Nota y respondo reviews al final del capitulo.
Como siempre:
Gracias a las que habéis dado a seguir la historia y a las que la han añadido a favoritos. Sobretodo GRACIAS a las que me dejáis un review. Me encanta que os paséis a leer lo sale de mi cabeza y a las visitantes fantasma gracias también. Solo por el hecho de que me leáis ya es mucho para mi. Aunque siempre agradeceré enormemente si me dejáis un pequeñito comentario, aunque fuera minúsculo. Las críticas constructivas siempre son bienvenidas y me podéis dar alguna idea o aportación.
IMPORTANTE: Esta historia tiene un Rating M por un motivo obvio y claro. Si nos os gustan las escenas explicitas de sexo o de contenido sexual, esta no es vuestra historia. Cuando haya una escena de este tipo avisaré para prevenir.
Siento si hay algunos errores gramaticales o de sintaxis, soy muy perfeccionista y releo los capítulos antes de subirlos pero algunas faltas se me escapan.
Disclaimer:Los personajes, hechizos, etc pertenecen a J.K Rowling. Si fueran míos Severus y Sirius vivirían. Y Voldemort me estaría haciendo JUSTAMENTE lo que le hace a Mione en este capitulo...
Atención Lemmon (el que avisa no es traidor)
Capitulo 7. Alcohol, Expectación y Pecado
Harry Potter, también conocido como el Niño que sobrevivió dos veces o El Elegido, —nombres que no le gustaban nada—no se sentía demasiado feliz en esos momentos.
Era indudable que amaba a Ginny Wealey con todo su corazón, durante sus años en Hogwarts ya lo hacía y al terminar la guerra su relación se afianzó. No quisieron casarse hasta ser un poco más mayores, no tenían prisa y Harry quería que Ginny se uniera al equipo de Quidditch profesional de las Arpias de Holyhead, cosa que hizo al terminar sus estudios y hasta que el virus azotó con fuerza Inglaterra.
Ginny enfermó, superó la primera etapa pero sufrió la segunda y eso solo significaba una cosa: esterilidad irreversible. En ese momento el mundo de Ginny perdió su eje y dejó de girar. Meses de recuperación en cama, ya que el virus la dejó demasiado débil, meses en los que se dedicaba a llorar, maldecir al virus Liret y de vez en cuando a auto compadecerse; cosa que en los últimos años se había vuelto un hábito crónico. La auto compasión gobernaba su vida, dejando a Harry en un segundo plano. ¿Pero era normal no? Al fin y al cabo su sueño de ser madre se había esfumado en menos de lo que se dice "snitch", y el hombre de sus sueños, al que la enfermedad no había dejado estéril ni con graves daños, tendría que ser padre con otra mujer. ¿Cómo aceptar algo así? ¿Quién podría?
Además tanto su madre como su hermano Ron habían muerto a causa de Liret, eran demasiadas cosas para procesar en tan poco tiempo. No acababa de aceptar una muerte para recibir otra, y luego su esterilidad. Se sentía agotada tanto física como mentalmente.
Un día en una de las peleas cada vez más frecuentes entre Harry y ella, que terminó con Harry marchándose de casa para ir a ver a Hermione, Ginny volcó todas sus frustraciones en una botella de whisky de fuego. El alcohol tiene el extraño poder de hacerte sentir bien; primero mueren las neuronas de la tristeza por lo que sonríes todo el rato, después las neuronas de la timidez, por lo que no puedes dejar de hablar todo el rato, a continuación las neuronas del odio, por lo que amas a todo el mundo y solo quieres hacérselo saber y abrazarlos. Y si eres constante, y consigues acabarte la botella de líquido ambarino que quema como mil demonios al atravesar tu garganta, tal vez y solo tal vez, logras que las neuronas de la memoria se queden lo suficientemente atontadas como para olvidar. Olvidas todo lo malo que te haya ocurrido, pero de lo que no avisan es que no solo olvidas lo malo, también lo bueno. Por lo que al final, cuando la botella está vacía y tirada en cualquier rincón del suelo, te das cuenta de que tu también estás tirada en cualquier parte del suelo, porque tus piernas han decidido que ya no te soportan más, llena de vómito y sintiéndote más vacía que nunca. Entonces la mente decide hacer un reset y acabas inconsciente. Cuando te despiertas la cabeza parece que quiera estallar, estas rodeada de vómito, hueles fatal y todo aquello que habías conseguido olvidar vuelve a ti con la fuerza de mil puñetazos. Por lo que no te queda otra que coger otra botella y llegar al mismo nivel que la vez pasada. Solo así consigues olvidar, es la única maldita manera.
Harry llevaba viendo como Ginny se estaba dejando morir demasiados meses. Meses de peleas, portazos, gritos, arañazos, en ocasiones odio, malentendidos, alcohol…él sabía que Ginny lo estaba pasando muy mal, tenía demasiadas cosas que aceptar y superar y el volcarse en el alcohol no había sido lo más inteligente. A menudo Harry se preguntaba si él no tendría parte de culpa en lo que Ginny sentía en esos momentos, tal vez debería haber estado más por ella, cuidarla mejor; no sabía si lo había hecho bien o mal. Hermione siempre le decía que era un buen novio, que había cuidado de Ginny cuando enfermó, estuvo con ella abrazándola y consolándola por las muertes de Molly y Ron, y estuvo con ella cuando empezó con la maldita adicción al alcohol.
Él había aceptado que Ginny no pudiera tener hijos, le había dolido por supuesto, pero con el tiempo lo aceptó. Harry querría a Ginny incondicionalmente pasara lo que pasara, eso lo tenía muy claro, y si no le podía dar hijos…bueno…serían ellos dos siempre. Pero entonces el Ministerio había ordenado la repoblación del mundo mágico, emparejando a los magos fértiles con las brujas fértiles más afines, y su compañera sería Astoria Greengrass. La recordaba de Hogwarts, una chica preciosa, de pelo castaño, ojos verdes y piel pálida. Pese a su belleza nunca había destacado demasiado en el colegio, y su familia se había mantenido alejada de la guerra y sus convicciones no eran tan fuertes como los de otros sangre puras, por lo que la encontraba una mujer todavía más interesante.
Ginny al enterarse tanto de la noticia de la repoblación, como de la pareja "para follar"—como le gustaba llamarlo a ella, las cosas claras— de Harry se había volcado aún más en la bebida.
— Estoy harto Ginny—la apuntaba con un dedo mientras le hablaba. Estaban en la cocina de su casa en Grimmauld Place y Ginny lo miraba con la mirada desenfocada y las mejillas arreboladas por el efecto del whisky—Te quiero Ginny, pero estás acabando con mi paciencia—la bruja tragó seco al escucharlo.
— ¿Vas a dejarme?
— No, Ginny ¡joder no! Sabes que nunca he querido estar separado de ti, ni cuando el virus atacó, ni con las muertes de Ron y tu madre, ni cuando nos enteramos de que eras estéril. ¡Jamás Ginny! Y no tengo intención de dejarte ahora. Pero—se pasa las manos por la cara, en un gesto inconfundible de cansancio—o paras ya o me romperás. Llegará un momento cielo, que no podré más y me romperé, no quedará nada de mi como no pares con tus ansias de autocompasión enfermiza.
— ¡No es autocompasión enfermiza Harry! He perdido mucho y…
— ¡¿Y yo no?!—golpeó la mesa de la cocina con los dos puños cerrados, haciendo que la botella de whisky que hasta hacía escasos segundos descansaba en ella se volcara y derramara todo su contenido sobre la mesa. Ginny hizo ademán de recogerlo pero Harry con un movimiento veloz de su varita se encargó de limpiar y desaparecerla— Estate quieta, joder. Yo también he perdido muchísimas cosas Ginny. Primero la muerte de Ron que era como mi hermano y lo sabes, después Molly a la que quería como a una madre, después el saber que no podríamos tener hijos y ahora te estoy perdiendo a ti.
— ¿A mi?—Ginny notaba la cabeza embotada por el alcohol y no podía seguir bien la conversación— Estoy aquí Harry, no me has perdido.
— Ginny te estoy perdiendo, te me estás escapando de entre mis manos. No se que más hacer. Yo he aceptado todo lo ocurrido, ¿Cuándo lo harás tú? ¿O es que piensas seguir bebiendo hasta morir? Porque si eso es lo que quieres, felicidades, lo estas haciendo muy bien.
— ¿Qué? ¡No! Claro que no—Intentó ponerse de pie y abrazarlo pero al levantarse de la silla se mareó y tuvo que volver a sentarse, sabía que lo que Harry le decía tenia sentido pero su mente y su tristeza le impedían ver nada más—Yo no quiero morir Harry, es solo que no puedo más.
— Yo tampoco puedo más. Ginny, por favor, por nosotros, deja el alcohol y acepta tu vida tal y como es ahora. Sigamos adelante juntos, te ayudaré y te apoyaré en lo que haga falta, pero da el paso. Escoge—Ginny levantó la mirada de la mesa donde había estado anclada—escoge a la bebida o a mi. Yo te acepto Ginny, acéptame tú.
La bruja se quedó con la boca abierta ante las palabras de su chico, ¡claro que quería escogerlo a él! Pero le daba tanto miedo seguir adelante y tener que aceptar de una vez tantas verdades. Harry vio el miedo en los ojos de su pelirroja.
— ¿No me echas de menos cielo? ¿No echas de menos nuestras noches en las que te hacía mía, en las que te decía cuanto te quería y te poseía como si no hubiera un mañana?
— Si…—Ginny volvió a agachar la mirada mientras sus ojos se anegaban en lágrimas. Echaba tanto de menos esas noches, ¿Cuánto había pasado desde la última vez que hicieron el amor? ¿Un año? Más tal vez…—Pero ahora podrás tener eso con Astoria, no me necesitas —Finalizó con amargura, derramando por fin las lagrimas.
— Claro que te necesito. ¿Crees que esa mujer me podrá hacer sentir como tu? No la amaré Ginny, ella es un medio para llegar a un fin. Y será así. Tendré que mantener relaciones sexuales, si, pero será solo sexo. Nadie, jamás, podrá remplazarte a ti ni lo que me haces sentir. Tú también serás madre de esos niños solo por estar conmigo, ellos también te necesitaran. Escoge Ginny. Estoy hablando en serio cuando digo que ya no puedo más.
Se quedaron en silencio unos largos minutos en los que Harry creía que todo estaba perdido, tendría hijos con Astoria, si, pero no sería lo mismo sin su Ginny. Sin previo aviso la cocina explotó, no la cocina entera como tal, si no que todos los armarios que contenían botellas de whisky y otros alcoholes—que no eran pocos— explotaron, junto con las botellas, convirtiendo el suelo y alrededores en un amasijo de madera quebrada, astillas, liquido ambarino y pegajoso, y trozos de afilados cristales. Afortunadamente ninguno de los dos sufrió heridas ni acabaron empapados de alcohol. Harry miró enarcando una ceja a Ginny, que tenía una sonrisita de suficiencia en sus labios y una mirada orgullosa. No había duda: ella había hecho explotar las botellas.
— Te escojo a ti Harry, siempre te escogeré a ti—este miró alrededor, al caos que ahora era su cocina y sonrió de medio lado mientras se rascaba inconscientemente la cicatriz de su frente. Se acercó a ella y la besó en la punta de la nariz.
— Un poco dramático Ginny…pero efectivo, no esperaba menos de ti.
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Llevaban casi una semana en casa de Hermione y absolutamente nada había ocurrido entre ellos. Nada de nada. Solo conversaciones intrascendentes e intercambio de opiniones, pero nada más…físico. Y eso tenía a Hermione al borde de un ataque de nervios. No es que ella fuera sexualmente muy activa, más bien llevaba unos dos años…está bien, tres años sin sexo, pero no había tenido cabeza para eso, además que después del virus Liret no es que hubieran muchos especimenes masculinos disponibles. Pero desde luego no se podía pretender estar conviviendo en cien metros cuadrados con un hombre con el físico de Tom Riddle y salir inmune. Durante aquella semana había tenido tiempo de sobra para pensar y pensar, ¿y porque no? Pensar un poco más sobre su situación. De un día para otro se encontró con que Tom Riddle, antaño Lord Voldemort, tendría que ser el padre de sus hijos, tendría que vivir con ella hasta quedarse embarazada y lo peor—o lo mejor según se mire—tendrían que tener relaciones sexuales. Y Hermione no sabía bien como sentirse sobre esta última premisa. En parte sentía que era una traidora por tener que follar con el enemigo, con alguien que en el pasado la quería muerta, y su conciencia estaba de acuerdo con ella; pero después, cuando se imaginaba como sería tener relaciones con él la lujuria se imponía, cogiendo el tomo de enciclopedia que perpetuamente sostenía su conciencia y le aporreaba en la cabeza con ella hasta quedar inconsciente. Si lo que había notado clavarse en su muslo al besarse con Tom ante el Ministerio, era su miembro, y podía jurar que así era, no entendía que estaba haciendo allí parada que no estaba corriendo en dirección a la habitación de ese hombre y se le tiraba encima. Por desgracia la lujuria asentía estando de acuerdo con las cejas arqueadas, mientras se recogía el pelo y se colocaba unas ligas de encaje verdes. Y esa era otra…a veces se sorprendía buscando en su cajón de ropa interior si tenia algún conjunto de color verde ¡Verde! ¿Desde cuando ella usaba algo verde? Y menos en ropa interior. Desde luego sus estrógenos la estaban volviendo loca. Si no hacía algo pronto con Tom temía que acabaría por tener que abusar de él, idea que tampoco era tan descabellada…
Por otro lado Tom tampoco había hecho más acercamientos indecorosos y de macho alfa dominante y territorial, y eso la tenía en un punto sumamente peligroso. Por una parte deseaba que esa faceta de Tom volviera y la arrinconara contra una pared y le dijera todas esas cosas tan cochinas pero que tan caliente la ponían, pero por otra sabía que esa manera de actuar era machista y ella odiaba a los machistas y los estereotipos femeninos. Pero ¡por Merlín! Tom bien valía pisotear sus creencias de toda la vida, al menos la parte física de Tom, claro. Pero no, nada había ocurrido.
Cuando llegaron el primer día y al bajarse del taxi, Tom miró la fachada de su humilde morada con ojo critico. La verdad es que se sentía muy orgullosa de su casa, vivía a las afueras de Londres, ya que odiaba el ruido inmenso de la ciudad, en una casita de una sola planta, con jardín delantero y trasero. El jardín delantero no era más que un pequeño porche, rodeado de plantas y flores silvestres, con un caminito que llevaba hasta la puerta. Su casa disponía de lo básico: una cocina pequeña pero funcional, un salón/comedor donde se emplazaba la mesa para comer y un sofá y sillón rodeando una mesita, así como una chimenea perfecta para los días de invierno y conectada con la red flu. En el salón se ubicaba también su extensa biblioteca, que ocupaba toda la superficie de una de las paredes; estaba muy orgullosa de ella. Habían tanto libros de estudio muggles como mágicos, y una pequeña sección en la parte baja de la estantería, fuertemente hechizada con un encanto ilusionador, sobre libros de naturaleza…más…erótica y romántica. Por extraño que pareciera Hermione amaba leer literatura erótica, y todo a raíz de sus años en Hogwarts, cuando un año se enfermó y no pudo salir de la cama en varios días y, habiéndose leído todos los libros obligatorios del curso, Parvati le lanzó "Cincuenta Sombras Grises" con la coletilla mientras salía por la puerta de A ver si así despertamos algo más en ti a parte del amor por la biblioteca. Empezó leyéndolo algo escéptica y con la nariz arrugada en una mueca de disgusto pero a medida que la trama avanzaba…esa noche tuvo más fiebre que todas las anteriores y Ginny acabó cubriéndola con compresas frías, muy preocupada. Ahora tenía una gran colección de novelas pero bien escondidas, no es que se avergonzara pero tampoco quería ser juzgada por nadie.
A parte de su habitación, que disponía de baño propio, tenía dos habitaciones más para invitados y un cuarto de baño entre ellas. En una de esas habitaciones era donde dormía Tom, justamente la que estaba pegada a la suya. También tenía una puerta trasera que conectaba con el jardín trasero, mucho más grande que el delantero. El jardín trasero tenía también un porche cubierto con una mesa grande y sillas de exterior, así como una pequeña barbacoa. Y lo que más le gustaba de su jardín era la piscina; no demasiado grande pero perfecta para hacer unos largos el día que se sentía demasiado estresada. No disponía de escalerilla para salir o entrar, si no que tenía unos escalones que iban penetrando en el agua, cosa que le encantaba. También tenía luz por lo que nadar por la noche era una delicia. Y aunque aún hacía mucho frío por las noches para nadar, con un hechizo calentador el asunto se arreglaba. Amaba la magia más solo por estas pequeñas cosas. En su casa también disponía de televisor y teléfono. No quería perder sus raíces y estar conectada con el mundo muggle le hacía sentir mejor.
Cuando Tom husmeó por toda la casa, entró en todas las habitaciones, miró con el ceño fruncido la televisión y con ojos como platos la piscina, sentenció con un "No está mal" su humilde hogar. Bueno, un no está mal no es un muy mal así que por lo que a ella concernía eso era una aprobación.
El resto de la semana la habían pasado prácticamente en silencio, solo hablaban durante las comidas, el resto del día lo dedicaban a leer, mirar la televisión—al menos ella, a Tom no le entusiasmaba—ir a comprar comida y dar algún paseo por los alrededores de la finca. Hermione no estaba acostumbrada a tanta inactividad pero en parte lo agradecía, alejarse del trabajo una temporada no podía hacerle ningún daño. Pero no hubo ningún contacto físico entre ellos, ni más besos que cortaban la respiración, ningún aferrarse a sus caderas o su trasero, ningún gruñido ni gemido, ni ¡por Morgana! Un toqueteo inocente y respetuoso. NADA. Pero la tensión sexual no resuelta entre ellos se podría cortar con un bisturí, de eso no había duda. Pero algo iba mal y no sabía exactamente el que.
Así que aburrida y sin saber exactamente como iniciar el tema de conversación sobre procrear, Hermione se había dedicado a observar a su nuevo inquilino. Tom tenía unas rutinas interesantes en su día a día. Se levantaba, desayunaba ligero y se dedicaba a hacer deporte gran parte de la mañana, a veces lo veía corriendo alrededor de la casa, otros golpeando un saco de boxeo invisible…Hermione que lo miraba desde la ventana de la cocina tuvo que echarse, más de una vez…y de dos, agua helada encima al ver a ese hombre sin camiseta y con perlas de sudor cubriéndole todo el torso. Tom era EL PECADO —si, así en mayúsculas, no había otra forma de definirlo—hecho hombre, y ella estaba dispuesta a ser una niña muy mala y recorrer los caminos sinuosos de la perversión. En una de las cenas él le había explicado el porqué de su nuevo aspecto físico y Hermione agradeció mentalmente a los dioses de los hombres ofidios pero con la oportunidad de convertirse en auténticos cañonazos, por tal transformación.
No se había equivocado el día del Ministerio cuando lo fue a buscar, debajo de la camisa ese hombre tenía un torso perfecto: musculoso pero sin llegar a lo excesivo, con los abdominales y pectorales marcados, así como unos brazos fornidos que invitaban a colgarte de ellos cual mono de circo en celo. Sus piernas tampoco se quedaban atrás en lo que a belleza concernía, tenía unas piernas atléticas y justamente musculadas. Y un día, mientras hacía flexiones la bruja no había podido evitar fijarse en la espalda de Tom, igualmente formada y marcada y bajando más hacía el sur…un trasero que quitaba el hipo.
Pero Tom no se quedaba atrás en lo que a escutrinio se refería, algunas veces, mientras Hermione estaba absorta leyendo o mirando la televisión, o mientras se dedicaba a limpiar con magia la casa yendo de aquí para allá haciendo leves movimientos con la varita, atrapaba a Tom mirándola fijamente, pero este al verse descubierto desviaba la mirada y disimulaba, o directamente se levantaba y se marchaba a su habitación dejando a una Hermione estupefacta y con el corazón latiendo a mil por hora. La bruja no podía entender que le ocurría, como de un día para otro había pasado de ser un macho dominante a un corderito desvalido, era algo que tendrían que aclarar y más si solo disponían de dos meses para procrear. A este ritmo llegarían los del Ministerio por una inspección y descubrirían que no había habido ni un inocente toqueteo. Este era un tema del que Hermione se sentía tremendamente descolocada, hacía una semana se horrorizaba ante la idea siquiera de tocar a ese hombre, ahora era como si lo deseara fervientemente. Se estaba volviendo loca, demente, deberían encerrarla, para siempre.
...
En este momento me encuentro en la cocina, recostada en una de las encimeras, pensando en todo esto. Estaba preparando el desayuno cuando los recuerdos de la semana me han venido a la cabeza, justo cuando había cogido la mantequilla de la nevera y la aferraba con mi mano, dándome golpecitos con ella contra los labios. Una manía muy fea que tengo, la de golpearme los labios mientras pienso, ya sea con un lápiz, con los dedos, con la libreta…y por lo visto ahora también con la mantequilla. Tan abstraída estoy con mis amargos pensamientos que no he escuchado la puerta de la habitación de Tom abrirse, ni a este acercándose a mí desde atrás.
—Buenos días Granger.
¡Joder! Es tal el susto que me llevo que brinco sobre mi misma girándome para encararlo, con tan mala suerte que no me percato que la mantequilla se ha ido derritiendo entre mis dedos y a goteado hacía el suelo, formando un charquito de grasa muy resbaladizo y tremendamente mortal a mis pies. Así que típico en mí, piso la grasa y acabo espatarrada en el suelo con Tom mirándome como si no entendiera que me acaba de pasar. Su cara es todo un poema por lo que puedo imaginarme la imagen que debo estar dando yo. A continuación se echa a reír como si yo fuera el mejor chiste del mundo.
— Si si, ríete. Se nota que no eres tu el que se a partido la rabadilla—le digo de malas maneras.
Esto solo lo enardece más y ríe con más ganas. Olvidándome que estoy haciendo el ridículo y llena de mantequilla por todas partes, no puedo evitar fijarme en él y en su manera de reír. En todos estos días no lo había visto reír y debo decir que es un placer para la vista, los músculos se le comprimen por el esfuerzo y las arruguitas que le rodean los ojos se le hacen más visibles lo que le da un aspecto mucho más atractivo. Sus ojos cristalinos se llenan de lágrimas a causa de la risa, por lo que parecen aún más transparentes y preciosos. Es un hombre digno de admiración. Finalmente su risa se me contagia y acabo yo riéndome también, ya sin importarme nada, estirada totalmente en el suelo y aferrándome la barriga con fuerza ya que me duele de tanto reír. Cuando, después de varios minutos, recupero la cordura me encuentro con que he estado varios minutos riéndome sola, ya que ahora es él el que me está mirando fijamente con una mirada claramente lobuna y hambrienta. Trago en seco y me apoyo en el suelo con mis antebrazos, resoplando.
—Bonita imagen Granger, hacía años que no me reía tanto—suelta en tono condescendiente, pero con una clara sonrisa divertida mientras no aparta los ojos de mi y mi cuerpo, al que recorre de arriba abajo sin pudor.
—Me alegro que hasta llena de mantequilla te resulte entretenida—respondo indignada intentando ponerme de pie. Maldito engreído, no me ayudes no, tu a lo tuyo.
—Me resultas muchas cosas, y ahora debo añadir también entretenida. Lo tienes todo.
No puedo pararme a analizar lo que me acaba de decir porque estoy demasiado ocupada intentando ponerme de pie. Maldita sea yo y mi manía de ir descalza por casa. Tengo los pies recubiertos de grasa por lo que es muy difícil intentar ponerse de pie, no paro de resbalar y caer una y otra vez. Contemplo la idea de vivir perpetuamente en el suelo pero la descarto enseguida ya que odio la simple imagen de ver como los demás me miran desde su posición orgullosamente vertical. Al fin consigo colocarme a cuatro patas, tal vez así logre llegar a mi cuarto de baño y meterme en la ducha sin matarme en el proceso. Mi discusión mental acaba cuando escucho un jadeo ronco tras de mi. Joder joder joder. ¡Me había olvidado de ÉL! Tantos días ignorándome consiguen este efecto, que olvide que vive en mi casa. Consigo girar la cabeza lo suficiente para ver a Tom con los ojos como platos fijos en mi trasero. Jodeeeeeer. ¿Es que me tiene que pasar todo a mí? Y encima hoy llevo una camiseta insulsa de manga corta y unos pantaloncitos cortos por pijama. Menos mal que duermo con bragas. Me imagino la visión que debo de estar dándole con mi trasero lleno de mantequilla. Que vergüenza, por Dios.
—Joder Tom, ya se que estoy ridícula llena de grasa de mantequilla, pero ¿podrías ayudarme no? Y deja de mirarme el trasero, se que está manchado también—vuelvo a mirarlo extrañada al ver que no me contesta— ¿Tom?—Pero él no se da por aludido. Sigue mirándome el trasero como si este fuera la respuesta al por que del Universo. Bufó de mala leche al ver que no recibiré ayuda por su parte, pues vale— Nada…tú sigue a lo tuyo—ironizo.
De nuevo intento ponerme de pie y demuestro que la coordinación pie, mano, ojo nunca ha sido lo mío y se lo estoy demostrando al hombre más atractivo que he conocido en mi vida. Aunque nunca lo reconoceré en voz alta, claro. Consigo ponerme de pie lo justo para alegrarme por ello.
— ¡Siiiii! Lo he conseguido—digo triunfal y orgullosa de mi hazaña. Me giro de nuevo para mirar a Tom, victoriosa, y en ese momento vuelvo a resbalarme quedando tumbada mirando al techo, mi trasero ha vuelto a llevarse un buen golpe— ¡Maldición!
Vuelvo a revolverme en suelo cual tortuga cuando ya lo tengo sobre mí sujetándome las muñecas y apretándolas contra el suelo con fuerza. Sus ojos se han anclado en mis labios y jadea fuertemente.
— ¿Pero qué demonios…? Quítate de encima Riddle—le suelto de mala leche. Llevo demasiado tiempo tirada en el suelo para que encima él me complique la tarea con peso extra. Me sigo revolviendo—Ayúdame al menos.
— Estate quieta joder—resopla sobre mis labios, como si acabara de correr una maratón. Tiene la frente perlada de sudor y por un momento me pregunto si tendrá fiebre. Lleva tantos días sin tocarme que noto un cosquilleo allí donde nuestras pieles se unen: nuestras manos y brazos, las piernas…Le obedezco y me quedo quieta, mirando fijamente a esos dos orbes de agua cristalina que tiene por ojos. Me fascinan, y ahora que los tengo a centímetros de mi observo que el iris del ojo derecho lo tiene parcialmente coloreado de marrón. No me había fijado antes y me quedo absorta mirándolo. Él sigue con la mirada fija en mis labios por lo que en una jugada sucia por mi parte, los abro ligeramente y recorro con mi lengua mi boca, primero humedeciendo mi labio superior para a continuación seguir con el inferior. Él observa el recorrido de mi lengua con la respiración cada vez más superficial, sus pupilas han ennegrecido sus iris dándole un aspecto fiero—Te dije que no hicieras eso—susurra.
— Lo se—alza la mirada y posa sus ojos en los míos.
— ¿Por que lo haces entonces?
— Porque puedo—estoy harta, necesito…necesito…no se bien que necesito pero sea lo que sea quiero que lo haga ya—Bésame.
— ¿Qué?—ha vuelto a quedarse absorto mirando mis labios. Ahora me sujeta las muñecas con una sola mano y con la derecha hace un camino de fuego desde mi cuello hasta mi cintura, donde aprieta fuertemente con los dedos. Seguro que me dejará marca. Jadeo ante el leve dolor—No sabes lo que dices Granger.
¿Qué? Claro que se lo que digo. ¿Qué le ocurre?
— ¿Por qué no quieres besarme Tom? ¿Por qué ya no me tocas, ni te acercas ni me miras?—Lo miro a los ojos implorante. Necesito que me de una respuesta, llevo una semana en vilo— ¿Es…es que he hecho algo mal? ¿Ya no me deseas?—él me mira como si estuviera loca.
— ¿Algo mal? ¿Qué no te deseo? ¡Claro que no has hecho nada mal! ¡Y claro que te deseo!
— ¿Entonces porque no quieres tocarme? Llevo toda la semana haciéndome la misma pregunta.
— No lo entiendes, Granger—me suelta del agarre y observo con temor que hace el ademán de levantarse del suelo. Me aferro a sus hombros con los brazos, y anudo mis piernas a las suyas. Aaah no, tú me vas a contestar. Él se ha quedado estupefacto ante mi acción. La misión "No dejemos escapar a Tom Riddle hasta que nos cuente que cojones le pasa" acaba de comenzar.
— Pues explícamelo—inquiero. Al ver que no contesta pasados unos minutos ataco con fuerza su amor propio—No te tenía por un cobarde.
— No sabes lo que dices—abarca mi rostro entre sus grandes manos. Cierra los ojos y suspira. Sigue sin abrir los ojos cuando me contesta—Tengo miedo.
Esa respuesta si que no me la esperaba viniendo de él. ¿Tom Riddle tiene miedo?
— Miedo…—repito— ¿miedo de qué?
— Te lo dije Granger, no soy un hombre bueno—lo miro sin comprender—No soy delicado, ni amable ni cuidadoso. Cuando quiero algo voy a por todas y me da igual si daño a alguien en el proceso ¿entiendes?—asiento con mi cabeza, aunque aún esté aprisionada por su manos—Y contigo mi poco autocontrol simplemente se esfuma, desaparece y no se si podré contenerme. Ya te hice daño una vez y no quiero volver a hacértelo. Y yo soy muy…—carraspea algo incomodo—dominante—Ahora lo entiendo. Tiene miedo de dañarme. Sonrío levemente.
— No me harás daño—intentó acariciar su cara pero me detiene a medio avance. Coge mi mano y le da un casto beso en la palma, en un gesto muy impropio de él. Vuelve a sujetarme las manos por encima de mi cabeza y frota intencionadamente su firme erección contra mi muslo. Jadeo temerosa. Dios, es enorme. He tenido relaciones antes, la última de ellas con Ron hace tres años, pero no ha sido el único. Y nunca ningún pene me había parecido tan grande como el suyo, y eso que solo me ha rozado. En mi mente todo esto suena a cliché, en mis novelas románticas TODOS los protagonistas sin excepción tienen un miembro imponente, ¡pero es que es la verdad!
— Mira como me tienes, así que no digas que no te deseo—vuelve a apretar su erección contra mí mientras sonríe pérfidamente, yo solo atino a jadear. De repente se pone serio y entrecierra los ojos mirándome los labios—No puedo más, no puedo controlarme más.
Se abalanza sobre mi boca, arremete con su lengua obligándome a abrirla y me invade sin dilación, catando, mordiendo, arrasando mi interior como si fuera fuego. Vuelvo a escucharlo gemir, ese gemido que solo suelta cuando me besa, ese de necesidad. Noto que me estoy quemando y solo puedo corresponder a su pasión con más pasión, le agarro de pelo con fuerza cosa que solo hace enardecerlo más. Me muerde los labios y noto el sabor metálico de mi sangre entre nuestras bocas, pero no me duele. No se como lo hace, seguro que con otro estaría cabreadisima por los mordiscos pero con él es algo natural, tiene que ser así. Se separa levemente y observo que tiene los labios rojos de mi sangre, por lo que deduzco que los míos deben estar iguales. Gimo ante la visión sin querer evitarlo y el gruñe, abalanzándose de nuevo sobre mi. Me besa con besos mordiscones para seguir lamiendo toda la extensión de mi cuello hasta llegar a mi carótida donde se entretiene mordiendo, besando y lamiendo. Es su ritual. Acaba succionando tan fuerte que me duele, estoy segura que la sangre habrá traspasado mi piel y me dejará marca como hace una semana. Con él las cosas son así, dolor cargado de tremendo placer.
— Ahhh—gimo de dolor mezclado con placer. Esto debe ser el cielo. He debido morir del golpe contra el suelo y no me he enterado.
— Joder Granger, joder.
Somos un enredo de manos y piernas, un nudo irrompible. Mis manos se dirigen a los bajos de su camiseta y se la quito por la cabeza, casi arrancándosela. Él directamente rompe la mía desde el centro hacia los lados, mi sujetador ha quedado a la vista pero él no pierde el tiempo y baja la copa del pecho derecho mientras muerde mi pezón izquierdo. Amasa con su mano mi pecho derecho y yo solo puedo arañarle la espalda mientras grito de placer. ¡Merlín! Nunca me había sentido así. Mis braguitas ya están empapadas y solo quiero tenerlo en mi interior.
— Puedo olerte, me llega tu olor Granger. Estás mojada por mi—gruñe contra mi pecho.
— Si—mi voz suena como un suspiro. Alza la mirada y me muerde la garganta enviando un ramalazo de placer hacía mis muslos, empapándome más.
— ¿Es por mí? ¿Es por mi que estás tan mojada?—Sus ojos fieros clavados en los míos.
— Si por Dios, solo por ti.
Mi respuesta parece satisfacerlo porque vuelve a ensañarse con mis pezones, jugando con uno y el otro alternativamente, mientras un baile sensual se inicia entre nosotros. Su dureza contra mi suavidad, clavándose una a la otra por encima de nuestras ropas en un baile lento pero tremendamente hambriento. Solo somos gemidos y gruñidos. No me equivocaba, su miembro es grande y parece hecho de acero.
— Me encantan tus tetas, son perfectas para mis manos. Caben perfectamente—parece anonadado mientras las aprieta y las suelta, repartiendo besos entre una y otra y mordisqueando las cimas que están erectas por tanta atención. Tengo los pechos hinchados y me duelen de lo excitada que estoy. Mis bragas directamente están tan empapadas que debo estar mojando el pantaloncito de mi pijama.
Sin darme cuenta a girado sobre su eje y ahora soy yo la que está encima de él, con habilidad y gracias a lo resbaladizo del suelo se empuja conmigo encima hasta quedar apoyado sentado en uno de los armarios de la cocina. Me acaba de arrancar la camiseta pero deja el sujetador, con mis pechos rebosando por fuera. Estoy sentada a horcajadas sobre él. Me acerca por el pelo a sus labios mientras su otra mano se ancla rodeándome la cintura y apretando su miembro contra mí, gimo con fuerza. Nos volvemos a besar y ya no se donde termina mi lengua y empieza la suya. Me muevo encima de él, imitando el acto, mis labios vaginales rozándose contra su dureza. Vuelve a devorarme los pechos y grito.
— Eso es nena, déjame oírte y no pares de moverte— ¿nena?
Sus manos viajan hasta mi trasero y lo aprieta abarcándolo, clavándome aún más a él. Jamás me había sentido tan caliente y excitada. Somos besos, somos lenguas, somos saliva. De pronto un pensamiento me invade: es un asesino, si hubiera ganado la guerra yo estaría muerta. Me siento como si me hubieran empapado con agua fría. Toda la excitación olvidada, he parado de moverme y él alza la cabeza, dejando de lado mis pechos. Me agarra con fuerza del pelo y acerca su boca tanto a la mía que no se donde empiezo yo y acaba él.
— Basta Granger—me susurra. Noto su aliento entrando en mí.
— ¿Es que sabes lo que estoy pensando?—no puedo evitar susurrar también. Él cierra los ojos, e inhala fuertemente.
— No, no lo se. Pero puedo imaginarlo. Te deseo—ignoro las últimas palabras por el bien de mi salud mental.
— Estaría muerta Tom…si hubieras ganado, estaría muerta.
— No, no lo sabes. Deja de imaginar hipotéticos. Estamos aquí y ahora. Disfruta de mí como yo de ti. Te. Deseo. Muchísimo—remarca sus palabras intercalándolas con pequeños besos. No puedo evitar llevar mis manos a su pelo y acariciárselo, despeinándolo más. Adoro su pelo ahora que lo lleva más corto, es tan suave… Gime y cierra los ojos ante mi tacto. Me libera el pelo de su agarre y vuelve a bajar las manos hasta mis nalgas, cuela una mano y su piel entra en contacto con la piel de mi trasero. Jadeo. Vuelve a sacar la mano y se lame el dedo corazón sin dejar de mirarme a los ojos, es tan erótico que me noto temblar, vuelve a introducirse por debajo del pantaloncito y llega al nudo apretado de mi ano. Pego un respingo de la impresión y tiro de su pelo. Nunca nadie me había tocado ahí.
— Nnnn…no—consigo jadear mientras el aprieta mi botón a la vez que lo acaricia. Es una sensación extraña pero pasado el susto inicial me doy cuenta de que me está gustando y en nada estoy gimiendo de nuevo y moviéndome encima de él. Como si nada hubiera ocurrido, como si que me tocaran esa parte de mí fuera lo más natural del mundo.
— ¿No? ¿Quieres que pare?—su tono es juguetón y me sorprendo negando con la cabeza. No quiero que pare. Nunca— Eso pensaba.
Vuelve la atención a mis pechos y los devora mientras su dedo sigue jugando con mi apretado nudo, introduciéndolo levemente sin dañarme para sacarlo y acariciarme alrededor, haciéndome leves cosquillas placenteras. Por suerte—o desgracia— abandona esa zona de mi cuerpo y sigue bajando la mano hasta mi empapada entrada. Gruñe con fuerza al notar lo mojada que estoy.
— Estás tan mojada y hueles tan bien. No he desayunado Granger y tengo—baja dos tonos su voz, haciéndola tremendamente ronca y muy, muy erótica—tengo…mucha hambre.
Vuelve a tumbarme en el suelo y sin dilación me arranca el pantaloncito del pijama y las braguitas, por lo que me encuentro casi desnuda ante él, solo llevo puesto el sujetador que no cubre nada ya que está desmadejado por debajo de mis pechos. Él frío del suelo no hace mella en mí y él es el culpable. Me mira con tanto fuego en sus pupilas que me noto arder. Me recorre con la mirada, desde mi desordenado pelo hasta los dedos gordos de mis pies. Es curioso pero no noto vergüenza ni timidez ante su escrutinio, es tanto el deseo que desprende que me noto poderosa. Poderosa ante el antiguo Lord Voldemort. Vuelvo a estremecerme pero no me da tiempo a analizar más y grito de placer y sorpresa. Ha bajado hasta mis muslos, devorándolos, no hay otra palabra, los devora y los acaricia con sus manos. Me abre más para él e introduce su cabeza totalmente entre mis piernas, aspirando mi aroma con fuerza antes de ver asomar su lengua y hundirla en mí. Me arqueo por él ramalazo de placer que me invade ostia puta, mis puños golpean con fuerza el suelo no pares joder y mi cabeza se mueve agitada de un lado al otro mientras me muerdo los labios con fuerza ¿Qué narices me está haciendo este hombre? Pero ni con esas consigo evitar el grito de placer. Tom me agarra con fuerza los muslos con las dos manos mientras me devora con hambre, y también en esa zona tan íntima mía sigue el mismo ritual: besa, muerde y lame, para seguir lamiendo un rato más. Entre las brumas de mi placer lo escucho gruñir y gemir y dice alguna cosa pero no lo entiendo ni quiero entenderlo. Soy incapaz de escuchar nada que no sea la sangre corriendo por mis venas y arterias y el ritmo desbocado de mi corazón. Vuelvo a arquearme al notar como introduce un dedo en mi interior, seguido de otro y los mueve con seguridad y sin piedad en mi interior y ya no puedo quedarme callada.
— ¡Merlín Tom! Joder, si ¡No pares!—no me reconozco. En mi vida me había sentido así con nadie. La vergüenza innata en mi a quedado olvidada al lado de mi destrozada camiseta. El ritmo diabólico de sus dedos no cesa, y en menos de un minuto noto una presión en mi vientre que me hace contraer y empujarlo más hacia mí con mis manos. Me observa mientras me devora y es la imagen más sensual que he visto en mi vida. Extiende el pulgar y lo ancla en mi necesitado clítoris, apartando la lengua de mí y alzando la cabeza sin dejar de mirarme. Tocado y hundido. La presión en mi vientre se desata y un tremendo orgasmo me arrolla y me siento romper por dentro a la vez que mi visión se vuelve borrosa. Chillo y gimo sin pudor mientras él sigue sujetándome con una mano con posesividad, sin dejar de mover los dedos en mi interior.
— Eso es nena, córrete para mí—de nuevo esa palabra, esa voz ronca y rota y de nuevo otro orgasmo me asola, casi tan fuerte como el anterior. Estoy ardiendo y he debido quedarme afónica por que solo puedo escucharme gemir y resoplar—Así…muy bien—susurra con palabras tranquilizadoras pero sigo con la cabeza nublada por el placer y no logro entenderlo bien. Saca los dedos de mí y noto un terrible vació, gimo de nuevo contrariada. Mi capacidad verbal se ha ido a tomar viento y no soy capaz de unir dos palabras en una misma frase. Abro los ojos y veo como se lleva uno de los dedos a su boca y lo lame con deleite, entrecerrando los ojos—Eres lo más sabroso que jamás probaré. ¿Quieres?—me acerca el otro dedo tentativamente y asiento. Quiero catarme, nunca he notado mi sabor. Me mete el dedo en la boca y lo lamo y chupo con ansias, mi sabor es salado pero está rico. Tom me observa con su cara a centímetros de mi, su cuerpo cubriendo el mío. Retira el dedo de mi boca y me besa, mezclando nuestros sabores. Enreda su lengua con la mía y se aparta levemente llevándose mi labio inferior con él, para dejarlo ir con un sonido de fricción empapado— ¿Te ha gustado tu sabor? A mi me vuelve loco. No veo la hora de hundirme en ti. Si solo te he metido dos dedos y parecía que no cabía nada más, cuando hunda mi miembro seguro que llegaré al cielo.
Abro mucho los ojos ante sus sinceras y cochinas palabras y solo puedo desear con más ansias que entre en mí.
— Si, me ha gustado…estoy rica—suspiro.
— Si que lo estás. Mucho. Eres una delicia.
Vuelve a devorarme la boca mientras noto como se despoja de su pantalón y sus calzoncillos. Su pene duro y ancho apretándose contra mi muslo, a escasos centímetros de mi entrada. Lo cojo por los hombros y lo alejo de mí, necesito mirarlo por entero. Él me obedece y se aparta lo suficiente para que pueda contemplarlo. Dejo escapar un jadeo que se convierte en gemido. Es tal y como me imaginaba: largo, duro y grueso. Aunque no tan grande como creía en un principio y no puedo evitar recordar mis novelas románticas. Prefiero mil veces la realidad a la ficción. Alzo la mirada y veo que Tom me está mirando, embebiéndose de cada expresión que dejo lucir en mi rostro. Con seguridad y la valentía que me caracterizan alargo el brazo y agarro su dureza, está caliente y húmeda en la punta. Con el pulgar limpio la gotita de semen y la esparzo por toda la punta, moviendo mi mano arriba y abajo para facilitar la fricción. Lo escucho gemir y observo que acaba de cerrar los ojos mientras me sujeta la mano con fuerza y me ayuda con el movimiento.
— Tengo que estar dentro de ti Granger, lo quiero ya.
— Hazlo, hazlo Tom. Yo tampoco aguanto más.
Me aparta con rudeza la mano de su miembro y con una de las suyas me sujeta las muñecas por encima de mi cabeza. La imagen que estamos dando debe ser tan erótica que solo de imaginarla noto como me empapo de nuevo. Mi sujetador sigue en su sitio, por debajo de mis pechos pero no me molesta. Nos besamos y mordemos con ardor, y esta vez soy yo la que clavo los dientes en su labio inferior haciendo que brote unas gotitas de sangre. Él gruñe excitadísimo ante mi acción y se separa levemente de mí, veo como la sangre le resbala por la barbilla y saco mi lengua para captarla, acabando por lamerle el labio para limpiar todo rastro de ese liquido caliente y rojo, mientras mis ojos no se separan de los suyos. El azul de su mirada ha desaparecido y están más oscuros que nunca.
— ¡Maldita sea Granger! Tú lo has querido—ayuda a su miembro con una mano para acercarlo a mi entrada y noto una tremenda presión y como poco a poco va entrando en mi interior. Dios, es muy gruesa. Lo noto jadear por el esfuerzo y gimo por el dolor y el placer, otra vez. ¿Es que con este hombre será siempre así? ¿Caminando entre los dos filos? Su frente está perlada de sudor y enseñando los dientes—Estás tan…tan jodidamente apretada…—sigue empujando lentamente para entrar en mí, mientras gimo por el placer que me embarga y eso que solo a entrado la punta.
De repente la cocina se ilumina con una luz verdosa y se escucha un chasquido que proviene del salón junto con una voz muy conocida.
— ¡¿Hermione?! ¿Estás en casa verdad? He venido con Ginny que hace tiempo que no os veis.
Potter. Te voy a matar muy lentamente. Los dos nos quedamos quietos y el cesa el avance a mi interior y se retira rápidamente.
— Es Harry— susurro mirándolo asustada y cabreada a la vez. Me estaba divirtiendo mucho.
Sus ojos denotan furia y rabia y me asusto. Joder, es Harry Potter y él es Tom Riddle, se van a matar, se van a matar, se van a matar. Y si Tom no lo mata lo mataré yo por no avisar antes de presentarse en mi casa. Él y su manía de no avisar, y mira que se lo he dicho veces. Tom sigue con la mirada clavada en mí mientras susurra medio divertido medio cabreado:
— Te aseguro que no sobrevivirá una tercera vez.
N/A:
¿Hace calor o es mi impresión solamente? Ya me gustaría que Voldemort me hiciera a mi esas cosas tan cochinas (me encanta esta palabra, cochina, ¿a vosotras no? jajaja) Como veis he adelantado la actualización un par de días, así que no os quejareis. :P
Nuestros Tomione ya se van acercando y experimentando...cada vez más. Han hecho su aparición Harry y Ginny que ya tocaba, y aunque es una pareja que a mi punto de vista, son más sosos que un domingo sin sol, no quería separarlos y por eso en esta historia están juntos. Aunque podemos odiarlos un poco más por la manera macabra que tienen de interrumpir a nuestra pareja... También podemos imaginar como es la casa de Hermione, que por supuesto cuenta con su colección de libros eróticos y románticos. Algo así como YO.
Aviso de nuevo que está historia es de contenido adulto y me gusta muuuucho explayarme en los lemmons...hay a quien le gusta leerlos y a quien no. Si eres de los que no, me parece que esta historia no será la tuya ni yo tu autora predilecta porque me gusta describirlo con todo detalle como habréis visto!
Mañana empiezo a trabajar después de 7 meses de baja así que me va a costar lo mio coger el ritmo y seguir con el ritmo de actualización de este fic, seguiré intentando actualizar cada semana pero es posible que en vez de una sean dos...aunque intentaré que no vale? No me odiéis mucho!
Espero que os esté gustando la historia, si es así o si hay dudas y sugerencias ya sabéis, un REVIEW y a mi me haceis muuuuuy feliz. Además que me espabilan para escribir más rápido.
GRACIAS A TODAS
Contesto Reviews (GRACIAS ENORMES Y MILLONES DE BESOS A TODAS!):
Natalia Mervel: Gracias guapa! lo de Lucius/Luna puede dar muuucho juego. A ver que hago con ellos. Y si, a Tom tenía que dejarlo con algo de magia. Es demasiado poderoso para el Ministerio. Un beso!
Cullen-21-gladys: Gracias por el review! Me gusta saber que te gusta! Luna y Lucius está por ver! Pero puede ser divertido. Besos!
SimiKatolis: Gracias de nuevo!Tom en verdad tiene su corazoncito y hacerle daño a Hermione no entra en sus planes, por eso se arrastra un poco por ella, y menos mal. Que tiene que cuidarla! Verdad que Luna es un amor? aunque...un amor muy juguetona! Yo tampoco me la imaginaba así hasta que la escribí! jajaja Ya ves que he vuelto a actualizar un poco antes! Espero que me ames un poco más! Un besote!
Guest: Gracias por el review pero déjame un nombre para nombrarte la próxima vez! Un besito!
Babyday25: Gracias por tu comentario y bienvenida! Me anima mucho leeros y que me deis opiniones y me hagais preguntas. Como ves si que hablaré de Harry, de los demás a quien te refieres? Un beso!
KAYTRANADA: Claro que te contesto! Ya que os tomáis tiempo para escribirme yo intento tomarlo para contestaros! :) Espero que este capitulo te haya gustado tanto como el anterior! Y como ves hay muuuucha más salsa! y la que queda! jajaja Y en cuanto a cuantos capítulos tendrá...no tengo una idea definida...aunque espero que no supere la veintena. Un besote!
CamGem1212: Graciaaaas bonita de nuevo por tu review! mi number 1! Me a gustado mucho leer tu review y la cantidad de info y opiniones que me das! Como ves en este cap Hermione está muy centrada en lo que a Tom se refiere, sabe el daño que a hecho y que podría haber hecho si llega a ganar, pero está totalmente dividida, Por un lado la lujuria la somete y por otro la razón la golpea. La pobre recibe por todos lados...Y en cuanto al virus ya hay vacuna por lo que están erradicandolo poco a poco. De los padres de Herms es posible que hable de ellos en otros caps...a ver que se me ocurre. Aunque ideas ya tengo. En cuanto a Seamus y Alecto Carrow aaarrrrggg a mi me sangran los ojos también. Pobre Seamus! Pero alguien tenia que salir fastidiado aquí. Aunque creo que no escribiré sobre ellos para que no enferméis ni yo tampoco... Me alegro mucho de que te esté gustando la historia y espero que me sigas escribiendo tus reviews como hasta ahora ya que me ayudan mucho. Un beso muy grande!
S-CPHR: Madre mía que lío con tu review! lo recibí como doble pero cortado y ayer lo recibí de nuevo entero! Menos mal que te identificaste porque no sabía quien eras jajajaja Gracias por tu gran review! Ya te he contestado al PM también. Si al final hago un Luna/Lucius serás la primera en saberlo, aunque hay varias muy interesadas en esta pareja como tu también! Como ves en este cap hay lemmon del bueno...espero que haya cumplido tus expectativas, ya me dirás. Y el auror del Ministerio...bueno...se puede jugar con él. Aunque ya veremos! Piensa que Tom se pone celoso por TODO. Un beso muy muy grande! Y si que entendí tu juego de palabras con Luna y Lucius! xDDD (Por Dios ya me contestaste al PM! Que rapidez! Te conesto cuando pueda!)
TheDiariesDarkness: Gracias por tu review y bienvenida al fic!Me alegra que te guste tanto como a mi escribir sobre ellos. Un beso! (Luna es la mejor jajaja)
-Nake-
