6ºLa señora Webber
Los días pasaban y no llegaban los pacientes para Carlisle, sin pacientes no había dinero y por lo tanto tampoco había provisiones, las que tenían empezaban a escasear y eso les preocupaba mucho, suponían que el principio iba a ser difícil pero esperaban que la gente del pueblo fuera un poco menos desconfiada.
Esme aprovechaba todo el tiempo que tenía libre para enseñar a Emmet a leer y escribir mientras cuidaba de Edward y Alice, Carlisle aprovechaba esos momentos en los que estaban entretenidos para arreglar los desperfectos de la casa y adecentarla a su gusto, además de comenzar a trabajar un poco la tierra en vista de la escasez de dinero que tenían, eso era lo único que podía hacer para alimentar a su familia si no aparecían pacientes pronto.
Cuando Carlisle pasaba por las calles del pueblo en busca de listones de madera para arreglar la casa veía a los aldeanos murmurar descaradamente sobre él o su familia, solo paraban cuando se acercaba lo suficiente como para escucharlos claramente. Sabía que siendo el único médico de la zona en algún momento tendrían que acudir a él, y eso solo hacía más incómoda la situación.
Esme había empezado a realizar las tareas de casa, se había recuperado rápidamente del parto y Carlisle se lo había permitido después de mucho pedírselo ella. Y el domingo por la noche Esme había preparado una cena sencilla pero deliciosa para intentar animar a Carlisle, lo veía algo decaído desde hacía días, ella había empezado a verle como un verdadero cabeza de familia, sabía como sacarlos adelante y para ella era algo muy importante y valeroso.
Los pequeños ya se habían dormido, incluso Emmet, que se había quedado dormido en la cama que ocupaban Carlisle y Esme. Carlisle lo subió a su cama y bajó para cenar con Esme después de un día agotador trabajando en los campos del terreno.
Los dos se sentaron a la mesa, a la luz de una sola vela para no despertar a los niños, la vela estaba en el centro de la mesa, junto a sus platos.
-¿Por qué no me cuentas que te preocupa?
-No quiero atormentarte con mis cosas- Respondió intentando quitarle importancia.
-¿No se supone que somos un matrimonio? Creo que si queremos que esto funcione debemos comportarnos como tal, así que por favor, cuéntame que sucede.
-Tienes razón- Le cogió la mano mientras miraba el suelo- No se muy bien como afrontar la situación que tenemos, si no empiezan a aparecer pacientes no se que vamos a hacer- Explicó seriamente, se levantó y fue a la ventana- Ya es difícil poder mantenerse uno solo, no se que vamos a hacer con tres niños, eso sumado a las murmuraciones del pueblo me hace pensar que hicimos mal en venir hasta aquí.
-No te preocupes, todos los comienzos son duros- Se acercó a él y lo abrazó por la cintura, apoyándose en su espalda- Es imposible que nadie en el pueblo no enferme, todos lo hacemos en algún momento, solo debemos tener paciencia, y el día que venga uno y vea lo buen médico que eres, ese día se acabarán sus cotilleos sobre nosotros.
-¿Tu crees?- Carlisle se giró para poder mirarla a los ojos, en ellos vio sinceridad y esperanza, ella creía firmemente lo que decía, y a la luz de la vela que iluminaba tenuemente la habitación, a Carlisle le pareció la mujer más hermosa del mundo.
Ambos se quedaron mirando fijamente a los ojos, siendo totalmente conscientes de que la poca distancia que los separaba cada vez era menor, una sensación de calidez los invadía y sus bocas se abrieron levemente para dar paso al beso que ambos ansiaban. Pero el beso no llegó, unos fuertes golpes en la puerta hicieron que retrocedieran de inmediato.
-¿Quien puede ser a estas horas?- Murmuró Carlisle mientras se dirigía a abrir, al otro lado de la puerta apareció el sheriff- ¿En que puedo ayudarle?
-Vengo de parte del señor Webber, estaba cenando con ellos cuando la señora Webber se desvaneció y ha empezado a subirle la fiebre a gran velocidad.
-¿El señor Webber está de acuerdo con que yo atienda a su esposa?- Preguntó Carlisle sabiendo que aquel hombre no aceptaría ayuda de alguien desconocido.
-Se ha negado al principio, pero usted es el único médico cercano y la situación es grave.
-Está bien, no se preocupe, cojo mis utensilios y voy de inmediato- Carlisle miró a Esme- Aunque me vendría bien tu ayuda, debes quedarte con los niños...
-Si me lo permiten, si ella puede ayudar en la recuperación de la señora Webber, yo me quedaré con los pequeños- Le interrumpió el sheriff- La familia Webber es amiga de mi familia desde hace mucho tiempo, si así puedo conseguir que se mejore antes, lo haré sin problemas.
-Pues siendo así, dejamos a nuestros hijos con usted.
Esme le indico a Charlie donde se encontraban todas las cosas mientras Carlisle cogía todo lo necesario para tratar a la señora Webber, después salieron presurosos hacia la gran finca de la familia más influyente del pueblo.
Al llegar y llamar a la puerta, una sirvienta los hizo pasar hasta la entrada de la habitación donde se encontraban sus señores, se adentró ella y poco después salió con su señor.
-¡Por fin llega! ¿Quien se cree usted para tardar tanto?
-Lo lamento mucho, no sabía que iba a tener que salir corriendo de casa a estas horas- Se disculpó como pudo viendo lo nervioso que estaba el señor Webber ante la situación que estaba viviendo- El sheriff Charlie Swan me ha pedido que venga de inmediato y aquí estoy.
-¡Pase de una maldita vez y atienda a mi esposa!
Carlisle cogió la mano de Esme y se adentró con ella en la habitación, la señora Webber estaba tendida en la cama, moviéndose de un lado para otro, su rostro estaba pálido, tenía unas ojeras muy pronunciadas, los labios secos y la mirada perdida en la nada.
Esme colocó su mano en la frente de su paciente, la retiró de inmediato, estaba ardiendo de fiebre, pero a la vez tenía sudores fríos, Carlisle reaccionó de inmediato sin esperar ni un solo segundo.
-Señor Webber, necesito agua muy fría en abundancia, paños limpios y su consentimiento para desvestir a su esposa.
-¿¡Como se atreve!?- Se puso rojo de ira al escuchar aquella petición.
-¡Escúcheme! ¡Su esposa tiene mucha fiebre! ¡Si no hacemos que baje de inmediato podría no pasar de esta noche! ¡Si quitamos sus ropajes será más fácil hacer disminuir su temperatura!- Le explicó con seriedad y severidad, haciéndole ver la gravedad de la situación- No pretendo hacer nada indecente, se lo prometo, usted estará delante en todo momento para comprobarlo, solo intento ayudar a su esposa.
-Está bien- Respondió después de pensarlo un poco. Mandó a una criada a por las cosas que Carlisle le había pedido y se quedó junto a la cama mientras Esme ayudaba a Carlisle a desvestirla.
Entre los dos intentaron enfriar el cuerpo de la señora Webber con el agua y los paños, pero no lo conseguían, así que Carlisle mandó a Esme a buscar a una sirvienta, debían preparar una bañera con agua muy fría y sumergir en ella a la señora Webber.
Esme salió presurosa de la habitación y dio las indicaciones que había dicho Carlisle, estaba apunto de volver para avisar de que el baño estaba listo cuando una joven se acercó a ella llorando.
-Por favor, ayude a mi madre, se encuentra muy mal- Suplicó la chica arrodillándose ante ella.
-Kate, el doctor Cullen está con la señora, no puede ir a ayudar a tu madre- Le respondió la criada que estaba con Esme.
-No se preocupe, yo iré, vaya usted a avisar de que el baño está apunto- Le indicó Esme muy segura de lo que decía- Vamos, llévame junto a tu madre.
La muchacha condujo a Esme a la planta baja, a las habitaciones de servicio, en una de ellas estaba una mujer sentada en un pequeño sofá viejo, inclinada hacia delante.
-Mamá, esta es la esposa del doctor, me ha dicho que va a ayudarte.
-Kate, no debías haber llamado a nadie- Intentó levantarse la mujer mientras regañaba a su hija- Estoy bien y tienen que ocuparse de la señora.
-No se preocupe, la señora Webber está en buenas manos con mi esposo- La tranquilizó Esme- Ahora dígame que le sucede y siéntese de inmediato.
-Mi madre está esperando a mi hermano, pero hace días que no se siente bien y hoy se retuerce de dolor- Le explicó Kate. Al acercarse a ella, Esme pudo comprobar que la mujer estaba en un avanzado estado de gestación- Ayúdela, se lo suplico.
-Tranquila Kate, yo me ocuparé de tu madre.
-Se va a meter en un lío si me ayuda- Le dijo la mujer al ver la predisposición de Esme.
-Eso es problema mío, ¿como se llamá?
-Carmen, señora- Respondió de inmediato volviendo a sentarse en el sofá.
-Bien Carmen, voy a reconocerla, así que relájese y túmbese, yo me ocuparé de todo.
Carmen se tumbó a lo largo del sofá, dejó que Esme levantara sus faldas y revisara su zona íntima, Kate le acercó una palangana con agua tibia para que pudiera revisarla mejor. Esme comprobó todo antes de limpiarse las manos y bajar de nuevo la falda de Carmen.
-¿Ocurre algo malo?
-No es malo, pero debe tener cuidado, su bebé es muy grande y aunque aun le queda algo más de un mes para el alumbramiento, si no tiene calma y descansa podría adelantarse- Le explicó cariñosamente- ¿Cual es su trabajo en la casa?
-Soy el ama de llaves.
-Bien, yo hablaré con el señor Webber para que usted trabaje lo menos posible, está muy avanzada y no debe arriesgarse a que algo suceda.
-Muchas gracias señora Cullen.
-No se preocupe, ahora descanse, estoy segura de que su hija cuidará muy bien de usted- Sonrió saliendo de la habitación y volviendo a la de la señora Webber. Al entrar vio a Carlisle colocando unas compresas frías en la frente de la señora Webber que ya estaba vestida de nuevo y arropada en la cama- Siento la tardanza.
-¿Donde estabas?- Preguntó Carlisle comprobando que el señor Webber no estuviera cerca.
-El ama de llaves de la casa está en un avanzado estado de gestación y está teniendo alguna complicación, la he atendido como partera que soy.
-Está bien, pero la próxima vez avísame, no sabía que decirle al señor Webber para explicar tu ausencia- La cogió de la mano- Por suerte, está tan contento por la mejoría de su esposa que hasta tiene buen humor.
-¡Ah! ¡Por fin aparece!- Exclamó el señor Webber al entrar de nuevo en la habitación- ¿Donde estaba?
-Visitando a su ama de llaves, señor- Le dijo tranquilamente- Debería permitirle descansar, de lo contrario podría ocurrirle algo a ella o a la criatura que espera.
-¿Mi ama de llaves?- El señor Webber se quedó unos momentos en silencio- ¡Ah, ya, se refiere a Carmen!- Esme asintió- Me encargaré de que reciba los cuidados necesarios- Le sonrió.
-Bien señor Webber, mañana volveré para comprobar como sigue su esposa, si la fiebre no sube será un signo muy bueno de mejoría.
-Muchas gracias por su ayuda- Le estrechó la mano con fuerza- Le recomendaré a todos mis amigos, y en cuanto mi mujer se mejore le recompensaré como se merece.
Carlisle cogió el brazo de Esme y salió de allí, dejando al señor Webber con su estado de amabilidad poco común en él, volvieron a la casa y le explicaron al sheriff lo sucedido antes de que este se marchara a descansar. Se cambiaron de ropa y se tumbaron en la cama, espalda con espalda, sintiendo la cercanía que tenían.
-Esme, gracias por acompañarme.
-No debes agradecerme nada Carlisle- Esme se giró un momento hacia él, besó sus labios tan solo un segundo y volvió a ocupar la misma posición de antes- Que duermas bien.
-Tú también.
Los dos cerraron los ojos y se durmieron con una sensación de felicidad interior extraña para ellos.
Siento la tardanza pero he estado todo el fin de semana de acampada y hasta ahora no he podido sentarme al ordenador.
¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado ver trabajar a Carlisle y a Esme? Se va acercando el final de la primera parte, pero ya estoy poniéndome con la segunda. Espero que os guste lo que tengo pensado.
Nos leemos pronto
