Como una ceremonia dedicada a la fortificación de una de las familias de shamanes más poderosa y antigua, la boda de Yoh y Anna estaba por todo lo alto. Al menos en lo que le correspondía a la familia. Cuando las cosas le tocaban directamente a los celebrados, tendían más a abaratar los costos debido a que aún estaban en proceso de terminar las reconstrucciones de la posada. En primer lugar, la recepción se realizaría en los terrenos del Funbari Onsen y la comida sería completamente hecha en casa, principalmente por Ryu y Tamao, pero con la ayuda, en mayor o menor medida de todos. Las cantidades de trabajo implicadas en el proceso habían generado un sentimiento de hastío, en el que la idea generalizada era que, cuanto antes terminara todo, mejor. Sin embargo, al llegar el día, quedó completamente reemplazado por la idea de que realmente todo había valido la pena.
El día empezó temprano, cuando lo que parecía un ejército de peluqueras y modistas llegó temprano en la madrugada para comenzar con los preparativos. Llegaban con cajas en las que estaban cuidadosamente guardados los kimonos que iban a ser usados, y todos los accesorios necesarios, además de un montón de instrumentos para los que ni siquiera Lyserg podía conjeturar su función. Tres de ellos se encargaron de Yoh, al que despertaron de malos modos antes de llevárselo arrastrando de la habitación entre súplicas de auxilio. El novio fue entonces sustituido por Keiko, Kino, Tamao y Pirika, que iban a formar parte del cortejo. Lucían más despejadas, pero de ningún modo con mayor albedrío que el que había tenido Yoh. Las mujeres tomaron rápidamente el control y se movían con eficacia, logrando controlar incluso a Kino, que había sacado a relucir su pertenecía a una de las familias más poderosas en el shamanismo.
Anna se tomó las cosas con más calma e incluso con un inusitado silencio. Al igual que las otras, aceptó cuando le lavaron el cabello y lo imbuyeron con cera de abejas perfumada. Soportó que le tironearan y enrollaran la larga melena castaña aún mucho después de que habían terminado con las otras cuatro y la llenaran con tal cantidad de accesorios que probablemente le doblaran el peso de la cabeza y duplicaran su esfuerzo sólo para mantenerse erguida. Y aún así no dijo ni una palabra hasta que le mostraron el primero de los kimonos que iba a vestir. Era una pieza fantástica de color blanco, con bordados que, a pesar del mismo color realzaban la pieza, dándole un estilo aún más delicado. Era de doble forro y llevaba relleno en algunas partes por lo que lo debían mantener entre dos personas para que Anna pudiera apreciarlo a plenitud.
"Kakeshita." Murmuró la Itako, pasando la mano suavemente por la tela.
Sólo el temblor de su voz traicionó qué era lo que ocurría con ella. Keiko se desembarazó de las modistas que se encargaban de colocarle a ella su kimono y cogió las manos de Anna entre las suyas.
"Tranquila." Le dijo, con suavidad y mirándola directamente a los ojos. "Lo de hoy es sólo la confirmación de lo que ya nosotros sabemos desde hace tiempo. Hoy los Grandes Espíritus te reconocerán como parte de nuestra familia."
Anna asintió quedamente y esbozó una sonrisa de suficiencia que dejó a Keiko intrigada pero la modista había sido lo suficientemente paciente con ella hasta ese punto y la jaló para que volviera a prestar atención a su propio atuendo. Debido al color de los uniformes de Funbari Onsen, habían desechado el rosado como elección, por lo que el cortejo vestiría de un color anaranjado bastante festivo, y un patrón floral que escondía el diseño del árbol que era el símbolo de la familia Asakura. Incluso el kimono de Pirika lo llevaba, pese a no formar realmente parte de la familia, como en algún momento había comentado una de las tías más molestas, pero que no había reportado ningún tipo de cambio en los planes.
Hasta que la modista principal, una mujer bastante mayor con rostro estricto y del color macilento relacionado al envenenamiento por plomo, no dio el visto bueno a la colocación del Kakeshita, Anna no fue presentada con el siguiente. A diferencia del kimono blanco, el Uchikake era de colores vivos y brillantes. Era un kimono de color rojo, ornamentado con diferentes patrones, incluyendo el árbol de la familia Asakura en color blanco y bastante más conspicuo y con más repeticiones que los del cortejo. Estaba hecho de varias capas de seda, lo que lo hacía más ligero y suave, a pesar de tener también algún tipo de relleno en la parte más baja. Keiko dejó escapar una exclamación al verlo, perdiendo la compostura que había sido capaz de mantener hasta ese momento.
"¿Ese es?" Preguntó Kino, aproximándose a ella mientras hacía que su modista la persiguiera tratando de llevar el obi a su posición debida, algo nada fácil debido a la estatura de la anciana.
Keiko asintió, embargada por la emoción, pero luego recordó que la Itako era incapaz de verla, por lo que repitió la respuesta en voz alta.
"Este es el mismo Uchikake que usé yo en mi boda." Le dijo a Anna. "Y Kino antes de mí."
La anciana hizo un sonido reprobatorio.
"Va más allá que eso." Acuñó, ofuscada. "Ni siquiera yo sé cuánto tiempo tiene en realidad."
Ante esto, Tamao y Pirika también se acercaron, para ver mejor la pieza, pero fueron desbandadas rápidamente con accesorios que demandaban una atención más prioritaria. Jun consiguió irrumpir en la habitación con una cámara, antes de que a Anna le colocaran el gorro blanco sobre su peinado y los pequeños adornos en forma de cuerno aún eran visibles. Para la ceremonia, la mayor de los Tao se había vestido con un qipao con el símbolo de la familia y un dragón tribal de líneas sencillas bordado. El diseño era mucho más sencillo de los que la mujer acostumbraba a usar pero la seda estaba teñida de manera tradicional y lo vivo de los colores tanto de la tela como de los hilos era indicativo suficiente de lo lujoso del mismo. Completaba su atuendo con un adorno de coral moteado para el pelo que, dependiendo de lo antiguo que fuera, podía fácilmente tratarse de un objeto de contrabando. Estuvo con ellas un buen rato, para la mortificación de las modistas, que no pudieron correrla hasta que todas estuvieron listas. Para ese momento ya sólo les quedaba marcharse.
En este punto, Anna prácticamente no podía moverse y necesitaba de la ayuda de una asistente incluso para poder caminar pero se veía radiante. La interrupción de Jun había levantado el aire formal que rodeaba la preparación de la novia, disipando a la vez los nervios iniciales de la Itako. La casa estaba ya prácticamente vacía, con los invitados en el templo para ese momento. Sólo quedaba el grupo de camareros que iban a servir en la recepción, y algunos de los miembros de menor rango, encargados de asegurarse de mantenerlos vigilados mientras tanto. El cortejo pasó sin prestarles demasiada atención para subirse al auto que las esperaba para llevarlas a ellas también al templo. Cuando este se detuvo, Anna volvió a recurrir a su silencio, enredando subrepticiamente las manos.
Sin embargo, para el momento en el que el cortejo caminó hasta el altar, donde le esperaba Yoh, ataviado con el tradicional negro y blanco, acompañado por Mikihisa, ni siquiera la temible Anna Kyoyâma podía ocultar la sonrisa estúpida que le adornaba el rostro y, sólo esta vez, decidió que no se sentiría avergonzada al respecto. Éste era su día y el de Yoh.
Cuando llegó hasta él y el resto del cortejo se hubo ubicado al lado que le correspondía, el sacerdote hizo su aparición. Nada más y nada menos que el mismísimo Shaman King, Hao Asakura en toda la parafernalia de un sacerdote Shinto. Esa aparición causó reacciones bastante viscerales en los asistentes, particularmente los Guerreros Elementales que, debido al exceso de parientes Asakura no habían formado parte del cortejo de Yoh. Horo-Horo y Len se habían puesto de pie con presteza y los puños crispados, en el caso del segundo volcando la silla que ocupada, sobresaltando a los que los rodeaban. Lyserg optó por un enfoque más discreto, manteniéndose sentado pero realizando el Over Soul Homing Pendulum en espera de una señal por parte de Yoh. Ryu también había sacado su espada de madera y llamado a Tokageroh, en tanto que Fausto había optado por posesionar a Dietrich y entre ambos asegurar a Hana, que estaba a su cargo.
Sin embargo, Yoh estaba tan calmado como de costumbre, e incluso daba la impresión de que se lo esperaba, por lo que, a regañadientes, todos volvieron lentamente a sus posiciones originales. Hao lanzó un par de pullas, pero sabían mejor que decidirse a atacarlo exactamente en ese momento, por lo que la ceremonia dio inicio.
El principio fue bastante tradicional, con Hao pidiéndoles que se pusieran de pie para realizar algunas plegarias. Sin embargo, conforme continuaba y se aseguraba que Anna no iba a usar su infame Izquierda Fantasma contra él, so pena de quedarse sin boda; el discurso fue tornándose cada vez más bizarro. Los intercambios de promesas lo contrarrestaron con un poco más de normalidad, para que luego una pequeña sacerdotisa bastante mona, les entregara las copas y las llenara de sake. Ambos bebieron de ellas y las intercambiaron, luego de lo cual la sacerdotisa las llenó de nuevo y las repartió con el resto del séquito. Repitió lo mismo en dos ocasiones más, como parte de la tradición conocida como San San Kudo. Ahora era el turno de Hao de dar las bendiciones concernientes y declarar oficialmente a Yoh y Anna como marido y mujer. El Uchitake fue traído y, entre dos personas lo colocaron sobre los hombros de Anna, indicando el fin de su soltería. Mientras tanto, la pequeña sacerdotisa había estado repartiendo sake entre los asistentes, para culminar la ceremonia con un brindis final por la felicidad de la pareja.
Instados por el compulsivo encargado del templo, Keiko tomó la mano de su nuera, y Mikihisa la de su hijo, para comenzar la procesión que los llevaría a pie de vuelta al Funbari Onsen. Aquéllos que les iban a acompañar se unieron en una fila, curiosamente bastante ordenada gracias a la intervención de las sacerdotisas del templo, mientras que el resto se marchó en carro o simplemente tomó el autobús.
Detrás de los novios, y debido principalmente al incómodo atuendo que llevaba Anna en el que sólo podía dar pequeños pasos a por vez y que debía llevar a una ayudante en todo momento, la marcha fue lenta, pero nada que no hubieran predicho. Ni siquiera el hecho de que un grupo de turistas insistiera en tomar fotos de la procesión los detuvo demasiado, e incluso lograron sacarles algo de dinero por la molestia. Al llegar al hotel fueron recibidos por Redseb, que no se veía muy cómodo con su traje, y Seyram, engalanada con un vestido de volantes a juego. Medio a la carrera, los niños fueron ubicando a los invitados en sus sitios respectivos, transformándolo en una suerte de competencia entre ellos. Mientras tanto, Yoh y Anna eran sometidos a una sesión fotográfica completa, con cada una de las familias presentes y los invitados más importantes. No tuvieron ni tiempo de respirar una vez que terminaron, puesto que la modista se los llevó de vuelta al interior de la casa para hacer el siguiente cambio de ropa.
Al regresar, Yoh vestía un kimono idéntico al que había usado durante la ceremonia del templo, con la excepción de las arrugas, como indicó la modista. Por el contrario, a Anna la embutieron dentro de otro kimono con los colores de la familia Asakura, con el cuál ganaba una mayor movilidad, o al menos tanta como daba un kimono. Para ese momento, ya en el improvisado salón de recepción se habían llevado a cabo gran parte de la presentación de las familias y varios discursos al respecto. Nada más que una mera formalidad, considerando que Anna había sido absorbida por los Asakura desde mucho antes a esa fecha. Ambos pasaron a la tarima que había sido construida para la ocasión, para ser presentados por primera vez como Marido y Mujer, ganándose un fuerte aplauso de los asistentes.
Luego de las felicitaciones iniciales, les tocó pasar por cada mesa nuevamente, con Yoh presentando a Anna como su esposa y ella alabándolo de marea cortés y quizá algo sumisa, con frases ensayadas anteriormente. Horo-Horo se ganó un gruñido desaprobatorio por parte de Len, una mirada larga al cielo por parte de Lyserg y unas palabras condescendientes de Manta, todo al mismo tiempo y combinado con un viaje todo pagado por los cielos de Funbari Gaoka, cortesía de Anna. Todo esto gracias a un comentario poco respetuoso y bastante subido de tono cuando la pareja pasó por su puesto. De resto, el ritual continuó de forma más o menos civilizada, considerando que varias de los presentes pertenecían a facciones opuestas y, por lo menos la mitad eran espíritus acompañantes. Al concluir con la última mesa, Yoh y Anna nuevamente desaparecieron para hacer un último cabio de ropa y poder disfrutar finalmente de su propia fiesta.
Para el momento en que volvieron a salir, ya la mesa de comida había sido abierta, la banda había comenzado a tocar y las bebidas espirituosas llevaban rato rodando libremente, por lo que el ambiente formal se había disipado en su mayoría, sustituido por un ambiente festivo mucho más acorde con los dueños del Funbari Onsen.
Respecto al capítulo, investigué un poco en internet, pero en definitiva, en realidad no tengo la más remota idea de cómo se celebra una boda tradicional en Japón, así que supongo que les tocará contentarse con esta pobre imitación… sorry.
Fin de Capítulo
