¡Hola de nuevo! Al fin, una nueva actualización de este Fic, y como prometí, creo que os gustará bastante… Al menos yo disfruté cuando la escribía.
Gracias de nuevo a todos los reviews/favs/follows por el apoyo :D
Capítulo 7
GUARIDA DEL .
Shego no sabía qué le pasaba. Había intentado de todo, pero no conseguía entenderse a sí misma. Aquella última semana, desde que salió de la isla, no había conseguido superar su estado permanente de apatía y abulia. No lo conseguía, por más que lo intentaba. Pasaba días enteros en la cama, sin moverse de allí más que para asearse o comer. El , quien también había notado el extraño comportamiento de su compañera, la había intentado animar con algunas de sus actividades favoritas, como escupir a los coches que pasan debajo de un puente o reírse de las caídas de la gente al resbalar en un suelo mojado. Pero ni siquiera así había conseguido que Shego reaccionase y se levantase de la cama.
En la mente de Shego, en el fondo de su corazón, un pensamiento, una breve idea comenzaba a formarse, tomando más y más fuerza cada vez. Sin embargo, la joven se esforzaba en luchar con todas sus fuerzas porque no saliese a la luz. No podía permitirse una situación así. Ella simplemente no podía permitirse amar. Tenía que volver a ser como antes, tenía que volver a reconstruir su coraza protectora alrededor de ella misma y así nadie volvería a atravesarla.
Aunque, tal vez, y solo tal vez, su coraza siempre había estado rota. Solo que no se dio cuenta de ello hasta el momento en el que no tuvo más remedio.
Comenzó a dar vueltas en la cama mientras se golpeaba con la almohada. "Deja de pensar, deja de pensar", se repetía una y otra vez. Y acabó mirando el techo, perdiéndose en la pintura blanca que lo cubría, intentando así pintar de blanco también sus sentimientos. Hasta que escuchó unos golpes en la puerta.
-Adelante – ordenó, y vio como la menuda figura del aparecía bajo el marco de la puerta.
-Shego… Había pensado que, si tienes ganas y no te molesta… Quizás te gustaría acompañarme a atracar un banco – le propuso sin dejar de mirarse los pies.
Shego reconsideró la oferta unos segundos. ¿Debería ir? O más bien, ¿quería ir? Y entonces una bombilla se iluminó en su mente y, con los ojos húmedos recordó. Ella era la "clase de persona" que siempre iba a atracar bancos.
-Claro, ¿por qué no? – respondió con algo de ira en su mirada – Demostrémosle al mundo cuán malos podemos llegar a ser.
Y juntos se dirigieron hacia el aeroplano, mientras en la cabeza de Shego las cosas volvían a ponerse en su sitio. "No ganas nada siendo bueno", se repitió, cada vez más convencida.
"Nadie gana nada nunca cuando ama".
BANCO DE CIUDAD GO. 9 PM.
Después de un silencioso viaje en coche, Kim y Ron llegaron al fin al punto donde Wade les había informado de que el planeaba aparecer. El plan era simple, detenerlos antes de que pudiese entrar en el banco, y, en caso de que ya hubiesen entrado, sacarlos de allí sin mucho revuelo. No querían que se armase un gran escándalo, después del desastre del teletransporte de la última vez.
Desde la terraza de un edificio, observaban la puerta del banco, todavía cerrada. El no había dado todavía signos de aparecer por allí. "Qué raro…", pensó Kim, "según la información de Wade, ya debería de haber llegado…" Y entonces, escucharon una explosión proveniente del interior del edificio y vieron como, por un agujero creado a base de pólvora, salían Drakken, sus secuaces y, por último, Shego. Incluso al verla en la lejanía, a través de unos prismáticos, el corazón de Kim se paró y su mente dejó de funcionar. Solo podía seguir allí, parada, mirándola sin más.
-¿Kim, me estás escuchando? – preguntó Ron, algo enfadado.
-Lo siento, ¿qué decías?
-Te estaba preguntando que si bajamos ya o te vas a quedar ahí parada mucho rato.
-No, claro, bajemos – respondió Kim intentando aparentar normalidad. Pero lo cierto es que apenas sabía lo que estaba haciendo.
Colgó el gancho en un punto seguro de la azotea y comenzó a descender hasta el suelo. Su compañero imitó sus movimientos y comenzó a descender también, aunque, considerando su vértigo natural, tardaría bastante más que ella. En cuanto puso pies en tierra firme, respiró hondo y desenganchó la cuerda de su cinturón. Al fin, era hora de enfrentarse a su deber. Se acercó sigilosamente a la esquina del edificio, para observar así la situación antes de trazar un plan, y justo antes de lanzarse contra el enemigo, sintió unos golpecitos en su espalda.
-Ron, no te preocupes, lo tengo controlado. A la de tres, nos lanzamos contra el enemigo. Son pocos, podremos fácilmente contra ellos.
-Si te refieres a Imparable, sigue todavía liado con la cuerda – escuchó una voz femenina a sus espaldas – Pero, hey Pumpkin, creo que yo soy una mejor sorpresa que ese idiota, ¿no crees?
Se volvió inmediatamente y pudo observar a Shego a sus espaldas, con su habitual media sonrisa en el rostro, observándola con aquellos penetrantes ojos verdes. La vio y no supo qué hacer. La vio y simplemente se quedó allí parada, clavada en el suelo, observando el curioso destello que la luz de la luna producía en su blanquecina tez, en su bello rostro marmóreo, su cuello erguido y elegante, su pelo negro cual azabache…
-Shego… - consiguió pronunciar únicamente.
-Kimmie… - contestó Shego, aún sonriendo, antes de propinarle una patada que pilló a Kim por sorpresa y la lanzó varios metros hacia atrás.
Kim no sabía qué estaba pasando. Shego la había golpeado con todas sus fuerzas y apenas podía respirar. Sin embargo, era lo normal, ¿no? Shego y ella habían nacido para pelearse, para ser enemigas. Y aún así, Kim ahora no podía concebir la idea de intentar hacer daño a Shego. Lo único que pasó por su mente en aquel momento fue una única palabra: corre.
Se levantó rápidamente y, en cuento comenzó a notar que el aire volvía a entrar en sus pulmones, comenzó a correr sin dirección fija, doblando esquinas, cruzando calles. No había mirado atrás ni una sola vez, sin embargo, sabía que Shego la estaba persiguiendo. Podía sentirla tras ella, su mirada fija en su nuca.
Dobló la esquina un par de veces más, hasta que se encontró con un callejón sin salida y un sudor frío empapó su frente. Intentó escalar hasta una ventana a unos tres metros de altura, sin embargo, le fue imposible y cayó al suelo, de espaldas. Cuando se dio la vuelta, Shego ya había llegado a la boca del callejón y la miraba con aire amenazante.
-Tienes una extraña afición por correr, Princess – dijo con lengua sibilina mientras se acercaba a ella lentamente.
Kim no reconocía a esta Shego. Era distinta incluso a la Shego que recordaba antes de perderse en la isla. Sus ojos reflejaban un destello de ira, de odio y violencia. Se parecía, en cierto modo, a la pantera que la había perseguido sin cesar hasta caer rendida.
Retrocedió hasta que chocó con la pared del fondo, y entonces Shego le volvió a propinar un puñetazo en la barriga, que, de nuevo, la hizo doblarse de dolor.
-¡¿Es que no te vas a defender?! – preguntó iracunda.
-No… puedo – respondió Kim ahogándose a cada palabra. Sentía los ojos húmedos y sabía que, en cualquier momento, lágrimas comenzarían a caer y rodar hasta las comisuras de sus labios.
-Entonces… Tendré que matarte.
Shego encendió un plasma candente en su mano y la acercó peligrosamente al rostro de Kim, la cual parecía no ser consciente de lo que se avecinaba. Estaba tan cerca, faltaba tan poco, ¿por qué no podía matarla? ¿Por qué no podía, simplemente, alargar la mano y atravesar un punto vital de su enemiga, de la persona que más odiaba en aquel mundo?
-Nada ha cambiado… - comenzó a repetirse en voz alta, intentando convencerse – Nada ha cambiado…
Y entonces Kim alzó la vista. Y pudo ver, en sus ojos, un sentimiento que nunca antes había visto en los de nadie más. Un sentimiento desconocido para ella.
Alargó la mano… Y finalmente la clavó en la pared, justo al lado de la cabeza de Kim.
-¿Por qué no puedo matarte? – se preguntó Shego en voz alta. Ante el silencio de Kim, siguió hablando, sintiendo cómo las palabras salían solas de su boca, sin tener ningún tipo de control sobre ellas - ¿Por qué me importas tanto?
Kim miró, sorprendida, al rostro de Shego. Sus mejillas se habían sonrojado y solo entonces fue consciente de la escasa distancia que había entre ellas.
-Tal vez porque las personas como tú están hechas para preocuparse por gente como yo… - susurró Kim, acercándose todavía más a Shego, la cual tenía ambas manos apoyadas a cada lado de la cabeza de Kim.
Shego no pudo evitarlo. ¿Cómo habría podido? Había entrado en ese pequeño margen de espacio donde la cabeza deja de pensar y el corazón comienza a actuar. Y no pudo más que rodear a Kim por la cintura, atrayéndola hacia sí, y buscar sus labios, con desesperación, para unirse en un deseado y anhelante beso. Y cuando lo hizo, cuando al fin sus bocas se juntaron, supo que debía de haberlo hecho hacía muchísimo tiempo. Encajaban a la perfección. Todos esos puñetazos y patadas de tiempos pasados se convirtieron en caricias y abrazos y los gemidos de dolor en suspiros. Cuando al fin se separaron, se quedaron mirándose fijamente, la una a la otra, con sus frentes unidas.
-Escápate conmigo – se atrevió a pronunciar Shego.
-No puedo… - fue la primera respuesta que pasó por la mente de Kim, aunque, después de unos segundos, reflexionó. ¿Y si lo hiciera? ¿Y si se escapaba con su archienemiga? ¿Qué pasaría entonces? ¿La calificarían como la peor heroína de todos los tiempos? Aunque, pensándolo de otra manera, su vida, tal y como la conocía, quedaría destruida por completo.
-¿Qué tienes que perder? – la intentó convencer Shego, sin poder reprimir una pequeña sonrisa. Sonrisa que demostraba la felicidad de aquel momento, a la par que la tristeza de no saber cuándo se podría volver a repetir.
Kim posó sus labios nuevamente sobre los de Shego. Fue un beso sencillo. Tan solo quería volver a recordar la suavidad de aquellos labios, su calor y ternura. Sabía que no podría volver a tenerlos tan cerca, tal vez nunca más. Al fin, separó su rostro del de su enemiga y se dio la vuelta, en dirección a la salida del callejón, para, al fin, responder.
-Todo…
