Capítulo 7: Manami Ayane, Deidad del cielo
-Ahí viene- pronunció ayudándome a levantarme.
-Quien?- pregunte mirando a todos lados.
-ManamiAyane, la deidad del cielo- su mirada mostraba preocupación.
-QUE?!- exclamé muerta del miedo.
Los truenos se escuchaban cada vez más cerca, el cielo se tornó gris cayendo pequeñas gotas de agua, junto con una brisa abrumadora proveniente del sur.
-Vinieron antes de lo previsto- dijo sin despegar la mirada del cielo, enfocándose en un lugar específico. Ayudamos a Yuzuki y Ayaka a levantarse, estaban igual de confundidas que yo. Los únicos que sabían lo que se acontecería eran Lili y Tomoe.
-Lamento la agresividad, pero tenía que actuar rápido- dijo inclinándose un poco en dirección a las dos.
-que es lo que pasa?- preguntó Ayaka mirando las flechas clavadas en la madera y en el piso. Cuando la lluvia se hizo más fuerte nos refugiamos en la casa.
-Gomendasaidesu… pero tienen que irse ahora- pronunció Lili secándose y cerrando todas las ventanas, esta vez su voz no era tierna y dulce, cambió a seria y grave.
-qué?! ¿Con esta lluvia?- protestó Yuzuki.
-Otra Deidad está en camino, no creo que sea seguro para ustedes quedarse aquí- les expliqué. Entendieron que no era una descortesía mía, después de todo no tenía idea de cómo era esa Deidad, supongo que tiene apariencia majestuosa.
Sin previo aviso un trueno calló justo en la entrada del templo, sobresaltándonos a todos e iluminando por un breve momento la casa desde afuera.
-Maldición, está aquí- cerró las cortinas y atrancó la puerta.
-Y ahora?- preguntó Ayaka sin dejar de temblar y toda empapada por la lluvia, al igual que nosotros.
-Todas suban a la habitación de Mitsuki!….- nos ordenó Tomoe corriendo de un cuarto a otro, trayendo diversos y confusos objetos a la mesa.
-AHORA DESU- gritó Lili asomándose ligeramente por la cortina. Sin perder más tiempo corrimos subiendo las escaleras.
-No me podía ver así Manami Ayane, pero esconderme junto con otras 2 humanas sería peor- pensé preocupada.
Ya dentro de mi habitación cerramos la puerta con seguro, recorrimos las cortinas y respiramos un momento, estábamos algo agitadas por la situación.
Les presté una toalla a cada una para que se secaran, Yuzuki miraba por la ventana curiosa, asomándose sin que se dieran cuenta, mientras que yo estaba pegada a la puerta, tratando de escuchar algo, aunque sea el más mínimo ruido.
-Sigo sin poder creer lo que está pasando, primero un dango que habla y vuela, después un chico-zorro sirviente de la vicepresidenta que es una Deidad, y ahora otra Deidad viniendo sentada en nubes…..es mucho para mí- suspiró dejándose caer en la cama.
-También es mucho para mí, pero me acostumbraré- sonreí mostrándome despreocupada. Saqué del closet 2 kimono sencillos que Tomoe había traído para mí, uno naranja y otro rosa. Se los dí a las dos.
-Tomen, si no se cambian de ropa pescaran un resfriado- los coloqué encima de su regazo. Parecieron gustarles los modelos. Así que los aceptaron algo tímidas.
Mientras se vestían, el silencio proveniente del primer piso me mataba, tenía los nervios de punta, no paraba de mover mis manos o morder un lápiz que tenía a la mano.
-Me pregunto….. Como les irá a Lili y Tomoe haya abajo?- dijo Ayaka sentándose a mi lado, en frente de la puerta.
-No tengo idea- pronuncié rompiendo el lápiz sin ningún esfuerzo, como aquella vez en la academia que destruí mi pupitre casi mágicamente u.u .
-Ya no soporto más- Yuzuki tenía su puño a la altura de su rostro, apretándolo con fuerzas. Abriendo la puerta sin provocar ruido alguno, nos tomó de las manos sacándonos al pasillo.
Caminando descalzas al comedor percibimos el aroma a comida, algo de incienso perfumaba todo el primer piso y se escuchaba música clásica de ambiente.
La Deidad estaba en otro cuarto especial, con el piso cubierto de pétalos de rosas blancas, las ventanas abiertas desde donde se veía el cielo y el sol ocultándose, y en medio posaba Manami Ayane, la deidad del cielo, una mujer fina y hermosa, sus labios pintados con brillo, mejillas rozadas, ojos cafés y cabello morado, tan largo que le llegaba hasta las rodillas (si no es que más abajo), vestida con un kimono blanco y rosa más voluminoso que hacía parecer al mío un estropajo viejo.
-ES un gusto volverte a ver Tomoe- dijo Manami riendo un poco, sosteniendo su taza de té delicadamente.
-Usted trae la luz a este lugar con su presencia- le sonrió levantando la mirada un poco. Tomoe estaba sentado en frente de ella, a una distancia respetuosa, al igual que Lili, que no decía nada todavía.
-Bien, y donde está él?- dijo sin más rodeos refiriéndose a mí, pensaba que sería otro hombre y no una chica.
-La señorita Mitsuki no podrá estar presente en esta ocasión- se inclinó ante ella. Ella lo miró frívolamente al principio, siendo abanicada por sus dos sirvientes a los costados. Eran realmente hermosos, creo que un poco más que Tomoe, siempre sonreían y tenían una mirada encantadora que te dejaba sin aliento.
Papillon despertó sorpresivamente antes de que el sol se ocultara por completo, y se fue volando de mi habitación hasta el pasillo donde estábamos las tres.
-Papillon, ¿Qué haces aquí?- le pregunté viéndola volar hasta la cabeza de Ayaka, desprendiendo cientos de brillos que la cubrieron por completo, como una sábana.
-Qué es eso Mitsuki?!- me gritó en el oído Yuzuki señalando a Papillon.
-Veras, él o ella es papillon, mi mariposa y otra de mis guardianes, me la dio el antiguo Deidad-
-Asi que otro más, es suficiente por este día, no crees?- dijo estresada. Después esa sabana de brillos que cubría a Ayaka se desprendió dejando ver su nueva apariencia. Su cabello estaba peinado y adornado con girasoles usados como pasadores, su kimono naranja mejoró en cuanto al modelo, este tenía bordados de plata en forma de flores diversas y algunos símbolos extraños, más largo de las mangas y arrastraba levemente al suelo. La miramos sorprendidas, le quedaba muy bien el atuendo.
-Cómo fue que pasó?- preguntó Ayaka viéndose igual de asombrada. Papillon hizo los mismo con Yuzuki y conmigo, al kimono de Yuzuki se le impregnaron figuras de animales corriendo o saltando, hermosos y solo de color plata igual de largo que el de Ayaka, su cabello recogido completamente con palillos, sus uñas haciendo juego con el kimono y una ligera cadena con el símbolo del Templo en el dige. En cambio el mío cambio todo, volviéndose más grande, tenía pintado un hermoso paisaje al anochecer mostrando la naturaleza en su máximo esplendor, parecía el cuadro de un afamado artista, usando todos los colores haciéndolo parecer real, mi cabello suelto por primera vez y con papillon posado sobre él, adornándolo perfectamente.
-Shugoii- exclamaron al unísono Yuzuki y Ayaka. Había comprendido el mensaje que Papillon me daba con estas transformaciones, se necesitaba valor para hacerlo, pero confiaba en mí, solo necesitaba eso para motivarme.
-Chicas, hoy conoceremos a la Deidad del cielo- las conduje hasta la habitación donde estaban ellos.
-Que les diremos?- preguntó Yuzuki.
-Solo síganme la corriente, actúen como mis sirvientes y ya, de lo demás me encargo yo- traté de sonar completamente segura de lo que hacía, pero no bastó con eso para convencerlas.
-No se preocupen, no permitiré que nada malo les pase…- las tomé de las manos juntándolas.
-se los prometo- dije sinceramente. Logré sacarles una sonrisa, asintieron con la cabeza
-Como que no puede venir?- Manami se encontraba un tanto furiosa. Sus sirvientes dejaron de abanicarla en cuanto ella se levantó del suelo.
-Le pido mis disculpas- dijo Tomoe avergonzado, levantándose también. Lili seguía en el suelo con la mirada agachada, sin moverse ni un centímetro.
-Acaso tratas de ocultarla?- ya estaba muy furiosa.
-No me importa si está escondida, la veré ahora mismo!- gritó dirigiéndose a la puerta para salir. En ese momento Yuzuki y Ayaka abrieron la puerta, dándome paso para entrar. Yo estaba con las manos agarradas, derecha y mirando todo con una confianza nunca antes vista, tenía los ojos ligeramente cerrados.
-naguisa- susurro Tomoe al verme ahí. Lili se levantó y fue hasta mí, colocándose en un costado al igual que Yuzuki y Ayaka. Abrí los ojos lentamente.
-Gomatase (lamento la espera), pero aquí estoy- Entré sin abandonar mi postura firme y seria. Manami volvió a su lugar, yo me senté en frente de ella mirándola fijamente. La actuación de Yuzuki, Ayaka, lili y Tomoe era perfecta, completamente sumisos, siguiéndome y rodeándome sentados en el suelo, los 4 agacharon la mirada y posaron sus manos en su regazo, un tanto nerviosos por que cometiera algún error.
-Lamento haberme demorado en atenderla, pero tenía que arreglarme para recibir a tan majestuosa visita- sonreí admirándola, Manami era muy hermosa al igual que sus sirvientes.
-Acepto sus disculpas… por un momento creí que se estaba escondiendo de mi- me devolvió la sonrisa tomando de nuevo su baso de té.
-Para nada…-
-Tu kimono es hermoso- me alagó sonriendo.
-Arigato gozaimos- me dirigí a Tomoe ordenándole que trajera algo de comida para nosotros.
-Enseguida- dijo sin alzar la mirada y saliendo silenciosamente de la habitación.
-Ya estará enterada del motivo de mi visita- dijo sin rodeos
-Por supuesto, siéntase con la confianza de preguntarme lo que guste sobre mí- dije ocultando mis nervios. El tic de mi ojo quiso regresar, pero lo controlé apretando fuertemente mi puño, dejando las marcas de mis uñas en mi palma. Tomoe entró sirviéndonos arroz y verduras hervidas para comenzar.
-Cómo fue que Kurama-sama te eligió a ti?- preguntó antes de llevarse un bocado a la boca. Sin darme cuenta nuestras actitudes ya no eran tan serías, incluso reíamos íamos algo de sushi.
-Lo conocí una noche en un parque, al parecer él me conocía desde antes- le expliqué toda la historia, exceptuando mi pasado con mi padre y la pelea que tuvimos Tomoe y yo.
-Debes tener en mente que ser una Deidad es una tarea difícil, en especial para una humana, te ha tocado lo más difícil- explicó cuando terminamos de comer. Éramos las únicas hablando, todos los demás ni siquiera movían sus labios.
-Lo más difícil?- pregunté confundida.
-Si, como verás cada una de nosotras tiene una tarea y un elemento, yo soy del cielo, por lo tanto domino el elemento aire, la deidad del mar domina el elemento agua, la deidad del tiempo domina la tierra y la del inframundo domina el fuego. En cambio Kurama dominaba todos los elementos, era como una combinación de todas nosotras- explicó recordándolo, en sus ojos destacaba algo de tristeza y miedo, muy extraños, tanto que no fui la única en notarlo. Yuzuki, Ayaka y Lili la miraron durante algunos segundos.
-Ocurre algo?...- pregunté. Manami miró de reojo a Tomoe, esté le indicó algo con sus ojos. Sonrió cambiando de tema.
-Nada-
Un estruendo sacudió toda la habitación, exaltándonos a todos y sacandonos un pequeño grito.
-Qué pasa?- preguntaban Yusuki y Ayaka acercándose a mí. Sin embargo no sabía qué responderles. Las tomé de las manos, los sirvientes de Manami la cubren y rápidamente sacan sus espadas.
-Esperen aquí- dijo Tomoe saliendo de la casa. Seguido de eso se escucha como la tierra se abre creando una enorme grieta en el piso.
-Tomoe!- grito tratando de alcanzarlo, pero papillon trata de detenerme inmovilizándome por completo. Manami pasa apartando a sus sirvientes de ella hasta donde yo estoy, con pasos firmes al igual que su mirada.
-Naguisa-sempai- grita Yuzuki viéndome inmovilizada. Lili vuela hasta la puerta impidiéndonos salir.
-No pueden salir, es peligroso, déjenselo a Tomoe desu- dijo con su tono de voz normal, volvía la tierna y linda Lili.
Manami puso su mano sobre mi cabeza en cuanto Papillon se quitó de ella, desprendiendo una luz celestial de su palma, devolviéndome la movilidad de mis músculos y el habla.
-Arigato Manami-sama- dije con algo de dificultad.
-De nada, ahora salgamos, algo le puede pasar a Tomoe- dijo abriendo la puerta apartando lentamente a Lili. Yusuki jaló a Ayaka del brazo para seguirnos junto con los sirvientes de Manami que trataban de no separarse de su lado ni un segundo, aun portando sus espadas.
Apenas y cruzamos la puerta y vimos la gran grieta del piso.
-Tierra- fue lo primero que pensé. Un tornado se aproximada derribando todos los árboles que tenía cerca. Tomoe envainó su espada, lanzando grandes bolas de fuego azul al tornado para retenerlo y que no avanzara más.
El piso seguía agrietándose, llegando casi a la casa. A lo que sus sirvientes de Manami acudieron ayudando. Ambos coordinados perfectamente se abalanzaron hacia el tornado, Tomoe y ellos dos con sus respectivas espadas lo cortaron en dos como su fuera un cuerpo, deshaciéndolo por completo antes de que llegara a nosotras o se hiciera más grande.
Yuzuki valientemente se había puesto en frente de mí en cuanto vio al tornado acercarse, me sorprendió mucho, se comportaba como una verdadera sirviente de Deidad, me protegía. En cambio yo protegía a Ayaka y a Lili.
Manami hizo aparecer un pequeño báculo plateado, tenía forma de un ave estirando sus alas, junto con cristales que colgaban de la parte inferior, provocando un sonido armonioso cuando el viento las movía ligeramente. Sosteniéndolo con la mano derecha y alzándolo un poco, hizo un movimiento en círculo sobre ella, apuntándolo a la tierra y cortando el aire (más bien como una danza). El sonido de aquellos cristales hizo que la tierra parara de agrietarse y se restaurara por completo. Su poder era increíble, tanto que me decepcioné de mi misma por no poder proteger el templo como lo hacían los demás.
-Se encuentra bien Goshujin-sama?- preguntó uno de sus sirvientes de Manami, el que tenía cabello dorado y ojos verdes. Desde que llegaron no los había escuchado articular palabra, habían ocultado su encantadora voz... ¿pero por que pienso eso?. Me pregunté de repente sin dejar de ver a su sirviente.
-Si, estoy bien Aoi- sonrió bajando su báculo. Yo les pregunté lo mismo a Yusuki y ayaka, pero no podían hablar, solo asintieron con la cabeza. Pobres... esto es mucho para ellas...
-Esto no a sido un accidente- pronuncio Tomoe guardando su espada sin dejar de mirar el cielo.
-Por supuesto que no- dijo Manami.
El cielo tenía un color hermoso, un azul que solo se veía en primavera. Pero se veían unos extraños puntos rojos que caían velozmente aumentando de tamaño a nuestra vista.
-Ustedes 4 vallaos al refugio de inmediato- ordenó Manami apretando su báculo. Todos los demás volvieron a sus posiciones de ataque.
-Ahora que pasa?!- grité para que me prestaran atención y dejaran de mirar el cielo.
-Las otras deidad te están atacando desde sus templos- me respondió Tomoe. Pero... porque me estarían atacando, no he hecho nada contra ellas ni las he ofendido. Ni siquiera las conozco.
-Aquello que viene del cielo es una advertencia de la deidad del inframundo (fuego), quiere probarte y decirte que vendrá, lo mismo sucedió con el tornado y la tierra, correspondientes a la deidad del tiempo- explicó Tomoe.
Aquellas bolas de fuego se asemejaban a meteoritos, solo que estos caían mas rápido y con un solo objetivo... mi templo.
-Métanse al refugio, vamos!- grito Manami en cuanto fueron atacados por una lluvia de flechas, provenientes del bosque. Éramos atacados por la nada, ni siquiera se mostraban algunas personas o aquellas deidad, simplemente atacaban de lejos sin darnos la cara. Eso me enfureció, son unos cobardes.
Sin pensarlo dos veces todas corrimos a la casa, Ayaka lloraba a cascadas, se había contenido mucho, asi que en un momento inesperado lo sacó todo. Yusuki era la más fuerte de todas, no se dejaba dominar por el temor y lo sobrenatural que le parecían las cosas. Lili no cambiaba, solo nos indicaba en donde estaba el refugio junto con Papillon.
Esquivar las flechas no fue tarea difícil para los demás, Manami lanzaba grandes tornados alejando las bolas de fuego, al igual que sus sirvientes dominaban el elemento aire, solo que a menor escala.
Tomoe las destrozaba de un solo golpe, pero eran demasiadas y estaba algo cansado, aunque no lo mostrase mucho.
Asegurándome de que todas habían entrado ya al refugio por una pequeña entrada en el piso, voltee por última vez al patio, viendo a todos pelear y defender el templo...
-soy... una inútil...- un nudo me se hizo en el estomagó, y sentí como si me golpearan en la espalda, aunque nadie lo hiciera. En eso la imagen de Tomoe siendo atravesado por flechas en la espalda apareció repentinamente en mi mente.
-naguisa!- gritó Ayaka al ver que no entraba con ellas. Les cerré la puerta y salí de la casa a donde estaba Tomoe.
-Vuelve Mitsuki!- dijo Yusuki antes de cerrar la puerta.
No sé cómo logré ver una horda de flechas dirigirse a Tomoe por atrás, pero él estaba ocupado controlando las bolas de fuego que caían.
-Tomoe!- grité tratando de derribarlo antes de que las flechas lo alcanzaran. Y entonces...
