Capítulo 7

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"Creo que deberíamos consumar nuestro matrimonio antes de regresar a Invernalia."

Estaban en la biblioteca y si no le había estado prestando su completa atención antes de eso, ahora sí la tenía. Levantó la mirada del libro que leía y la vio de pie al lado de una estantería. Él a su vez se a encontró a sí mismo con dudas, "¿Está segura?"

"No." Le admitió, "Pero esa fue la razón por la cual nos casamos, ¿no?"

Se encontró balbuceando por unos momentos y algo le decía que ella se echaría para atrás llegado el momento. "…Deberíamos comenzar por algo más inocente, ¿no le parece?" ella se quedó mirándolo de tal forma que lo intimidó, "Para estar cómodos…que haya más confianza. Y no la haga sentir tan incómoda."

La mayoría de matrimonios arreglados no funcionaban así, "¿Cómo qué?" preguntó, pues que él se mostrara tan entendible era algo que aún la sorprendía. Y también tenía experiencia, como todo el mundo sabía.

"Como besarnos…caricias…" Murmuró, cada vez sintiéndose más incómodo, aquello tan sólo era normal, ¿Por qué se lo hacía decirlo cuando sabía de qué se trataba? Se estaba arrepintiendo de haber hablado para cuando la tuvo acercándosele, apoyando sus labios contra los suyos por varios segundos. Antes de retirarse por completo la mirada fría que le dio tampoco fue que le diera mucho aplomo.

En los próximos días hubo un par de besos cortos aquí y allá, a veces la sentía con buena disposición para ello, otras veces no tanto. El beso casto de buenas noches se convirtió en la única constante.

Sansa por otro lado no pudo dejar de comparar aquellos consecuentes besos con los que le habían dado antes. Podrick a todos los dejaba atrás.

Había deseado el beso de Joffrey, los de Petyr los había recibido con indignación y cautela, y los de Ramsey…con revulsión y después terror.

Sólo llegaba a la conclusión definitiva que los besos de Podrick pasó de temerlos a tolerarlos, inmediatamente del primero al segundo.

Y en los consiguientes la aprehensión y la cautela empezaron a desaparecer con cada uno.

Podrick empezó a apostar a los momentos pasajeros en que sentía creaban una conexión. Acariciarla también, ya fuera solo el brazo o a posar la mano en su espalda mientras caminaban. Esta última en las primeras ocasiones haciéndola tensar, más no deteniéndolo. Nunca se atrevía a iniciar nada en la cama.

Por parte y parte decidieron evadir el tema de su inminente intimidad y en cada conversación que tenían, cada paseo que hacían, cada comida que compartían la sentía tratando de entrar en más confianza con él. A veces forzadamente, otras, parecía olvidar lo que los unía y hablarían por un buen rato sin sentirla colocando la barrera.

Romance no era lo que ella deseaba.

En un paseo había recogido una flor que había resistido el clima frío y se la había dado, ella se quedó mirándola, pero no le prestó mayor atención al recibirla. Al menos le quedó que no la tiró porque la tarde siguiente la vio empezando a marchitarse en una mesa al azar que había por uno de los pasillos.

Palabras bonitas…ella había hecho un sonido entre incredulidad y burla con su garganta cuando le dijo una frase que él creyó conveniente para el momento. Y le había dado un 'no' en chanza y empujándolo del pecho para que no se atreviera a continuar.

Rápidamente empezó a notar lo que le agradaba de él o no. Que fuera gentil y servicial parecía llamar su atención. A veces también, cuando le llevaba la contraria en alguna conversación la vería un tanto irritada, dependiendo de lo que hablaran, pero al mismo tiempo queriendo desmenuzar el porqué de sus opiniones. Casi retándolo a hacerla cambiar la de ella.

Una noche se quedó con los guardas que estaban de descanso ese día, compartiendo con sus compañeros comida y conversación. Cuando regresó a la casa la encontró dándole la espalda y de pie a uno de los ventanales, le dijo que lo había escuchado cantando…y que no había vuelto a cantar para ella. Muy bien sabía que era muy atenta en cuanto a cómo se expresaba, Podrick le recordó su precio por una canción…

Se giró hacia él, mentón en alto, "¿Qué te pagan los guardias?"

"Protegerme la espalda cuando es necesario en el campo de batalla, e incluso fuera de este."

"Mmmm…Eso tiene más valor que un par de besos."

Mantuvo las distancias, aunque pudo ver que esta conversación los estaba entreteniendo a ambos, talvez por eso fue que continuó, "…Depende de quién de los besos."

Sansa exhaló, como si no se hubiera visto eso venir, hombres, "…Endulzarme el oído no funcionará, estas al tanto de eso, ¿verdad?"

"No me atrevería, créame. Mi señora a ratos me intimida."

¿A ratos? "¿Ya no siempre?"

Sansa se le quedó mirando, entrecerrándole los ojos. Él se encogió de hombros, "…A ratos siento que mi presencia le agrada, así que ya no me intimida tanto."

"…Me agrada porque no tengo con nadie más con quien compartir mi tiempo." le dijo con sarcasmo, caminando directamente hacía él e intimidándolo con ello porque lo vio respirando profundo y expectante. Al pasarlo de lado llamó su nombre, y ambos se miraron por sobre el hombro, "…Estoy aburrida, ven y entretenme cantando..." el precio a final de cuentas no venía a importar.

La podía entretener de otras formas, pensó, y la vio sonrojándose cuando pareció leerle el pensamiento. Para no negarlo se sonrió, "…Será un placer."

"…Seguramente." Le contestó sin detenerse y continuando el camino, él detrás de ella y mientras ascendían por las gradas entretuvo aquella posibilidad por primera vez, ¿Él le podría dar placer? ¿Si ella se proponía a dejar sus temores de lado podría llegar a disfrutarlo?

Después de entrar a la habitación hablaron, cuantas canciones quería, te sabes esta, trae vino. Se cambió detrás del biombo, algo que nunca hacía pues para cuando él entraba a la habitación ella ya estaría protegida debajo de las sábanas y él sintiendo la tensión no diría nada en cuanto a ello. Él a su vez se deshizo de su abrigo y se desabotonó el chaleco, se quitó los zapatos. Cuando se giró a mirarla la vio con una bata larga y de manga sisa que dejaba sus brazos descubiertos, y la parte superior de su pecho también. Era lo menos sin ropa que la había visto y pasó saliva tratando de no quedarse mirando. Sería ya a mitad de su repertorio que notaría unas cuantas cicatrices en sus brazos.

Ella se sentó en frente del espejo y empezó su tarea de cepillarse el cabello detenidamente, él observando y después de un momento antes de hacerla incomodar le preguntó sobre si sabía tocar algún instrumento y agradablemente la conversación se fue por aquellos rumbos por varios minutos. Encontrando varios puntos en común en esa conversación.

"…Una dama debe saber de aquellas cortesías." Le comentó cuando lo vio impresionado con sus conocimientos. "Fue para lo que me criaron. Ser una dama."

Podrick le asintió, estudiándola, viendo sus dedos trabajar ágilmente mientras se hacía una trenza, no entendiendo como le quedaba perfecta al tener su cabello hacia un lado. "Pero a usted en verdad le gustaba la música, lo puedo ver, con todo lo que sabe…"

Sansa se encogió de hombros. Dando por terminada aquella conversación. Él se le quedó mirando fijamente, hasta un punto incomodándola. "¿Qué?" preguntó un tanto defensiva.

"…En verdad me gustaba ese peinado…" se escuchó diciendo y la vio llevándose la mano a la trenza, "Mi favorito en usted, me preguntaba en aquel tiempo porque dejó de hacérselo."

Sansa se miró a la trenza, "…El peinado de mi madre." Decidió compartirle aquello y lo vio dándole una sonrisa fingida que para ahora sabía iba para emitir compasión.

"…Le queda muy bien."

No supo porque aquello la sorprendió y se encontró no segura de que responder, había estado a punto de agradecerle, pero decidió a mejor no hacerlo. En silencio fue y se sentó en la cama y él le cantó canciones que ella conocía mientras tomaban vino y continuaban hablando de música, y las nuevas canciones que no conocía por mantenerse ocupada en su oficio. Al principio tras cada canción se colocaba de pie para ir hasta donde ella y besarla, cada vez más prolongadamente, más tan solo apoyando sus labios sobre los del otro.

Para la cuarta canción Podrick decidió reclamar su pago completo a lo último. Pero cuando la vio acostándose volvió a interrumpirse dos canciones después, esta vez sentándose en la cama e inclinándose sobre ella para besarla de aquella manera. Sonrojada le mantuvo la mirada por unos segundos después de que se volviera a enderezar.

Fingiendo ignorar su incomodidad le acarició el brazo, contándole de varias canciones que todos sabían estaban inspirada en ella, y de otras más que no podía decir a ciencia cierta pero que le daban esa idea. Esas no se las cantó, pero trató de recordar las letras de algunas y se las dijo lo mejor que recordaba, ella después de unos momentos pidiéndole que no continuara, que la avergonzaba y lo hizo reír con aquello. "Hay una canción sobre nosotros dos, bueno dos, hicieron otra cuando se dio a conocer lo de nuestro matrimonio."

Sansa del todo no se encontraba cómoda con estar acostada y él sentado a su lado, y no lo alejó con palabras, pero lo vio lo hizo con su movimiento de sentarse, "…Lo sé."

"¿Lo sabe?" preguntó incrédulo y caminando hasta la mesa.

Le asintió, "Mis asesores me lo contaron."

A su vez le asintió de vuelta, "¿Sus asesores le contaron que el pueblo parece creer que usted y yo siempre hemos tenido un torrencial romance a escondidas?"

"Sí." Le admitió sonriéndose por sus palabras, "Creo que eso fue lo que hizo que aceptaran nuestro matrimonio tan fácilmente. Romanticismo."

Podrick le asintió y después de unos momentos decidió decirlo, "Están exagerando más no están del todo equivocados…he tenido cierta debilidad por usted desde que la vi por primera vez allá en Desembarco del Rey."

Lejanamente ahora lo recordaba en aquel tiempo tartamudeando y sonrojándose ante su presencia, más nunca dirigiéndole más que una mirada, o una reverencia exagerada.

Tomó un sorbo del vino, "…Es muy hermosa, mi señora. Y fuerte."

Sus palabras la verdad no las sentía como un halago, "Era una niña estúpida y tonta en Desembarco del Rey. Ya te dije, no tienes que endulzarme el oído."

"No lo estoy tratando de hacer, tan solo anuncio mi verdad. Usted fue muy fuerte en aguantar todo lo que los Lannister le hicieron. Y si me lo permite es muy dura consigo misma." Se mantuvieron la mirada por un largo momento, hasta que ambos exhalaron al mismo tiempo evadiéndose. Podrick se sonrió al verla mirándolo apreciativamente de nuevo después de unos instantes. Y continuó cantando.

Cuando reclamó su pago se sorprendió que ella se le acercara y le plantara seis besos castos en una sucesión rápida. Ambos los contaron mentalmente, eventualmente sonriéndose ante el juego y cuando ella se fue a retirar la tomó de la cintura impidiéndoselo, "…Ese fue sólo uno."

"¿Qué?" preguntó sorprendida, tomándolo de los hombros, pero no alejándolo de más, "¿No sabes contar?"

"Cuando hicimos nuestro acuerdo dije besos, no picos. ¿O me equivoco?" se atrevió a decirle aquello por que la vio de buena disposición. Se le adelantó, "y los de buenas noches no cuentan."

"…Eso es hacer trampa."

"No, no lo es." Manteniéndole la mirada lo suficiente bajó lentamente y le dejó un beso sobre la tela que cubría su hombro, la sintió tensándose y se volvió a erguir, "Es usted haciendo trampa." Ella aun no parecía enojada, aunque la veía cada vez tomando esto menos como una broma. Su instinto fue alejársele para no hacerla sentir que la presionaba.

Sansa fue y se sentó a la cama de nuevo. Confundida por la forma tan natural y…amistosa en que se estaban llevando en ese momento. De que él continuara aceptando sus barreras.

Podrick se sirvió otra copa de vino, "…Mi señora, el nuevo lema para usted," se llevó la copa a los labios, "Una Stark no paga sus deudas." El almohadazo que le derramó el vino encima no se lo vio venir, riéndose se giró a mirarla.

"¡Oh Podrick!…Esa no fue la intención." Le comentó apenada, había sido un accidente.

Podía verla tratando de no burlarse, "¿Cuál era la intención entonces?"

Lo vio retadoramente esperando su respuesta, "Golpearte, pero no tirarte el vino encima, obviamente." y después de unos segundos para su sorpresa lo escuchó carcajeándose de nuevo y acabándose de tomar lo que había en la copa. En ese instante supo que debía de estar agradecida por haber dado con un hombre con la disposición que él tenía. Lo estudió por unos segundos e indecisa actuó, "…Para que no digas que no pago mis deudas…" se dijo, colocándose de pie y yendo hasta él, no muy segura de lo que estaba haciendo o porqué lo estaba haciendo.

Oh, Podrick trató de no sonreírse al verla dirigiéndose hacia él, más no pudo, en cuanto la tuvo en frente la detuvo de la cintura, notándose en ese momento más alto que ella por un par de centímetros, lo cual no era la norma, y miró hacia abajo, viéndola tan descalza como estaba él. "…Esta es una novedad…" se dijo, pues siempre la había creído más alta que él. Ella no contestó nada. Muy bien sabiendo lo que hacía la tomó de la mano y se la llevó hasta la boca. Hizo una pausa y manteniéndole la mirada le besó el brazo. Luego el hombro y esta vez lo hizo sobre su suave y blanca piel. La sintió tomando aire profundamente. Se detuvo antes de proseguir, llevando aquella mano a que lo tomara de la cintura. De nuevo, actuando lentamente se inclinó hasta la mejilla de ella.

¿Siempre encontraba una forma de desestabilizarla? "Te quedan dos…Estás malgastando tus besos…" le dijo, de repente falta de aire y con una sensación pesada en su estómago que sólo aumentó cuando él le dejó un beso húmedo en la quijada.

La encaró, mirándola a la boca y la vio remojándose los labios, "No creo que los esté malgastando." Le susurró para después mirarla a los ojos.

El ansia que empezó a sentir era diferente al sentimiento de ansiedad que generalmente la invadía, "…Tampoco dijiste que no serían en la boca…" dijo, su mirada yendo de sus ojos a su boca y de nuevo a sus ojos, igual la de él. "El que hace trampa ahora es otro." Cerró los ojos, haciendo a un lado el pensamiento pasajero que tuvo de impedirse perder el control.

"¿Se está quejando, mi señora?" le preguntó estudiándola.

"Para ser sincera no estoy segura." Lo que sintió a continuación no fue un beso en la boca, sino un cosquilleo que la recorrió por todo su cuerpo, que la hizo erizar cuando sintió su aliento en su cuello, no pudo evitar apretar la cara de él contra la suya y su hombro y emitir un sonido ajeno a ella, entre un quejido y una exclamación de sorpresa.

Aún no la había tocado, "¿Está bien?" le preguntó, retirándose y tomándola de las manos, creyéndose haber cruzado la línea no hablada.

"…Eso fue extraño." Se dijo, aun no estando segura si le había gustado o no la sensación.

"¿Extraño bueno, o extraño malo?" se atrevió a preguntar.

"…Aún no me decido."

"¿Se quiere decidir?" le preguntó tentativamente.

Lo único que sabía era que había alterado sus sentidos, y que la estaba seduciendo y ella dejándose. Le asintió, igual de tentativamente como le hizo la pregunta. Tenía curiosidad.

Podrick lentamente se acercó de nuevo a su cuello, sintiéndola tratando de impedirle el movimiento mas no del todo. La acarició con la nariz, después le dejó un pico para empezar a succionar la piel suavemente, ella temblando y quejándose, y él repitiendo la operación varias veces. Se alejó como se acercó, con un último pico y se enderezó nuevamente, viéndola sonrojada hasta el pecho, sus pezones erguidos sobre la bata, más trató de no prestarle atención a aquello, cuando la encaró sus ojos lo miraban diferente. "¿Se decidió?"

Le asintió, apenada y contrariada, pero sonriendo, "…Extraño bueno."

Se mantuvieron la mirada y Podrick no pudo evitar burlarse con lo que se le pasó por la mente, "¿Sigue aburrida, Mi señora?"

Ambos exhalaron en gracia, "…Deja de llamarme tu señora." Le susurró, colocándole las manos en el pecho.

"Y puede llamarme Pod."

Arrugó la nariz, "…Suena extraño."

"…También llamarle Sansa." Se quedaron mirando por unos momentos más después de que la broma pasó y las sonrisas se borraron de sus rostros. Él muy al tanto de que ella deseaba otro beso pues no lo estaba rehuyendo, y no paraba de mirarlo a la boca. Más se obligó a sí mismo a alejarse. A dejarla con las ganas. Tal vez fue un error.

Que la dejara parada ahí como si nada la avergonzó al principio, pero cuando lo vio yendo hasta el armario, quitándose el chaleco y empezando a quitarse la camisa evadió mirarlo y talvez fue que se movió incomoda o lo miró con desconfianza, pero algo hizo porque él lo notó de reojo y de inmediato se detuvo. "…Está bien," le comentó después de un instante, también notando el bulto más marcado sobre el pantalón.

Fue hasta la vasija con agua y se abrió el enterizo para poder limpiarse la mancha de vino, sintiendo los ojos de ella sobre él, esperó que lo detuviera más no lo hizo así que decidió cambiarse ahí mismo, pero al irse a quitar el pantalón lo pensó mejor y marchó hasta detrás del biombo.

"…Esa cicatriz," le dijo, habiendo notando varias, pero una larga alrededor de su costado que iba a dar a la espalda fue la que le llamó la atención, "¿Cómo sucedió?"

Vio a donde dirigía la mirada, "…Un soldado de la Compañía Dorada." Le dijo, la cicatriz era impactante más no era la herida que más le había dolido, "No fue nada, luce peor de lo que se sintió."

Era un guerrero, por supuesto que tenía cicatrices, y mentalmente no pudo dejar de compararlas a las suyas. Sus heridas, a diferencia de las de él, no venían de un contrincante lastimarla justamente y ejerciendo su trabajo. Venían de un monstruo sádico que se complació en lastimarla, que entre ella más se quejara más violento se volvía y más placer le provocaba. Hacía bastante tiempo que no pensaba en aquello y sabía que si continuaba por ese camino sus demonios la invadirían de nuevo.

Cuando salió vio que algo cambió en ella sutilmente, "¿Qué sucede?" preguntó. Él sabía lo que sucedía, o al menos lo sospechaba. Más sabía que esta conversación se daría en términos de ella y no los suyos, por eso decidió no darle ánimos ni hacer alusión a lo que le estaba pasando por la mente.

Sansa le dio una sonrisa fingida, "Nada…De repente me encuentro cansada."

"Mmmm."

"Buenas noches."

"…Buenas noches." Respondió notando el cambio tan abrupto. La vio metiéndose a la cama, él lo hizo momentos después, y la sintió girando y girando sin poder encontrar acomodo. Dos o tres horas después estiró su brazo hasta la mitad de la cama, mano hacia arriba. Esperando.

Sansa sabía lo que aquel gesto significaba, "¿Siempre has sido esta clase de persona? O ¿lo haces porque soy Sansa Stark y crees que es tu deber complacerme?"

El tono sutilmente frío en su voz lo hizo mirarla. "Creo que no estoy equivocado cuando digo que ambos nos estamos empezando a estimar cada vez más…Y deseo complacerla…" levantó la mano y volvió a dejarla caer, incitándola a que colocara la de ella en él, "…Mis demonios pueden que no sean tan…espantosos como los suyos. Pero para mí, no estar solo es primordial para enfrentarlos…al menos en las noches que es cuando tienden a aparecer."

Levantó las cejas, "¿Cuáles son tus demonios?"

"…Cree que el stress en una batalla, el tener que matar a alguien justa o injustamente, ¿no lo marcan a uno? El saber poder haber salvado a alguien, pero conscientemente no haber tomado la decisión…Las atrocidades que se ejercen en un momento de vida o muerte… No todo es honor, mi señora. Puede preguntarle a cualquier soldado, incluso a Brienne."

Sansa se quedó pensativa, cuando había decidido juzgar a Meñique fue la misma Arya quien le dijo 'No eres asesina, yo lo haré.' y fue en ese momento que recordó las palabras de su padre, 'El hombre que dicta la sentencia debe blandir la espada.' Así que Arya de pronto tenía una idea de lo que Podrick estaba hablando. Y ella, ella no había llegado a matar a nadie con sus propias manos, pero había tomado decisiones que habían llevado a aquello indirectamente. Depositó su mano en la de él.

La mañana siguiente compartieron de nuevo el malestar de haber tomado juntos hasta tarde. Ya que podían no se levantaron hasta bastante entrada la mañana, algo a lo que ella no estaba acostumbrada. En el almuerzo y durante la tarde ambos notando ciertos cuchicheos de aquellos que creían se llevaban mejor de lo que lo hacían.