Los personajes no me pertenecen, son obra de mi más admirada sensei Rumiko Takahashi la cual hizo que mi mente quedara tan traumada que tuve que ir a dar a un consultorio y por lo tanto mi siquiatra me recomendó desahogarme en algo, por lo que no tuve más opción que sacar las ideas que se quedaron en mi mente al no ver el tan ansiado final que muchas de nosotras (os) deseamos (Ranma y Akane casados y diciéndose lo enamorados que están uno del otro finalizando con un apasionado beso.)

-los personajes hablan-

"Los personajes piensan"

:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:- Cambio de escena

Notas de la autora.

(La opinión de Akane irónica)

Capitulo siete.

Querido diario: Hace una semana que no podía platicarte mis cosas, de verdad lo siento, es que han sucedido tantas que ya no sé por dónde empezar a relatártelas, solo puedo decirte que en este momento me siento en un gran reloj de arena que poco a poco se va llenando con esta para asfixiarme en su interior, con cada centésima que pasa, lentamente cae otro granito que me hace dar cuenta de mi inutilidad, de lo estorbosa que soy, con cada grano cayendo sobre mi me doy cuenta de una nueva realidad, una realidad que me quema, que ahoga, que hace que los pulmones me ardan con tan solo respirar, me duele, me duele vivir, me duele saber que nunca más volveré a ser lo que era, que por más que me esfuerce yo nunca seré suficiente, que ya no soy la misma, he evolucionado, madurado de golpe y enfrentado a una realidad que me ha superado y me ha dejado rota, con mis miles de pedazos esparcidos por un campo en el cual es casi imposible volver a juntarlos para reconstruirme, para volver a ser yo, es una tristeza que me embarga en un manto de obscuridad y dolor, por más que muestre al mundo mi sonrisa y me vuelva a poner la máscara que hace mucho había fabricado, sé que no se lo creen, sé que ellos sufren tanto como yo, pero aún así me siento tan inútil que ni siquiera puedo ayudarlos a hacerlos sentir bien, no puedo, porque no puedo yo misma sentirme bien, aún así no culpo a nadie, es mi responsabilidad, y con todo, de lo único que no me arrepiento ni me arrepentiré nunca es de que lo hice por él, que todo esto lo hice por ayudarlo, por volver a verlo y por salvarlo, lo hice por amor, y lo volvería a hacer una y mil veces aún y cuando supiera lo que me pasará.

Flash back: el ocaso cubría al cielo en tonalidades cobrizas, naranjas y dorados, envolviendo a todo en un color ámbar, aún así, una hermosa jovencita de cabellos azulados y preciosa mirada castaña avanzaba lentamente sobre aquel empedrado camino repleto de árboles y raíces que de vez en cuando la hacían dar uno que otro tropezón, sus largas y hermosas piernas, cubiertas por un pantalón de mezclilla pesquero, denotaban en sus pantorrillas inmensidad de arañazos por las miles de ramas que se cruzaban en su camino rasgándolas, sus pequeños pies llevaban unos tenis muy adecuados para el arduo camino sobre el que avanzaba, y la parte superior de su cuerpo lucía una blusa de vestir abotonada al frente, aunque sin mangas, esta lucía aun más su diminuta cintura y lo bien proporcionado de su torso, que en ese momento presionaba contra esta haciendo que los botones ligeramente dejaran entrever.

Con las mejillas color carmín por el esfuerzo y el cabello algo húmedo se veía perfecta, más sin embargo lo que más perdían eran esos hermosos ojos chocolate, que en ese momento miraban con firmeza el camino que llevaba a la cima de una montaña, se le veía que nada podía impedir ese recorrido. La tarde siguió su transcurso junto con ella, entre más se avanzaba la noche, sentía que más se aproximaba a la meta, sin embargo, cuando los últimos rayos coloreaban la montaña, decidió que era el momento de armar su tienda, pues si seguía la obscuridad se lo impediría, suavemente se quito la mochila de su espalda y la poso en el suelo terroso cubierto de hojas secas, ramas y pasto. En silencio y escuchando el trinar de los pájaros sacó todos los objetos, poco a poco empezó a dar forma según su intuición y lo poco que recordaba de armar una casa de campaña, cuando terminó miro su obra sacudiéndose las manos, una gran gota de sudor se situó sobre su cabeza al mirar el fruto de su trabajo.

-Solo espero que no se me caiga encima cuando esté dormida, creo que a la próxima le diré a Ranma que me enseñe a armar una.- la obra en sí más parecía una cueva de palos y tela, aunque tenía una pequeña abertura que parecía ser la entrada de aquella peculiar casa de acampar, sin embargo decidió que era lo mejor que podía hacer y lo más rápido, pues la obscuridad ya era más que notoria, y solo un fino rayo de luz iluminaba el bosque. Pronto se apresuro a juntar lo más que podía de troncos secos, los puso uno encima del otro apilados y los encendió para sobre la fogata y colgada de un palo que se encontraba sujeto de otros dos a los costados poner una olla, saco un corazón de bambú, un poco de miso y unas zanahorias para pelarlas y picarlas, después saco un paquete de fideos de soba, un poco de salsa de soya, un frasco de mirin junto con otro de vinagre y se decidió a preparase la cena. Tras varios instantes de haber pelado con las verduras por no dejarse pelar y tras un pequeño corte en el dedo miro los escasos trozos que habían quedado de las zanahorias y el corazón de bambú, sintió un poco de desilusión más sin embargo las empezó a cortar, sobre de ella volaron varios trozos de madera y uno que otro de verdura, al final las hecho a la olla y aventó un chorro de aceite pegando el grito en el cielo cuando una llamarada enorme se poso sobre esta, sin embargo al momento se disipo, con asombro miro los restos de las verduras en una tonalidad café sosa y las hojas de miso negras en su totalidad, sin embargo y tras un encogimiento de hombros empezó a moverlas, después hecho la sopa de soba y tras dudarlo, hecho medio litro de vinagre balsámico que hizo que nuevamente otra llamarada más fuerte que la anterior se posara sobre la olla y quemara una que otra rama de los árboles que se encontraban sobre ella, tras haber menguado el fuego hasta desaparecer hecho medio litro de mirin y la mitad del frasquito de la salsa de soya, después agrego un poco de agua y espero a que hirviera.

Media hora después y tras casi habérsele pegado la pasta miro su obra con el seño fruncido y algo de recelo, suavemente se llevo un poco de la extraña comida a la boca, de inmediato sintió en sus papilas el sabor agrió del vinagre, aunado con lo quemado de la verdura y lo salado de la salsa de soya, rápidamente corrió tras la extraña choza que le serviría como casa de acampar y volvió el contenido de su estomago, al cabo de unos minutos regreso a el lugar frente a la fogata y se sentó sobre la piedra que le había servido de banco. –Definitivamente nunca voy a ser buena cocinera, con razón Ranma decía que lo quería envenenar.- Murmuró con pesar, de inmediato saco de su mochila una pequeña olla y un vaso de sopa instantánea, a pesar de sus réplicas su onee-chan le había puesto dos, saco otra botella de agua y sirvió un poco en la olla para ponerla a hervir, cuando estuvo lista la vacio en el vaso y espero a que la sopa estuviera lista, cinco minutos después comía lentamente la sopa, después lavo los trastes con el resto del agua y se preparo para dormir sin darse cuenta de que unas sombras rodeaban el campamento.

El sueño suavemente la embargo, el cansancio del día aunado a lo incomodo de las noches por dormir en un vagón la hizo dormirse de inmediato, el trinar de los grillos se escuchaba como un suave nana acompañado del canto de un búho. De repente una mano sobre su boca hizo que abriera los ojos de golpe, ante ella una persona robusta y alta la miraba por debajo de una máscara, rápidamente la saco de la choza que con el brusco movimiento se derrumbo, sintió que el temor se instalaba en cada fibra de su cuerpo y gracias a las pequeñas llamas de la fogata aprecio que tres más se encontraban en el exterior. De inmediato mordió la mano con toda la fuerza que su quijada fue capaz, el hombre la aventó de golpe y ella aprovecho para escapar, sin embargo uno de los enmascarados le cubrió el paso, alzo una mano en ademán de agarrarla pero ella la aprovechó para aplicarle una llave que lo desplomo en el piso, los otros la rodearon y ella se puso en posición de combate.

-Niña, te has equivocado de contrincantes, además tu estas sola, ¿qué crees que podrías hacernos?- le dijo uno de ellos con un dejo de burla en la voz. –Pues no me importa si estoy sola, díganme ¿quiénes son ustedes y que quieren?- él hombre en el piso se puso de pie y la rodeo dejándola imposibilitada y a merced de aquellos hombres.

-Eso mismo deberíamos preguntarte a ti ¿no crees? Nosotros somos de la dinastía dragón, nuestro deber es impedir que alguien suba a la cima, aquel que quiera hacerlo deberá vencernos o demostrar que tiene el consentimiento de alguno de los patriarcas.- Le contesto otro de los hombre encapuchados, solo en ese instante la joven peli-azul se dio cuenta de que aquellos no eran unos simples hombres, sino que llevaban un uniforme estilo ninja negro y en la espalda llevaban un grabado en hilo de plata en forma de dragón. Sintió que el temor la invadía, sin embargo tomo la mano que le sujetaba por el cuello para tratar de zafarse del agarre, en eso un destello en su muñeca hizo que los otros la miraran estupefactos.

-Dinos niña ¿Quién te dio esa pulsera?- ella los miro con desconcierto hasta que se dio cuenta de que le preguntaban sobre la pulsera que aquella anciana le había regalado, con algo de temor contestó. –Fue… fue la hermana gemela de Ayamashi… la que vive a las faldas de la montaña, en el pueblo.- Los cuatro hombre se miraron a los ojos y asintieron al mismo tiempo. –Así que la matriarca Shiu-long decidió que te dejáramos ascender.- Le dijo uno de los encapuchados. – Pues está bien, solo ten cuidado niña, las trampas no serán tan condescendientes como nosotros, te diríamos donde están pero ya ni nos acordamos.- Le dijeron antes de dar un salto y alejarse como si nunca hubieran estado.

Tras varios instantes de estupor, cayó sobre sus piernas y se recargo en un tronco de árbol viendo al cielo, unas pequeñas gotas resbalaron por sus mejillas de porcelana y por primera vez sintió el miedo y el sentirse desprotegida, además de sentirse más sola que nunca, porque así era, se sentía más sola y desprotegida que nunca, ya no estaba ni su padre ni su familia, y tampoco estaba aquella persona que aunque la insultaba, se burlaba de sus atributos y su forma de cocinar, siempre estuvo ahí, cuidándola, protegiéndola, dando la vida por ella si era necesario.

La luna dio paso a los primeros rayos del alba que anunciaban un nuevo día, lentamente se levanto y como autómata guardo todo en su mochila, era cierto que ya no estaba el joven oji-azul a su lado, sin embargo ella lo seguiría hasta el infierno con tal de estar a su lado, con tal de volver a verlo, con tal de oírle decir que era una tonta marimacho, porque aunque siempre la insultaba sus ojos estaban empapados de preocupación, de protección y de un sentimiento velado al que aún no se atrevía aponerle nombre, más sin embargo lo identificaba con el de ella.

Ya cambiada y lista tomo nuevamente la mochila y decidió ir trotando, al menos así sabía que llegaría más pronto. La mañana transcurrió tranquila, las tonalidades del cielo cambiaron conforme el sol avanzaba sobre una bóveda azul celeste que admiraba a cualquiera e inspiraba a los más grandes poetisas, a media mañana llego a un riachuelo donde se empapo con un pañuelo el cuello y los hombros desnudos, además del rostro y las mejillas, después lleno las botellas que llevaba consigo, rápidamente reanudo el paso y al medio día ya había avanzado más de la mitad de la cima, el clima poco a poco iba haciéndose más frio por lo que se decidió poner una chamarra y un pantalón, continuando así con su camino, sin embargo a medida que avanzaba los caminos se hacían más empinados y repletos de piedras lisas y filosas, una que otra vez tropezó y se raspo cientos de veces las manos, sin embargo y para su fortuna no se había topado con ninguna de las dichosas trampas, lentamente vislumbro en tundra el paisaje por lo que se podía apreciar el vasto camino repleto de césped y ya casi sin ningún árbol a la vista, el aire mecía la pasto que le llegaba hasta la cintura en color oro, y las ventiscas llevaban consigo la frialdad que envolvía al paraje, sin embargo aspiro hondo y siguió adelante, tenía una meta a la cual llegar y cada vez la sentía más cerca.

De pronto escucho el tronar de las ramas y cuando miro al suelo se dio cuenta de que era una trampa, más sin embargo era tarde, el suelo se abrió dejando ver un pozo con postas afiladas de árboles colocadas estratégicamente para el que cayera fuera atravesado por ellas, sin embargo, como buena artista marcial alcanzo a sujetarse de una de ellas, quedando sujeta por ambas manos en posición vertical con la cabeza casi rozando otro puntiagudo palo, rápidamente y con toda la fuerza y el equilibrio del que fue capaz, arranco una posta y la encajo a un costado del pozo, suavemente se sujeto con las piernas dobladas sobre esta y elevo el torso como si estuviera haciendo una abdominal hasta quedar sujeta con las manos y las piernas, se giro sobre el palo quedando ahora sobre este y con gran agilidad y equilibrio se puso en pie para así sujetarse de la orilla del pozo, con las últimas fuerzas se elevo y salió de ahí, cayendo sobre sus pantorrillas y respirando con dificultad, tras varios minutos se puso en pie y admiro la profundidad del pozo y lo peligroso de la trampa, si no fuera por los años con aquel par de locas que fungieron como entrenamiento era muy seguro que hubiera muerto atravesada, respiro hondamente y prosiguió con su andanza dando las gracias a Kami.

Tras otra media hora por fin pudo divisar las grandes rijosidades que le servirían para escalar a la cima, era cierto que estaba agotada pero ya había llegado hasta ahí y ya nada la podría detener. De inmediato empezó a escalar apoyándose de las piedras, cierto que no llevaba arnés ni equipo de escalar pero sin embargo ella sabía que era la única forma de subir, lentamente empezó a escalar agarrándose de una que otra roca y apoyándose de igual manera, en eso una en la que había colocado su mano se zafó cayendo por el barranco y dejando al descubierto un pequeño orificio, cuando se iba a asomar salió disparada una flecha que le rozo un mechón de cabellos, se dio cuenta que tenía que subir rápido y con cuidado porque podría haber más trampas y quizá la siguiente sí diera de lleno en ella, subió más deprisa pero con cuidado, en eso sintió que otra piedra se aflojaba con su agarre y en un costado salió disparada una enorme roca colgada de una cuerda que servía para hacerla un enorme péndulo, se pego lo más que pudo a la pared y se acordó de las miles de veces que su prometido la había llamado flaca desgarbada tabla de planchar, ese sería el momento de aprovechar, aun así la roca le roso la parte trasera de los glúteos haciendo que casi cayera, miro de reojo que se había alejado un poco y lo aprovecho para subir otras dos rocas, se agarro lo más fuerte que pudo preparándose para la embestida de la roca, esta vez la aplasto más fuerte y provoco que se soltara de una mano, afortunadamente los pies y la otra mano estaban bien colocados sobre las rocas, cuando al fin se alejo se agarro fuertemente y subió otro dos, dos veces más estuvo a punto de caer, ya no llevaba la mochila puesto que lo siguiente era la punta y si la llevaba no podría mantener equilibrio, cosa de la cual se alegraba profundamente. Lentamente subió más de tres cuartos de la montaña, para ese instante el sol se había obscurecido por enormes nubes grises, además de que las ventiscas eran más fuertes y cada vez le congelaban más los dedos de las manos y los pies, lo único que la alentaba a seguir adelante era el anhelo de ver a cierto joven de ojos azul grisáceo como las profundidades del mar, suavemente tomo otra roca y esta se zafó de inmediato, revelando cientos de dagas que salieron disparadas por distintos orificios de los cuales ni siquiera podía vislumbrar, venían en todas direcciones, ella lo único que pudo hacer fue pegarse más a la pared rocosa y cerrar los ojos rogando a Kami que no le sucediera nada grave, las dagas pasaron rozándole las pantorrillas desgarrando a su paso la delicada piel junto con la tela de los jeans, además de que una le corto la espalda y otra le rozo a un lado de la nuca, para suerte ninguna salió justo al frente porque si no la hubieran atravesado.

El frio acrecentaba y la jovencita sentía como le escurrían hilitos líquidos que para ese momento ya no eran sudor, además de que justo en esas partes sentía como le dolían y le ardían con el roce del aire, en eso el viento llevo puntos blancos que la abatieron sobre su cabeza, la nieve empezó a caer anunciando lo que sería una ligera manta blanca de hielo, siguiendo con la vista uno de esos copos y con el cansancio nublándole la razón elevo una mano abierta sobre la cual empezaron a juntarse, en ella se podían ver los nudillos pelados y la palma con ligeras cortadas de las cuales salían gotas rojizas que los pintaron, entonces a su mente vinieron los momentos cuando el joven de la trenza le regalo en su primera navidad un osito de felpa, unas tarjetas y una caja musical, fue un detalle que se él incrusto en el corazón y nunca más se borro de su mente, también recordó la navidad del año siguiente cuando acepto aquella extraña red que había tejido con el afán de una bufada. Así era él, detallista, algo grosero y muy sobre protector pero siempre dispuesto a rescatarla de los momentos más difíciles, así era el hombre que ella amaba, y como aquella primera navidad cuando se enfrento a él trió de locas prometidas diciéndole que él pasaría esa y todas las navidades junto a él, así ahora se lo grito a el mal tiempo, a sus manos, pantorrillas y espalda sangrantes, que nunca, ni en un millón de años algo podría apartarlos, porque ellos estaría eternamente juntos.

Con las fuerzas renovadas volvió a tomar otra roca, y así, cada vez más cansada, cada vez con más frio y cada vez más adolorida, lentamente llego a la cima, suavemente sus manos sintieron lo lizo de el piso, alzó la mirada y ante su asombro y alegría noto que tocaba el suelo de la cima, la cima que representaba el poder acercarse a su meta, el poder volverlo a ver. Con las últimas fuerzas que le quedaban subió, cuando al fin llego se recostó en el piso repleto de nieve y miro al cielo dando gracias a Kami y a su madre de haberlo logrado.

De pronto se escucho un monumental estruendo y al cielo lo atravesó un relámpago de luz que lo dividió en dos, se dio cuenta de que los miles de truenos provenían de detrás de ella, con todo el cansancio que le nublaba la vista se puso en pie, y tambaleándose llego a un valle que contenía grandes rocas, suavemente camino entre ellas mientras su asombro se acrecentaba más y más, dos sombras enormes se veían que peleaban con gran fuerza, era la lucha de dos titanes creando tormentas, entre más se acercaba más poderoso se sentía el ambiente y más fuerte los estruendos, en eso un trueno en forma de dragón azul eléctrico salió de entre las palmas de uno de los titanes mandando a volar al otro que cayó directo en una agua de la cual salía vapor.

De entre el agua salió la figura excelsa de un dios, los ojos de la jovencita se agrandaron más porque ante ella el titán tomaba forma. Aunque en ese momento se veía mal herido, con la manga de la camisa china completamente rasgada y un fino hilo de sangre cayéndole desde la frente hasta la sien, de entre las aguas surgió el perfecto ejemplar masculino, su porte de gallardía era orgullosa y a le vez magnífica, aún y cuando su cuerpo lucía una ligera inclinación hacía enfrente, se veía perfecto, su cabello húmedo por el agua dejaba caer sobre el adonis rostro esculpido a mano por lo más grandes escultores de la época de David, su barbilla ligeramente cuadrada por la tención, sus mejillas esculpidas en mármol y su nariz aquilina perfecta que daba la más asombrosa armonía a aquel que era la masculinidad en persona, aún así era asombroso como esas facciones se fundían con las inocentes de un niño y las arrogantes de un maestro, en sus ojos la chispa de vitalidad y fiereza aunado con la inocencia de la cual él era el único dueño, se fundían en el más asombroso azul marino intenso del que se podían inspirar para mil y un poemas, la manga desgarrada dejaba ver un musculosos brazo que denotaba años de esfuerzo y ejercicio, su caminar aunque lento por las heridas era firme y orgulloso, como todo el, simplemente perfecto. Ahí estaba la persona por la cual había ido, por la cual estaba adolorida, cansada, herida y casi sin energía, pero valía la pena, eso y más valía la pena el amor de su vida. El vacio que antes ocupaba el lugar en su corazón se reboso de él y este nuevamente empezó a latir, el aire que antes le ardía al llenar sus pulmones se dulcifico, en la garganta se le hizo un nudo y los ojos le escocieron por las lagrimas que se le acumulaban, nuevamente se sintió vivir, nuevamente sintió que el alma le volvía a el cuerpo y que el corazón le rebozaba de felicidad, parecía que nada más le importaba, no podía dejar de ver a ese joven al que tanto amaba, el que tanto dolores de cabeza y de corazón le había dado, por el cual daría la vida si era necesario, por el cual vivía, sentía, al cual amaría eternamente por siempre hasta que las galaxias explotaran y volvieran a unirse, incluso más allá.

-Bien jovencito, llego tu hora, te dejare morir con la forma que viniste a buscar.- Le grito el titán que se encontraba de espaldas, en eso empezó a juntar toda su energía entre sus manos y empezó a verse como el tumulto formaba miles de rayos de los cuales poco a poco se formó una esfera azul eléctrica dispuesta a atacar y arrasar con todo a su paso, se podía ver la fiereza en cada uno de sus músculos, aunque él también llevaba la ropa algo desgarbada y el grabado un dragón con hilo de oro en la espalda, se notaba que allí más que nada habían habido una lucha entre dioses. Cuando al fin resonó la fuerza y un relámpago partió el cielo en dos como la forma de un gran dragón que rugía como un grito de guerra, sintió que el corazón le dejaba de palpitar, ante sus ojos miro como la gran serpiente de energía se abalanzaba feroz con las fauces abiertas al chico de la trenza dispuesto a engullirlo y acabar con él, no sabía cómo es que había avanzado tanto, ni ella tampoco sabía como ellos no se dieron cuenta, lo único que sabía era que ya lo había perdido una vez, que había sido el tormento más grande de su vida y que no lo volvería a perder, de inmediato y con las fuerzas restantes en su cuerpo se abalanzo sobre él poniéndose en medio de la enorme energía y su víctima, escucho la fuerza acercándose a toda velocidad resonando con todo su estruendo y miró el rostro asombrado del amor de su vida, miro sus ojos y le sonrió de aquella manera que parecía que lo idiotizaba, lo único que atinó a gritar fue –Ranma, me alegro de volverte a ver.- lo sintió rodearle con sus grandes y fuertes brazos, miró el terror en sus ojos a la vez que el gran dolor que empezaba a formarse en grandes diamantes líquidos, más sin embargo ya era tarde, todo se volvió obscuro y cayó a un pozo negro sin fin con la única alegría de que lo había podido ver, lo había sentido abrazándola y lo había salvado.

-¡¡¡Akaneee!!!

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Bueno, antes que nada, mil disculpas, no había podido actualizar debido a varios problemillas de paro de labores y esas cosas con la musa, pero aquí les traigo el siguiente capítulo que espero y le agrade mucho, la verdad es que a mí me gusto el escribirlo pero muy probablemente habrá a quién no, lo que es muy balido.

Explicando algunas cosas solo les puedo decir que muy pronto entenderán todo sobre el reloj de arena, a partir de aquí las cosas cambian mucho, no sé si para bien o para mal, yo diría que esta en un término gris, ahora si me despido porque ando con exámenes hasta el cuello, ojala y les guste y se decidan a dejarme algún review.