Disclimer: "Este Fanfiction está basado en el reto del fórum Anteiku: Disney Sountrack. La idea es suya, pero dado a que se paró el reto, decidí retomarlo fuera del concurso."
Canción: Bésala. [La Sirenita]
Plan B.
VII. ¡Bésalo ya!
—T-Tranquilízate, España, joder…—balbuceó Italia del Sur, pegado a la pared, preso entre el cuerpo del hispano. Este volvió a golpear la pared con su puño derecho, conteniendo las ganas de que su antiguo yo saliera a la luz. — ¡Me estas dando un susto de muerte!
— ¿Quién tiene la culpa? —gruñó con voz mucho más grave de lo normal, metió la otra mano por las caderas de Romano, atrayéndolo más a él.
— ¡Fue la única forma! El imbécil de mi hermano no se estaba creyendo la mentira.
— ¡Y eso qué! ¡No me gusta que me seas infiel! —gritó enojado, quitando el puño de la pared para tomar a Romano de la nuca. —Paso que coquetees infinitamente con cualquier chica guapa que veas, ¡pero esto es diferente! ¡Besaste a otro!
— ¡No sentí ni una mierda, la maldita patata se quedó estática!
—Ah, con que querías que se moviera.
—Estás cambiando mis palabras, imbécil, pareces loco.
— ¿Ahora estoy loco? —farfulló entre sus labios, sus ojos verdes parecían casi rojos, Romano se hizo pequeño entre sus brazos, sintiendo las manos del español deslizarse por su trasero. —No quiero que olvides que me perteneces.
—Umgh. —jadeó el sureño, arañando el pecho contrario. —Basta.
—Te voy a enseñar lo que es un beso de verdad. —susurró España, tomando sus labios entre los suyos, Romano gimió entre ellos al sentirlo pegarse por completo a él. En sus caderas las manos de su exjefe lo atraía, pegando ambas pelvis; en su boca, era una explosión de sensaciones, España apresaba su labio inferior, luego el superior, lamía un poco y repetía la acción.
Eso era un beso de verdad, no como los de Alemania.
—.—.—.—.—
Italia del Norte se arregló el corbatín de su uniforme de entrenamiento, feliz de que su hermano decidiera no acompañarlos ese día. Desde el informe a España su hermano se mantuvo distante del germano por unos días, quizás tenía que ver con el dolor en la parte baja de su cadera o quizás porque la platica sirvió. En cierta forma se sentía culpable, pero se le pasaba en cuanto rememoraba el beso de Alemania y Romano.
—Italia-kun, es hora de bajar al entrenamiento. —anunció Japón, apareciendo por la puerta. El italiano sonrió, volviéndose a él.
— ¡Claro, Nipón! —sonrió este.
—Maldito hermano idiota, ¿para esto me invitas a hacer ejercicio? ¡Ejercito mis ganas de matarte por hacerme esperar! —reprochó Romano, apareciendo al lado del japonés. — ¡Andando, culo gordo!
— ¿Vas a venir con nosotros, hermano? —preguntó Veneciano, parándose en seco. Japón se quedo estático en la esquina, visualizando a los gemelos. — ¿Por qué?
— ¿No eres tú el que más me jodía con que fuera? —rezongó Romano. —Sí el imbécil patata va a ser mi esposo, tengo que acoplarme de cierta forma a su modo de vida.
—Vee~
—Nada de "vee~", cierra tu puta boca y trae al chino a la de ya, que el sol se pone cada maldito día más caluroso. —reprendió, saliendo de la habitación. Japón frunció la boca, negando con la cabeza, ¿cómo Romano podía ser un país si ni siquiera sabía la diferencia entre China y Japón? Necesitaba unas buenas clases de geografía e historia mundial.
Veneciano murmuró algo por lo bajo, haciéndole una seña a Japón para que lo siguiera.
Ella está, ahí sentada frente a ti.
— ¡Enumérense! —gritó Alemania.
— ¡Uno! / ¡Uno! —dijeron a coro ambas Italia. Japón murmuró un quedo dos al sentir la tensión en el ambiente.
—Hermano, es conforme vamos llegando al entrenamiento. —reprochó Italia del Norte, frunciendo la boca.
—Me vale mierda, ahora yo soy el número uno, te jodes. Tú eres el tres. —hizo un gesto despectivo con la mano, restándole importancia. —Ahora que me casé con Alemania, será siempre así.
Alemania suspiró, rodando los ojos, ingenuamente había pensado que un entrenamiento lo distraería de las cosas locas que sucedían de forma reciente en su vida; aun recordaba la intensa platica con España y el filo de su hacha acercándose peligrosamente a su cabeza por haber besado a Romano, aunque él haya sido el besado en realidad.
Italia se quedó callado ante la última oración de su hermano, aguantándose las ganas de responderle. Sin querer cruzó una mirada rápida con Alemania, quién le regaló una pequeña sonrisa, compadeciéndolo.
No te ha dicho nada aún, pero algo te atrae.
El norte de Italia corría detrás de Japón, delante de su hermano que al parecer decidió ir caminando pese a las quejas de Alemania; pensando sobre la sensación extraña que sentía desde que su hermano apareció por la ventana del balcón, diciendo que se casaría con Alemania. No tenía ningún sentido, menos cuando hace unas semanas habían hablado sobre los sentimientos que él tenía a su mejor amigo.
Además, por la reacción de España al enterarse del beso, podría decir que aún tenían algo entre ellos.
Miró por delante, Alemania como siempre esforzándose al máximo, se veía tan grandioso como siempre, con su rostro siempre serio, los ojos fijos en el adelante. Italia se detuvo, pasando saliva, le era absolutamente familiar toda su cara, sus ojos azules como el cielo, su cabello rubio peinado hacia atrás, la sonrisa anterior.
"¡No importa cuantos años pasen, eres la persona que más amo en el mundo!"
Sin saber porqué te mueres por tratarle de darle un beso ya.
—Veneciano, ¿qué carajos haces parado? La patata te gritará. —dijo Romano, poniéndose a su lado, al verlo entreabrió la boca y abrió un poco más los ojos sorprendido.
La cara de Italia del Norte ardía en color rojo.
Sí, la quieres.
— ¿Veneciano?
Si la quieres mírala.
— ¿Qué pasa? —preguntó Japón, trotando hacía ellos. — ¿Italia-kun?
— ¡Ey, qué hacen! —gritó Alemania, desde el otro lado de la explanada. — ¡Italia no habrá pasta si no terminas tu entrenamiento!
— ¡Mueve tú trasero, imbécil, que no me quedaré sin pasta por tú culpa! —reprochó Romano, dándole una patada en su trasero.
Mírala y ya verás, no hay que preguntarle.
No hay que decir, no hay nada que decir, ahora bésala.
Alemania llegó corriendo a ellos, suspirando al ver a Italia en el suelo y a Romano pateándolo. Cuando Japón logró tranquilizar al sureño, llevándoselo por algo de agua, dejándolos solos.
— ¿Qué pasa, Italia? —preguntó zarandeándolo, el castaño se apartó de él, sorprendido de su agarre.
—Vee~ ¡Nada, ve~, no pasa nada, Doitsu!
— ¿Estás seguro? Tú cara esta muy roja. —con cuidado el alemán le puso una mano en la frente, tomando su temperatura. —Quizás hace demasiado calor para ti, es mejor que tomes un descanso, no quiero que te desmayes a medio campo.
—No…vee~—susurró agachando la cara. ¿Qué iba mal con él? Alejaría mucho más a Alemania de lo que ya estaba.
—Vamos, te llevaré a la banca a descansar.
El germano lo tomó por la cintura, pasando uno de sus brazos por alrededor de su cuello, sosteniéndolo con firmeza. Italia lo miró de reojo mientras avanzaban, sintiendo su corazón salirse de su pecho a cada paso que daban directo a Romano y Japón.
¡Por una vez en su vida no debía ser cobarde!
¿Cómo lo había hecho Romano? … Él sólo lo tomó de la camisa y estrelló sus labios contra los de Alemania. ¿Qué tan difícil podría ser eso?
Shalalala ¿qué paso? Él no se atrevió, y no la besará.
— ¿Ya reaccionaste, idiota? —preguntó Italia del Sur, dándole un golpe en la frente.
—Vee~—el menor se hizo pequeño, sentándose en el pasto. No podía hacerlo, le daba miedo besar a Alemania, ¿qué tal si reaccionaba mal? O peor aún, le ponía mucho más entrenamiento por intentar sobrepasarse con él.
Alemania en cambio miraba a su amigo con gran preocupación, algo no andaba bien, a lo mejor de verdad lo disgusto el hecho de saber que se casaría con Romano, pese a ser una mentira. Lo que menos quería el rubio era ver a la persona que quería triste por una acción que él estaba causando. Lo mejor sería parar todo eso con Romano y los otros tres, olvidarse de todos sus sentimientos y fingir que nunca nada pasó.
Otro siglo no le caería mal, además no quería que Italia se pusiera incomodo a su lado.
Shalalalala ¡qué horror! Que lastima me da, ya que la perderá.
— ¡Ita no esta haciendo nada! —chilló España, escondido detrás de un arbusto junto a Prusia y Francia. Los tres iban vestidos con ropa negra, lentes oscuros y gorras que cubrían el cabello de cada uno. — ¡Roma se casará de verdad con el musculoso si esto continuá así!
— ¡No le digas así a West! —protestó Prusia, arrebatándole los binoculares. — ¡Él fue victima de las consecuencias, tu estúpida princesa fue quién lo besó!
—Pensé que ya habíamos acabado con esta pelea. —suspiró Francia, estirando el cuello de su camiseta, había sido muy mala idea llevar el cuello de tortuga con tanto calor. —El lindo Romano hace lo primero que piensa, y da muy buenos resultados a mi parecer.
— ¡West no merece tan mala experiencia!
— ¡Besar a Roma es todo menos malo! —chilló España, pegándole un golpe con el codo, Prusia se lo devolvió más fuerte y ambos comenzaron una guerra de codazos.
—Mon Dieu! Me hubiese quedado en casa. —gruñó el rubio, tomando los binoculares, observando al pobre Italia con sus recientes sentimientos. Del lado izquierdo a él, Alemania intentaba convencer a Romano de que hablaran. — ¡Tengo una idea! … ¿Chicos?
Francia se giró confundido de no verlos a su lado, ambos países rodaron por el pasto hasta llegar a una pareja de viejitos que los creyeron asaltantes por los que los agarraron a bastonazos. Luego de que llegará la policía y subiera a sus dos mejores amigos en el mundo a la patrulla, Francia decidió a ser su plan a expensas de ellos; ya después iría a recogerlos a la estación.
Más allá en el parque, se encontraban unos músicos tocando para el público, con varias monedas consiguió convencerlos de ir hasta Alemania y los demás. Mientras ellos se instalaban, compró todas las rosas y globos de un puesto ambulante, pensando en el fondo que si eso no funcionaba Alemania se quedaría siempre solo con sus perros y Prusia.
El momento es en esta laguna azul,
Pero no esperes más, mañana no puedes
Entre tanto, Alemania consiguió hablar a solas con Romano, siendo observados minuciosamente por Japón e Italia. El nipones ladeaba de vez en cuando la cabeza, pensando en las posibles teorías sobre el porqué Romano quería casarse con Alemania y no con España, después de todo ellos habían sido la pareja predilecta entre su club con Hungría y Francia, quitando por supuesto al UsUk, como bautizaron a la relación de Inglaterra y Estados Unidos.
Japón quitó los ojos de Romano, visualizando al gemelo de este. Parecía bastante deprimido.
—Italia-kun.
— ¿Qué pasa, Nipón? Vee~
— ¿Estás celoso de Romano-kun? —preguntó sentándose a su lado. Italia se volvió a sonrosar, clavando la mirada en el suelo. ¡Oh, como hubiese deseado Japón tener su cámara en ese momento!
—Un poco. —confesó. —Doitsu ha pasado bastante tiempo con él, incluso piensan en casarse y yo no sabía nada…, me hace sentir excluido veee~.
El asiático iba a decir otra cosa, en cuanto la banda que Francia contrató comenzó a sonar, atrayendo la atención de todos. Francia avanzó junto a otras decenas de parejas, todos con un globo y una rosa en mano. Algunos niños incluso tiraban pompas de jabón alrededor.
—Vee~
No ha dicho nada y no lo hará si no la besas ya.
Antes de que el país del amor hiciera su entrada triunfal, Alemania y Romano comenzaron a discutir en voz baja.
—Quiero terminar con esto. —soltó el germano. Italia del Sur alzó una ceja, sin comprender. —Lo que le estamos haciendo a tu hermano.
—Puf, me vale mierda, imbécil. Vas a continuar con esto hasta el final, porque no me rompieron el culo para que se te apriete el tuyo en momento crucial. —chilló Romano bajito.
Alemania sacudió su cabeza sin entender de que hablaba. —Romano, mira a Italia, él está muy triste.
— ¡Se está dando cuenta de sus sentimientos por ti!
— ¿Y qué tal si no? —reprochó el rubio, comenzando a molestarse. —Perderé toda mi relación con él.
—Vamos, macho patatas, no puedes darte por vencido. —lo pellizco Romano, queriendo darle una patada en la espinilla. —Te di un jodido beso, bese tus mugrosos labios patateros, no me vengas a decir que fue en vano.
—Tal vez si le digo que todo esto fue obra de mi hermano y ustedes, todo se calme.
—Ohhh, no fue solo nuestra "obra" —Romano puntualizó aquello haciendo comillas con los dedos—tú aceptaste, imbécil.
—Escucha, Romano…
Shalalala, no hay porque temer no te va a comer, ahora bésala.
—Toma esto, Alemania. —pidió Francia al llegar, guiñándole el ojo al sureño que recibió otro globo, igual al de Alemania. Veneciano ya tenía el propio, igual al de ambos y Japón uno similar al de Francia. — ¡Atención, todos! Por favor, reúnanse con la persona a la que quieren darle el globo.
En automático todas las parejas se juntaron, regalándose la rosa y el globo. Francia caminó a Japón dándole el regalo, cosa que incomodo al asiático.
—No lo sé, Francia-san, creo que debo pensarlo.
—Japón, no me rechaces. —pidió el rubio, guardándose las lagrimillas. Únicamente quedaron las dos Italia y Alemania sosteniendo los globos. Francia sonrió, mordiéndose la uña. —Nuestro querido triangulo amoroso forzado esta por disolverse.
Italia del Norte se quedó mirando un largo tiempo a su hermano, quién le devolvía la mirada con sorna. Romano tenía curiosidad por cuanto tiempo tardaría Veneciano en dejar salir su molestia.
—Toma, macho patatas. —ofreció Romano, dándole su globo. Ojalá España no estuviera observando.
—Gracias, Romano. —contestó, sosteniendo ahora dos globos. Alemania miró a Italia, sin saber como reaccionar. ¿Debería darle el globo a él o a Romano? ¡Ah! ¿Por qué rayos le seguía la corriente a esos dos? Nada bueno resultaba de ello.
Shalalala, sin dudar, no la evites más, ahora bésala.
—Doitsu—llamó Veneciano, acercándose a él.
—Dame el maldito globo, Alemania. —cortó Romano, riendo internamente. Veneciano giró su mirada a él, con las cejas fruncidas. — ¿Qué, Veneculo?
— ¡Doitsu me quiere a mí, hermano! —gritó, soltando su propio globo. Francia al lado de Japón pegó un gritito. —Tú no te vas a casar con él.
— ¿Y quién me lo va impedir? —cuestionó él, formando una sonrisa. — ¿Tú? ¿Él imbécil que ni siquiera se puede dar cuenta de sus propios sentimientos?
Shalalala, es mejor que te decidas ya, ahora bésala.
Italia se quedó pasmado, observando a su hermano que reía al concluir su frase. Miró a Alemania que aún sostenía el globo de su hermano y el propio. Se sentía tan molesto, con Alemania, con Romano, con todo el mundo, ¿por qué demonios Alemania había decidido casarse con su hermano? ¿Por qué después de que le confesara sus sentimientos?
—Ya es suficiente. —suspiró Alemania, soltando ambos globos. Romano iba a reprocharle, pero entonces, Alemania tomó la cara de Italia entre sus manos…
Bésala.
… y lo besó.
¡Muchas gracias por seguir leyendo! :'3
¿Alguna otra canción para lo que viene?
Desde la Tierra de las Historias,
MimiChibi-Diethel.
