso? Acaso te quemaste? No puedes utilizar uno de jutsus de cambio de piel? – divertida comenzó a preguntar, tratando de averiguar la razón del estado del Sannin.

Kabuto frunció el ceño de sobremanera, mirando fijamente con sus ojos a la Sannin de las babosas con la esperanza de que su cabeza se reventase o algo por el estilo. Orochimaru por su parte emitió un siseo de disgusto, solo para encubrirlo rápidamente con una risa sardónica.

-Ese viejo estúpido logró poner un sello Fuinjutsu en ellos, logrando su cometido de acabar con mi sueño de dominar todos los jutsus existentes antes de morir- habló el hombre de piel blanca y ojos amarillentos.

-Y tú quieres que cure tus manos, no? – molesta cuestionó nuevamente la mujer adulta, relajándose por un momento al sentir la mano del mago en su espalda, brindándole una calidez rara.

-Como pago te devolveré a tu novio y tu hermano. Puedo traer de nuevo a la vida a Dan y Nawaki…tan solo cúrame los brazos y los tendrás de nuevo a forma de pago por tu ayuda- con una voz mesmerizante replicó el líder de la Aldea del Sonido.

Las últimas Senju y Kato se quedaron mudas ante lo escuchado, solo para que ambas se enfurezcan rápidamente y liberen un instinto asesino que hizo retroceder al peligris y poner alerta a la serpiente. Odio emanaba de sus auras, liberando chakra alrededor de ellas como si una capa se tratase. Hari tuvo que hechizarles silenciosamente con un encanto de relajación, haciendo que suspire de frustración al ver que todavía requerían entrenar sus emociones o podrían jugarles una mala pasada en el futuro.

-Volveré dentro de una semana Tsunade, si deseas ver de nuevo a tus seres queridos solo tienes que curar mis brazos. Vámonos Kabuto, tenemos cosas que hacer todavía- finalizó el Sannin de las serpientes, siendo acompañando por su asistente mientras se perdían entre las frondosas ramas de los árboles verdes.

El habitante del viejo mundo observó con detenimiento el horizonte, percibiendo las energías de vida que emanaban aquellos dos sujetos bastante disputantes, ya sea por sus actitudes o por sus recuerdos, los cuales algunos bordeaban con el límite de la perversión humana.

Quitó despacio su capucha, revelando que era parte de su indumentaria, la cual había sufrido algunos cambios ante la insistencia de la rubia. Su capa de invisibilidad ahora mismo siendo un kimono azul oscuro como que el utilizaba la rubia pero con capucha, con una camisa negra por debajo y un pantalón holgado del mismo color, mientras que su cintura tenía una faja marrón que ataba con un nudo de moño su vestimenta.

-Sabes que lo que él te dijo no es posible, verdad? – cuestionó el ojiverde, mirando a los ojos de la rubia.

-Viste algo, no es así? Por cierto, gracias por ayudarnos a no enojarnos Hari-kun- con una suave sonrisa que provocó un revuelo interno al macho, respondió.

-No tienen nada que agradecerme Tsunade-chan, Shizune-chan. Pero por otro lado, lo que tu antiguo compañero dijo sobre ese anciano es cierto. Excepto que dejó de lado la parte donde ideó un plan de invasión y marcó a un niño con un chupón en el cuello, contando también con la parte en donde revivió al niño con corte de taza y al peliblanco…si te soy honesto, menudos compañeros tenías. Un pervertido y un pedófilo…- condescendientemente le dijo el hombre, haciendo que la pelinegra le salga una gota de sudor en la nuca y a la rubia se le marque una vena en la frente.

-No me recuerdes ese fatídico hecho…un momento, dijiste que revivió a mi abuelo y a mi tío Tobirama? Ese bastardo, juro que lo mataré cuando lo vuelva a ver! – exclamó iracundamente, intentando correr hacia el bosque solo para ser detenido por su ayudante y Hari.

-Tsunade-sama, por favor tranquilícese! Dentro de una semana podrá volver a verlo y golpearlo hasta la muerte si lo desea- habló Shizune, pretendiendo convencer a la Senju.

Hari no decía nada ante la demostración emocional de su compañera de viaje. Cuando escuchó aquel nombre en la oferta de la serpiente, no pudo sentir una pequeña molestia en su pecho, como si le urgiesen las ganas de pulverizar algo. Pero el ver los ojos color miel llenos de esperanza en un principio, tan solo respiró profundamente y guardó sus emociones muy profundo.

Recordó algo que vio en la mente del pálido Sannin, cerrando los ojos imprevistamente para localizar esa distintiva marca de energía para hallarlo cerca de ellos, haciendo que en consecuencia tome los brazos de ambas mujeres y empiece a guiarlas hasta el hotel del pueblo Tanzaku.

-Hari-kun? Qué sucede? – curiosa preguntó la rubia, al verse guiada al establecimiento que utilizaban para pasar los días.

-Acaso pasó algo, Hari-san? Viene alguien? – Shizune siguió su cuestionario.

-Espérenme aquí dentro. Acabo de percibir a un viejo conocido a unos kilómetros e iré a traerlo…de hecho, si quieren ir a beber algo para relajarse, háganlo pero traten de no emborracharse. Y eso va específicamente para ti, Tsunade-chan! – advirtió el mago, señalándola con su dedo índice, lo que la hizo sonrojar de vergüenza pues llevaba un buen tiempo en donde no cometía los mismo abusos que antes, y la verdad se sentía mil veces más joven.

Si tan solo aceptase ese retortijón en su cerebro y pecho, sería un millón de veces la sensación de jovialidad.


Las paredes blancas descascaradas del hotel emanaban una serenidad cansina, siendo perturbada solamente por la presencia de tres personas, dos vestidas con capas negras y nubes rojas, y un niño de pelo rubio con una chaqueta naranja como el sol del atardecer.

Hari tuvo que morderse la lengua cuando vio a la bola de pelos dentro del niño, aunque tuvo que contenerse cuando observó sus memorias en conjunto del joven con ojos rojos, quien dedujo que era un Uchiha tras haber escuchado infinitas veces a la Senju.

Pero cuando cierto objeto captó su atención, empezó a acercarse silenciosamente por detrás del dúo encapotado, llevando un dedo a sus labios en forma de silencio para evitar que el pequeño shinobi rubio exclame.


Un enorme agujero se había producido en una pared adyacente, producto de un pequeño pelinegro que acababa de ser arrojado por lo que parecía ser su hermano mayor. El rubio al ver que su compañero de equipo estaba en peligro, quiso intentar ayudar, solo para ser detenido por la voz de su ser interior.

-Kit, no intentes nada. No muevas un músculo, haz caso a ese sujeto- Kyūbi le dijo a Naruto con un tono temeroso.

-Quién es él, zorro monstruoso? Y cómo es que Itachi y el cara de pescado no se han dado cuenta de su presencia? – cuestionó el Jinchūriki en su mente, tratando de no moverse.

-Alguien en quien confiar…y te puedo decir tranquilamente que él puede lidiar con esos dos shinobis renegados sin sudar. Tan solo espero que no lo hagas enojar cuando estemos a salvo, no lo quieres como enemigo…lo digo por experiencia- la Bestia de Nueve Colas contestó, sufriendo un escalofrío tras recordar ciertas situaciones embarazosas para él y sus hermanos.

-Es muy fuerte? Puede enseñarme jutsus cool? Puedo elegirlo a él en lugar de Ero-sensei? – comenzó a preguntar un mentalmente inquieto Naruto, revelando sus genes Uzumaki.

Kurama observó la pequeña forma del rubio, quien saltaba en las puntas de sus pies con una sonrisa enorme. No lo soportaba, era un idiota que ponía una máscara de felicidad para ocultar su tristeza…pero aun así, le tomó cariño a pesar de su reticencia a los humanos. Había algo en el pequeño que le recordaba a alguien querido.

-Créeme bolsa de carne, él ya nos conoce y te cuidará…con él estarás a salvo siempre- con alivio y esperanza comunicó el zorro gigante.


La Senju estaba sentada en la mesa más alejada de la puerta de un pequeño local de comida junto a su aprendiz. Cuando divisó la imagen de su compañero de viaje masculino, no pudo evitar esbozar una sonrisa que fue vista por el ave blanca que estaba asentada en una ventana aledaña. Solo para ser traída de nuevo a la realidad cuando Shizune escupió el agua que estaba tomando, señalando con un dedo al Poteru.

-Hari-kun, por qué traes a un niño en tus brazos? – Tsunade atónita preguntó, olisqueando su copa de sake, revisando que no estuviese dosificado con alguna droga alucinógena.

-Es de Konoha, Tsunade-chan. Y tiene como misión encontrarte para que seas…bueno, eso te lo dirá él cuando despierte. No quiero arruinar su sueño- con una suave mueca alegre contestó.

Verlo atender con tanta delicadeza el cuerpo durmiente del niño rubio, le provocó una calidez en su cara, la cual eliminó tras percibir las miradas fijas de la Kato y de Hedwig.

-Y la espada, Hari-san?...Es eso un brazo azul? – con miedo interrogó la aprendiz de ninja médico.

-Digamos que encontré otra parte de mi colección y su antiguo portador era un tanto arisco a la hora de enseñármela- inocentemente respondió el inglés de ojos esmeraldas.

Tsunade y Shizune resoplaron fatigadamente, conociendo las actitudes infantiles que podía adoptar el hombre longevo cuando se le cruzaba una idea por la cabeza. Al menos ellas se encontraban a salvo a su lado, pues era el más cuerdo de los tres…aunque hay momentos en donde la lechuza de plumas níveas ocupase ese puesto.

-Ven Hari-kun, siéntate y déjame ver a ese niño. Luce demasiado flaco y pequeño a simple vista- tomando su mentalidad de doctora, pidió la ojimiel al pelinegro, quien solo pudo asentir y ver con alegría como la mujer poco a poco se iba recuperando de sus fantasmas pasados.


Terminó el capítulo número siete, espero que les haya gustado.

Las escenas que omití del encuentro entre Harry y los Akatsuki las contaré en el próximo episodio…así que no me maten en los reviews.

Qué piensan de la nueva actitud de Tsunade para los demás?

Creen que la presencia de Hari tuvo algo que ver?

Cómo piensan que actuará Jiraiya cuando descubra que Naruto ya no esté en el hotel?

Habrá hecho algo Hari a Itachi y Sasuke?

En fin, por favor sigan dejando reviews, ya sean comentarios o críticas. Ustedes me dan fuerzas para continuar.

Hasta la próxima!