El francés estira la mano hacia él en un gesto muy muy parecido al que hace hoy por hoy. Inglaterra la mira igual y la mano se acerca lentamente hacia él. Así que al final suspira, sonríe y le pone la propia sobre la suya.

Francia levanta la vista y le mira, sonriendo un poco, porque en realidad él iba hacia la perla, no hacia el inglés... o iba a ambas cosas, pero no pensó jamás que fuera a pegar.

—Eres un wine bastard.

Sonríe más, malignamente y el británico se sonroja un poco con esa sonrisa. El galo inclina la cabeza y sonríe de lado.

—¿Quieres pasear en el jardín?

—Debería irme —mira el jardín de reojo.

—Mmm... solo es un paseo —asegura.

—Bien, un paseo corto.

El galo sonríe limpiándose la boca con la servilleta y terminándose el vino.

—Vamos, hay unas rosas en la parte de atrás que quizás odies con todo tu corazón —asegura sonriendo un poquito.

—Bien —sonríe poniéndose de pie sin soltarle de la mano, de hecho, tirando de él.

El francés le deja, sin pedirle que le suelte la mano, sonriendo un poco idiota con el inglés que le lleva de la mano por el palacio, nervioso. El galo le deja hacer, sin tener mucho que perder, contento de que se haya quedado un rato más, volviendo a ignorar las alertas de su cerebro que le indican que esto es peligrosito.

—¿Por qué no me cuentas ahora tú una historia? —pregunta Inglaterra.

—Moi? ¿Una historia de quoi? —pregunta porque él no es nunca el de las historias.

—De lo que piensas... —se encoge de hombros.

—Una... historia. Hace años que no cuento historias a nadie a excepción de a Canadá —sonríe un poco—, y a él le encantan las historias de osos... que son terriblemente complicadas.

Inglaterra se ríe.

—Quizás pueda contarte otra yo.

—Siempre me han gustado tus historias —admite, por primera vez con todas sus letras que le gusta algo de lo que hace desde que apareció en su casa.

—Ya lo sé y también pasé mucho tiempo sin contar ninguna a nadie, pero America las pedía de muchas más cosas que osos.

—En serio es complejo hacer historias de osos... me di cuenta de ello cuando empecé a hacer historias de osos príncipes guapos y apuestos, y osos malvados de cejas pobladas que amenazaban a los ositos —se ríe haciendo los ojos en blanco.

—¿Le explicas historias de príncipes osos?

—Ehhh... non

Inglaterra se ríe y Francia le da un golpecito con la cadera.

—¿De qué más quieres que les cuente historias de osos? ¡Cuál si yo hubiera visto tantos osos toda mi vida! Aquí nunca hubo osos, jamás, esos estaban en Germania.

—Bla bla bla bla bla bla —se burla imitándole el tono y el acento, exagerándolo con pompa y la voz aflautada.

—Ehhh! Yo no hablo así, mistegg peggfection! ¿Vas a contagme la histoggia o no? —pregunta en un inglés MUCHO peor al de ahora.

—¿De osos príncipes? —se ríe.

—Non, de eso Non! Una como la que me contaste hace rato.

—¿Cómo cuál?

—La que me contaste.

—¿Cuál de las varias?

—La de... —carraspea—, la de eso que sueñas que podría pasar en Navidad —intenta con burla para justificar la petición.

Se sonroja un poco pensando en otro día señalado en que hagan algo similar... como en el entente. Aprieta los ojos y decide algo un poco menos denso, mejor.

—Quizás podría ser una historia sexual... —le molesta.

—Hay muchas tradiciones, a mí me gustan mucho las... notevoyacontareso!

—Entonces admites que si tienes historias de esas en mente, sólo te da vergüenza contármelas.

—¡No me da vergüenza! ¡No existen!

Francia se ríe

—¡Estas sonrojado! ¿Al menos el sexo es bueno? ¿Sí me dejas tocarte?

—¡No hay sexo!

—¿Por?

—¡Porque te odio!

—¿Y?

—¡Los enemigos no hace esas cosas!

Francia se muere de la risa.

—Tú cuéntame otra... Esa yo no me la creo.

—¡No te rías! ¡Hablo en serio!

—Pues te tengo una mala noticia.

—Me da igual, he oído todos tus soniditos monos hoy, así que no te vas a burlar de mi ahora.

Aprieta los ojos azules y se ríe un poquito aún mordiéndose el labio.

—Te han parecido monos...

—No! —se sonroja y aprieta los ojos. El galo se ríe más y le aprieta la mano.

—¡Lo has dicho tu, no yo!

—¡Y tú los has hecho!

—Tú te masturbaste frente a mí y pensando en mí —declara con una sonrísa RADIANTE saliendo por fin al jardín.

—NOO! —le suelta la mano porque además este... ESTE Francia, es el MÁS sexy de todos (lo es... Aunque el Francia actual hace un mohín) y no estaba... noooo, que va pensando en sus novelas eróticas. Ejem. Que casi no tiene... y casi ninguna es de esta época, como deciamos

El francés vacila un instante porque le ha soltado, aún cuando sonríe, sabiendo que el siguiente paso es que salga corriendo histérico. Se humedece los labios y cruza los brazos a su espalda.

—¿Vas a contarme de las festividades o no? —Francia ayuda a su imaginación pasándose una mano por el pelo, a la suave luz de la tarde, mirándole con sus intensos ojos azules y sonrisita de lado, pensando en como va a conseguir tirárselo entre los arbustos del jardín.

—F-festividades... —repite desviando la mirada. Foco, Inglaterra, foco.

—Tú hablabas de eso antes de empezar a describirme tus sucias perversiones... —le pica un poquito.

—Notevoyadescribirnadaesonuncapasó

El francés se ríe.

—¿Entonces qué vas a contarme? —pregunta acercándose a él y poniéndole una mano en la espalda baja

—Nothing! ¡No te lo mereces, por pesado y por molesto!

Hace los ojos en blanco y se ríe otra vez.

—Entonces vas a obligarme a imaginarme una...

—Yes, una de osos o algo así.

—Non —responde casi de inmediato—. Una de hombrecitos ingleses histéricos y pervertidos.

—Te la estás ganando —le señala con el dedo pero sonríe un poquito, aun sonrojado.

—Sacrebleu! ¡Angleterre me amenaza! ¡DETENED TODO! NOS RENDIMOS! —levanta los brazos y le mira en burla.

Le da un empujón BASTANTE fuerte e Inglaterra hoy en día es bastante más grande y fuerte. Francia, que se había girado hacia él con los brazos en alto, es tomado por sorpresa, ingenuamente como siempre que consigue bajarle la armadura. Da dos pasos hacia atrás y se cae de culo con un gesto de sorpresa.

El británico sonríe de lado y le mira desde arriba, cruzándose de brazos y levantando la barbilla. El galo le mira atónito un instante desde el suelo, sintiéndose un niño pequeño de nuevo, sentado en el sucio barro sin esperarlo.

—Ahora sí que te ves como si necesitaras rendirte.

Un par de guardias de la escolta de Francia que habían estado siguiéndoles a lo lejos se acercan corriendo a él para ayudarle a levantarse esperando instrucciones, por cierto, cuando el ama de llaves sale corriendo por el jardín hacia ellos.

Francia deja que le levanten mirando a Inglaterra con el ceño fruncido sin notarla, el inglés le sostiene la mirada.

—Sa majesté! —le llama ella llegando.

—Imbecile. Vuelve a tocarme y te cortarán la cabeza —le amenaza limpiándose las manos en las mallas que trae como pantalón, levantando la barbilla y poniéndose en su pose de divinidad en la tierra. Mira a la mujer de reojo—. Oui?

—Sa majesté le grand monsieur... hay... una visita en la puerta —asegura ella.

Francia mira al inglés de nuevo unos instantes más, tensándose un poco.

—¿Quién?

—Le monsieur... ha dicho que es le monsieur Empire britannique... —vacila ella porque le habían dicho que Francia ESTABA YA con él. Inglaterra levanta las cejas.

—Oh... por la reina —aprieta los ojos y se pasa una mano por el pelo, sonriendo un poco.

—Pardon? —pregunta Francia sin entender.

—¿Le hacemos pasar o le decimos que sa majesté no puede... recibirle? —pregunta ella, irando a Inglaterra de reojo, que piensa que tiene el don de la oportunidad.

Francia levanta una mano para hacerla callar y mira a Inglaterra que le mira, sonriendo un poco a pesar de todo. Se pasaba MESES tratando de huir y de no verle (y buscando escusas para encontrarselo) ¿Y tenía que elegir hoy para ir a verle?

—¿Has... Mandado a tu hermano gemelo? ¿Has perdido tu reino a manos de Suède y por eso estas aquí... ?

—No, somos la misma persona... solo que yo soy un poco mayor. Ve a recibirle, yo tengo que volver a mi lugar.

Gesto sutil e impaciente de Francia con la mano para los demás presentes que dice claramente, "desaparezcan" Así que... lo hacen, creo que he visto a uno incluso que el seto le ha absorvido como a Homer Simpson. Francia le mira unos instantes en silencio.

—Estás sonriendo —murmura.

—Me hace gracia —suspira.

—Es absurdo... y a la vez, no pareces sorprendido.

—Te diré que es un hechizo e igual no me vas a creer —se encoge de hombros.

—Espera... —da un paso a él y le detiene del brazo—. Eres... ¿Un impostor?

—No —niega—. Soy yo... pero del futuro.

El francés niega con la cabeza porque no le hace sentido.

—¿Te mandó él para burlarse de mi? ¿Cree que puede burlarse de mi con esto? —pregunta haciendo una mueca extraña que inicialmente quería ser una de esas sonrisas altaneras.

—No, él no sabe que estoy aquí tampoco y te agradecería que no le dijeras, la vida será más fácil para todos si nos ahorramos el drama.

—Espera, espera... —sigue pensando en lo que le esta diciendo, sin soltarle del brazo, cerrando los ojos—. Eres... Tú. Del futuro. Tú en el futuro. Por eso... Por eso estas así.

—Yes —asegura pensando que se refiere a más viejo y todo eso.

—Por eso estás dulce y suave y me..., —parpadea un par de veces antes de llegar a la conclusión a la que llegan todos—, estoy soñando —sonríe de lado para si mismo, un poco tristemente y niega con la cabeza.

—Es... un forma de tomártelo. Pero la realidad está golpeando a tu puerta y ya sabes que no me gusta esperar.

El galo le mira un instante y luego mira hacia el palacio, confundido.

—No quiero despertarme —susurra para si y se humedece los labios. Mira al inglés—. Me gustas mucho así, ¿por que sólo existes en mi cabeza?

Inglaterra se sonroja de nuevo. Francia se ríe un poquito otra vez, levantando la mano y tocándole la mejilla.

—France, France... si serás idiota —murmura suavecito, tomando al inglés del cuello y dándole un beso en los labios.

Inglaterra aprieta los ojos y vuelve a darle un beso largo y profundo para que no se le olvide. Francia le responde angustiado y necesitado, sin quererle soltar por un tiempo largo, pensando que... hala! Algunos sueños son realmente vívidos y reales.

Cuando se separa, le acaricia un poco la mejilla y el galo suspira relamiéndose un poco y sintiéndose un poco patético en estos momentos. Niega con la cabeza riñéndose un poco aunque no puede evitar sonreír.

—Ya sabía yo que yo nunca sería protagonista en tus historias —se burla de si mismo haciendo un esfuerzo y soltándole el cuello, deseando en alguna medida que de verdad Inglaterra el real estuviera en la puerta—, además siempre me dejas tocarte... y nunca habrías elegido un buen vino para la comida...

—France, yo existo en algún lado, pero no es tan sencillo. No voy a llegar un día y ser así... tienes que ganartelo con tu esfuerzo, convenciéndome que lo mereces y sobre todo que no me va a hacer daño hacerlo —explica nerviosito.

El galo inclina la cabeza fastidiándose un poco consigo mismo. Suspira.

—Cuando tú lo hagas, yo haré el esfuerzo por devolverte el favor tratando de ser más como tú quieres y comiéndome la vergüenza y el miedo. Pero falta MUCHO para que lo logremos.

Los ojos azules le miran, aun con la idea fija de que sea un sueño, pero coqueteando con la opción de que no lo sea. Aprieta los ojos, frustrado.

—Solo... no te olvides, ¿vale? —pide el inglés y suspira, sonrojado igual.

—D'accord —susurra sin pensarse por ahora demasiado en lo que ha dicho el inglés... va a pensarlo, sí, cuando esté solo en la noche en su cama... hecho bolita en la oscuridad sin poder dormir. Aun con los ojos cerrados levanta la barbilla y se da la media vuelta.

Inglaterra le mira, sin decir nada por detenerle, esperando antes de volver a irse a la cocina por la puerta que llegó.

—¿Por qué te haces esto a ti mismo, France? ¿Por qué? Es patético —se riñe a si mismo, suavemente, mientras camina al palacio—. No le necesitas... tú les tienes a todos y eres sumamente feliz, ¿bien? Bien —búrlense de Francia riñéndose a si mismo, burlense!

Francia se acerca a la puerta del palacio sin mirar atrás. Cuando entra por ella voltea la cara y mira al inglés un instante que le está mirando aun ahí.

—Monsieur Empire britannique... le está esperando en el salón azul, sa majesté —indica Belleville nervioso acercándose a él y mirando al segundo inglés, de pie en medio del patio.

—Tú también le ves, ¿verdad? —pregunta Francia a Belleville, mirándole de reojo.

—Oui... el problema es que hay otro bastante parecido en el salón azul, sa majesté... yo mismo le he recibido —asegura el mayordomo, agobiado.

El francés mira unos segundos más al inglés, vestido con su falda a cuadros y sin ropa interior. Se muerde el labio y le sonríe.

—Non, je n'oublierai pas! —grita repentinamente a un volumen de voz suficiente como para que le oiga, claro y fuerte.

Inglaterra sonríe y levanta una mano hacia él. El mayordomo le mira flipando, sinceramente.

Francia suspira, pasándose las dos manos por el pelo sin dejar de mirar al inglés. Cierra un ojo y le lanza un beso en ese movimiento tan cliché que tiene tan perfectamente ensayado, gira otra vez hacia el palacio. Inglaterra carraspea y se sonroja con eso, haciendo los ojos en blanco.

—Tráele su bastón y su sombrero... y déjale ir. Mándame a Chamberlain a que me vista, no puedo ver a Angleterre en estas fachas.


Este sería un buen lugar donde dejar esta historia, ¿no crees?