Bendita Lluvia

''Arthur (?) ''

Leía las letras en la pantalla una y otra vez. Dejaba el móvil sobre la mesa, iba a la cocina por un vaso de agua, regresaba y las volvía a leer. Volvía a abandonar el aparato, iba a la sala, miraba por unos minutos algún programa de la televisión y regresaba a por el celular para volver a leer esas letras. Seis letras, un nombre, una persona.

-¡AAAH! ¡Coño Antonio! –Se auto regañó llevándose las manos a la cabeza para revolverse el cabello ¿Qué demonios le sucedía? – ¡Solo es un maldito saludo! ''Hola'' ¡Y ya está!

Escribió la palabra rápidamente para enviar el mensaje, pero tan rápida como fue escrita fue borrada y un gruñido que resonó por toda la habitación se hizo presente. ¡Se estaba comportando como un crío!

Hacía exactamente cinco días que el inglés le había dado su teléfono, y él, por estar tan distraído no había sido capaz de mandar ningún mensaje para que el otro también tuviera el suyo. Y ahora que tenía tiempo, no se atrevía a hacerlo, la cuestión era ¿por qué? Si era solo un amigo… Porque eran amigos, ¿no? Bueno, habían empezado con el pie izquierdo, pero se habían disculpado, vamos…

Un golpeteo en la puerta se hizo presente sacándole de sus ideas y pensamientos que comenzaban a marearle. -¡Ya voy! –Exclamó para que la otra persona del otro lado de la puerta no se impacientara. Se asomó por el pequeño visor y no tardó mucho más en abrir. -¡Francis!

-Bonjour mon ami! Comment allez-vous? –Saludó el gallardo francés en su lengua natal mientras entraba cargando una botella de vino, muy común de él.

-Err… J-je vais… Tre bien? -Respondió su amigo en un torpe francés mientras cerraba la puerta con una sonrisa un tanto apenada.

-¡Oh! Antoine, me has respondido en (deplorable) francés, magnifique! –dijo el animado rubio mientras tomaba asiento en la sala del pequeño apartamento español dejando la botella sobre la pequeña mesa de té. Justo a un lado del móvil de su amigo en el cual se podía apreciar aún el vacío cuadro de texto del mensaje sin enviar. -…Vas avanzando, algún día podrás hablar francés como si hubieras nacido ahí... Bueno, casi, tendrás que practicar tu acento.

-Como si se notara mucho mi acento… -comentó el español sonando un tanto ofendido mientras caminaba hacia la cocina para buscar un saca corchos. El hecho de que Francis se haya presentado en su casa con una botella era bastante común, solía hacerlo como mínimo una vez por semana. –Dices eso y me recuerdas a Arthur.

-¿Arthur? ¿El cejón grosero ese?

-Sí, ese… Se ha disculpado, así que ahora ya no es tan grosero como pensé… Pero sigue siendo un cejotas. –Al encontrar el dichoso saca corchos se acercó a su amigo para entregárselo, y a su vez, dejar dos copas limpias sobre la mesa.

-¿Oh? ¿En serio? Entonces supongo que ahora se llevan bien~ -Francis comenzó a clavar la punta en espiral del saca corchos en la botella para abrirla mientras su amigo se sentaba a un lado.

-Bueno, podría decirse que sí… Me ha dado su número la última vez que fue al bar.

Ese pequeño detalle logró captar la atención de Francis de inmediato, haciendo que volteara a ver a su amigo con curiosidad mientras comenzaba a sacar el corcho de la botella como podía. -¿Oh?

-Si… Se lo he pedido a modo de broma y al final me lo dio.

-Hmm… ¿Y le has enviado algún mensaje? –Por fin, el corcho cedió ante la fuerza francesa y el rubio logró servir vino en el par de copas frente a él.

Antonio alargó un brazo para coger la copa, y con movimientos suaves de su muñeca hizo que el líquido comenzara a arremolinarse en la esta, soltando el aroma a uva fermentada. –La verdad es que no… He pensado en hacerlo, pero aún no me atrevo a mandarlo. Ja. –se rio mientras sorbía un poco del líquido tinto.

-Mmm… ¿Y eso a que se debe?

-Bueno, ya sabes, la manera como me trató la primera vez no ha sido la mejor, quizá hasta piense que soy una molestia.

- Quizás… Pero con intentar no pierdes nada~ -comentó Francis mientras escondía una sonrisa felina detrás de la copa que sostenía frente a sus labios. –Puede que hasta te responda… Comiencen a hablar más seguido, y luego salgan juntos y sustituyas a tu buen amigo Francis por un par de cejas inglesas…

Un leve empujón fue la respuesta que el galo recibió por parte de su amigo más moreno, al igual que una risa ahogada en un trago de vino. –Nada de eso, Francis.

-Quien sabe… La vida da tantas vueltas, mon ami~

-Ya…

Un nuevo golpeteo en la puerta llamó la atención de ambos hombres. El moreno arqueó una ceja extrañado puesto que no esperaba visitas de nadie más. Pensó que quizás sería algún vecino que había ido a pedir alguna cosa. Con pereza, se levantó del sofá y fue a abrir la puerta, encontrándose con una mirada rubí.

-MEIN GOTT! Odio este país, ¡llueve a cada minuto! –Se quejó el alemán mientras entraba sin esperar una invitación por parte del español. Llevaba puesta una chaqueta completamente humedecida por el clima de la ciudad.

-¿Gilbert? ¿No debías estar en casa? –preguntó el extrañado Antonio mientras cerraba la puerta de nuevo.

-Si bueno, Ludwig me ha echado hoy por tener visitas… -comentó sin más mientras iba a sentarse a un lado de Francis, tomando la copa de Antonio y sorbiendo un poco de vino. –Y como vives cerca…

-Ya…

El alemán observó un momento al galo y luego al vino, una mirada enfurecida fue lo que tanto el rubio como el castaño recibieron. -¡Se han reunido y no me han invitado! Qué clase de amigos son ustedes…

-Estábamos a punto de llamarte mon ami… -comentó el francés con aparente inocencia mientras volvía a sorber un poco de vino.

-¡Mientes!

-Es en serio… Necesitábamos a alguien que preparara algo para picar y lavara los trastes.

-¡Que te den!


El sonido de las gotas golpeando contra el cristal de la ventana quebrantaba el silencio de aquél espacio. Era un cuarto totalmente blanco, decorado con alguna que otra planta solitaria en las esquinas, al igual que unos estantes metálicos sobre los cuales había incontables folders con miles y miles de hojas blancas. Una gran ventana en la parte trasera que daba vista a parte de la ciudad era la encargada de iluminar ese espacio los días soleados, pero en esta ocasión, el tímido sol se había escondido una vez más entre espesas nubes grisáceas.

El rubio de ojos verdes se encontraba sentado frente al escritorio de aquella oficina, garabateaba cosas en una hoja en blanco y suspiraba de vez en cuando. Era lunes, los lunes nunca había nada interesante para hacer, ya había terminado con todo el papeleo pendiente y ya no faltaba mucho para que saliera del trabajo.

De reojo, pudo ver que su teléfono celular comenzaba a parpadear, había recibido un mensaje, cosa rara, normalmente no recibía mensajes de nadie salvo de su jefa o Kiku. Un español se cruzó en su mente ¿le habría mandado un mensaje? Lo cierto era que después de haberle dado su número había estado revisando con vergonzosa frecuencia aquél aparato, y al no recibir nada la decepción le hizo darse por vencido.

Pero quizá esta vez sí sería el mensaje que tanto había esperado (en secreto, claro)… Estiró un brazo para alcanzar el teléfono y desbloquear la pantalla. El verde de sus ojos se volvió un poco más brillante al notar el pequeño símbolo de carta, pero al abrirlo la decepción volvió a abrumarle.

''Good afternoon, these are the London news!''

-¡Me cago en…!

-Arthur-san. –Kiku entraba a la oficina de su amigo inglés con todo y maletín en manos, observando con particular curiosidad como el rubio había hecho ademán de tirar su celular contra la pared por alguna razón.

-A-AH! Kiku, hola ¿te vas ya? –comentó el rubio volviendo a asentar el inocente aparato sobre el escritorio recobrando la compostura.

-…Hai, ya han dado las cinco. –Comentó el nipón mientras señalaba el reloj de pared que había dentro de la oficina. –Ya podemos irnos.

-Ah… es verdad, no me había percatado de la hora.-Genial, ahora definitivamente no tenía nada que hacer. El bar estaba cerrado los lunes y no tenía trabajo pendiente… Quizá ese día se dedicaría a arreglar (por enésima vez) su apartamento. Esos eran los pensamientos que recorrían la cabeza rubia que comenzaba a recoger sus hojas y guardarlas en su maletín, bajo la atenta mirada del japonés.

-Arthur-san, ¿Puedo hacerte una pregunta?

-Ya estás haciendo una… -comentó a modo de juego mientras volteaba hacia el nipón, asintiendo con una sonrisa en el rostro.

-Bueno, ¿porque querías tirar tu teléfono?

Por un momento, Arthur pudo sentir que su cuerpo se tensaba pero pronto comenzó a sacudir la cabeza en negación antes de hablar.- No es nada, solo recibí una noticia. –Literalmente, una noticia.

-Oh… ¿es por la señorita victoria de nuevo? –siguió preguntando el japonés mientras caminaba fuera de la oficina del inglés, seguido por este mismo.

-Oh, no. He dejado de hablar con ella desde hace un tiempo. –Respondió cerrando la puerta de la oficina, por fin libre.

-Ya veo…

-Sí, para serte sincero es mejor así. –Kiku asintió ante el comentario y siguió con su camino hacia el estacionamiento. Todo iba normal en su día, se despidió de Kiku y subió al su automóvil para luego conducir hasta su casa. Buscó sus llaves, subió hasta el solitario apartamento y entró sin más. Se dio una ducha, se cambió de ropa… Lo normal. Su vida siempre había sido así, rutinaria, cuadrada. Aburrida.

Pero por alguna razón, presentía que ese día no sería como los demás.

Ya se había puesto a ordenar sus cajones hasta que escuchó el timbre de su móvil sonar, era el timbre corto para un mensaje. Haciendo un gesto de fastidio continuó arreglando sus cajones ignorando la luz parpadeante que soltaba el aparato. No tenía ganas de leer las noticias… Y ahora que lo pensaba ¿en qué momento se había suscrito a London News?

Pasaron dos horas antes de que se dignara a revisar su teléfono, harto por el insistente parpadeo que emitía. Apenas desbloqueó la pantalla el mensaje apareció en esta, y sus cejas se fruncieron al ver que el remitente de dicho mensaje no lo conocía. Eran puros números, no lo tenía registrado.

''Hola, cejotas ''

Era lo que podía leerse. Su corazón dio un brinco y su boca se abrió una y otra vez como si fuera un pez fuera del agua. Solo había una persona a la cual había dado su número recientemente, y curiosamente esa persona hablaba español.

Sin pensarlo mucho añadió al nuevo contacto en su agenda… Era un contacto extraño, el único que no tenía un apellido. Solo era un nombre, lo cual le recordaba lo poco que conocía a Antonio.

''Debido a tu falta de modales asumo que eres Antonio. '' Escribió en el cuadro de texto antes de mandar el mensaje. Solo al ver que se había enviado pudo notar que sus manos temblaban un poco. Aquella reacción por parte de su cuerpo lo desconcertó ¿Qué le sucedía? Era solo un mensaje a un… ¿amigo?

La respuesta del español no se hizo esperar, después de unos minutos el teléfono volvió a sonar y Arthur, con penosa velocidad, abrió el mensaje.

''No me reclames que tú eres el de los malos modales. ¡Respondiste dos horas después de que te saludé! :c''

Una sonrisa tímida apareció en sus finos labios, el español tenía razón, no había sido precisamente puntual pero es que no se imaginaba que fuera Antonio quien le había hablado.

''Pues es que estoy ocupado, no tengo tanto tiempo libre como tú. '' Respondió.

De nuevo, después de unos pocos minutos llegó otro mensaje. ''Oh claro, olvidaba que tan ocupado estabas todo el tiempo… Por eso vas al bar cada semana'' Touché.

''A veces tengo tiempo libre. ''


Las risas de dos hombres se escuchaban desde el fondo del pequeño apartamento, Francis y Gilbert no pudieron controlarse y decidieron que una botella de vino no era suficiente para ellos. Fueron a comprar más, y ahora estaban tomando como si no hubiera un mañana. Antonio se había alejado del par apenas recibió la respuesta que había estado esperando desde hace dos horas.

Después de un par de copas en la sangre, se sintió lo suficientemente valiente como para mandar el mensaje que tanto había pensado. Nada muy extravagante, solo un saludo y un emoticón. Se desanimó un poco al no recibir una respuesta inmediata, pero tan pronto como esta llegó (dos horas más tarde), se fue hacia la privacidad de la cocina para responder.

Ahora que platicaba virtualmente con el inglés se sentía extrañamente más tranquilo. De hecho, los nervios que había tenido antes de mandar el texto habían desaparecido casi por completo… Era una sensación extraña, sentía que podía hablar con ese sujeto sobre varias cosas por mucho tiempo sin aburrirse… Una sonrisa se formó en sus labios cuando un nuevo mensaje llegó.

-¡Eh! Antonio, no te quedes ahí y trae algo para picar. –exigió el alemán que se reclinaba un poco sobre el sofá para poder observar al moreno desde su lugar.

-¡Voy!-Debía despedirse, conocía a sus amigos y si estos le veían distraído con el móvil eran capaces de quitárselo para revisarlo.

''Pues que bien, pero te hace falta tener más tiempo libre para apaciguar tu carácter… Arthur, tengo que irme, tengo dos parásitos en casa y son muy escandalosos :c te veré en el bar esta semana?''

Envió el mensaje y mientras esperaba la respuesta comenzó a abrir las bolsas de unas frituras que había comprado el día anterior para servirlas en un plato grande. Seguro Francis chillaría que esas no eran cosas dignas para picar, pero no le importaba.

El timbre del teléfono sonó, y con rapidez abrió el mensaje ''Mi carácter está bien así como está. Planeo ir el viernes a aprovechar las promociones ¿Cuándo piensas hacerme descuento por ser cliente frecuente?''

Tuvo que ahogar una risa apenas leyó el texto y suspiró, nunca había pensado en eso… Era una opción para la publicidad del bar.

''Yo no manejo las promociones, pero si quieres puedo invitarte a algo. ;) Tengo que irme, nos vemos el viernes!''

Envió el mensaje y se dirigió hacia sus amigos para dejar las frituras frente a ellos y unirse a la plática una vez más.

Como había predicho, a Francis no le gustaron las papas.


El viernes llegó rápido esa semana, pero a su vez el sol no quería dejarse ver por entre las nubes. Es más, las nubes estaban ya tan cansadas de esconder su resplandor que parecía que llorarían con intensidad. Los rugidos de los truenos resonaban por el cielo gris, molestos de que el sol no quisiera salir.

Esos días eran los que más deprimían a Antonio, toleraba que estuviera nublado, pero las tormentas con truenos le recordaban a sucesos no muy placenteros de su pasado. Observó las nubes desde la ventana de su apartamento y soltó un suspiro, ya era tarde, debía salir lo más pronto posible antes de que la lluvia le ganase la carrera.

Emma, la señorita de la florería que estaba de paso a su trabajo le saludó cordialmente al verle pasar. Antonio se acercó para darle un par de besos en las mejillas y observar las nuevas adquisiciones de la tienda.

-¿Vas con prisa? –Preguntó la chica rubia de preciosos ojos verdes.

-Algo, solo no quiero mojarme en la lluvia. –admitió el español regalando una sonrisa a la chica.

-Ya veo, ¿no traes un paraguas?

-No, con las prisas lo he dejado en mi casa… -murmuró distraídamente mientras observaba con detenimiento cada flor nueva que encontraba.- Te has surtido esta vez.

-¿Eh? ¡Oh! Sí, me han traído nuevos claveles bicolores y príncipes negros por si te interesa…

-¡Claro que me interesa! -Exclamó el español con una gran sonrisa haciendo que la rubia riera de forma tímida.

-Las mandaré a tu casa esta noche, como siempre.

-Muchas gracias Emma, eres un sol. –se acercó para besar de nuevo la mejilla de la chica a modo de despedida, un minuto más tarde y Ludwig le colgaría. -¡Hasta pronto!

-¡Adiós!

Al final la carrera contra la lluvia la había ganado el español. Llegó a tiempo al trabajo, recibió un breve regaño por parte de Gilbert debido a su atrasada llegada pero al final todo había salido bien. El bar abrió sus puertas y todos comenzaron a trabajar como de costumbre.

Pero la lluvia no había tenido piedad y azotó con fuerza sobre Londres, las pocas personas que lograban llegar al bar goteaban y los meseros tuvieron que poner tapetes absorbentes en la entrada para que no ocurriera un accidente.

La barra estaba prácticamente vacía, tanto Gilbert como Antonio estaban aburriéndose demasiado, los vasos ya estaban limpios y las botellas contadas, no había trabajo pendiente y solo podían verse a las caras y esperar a que alguien se acercara a consumir.

Incluso Francis estaba fastidiado, había salido un par de veces de su cocina para revisar las mesas. Las únicas personas que estaban ahí ya habían hecho su pedido e incluso ya lo tenían enfrente con sus respectivas bebidas, servidas hace varios minutos por Antonio.

-Chicos, creo que tendremos que cerrar temprano el día de hoy. –Murmuró Antonio llamando la atención de sus dos amigos, los cuales asintieron.

-Si no viene más gente a las 12, cerramos por hoy. –Comentó Gilbert.

-Ah... Está lloviendo, mi cabello se arruinará… -comenzó a quejarse el francés mientras se regresaba a la cocina. Tendría que avisar a Pierre que cerrarían temprano esa noche, y que sería conveniente comenzar a levantar las cosas.

Dieron las diez con treinta minutos y las personas que antes habían llegado para comer ya se habían retirado. Una pareja entró, pero parecían demasiado entretenidos discutiendo como para ordenar algo. La tormenta no parecía cesar, y Antonio veía sus esperanzas de ver a Arthur esa noche cada vez más muertas.

Pero en ese momento la puerta se abrió llamando la atención del albino, puesto que el castaño se encontraba hincado en el suelo guardando unos vasos old fashion en sus respectivas cajas para el día siguiente.

El nuevo comensal se deshizo de su empapada gabardina negra revelando su identidad, unos cabellos rubios cayeron sobre sus hombros y un par de ojos violeta observaron la barra como si buscara a alguien.

Ivonne se acercó a la barra para tomar un lugar en esta, después de todo estaba vacía. Miró como el bartender albino se acercaba a ella para tomar su orden y sintió un deje de decepción al notar que Antonio no estaba por ningún lado.

Pero la sorpresa fue grande al verle aparecer de debajo de la barra. -¡Antonio!

El español volteó hacia varios lados antes de encontrarse con los ojos de Ivonne, una sonrisa se formó en su rostro y pronto se acercó a ella. -¡Ivonne, que sorpresa! Tía, te desapareciste.

La chica soltó una risa tímida y asintió.- Lo siento, he tenido tantas cosas que hacer que no había tenido tiempo de venir…

-Lo bueno es que ya estás aquí…Con menuda lluvia pensé que no vería caras conocidas por aquí. -Sonrió el español.- ¿Quieres un vodka para el estrés?

-Oh sí, no estaría mal… -Respondió la chica mirando de soslayo al bartender albino que se había vuelto a alejar. No recordaba haberlo visto antes, pero ahora que se fijaba podría decirse que le llamaba mucho la atención.

El vaso de vodka no tardó en llegar a las finas manos de la mujer que platicaba animadamente con el español sobre su trabajo y lo terrible que habían sido todos esos cambios. Pasaron los minutos, y la puerta del bar volvió a abrirse… En esa ocasión, Antonio estaba demasiado distraído charlando con Ivonne como para fijarse en quien había entrado, sin embargo su compañero lo notó.

-¡Arthur! –exclamó el de ojos carmesí mientras saludaba al inglés que terminaba de secarse los zapatos en el tapete.

-'ello Gilbert… -Saludó el rubio quitándose una gabardina color caqui para después acercarse a la barra.

Escuchar esa voz logró regresarle al mundo terrenal e hizo que girara la cabeza encontrándose con los ojos verdes que había estado esperando ver ese día. Esos mismos ojos se fijaron en él, e hicieron que su corazón diera un ligero brinco.

-Creí que no vendrías.-murmuró el español.

-Bueno… Me ofreciste una bebida gratis, no podía desperdiciar una oferta así. –comentó el inglés haciendo que Antonio se ganara una mirada confundida por parte de Ivonne y Gilbert. Arthur tomó asiento a un lado de la chica, pidiendo su típico ron en las rocas al albino mientras Antonio soltaba una risa corta y negaba con la cabeza.

-No sabía que se llevaban bien ahora… -comentó Ivonne dirigiendo una mirada suspicaz hacia su empleado, el cual casi se atraganta con su bebida al reconocer su voz.

Maldición ¿Cómo era posible esa situación? Se había distraído tanto con el español que ni siquiera se había percatado de la presencia de su jefa. SU JEFA. ¿Qué demonios le pasaba? Debía concentrarse y dejar de pensar en tonterías.

-Hola Ivonne… -saludó con torpeza estrechando la mano de la chica.

-Creí que nunca te darías cuenta de que estaba aquí.

-P-perdón… Estaba un poco distraído. –Confesó.

-Mmm… Lo he notado. –Por alguna razón, el tono de voz que la mujer había usado para hablar le había sonado como algún tipo de insinuación. Quizá solo estaba demasiado cansado y se estaba creando ideas erróneas. Pero la sonrisa divertida que Ivonne tenía en el rostro no estaba ayudando.

-Esta lluvia me recuerda al primer día que te has asomado por aquí.-la voz ronca de Gilbert llamó su atención, y ante tal comentario solo atinó a asentir.- Ksesesese solo que ahora te vez más amable.

-Si bueno, no había sido un buen día. –comentó el rubio con simpleza mientras se dedicaba a tomar a sorbos el ron que le habían servido. Pudo escuchar que Ivonne reía a su lado, y al ver de reojo notó como esta se encontraba muy entretenida hablando con el chico castaño, el cual parecía haberle dicho una broma que no logró escuchar.

Una sensación extraña en su pecho le hizo fruncir las cejas, pero no le prestó más atención y tan solo desvió la mirada hacia las botellas de licor en los estantes detrás de Gilbert.

-¿Te gusta el gin? –comentó el albino de la nada.

-No soy fan, pero puedo tolerarlo.

-Aquí tengo una botella de buena calidad, podría darte a probar algo si quieres. –Arthur tuvo que pensar unos segundos antes de asentir, después de todo, había estado frecuentando el bar y nunca había pedido algo que no fuera ron. Variar le vendría bien… Solo por ese día.

Antonio escuchó movimiento a su lado y de reojo pudo observar como Gilbert comenzaba a preparar alguna de sus bebidas inventadas… La botella que había escogido ese día era una Beefeater, la Seville Edition. Alzó un poco las cejas, esa botella era nueva y era una ginebra muy fina.

''Está tratando de impresionar''

Se sorprendió a si mismo teniendo esos pensamientos. Negó con la cabeza, si Gilbert quería impresionar ¿Qué más daba? Viniendo de Gilbert eso era completamente normal.

''Pero intenta impresionar a Arthur''

Bien, ese pensamiento sí que le había desconcertado en esa ocasión. ¿Qué si quería impresionar al cejotas? No es como si fuera algo extraño… que impresionara a un hombre sí, pero vamos, solo intentaba ser sociable.

-¿Te encuentras bien?

La voz de Ivonne logró hacerle entrar en razón y sacudió la cabeza ¿se encontraba bien? Claro que sí… ¿verdad?

-Oh sí, disculpa, me distraje un poco. –Comentó con una sonrisa apenada mientras tomaba el vaso ya vacío de la chica.- ¿quieres más?

-Oh no, se supone que solo pasaba a saludar un momento. –Admitió la rusa jugueteando con su cabello.- Quizá otro día pueda quedarme por más tiempo, pero por ahora estoy cansada.

-Ya veo… -El español lucía bastante decepcionado y solo asintió, observó como la chica comenzaba a rebuscar entre su bolso lo que intuía era su cartera.- Mmm… No te preocupes por el dinero, esta vez yo invito.

Ivonne le miró sorprendida pero halagada al mismo tiempo, no pudo evitar reír y asentir.-Muy bien… No puedo rechazar tal oportunidad. –dijo mientras miraba de forma coqueta al hombre detrás de la barra, quien le respondió con un asentimiento de cabeza y una sonrisa galante.

Gilbert ya había servido la bebida que le había ofrecido hace unos minutos y ahora estaba hablando sobre la botella, algo de que era la nueva adquisición del bar.

Pero la atención del rubio había caído sobre el implícito coqueteo entre Ivonne y Antonio. Sin darse cuenta la fuerza que ejercía sobre su vaso old fashion se había incrementado, incluso sus dedos lucían un tono amarillento. La botella de gin fue asentada frente a él y de nuevo su atención regresó al albino ¿Qué le sucedía?

-¿Qué esperas? Prueba lo que hice, te digo que esta ginebra es de lo mejor.

-Ah… Claro… -comentó el inglés de forma un tanto distraída mientras que tomaba la copa martinera y daba un sorbo. Sus pensamientos estaban tan dispersos que apenas y pudo sentir el escozor que el alcohol causó en su lengua y garganta al ser ingerido… Antonio estaba coqueteando con Ivonne hace apenas unos segundos, escuchó que la mujer se despedía de él, pero solo pudo responder con un asentimiento de cabeza. Había usado la bebida como excusa para no hablarle, lo que menos necesitaba era contestarle de mala manera a su jefa.

Pero la cuestión era: ¿por qué sentía la necesidad de contestarle de forma grosera? Ella no había hecho nada, solo se apareció en el bar antes que él, robó la atención de Antonio impidiéndole charlar en paz con él, coqueteó con el castaño y para colmo, este le pagó la bebida.

Maldito bastardo.

-Hey, Gilbert, ven aquí. –pidió el castaño a su compañero haciendo que este fuera a su lado. Arthur los observó desde el otro lado de la barra, estaban secreteando algo. Se permitió observar el bar unos segundos, estaba vacío… aparte de él, una pareja más había entrado para pedir algo que parecía un plato de variadas salchichas alemanas y dos tarros de cerveza. Sin duda la tormenta no favorecía a nadie

Después de unos minutos Gilbert salió de la barra para irse a saber dónde, Antonio aprovechó para acercarse al rubio teniendo ya oportunidad de hablar con él. No faltaba mucho para que llegara la media noche, y debía informarle que el bar cerraría antes puesto que parecía que no recibirían más clientes por esa noche.

-Hey…

El rubio pareció salir de sus pensamientos y alzó la mirada al español.- hey…

-Tengo que informarte que cerraremos pronto. –comentó el español causando que el rubio le observara confundido, antes de revisar la hora pareciendo un tanto asustado.

-Pero son apenas darán las doce…

-Por eso, verás, no hay mucha clientela y bueno… No tiene mucho sentido seguir gastando luz.

-Oh… -asintió el rubio y se apresuró en terminar el preparado que Gilbert le había dado antes de sacar su billetera. –En ese caso supongo que quieres que me vaya de una vez.

-…No en verdad. –Esas palabras lograron que sus miradas volvieran a encontrarse.- Puedes quedarte, digo, si quieres… Podrías ver todo lo que hacemos al cerrar. –comentó haciéndolo sonar como si eso fuera la cosa más interesante por ver.

Arthur sonrió y solo asintió. –Bueno, entonces está bien. Así me da tiempo de terminar el ron. –dijo agarrando de nuevo su olvidado vaso lleno de líquido cobrizo.

Quizá, el haberse quedado a ver el cierre no había sido la decisión más inteligente que haya tomado. De hecho debía irse a casa para terminar algunos papeleos pendientes, pero había algo fascinante en ver toda la sincronía que los meseros tenían para limpiar las cosas a su alrededor. Las puertas se cerraron, la pareja que había llegado después de él comenzaba a tomar sus cosas para marcharse, y todo el personal se movía de un lado a otro haciendo distintas cosas.

Gilbert y Antonio estaban guardando los vasos y copas después de haberlas pulido, luego pasaron paños limpios sobre la barra dejándola reluciente. Poco después Antonio salió de la estación, dejando que Gilbert pasara un trapeador en el suelo, mientras que él ayudaba a los meseros a subir las sillas sobre las mesas para barrer.

Arthur observaba todo el movimiento desde su lugar, algunos empleados comenzaban a despedirse y salían del edificio para enfrentarse a la madre naturaleza, mientras que otros simplemente llamaban a un taxi para que fuera a recogerlos. Vio a un hombre rubio salir por una puerta, lo reconoció enseguida.

-Gilbert, la cocina está lista. –dijo con su marcado acento francés desviando la mirada hacia el único cliente que quedaba ahí.- Oh… Hola, Arthur.

-Hola, Francis… -saludó el inglés de forma hastiada, no le perdonaba el haberle tendido una trampa ese día… Aunque debía agradecerle de cierto modo, de no haber sido por esa trampa posiblemente seguiría peleado con Antonio.

Pero no iba a hacerlo.

Francis pareció notar el enfado, por lo cual solo sonrió de forma burlona y se alzó de hombros.

-Aquí también hemos terminado. –dijo el alemán sonando aliviado, por fin podrían irse.

Antes de que se diera cuenta, Arthur ya se encontraba parado frente la puerta de salida observando la lluvia caer con fuerza. Soltó un suspiro, debía conseguir un taxi puesto que su auto había protestado y no le había permitido si quiera salir de casa.

-Bueno chicos, nos vemos mañana. –escuchó la voz de Antonio a su lado despidiéndose de sus amigos. Notó que no llevaba una sombrilla y arqueó una ceja ¿se iría solo así?

-Hey ¿te vas en taxi?

-Oh no, vivo cerca, irme en taxi sería un desperdicio. –comentó el español subiéndose el cuello de la camisa.

-¿Y tu sombrilla?

-…La he olvidado en casa. –confesó luciendo una sonrisa apenada. El inglés negó en señal de desaprobación. –Ya sé… Es que salí con prisa…

Arthur observó la calle un momento pareciendo meditar algo haciendo que el castaño se extrañara un poco.- ¿Vives muy lejos?

-No… A unas cuantas calles de aquí.

-…vamos.

-¿eh?

-Que vayamos, mi sombrilla es bastante amplia, así ninguno se moja.

-No tienes que hacer eso, Arthur.

-Deja ya de poner peros y camina antes de que me arrepienta. –Dijo volteando hacia el hispano con el ceño fruncido. El español sin pensárselo dos veces se apresuró a posarse a un lado del rubio, el cual ya había abierto la sombrilla negra.-Espero que en serio tu casa no esté lejos, de lo contrario te dejaré, caminarás tu solo y te empaparás.

-Tsch, calla, está cerca. Y de todas formas no me molesta mojarme bajo la lluvia.

-¿Es que no te preocupa enfermar?

-Yo no me enfermo, soy inmune. –dijo el español con una sonrisa segura mientras iba avanzando a pasos lentos junto al rubio.

Este, a su vez, sostenía el mango de la sombrilla que los resguardaba a ambos y le dirigía una mirada severa. –Eres un idiota descuidado.

-Si me dieran una libra por cada vez que me dicen eso…

-¡Es que lo eres!

Gilbert y Francis observaban con curiosidad como ese par tan extraño se alejaba de ellos. El rubio más alto sonreía como si acabara de cometer una travesura, mientras que el albino arqueaba las cejas sorprendido.

-Francis, esos dos se están llevando muy bien.

-Oui… Nuestro pequeño Antonio ha encontrado a alguien por fin.

-¿A qué te refieres? –volteó el de ojos rubí hacia su amigo francés, el cual negó con una sonrisa en el rostro.

-Non, nada, ya veremos qué pasa.

-…A veces me preocupa lo que puedas tener en esa cabeza.


El par seguía caminando, esta vez en silencio, la discusión había seguido hasta que ambos acabaron ignorándose mutuamente, y sin embargo el inglés se mantenía firme en su decisión de acompañar al español hasta su hogar… Por más raro que sonara incluso para él.

Pero el silencio se volvió tan pesado que el primero en sucumbir fue Antonio. –Escucha, ya no falta mucho para llegar, puedes irte… ¿traes coche?

-…No, esa chatarra no ha querido avanzar y ni si quiera lo pude encender para ir al bar. Me tuve que pedir un taxi.

El español alzó las cejas con sorpresa. –Entonces ¿por eso has llegado tan tarde?

-S-si bueno…-se aclaró la garganta.- Si, y solo lo hice por el ron, hoy me apetecía. –agregó de forma apresurada.

-Yo no he dicho que no, Arthur… -comentó con una sonrisa divertida en el rostro.

-…C-como sea, ¿Dónde vives? –dijo de forma torpe tratando de desviar el tema, su corazón latía con fuerza y sentía que sus mejillas comenzaban a arder.

-En ese edificio, quinto piso. –respondió señalando un edificio alto que, por desgracia, ya estaba cerca. -…Por eso digo que puedes irte.

-No tiene sentido que me vaya, ya estamos aquí.

-Oh… Bueno, como quieras. –murmuró alzándose de hombros mientras seguía caminando. El ambiente tenso de antes se había disipado y ahora era más cómodo… Antonio no recordaba cuando fue la última vez que se sentía así de cómodo en compañía de alguien que no fuera Francis o Gilbert. Sonrió para sí, le encantaba la sensación.

No pasaron muchos minutos en lo que llegaron a la puerta del edificio, Antonio comenzaba ya a buscar sus llaves para entrar, pero se volvió hacia el rubio para verle a los ojos-…Oye, ¿no quieres pasar por un poco de chocolate caliente?

-¿Chocolate?

-O té, como prefieras… Es lo mínimo que te puedo ofrecer por haberme acompañado. –le regaló una sonrisa alegre antes de lograr abrir la puerta de entrada.

-…Yo realmente tengo que irme. Aún tengo cosas que hacer en casa… -la voz de Arthur se escuchaba insegura y hasta incrédula, Antonio le invitó a pasar a su piso para tomar un poco de chocolate. Su corazón le pedía a gritos que dijera que sí, y por esa misma razón optó por declinar la oferta.

-Oh… -los ojos verdes del castaño bajaron hasta el suelo, como si meditara la respuesta. Arthur estuvo a punto de retractarse en ese momento, pero pronto esos ojos se volvieron a alzar para verle con una gran sonrisa.- Entonces ni hablar, mejor ve a casa. Muchas gracias por acompañarme. –dijo antes de entrar al edificio cerrando la puerta detrás de sí, dejando a Arthur con la boca semi abierta.

Se sentía como un completo idiota. Quizá había dejado que la mejor oportunidad de toda su vida se le escapara por su maldita inseguridad. Sin más, soltó un suspiro y se decidió a irse a casa de una vez.


HOOOOOOOOLA uuuugh

Este capítulo iba a ser publicado el mes anterior, pero me pasaron tantas cosas al mismo tiempo que no pude encontrar el momento ideal para terminar de pulirlo y publicarlo ¡MIL DISCULPAS!

Ahora aprovecho para decirles que posiblemente me tarde mucho más en publicar... He conseguido trabajo, y ahora los horarios laborales y escolares consumen toda mi sema Y bueno, aunque tengo tiempo de noche, cuando llego a casa lo único que quiero es descansar y no prender la computadora xwx

Pero bueno, mejor tarde que nunca, no quiero abandonar esta historia... He escrito un par de capítulos adelantados pero hace falta un capítulo mas para que pueda publicarlos, y bueno, he empezado a escribirlo. Aún así les pido paciencia y una gran disculpa... Ufff!

En otras noticias! Estoy escribiendo un one shot aparte, y va avanzando muy rápido! joojojojo~

Pero en fin... ¿que les pareció? ¿les gustó? ¿creen que va muy rápido? (porque esa es una de mis mayores inseguridades con esta historia)

Dejen sus hermosos comentarios que me animan a continuar! Muchas gracias y nos vemos en el siguiente capítulo!

008 out~