• Disclaimer: Los personajes son desgraciadamente del autor de esta gran serie D: Si fuesen mios haria que Portugal sea mujer y haga mucho hetero con UK o.ó O que el USxUK sea oficial xP
• Advertencias: ¿El titulo del chap lo dice todo? No? Bueno: paranoia, depresion y sangre.
Sangre por Amor
Capitulo VII: Paranoia
Hace ya media hora habían arribado en Ginebra. El vuelo no había sido demasiado largo, eso tenia de positivo Europa, el ser tan pequeña hacia de los vuelos muchísimo mas cortos, caso contrario en continentes como Asia o América.
Gales llevaba una maleta marrón, con una estampa de la bandera de su país, con su adorado dragón, y también una con la bandera de su equipo favorito de rugby, ese rubio podía ser muy serio y amargado, pero al momento de tratarse de ese deporte era todo un aficionado y emotivo (lloraba si su equipo no ganaba). Irlanda, que iba un par de pasos atrás, al lado de Arthur, con una mochila verde esmeralda con un llaverito de un trébol colgando, leía atentamente el folleto, que estaba en alemán. Inglaterra estaba cabizbajo, mirando el piso como si hubiese algo realmente interesante en él.
-¿Cym? –El galés le mira.- ¿Vamos para el hotel o para el edificio de reuniones? –
-¿Y yo que se? Tu eres el experto en esto, recuerda que solamente eh venido un par de veces a las reuniones mundiales. –Decía, soplando aire.-
-Vamos para el hotel. –Dijo Inglaterra, haciéndose paso entre ambos hermanos.-
Los celtas se quedaron mirando al más pequeño. Bryan mira a Glen, esperando alguna reacción de parte del mayor, este solo cierra los ojos y va detrás, con paso elegante y lento, de su hermano. Irlanda solo se encoge de hombros y los sigue, por esos motivos evitaba viajar con sus hermanos.
Salieron del aeropuerto y tomaron un taxi al hotel. Mientras Gales miraba despreocupado por la ventana, a su lado, Arthur seguía mirando el piso, o sus manos, lo que sea que hacia, era como si fuese autista. Ahora que lo recordaba, Irlanda le había dicho que podía terminar así, por la falta de sus hadas y de ese algo que había perdido su hermano menor, perdía poco a poco el razonamiento.
Esto le preocupaba un poco. No sabia mucho al respecto con esas cosas, nunca le importo si alguno de sus filiares perdía sus poderes (porque creía que era realmente algo imposible, el orgullo era sinónimo de ''Familia Kirkland''). Eire estaba mas informado, ¿Por qué? Bueno, se le venían muchas ideas a la cabeza del porque. La más obvia era una venganza contra Arthur, pero no estaba realmente seguro, no iba a dudar de su hermano menor, no dudaría de Bryan O'Neill, si dudaría de la República de Irlanda.
-'' ¿Glen?'' -¿Eso era telepatía? ¿Desde cuando sabia usarla Bryan?-
-'' ¿Qué?'' –dice, mentalmente.-
-'' ¿Esta bien Sasana?'' –Pregunto, ladeando su cabeza, estaba frente a él, en el asiento de adelante.-
-''No sabría decirte. Parece un autista, termina de contarme lo del otro día, Bryan''. –Volvió a decir, ahora interesado.-
-''Veras… hace algunos años encontré un libro entre las cosas de mama. En el decía muchas cosas interesantes sobre nuestras habilidades y eso, también de lo que en verdad era una nación con poderes sobrenaturales. '' –explicaba.- ''Descubrí que una nación con habilidades no es mas que la heredera de la anterior. '' –
-'' ¿Cómo?'' –no entendió el rubio.-
-''Lo que quiero decir es que nosotros somos los descendientes de Madre. Por eso podemos hacer magia''. –Explico, nuevamente.- ''Pero el problema es que hay ciertas limitaciones, como por ejemplo en mi caso, que solamente puedo hacer magia de la buena teniendo a Ulster conmigo. '' –
-''Comprendo. ¿Y que tiene que ver esto con Arthur?'' –Le gustaba aprender, pero el estado de su hermano ahora era más importante.-
-''Sasana… bueno, no se exactamente que paso con América, pero, es su culpa. '' -¿Con que fundamentos acusaba al americano? ¿Y de que lo acusaba?- ''Lo que América hizo fue inconscientemente desconectar el alma de Arthur de su cuerpo. '' –si antes no entendía ahora si que estaba en el horno.-
-''Beth?'' –abrió los ojos, sorprendido, Irlanda, frente suyo no volteo a verlo ni nada.- ''Lloegr, ¿Esta muerto?'' –
-''No exactamente, el que tu alma se desconecte de tu cuerpo no significa que te mueras. Bueno, en el caso de una nación no es así. '' –Reía mientras pensaba en la cara confusa de su hermano mayor.- ''En el caso de un humano común y corriente, si pasaría, cuando su alma abandona su cuerpo terrenal pasa a un segundo plano, donde es absorbida por el tercero, hasta llegar al ultimo de los planos, que vendría a ser el séptimo. '' –
-'' ¿Eso no es según el catolicismo la transición de un alma al templo de Dios?'' –preguntaba, seguro de lo que decía.-
-''Si te das cuenta, en todas las religiones el alma pasa por los siete planos, solo que en algunas se les ponen nombres. '' –suspira.- ''En el caso de una nación, cuando su alma se desconecta de su cuerpo humano, este aun permanece vivo por la energía de la gente, porque nosotros somos el pueblo, no el gobierno. '' –hizo una pausa, pensando.- ''Sasana, por ejemplo, esta vivo porque su pueblo esta vivo. Pero su alma no ah desaparecido por completo, ya que vuelve de a momentos. '' –
-'' ¿Cómo una crisis de personalidad?'' –
-''Touché. ''. –en el asiento delantero el irlandés hace un gesto de disparo, afirmando el ejemplo del rubio.-
-'' ¿Y eso es grave?'' –Pregunta el galés.-
-''Depende. '' –
Al terminar de decir eso, el auto estaciona frente a un gran hotel, lujoso, muy caro para ser suizo, pensó Irlanda. Al bajarse del auto, ninguno de los hermanos se dirigió la palabra, Gales ayudaba a Inglaterra a caminar, de un momento al otro había olvidado como hacerlo. Lo que, de nuevo, afirmaba la teoría de Gales de que el problema era serio.
Pero al entrar al gran complejo de Ginebra, Inglaterra se erguió y camino velozmente, pasando a paso rápido a Irlanda que iba bien adelante. Glen miro, con confusión la escena, Arthur era muy cambiante y tsundere, pero nunca tanto, mas que tsundere ahora parecía realmente un bipolar que pasaba de ser la personalidad ''pasiva'' a ser la personalidad de siempre.
En la mente del inglés había un gran debate. Al principio, aun en su casa, sintió todas las energías que había perdido, luego, en el avión volvió a bajar los brazos, hasta quedar en un estado de transe del cual era muy consiente pero a la vez no, como si hubiese otro Arthur, cosa realmente imposible. Y ahora, de la nada volvía a recuperarse, mientras parecía haber olvidado lo que un niño aprende en sus primeros años de vida. ¿Qué era lo que le pasaba? Encima, ahora estaba paranoico… escuchaba todas las voces del corredor, sabia de antemano que habitación le había dado Suiza, era una en el quinto piso del hotel.
Voló, literalmente, hacia el cuarto que le correspondía, compartido junto a Gales.
No sabia donde habían quedado sus hermanos, pero sabia que estaban cerca, los sentía… demasiado cerca, casi invadiendo su espacio personal.
Detuvo su carrera para agarrar su cabeza entre ambas manos, mientras inclinaba su propio cuerpo. Empezó a sudar de la nada, por el nerviosismo. Sus ojos se dilataron de repente y sintió una punzada terrible en su cráneo, también varios retorcijones en el estomago y entumecimiento en las piernas. Era como… como cuando enfermo, cuando le agarro el ataque de estrés. Pero ahora estaba tranquilo, aunque no dependía de estar tranquilo o no, el cuerpo hablaba por si solo.
Los sonidos ahora eran tan fuertes que sonaban como campanas. El rechinar de las puertas, los conserjes saliendo y entrando de las habitaciones con los trapeadores, las voces del tumulto de gente, hasta el raspar de la alfombra contra los zapatos de las personas. Todo era tan… vivo… tan siniestro. La sangre se le helo, y por poco y sintió que iba a vomitar.
Pero por suerte, un grito histérico le saco de su extraño estado.
-¡Arthur~~! ¡My awesome friend! –Era Prusia. - ¿Como estas? –pregunto, pasando su brazo por sobre los hombros del inglés.-
-Pru… Prusia. –Pronuncio, recuperándose de su asombro.- ¿B-bien y t-tu? –Tartamudeo, aunque lo disimulo bastante bien.-
-¡Jajá, el gran yo siempre esta bien! Estoy acompañando a West, al podrido señorito y a la marimacha, jajá. –reía, haciendo que el otro se relajase.-
-¿Y donde están ahora? –pregunto por preguntar, para hablar.-
Se quedo pensando, entreabriendo los ojos.
-Pues… supongo que West esta con Ita-chan, comiendo pasta en algún lugar y el señorito y Hungría estarán ehm… ¿En donde estarán esos dos? –el solo pensar en su pareja con la chica húngara le hacia retorcer en celos.- ¡Esa loca se me lo quiere violar! ¡Maldita, el es mío! –
De la nada, sale corriendo a donde supuestamente estaba el antiguo matrimonio. Sin darse cuenta de que Austria estaba dándose una ducha en el cuarto que compartían con Gilbert y Elizaveta ni siquiera había llegado a Ginebra.
Arthur se queda solo en el pasillo nuevamente. Y de las escaleras salen sus hermanos, con las cosas de él. Su rubio hermano tenia la llave de su cuarto, y una mirada sombría. Irlanda se despidió y se fue a su habitación, que resultaba ser la de al lado. Ambos reinounidenses entraron en el cuarto, el cual tenia una alfombra de color rojo desgastado, y las paredes y cortinas eran de colores pasteles. Las camas eran dos y estaban separadas por una mesita de noche entre medio y contra la pared, de sabanas blancas y colchas en colores tranquilos. A un lado de la cama de la izquierda había una gran ventana que dejaba ver el centro de la ciudad, y en la cama de la derecha, a su costado, había un baño, con azulejos azules y blancos.
También, pasando del baño y las camas, había una mesa redonda y un escritorio. Era una linda pieza.
Gales se adentra, aun sin decir ninguna palabra. Toma la cama que daba al baño y empieza a desempacar las cosas necesarias para esa noche, como un cepillo de dientes, shampoo, acondicionador, cepillo para el cabello y un pijama que consistía en una camisa holgada y mas que blanca era transparente, y unos shorts sobre las rodillas, igualmente blancos.
No sabia porque, pero Glen a veces le parecía mas que un hombre una digna señorita, tan delicado y fino como era su hermano daba que pensar acerca de él. Gales tenia, realmente, una apariencia delicada y frágil, al verlo al lado de William te daba miedo por lo que le pasase a esa muñeca de porcelana, capaz de romperse con solo tocarla. Y aunque Glen careciera de fuerza física, tenía lo suyo, que era un gran temperamento que valía por mil.
El estaba parado en el centro de la habitación, mientras el galés se iba a duchar, con sus cosas personales. Se volteo un poco y miro a su cama, parecía cómoda y como que lo llamaba a que se acueste en ella. Y eso hizo.
Apenas toco la almohada con la fibra de los dedos, se abrazo a ella, como si fuese alguien y no algo material. Se hundió en ella hasta más no poder y cerro los ojos tan fuerte que parecía que se le romperían los parpados si eso fuese posible.
Con uno de sus brazos desocupados, fue directo al bolsillo del pantalón del traje militar. Saco un teléfono celular, que comparándolo con los actuales, era un tanto antiguo. Fue, por inercia, a la bandeja de mensajes recibidos.
…Nada, no había nada en la bandeja.
-''Ni un puto mensaje. '' –pensó, dejándose llevar por el drama.-
Volvió a guardar el teléfono y se dedico a dormir, a dejarse llevar por los dioses oníricos e ir a, quizá, un mundo mas agradable que solo se daba en los espectáculos que ofrecía Morfeo cada noche.
Mientras que con Glen…
Este se dejaba acariciar por la placentera agua caliente. Hacia días que no disfrutaba un baño así. Desde que Arthur cayó enfermo, estuvo todo el tiempo a su cuidado, pese a que el otro rubio se encerrase como un fóbico. Se sumergió en la tina, haciendo burbujas con el jabón, mientras veía la punta de sus pies.
En la otra habitación, Irlanda ya había terminado de ducharse y ahora salía del cuarto de baño con una bata y toalla blanca, secándose el cabello rubí. Sus ojos verdes se posaron en su maleta, y en unos objetos en especial. No le había dicho a Glen que los trajo, porque sabia que se hubiera enojado.
Ahí estaban, notorios y llenos de vida, los diarios de guerra de Arthur Kirkland. Solo había dos, el de la Independencia suya y de Estados Unidos, pero el que sobresalía entre estos anotadores era el diario carmesí que tenia en su interior datos de su mas excéntrica intimidad con Alfred. Tomo el diario, y ya vestido se puso a leerlo.
Ya creía que lo había terminado cuando encontró un pliegue, unas hojas dobladas entre si de tal manera que pareciera un secreto. Las desplego y vio un mensaje escrito con la letra de su hermano menor, el mensaje le hizo encoger su corazón, era algo que sabia había vivido su filial, pero se había negado a aceptarlo.
«No me dejes solo como ellos.»
Era obvio a quien iba dirigido el mensaje.
Y ese ''ellos'' englobaba, no solo a aquellas personas que le habían hecho mal en su momento a Reino Unido, sino, mas bien, los englobaba especialmente a ellos, a sus hermanos.
En otro lugar, en el mismo hotel.
América miraba por la ventana, sin saber que su amado hacia lo mismo desde el quinto piso. La habitación era solo para él, porque, bueno, no tenía con quien compartirla. Japón estaba con Grecia unas habitaciones mas adelante, haciendo vaya a saber que cosa.
Ese pensamiento le saco una sonrisa al americano. El podría estar haciendo lo mismo con Arthur… si estuviera con él, claro.
Al notar que sus pensamientos iban de nuevo a su rubio, se pego una bofetada en la mejilla, para despabilarse. Suspiro, al tener la cara roja, y se dejo caer en la cama, apagando la luz.
…
Un nuevo día había llegado, y no solo era un nuevo día, sino que era el día de la reunión.
Arthur, Bryan y Glen ya estaban en la sala de reuniones preparada por Vash y Lilian el día anterior. Solo quedaba esperar a las demás naciones.
Glen observaba los papeles que le había pasado su jefe para que transmitieran los deseos de la nación en la conferencia. Obvio que eso lo haría Arthur, pero si no estaba en condiciones, lo haría el mismo.
Bryan, por su parte, trataba de dormir un poco, recostado sobre la mesa con el codo sobre la mesa y su cara sobre su palma. Arthur estaba sentado a un lado del otro rubio, mirando sus respectivas cosas.
En ese momento entran Francia, España, Romano y Canadá.
Al ver al gemelo, Arthur tiembla, el parecido casi exagerado entre el canadiense y el estadounidense era temible, peor que una pesadilla. Las cuatro naciones recién llegadas ven al inglés con cara de extrañeza, pero al que primero se le borra es a Francia, que va, literalmente, volando hacia el británico.
-¡Angleterre~~! –Unos corazones salían de si mismo mientras abrazaba al cejudo.- ¡Mon amour, te extrañe tanto! Imaginar que te fui a visitar y no me quisiste ver, ¡Malo, malo! –alegaba, como todo un niño.-
-Tsch, Francia, eres el mismo insoportable de siempre. –mascullaba, siendo de vuelta el mismo-
-Pero cherie… te eh buscado todo este tiempo. Y nada, amour~ dile algo. –le exigía al canadiense.- Pon en regla a tu padre, por favor. –
-Ehm… -Canadá se pone nervioso.-
-No hagas nada, Matthew. –dice el británico al norteamericano.-
El canadiense solo asiente y se va a su puesto junto a Romano. España también se acerca a los antiguos piratas y empiezan a entablar conversación.
Todo iba más o menos normal, iban llegando naciones de vez en cuando. Todas eran parejas, eso noto el inglés.
Primero: Alemania e Italia (que iba dormido). Segundo: Dinamarca y Noruega, junto a Suecia, Finlandia e Islandia. Terceros: Turquía, Egipto, Holanda, Bélgica, los anfitriones Suiza y Liechtenstein, junto a Austria y Hungría. En cuarto lugar, llegaron Rusia y China, ambos con cara de exhaustos por el largo viaje. Y finalmente en quinto lugar llegaron Grecia y Japón, y el resto de las naciones que faltaban.
Pero, ¿Dónde estaba la persona que quería ver? ¿Dónde estaba su Alfred?
No termino de pensar en eso, ya que el americano llego, en último lugar como de costumbre.
...
Se le helo el corazón, eso se sintió en toda la sala, que enmudeció al notar como se miraban ambas naciones de habla inglesa. América miraba a las esmeraldas de su antiguo amor, mientras que a este le titilaba la vista por ver semejante obra de arte… había olvidado lo hermoso que era su niño, su amor. No lo podía ni creer.
-Ame… -iba a hablar, estaba de pie, temblando.-
Pero Alfred solo paso de él como si no fuese nada. Como si fuese algo más barato que el propio viento.
Para esa instancia, todo el mundo sabia que la Relación Especial… ya no era tan especial.
La reunión iba casi por la mitad y final. Cuando ocurrió lo que ocurrió.
Se había dado un descanso y aun no era el turno para hablar de los representantes de Reino Unido. Gales se fue, llevando a Arthur del brazo.
Inglaterra había estado toda la reunión mirando, sin descaro, al americano, esperando una mirada, una palabra, algo, pero nada… nada de eso paso. Todos sentían cierta lastima por el inglés, muchas de las naciones que pensaban eso detestaban a Arthur, pero sabían su trágica historia y dolor personal, algo es lo que cuenta la historia misma, pero otra cosa es saber como lo siente una nación.
Mientras que Alfred fue el único que se quedo en la sala de conferencias, haciendo vaya saber que cosa con su celular. Arthur logro escabullirse del agarre de su hermano, y ahora estaba entrando a la sala, para encarar al rubio que le rompió el corazón.
No sabia que hacer realmente, solo quería una respuesta, algo…
Entro finalmente, sin hacer ruido. Descubrió al americano jugando un juego de carreras en su teléfono, como un niño, eso le hizo sonreír.
-¿Alfred? –llamo, este se quedo en blanco con tan solo oír ese acento inglés.-
El rubio mas oscuro le miro, sus ojos titilaban de asombro tras sus cristales. Arthur se acerco, mas Alfred se paro bruscamente, alejándose a medida que el otro se acercaba, casi con desesperación, alzando al brazo. Cuando lo tuvo a punto, el estadounidense le corrió el brazo con fuerza, lastimándolo.
-¡Vete! –le grito, mientras sentía que algo se empezaba a quebrar en él y sobretodo en Arthur.-
Los ojos del europeo eran cristalinos, dignos jades apunto de estallar en llanto.
-Alfred… -extiende su brazo lastimado, la sangre empezaba a brotar de la herida producida por su ex amante.-…Why? –
El líquido escarlata se corría por los dedos y palma del de ojos verdes. Que caso omiso le hizo a ese acto desesperado, necesitaba tocarlo, sentirlo.
-Vete… England… please, no lo hagas mas difícil. –pedía, oscureciendo su mirada.-
Alfred tomo su mano sangrante y la limpio con una servilleta de cocina. Arthur solo miraba, mientras finas gotas bajaban de sus ojos.
-Ya, ya no sangra. Mira. –le enseño su obra, sonriendo tristemente.-
-Alfred, dime, ¿Por qué? –insistía, sin importarle su herida.-
En ese momento a la mente del americano llegaron las palabras de Kiku ''Hazlo real''. ¿Real que cosa? ¿Romperle de nuevo el corazón a aquella persona que tanto le costo conquistar? ¿Arruinar toda una vida de obras y proyectos? ¿Qué debía hacer realidad? ¿Su dolor, quizá?
-Porque… porque… -pensaba algo hiriente, de forma inconsciente.- Porque ya no te amo mas.
Fue la pobre excusa que se le ocurrió, sabia que Arthur no le creería semejante mentira. Pero se equivoco, el inglés rompió en llanto frente a él, y lo único que la superpotencia hizo fue quedarse mudo, mirando como el otro se descargaba.
-¡Mientes! –gritaba.- ¡Mientes! ¡Tú dijiste que me amabas! ¡Me lo juraste! ¡Por… por sobre tu bandera! –
¿Tenia que traer el recuerdo donde juro amor al inglés frente a su símbolo más hermoso?
-Fue, fue una mentira. Ja-jamas le jura-ria amor a alguien como tu. –y de repente, todo se estaba empezando a ir, literalmente, al demonio.-
-¿Co-como? –abrió los ojos, rojos e irritados por el llanto.-
-¡Pues claro! –exploto, intencionalmente.- ¡Jamás amaría a alguien que cocina tan horrible! Y además, que es un borracho compulsivo que adora deprimirse. ¡¿Cómo podría amar a la persona que me arruino la vida? –ahora si se fue al carajo.-
¿Arruinarle la vida? ¿Eso había dicho?
El inglés se quedo mudo, en su lugar, mientras procesaba la información dicha por el americano. Mientras su corazón terminaba de romperse, algo mas, que no sabia a ciencia cierta que era, también se quebraba.
Arthur salió corriendo, no le importaba su orgullo, ya pisoteado. Su amado orgullo fue destrozado el día en que decidió acostarse con ese maldito infeliz malagradecido. Nunca tuvo que haberle hecho caso, ¡Jamás! Tuvo que olvidar esos sentimientos, guardarlos en la caja que estuvieron siempre. Ahí, ocultos, sin que nadie mas que el mismo los supiera.
Las naciones iban retornando a la sala de conferencias, y solo se atropellaron mutuamente al ver con Inglaterra salía corriendo, ocultando su rostro y sus lagrimas que afortunadamente nadie noto. Nadie, exceptuando Gales, Irlanda y Francia. Canadá que sabia de antemano lo que paso, se adentro en la habitación, junto a Japón, ambos miraron a su amigo y hermano, respectivamente.
-¿Ya? –pregunto Canadá.-
-Si, ya esta. –concluyo Alfred, alejándose de ambos chicos, escapándose de la multitud que seguía sorprendida.-
-Espero que Arthur-san no haga una locura. –recito Japón, que también sabía lo que pasaba ahí.-
-No creo, Inglaterra es sabio, no hará ninguna locura. –juraba el canadiense con una sonrisa.-
Francia oyó parte de la conversación. Y se sorprendió al notar que su amante, su adorado niño estaba relacionado con lo que paso entre América e Inglaterra.
Por otro lado, Irlanda se disponía a correr y golpear al yankee, seguido de un preocupado Gales, que temía, en especial, por la seguridad de su hermano. Bien lejos de todo eso, Rusia y China, sonreían de forma perversa, ante la penosa situación de Alfred Jones, pero China, sentía, en el fondo, cierta compasión hacia la persona que le quito y cuido a Hong Kong.
La lluvia había empezado a caer. ¿Por qué llovía justo ahora? ¿En ese momento? ¿No podía esperar a otro?
Las gotas eran finas y delgadas, pero filosas. Estas se estampaban en la ropa y cara del inglés, que caminaba entre la muchedumbre que evitaba mojarse, corriendo.
De reojo vio a una joven pareja tomada de la mano, sonriendo. La mujer parecía feliz de la vida, con tan solo tener a ese hombre que la hacia feliz. Por otro lado, el hombre, estaba dichoso y radiante, muy parecido a como América estaba cuando estaban juntos…
Que gente hipócrita. Pensaba Arthur con una sonrisa lasciva y una mirada sombría.
Pobre gente que pensaba que el amor existía. Lo que acababa de pasar le hacia darse cuenta de cuanto había desperdiciado en esa infructuosa relación. Había pensado todo ese tiempo que América lo amaba, hasta lo juro en el monumento a su bandera, su amada bandera que no hacia mas que salir en todos lados en esas malditas series que producía el país amante de la hamburguesa. Sonrió nuevamente, caminando ahora con pasos confiados.
Pese a la confianza que destellaba su andar, se sentía vacio por dentro, sin nada que llenara ese nuevo hueco que había nacido en su corazón. Ahora sentía que no lo tenía, que… era nada más ni nada menos que una parte de nada. Que nunca había estado ese lugar que llamaba ''corazón''.
Levanto un poco la vista, al pasar cierto local con destellantes luces blancas, parecidas a las de un hospital.
''Farmacia''
Decía el local.
Se quedo mirando como bobo mientras la lluvia seguía cayendo.
Pensó y pensó, hasta que tomo la decisión más penosa de toda su vida. Entrar a ese comercio farmacéutico, que lo llevaría a hacer, sin duda, una locura.
Traducciones:
Beth?: Galés. ¿Qué?
Lloegr: Galés. Inglaterra
Quiero agradecerles enormemente su apoyo para con esta historia ^^ Y la razon del porque no actualicé se debio a que no tenia Internet en mi casa. Gracias, pero miles de gracias por todos sus hermosos comentarios que me hacen seguir escribiendo dia a dia n.n sin ustedes no seria posible :)
Nos vemos en el proximo chap que es donde empieza el verdadero drama y como que ya se va descubriendo el porque Alfred dejo a Arthur.
Los quiero muchisimo :) Bye bye
Proximo Capítulo: Cuando el dolor duele mucho, duérmelo.
