Disclaimer: Maki Murakami es la absoluta propietaria de Gravitation, todo su mundo y sus personajes. Yo sigo a la espera de que el mundo cambie de repente, los peces naden en el aire, bajemos hacia arriba y Gravi pueda ser mía y no de ella. Hasta entonces... A esperar.
¡REVOLUCIÓN!
CAPITULO 7: EL ENCUENTRO.
Mirando a su alrededor, lo localizó en pocos segundos.
Yuki Eiri llevaba sus gafas de sol puestas a pesar del día nublado y fumaba un cigarrillo apoyado en su coche, aparcado unos metros más arriba, con aquel aire disciplente tan típico de él.
- Miyori, tengo que volver un momento a casa. ¿Por qué no coges tú el taxi?
- Vale. Esta noche nos vemos- respondió su amiga, besándolo en la mejilla a modo de despedida antes de subir al coche.
Shuichi la agitó suavemente la mano y, en cuanto el taxi dio la vuelta a la esquina, él comenzó a caminar en dirección a Yuki lentamente, con las manos metidas en los bolsillos.
- Has tardado bastante en encontrarme – comentó cuando llegó a su altura, situándose a su lado y apoyándose él también en el coche.
- Dejaste instrucciones muy precisas para que no lo hiciese.
- ¿Es una visita de cortesía o querías algo?
Yuki le lanzó una breve mirada. Shuichi no parecía en absoluto enfadado, herido o deprimido. Nada en el chico indicaba, en un primer vistazo, que le guardase algún tipo de rencor; cualquier espectador vería a un par de conocidos charlando. Sin embargo, aunque Yuki diese rara vez importancia a las personas que le rodeaban, era lo bastante perceptivo para notar la frialdad o la ira encubierta en una apariencia amable, porque él era uno de sus principales exponentes.
Además, tampoco era necesario ser psicólogo para ver que Shu-chan se había convertido en alguien muy distinto. Sus prendas coloridas eran ahora sobrias, sus gestos histriónicos se habían sosegado, su mirada brillante ahora estaba velada y transmitía el poco interés que sentía su propietario hacia todo. Incluso su aspecto desmejorado (tal vez por el trabajo o por una mala noche) reforzaba aquel nuevo carácter, pareciendo más que nunca un hombre adulto, responsable y maduro.
Y que le colgasen si ese era Shuichi y no una imitación barata.
- ¿Te llevo a algún sitio?
Shuichi asintió y, dirigiéndose al asiento del copiloto, montó en el coche, seguido por Yuki. Transcurrieron cinco minutos de completo silencio antes de que el escritor, frustrado e incomodo con el tranquilo silencio de su acompañante, decidió decir algo, a ver si eso ayudaba a mejorar las cosas.
- Parece que te las apañas muy bien sin mí – Shuichi le dirigió una sonrisa tan fría que le provocó escalofríos – Te has dado mucha prisa en buscarte una zorrita que me sustituya.
Vale. Al menos había dicho algo. No es que mejorase nada, pero le había sentado de muerte insultar a alguien. Podía notar como el valor regresaba poco a poco. "Ánimo Yuki, tu puedes".
- ¿Celoso?
- Creí que eras gay.
- Sí, eso creía. Un error comprensible, si tenemos en cuenta que a ti te tenía por un hombre en vez de por la alimaña que eres.
- ¿Enfadado?
- Podrías haber sido más amable con ella – comentó suavemente Shuichi, tragándose la rabia para no darle la razón – Si no llega a ser por la vecina, no me habría encontrado.
- Eres un cantante famoso, te habría encontrado tarde o temprano – remedó Yuki al acordarse de la chica que llamó a su puerta hacía un par de días; notando como se le revolvía el estomago al recordar sus rasgos de muñeca y luego rememorar la imagen de hace unos minutos, cuando había besado a su Shuichi - No le habría pasado por dormir unos días en la calle.
- Es cierto. Se me olvidaba lo cretino que puedes ser a veces.
- ¿Sólo a veces? Debo estar perdiendo facultades.
Shuichi no contestó ni hizo otro gesto que no fuese seguir mirando al frente y Yuki, notando como la valentía volvía a diluirse en una vaga desesperación, hizo un último y estúpido intento.
- Vuelve conmigo – le soltó a bocajarro.
- ¿Por qué debería hacerlo?
- Porque te lo estoy pidiendo.
El coche frenó a la entrada del edificio de NG, pero ninguno de los dos hizo ademán de bajarse.
Shuichi volvió la mirada hacia Yuki y le observó. Ahora que se había quitado las gafas, podía comprobar que tenía ojeras y sus ojos rojos indicaban que había estado bebiendo más de la cuenta. Pero su gesto seguía siendo insolente y su tono no destilaba más cariño que el que se utilizaría para hablarle a una mascota no particularmente querida.
El antiguo Shuichi se habría lanzado a sus brazos al instante de haber oído esa voz suave y ronca ordenándole algo; se habría arrastrado por él, haciendo todo lo que le pidiese.
Pero el nuevo Shuichi le dedicó una sonrisa torcida.
- ¿Alguna otra razón en particular?
- ¿Debería haberla?
Shuichi le miró más intensamente y se acercó a él. Cuando sus labios se posaron en los de Yuki, pudo notar como el escritor se relajaba bajo la suave presión de su boca, dando aquella batalla por ganada.
El cantante rozó su mejilla con la mano derecha mientras que con la izquierda le tomaba por la nuca, enredando sus dedos entre mechones de su pelo a la vez que lo acerba bruscamente a él, introduciendo con rapidez su lengua en la boca de Yuki, encontrándose con la suya, acariciándola, haciéndola suya. Mordió sus labios y saboreó su boca con pasión haciendo chocar sus dientes hasta que noto que Yuki estaba rendido, engañado por aquel beso, tan distinto a los que compartían siempre, pero tan embriagador.
Entonces, agarrando su pelo con fuerza, lo apartó de su cara, dejando a Yuki boquiabierto y sin comprender nada.
- Tengo mejores cosas que hacer ahora mismo que volver contigo – susurró Shuichi con suavidad, acariciándole con la mirada, sin soltarle – Y mejor gente con la que estar. Lo siento mucho, Eiri.
Y sin darle tiempo a recuperarse, o a reaccionar, o a decir algo medianamente coherente, Shuichi salió del coche dando un portazo y subiendo tranquilamente por la escalinata que daba entrada al edificio.
- ¡Joder! – masculló Yuki cuando lo vio desaparecer dentro del edificio, maldiciendo para sus adentros y comido por los celos.
¿Qué coño era lo que había fallado?
Shuichi le había utilizado miserablemente, pero lo más triste es que ahora el orgullo era el dolor menos intenso. Llevándose la mano a la entrepierna, notando la dureza recién despertada por Shuichi, se tocó los labios con la punta de la lengua.
¡Con un beso! Solo un beso y estaba así. Shuichi jamás le había besado de esa forma, tan sugerente, tan poderoso… Y ahora, en vez de sentirse ninguneado, herido y de estar planificando cuidadosamente una venganza ante tamaña afrenta, lo único que notaba (y le daban ganas de noquearse mentalmente por ello) era que le temblaban las piernas como una adolescente ante su primer beso y que quería más. Mucho más.
Se acarició fuertemente por encima de la tela de sus pantalones con mal llevado deseo insatisfecho, intentando calmar toda aquella inquietud, hasta que una mujer se le quedó mirando desde la acera con los ojos entrecerrados y la sospecha en el rostro.
Girando de nuevo el contacto, salió de allí. Estaba visto que tenía que cambiar radicalmente de estrategia e idear un nuevo y más elaborado plan si lo que quería era volver son Shuichi, pues estaba claro que no iba a ser tan fácil como había pensado.
Y que le diesen a su orgullo, ya se vengaría de Shuichi cuando lo tuviese de nuevo junto a él. O mejor aún, en una cama y debajo de él. Ya se vengaría, ya.
Pero lo primero era lo primero, y en esos momentos lo que tenía era una urgente, prolongada e insatisfactoria cita con una ducha.
Bien fría.
Cajoncillo de sastre: Bueno, no mucho más que decir, aqui el capitulo siete, que espero que os haya gustado, totalmente centrado en Yuki y Shu-chan y en su nueva relación. No se que pensarán, pero a mi me encanta que Shuichi le esté torturando, que sufra, que sufra... Aunque bueno, ya veremos que la venganza de Yuki será placentera, ne? Y no mucho más que decir, proximo capitulo, seguimos con la preparación del concierto, que no hay que olvidarlo, porque cosas muy gordas ocurriran alli.
Muchas gracias por leer y por dejar review, y un beso para todas. Saludos!
Ela :)
