Hola! Sé que recién ayer actualicé, y que dije que probablemente no lo haría en un tiempo... Pero parece que una noche de insomnio (como la que tuve anoche, precisamente) despierta algo de creatividad. Así que decidí subir este capítulo, que es un poco más largo que el anterior.
Ahora, este sí es el ultimo que subiré en una semana a causa de que me ausentaré por viaje.
Gracias por leer :)
Confusión.
Gaara nunca dormía. Por esa razón, tenía mucho tiempo para pensar.
Le gustaba pensar, porque de una forma u otra llenaba el vacío que sentía en las noches. Además, el único momento en que sus hermanos estaban tranquilos era cuando dormían.
Cuando Gaara estaba solo, en la noche, sobre el techo de algún edificio; pensaba en muchas cosas. Tal vez incluso pensaba mucho más que antes. Pensaba sobre todo en el nuevo estilo de vida que aspiraba a alcanzar. A veces pensaba en Uzumaki Naruto, y en como este había sido el único que había logrado hacerle cambiar de opinión. Gaara le tenía un gran aprecio y una gran admiración, porque Naruto era como él, con la diferencia de que no estaba perdido en la oscuridad.
Otras veces pensaba en Temari y Kankuro, y en cómo estos también habían cambiado luego de los exámenes chunnin. Gaara había comenzado a verlos como sus hermanos, y había entendido que también él tenía que intentar acercarse a ellos. Pero ahí residía el problema: Gaara nunca había pensado cómo hacerlo.
Para alguien que había pasado gran parte de su vida solo, y que había pensado que el amor, el cariño y la lealtad eran simples tonterías; todo ese nuevo asunto del aprecio y el deseo de servir y procurar a alguien era extraño. Era un terreno completamente desconocido. Por eso, cuando sus hermanos estaban cerca y trataban de incorporarlo en actividades, casi nunca sabía cómo responder. A veces sentía que nada funcionaria, y que él terminaría perdiéndose en la oscuridad como antes. Su propio demonio le repetía eso incansablemente, recordándole como Kankuro y Temari nunca habían estado ahí para él.
Pero, por alguna razón, Gaara no lo escuchaba. Tal vez porque sabía que las personas podían cambiar, y porque sentía que gran parte de la culpa de su soledad la tenía él. Otras veces recordaba los malos tratos que le ofrecía a sus hermanos, y pensaba que se merecía el odio de ellos dos. Una vez le había dicho eso a Temari, y ella había insistido en que no tenía que mortificarse por cosas pasadas.
Gaara pensaba que todas las personas podían cambiar, si recibían el impulso adecuado. Sin embargo, cuando el sol caía y volvía a quedarse solo, sentía que estaba destinado a seguir siendo un demonio solitario que solo vivía para servir a sí mismo. Y eso le daba miedo. Le daba miedo, porque sabía muy bien cuan oscuro y frio era el mundo cuando estabas solo. Entonces pensaba en sus hermanos, y en cómo estos (de una forma u otra) intentaban decirle que no estaba solo. Tal vez no todo funcionaba como ellos querían, y a veces Gaara tenía que alejarlos un poco porque simplemente lo agobiaban, pero él sabía que sus hermanos realmente estaban intentándolo con mucho empeño. Y nadie nunca había hecho eso por él.
Por eso también, algunas noches, se sentía tremendamente confundido. Y él no estaba acostumbrado a sentirse confundido.
En el mundo que él mismo había creado, todo cuadraba perfectamente. Pero luego irrumpían en él ciertas acciones y emociones que no parecían tener sentido, y que no encajaban con su perfectamente ordenado mundo. Entonces no sabía qué hacer con ellas, ni sabía cómo reaccionar. A veces solo necesitaba tiempo para analizarlo, pero Gaara había oído decir que las emociones no debían ser analizadas, sino sentidas.
Cuando de nuevos sentimientos se trataba, se sentía todo un idiota. A veces no sabía bien cómo responder a ciertas preguntas triviales, que parecían ser extremadamente sencillas para el resto del mundo; como cuando Temari se levantaba, le decía "Buen día" y le preguntaba cómo se sentía. Entonces Gaara se sentía raro al responder, y a veces no sabía qué se suponía que debía decir, porque nunca nadie se había preocupado en saber cómo él se sentía. Otras veces Kankuro le recriminaba que era muy serio, y que debía reír más.
Kankuro trataba de hacer reír a Gaara. De hecho, esa había parecido ser su meta durante aquel último tiempo. Cabe aclarar que no lo había logrado, principalmente porque Gaara consideraba que las bromas de Kankuro eran estúpidas, absurdas y sinsentido. Temari le había dicho que, probablemente, esa fuera la gracia. Kankuro pensaba que sus hermanos no tenían ni el más mínimo sentido del humor, y que por eso no entendían la majestuosidad de su humor.
De todas formas, Gaara no concebía la idea de reír. Al menos, no aun y, por sobre todo, no gracias a las bromas de su hermano.
Fue una noche en especial, cuando la luna llena brillaba sobre su pelirroja cabeza, en que Gaara se planteó bastante en serio su nuevo pensamiento. Llegó a la conclusión de que en realidad nada tenía sentido estricto. Le atribuyó eso al hecho de que su nueva vida estaba rodeada por emociones, y las emociones nunca tenían sentido. Sin embargo, esa conclusión lo dejó más confundido aun. Por un momento, pensó que debía preguntarles a sus hermanos qué pensaban de él. Su demonio le respondió, regocijándose, que sus hermanos probablemente lo seguían viendo como a un monstruo, y que solo habían cambiado porque le tenían más miedo que antes. También le dijo que solo jugaban con su frágil mente, tal como su tío había jugado hacía años. Gaara alejaba dificultosamente esa idea, y por eso solía pedirle perdón a sus hermanos de vez en cuando. En el fondo, quería verdaderamente cambiar.
Lo curioso era que, cuando llegaba el día, todas las dudas que lo atormentaban noche tras noche parecían menguar. Encontraba en la luz del sol cierta compañía que la noche había dejado de ofrecerle hacía rato. Entonces volvía a su casa, a veces, y se encontraba con la misma escena de siempre. Posiblemente Temari y Kankuro estarían discutiendo acerca de que Temari ocupaba el baño durante mucho tiempo, y alguna que otra tontería más. Pero siempre se callaban al verlo. A Temari y a Kankuro no les gustaba discutir frente a él.
Como nueva costumbre, Gaara desayunaba con sus hermanos. Para él, era una escena casi surrealista. Por esos momentos, olvidaba los miedos y las dudas que lo asechaban y se entregaba a un breve momento de paz interior. Probablemente esa paz tenía mucho que ver con las emociones, porque Gaara no la entendía, pero (curiosamente) no le importaba.
Al parecer, en el nuevo mundo que él aspiraba a construir, nada tenía sentido estricto. Pero, después de todo, eso seguramente ocurría cuando metías tantas emociones en él.
Bueno, este es un capítulo que está narrado sobre todo bajo mi propia percepción del personaje.
Como saben, gracias por leer.
