Capítulo VI – Con mis propias manos
Draco se había pasado todo el resto de la noche pensando en su conversación con Granger y con la que tuvo después con Theo, en la que simplemente le preguntaba que había hablado con Hermione y le pedía que trataría de calmar a Daphne.
No sabía como posicionarse, sabía que no quería ser participe de los "planes" de sus amigos, aunque posiblemente él sería el que sufriera la peor pena en Azkaban. Pero aquella mañana, cuando escuchó el estallido en el jardín de Blaise y detectó con la mirada a Granger, no buscaba salvarse de la prisión mágica. Además, Daphne trataba a Granger con desdén, joder, ¿no habían aprendido de la guerra nada? Hasta él, Draco Malfoy, había dejado atrás sus perjuicios por la sangre.
Digamos que por un momento, la humanidad volvió a él y tuvo el simple impulso de evitar que muriera aplastada por unas estatuas gigantes. Apenas dormitó unos minutos cuando tocaron a su puerta. Era Granger, llamándolo para que bajaran a desayunar.
Se sorprendió cuando al cruzar al pasillo, solo estaba ella.
- ¿Y Theo? - preguntó.
- Supongo que estará durmiendo... - dijo dudativamente la castaña -. Entiendeme que no me siento demasiado a gusto sentándome en una mesa con ellos.
- Granger – la llamó mientras bajaban las escaleras -. No quiero que pienses que Theodore es tampoco un cabrón. Pero cuando Daphne está cerca... se vuelve a su merced.
Entraron a la cocina y Draco se dirigió a sacar los cuencos para servir la avena.
- Oye, Malfoy. No he pegado ojo pensando en algo. ¿No crees que en algún momento los aurores y el Ministerio persistiran en su búsqueda por los mortífagos? ¿No tienes miedo? Deberíamos idear un plan para escapar.
Draco se detuvo en seco. ¿De verdad Hermione Granger se planteaba escaparse con él?
- Llegará el momento en donde deba ser juzgado, Granger. Si tengo que pagar por algo, y créeme que sí, lo haré.
Dicho esto, continuó con su tarea y sacó el envase de avena.
- ¿Qué haces? - escuchó a Granger reírse detrás de él -. Vamos a desayunar de verdad.
- ¿A que te refieres? - inquirió el Malfoy con extrañeza. ¿Desde cuando la avena no era suficiente? Tampoco podían esperar un banquete de cinco estrellas.
- Tal vez tu no estarás muy familiarizado con eso de cocinar por tu cuenta, de echo me sorprendió que en esta casa hubiera tantos artefactos de cocina muggle – dijo al tiempo que rebuscaba entre los armarios de la cocina. Finalmente extrajo una especie de sartén, pero sin bordes y sin agujeros -. ¿Hay pan?
- Queda un poco, aunque estará un poco duro.
- Ve a buscarlo, por favor – entonces prendió uno de los fogones con el encendedor muggle que había en el encendedor y apoyó el artefacto eso.
Draco tampoco opuso mucha resistencia, al fin y al cabo era Granger la que sabía sobre cocina sin magia. ¿Tan duro era para los muggles vivir? Se preguntó mientras bajaba las escaleras del sotano, que utilizaban como almacén. La pequeña ventana que había en la parte superior de aquel pequeño sótano apenas alumbraba una parte de la estancia, por lo que se dirigió y comenzó a buscar a tientas la bolsa donde tenían el pan. Sin embargo, su mano palpó una extraña superficie en la pared del estante. Extrañado, volvió a recorrer con sus dedos la pared.
Definitivamente había algo con relieve ahí.
Subió con rapidez las escaleras del sótano y corrió a la sala de estar a buscar una lámpara, Granger al verlo pasar por la puerta de la cocina, se asomó.
- ¿Y el pan, Malfoy? - preguntó.
- Ven Granger, apaga el fogón – le dijo a la vez que encendía la lámpara y volvía por donde había venido. Esperó a Granger en la entrada a las escaleras y la vió doblar el pasillo con curiosidad, caminando hacía él.
- ¿Qué ha pasado? - inquirió con un gesto de curiosidad. Draco observó atentamente que se estaba mordiendo el interior del moflete, tal vez lo haría cuando estaba nerviosa.
- Creo que he encontrado algo... Algo que Theodore no me ha contado.
Bajaron las escaleras y alumbró hacía la pared. Granger miraba a todas partes con inquietud, hasta que se detuvo al mismo punto donde él examinaba con la mirada.
Precisamente, el estante donde Draco había buscado el pan, tapaba una especie de puerta. Apoyó la lámpara en el suelo y se acercó para moverlo.
- Ven, ayúdame – dijo, dirigiéndose a Granger.
La castaña se aproximó, y con cuidado para que no se cayera nada, movieron el estante medio metro. Granger cogió la lámpara y alumbró la puerta.
Parecía una puerta, efectivamente, gris y verde, con toda clase de florituras y adornos en relieve. Aquello era lo que Draco había notado.
- No tiene manillar – dijo Granger mientras pasaba su mano por la entrada -. Pero sí que es una puerta... Tal vez sea como la cámara de los secretos.
- Theo habló en alguna lengua cuando te encadenó a la cama, no estaba equivocado cuando te dije que en esta casa cada maldito objeto está encantado... - replicó Draco, definitivamente tenía que averiguar que había detrás de esa puerta y porqué Theodore no se lo había mencionado. ¿Cómo era que después de casi una semana viviendo aquí no se había dado cuenta de aquella entrada.
- Griego antiguo.
- ¿Qué?
- Estaba hablando en griego antiguo... - dijo Granger después de una pausa -. Hay algo que Nott nos está ocultando, tenemos que investigar más sobre la familia. A lo mejor provienen de la Antigua Grecia...
- ¿Qué crees que habrá al otro lado? - le preguntó Draco mirándola a la cara. Granger observaba con curiosidad las florituras de la puerta, cómo si pudiera descubrir la manera de entrar ahí.
- Estamos bajo tierra, ¿no? Lo más seguro es que sea una habitación secreta.
- Vamos Granger, hemos estado mucho tiempo aquí, lo mejor que podemos hacer es poner esto en su sitio y subir a desayunar.
Hermione asintió y lo ayudó a mover el mueble a su lugar original, y sonriendo, cogió la bolsa de pan.
- Aquí está.
Draco sonrió. Se dio la vuelta antes de poder observar la respuesta. Cuando estaba por comenzar a subir las escaleras, Granger lo cogió de la mano para pararlo. Draco solía tener la piel fría, por lo que al sentir el tacto caliente de la castaña, un escalofrío recorrió su espina dorsal.
- ¿Qué quieres? - preguntó un poco tosco. Granger apartó su mano un poco avergonzada.
- Eh... Esta casa tiene una biblioteca, ¿no? - le dijo, a lo que Draco asintió -. Bien, pues deberíamos buscar algo ahí sobre la familia Nott, debe haber algo que nos ofrezca información.
- Es lo más seguro, Theo pasó los primeros días que estuvimos aquí estudiando allí. Por algún motivo, tengo el presentimiento que tiene que ver con esto.
Cuando el pie de Draco se posicionó en el primer escalón, la figura de Theo apareció por el marco de la puerta.
- ¿Qué hacéis vosotros dos aquí abajo?
- Hemos venido a buscar el pan para el desayuno – contestó el rubio mostrando la bolsa.
Theo levantó las cejas y observó a Granger, que todavía estaba al lado de unos estantes.
- Y qué, ¿no podías buscarlo tú solito que necesitabas ayuda de Granger?
- No, yo he venido a por esto – Draco se dio la vuelta y observó un frasco de ciruelas en conserva que Hermione tenía en la mano.
- ¿Para qué quieres eso? -inquirió el moreno.
- Para hacer mermelada.
- No tenemos pectina ni azúcar – dijo Theodore observándola con los ojos entrecerrados.
- Bueno, haré entonces un intento de mermelada – dicho esto, Hermione se abrió paso entre Draco y Theo y subió las escaleras.
Draco se rió entre dientes, al fin y al cabo, Granger era bastante inteligente.
Eran aproximadamente las doce de la mañana cuando tocaron la puerta de manera desesperada por segunda vez en el mismo día. Theo, se avalanzó sobre la puerta y la abrió lentamente, varita en mano.
- ¿Nombre?
- Blaise Zabini.
- ¿A que casa pertenecías en Hogwarts?
- A Sly... ¡Vamos Theo, no tengo todo el puto día! - un joven de piel morena entró de sopetón, con una escoba Nimbus en la mano.
Draco sonrió al ver a Blaise atravesar el vestíbulo y tirarse en uno de los sofás de la sala de estar, jadeando para recuperar la respiración.
- ¿Tenéis idea del miedo que acabo de pasar? Y ni tan siquiera he empleado la ma... - se calló en cuanto vio a Hermione sentada en una de las butacas individuales, con un libro en la mano-. Espera... ¿Qué cojones? ¿Es... es... es...?
- Si Blaise, la mismísima Hermione Granger – respondió Theo.
- ¿Qué... cojones? - repitió con lentitud mientras observaba a Granger de arriba a abajo, a lo cual Hermione parecía incómoda. Draco resopló y apoyó su barbilla en la mano -. ¿La habéis secuestrado o alguna mierda así?
- Ella fue quién destruyó tu jardín -dijo Theodore con diversión -. La salvamos de morir por esas estatuas gigantes.
- ¡Con que has sido tú, escurridiza rata! - respondió Blaise, aunque a decir verdad, no tenía cara de importarle demasiado su jardín -. Sin ofender Granger, tienes una pinta horrible.
Theodore se rió mientras palmeaba a Blaise en el hombro.
- Déjala en paz, Blaise. Mientras tú recibías tres comidas al día en Hogwarts, ella se la jugaba en un bosque – dijo Draco con un tono de cansancio, a la vez que se masajeaba la sien. Granger le dedicó una mirada de agradecimiento.
Blaise se echó a reír y miró a sus amigos.
- ¿Y bien, qué es eso que nos va a salvar de Azkaban? No me apetece estar encerrado dos años después de la guerra.
Draco observó la reacción de Granger, que se tensó al escuchar eso y apretó con fuerza el cojín que tenía debajo de ella. Theo se sentó al lado de Draco y repitió la acción de apoyar su cabeza en su brazo.
- Bueno, yo había pensado... - comenzó a hablar.
- No lo va a hacer, Theo.
Todos en la habitación observaron con sorpresa a Malfoy, quien le acababa de espetar esas palabras a Nott.
- ¿A qué te refieres, Draco? Tú precisamente deberías quererlo, eres el que más a hecho.
- Te estoy diciendo que no lo hará, no es como si Granger nos deba algo simplemente por salvarla.
- Esperad... ¿Entonces pretendemos que Granger testifique a nuestro favor en el juicio? ¿Qué os hace pensar que simplemente por eso nos vamos a librar de Azkaban? - intervino Zabini.
Sin decir nada, Hermione se puso de pie en silencio y se perdió por el pasillo que conducía a las escaleras.
Draco dudó unos segundos antes de seguirla.
- ¿A dónde vas, Draco? - le preguntó Daphne observándolo con su típica mirada maliciosa.
- Por si no lo has notado, a buscar a Granger – le respondió el rubio amargamente.
Mientras subía las escaleras, Draco se masajeó la sien nuevamente. Estaba a comenzar a hartarse de la actitud de Theodore y Daphne. Por suerte, parecía que Blaise no iba a posicionarse a favor de estos dos, pero seguía siendo molesto tener que estar aguantando continuamente los gestos de superioridad de Daphne y las miradas desconfiadas de Theo.
Parecía que se hubieran aliado para conseguir su propósito de librarse de Azkaban. Pero, ¿qué era eso que tanto los preocupaba? Que el supiera, Daphne solo había sido encubridora y de algún modo, cómplice de sus padres. Y de Theodore, solo tenía consciencia de pequeños recados que favorecían a los mortífagos, pero ni tan siquiera tenía la marca tenebrosa.
Llamó a la puerta de la habitación de la castaña, y ella misma le abrió a los segundos. Entró en la habitación y observó que Granger había roto todos los edredones y almohadones que tenía en la cama.
- ¿Por qué has hecho eso? - le inquirió Draco con seriedad -. Eres consciente, de que no podemos simplemente decir "Reparo" y arreglar todo esto.
Granger daba vuelta por la habitación, pisando las plumas de las almohadas que había esparcidas por el suelo, tenía los brazos cruzados y se estaba clavando las uñas con tanta fuerza, que una gota de sangre se escurrió de entre sus dedos.
- ¡Granger! - exclamó Draco dando zancadas para llegar a ella. La cogió por los hombros y la zarandeó para que parase -. ¿Qué demonios estás haciendo?
La forma de sus uñas se habían quedado marcadas en su brazo.
- ¡No lo entiendes, Malfoy! - gritó con rabia, apartándolo de ella -. ¡Entiéndelo, joder! Los mortífagos me han quitado todo lo que he querido; he tenido que borrarles la memoria a mis padres y mandarlos a Australia para que no les hicieran daño, ¡ni siquiera recuerdan que alguna vez tuvieron una hija!
Unas lágrimas de rabia e impotencia comenzaron a bajar por las mejillas de Hermione, que encerró sus manos en un puño.
- ¡Han matado a uno de mis mejores amigos! Han matado a Tonks, a Lupin, a Fred, a Colin, han destruido todo en lo que yo creía. He visto como mi integridad y mi habilidad mágica se han puesto a prueba simplemente por ser hija de muggles. Han arruinado la escuela que consideraba mi segundo hogar.
Draco se quedó de pie frente a ella, que lo miraba, pero parecía no estar viéndolo. Imaginó como en la cabeza de la castaña debían de estar pasando cientas de imágenes.
- ¿Por qué parece que aún así, muchos de vosotros no habéis entendido nada? Greengrass me sigue tratando con desprecio, siempre seré la asquerosa sangre sucia, ¿no? - finalizó con la voz quebrada.
Y para sorpresa tanto para Draco como para Hermione, el rubio la cogió por los hombros y la atrajo hacía si, envolviendo el delgado cuerpo de la castaña entre sus brazos.
- Lo siento, Granger. - dijo. Cuando hablaba, Hermione podía sentir la vibración de su garganta y los latidos de su corazón -. No solo por lo que está ocurriendo ahora, si no también por todos los años en los que te desprecié. Comprendo que estés llena de rabia, yo... hablaré con ellos.
Después de unos segundos en silencio, Hermione respondió timidamente el abrazo de Malfoy, envolviéndolo ella también en sus brazos.
De repente, la puerta de abrió de golpe y ambos se separaron asustados. Era Blaise, quién después de un momento de desconcierto ante la imagen, habló con firmeza.
- Eh... Vamos a comer.
- Ahora bajamos – respondió Draco, que todavía estaba extrañado por lo que el mismo acababa de hacer.
Realmente, solo... Solo había sido un impulso. Él no había recibido demasiados abrazos en su vida, y tampoco los había dado. Debía... Sí, solo era un estúpido impulso.
- A mi no me pongáis plato, no pienso bajar a comer – dijo Granger con sequedad.
- ¿Qué? Vamos Granger, tienes que comer, estás muy flaca – replicó Blaise, apoyándose en el marco.
- No puedo soportar otra clase de comentario más acerca de mi como si fuera una oportunidad de negocio.
Blaise le dio una mirada silenciosa a Draco, quién simplemente negó con la cabeza al chico de piel morena.
- Vámonos -dijo el rubio, sin dedicarle ninguna mirada a Granger, cerrando la puerta al salir.
- ¿Qué... qué ha sido eso, Draco? ¿Estabas abraz...?
- Cállate, Blaise.
Cada vez comenzaba a dolerle más y más la cabeza. Cuando irrumpieron en la cocina, Theodore y Daphne estaban hablando sonrientes, como si la situación de hace unos minutos no hubiera pasado nunca. Draco, caminó hacía la olla de la cual estaban sirviendo una sopa de albóndigas con tomate y sirvió dos cuencos.
Después, dio la media vuelta bajo la atenta mirada de todos los presentes y se dirigió nuevamente a la entrada, pero antes de salir se detuvo y miró a Daphne y a Theo.
- Greengrass, me importa una mierda no poder usar mi varita. Si vuelves a tratar mal a Granger, como si fuera tu rehén o inferior a ti, te parto el cuello con mis propias manos – dijo mirándola con superioridad -. Va lo mismo por ti, Theo. Vuestra sangre ya no importa una mierda.
Salió de la habitación mientras escuchaba como Blaise lo escusaba.
- Solo está enfadado, os estáis pasando un poco con ella...
- ¡Ni que fuera su puta protegida! - oyó a Nott replicar, sorprendentemente, con enfado en su voz.
Entró en la habitación de Granger y la encontró sentada en el suelo, apoyada en la cama.
- Granger, te he traído la comida. Más nos vale recoger todo esto antes de que a Nott se le ocurra encadenarte de nuevo – dijo Draco entregándole el cuenco.
Aunque por dentro, se preguntaba que demonios iba a hacer con su vida.
Draco y Hermione habían pasado gran parte del mediodía y la tarde arreglando el desastre que había provocado la castaña en su ataque de rabia.
Cuando terminaron, ambos se sentaron en la cama, aunque obviamente, Draco se aseguró de haber tomado la distancia suficiente. En su cabeza, las cosas sobre Granger se estaban tornando un poco confusas. Afuera, estaba comenzando a anochecer.
- Granger – la llamó.
- ¿Sí? - respondió la chica.
- He estado pensando en lo que me has dicho esta mañana.
- ¿El qué?
- Sobre que en algún momento agravaran las medidas de búsqueda para los mortífagos, y tienes razón. Debería de buscar un plan. Es decir, yo soy el único que está marcado. No suelen haber muchos mortífagos de mi edad, es algo inusual.
- Probablemente... Lo más seguro es que busquemos una forma de salir de aquí sin ser detectado, además, tal vez deberíamos conseguir un ejemplar del Profeta – le replicó Hermione.
- ... y enterarnos de que demonios está pasando en el mundo mágico – finalizó Draco.
- Siento que en la puerta del sótano podría conducir a un pasadizo, Malfoy.
Draco se quedó pensando unos segundos. Sí, un pasadizo, pero ¿a dónde? Tocaron la puerta nuevamente, y segundos después se abrió. Nuevamente, Zabini apareció, y parecía agitado, como si hubiera subido las escaleras corriendo.
- Chicos... Astoria ha enviado un patronus... Están atacando... la Mansión Greengrass.
Espero que os guste! ¿Quién los estará atacando? Si no es mucho pedir, me gustaría que recomendaseis la historia a quién podáis, al fin y al cabo, me gustaría que llegase a más gente. ¿Qué opináis? ¿Os gusta? ¿Sentís que estoy yendo con el dramione muy lento o muy rápido? Dejadme algún review con vuestra opinión del capítulo y quién creéis que ataca la mansión Greengrass. Saludos!
