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EL NEGRO Y EL BLANCO
Si Leanne no se había preguntado alguna vez si su mejor amiga era bipolar, sin duda ahora sí lo había hecho. Aquel sábado, el mejor sábado de mi corta y fatídica existencia, había regresado a la Torre de Gryffindor en un estado de ensoñación máximo, y solo alguien demasiado despistado podría haberlo ignorado. No Leanne, por supuesto. Mi amiga me había preguntado hasta el cansancio, y ante mi negativa, lo único que había sacado en blanco su brillante y retorcida cabeza era que Malcolm había hecho alguna de esas cosas que se hacen "cuando un chico y una chica van a Hogsmeade solos". Por supuesto, Malcolm no había estado ni cerca de hacer cualquiera de esas boberías, solo se había dedicado a molestarme un poco más de lo habitual. Rutina.
- ¡Auch!- De pronto me caí hacía el suelo al colisionar con otro cuerpo algo más grande que el mío. Casi ya era costumbre.
A casi un metro de mí se encontraba Angelina Johnson, también en el suelo, con cara de asustada. Parecía como si acabara de ver al mismísimo moustro de la cámara de los secretos, tal era el absurdo mito que rondaba por esos días y por el que todas las muchachas estaban algo histéricas a donde iba. Consideré las opciones y llegué a la conclusión de que era demasiado que también Angelina estuviera asustada, cualquier persona antes que ella.
- ¿Angelina? ¿Qué te pasa?- pregunté. La chica miró hacia atrás y se levantó de un salto. Yo la imité a los pocos segundos.
- Oliver- gruñó con aspereza y me miró con desesperación- He intentado de todo, le he gritado, me he escabullido, ¡es una maldita plaga! Ha estado toda la semana hablándome del partido del sábado contra Slytherin, aun no me recupero de ver a Ron Weasley vomitando babosas y me persigue para hablarme de tácticas e idioteces, con un capitán… Me tiene harta, venía escapando.
- Y que lo digas- Me entró un tic en el ojo de solo recordarlo- Me lo he topado en los pasillos como tres veces cada día y se para a hablarme hasta del clima, ni siquiera de una estúpida técnica.
Bueno, aquel relato no era del todo justo con Oliver. A decir verdad, yo no estaba nada agobiada por topármelo tantas veces en una semana, sino, más bien, algo bastante opuesto. Sabía que estaba volviendo a la misma estupidez de antes, ilusionarme e imaginar que realmente él me miraba como otra cosa que su cazadora, pero no podía evitarlo cada vez que el me observaba con sus cálidos ojos negros y me sonreía con su boca torcida en señal de niño inocentón. Por lo demás, no entendía para nada su conducta más reciente, pues, lejos de lo que hacía antes, Oliver parecía cada vez más nervioso y me hablaba de cualquier tontería que ni yo misma respondía con cordura por estar más preocupada de… mirarlo a él.
Parpadeé recuperándome de mis pensamientos y me di cuenta de que Angelina había desaparecido en alguna dirección del pasillo en el que me encontraba, en mis propias narices, pero no me había dado cuenta. Además, se acercaban unos pasos decididos y apurados justo cuando Oliver apareció ante mi cara mirando hacia todos lados. Comprendí que Angelina lo había escuchado y había salido pitando antes de que nuestro capitán la agarrara.
- No me preguntes dónde fue porque no sé- me defendí con las manos a modo de defensa. Oliver no respondió, me miró entre asustado y nervioso, muy diferente a cómo había llegado caminando. Nos quedamos en silencio. Ni que tuviera colmillos, pensé.
- ¿Cómo estás?- preguntó de pronto, como de sobresalto. Parecía buscar algo de qué hablarme.
- Ah… bien, desde hace dos horas, Oliver, ya sabes, desde que me preguntaste- respondí. Definitivamente podía estar enamorada de él, pero este estaba consumiendo de algo.
- Claro- entrecerró los ojos y apretó los puños, y luego salió caminando hecho un bólido.
¡Cómo si estuviera furioso conmigo! ¿Y a este qué le pasaba ahora? Al parecer, yo no era la única que andaba con problemas de personalidad. Jamás lo había visto comportarse así, durante la mañana habíamos hablado durante quince minutos con toda tranquilidad, habían sido los quince minutos más largos en que no habíamos hablado, por primera vez, de Quidditch, y él se había comportado como un encanto, amable, gracioso… Y sin embargo ahora parecía enojado, furioso, conmigo, o con él mismo. Y yo no entendía nada.
Entré a la torre de Gryffindor para toparme con la multitud de asustados estudiantes que por esos días preferían quedarse dentro antes de vagar solos y abandonados por el castillo. Todos estaban bastante temerosos de que algún bicho horrible saltara desde algún frutero hasta en el Gran Comedor y los atacara. O, para como estaban las cosas, que lo hiciera Harry, a quien habían culpado injustamente de ser no sé qué cosa solo por encontrarse en el lugar del crimen contra la señora Norris en el momento menos adecuado. Todo por ser Harry Potter, en realidad.
Leanne me esperaba en nuestra usual mesa, cerca de una de las ventanas, con una sonrisita de suficiencia enorme. Ella seguía creyendo que Malcolm era el responsable de mi sorprendente cambio de ánimo así que no me sorprendió su rostro cuando me extendió una carta con la indiscutida letra desordenada de mi amigo. El qué quería Malcolm a esas horas nefastas y frías de la tarde, era toda una incógnita para mí. De seguro me mandaba alguna broma tonta.
- ¿Puedo leerla sola o también tengo que mostrártela?- pregunté con acritud. Leanne ensanchó su sonrisa.
- Ya la he leído- aseguró. Hice una mueca y desorbité los ojos.
- ¿Por qué no me sorprende?
Leanne rió entre dientes y se tendió en una butaca mientras yo me sentaba a leer la carta de Malcolm en paz. Castañeé por lo cerca que estaba de la ventana y porque me había quitado los guantes y capas de más que me había puesto para poder andar por el castillo sin morir de hipotermia. Luego, abrí la carta y observé los garabatos de Malcolm con atención.
Katie Troll,
Ven a la biblioteca ahora, he encontrado unas fotografías muy entretenidas con Snape como protagonista, está en tanga… ¡es mentira! Solo ven. No me salgas con que hace frío o que te puede salir el heredero de Slytherin. Me aburro como ostra haciendo un trabajo y necesito despejarme. En realidad, necesito reírme de ti.
Malcolm
Bufé por lo bajo, aunque bastante perceptible para Leanne, quien rió entre dientes. Menudo idiota el amigo que había ido a encontrarme. Sopesé mis posibilidades de quedarme en la torre abrigada aunque muy aburrida, pues Leanne debía terminar un trabajo, o ir a encontrarme por un rato con Malcolm, que de seguro estaría haciendo aviones de papel de lo aburrido que se encontraba. Me puse de pie, y luego de calarme de nuevo los cientos de abrigos que llevaba, e ignorando a mi amiga y su sonrisita, salí nuevamente hacia los pasillos del castillo. Tal como había pensado, hacía un frío horroroso y el viento se colaba por los sectores abiertos como cuchillos. Debía estar bien loca para andar vagando sola, a esas horas, por ahí, pero los amigos son los amigos, pensé, aunque Malcolm fuera un idiota. De pronto, escuché un ruido y me di vuelta asustada.
Pensé en la estúpida idea del moustro de Slytherin y, en el temor del momento, me entró un susto abrumador. Sentía como alguien me estaba observando, lo sentía por ese cosquilleo en la nuca que da, así que eché a correr hacia la biblioteca como pude y sin tropezar. Llegué cuando Malcolm estaba haciendo sonidos de bebe con su perfecta boca.
Me miró y sonrió con suficiencia, parecía entretenido de mi cara.
- Cualquiera diría que te has topado con el heredero de Slytherin- aseguró con mofa. Me puse más pálida y entrecerré los ojos.
- ¿Has sido tú el que me ha estado espiando?- pregunté enojada.
- ¿Qué…? ¡¿No me digas que yo no soy el único psicópata que anda tras de ti?!- Malcolm parecía entre divertido y desconcertado, y miraba muy lejos de mí, como hablando solo.
- Muy chistoso- gruñí mientras me desplomaba con la respiración cortada en una de las butacas del lado.
Malcolm me observó por varios minutos con su típica sonrisa de suficiencia y las cejas alzadas, como sopesándome. Le hice una mueca y él se echó a reír mientras volvía a poner atención en su trabajo. ¿Qué? ¿Me había llamado para que lo viera como trabajada?
- ¿Qué es lo chistoso?- pregunté molesta. Soltó una risita floja.
- La poca confianza que tienes en poder gustarle a alguien- aseguró- Aunque de verdad pensé que yo era el único.
- No creo no poder gustarle a un chico- murmuré ignorando la última parte de su broma- Lo que dudo es de poder gustarle a un chico como tú.
Como tú, pensé, o como Oliver. Ambos eran bastante parecidos, populares, jugadores de Quidditch, aficionados a incordiar mi tranquila y aburrida vida. Ambos me gustaban, uno como el más grande de los amigos, el otro como el fabuloso chico que era y con sus ojos negros. Cuando volví a la realidad, me fijé que tenía a Malcolm mirándome desde muy cerca con una expresión indescifrable. Era la primera vez que le veía serio.
- Pero tú de veras me gustas- dijo, cuando volvió a captar mi atención.
- ¿Perdón?
- Me gustas, Katie- repitió de nuevo Malcolm, esta vez sonriendo un poco pero dándome la seguridad de que no estaba bromeando. Parecía encontrar divertido estar declarándose ante mí.
- ¿Se supone que debo responder?- murmuré desorientada. Bueno, estaba respondiendo bastante diferente al común de las chicas, que balbucearía y correría confundida en sus sentimientos hacia algún lugar con las caras rojas pero muy satisfechas de gustarle a quien fuera. Yo no, a mí me gustaba Oliver, y no quería que Malcolm se confundiera.
- No realmente- se rió encantadoramente. Si no existiera el idiota de Oliver…- Porque sé que yo no te gusto así que… no volveremos a hablar de esto. Aunque podrías decirme quién es el que te gusta, me harías mucho más fácil el asunto, mando al bicho que controlo tras de él y se acaba- Fruncí el ceño- ¿No te lo había dicho? Soy el heredero de Slytherin…
Nos pusimos a reír como dos idiotas. Era bastante sencillo olvidar lo que acababa de decirme si después iba a dar "ese" tipo de declaraciones. Me resultaba complicado pensar en cómo me reír tanto antes de conocer a este chico, que por lo demás, después de conocerlo un poco, era bastante más fácil de comprender que un Oliver Wood cualquiera. Quizás, pensé, debería cambiar a un Wood por un Preece. Me reí sola de solo pensarlo, y me di cuenta de que Malcolm me observaba con las cejas alzadas sin comprender. Aun así, parecía en serio esperando una respuesta.
- Wood- murmuré con los ojos frustrados. Malcolm abrió los ojos de sorpresa.
- ¡Rayos!- Se enderezó y se pasó la mano por el pelo desordenándoselo- No me la pones fácil, ni siquiera me parezco a él de físico.
- No tienes por qué- me reí.
- ¡Cierto! Yo soy más lindo- Nos reímos juntos.
- Cierto.
- ¿Y hay algo por ahí?- Lo miré y él alzó las manos en señal de inocencia- Es solo curiosidad.
- No, me ve como su hermana menor.
- Ah…
- Sí.
Me fui con una extraña tranquilidad de vuelta a la Torre de Gryffindor, después de que las cosas entre Malcolm y yo quedaran divertidamente en claro. Ahora, por ejemplo, sabía el por qué de su molestia en hablarme tanto. Según él, le había gustado cómo era cuando Diggory, uno de los miembros del equipo, le había mostrado a todos los miembros de Gryffindor. Era fácil hablar de eso con Malcolm, no era como lo incómodo que siempre me había planteado que sería si algún amigo decía estar enamorado de eso, hasta nos reíamos y mofábamos de las conductas del otro. Él era un chico raro, y yo una muchacha rara.
Entonces, volví a sentir como alguien me miraba. Me volví con la esperanza de que fuera Malcolm que, aprovechándose de lo que le había comentado, estuviera tratando de gastarme una broma, pero no había rastro de él por ningún lado. Asustada, comencé a caminar más deprisa, decidida a armarme del suficiente valor como para no salir corriendo nuevamente.
Justo en ese momento, cuando iba doblando en una esquina, vi algo de aquel que me seguía. Algo reconocible. Dos ojos, negros y brillantes.
Hola! Bueno, primero que nada agradecer, como siempre, sus hermosos y constructivos comentarios, gracias por aguantar hasta aquí, juro que desde ahora las cosas se irán poniendo más... candentes, sí. Eso sería, tampoco me enfadaría si ahora me dejaran también un lindo review, de esos que ustedes saben. ¿Qué más? Ah! Sí, estaba pensando (lo juro, estaba pensando) en hacer esta misma historia pero desde el punto de vista de Oliver, no sé como me podrá quedar pero creo que él se merece su punto de vista, al menos cuando le empiece a gustar Katie, porque sí, mis queridos lectores, le va a gustar Katie, palabra de Boy Scout. Así que acepto no, sí o quizás, cualquier cosa, sus opiniones. Eso es todo. Un beso.
GreenDoe.
