Holaaaaaaaas, como regalo de primavera, este es el hiperlargo y delirante final de Revenge of Sakuno. Mil Gracias a todos por alentarme a continuar esta historia a través de sus reviews y por bancarse semejante espera para leer el final. Mas tarde voy a editar este capi para contestar reviews del capi anterior y de este cuando vayan apareciendo.
Advierto desde ahora que hay un par de escenitas fuertes (je je), y que hay un epílogo para redondear un cabo suelto que me había quedado.
Saludos, NtR
Capítulo 07: Intrigas terminadas
El teléfono estuvo sonando toda la mañana, pero nadie contestaba en la residencia de los Ryuzaki. Sakuno se tapó todo lo que pudo con las frazadas, pero era imposible no oir el timbre que no cesaba de sonar. La fiebre no la dejó dormir en toda la noche y su aspecto era lamentable. Tenía los labios resecos, dolor de cabeza y una molesta congestión. Se enderezó en su cama penosamente y sacó un movil de su mochila. Tapándose un oído y sujetando el celular en el otro marcó el número se Miyabi Fisher. El teléfono en el piso bajo de la casa no dejaba de tintinear.
- Hi..? - escuchó que alguien decía del otro lado.
- Miyabi... - habló con la voz absolutamente ronca.
- yeah, ¿Quién es?
- Sakuno Ryuzaki...
- ¿Sakuno? Suenas realmente mal ¿Estás enferma?
- Sí, ¿y a que no sabes quien tiene la culpa?
- ¿De que hablas? I'm sorry. Lamento no haber ido para lo de historia, pero mi hermano de verdad estaba... enfermo... - se apresuró a mentir Miyabi.
- No te llamé para escuchar mentiras. El trabajo quedó incompleto, por eso te llamo ¿Porqué no vienes a mi casa y lo acabamos juntas?
- ¿Qué? y ¿Echizen-kun? - preguntó Miyabi sorprendida - ¿qué pasó ayer que no pudieron acabar? - añadió con malicia.
- ¡Eso no te importa! - le gritó Sakuno con el resto de voz que le quedaba - Confórmate con saber que de no ser por tí no tendría esta horrible gripe...
- mmm, los pilló la lluvia. Eso es muy romántico...
- No te rías de mí.
- ¿Quién se ríe? Ustedes dos no tienen remedio ¿Qué fue lo que salió mal, ahora? - rezongó Miyabi.
- Lo sabía... Lo hiciste todo a propósito ¿Qué más te da a tí lo que suceda entre nosotros?
- Hey, hey, calm down. Te mueres por desahogarte Sakuno-chan. Cuéntame ¿Qué pasó ayer?
Sakuno iba a contestarle que no se metiera en su vida. Pero ella tenía razón, necesitaba desahogarse con alguien y no pudo encontrar a Tomoka por ninguna parte. Así que sin dar demasiados detalles le relató a grandes razgos, lo sucedido el día anterior.
- ¿y dices que Echizen no para de llamarte?
- Nadie más sería tan terco para insistir durante tres horas seguidas...
- ¿Quieres un consejo?
- Claro...
- ¡Contesta el maldito teléfono y escucha lo que tenga que decirte!
- Pero...
- Nada. Contesta la llamada. - la interrumpió tajante la pelirroja - Sakuno eres muy rara, parece que te complaces en no entenderlo. Estás continuamente buscando excusas para alejarte de él. Te tengo noticias, cuando quieres a alguien no hay garantías. Si no te arriesgas (con lo enamorada que estás de él) nunca serás felíz.
- ¿Y que se supone que voy a decirle?
- I dunno... ¿Porqué no lo invitas a tu casa?
- Mis padres no están.
- Mejor...
- ¡Miyabi!
- No pierdas más tu tiempo conmigo. Deja el trabajo de historia en mis manos. Ustedes ya saben. Tomense la tarde libre. Bye.
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- Kunimitsu ¿Sabes algo de historia?
El aludido le dedicó a su pelirroja interlocutora una elocuente mueca de fastidio. Se echó hacia atrás en el respaldo de la silla y bostezó ligeramente. Una gatita negra se paseaba entre sus piernas, lo cual pareció recordarle algo desagradable.
- Es la última vez que este gato entra aquí ¿Entendido? - le advirtió el joven de cabello rubio, señalando al pequeño animal.
- Ya te dije que Enika no se comió ese pez dorado de tu pecera - replicó Miyabi de inmediato, intensamente concentrada en la tarea manual que tenía delante. Sostenía unas tijeras y recortaba fotos para armar alguna especie de collage.
Tezuka Kunimitsu se puso de pie sin dejar de mirar con recelo a la gata negra, que sabiamente había ido a reunirse con su dueña. Espió por el rabillo del ojo el inquietante cartel sobre la mesa. Los colores le asomaron a la cara de inmediato.
- Tu crees que es necesario ser tan explícitos - observó señalando una fotografía en particular, pero la pelirroja se limitó a encogerse de hombros y continuar con su tarea - ¿Cuando te tomaste esa foto? ¿Fue en alguna fiesta de disfraces? - agregó desconcertado.
- No, fue en mi graduación del año pasado.
- ¿Era una fiesta de disfraces? - volvió a inquirir el muchacho de gafas con ingenuas esperanzas.
- No... - negó la muchacha que continuaba imperturbablemente su tarea.
El joven entrenador decidió no hacer más preguntas.
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Miyabi era muy determinada, pero ella, era Sakuno y sus tiempos eran diferentes. Necesitaba al menos ese domingo para estar a solas con sus pensamientos. Así que aunque el teléfono continuó sonando hasta la tarde, no se dignó a contestar. No tenía objeto, ella ya había tomado una decisión. Se sentía un poco tonta por haber estado tan enojada con él. No todo era su culpa. Quizá fuera alguien que no poseía en lo absoluto el don de la sutileza, quizá fuera algo arrogante, quizá nadie más que ella sería capaz de amarlo tal como era. Pero lo amaba y una verdad como esa no se esconde facilmente sin consecuencias. Aceptar su destino entonces era todo lo que le restaba hacer. El tiempo no importaba. Además, era cuestión de horas para que se encontraran en la escuela y cuando estuviesen frente a frente otra vez. No se dejaría enredar por cuestiones sin sentido y la verdad de su corazón, así lo esperaba, quedaría expuesta.
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Aún no se recuperaba del chaparrón del Sábado. Sentía dolor detrás de la nuca y en la espalda. Trató de hacer algunos ligeros ejercicios de estiramiento mientras se desplazaba perezosamente hacia su salón de clases. No reparó en el extraño ambiente que lo rodeaba. Ni en los llamativos carteles pegados a lo largo del pasillo. Estaba demasiado concentrado en fingir que se encontraba perfectamente. Aún cuando al abrir la puerta de su salón trendría que confrontar a Sakuno. La vergüenza tiño sus mejillas de un ligero tono rojizo, pero consiguió dominarse a último momento y para cuando entró en su salón su aspecto era tan altanero como de costumbre.
No quería mirarla a los ojos, pero cuando pasó junto a ella, no tuvo opción y se sorprendió de encontrarla innaturalmente calmada. Aún más, fue capaz de sostenerle la mirada y hasta sonreirle debilmente. El no pudo hacerlo tan elegantemente, se quedó petrificado en medio del camino estorbando el paso a sus compañeros, deseosos de volver a sus pupitres antes de que llegara el profesor. Entonces reaccionó tardíamente, entre las miradas asesinas de los numerosos alumnos que lo rodeaban. Tomó asiento a toda prisa tratando de ocultar sin éxito, que había vuelto a sonrojarse. Por suerte, la clase comenzó de inmediato, y no tuvo mucho tiempo para sentirse mortificado.
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Un gran tumulto se generó en el comedor de la escuela Seigaku a la hora del almuerzo. En el centro de aquel alboroto estaba un jovencito de cabello color caoba y aires de superioridad. En el bolsillo de su camisa guardaba un manojo de boletos para algún evento, los cuales aferraba como si fueran su pasaje al estrellato.
- Vamos, Horio ¡Véndeme los boletos de una vez!
- Horio yo te lo pedí primero. Quiero mejores lugares, los que esten mas cerca de la pasarela...
- Esos valen el triple - aseguró Horio sin inmutarse.
- ¿Es verdad que van desfilar en traje de baño?
- Claro que sí - respondió el dueño de los boletos sacando una pequeña libretita - Ahora hagan una fila. Nadie tiene privilegios, si quieren una entrada fórmense - añadió tomando asiento y disponiendose al oficio de boletero.
El capitán del Seigaku eligió aquel momento para aparecer en escena. Se sentó aparte y comenzó a comer su almuerzo solitariamente. Aunque estaba intrigado por saber que tramaban todos reunidos allá con Horio. Todos los varones de la escuela estaban allí formados, comprando alguna especie de entrada, bajo las despectivas miradas de las chicas que circulaban por el comedor. Cuando acabó su almuerzo se acercó curioso. Horio le daba la espalda y no lo vió aproximarse.
- Hey, Horio ¿Miyabi-chan te ha dado permiso?
- Si. Soy uno de los pocos vendedores autorizados - fanfarroneó Horio.
- ¿Es cierto que Ryuzaki participará?
- Sí. Yo también muero por verla en traje de baño ¿Te imaginas esas curvas? - decía Horio dibujando en el aire con ambas manos las curvas en cuestión.
Detrás de el, un par de ojos ambarinos relampaguearon furiosos. Antes de sospechar que estaba hablando demás, Horio se vió arrastrado hacia atrás violentamente. Su capitán lo sujetó de la camiseta y lo elevó hasta la altura de su rostro.
- Explícate... - murmuró Echizen como si estuviera masticando las palabras.
Horio tembló involuntariamente y no fue capaz de emitir ningún sonido. Todos los que formaban fila se dispersaron instantaneamente desalojando el comedor antes de que él pudiera abrir la boca.
- No fue mi idea... Echizen... Miyabi-chan... Fue ella... Es para juntar dinero para el campamento deportivo - balbuceó Horio con un hilo de voz, señalando con un tembloroso dedo un llamativo afiche pegado en la cartelera.
Ryoma tuvo que releer varias veces el cartel para darse cuenta que no se trataba de una pesadilla. Soltó a Horio que cayó desarmado en el suelo. El afiche rezaba: "Concurso de belleza en la escuela Seigaku" y debajo una fotografía mostraba a Miyabi Fisher en primera plana, que aparecía con una especie de bañador con volados que le cubría escasamente el cuerpo y una vincha con rídiculas orejas de gato. Para desgracia suya, detrás, en una foto más reducida pero no menos nítida, aparecían Sakuno y Osakada en bikini.
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La puerta del salón de clase se abrió violentamente y por ella un apuesto joven iracundo hizo su aparición.
- Hi, Echizen - lo saludó la única ocupante del aula.
- ¡¿Qué significa esto! - exigió saber el capitán del Seigaku esgrimiendo, como si fuera una espada, uno de los coloridos carteles que pululaban por toda la escuela.
- Salí muy bien ¿No crees? - declaró Miyabi contemplando el cartel con expresión crítica.
- ¡Sabes a que me refiero! - exclamó el otro fuera de sí.
- No a decir verdad, no. Y no pienso seguir escuchándote si no te calmas - le advirtió la pelirroja, abriendo su cuaderno con fingida aplicación - No estaría demás que tú o Sakuno-chan me ayudaran a acabar el trabajo de historia - le reprochó.
- No me vengas con idioteces y explícame que es todo este circo ¿Y porqué la escuela esta forrada con fotos de Sakuno en bañador?
- Oye, la que está en primera plana soy yo - objetó Miyabi ceñuda - Además con este cuerpo delante quien crees que miraría a tu novia - añadió con suficiencia.
- ¡No es mi novia!
- ¿Y entonces de que te quejas?
- ...
- No es conmigo con quien quieres hablar, Echizen-kun - dijo Miyabi con expresión suspicaz - ¿Porqué no vas y se lo dices? Dile que la quieres toda para tí... - añadió en un insultante tono meloso.
- ¡Deja de entrometerte! - exclamó Ryoma ofuscado.
La puerta volvió a abrirse. Esta vez, fue una jovencita de cabello castaño rojizo corto quien la atravezó. Ryoma volvió a quedarse paralizado. Ella lo observó con el mismo sereno semblante de antes. Le hubiera gustado que reaccionase como él, pues de otra forma se sentía un estúpido. "¿Es que solo yo, siento esto por tí?"
- ¡Llegas justo a tiempo! Echizen iba a decirte que te quiere toda para él... - comentó Miyabi Fisher como si fuera cualquier trivialidad.
Sakuno nunca había visto a Ryoma más horrorizado, cuando atinó a reaccionar fulminó con una mirada ardiente a la pelirroja que se doblaba de risa, inclinada sobre su cuaderno. Y aunque la escena le parecía muy cómica, no pudo evitar reparar en el cartel semiarrugado que Ryoma aferraba tan rabiosamente. Una súbita oleada de rubor azotó sus mejillas, pensar que el sábado había armado tremendo escándalo y ahora había fotos de ella semidesnuda adornando las paredes de toda la escuela.
- Puedo hablar un momento contigo Miyabi - dijo de repente recordando lo que venía a hacer.
- mmm? - murmuró la pelirroja sorprendida, que ya se ponía de pie, dispuesta a dejarlos a solas.
Ryoma no estaba acostumbrado a ser ignorado de aquella manera y si bien era conciente de que sus acciones de hace dos días eran reprobables. No creía que debiese ser castigado, antes de al menos tener la oportunidad de ofrecer una disculpa. En aquella habitación había agotado el último resto de paciencia que le quedaba, desgastada a fuerza de sostener el teléfono en la mano casi todo el Domingo. El capitán del Seigaku arrojó el cartel en un cesto, pasó junto a Sakuno como si no existiese y abandonó el aula.
- Veo que no seguiste mi consejo el Domingo... Y yo que todavía estoy terminando el horrendo trabajo de historia...
- Tranquila, pienso hablar con él durante las prácticas - repuso Sakuno, y endureciendo sus facciones añadió - Pero tenía que preguntarte antes por que hay fotos mías por toda la escuela!
- Tomo-chan dijo que estarías de acuerdo - respondió Miyabi despreocupadamente.
- Tomoka no me preguntó absolutamente nada! ¿Como crees que estaría de acuerdo con semejante locura?
- Lo hecho, hecho está... - sentenció la pelirroja - Te vés muy bien y Echizen está muerto de celos ¿Qué más quieres?
- Es inutil tratar de razonar contigo. No sé como te las arreglarás, pero desde ya te digo que no pienso concursar
- No puedes hacer eso. Eres una de las principales atracciones. Ya hemos vendido muchas entradas!
Sakuno se encojió de hombros y con aire resuelto se marchó de allí, rumbo a las canchas de tennis.
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Sentado sobre la banca, jugueteó con el mango de su raqueta haciéndola girar entre sus dedos como si fuera un trompo. Alzó la vista justo a tiempo para ver a Horio dar la vuelta número 83 a la pista. "Estúpido lujurioso, te lo tienes bien merecido. Cuando acabes tu castigo querrás permanecer célibe el resto de tu vida. Si estuviera en mis manos, cada uno de esos pervertidos que compraron entradas correrían la misma suerte que tú..."
- ¿Qué hizo Horio para que lo castigases de esa manera? - le habló una voz femenina, haciéndolo girar sorprendido.
El tennista no respondió de inmediato, la observó criticamente por unos instantes y luego volvió inclinar la cabeza sobre su raqueta.
- ¿Estás enfadado conmigo? - insistió la muchacha frente a él.
- ¿Porqué habría de estarlo? Supongo que tu tienes más motivos que yo...
Sakuno se agitó incómoda.
- Si tienes algo que decirme, este es el momento... - habló, como si pudieran comunicarse telepaticamente.
- Lo siento, pero el momento ya pasó - la corrigió Ryoma sin poder evitar que la rabia hablara por él, al recordar las interminables llamadas telefónicas.
- Entonces... ¿No tenemos nada más que decirnos? - insistió la muchacha tratando de conservar la calma.
- Espera... Si hay algo que quiero decirte - le habló muy seriamente de pronto aquel arrogante joven - Si quieres ganar ese concurso, no salgas en traje de baño. Fisher y Osakada te aventajan mucho en ese aspecto - agregó burlonamente.
Sakuno contuvo con gran esfuerzo la tentación de darle una bofetada.
- ¿Crees que no puedo vencerlas? - inquirió levantando una ceja.
- Es una opinión realista - continuó el otro, complacido con la creciente irritación de la joven.
- Pués ni siquiera pensaba participar. Pero ya que crees que no tengo oportunidad, ganaré ese estúpido concurso, así tenga que desfilar desnuda - lo desafió Sakuno completamente determinada.
Ryoma solo pudo verla marcharse con impotencia, sin dejar de pensar que el resultado de aquella tan esperada conversación había sido muy diferente al que preveia.
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El muchacho con el pañuelo en la cabeza giró la cabeza en todas direcciones buscando a sus compañeros. Consultó su reloj y observó con desdén el enorme gentío excesivamente masculino que lo rodeaba. Algunos de los que pasaban junto a él, se cuidaban bien de hacerlo a cierta distancia. La música del altoparlante retumbaba en su cabeza. Mala combinación para la disposición con la que se sentía. Los ojos negros centellearon por un momento al posarse en la larga pasarela improvisada en el gimnasio y la pesada tela que hacía de telón. No quería imaginarse a su hermosa novia arreglándose con el único fín de alimentar las lujurias de otros. Pero no podía evitarlo. Apretaba tanto los dientes que los hacía rechinar peligrosamente y las desconcertadas personas a su alrededor podían oirlo a pesar de la música.
Reparó en una figura algo solitaria que lo estaba observando. El joven capitán del Seigaku se acercó a él, tranquilo en apariencia pero rabiando tanto o más que el muchacho del pañuelo en su interior.
- Siento que enloqueceré en cualquier momento y los mataré a todos... - vaticinó Kaidoh por todo saludo, mientras apretaba los puños y dirigía amenazadoras miradas a cuantos pasaban a su alrededor.
- Tranquilízate, sempai. No ganas nada poniéndote de ese modo. - murmuró el otro fingiendo calma. Sí su sempai no lograba sobreponerse a sus emociones y comenzaba a golpear a todo el mundo, era probable que el se sumara.
- ¿Donde están todos?
- Ahí vienen...
Siete jovenes, se acercaban caminando lentamente desde la puerta, observando todo como si lo hicieran por primera vez.
- Si que han arreglado este lugar - comentó Oishi animado.
- Por supuesto que sí, con lo cara que ha salido la entrada. Parece que quieren hacer su entrenamiento en alguna isla hawahiana... - opinó Momoshiro revisando con tristeza su billetera.
- No te quejes Momo. Lo que vamos a ver bien lo vale. - dijo Syusuke reprimiendo una risita mientras observaba a Kaidoh y Echizen parados junto a la pasarela, haciendo arder el aire que los rodeaba.
- Eso si. Eso si. Me han dicho que las dos exporristas de o'chibi han crecido mucho. - declaró Eiji emocionado - Y también me muero por ver a la pelirroja que aparece en los afiches - agregó casi babeando.
- Te arrepentirías si la conocieras personalmente... - acotó Tezuka con el ceño fruncido. Kikumaru lo observó perplejo.
- Todo mundo dice que las alumnas del Seigaku son las más bellas de la región - terció Takashi Kawamura.
- ... Y aquí tengo estos informes para corroborarlo - interrumpió Inui Sadahiaru, señalando una libreta que extrajo de su bolsillo - Osakada Tomoka, 14 años, alumna de tercer año, 1,65 m de estatura, sus medidas son... - hablaba sin prestar atención a la persona que siseaba detrás suyo - 88, 61, 92...
Fue violentamente interrumpido por alguien que lo sujetó firmemente de su camiseta y lo jaló hacia atras.
- Kaidoh, ya estabas aquí... - sonrió forzadamente Sadahiaru frente a los ojos serpentoides que se clavaban en los suyos.
- Te lo has ganado Inui-sempai. - observó Echizen junto Kaoru con una expresión similar a la suya.
- ¡Kaidoh! - lo reprendió su ex capitán con voz severa.
Kaoru soltó a Inui de mala gana, metió las manos en los bolsillos y volvió a sisear como si realmente fuera una serpiente a la que que han pisado la cola. Su sempai recogió la libreta del piso, le sacudió el polvo y comenzó a hacer anotaciones cuidándose muy bien de volver a decir algo más, sobre la novia de su ex compañero de tennis.
La música continuaba animando el salón hasta que alguna agitación proveniente del escenario dió a entender que el evento estaba a punto de comenzar. De repente Kaoru se dirigió a sus compañeros con brusquedad.
- Ya saben para que los he llamado - habló el apodado víbora - Están aquí para cargarse a golpes a cualquiera que se propase con mi novia...
- ¿Qué? Yo creí que veníamos a ver un concurso de belleza - se quejó Eiji - ¡No es justo! Yo vine a ver chicas no para hacer de guardaespaldas - volvió a lamentarse.
- Sé realista Kaidoh sempai. Todos los varones de la escuela están aquí y ni hablar de los que vinieron de otras escuelas - terció Echizen ocultando su propia frustración bajo la gorra - Por cierto ¿Porqué están aquí el Hyotei, St Rudolph y el Yamabuki?
- Es cierto, parece que todas las buenas escuelas de tennis han sido avisadas - comentó Oishi con preocupación.
- Miyabi Fisher fue la que distribuyó las entradas. La mayoría de sus contactos fuera de esta escuela son de otros clubs de tennis - explicó Tezuka algo irritado.
Ryoma volvió a maldecir entre dientes a aquella pelirroja que tantos problemas le causaba con una mezcla de frustración y cólera. Observó a los abundantes espectadores ir y venir emocionados por el inusual espectáculo que iban a disfrutar. Ahogó su rabia como pudo. No era probable que pudieran golpearlos a todos. "Sin embargo, todavía hay algo que puedo hacer...".
- Ya va a empezar! - chilló Eiji exaltado.
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Sakuno se desvestía con inusual lentitud. Tenía la vista fija sobre un bañador de dos piezas color azul que Miyabi le había escogido para la prueba del traje de baño. "Creo que no me atreveré, después de todo. Bueno, al menos Ryoma estará feliz", pensó mordiéndose el labio inferior.
- ¿Qué haces? ¿Aún no estás vestida? - la apremió Tomoka que lucía un bikini amarillo pato - Tienes que hacerlo Sakuno, si no yo no me atreveré tampoco - añadió sonrojándose un poco.
- ¡Sakuno apresúrate! Ya casi es tu turno - intervino Miyabi que llevaba puesto un bañador blanco de seda, tan delgado que casi hubiese dado lo mismo que fuese desnuda - Lo hiciste muy bien la pasada anterior ¿Qué hay de diferente ahora?
- Miyabi, cuando salí, llevaba puesto un vestido que me llegaba a los talones - se excusó Sakuno.
- Mira, voy a darte un poco de tiempo. Pronto será mi turno - propuso la pelirroja mientras se vestía apresuradamente con un sobretodo negro que había arrancado de una percha - Vean y aprendan novatas - añadió colocándose sugestivamente un sombrero que hacía juego con el sobretodo. A su turno, salió a través del telón intespetivamente, mientras Sakuno se colocaba el bañador y Tomoka espiaba la pasarela.
- ¡Sakuno, no vas a creer esto! - informó Osakada escandalizada - Se ha puesto a bailar como una de esas bailarinas desnudistas... - continuó, ante el desconcierto de Sakuno que ya estaba completamente vestida, aunque temblaba de pies a cabeza - Vaya, si no tiene suerte con el tennis, podría dedicarse a eso... - añadió por último.
- Tomo-chan, creo que no podré hacerlo. Es mejor que...
Alguién tocó la puerta del vestuario, y numerosas miradas femeninas se voltearon en aquella dirección. Una de las participantes se dirigió hacia allí, no sin antes asegurarse de que todas estuvieran vestidas. La mayoría de las muchachas estaba bastante nerviosa, así que en principio, ninguna prestó atención a los llamativos ruidos al otro lado del telón.
- ¡Ryuzaki sempai! Alguien la está buscando... - gritó la chillona voz de la que había ido a abrir la puerta.
- Pues tendrá que esperar a que desfile, ya casi es mi turno - contestó con nerviosismo Sakuno, sujetando la pesada tela del telón como si fuese a salir disparada en ese mismo momento. Tomoka a su lado estaba boquiabierta espiando los disturbios que cierta exhibicionista pelirroja, provocaba en la pasarela. Para entonces, los alarmantes sonidos del exterior eran obvios para todas las participantes.
- Sakuno.
La muchacha del cabello rojizo se volteó, la que hablaba era una voz masculina y lo hacía a solo un metro de ella. Las otras participantes se debatían interiormente entre presenciar aquella extraña escena entre el apuesto Ryoma Echizen y la capitana del equipo de tennis, o espiar los desconcertantes acontecimientos al otro lado del telón.
- Ya que no me has dejado opción y como todo siempre sale mal cuando lo intento de otra manera. Seré directo esta vez - dijo Echizen, que estaba tan rojo como su campera y miraba de soslayo al numeroso público femenino que lo rodeaba - Pérdoname, por lo del Sábado. Es que todo... Todo lo que soy, tambalea cada vez que te acercas a mí. Me siento tan indefenso que no hago más que decir tonterías sin pensar. Tenías razón sobre mí, hasta que te conocí solo pensaba en mi mismo. Nunca he amado a nadie como te amo a tí, como si yo no importara realmente. Si tu eres feliz yo también lo soy... - se calló repentinamente. Sakuno, que al principio no sabía a donde apuntar su mirada, si a sus cuchicheantes compañeras de secundaria, a la horrorizada Tomoka que espiaba los gravísimos hechos que tenían lugar en la pasarela o a sus pies para tomar vergonzosa conciencia de que estaba casi desnuda frente al joven del que estaba locamente enamorada. Entreabrió los labios lentamente, no consiguió decir nada, pero Ryoma volvió a hablar.
- Quería disculparme antes... Pero tú me conoces... No quería que supieras, que tienes mi corazón en tus manos, y que puedes estrujarlo hasta que deje de latir, pero que hasta el último suspiro te pertenecerá...
Tenía que pellizcarse, tenía que ser un sueño. El doloroso codazo de su amiga Tomoka la convenció de que todo era real.
- ¡Ahí viene Miyabi! Luego vas tú - le advirtió, su alocada amiga que no había sido testigo de la romántica escena que tenía a las demás concursantes en ascuas a la expectativa de una respuesta por parte de Sakuno. Miyabi atravezó el telón en aquel momento, había perdido el sombrero y jadeaba como si la hubiera perseguido una jauría de perros. A pesar de ello se veía estupidamente feliz, con voz soñadora murmuró.
- Me han descalificado...
- ¿Por eso estás contenta? ¿O será porqué casi te rapta la multitud de pervertidos que se abalanzó sobre la pasarela? - la inquirió Tomoka cejijunta, a su lado Sakuno y Ryoma parecían pertener a otro universo, uno donde solo se encontraban ellos dos.
- Kunimitsu-chan me ha defendido - replicó la pelirroja sin poder dejar de sonreir.
La perplejidad de Tomoka subía de nivel conforme sus ojos castaños iban de Miyabi a Sakuno que se había echado en brazos Ryoma y lo besaba apasionadamente, entre los aplausos de las demás participantes, que no podían esperar a desparramar un chisme tan gordo como aquel por toda la escuela.
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Osakada examinó con detenimiento el labio herido de su novio, que intentaba hacerse hacia atrás entre furiosos resoplidos.
- Quédate quieto...
- Te dije que estoy bien... No es nada...
- Déjame curarte... Al menos así me sentiré mejor. Vamos a tu departamento - insistió la muchacha, su voz se ahogaba en el considerable tumulto que la rodeaba, pero aún así el joven la oyó, y tuvo que simular que se arreglaba el pañuelo sobre la cabeza para que su novia no viese la lasciva sonrisa que asomaba a su rostro
El concurso había finalizado entre silvidos, y escaramuzas a los costados de la pasarela. Ya que de las tres alumnas más votadas una había sido descalificada y la otra no completó la última prueba. La corona de reina brillaba ahora sobre la abultada cabellera de la novia de Kaidoh kaoru. La luz blanquecina del gimnasio se colaba fuera de las puertas abiertas de para en par, haciendo destellar la diadema entre las sombras de la numerosa concurrencia que vaciaba lentamente las instalaciones de la escuela. Los exintegrantes del equipo de tennis del Seigaku no tardaron en reunirse fuera.
- Nunca volveré a aceptar una invitación tuya, Kaidoh. - chilló Eiji frotándose la mejilla derecha, terriblemente hinchada.
El aludido se limitó a encojerse de hombros y sisear malhumorado. Pero nadie parecía de peor humor que el entrenador Tezuka, sus lentes torcidos con ambos cristales rotos descansaban sobre su afilada nariz sobre la cual brillaban restos de sangre seca. Una pelirroja insistía en permanecer pegada a su lado, llenándolo de atenciones, bajo la mirada envidiosa de Kikumaru que se acercó a Oishi decepcionado.
- No puedo creer que te hayas peleado por mí Kunimitsu chan... - dijo la pelirroja, excitada, a su pálido acompañante. Sus amigos reunidos alrededor rieron entre dientes al escuchar que se trataba con tanta familiaridad al que fuera su severo capitán.
"No puedo creer que te pusieses a bailar como una bailarina exótica, frente a toda la escuela", pensó exasperado el entrenador, pero en lugar de decir aquello replicó.
- Más bien te escondiste detrás de mí y todos se lanzaron para quitarme de en medio.
- No seas modesto Kunimitsu chan... - habló la imperturbable pelirroja sin dejar de sonreir.
El joven entrenador suspiró de puro tedio y continuó caminando con su extrovertida compañera aferrada a su brazo. Varios metros delante otra pareja parecía entenderse mejor que el resto. Sus manos se entrelazaban, y sus labios se curvaban constantemente como si no pudieran dejar de sonreir.
- Creo que de todos modos me daba mucha vergüenza salir en traje de baño...
- Te veías muy bien... - repuso Ryoma sonrojándose sin que le importara con los ojos entornados hacia el rostro de su hermosa novia. Ella se ruborizó también, pero en lugar de desviar la mirada como hubiera hecho en otras ocasiones, la mantuvo firme sobre la suya hasta que el posó sus cálidos labios sobre los suyos. Una traviesa brisa nocturna se meció entre los árboles y alborotó sus cabellos enredando algunas delicadas hebras rojizas con oscuros mechones verdeazulados.
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Una hostería en las montañas, fue el lugar elegido por Sumire sensei y su asistente, como lugar de entrenamiento. Las prácticas comenzaban muy temprano e incluían trotar largos paseos por escarpadas pendientes, práctica de tennis en las pistas, más largos paseos por pequeños bosques desgarrados por numerosos rios de poca profundidad y más prácticas de tennis en las pistas. Para cuando llegaba la hora de la cena, más de uno se ahogaba literalmente por quedarse dormido sobre su plato de comida. Inusualmente el clima comenzó a ponerse frío para aquellas épocas del año y por las noches los cuartos de las chicas y de los varones, estaban bien provistos de frazadas demás. Pasados los siete dias que duraría la estadía, los dos capitanes de los equipos de tennis, coincidieron en que no podían pasar más tiempo sin verse. Varones y chicas entrenaban por separado y solo se cruzaban brevemente a la hora del almuerzo y la cena. Sin embargo no había manera de que pudiesen verse en secreto sin valerse de un cómplice...
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"No sé por que me meto en estas cosas...", pensaba Miyabi caminando hacia el hall del hospedaje con un termo de café bajo el brazo. La noche era bastante fresca así que se puso su campera antes de bajar, pero no le resultó suficiente y ahora trataba de ganar algo de calor apretando los puños en los bolsillos. Bajó los últimos peldaños de la escalera al borde del agotamiento, las prácticas de la mañana la habían dejado practicamente exánime y ahora tendría que distraer a su joven entrenador el resto de la noche para que los dos enamorados pudieran divertirse. "Bueno, supongo que es parte del oficio de celestina que me ha tocado".
- ¡Kunimitsu-chan vengo a hacerte compañía! - exclamó desde la escalera.
Tezuka estaba sentado junto a una mesa pequeña con un velador que daba una luz tenue y amarillenta. Sostenía sus apuntes en una mano, pero los hizo a un lado sorprendido momentaneamente con la aparición de la inquieta pelirroja.
- Debes estar cansada, Miyabi. No hace falta que te quedes aquí, vé a dormir. - dijo quedamente el ex capitán.
- Whatever... Me quedaré contigo. Traje café. - respondió ella bostezando, aunque por un momento estuvo por tomar por buena la sugerencia y regresar a su cómoda cama. Tomó asiento frente a él de modo que pudiera tapar la entrada. Sakuno y Ryoma tomarían aquella ruta en cualquier momento y ella tendría que estar preparada para distraer a Kunimitsu.
- ¿Qué lees? - inquirió sin ningún interés real.
- Te aburrirías si te explico. - contestó Tezuka volteando la vista nuevamente hacia sus textos.
- yeah, tienes razón. - repuso ella mientras servía el café en unas tazas - Tén - añadió alcanzándole una.
"Gracias", murmuró el joven de gafas tomándola. Sus dedos rozaron los de ella, pero él no pareció notarlo y se llevó la taza rapidamente a los labios. En cambio Miyabi se quedó víendolo con una expresión indefinible por unos cuantos segundos.
- El otro día me preguntaste por que empecé a jugar al tennis... - murmuró ella echándose hacia atras en el sillón adoptando la posición más cómoda que pudo.
- Sí lo recuerdo. - dijo el joven sin despegar la vista de los apuntes.
- Tú deberías saberlo mejor que nadie ¿No lo recuerdas? - aseguró Miyabi tomando la taza con ambas manos para calentarse.
- mmm...? - Tezuka la observó perplejo - ¿Porqué debería saberlo?
- Lo has olvidado entonces... - murmuró la pelirroja soplando su café pensativamente.
El entrenador no respondió y volvió a fijar la vista en sus papeles con aburrimiento. Pero Miyabi no era de las que se quedan con la palabra en la boca.
- Tenía nueve años cuando te conocí. Do you remember me? - habló la muchacha con un raro brillo en sus ojos esmeralda - I was a very little girl, very funny child... - agregó con nostalgia. Tezuka entornó sus ojos hacia ella y bebió otro sorbo de café. "Si te recuerdo.", pensó, pero no dijo nada.
Flashback
- ¿Porqué lloras? - preguntó un niño rubio alto y delgado.
- Eikichi-chan, Ei.. Eiki... - balbuceó la pequeña, llorando a mares sin poder contralarse. - Rompió mi muñeca... - sollozó.
El niño volteó su mirada hacia el lugar por el que el otro se había marchado, y luego dijo.
- Yo jugaré contigo ¿Sabes jugar tennis?
- No... - respondió la niña, negando con la cabeza.
- Vén. Te enseñaré. - musitó él tendiéndole la mano.
La pequeña la tomó sin vacilar. Una gran sonrisa iluminó su rostro. De la mano, los dos niños abandonaron la plaza.
fin del flashback
Débiles ruidos venían de la escalera. Tezuka no reparó en ellos pero Miyabi sabía lo que significaban. Se puso bruscamente de pie como si hubiera sido accionada por un resorte. Pero su pie derecho quedó atorado con una de las patas de la mesa ratona y cayó sobre su estudioso entrenador. Este parecía petrificado en su asiento. La muchacha alzó la cabeza, esperando de todo corazón que su torpeza hubiera servido al menos para esconder la fuga. Sus ojos color esmeralda se clavaron en los de él haciendolo enrojecer vivamente. Su rostro, su hermoso rostro, estaba tan cerca. La pelirroja lo tomó entre sus manos y consiguió rozar sus labios antes de que el pudiera reaccionar. Él la apartó suavemente sujetándola de las muñecas. Cuando la joven estuvo de pie, desarrugó sus apuntes y comenzó a leerlos nuevamente, no sin antes murmurar secamente "Ten más cuidado", como si nada hubiese sucedido.
Miyabi permaneció de pie unos segundos sintiéndose una completa idiota. ¿Qué podía hacer? Deseaba más que nunca irse de ahí pero si no se quedaba al menos la hora que había prometido. Tezuka descubriría a los dos fugados, con pesar volvió a sentarse en su lugar y clavó la vista en el suelo. "Pensar que solo comencé a jugar tennis para estar cerca de ti"
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- Estás pensando lo mismo que yo... - susurró de pronto Sakuno antes de bajar el último tramo de escalera que los conduciría fuera del hospedaje.
El apuesto joven frente a ella la observó con perplejidad por un instante. Luego se le acercó hasta acorralarla contra la pared donde la besó largamente. La muchacha se apartó suavemente, sus manos acariciaron los cabellos negro azulados de su novio.
- No estoy hablando de eso tonto... - volvió a murmurar con dulzura - Hablababa de que afuera hace mucho frío ¿Qué podemos hacer a la intermperie?
- mmm... No lo había pensado... - repuso Ryoma, que estaba obsesionado con aquellos labios.
- Si Miyabi va a quedarse con Tezuka-san. Podemos usar su habitación ¿No crees? - propuso Sakuno con una astuta sonrisa - Es él único aparte de la abuela que tiene habitación para él solo. Tenemos que bajar esta escalera y tomar el pasillo hacia la izquierda.
El muchacho se quedó estupefacto al oir aquella propuesta de boca de una muchacha que siempre había considerado sensata. Además, desde la malograda tarde lluviosa en las canchas de tennis callejero, se había cuidado muy bien de hacer cualquier insinuación.
- ¿Qué dices? - lo interrogó ella con sus ojos cafes brillando en la penumbra.
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No resultó dificil robar la llave de la recepción, donde el celador no emitía otra señal de vida que no fueran unos acompasados y regulares ronquidos. Los dos fugitivos se dirigieron a hurtadillas a la habitación Tezuka. Todo estaba pulcramente ordenado allí, Ryoma y Sakuno examinaron largamente el lugar, ningún detalle debía escaparseles a fin de dejar la habitación exactamente como estaba cuando se fueran. Concluido el examen Ryoma apoyó la espalda sobre la puerta y suspiró algo aliviado. Empero el alivio no duró demasiado y se estremeció al sentir la mano de su novia deslizarse bajo su playera.
-Parecías más decidido cuando estabamos en las escaleras... - observó languidamente la joven, mientras su dedo índice se deslizaba sugerente sobre el abdomen del desconfiado muchacho frente a ella.
Ryoma se pasó nerviosamente la mano por el cabello. Se sentía inseguro sobre como responder. Ella era su novia, pero en vistas de que había actuado con tan poca delicadeza la última vez que una situación similar se había presentado, estaba determinado a no arruinarlo en una nueva ocasión. Por otro lado aquel simple contacto estimulaba otras partes de su cuerpo, menos generosas en cuanto a respetar los tiempos que imponía el romanticismo.
- ¿Estás segura de que quieres hacer esto?
A manera de respuesta, Sakuno se quitó la campera y la dejó caer sugerentemente sobre una silla. Su novio la observó con intensidad un momento, entonces sus conflictos internos parecieron resolverse instantaneamente. Se acercó a ella para tomarla entre sus brazos y depositarla lentamente sobre la cama de su desprevenido entrenador.
Los besos y las caricias se hicieron más apasionados, hasta que consiguió quitarle la abrigada camiseta blanca que cubría aquella piel tan exquisitamente suave. No era un completo inexperto, pero en aquel momento se sentía todo un explorador. No se cansaba de recorrerla con sus labios. Ella se movía sensualmente debajo de él, volviéndolo loco de excitación. Entretanto sus manos habían bajado hasta sus caderas y comenzaron a tirar suavemente hacia abajo los largos pantalones deportivos de la capitana. Muy pronto estuvo entre sus piernas, su compañera se apresuró a quitarle la playera. Sus manos se entrelazaron mientras sus lenguas se buscaban afanosamente. Ryoma la sintió tan fragil entre sus brazos, tan vulnerable. Pero estaba segura, mientras el la abrazase la protegería, y la amaría aún más, si eso fuera posible, de lo que ya la amaba. Sus gemidos lo enloquecían, quería hacerla vibrar de placer, quería hacerla tan feliz como él lo era en aquel momento. Le quitó las bragas y sus dedos se movieron ágiles entre sus piernas haciéndola temblar de pies a cabeza. "Te quiero dentro de mí...", susurró ella. Su delgado cuerpo se agitó entero cuando consiguió penetrarla. Sus instintos los hacían moverse febrilmente, sus suspiros, sus gemidos y el sudor se entremezclaban. "Te amo...", consiguió murmurar Ryoma en su oido. Las palabras se colaron en sus labios, por que simplemente no podía pensar en otra cosa que no fuera en cuanto amaba a esa mujer, en cuanto había deseado hacerla suya. Mientras se fundían lentamente, repitió su nombre, temiendo que se desvaneciera de un momento a otro, temiendo que fuese un sueño.
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- ... Cuando salimos, Ryoma devolvió la llave y el celador continuaba dormido...
La muchacha hablaba a media voz, para no despertar al resto de las integrantes del equipo, aunque no habría sido necesario a juzgar por el tono de algunos ronquidos. La otra, pelirroja, la escuchaba todo lo atentamente que su cansancio le permitía.
- No te preocupes. Arreglamos toda la habitación antes de irnos...
- Eso espero. Creeme que Kunimitsu-chan es capaz de notar hasta el cambio más insignificante... - murmuró la pelirroja intercalando algún que otro bostezo - Me alegro por ustedes, pero ni siquiera tuve tiempo de hacer el bolso y mañana nos vamos a primera hora. Tendrás que ayudarme... - agregó con pesadumbre.
- ¿Kunimitsu-chan? Él deja que los llames así? - inquirió Sakuno con curiosidad.
- Bueno... En realidad no, pero no me importa. Nos conocemos desde niños, es amigo de mi hermano... - explicó Miyabi brevemente, mientras apoyaba la cabeza en la almohada - Buenas noches, Sakuno-chan...
- Buenas noches - respondió la castaña emulando a su compañera - Gracias Miyabi-chan...
- Your welcome...
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- Kunimitsu...
- mmm...
- Yo... tengo...
- ¿No puedes decirme en el bus? Ya nos estamos llendo.
- Solo un minuto. Espera. Solo será un minuto.
- Dime.
-Yo sé que no sientes lo mismo que yo.
- ¿Sobre que?
- Sobre nosotros.
- ¿Nosotros?
- Yo... Yo estoy enamorada de tí.
Silencio.
- Sé que piensas que...
- Miyabi-san.
- ¿...?
- Tenemos que irnos ahora. Súbete al bus.
Silencio. Una puerta que se cierra.
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El motor del bus estaba en marcha ya solo estaban de pie Sumire sensei y su asistente, asegurándose de que todos estuviesen a bordo. A una señal de la entrenadora, el conductor comenzó a conducir el vehículo por el camino escarpado.
" No puedo dejar de llorar... Todos están mirándome debo verme patética..."
- ¿Estás bien Miyabi-chan? - la inquirió Sakuno con expresión preocupada.
- Sí... No es nada. Algo debe haberme entrado en el ojo... - mintió la pelirroja forzando una sonrisa.
- mmm... ¿Segura? - insistió la chica de los ojos cafés.
- Sí, ya se me pasará... - volvió a balbucear Miyabi recodándose en su asiento.
Afuera hacía un día espléndido, era una pena que los intensos rayos del sol no pudiesen iluminar algunos oscuros rincones del corazón.
FIN
NOTA DE LA AUTORA: Este es el fín de la historia RyoxSaku, para los que se quedaron con curiosidad por saber que pasa entre Tezuka y Miyabi, acá vá un epílogo.
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EPÍLOGO
- Tezuka. Vén a mi despacho. Es urgente. - habló la entrenadora Ryuzaki, dos días después de regresar del campamento.
El joven de cabello rubio y gafas, la observó impasible unos instantes y luego asintió con la cabeza. Diez minutos después estaba frente a su ex entrenadora, escritorio de por medio.
- Tezuka ¿Sabes algo de esto? - le preguntó enseñándole unos papeles en su mano.
El muchacho los tomó y comenzó a leerlos rapidamente. Reconoció de inmediato la alargada letra de Miyabi Fisher, donde explicaba que declinaba su titularidad en el equipo de tennis por motivos personales.
- Pensar que estuve a punto de expulsarla tantas veces. Y justo ahora, de cara a las nacionales... ¡Esto es un desastre!
- Hablaré con ella - se limitó a decir el ex capitán del Seigaku. Sin dejar traslucir emoción alguna.
- ¡Realmente espero que tengas suerte!
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La muchacha de cabello rojo llameante caminaba rumbo a la salida del colegio. Su aspecto era regular para una alumna de instituto. Llevaba el pelo peinado pulcramente y no había ni una sola infracción en su uniforme. Pero algo en su porte, en el mismísimo aire que la rodeaba, hablaba de cuan innatural era aquel aspecto en ella. Alzó una opaca mirada de matices verdes y suspiró con tristeza. Frente a ella bloqueándole el paso estaba un joven alto de gafas y aire severo.
- Miyabi, ¿porqué renunciaste al equipo?
- Motivos personales... - murmuró con amargura e intentó continuar su camino, pero él volvió a atravesarse.
- No tienes que renunciar. Yo lo haré.
- Haría mal. Esto es importante para usted entrenador y para mí ya no lo és más. No pienso volver a jugar tennis jamás.
- Miyabi...
- Perdóneme entrenador. Esta vez no puedo complacerlo...
La joven reanudó la marcha con el mismo vacilante paso de antes. Su ex entrenador la observó fijamente unos segundos y luego se alejó de allí.
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- Kunimitsu, quiero hablarte de algo importante...
¿Desde cuando Eikichi usaba aquel tono de ultimatum? pensó su amigo contrariado.
- Dime.
- Sé que no es de mi incumbencia. Así que seré breve.
Tezuka asintió con la cabeza en señal de que tenía vía libre para hablar.
- Mi hermana me contó... Bueno me dijo lo que sucedió en el campamento.
Su interlocutor iba arrugando el ceño de forma casi imperceptible.
- Demonios, amigo... Pudiste haberle respondido al menos
-¿Qué querías que le dijera?
- La verdad. Si no sentías lo mismo que ella simplemente debiste decirselo ¿pero ignorarla? No se trata así a una chica.
- Es una niña - adujo Tezuka desvíando la mirada.
- No lo és y lo sabes. De todas maneras es tarde, el daño está hecho... - dijo el otro con tristeza casi para sí mismo.
- ¿Te refieres al torneo?
- ¿Qué torneo? ¿Solo puedes pensar en eso? Me refiero a que regresará a Londres. Se va en cuanto se gradue. - murmuró el otro con un dejo de amargura - Voy a extrañarla...
Su amigo lo observaba compadecido pero sin acabar de comprenderlo. Ya no podía recordar la cantidad de veces que se había quejado de ella. En todo caso era un verdadero dolor de cabeza ¿Quién puede extrañar algo así? Pero misteriosamente, en ese momento, reparó en que él compartía esa angustia. Quizá a pesar de todo también él iba a extrañarla un poco.
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La pelirroja apoyó la cabeza sobre el pupitre y quedó oculta entre sus brazos. Casi dormida, no se había dado cuenta que el recreo había comenzado y el salón estaba vacío. La puerta rechinó y el ruido de pasos la sobresaltó. Alzó una vidriosa mirada.
- ¿Entrenador? - dijo restregándose los ojos.
- Miyabi, me gustaría que me buscases en las pistas de tennis cuando acaben las clases ¿Podrás hacerlo? - le preguntó Tezuka con la mayor frialdad.
- ¿De que se trata?
- Tennis
- Le dije que no volvería a jugar - replicó la joven con aspereza.
- Si vienes, podré dar una respuesta a tu confesión.
- ¡No hablas en serio! - exclamó Miyabi con incredulidad
- ¿Cuando no lo he hecho?
- ¿Qué me pedirás a cambio?
- Quiero que juegues un último partido conmigo.
- No.
- No discutiré contigo. Vén si así lo deseas. Te estaré esperando. - habló Tezuka cortante mientras le daba la espalda y cerraba la puerta tras de sí.
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Hizo algunas anotaciones en las planillas mientras veía salir de las pistas de tennis a algunas titulares que se quedaron practicando hasta último momento. La capitana se acercó a él limpiandose el sudor bajo la gorra con la mano.
- No puedo creer que el torneo nacional comience pasado mañana y Miyabi no esté aquí. - se lamentó con aire frustrado.
Su entrenador no le prestó mucha atención, tenía la vista clavada en una persona que se acercaba desde los vestuarios.
- Vé a ducharte Ryuzaki. - le ordenó.
- ¿Esa no es Miyabi? - preguntó señalando sorprendida a la joven que se acercaba con el uniforme deportivo del Seigaku.
- Ryuzaki, por favor. Déjanos solos. - demandó nuevamente Tezuka. Pero ahora era Sakuno quien no lo oía, ya que Ryoma le hacía señas desde la alambrada para que se acercara.
La bella capitana murmuró un apresurado saludo, cargó sus raquetas y fue veloz hacia la salida. Al cruzar a Miyabi en su camino, le susurró.
- Suerte...
- No la necesito - contestó la pelirroja sonriendo levemente.
Mientras Sakuno y Ryoma se besaban cerca de la alambrada. Tezuka Kunimitsu y Miyabi Fisher medían sus fuerzas en la cancha.
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El partido acabó 6-1, 6-1, a favor de Tezuka, pero de alguna forma sentía una extraña liberación. Nunca había pasado tanto tiempo sin sostener una raqueta en la mano. El simple hecho de sostenerla, sentir aquel peso familiar, la hacía sentir mejor. La levantó y comenzó a alinear las cuerdas, espiando a su contricante por el rabillo del ojo. Este se había acercado a la red y permanecía allí inmovil observándola.
- Buen partido Miyabi - le dijo de pronto.
La muchacha no contestó. Se acercó a la red y se detuvo frente a él mirándolo con fijeza.
- Tú y yo nos parecemos en eso. - volvio a hablar el joven - El tennis no es solo un deporte para nosotros. Es una forma de conectarnos con los demás y con nosotros mismos. El tennis forma parte de tí. Algo así, no es negociable, nada ni nadie debería apartarte de él. Por que la primera perjudicada, serías tú.
Miyabi odiaba admitirlo, pero estaba de acuerdo. Anhelaba tanto hacerle daño, que sintiera algo, una mínima parte del dolor que la embargaba por dentro, que no reparó en que también se lo hacía a sí misma.
- ¿Vas a contestarme, ahora? - preguntó la pelirroja con decisión - ¿Qué sientes por mí?
Tezuka enmudeció por unos segundos y desvió su mirada frunciendo el ceño, como si estuviera buscando una respuesta en su interior. Finalmente sus ojos negros volvieron a fijarse en ella, resplandeciendo a través de las gafas.
- Lo lamento, pero no eres "así" de especial para mí. - le dijo secamente.
Era una respuesta. No la que le hubiera gustado escuchar, pero una respuesta al menos. Ahora era libre de sentirse todo lo desolada que quisiera, ya no albergaba ninguna esperanza. Agachó la cabeza para que no la viera llorar, pero él pudo oir sus sollozos ahogados de todos modos. Puso una mano sobre su hombro tratando de brindarle alguna fortaleza, pero eso solo la hacía llorar más. Miyabi lo sujetó desesperadamente de su playera, ya no le importaba que viera su rostro lleno de lágrimas, ya nada le importaba.
- ¡No me has dado ni una oportunidad de llegar a tí! Pensé que tu frialdad era solo en apariencia... Pero...pero no hay nada dentro de tí que valga la pena... Te odio... - gemía ella cubriéndose el rostro con ambas manos.
- ¡Miyabi! contrólate - le exigió Tezuka enfadado. Pero ella continuaba sollozando sin parar. Vaciló por unos instantes y luego se alejó en dirección a la salida.
La muchacha se dejó caer de rodillas en el suelo. El sol se puso y comenzó a oscurecer.
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Finalmente. Finalmente el torneo nacional llegaba a su fin. Mañana se jugarían los últimos partidos, el breve entrenamiento de ese día lo había dejado exahusto. No había nada que pudiera hacer para mejorar el rendimiento de Echizen, pues no se podía mejorar lo que era perfecto, pero en cuanto al resto del equipo había mucho que hacer. Los dobles seguían siendo el punto débil del Seigaku, y estuvieron indecisos hasta el último minuto antes de dar las formaciones definitivas. Pensando en las posibilidades que podía deparar el día siguiente se encaminó hacia las duchas, mucho después de que los alumnos se hubieran retirado.
Azotó la puerta del vestuario y está vibró con estrépito contra el marco. Llevaba una toalla al cuello y se quito algo de sudor de la frente antes de arrojarla sobre una banca. Se dejó caer pesadamente sobre esta y apoyó su raqueta a un lado sobre el suelo. No solo se sentía abrumado fisicamente, las emociones en su interior amenazaban con volverlo loco desde que rechazó a la hermana pequeña de su amigo. Se quitó las gafas y masajeó el lugar donde antes habían estado apoyadas. La puerta volvió a crujir, pero el no podía enfocar bien sin sus lentes. Cuando volvió a ponerselos ella estaba parada allí. Dejó caer algo a sus pies. Observó consternado la prenda junto a sus zapatillas, eran unas bragas blancas.
- No te molestes. He cerrado con llave... - musitó Miyabi frente a él - Estoy dispuesta a llevarme algo de tí. Digamos un recuerdo... - añadió sentándose a horcajadas sobre él y echándole los brazos al cuello.
- ¿Estás loca? - fue lo único que atinó a balbucear su entrenador. Comenzando a sentir como su cuerpo reaccionaba naturalmente a aquel contacto sin que pudiera hacer nada para evitarlo.
- Sí... - susurró ella rozándole el cuello con sus labios.
No podía controlarse, sus manos la exploraban entera. Hubiera querido ser más fuerte y apartarla de él, pero sus instintos jugaron en contra. Era tan hermosa, tan suave, su piel exhalaba una fragancia tan particular a la que no podía volverse menos que adicto. Cuando volvió a ser conciente de sus actos, estaba sobre ella sintiendo su corazón desbocado latiendo bajo su pecho. La besó apasionadamente. Sujetaba sus manos a la altura de su cabeza, sus dedos entrelazados apretandose con fuerza queriendo fundirse el uno con el otro. La oía gemir de placer, mientras susurraba su nombre entrecortadamente y le decía que lo amaba. Volvió a perderse en las indescriptibles sensaciones que lo invadían, todas ellas, envueltas por el perfume de la hermosa pelirroja a la que le hacía el amor con locura.
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No fue si no hasta que el torneo Nacional acabó y el Seigaku pudo quedarse con el campeonato tanto en la categoría masculina como femenina que el entrenador Tezuka Kunimitsu, tuvo la suficiente paz mental para procesar debidamente lo ocurrido. Ya en la soledad de su apartamento se pasó la mano por el cabello rubio. Aún no podía creerselo, había actuado como un demente. Ella era una alumna, la hermana de su mejor amigo. ¿Qué estaba pasando por su cabeza en ese momento? Apenas podía saberlo. Todo lo que podía recordar eran sensaciones, emociones que todavía hacían que su cuerpo reaccionara como si lo recorriera una corriente eléctrica. Cuanto más lo meditaba menos sentido le hallaba. ¿Que pensaría ella de él ahora? Todo lo sucedido, seguro haría que abrigara esperanzas, a las que él no estaba seguro de querer corresponder. Se tomó la cabeza entre las manos tratando de encontrar el sentido, una pista, algo, que le dijera como debía enfrentar esta situación.
Decidió prepararse un poco de té, que seguir dándole vueltas al asunto. Era claro que tenía que decidir que actitud tomar de una vez por todas. El nunca había sido indeciso en ningún aspecto de su vida y no era un buen momento para comenzar. Ese fin de semana era el baile de graduación, como asistente de la entrenadora Ryuzaki el debía asistir. De seguro Miyabi esperaba que la invitara. Suspiró con desánimo e hizo la taza de té a un lado. Con una súbita resolución, se vistió y salió de su apartamento. Llamó a la puerta de su mejor amigo.
- umm, Kunimitsu... - lo saludó Eikichi sorprendido - ¡Es muy temprano! - agregó bostezando.
- Eikichi, necesito hablar con Miyabi ¿Podrías llamarla?
- No está. Ultimamente no pasa mucho tiempo aquí. Es más probable que la encuentres en la escuela, salió hace diez minutos.
Tezuka se despidió de su amigo, algo desanimado, para dirigirse a la escuela. Por que todo siempre resultaba peor de lo que esperaba. Se había imaginado muchas cosas, pero que Miyabi quisiese evitarlo era algo con lo que no contaba ¿Porqué otra razón saldría entonces tan temprano hacia el colegio? De todos modos, nada ganaba especulando con las fantasías en su cerebro. La inminente confrontación lo diría todo.
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Por desgracia, para el joven asistente de la profesora Sumire, los entrenamientos aún no acababan, Y esa última semana antes del baile de graduación fue especialmente desgastante. Aunque muchos se graduaban ese año y no tenía sentido una vez finalizados los torneos nacionales que siguieran presentándose regularmente, seguían haciéndolo con asiduidad. Tanto el equipo femenino como masculino continuaba reuniéndose y disfrutando de los últimas prácticas ya sin las presiones del torneo. Era una verdadera tortura ver a Miyabi tan alegre como siempre, como si nada hubiese sucedido, jugando, haciendo bromas a sus compañeras de equipo. Todo era exactamente igual que antes del campamento. Todo, excepto su relación.
Ella lo trataba cortestemente, lo llamaba entrenador y le hablaba cuando era necesario. Era como si lo hubiese olvidado, como si nunca hubieran sido otra cosa que un entrenador y su alumna ¿Pero que otra cosa habían sido? Lo sucedido en los vestuarios no podía considerarse un hecho menor, sin embargo, no por eso había una obligación por parte de ninguno a continuar algo que nunca tuvo futuro. Y sin embargo. Sin embargo, no podía ignorarlo. No solo no podía ignorarlo. Su mente no podía enfocarse en otra cosa.
Cuando la veía su corazón se aceleraba, sus sentidos se impregnaban de ella. Se sonrojaba como un chiquillo y se descubría espiándola cada vez que tenía la ocasión. Muchas de esas veces hubiera deseado no hacerlo, puesto que sus numerosos admiradores estaban a la orden del día. Entonces una rabia ciega lo invadía y la idea de impartir castigos poco ortodoxos para un profesor lo seducía con intensidad.
No se había presentado ninguna oportunidad para hablar a solas con ella, y aunque en un principio no quería hacerlo. El correr de los días con la creciente angustia de que iba a perderla para siempre, le hizo cambiar de parecer. Buscó cualquier ocasión de quedar a solas con ella pero simplemente no se presentaba, hasta que un día la providencia vino en su ayuda. Jugando un partido de práctica Miyabi tropezó y se retiró cojeando de la pista. Sin meditarlo un instante la tomó en sus brazos y aunque ella protestó energicamente la llevó hasta la enfermería para examinar la lesión.
- ¡¡Te dije que no es nada! - se quejó Miyabi poniéndose tan roja como su pelo. La piel se le había erizado ante el simple roce de los dedos de su entrenador.
Tezuka hizo caso omiso de sus comentarios y continuó examinando el pie desnudo de la muchacha por unos momentos. Se había arrodillado frente a ella para poder hacerlo mejor. Una vez que estuvo conforme murmuró.
- Parece que está bien...
La joven lo observó con desdén y trató de hacerse a un lado para volver a ponerse la zapatilla, pero el la retuvo. Sorprendida, Miyabi, permaneció quieta contemplandolo con los ojos muy abiertos. Tezuka se abrazó a su cintura casi con desesperación. Al fín volvía a sentir la fragancia de su piel, la tibieza de su cuerpo. Estaban tan absurdamente feliz solo con eso, que casi habría podido llorar.
- ¿Qué me has hecho? - musitó respirando entrecortadamente sin apartarse de su regazo.
- Lo que necesitabas... - respondió friamente Miyabi soltándose de su abrazo.
El joven de gafas continuó arrodillado en el suelo, mientras la muchacha se calzaba apresuradamente la zapatilla. Pero cuando se pusó de pie para marcharse se colocó sobre la puerta bloquéandole la salida.
- Por favor... Por favor... Habla conmigo. No soporto tu silencio...
Ella sonrió, pero su sonrisa ya no era desdeñosa, había algo distinto en su expresión. Tal vez era lástima.
- Quizás deberías preguntarte por que todo eso te importa. Y entonces sabrías cual es la verdadera fuente de tus problemas. No soy buena, Tezuka-kun. No debería haber hecho lo que hice, pero no pude evitarlo. Creo que no puedo perdonarte, y siendo así, a los dos nos conviene estar alejados.
La joven trató de abrirse paso una vez más, pero el muchacho continuó sin moverse de la puerta.
- No soy tan estúpido como crees. Sé que lo he comprendido muy tarde, pero mis sentimientos hacia ti... Son... - hablo Tezuka casi susurrando, sus ojos negros resplandecieron encendidos.
- No me interesa oirlo - se negó la muchacha comenzando a impacientarse.
- Te amo...
La muchacha lo contempló con la misma inexpresividad que si le hubiera hecho un comentario sobre el clima.
- Me dejarás ir ahora... - insistió en tono cansino.
Comprendiendo su derrota, el joven entrenador se retiró un poco de la puerta. Sin perder un instante la pelirroja abandonó la habitación. El eco lejano del viento hacía vibrar un poco los cristales de la ventana, tal como si fuera el sonido de dos corazones razgándose al mismo tiempo.
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- Supongo que de nada servirá que te pida que lo reconsideres - inquirió gravemente Sumire sensei.
- No - respondió su ex pupilo, una extraña sonrisa asomó timidamente a su rostro.
- ¿Puedo preguntar los motivos? - continuó interrogandolo la entrenadora - Sé que, este trabajo, no te entusiasmaba mucho al principio, pero pensé que había llegado a agradarte...
- Así fue... - afirmó parcamente Tezuka Kunimitsu, mientras se echaba hacia atrás en su silla y lanzaba miradas soñadoras por la ventana. El despacho de la entrenadora era agradablemente fresco a esa hora de la mañana - Sin embargo, teniendo en cuenta que le advertí que solo tomaba el cargo en forma temporal cuando acepté. No me siento culpable de dejarlo ahora...
- Y no deberías, sé que casi no te dejaba tiempo para estudiar. A decir verdad no me sorprende, pero en fín, tenía esperanzas - admitió Sumire sonriendo con resignación.
- Lo lamento sensei... - fue todo lo que pudo decir el joven de gafas volviendo a sonreir debilmente.
- ¿Es muy atrevido de mi parte preguntar a que se deben esas sonrisas? - indagó nuevamente la entrenadora, conocía a aquel joven hace muchos años y era la primera vez que lo veía realmente feliz - ¿Tienen algo que ver con los motivos de tu renuncia?
Tezuka volvió a sonreir levemente, se puso de pie e hizo una ligera reverencia a su entrenadora antes de abandonar el despacho. Sumire se acercó a la ventana con inquietud, y lo observó alejarse hacia las pistas de tennis del equipo femenino. "Kunimitsu... Algo me decía que tomarías ese camino...".
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Miyabi se había duchado, se sentía algo más despejada, pensaba, con alguna reticencia, que el mismo día de la semana que viene estaría nuevamente en su tierra natal. Sakuno y Ryoma se habían reunido a la salida de los vestuarios, juntos, sonrientes y enamorados, se marcharon rumbo a algún lugar donde pudieran estar solos. La pelirroja los despidió, llena de envidia, mientras trataba de idear, alguna forma de pasar el rato, que le permitiera olvidarse de Tezuka Kunimitsu al menos cinco minutos. Como si lo hubiera convocado con el mero pensamiento, este se materializó frente a ella.
- ¿Qué quieres? - le preguntó secamente.
- Quería preguntarte algo... En realidad quería hacerlo antes pero no se presentaba la oportunidad...
La pelirroja lo contempló con elocuente desconfianza, pero el joven, que parecía inexplicablemente feliz continuó hablando como si nada.
- ¿Vendrías conmigo al baile?
Esta vez la muchacha estaba decididamente desconcertada, se alejó unos pasos hacia atrás.
- Pensé que te había dejado claro que no me interesa permanecer cerca de tí - replicó Miyabi, desde una distancia que consideró segura - Además, no creo que las normas del colegio permitan que lleves una alumna como pareja...
- He renunciado.
- ¿Porqué! - inquirió la muchacha, sorprendida
- Para poder hacer esto... - respondió el joven zanjando la distancia entre los dos para tomarla en sus brazos y besarla apasionadamente.
Miyabi se resistió (o pensó hacerlo, más tarde no pudo dilucidarlo) al principio. Puso las manos sobre su pecho e intentó empujarlo (o sería que lo habrían sujetado de la playera acercándolo más hacia ella?), pero su fuerza la sobrecogió dando lugar a un pensamiento más pragmático, se quedó quieta y lo disfrutó, quizá mucho más, de lo que creía que le debía a su dignidad herida, por el anterior rechazo del ahora apasionado amante.
-... Oye, estoy muy enfadada contigo... - replicó la muchacha de forma poco convincente, cuando pudo separarse un poco de él. Para entonces, algunos curiosos miraban disimuladamente o no tanto, desde alguna distancia a la extraña pareja - Y de todas formas no puedo ir contigo a ese baile...
- ¿Porque no? - inquirió ahora el ex entrenador, sorprendido.
- Por que me voy mañana. Regreso con mi padre... - se limitó a informar la pelirroja apartándose completamente de aquel joven seductor - Conseguí lugar en un vuelo anterior. Lo siento Kunimitsu, tendrás que encontrar otra compañera - añadió con seriedad, e intentó continuar su camino, pero él la sujetó de la mano y la detuvo en seco.
- ¿A que hora sale el avión?
- No quiero que vayas a despedirme. Me despido aquí... - habló Miyabi, sus ojos se tornaron brillantes, con suavidad, extendió una mano para tomar las gafas del muchacho frente a ella, antes de volver a unir dulcemente sus labios a los suyos - Adios... - murmuró, regresándole las gafas, luego se marchó hacia la salida de las pistas de tennis.
Su ex entrenador solo la veía borrosamente sin sus lentes, o tal vez fueran las lágrimas que empañaron sus ojos durante un rato.
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- ¿Se ha ido?
- Si, esta mañana muy temprano... Me dijo que ya se había despedido de tí ¿No lo hizo?
Kunimitsu meneó la cabeza molesto. No había podido pegar un ojo en toda la noche y una fuerte jaqueca lo había estado fastidiando desde la mañana. Trató de marcharse del apartamento de su amigo.
- ¿Y a quién tienes en mente para el baile? - preguntó Eikichi, extrañamente poco preocupado, por el lamentable estado de animo de su mejor amigo.
- ¿Bromeas? No pienso ir - afirmó Tezuka con determinación - En lugar de eso, trataré de conseguir un vuelo a Londres. Solo así me tomará en serio.
Por casi un minuto entero, Eikichi que lo conocía casi desde que tenía memoria, no pudo articular ni una palabra. Tezuka Kunimitsu era la persona más sensata y precavida que había conocido en su vida, que de un momento a otro decidiera marcharse a Londres tras su hermana menor, no era algo que hubiera podido predecir.
- Te veré luego - murmuró apresuradamente el joven rubio y despareció tras la puerta del apartamento.
- ¡Que cruel eres, Miyabi! ¡Esta loco por tí! ¿Que otra prueba necesitas? - habló Eikichi sintiéndose culpable, al oir que se abría la puerta de una de las habitaciones.
- Ninguna más... - susurró una voz femenina tras él.
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El timbre sonó a las siete de la mañana ese Sábado, cansado, mas no sorprendido. Kunimitsu se dirigió hacia la puerta, pensando que pudiera ser Eikichi que acababa de llegar luego de una larga noche de juerga. No se molestó en peinarse, ni siquiera en ponerse la bata, solo vistiendo un par de pantalones cortos y sus lentes, abrió la puerta sin más. Pero en lugar de encontrar a Eikichi ebrio sobre el suelo, se sorprendió de ver a su hermana sosteniendo una taza frente a sus ojos.
- ¿Me harás el desayuno Kunimitsu? - susurró Miyabi con voz dulce.
- Te haré mucho más que eso... - replicó Tezuka, jalándola dentro del apartamento.
La puerta se cerró con estrépito, durante algunos minutos se oyeron murmullos y risas al otro lado. Mas fueron reemplazados lentamente por un denso silencio, interrumpido solo ocasionalmente por débiles suspiros y jadeos.
Fin del Epílogo
Notas de la autora: La verdad quería cerrar todas las historias juntas pero la inspiración me vino de esta manera. Prometí final feliz y allí lo tienen. Un abrazote a todos... Saludos, NtR
