Beteado por la fabulosa Sthefynice
Gracias a SuicideFreakWord por dejar un review en el anterior capítulo, besos :)
Capitulo 7: Para evitar las lágrimas.
Con los paladines más que completos y el equipo conflictuado, Keith se convenció de que irse era la mejor opción para arreglar todo. El equipo lentamente se adaptaría, no le echarían de menos pronto, y así él podría ser útil en otro lugar sin que sobrara ningún Paladín.
La realidad es que estaba aterrado: no quería ser el líder, no quería seguir decepcionando a Shiro, tampoco quería que ninguno de sus compañeros dejara de ser Paladín, y mucho menos, confrontar la tensión que la guerra acarreaba en ellos.
Huir era más fácil y todo estaría mejor sin él.
Al menos, eso era lo que creía.
Su llegada a la base que anteriormente había visitado para conocer a Prouz, fue fría y sin la menor fanfarria. Sus habitantes estaban más ocupados en sus labores usuales que en recibir a otro mestizo que se unía activamente a la organización. Tal vez el hecho de ser un Kyrl fue una novedad que llamó la atención de algunos H'yrux y B'yrox, algunos intentaron una tenue interacción que tal vez Keith pudo reconocer como coqueteo. No pudo confirmarlo debido a que Kolivan los alejó con su olor espeso y gruñidos de advertencia.
Kolivan odiaba la indisciplina, lo aprendió rápido.
No le dieron tiempo ni siquiera para acomodarse en una cabina estrecha que se suponía, sería su pieza por el resto de esos meses, mucho menos de efectuar las preguntas referentes a su madre y la información que podrían proporcionar sobre ella, todo fue apartado con un escueto: "todavía no es tiempo", antes de arrastrarlo al campo de entrenamiento.
—En Marmora exigimos el más alto nivel de disciplina y dedicación, esperamos que comprendas que se exigirá lo máximo que puedas ofrecer, Keith — Kolivan expresó con tono clínico una vez Keith arribara al campo. Tres reclutas estaban bajo el mando de Antok, repitiendo ejercicios de calentamiento—. Tu técnica es efectiva y sagaz, pero aún es descuidada, te precipitas.
—Yo no-
—Escucha—la voz atronadora de Antok gruñó, descuidando a sus protegidos por un momento—. Si no escuchas a tu líder no serás capaz de atender tu trabajo con propiedad, mocoso.
Keith bufó, listo para contraatacar, hasta que Kolivan les dio unas cuantas palmadas en el hombro, tomándole del cuello en un apretón firme. Un gesto de guía y seguridad.
Keith recordaba vagamente ese toque de algún otro lugar.
El recuerdo tenue de su padre bajo la luz cegadora del verano llegó a él, sonriéndole con una de sus grandes manos sobre la nuca. Reluciente y feliz.
El recuerdo se fue con la misma facilidad que vino.
—Mi hermano tiene razón—Keith no intentó ocultar su ligera sorpresa ente la declaración que lo sacó de su ensimismamiento. Entendió entonces el innegable parecido entre Kolivan y Antok—, la comunicación es vital para un equipo. Debes atender a lo que tu líder dice, no basta el dominio en el arte de la lucha.
Después de, lo que Keith estuvo convencido, fue un sermón, empezó a entrenar bajo la tutela de Kolivan en vez de la de Antok, como el resto de los principiantes. Primero probó sus conocimientos básicos, para después colocarlo en una rutina de ejercicios, que incluían escalar una pared, bajar, superar obstáculos y volver a escalar por barrotes hasta una plataforma en donde debería completar una rutina completa antes de bajar y repetir.
Si fallaba en un paso, tenía que volver a empezar.
Si dudaba, tenía que volver a empezar.
Cualquier falla, la más mínima vacilación o inconsistencia, debía volver a empezar el ciclo de nuevo.
Después de cuatro vargas en la misma rutina, cuando Keith pensó que sería la hora del almuerzo, se le repartieron unas cuantas barras energéticas con bolsas de líquido hidratante. Se alarmó al descubrir que no era la antesala a su almuerzo, aquello era el almuerzo.
A las rutinas de ejercicio le siguió la batalla cuerpo a cuerpo, y a pesar de que Keith se sentía muy confiado con su técnica, Kolivan logró derrumbarlo a los pocos segundos, encontrando una apertura en su postura que Keith ni siquiera había estado consciente de haber dejado. Fue consciente en ese minuto que Marmora en verdad exigiría un rendimiento más riguroso del que poseía.
Debía entrenar, debía esforzarse
Siguieron en ello por horas, y pararon sólo cuando estaba exhausto y jadeando, incapaz de seguir. Antok se burló de él repetidas veces, porque sus reclutas estaban claramente menos agotados de lo que Keith estaba, y eso era suficiente razón para burlarse del chico nuevo. Luego los guiaron hasta el comedor, donde una insípida comida gris se les sirvió. Si Keith pensaba que la baba verde de Coran era horrible, se arrepintió en el momento en que esa arenosa cosa entró en su boca.
—Proteínas para cuerpos jóvenes—Se había burlado Antok cuando le vio estremecerse.
El día aún así no terminó. A pesar de lo cansado que Keith se sentía, Antok y Kolivan lo guiaron a una sala de reuniones donde Alleha le saludó con el mismo gesto de cariño contra su mejilla de la vez anterior. Se suponía que la reunión se trataba sobre el tráfico de quinta esencia que su escuadrón estaría tratando como próxima misión. Keith apenas logró mantenerse despierto, hasta la parte en donde mencionaban un supuesto contrabando ilegal de Kyrls esclavos en edad de reproducción, esclavos que altos mandos del imperio estaban filtrando de los criaderos menos protegidos, con destinos desconocidos.
Se durmió sobre el hombro de Antok en algún punto. El galra gruñó, más no lo despertó. Cuando terminó la reunión y la sala quedó vacía, el H'yrux se atrevió a levantar la voz lo suficiente para que Kolivan le escuchara.
—¿Cuántos ciclos tiene, Kolivan? Es apenas un cachorro. Mis reclutas tienen, cuanto mínimo, 27 ciclos de vida, los más jóvenes deberían mantenerse en las guarderías con entrenamiento básico, ya te lo he dicho.
Kolivan no se inmutó, analizaba con ojos meticulosos la información de la reunión en el computador holográfico. Se volteó hacia Antok, sólo para observar al muchacho dormido.
—Los humanos son una especie biológicamente primitiva, crecen rápido. Además, es un paladín de Voltron, Antok. Necesita ser fuerte.
Alleha, inclinada en una pared cercana a Antok, bufó.
—Recuerdo esas palabras en tiempos pasados—ella se burló—. Se parece mucho a ella, es terco y fuerte. Pero no es Krolia, Kolivan.
El mencionado gruñó, apagando la pantalla holográfica con un gesto abrupto de su mano.
—Estoy consciente.
—¿Y cuándo se lo dirás?—Antok inquirió—. Es la obvia razón por la que se ha unido a Marmora. Quiere respuestas, noticias sobre su Mokta.
La expresión dura en el rostro de Kolivan se suavizó al acercarse a Keith.
—Lo sabrá cuando esté listo.
—No seas tan duro con él—Alleha le advirtió con voz suave—. Tus expectativas están muy altas, sólo porque es su descendencia. También necesita en quien apoyarse.
Kolivan suspiró, aceptando de mala gana el consejo de la Burzar. Sacudió a Keith para despertarlo, el muchacho parpadeó, confundido, para luego mirar a Kolivan con ojos brumosos.
—Te dormiste—le dijo con tono seco—, no lo vuelvas a hacer. Ve a tu habitación. La jornada de hoy ha concluido.
Aún aturdido por el sueño, Keith se sacudió la pesadez y asintió, despidiéndose con un ceño fruncido.
—El mal humor es de familia— suspiró Alleha, una vez el chico dejara la habitación.
Antok le gruñó entre refunfuñidos, la burla había logrado llegar hasta él.
—Calla, sólo lo confirmas si haces eso—se burló la Burzar, apretando su mejilla cálida contra la de su compañero malhumorado.
-ExceptoATi-
A pesar de lo que Keith pensó al principio, logró habituarse a la apretada rutina de los Marmora y también a su arena de gato color gris a la que osaban llamar comida. Por ello, apenas se logró adaptar, apareció en la oficina de Prouz para una sesión ya programada. Keith conocía las terapias psicológicas, había tenido miles, de todos los tipos con cada método para establecer rapor aplicado y rechazado, así que se sorprendió cuando Prouz no lo hizo sentarse junto a él, sino que le permitió curiosear alrededor de la habitación. Sin presiones ni ninguna distancia entre el paciente y él, despreocupado en su medida meticulosidad.
—¿Quieres algo para beber?—Le ofreció una especie de jugo violeta mientras se sentaba en un sillón, el gesto relajado pero aún serio, había un olor particular en su esencia que Keith no podía identificar. Aceptó un poco de bebida, mientras se sentaba al lado de Prouz por propia voluntad.
—¿Tienes una licencia para hacer esto?—inquirió, con curiosidad mal enmascarada en su voz.
—¿Licencia?
—Ya sabes, un certificado, permiso para dar terapia—Keith hizo vagos gestos de un diploma en su mano para ilustrarse. Después de un segundo, Prouz parpadeó, aparentemente entendiendo.
—No hay muchos Sanadores de la Mente dispuestos a enseñar a un Kyrl en el corazón del imperio, siendo tan rígido. Pero he estudiado y practicado lo suficiente. Se podría decir que soy… un amante del conocimiento..
—¿Por qué no te enseñarían en el corazón del Imperio?—Las palabras se escaparon sin mucho peso. Cuando Prouz levantó la mirada, calculador y sagaz, Keith supo que había tocado un tema sensible.
—Escape, de allí provengo — dijo sin más, dejando un insoportable silencio detrás—. Los Kyrls del imperio viven en guarderías en donde los pequeños son criados, ya deberías saberlo, estás en la misión de reconocimiento MK-405, ¿no es así? Contrabando de esclavos Kyrl según lo que escuché, ya debieron pasarte un informe con detalles. Son lugares pacíficos, los altos mandos ni siquiera se atreven a perturbar a los criaderos y sus guarderías, la salud de un Kyrl y la de sus hijos es el corazón del imperio. No viven mal, si se está en una buena guardería la mayoría consigue emparejarse con un Comodante o un rango cercano, y recibir lujos inconmensurables… pero yo deseaba más que vivir cómodo en la misma nave por el resto de mis días. Quería conocer, aprender, un crucero de cría para Kyrls no me lo iba a dar, o al menos eso me dejó en claro mi Pakta.
"Dador de semilla", tradujo el chip.
"Padre", entendió Keith.
—¿Cómo escapaste?— aún sin procesar la mayor parte de los detalles, Keith se sorprendió. Sus ojos miraron a Prouz por un largo rato antes de sacudir de su cabeza para despejarla, era admiración lo que sentía en su pecho.
—Solo, si es eso lo que preguntas. Luego los Marmora me acogieron, apenas era un cachorro, 17 o 18 ciclos de vida—Prouz le dedicó una pequeña sonrisa y Keith finalmente reconoció el olor que rodeaba al otro Kyrl: olor a fertilidad, suave y acogedor. Estaba en su ciclo fértil y lo estaba utilizando a su favor para relajarlo—. Entonces, ya que respondí tu pregunta, quiero que respondas la mía: ¿eres tú quién se siente incómodo con tu cuerpo, o es sólo porque crees que los demás se sienten incómodos con él, que le rechazas?
Si era sincero, Keith reconocía sentirse más a gusto en Mamora. Había sido aceptado como cualquiera, sin tratos preferenciales ni subestimándolo por su apariencia. Se sentía… bien, a gusto, cómodo. Había una seguridad de ser percibido como alguien normal, perfectamente funcional.
Y con ese sentimiento en mente, Keith finalmente tuvo clara su respuesta.
—C-creo… que, todo este tiempo, ha sido por los demás.
Mirando atrás, Keith consideraría aquellas palabras como su primer paso.
-ExceptoATi-
Las noticias sobre Voltron llegaban esporádicas a la base. Keith se enteró del show en vivo de los paladines, y pudo por un momento imaginarse a sus amigos cómo un grupo de pésimos actores intentando entretener en lo mínimo a una audiencia. Fue una de las primeras risas que había soltado en meses.
En contra parte, no recibieron noticias de Zarkon por un tiempo considerable, lo cual los tenía tensos y en constante alerta. Un día, simplemente Zarkon volvió y Lotor fue declarado enemigo del imperio. Todo cambió muy rápido, el plan hecho por Shiro junto a Kolivan no le tomó por sorpresa, era una consecuencia obvia de la inestabilidad actual del imperio con la familia imperial, dividida y la coalición reforzándose día con día. Era el momento justo y las condiciones se habían dado, así que se adaptó al plan con facilidad.
Se infiltraron a la base y desmontaron el segundo cañón que protegía a Naxzela como lo planeado, el plan parecía ir perfectamente, hasta que ambos cañones se desactivaron y el equipo dejo responder. Como siempre, Keith siguió sus instintos. Saltó a la primera nave caza que encontró, y se lanzó contra el crucero que asechaba el cuadrante de Rebulon 55. Se congratuló con los agradecimientos de Shiro porque resultó ser exactamente lo que necesitaban.
Escuchar su voz de nuevo después de meses y que fuera halagando su decisión, hizo a Keith llenarse de energía, pero los buenos ánimos no duraron mucho.
Las noticias de que Naxzela era una bomba transformaron las pensadas estrategias de la pequeña flota que lideraba en desesperados intentos por destruir el escudo de partículas, para evitar la detonación.
Keith lo pensó, sopesó con paciencia y lo vio todo con más claridad de lo que cualquiera pudo llegar a hacerlo en esa situación.
Lanzarse contra el escudo, detonar la nave contra la barrera y desmantelarla. Esa era la opción más factible, ningún laser funcionaria en aquellas circunstancias a menos que fuera Voltron.
Y Voltron no llegaría a tiempo.
De hecho, Voltron, sus amigos, también estaban en peligro.
Bien, se dijo, la supervivencia de todos valía más que la de uno.
Escuchó los gritos de Matt cuando se lanzó en picada. Coran se unió en el comunicador, alterado y sin saber que sucedía.
Por un momento, Keith escuchó su corazón latir en su sien y aceptó con resignación que sería la última vez que lo escucharía.
"Conocimiento o muerte"
Esa era la esencia de un guerrero, al menos eso le había dicho Kolivan.
No esperó a Lotor, no esperó el rayo de plasma atravesando con tanta facilidad el escudo y destrozando la fuente de poder del crucero de guerra. No lo esperó, ni tampoco lo registró a tiempo, todo lo que Keith pudo escuchar fue su corazón desbocado y el persístete pensamiento de que estaba vivo, de que hace apenas unos minutos había estado a punto de morir y lo había aceptado.
No escuchó a Lotor en el comunicador, ni a Matt, aun gritando para que reportara su estado.
"Huyes porque tienes miedo", la voz de Lance recodó, a gritos. "Huyes porque eres un cobarde."
—Maldición, ¡KEITH! ¡RESPONDE EL JODIDO COMUNICADOR, O IRE ALLÁ MISMO A PATEAR TU TRASERO! ¿ES-TÁS-BI-EN?
Los gritos de Matt finalmente llegaron a él. Lotor había parado de hablar a través de las comunicaciones, se rendía o algo parecido. Keith aún no entendía todo muy bien, sólo sabía que estaba llorando, que no se sentía con el suficiente aire como para respirar, y que Matt seguía gritando.
—Es-estoy bien— Avisó, con voz temblorosa. Matt soltó un suspiró de alivió al otro lado, Keith creyó que allí terminaría todo.
El castillo llegó un par de doboshes después junto con los leones. Cuando Keith arribó, Lotor ya estaba esposado y Matt hablaba con Shiro en el hangar, al menos eso hacía hasta que divisó su llegada.
—¡Tú!—Matt graznó apenas le vio, acercándose con grandes zancadas.—¡¿Qué locura pensabas hacer allí afuera?!
Todos en el hangar voltearon a mirarlos, curiosos por la fuente de los gritos.
—Oh—Lotor resopló con finura—¿Tú eras el caza que casi se inmola?
Pidge se ahogó con su saliva, recuperó el aire luego sin ninguna gracia.
—¿Se inmo-qué?—Hunk susurró, Lance se encogió de hombros.
—¡CASI SE SUICIDA!—Matt gritó, apuntando a Keith como si, en realidad, fuese digno de un manicomio—¡Estaba a punto de estrellar su nave en la barrera de partículas para desmantelarla sin saber siquiera si podría funcionar! Por cierto, ¡NO IBA A FUNCIONAR!
Las expresiones variaron de absoluto terror a enojo y sorpresa. Keith no pudo evitar mirar primero a Shiro, que lucía desconcertado y dolido, Pidge se aferró al brazo de Hunk, cuya expresión de absoluto terror y culpa enajenaban su rostro joven. Sus dos leones, junto a ellos, lucían angustiados.
Allura sostenía sus manos sobre su boca, ahogando un grito de sorpresa al igual que Coran, pero la expresión que realmente atravesó el corazón de Keith fue la de Lance. El chico estuvo inmóvil por unos segundos, allí, de pie, con un gesto de desconcierto en su rostro que se transformó con rapidez en el horror y la sorpresa. Keith pudo ver con detalle cómo le temblaron los brazos y las piernas, su rostro lentamente mutando a una temblorosa mezcla de emociones contradictorias y complejas, con los labios apretados y las cejas arqueadas.
Dio un paso tentativo, luego dos, y al tercero ya estaba corriendo hasta Keith.
Sus brazos fueron una manta cálida que lo hundió en la realidad: él realmente estuvo a punto de morir, se dijo. En su estupor, apenas pudo corresponder el abrazó, y cuando Lance le dijo "Por favor, dime que es mentira" a su oído, tan desesperado por encontrar una simple afirmación que invalidara las palabras de Matt, Keith se quebró.
—Lo iba-lo iba a hacer.
Las lágrimas se desbordaron de sus ojos sin pedirle permiso. En su pecho se liberaron los sollozos y quejidos que se empeñó en guardar por años. Tal como su padre lo hubiera hecho aquella tarde de tormenta, Keith gritó y sollozó desconsolado. Pero al contrario que su padre, tuvo a alguien a quien aferrarse.
Lance fue su ancla, cálido y real, apretó sus dedos a la espalda del chico en busca de conservar esa calidez cerca suyo y se dejó sostener por su toque suave, como un niño que necesitaba guía y cuidado se mostró vulnerable y herido, como no lo había hecho en años, no desde que se diera cuenta de que Shiro realmente tenía esperanzas en él. Al cabo de unos minutos, cuando su llanto bajara en intensidad, Hunk, Allura, Pidge y Shiro lo rodeaban en un abrazo masivo.
—Todo está bien— la voz de Allura le arrulló, llevándolo lentamente a un sueño inducido por el agotamiento. El olor de sus amigos lo rodeaba, compresión, cariño y amor, todo en una sola mezcla de esencias conocidas y apreciadas—, todo estará bien.
Fue la peor primera impresión que pudieron darle a Lotor, pero el más grande gesto de cariño que Keith pudo recibir.
-ExceptoATi-
El episodio en el hangar no solucionó todo, pero definitivamente los volvió más abiertos los unos con los otros. Después de recibir un sermón grupal, Keith tuvo que soportar una sección reflexiva de parte de los paladines y un Coran muy entusiasta. Pidge colocó especial énfasis en el estrés y la presión que sentía con cada entrenamiento y batalla, necesitaba descanso, compresión y horas de sueño. Hunk estaba claramente aterrorizado por todo desde el primer día, y le volvía loco la creencia de ser el único cobarde. Allura se sentó con un suspiró y desbordó toda la pena y resentimiento que sentía por su planeta, por su familia y amigos perdidos. Coran hizo algo similar, y cuando se le cedió la palabra a Shiro, él soltó una verborrea sobre estrés, inseguridad y miedo. Miedo a cambiar, a ser peligroso, a que alguno de sus compañeros cayera en las manos de los druidas como pasó con él, miedo a alejarlos a todos con sus repentinos ataques de ira.
Fue cuando Allura puso una de sus finas manos en el brazo robótico de Shiro y lo miró con compresión, que todos en la sala supieron que el cariño entre ambos no había desaparecido. Ellos se miraron y, finalmente, después de meses, se comprendieron.
Aprovechando el momento de romance improvisado, Lance soltó sus inseguridades con voz tenue y poco entusiasmo. Keith no fue capaz de observarlo por más de un minuto seguido sin avergonzarse, así que escuchó esa tenue voz dudosa, fingiendo temple ante los sentimientos que anhelaba conocer. Discutieron un cierre improvisado, intentando entender los temores del grupo y sus carencias, de esa manera llegaron a un consenso del cual partir para seguir conviviendo en sanidad.
Así que Keith se atrevería a decir que, con esa incómoda discusión de sentimientos y apertura de corazones heridos, interrogar a Lotor fue la parte más tranquila de los eventos posterior a la batalla.
—¿Debes irte de nuevo? ¿Justo ahora?—Moqueó Hunk, aún afectado por su aparente nuevo grupo de apoyo.
—Sí, ¿tan pronto? ¿Marmora no les da vacaciones o algo así?—insistió Pidge. Allura y Shiro estaban todavía en las celdas interrogando a Lotor, Lance era el único que estaba guardando las distancias, apoyado en al lado de la puerta del hangar con sus ojos clavados en Keith. Si Keith recordaba bien las últimas palabras que se habían dedicado antes de irse a Marmora, no le extrañaba su cuidadoso trato.
—Kolivan mandó por mí personalmente. Nuestro caso está avanzando, y sabemos que la actual entrega de Lotor revolucionará los altos mandos en el imperio, es nuestra oportunidad.
Mientras Keith preparaba su nave, inclinado sobre la pantalla, notó un gesto en el rostro de Lance. Apartado como estaba, su disgusto fue claro, en sus labios apretados se notaba que quería decir algo, pero lo calló.
Acto seguido, se apartó de la pared y se marchó por la puerta, sin siquiera un adiós.
—Sabes… —La voz de Hunk apartó la vista de Keith sobre la puerta para bajarla al chico samoano que lo miraba desde el piso—. Sé que ustedes tiene una mala comunicación últimamente, pero… ¿no han intentando siquiera entenderse? Los conozco lo suficiente para saber que entre ustedes…
—Hay falta de sexo interfiriendo—Pidge cantó, con voz jocosa.
—¡Pidge!— el tono de piel de Hunk no permitió que se sonrojara por completo, pero sus orejas se colorearon en un tono marrón intenso.
—¡Es la verdad!
—¡Que sea la verdad no te permite hablar de ello así!
Y por más raro que fuese, Keith soltó una risa. Pidge y Hunk lo miraron al instante como si le hubiese crecido una segunda cabeza.
—Los extrañaba, a todos ustedes —suspiró, con una sonrisa.
—Entonces ¿hablarás con el cubano despechado? Estoy cansada de oírlo cantar en español en la ducha.
Keith rió de nuevo ante el comentario de Pidge— ¿Canta en la ducha?
—Argh, sí, lo hace horrible —Hunk gimió—. No le atina a los altos, era mejor con la guitarra en Garrison.
Después de otra breve risa, Keith se encontró con las miradas expectantes de ambos. Suspiró, consciente de que no era sólo un pedido, necesitaba hablar con Lance, más allá del compromiso, necesitaban charlar con seriedad.
—Cuando vuelva de la misión—dijo con convicción, sentándose en la cabina para arrancar los motores—. Apenas la termine, tendré una charla con él.
Sonaba convencido de sus propias palabras, así que Hunk y Pidge levantaron sus pulgares y le despidieron con gestos efusivos antes de que despegara.
—Espero que diga la verdad —Pidge bufó, una vez la nave de Keith fuera sólo un punto brumoso en la inmensidad del espacio a través de las compuertas del hangar.
—Yo también—suspiró Hunk. —, yo también.
Notas:
Y arriba el séptimo capítulo, vamos más allá de la mitad del fanfic.
Marmora no es un patio de juegos, como lo dijo Antok, pero estoy segura que debe haber algo de comodidad, también sospecho que la comida debe ser sólo vitaminas deshidratadas porque así de radicales son los Marmora. Prouz, aunque no lo crean, es un gran guerrero, pero ha preferido la vida tranquila de las bases porque puede ofrecer una ayuda que no muchos Galra en Marmora pueden, el es fuerte y decidido. Se parece a Keith en cierta parte y eso los hace congeniar.
¿Qué piensas qué este escondiendo Kolivan sobre Krolia? El parece un poco angustiado por Keith, ¿no es así? El definitivamente exige mucho de Keith mandándolo a misiones de alto riesgo desde el principio (y aquí hablo del canon)
Keith y Lance habían quedado colgando de un hilo fino el anterior capitulo, pero Keith parece estar dándose cuenta de algo a pesar de que Lance luce por demás frustrado (vamos, él tiene sus límites) ¿Qué apuestan para el siguiente cap? ¿Fluff o Angst?... ¿O ambos?
Gracias por leer, nos vemos la semana que viene y disculpen el retraso, hubo problemas técnicos al subir el capítulo.
