Narra Santana

Siempre había soñado con la sensación que tendría cuando me despertara y estuviera a mi lado la persona que más quería. Es una sensación magnifica, te sientes en el cielo, y para mi solo existíamos nosotras, por una vez me olvide del mundo entero, estábamos las dos mirándonos con una sonrisa en la cara.

R: Buenos días princesa – siempre había soñado con que alguien me digiera eso al despertarme. Le sonrío y ella me besa. Cada instante la quiero más.

Las dos estamos desconectadas del mundo, solo existimos nosotras dos, nos miramos y nos sentimos bien, sin tener que decir nada.

S: Oh, mierda, la hora, tenemos que irnos, vamos a llegar tarde – le digo preocupada.

R: ¡Es verdad! – Ninguna estaba pendiente de la hora en ese momento – son las 7:30 tenemos que irnos.

Rachel se levanta de la cama y busca sus pantalones.

R: No encuentro mis pantalones, ¿donde los dejé ayer? Oh dios, vamos a llegar tarde.

S: Tranquila, Rach, ahora te ayudo a buscarlos. – se perfectamente que están en el suelo, en la parte de mi lado, pero dejo que busque un poco más porque está muy sexy en braguitas.

Me acerco a ella y le doy una palmada en el culo, ella se gira y ve que tengo los pantalones en mis manos, los va a coger pero los elevo para que no pueda.

S: No, no - le señalo mi boca para que sepa que me tiene que dar un beso para que yo le de sus pantalones.

R: Eres una chantajista – me dice intentando parecer enfadada. Está aún más adorable cuando hace eso. Después me da un beso y le doy sus pantalones.

S: Sé que en realidad eso es lo que más te gusta de mi – bromeo.

R: No lo sabes tú bien. – dice mientras se pone los pantalones.

S: Estábamos más sexy sin ellos.

R: Entonces ven a quitármelos – me dice Rachel siguiéndome el juego.

Y lo cierto es que ganas no me faltan. Pero lo haré en otro lugar, no aquí.

Rachel se va al lavabo para terminar de arreglarse y peinarse, mientras tanto yo me arreglo con lo mejor que encuentro y me peino.

Sale del baño y esta preciosa como siempre, aunque sea con sus jerséis de animales sigue siendo la mujer más bella del mundo.

S: Estas preciosa Rach.

R: Tu también. – me dice mientras me acerco a ella.

S: No sabes cuánto me va a costar no cogerte de la mano ni poder besarte en el instituto. – le digo triste.

R: Ya lo sé San, pero... no nos queda otra, haremos como siempre, ¿vale? como cuando éramos amigas.

S: Claro... Te quiero Rach.

R: Y yo a ti – Me besa. Con esos labios tan dulces que hacen que se me derrita la boca.

Las dos salimos de casa y nos vamos para el instituto con nuestras bicis. Ya es viernes, nos queda menos para poder estar las dos solas, y le tengo una sorpresa para el fin de semana.

El día se me hace eterno, pasamos todo el tiempo de siempre juntas, pero no podemos cogernos de la mano, no puedo sentir sus labios contra los míos, y eso de me mata. Pero cuando salimos del instituto siento que recupero el aliento, nos quedan 2 días para pasarlos solas, y eso me hace sonreír de nuevo.

S: Debemos ir a tu casa Rach, para que le digas a tus padres que vendrás a pasar el fin de semana conmigo.

R: Lo sé, será lo mejor, vamos. – cogemos las bicis y nos dirigimos a casa de Rachel.

Rachel toca a la puerta y su padre sale.

Padre Berry: ¿Fuiste al instituto?

R: Oh, papá te lo prometí, claro, las dos fuimos.

Padre Berry: Entonces, pasa, vamos a dentro, tendrás cosas que hacer...

R: Bueno... de eso quería hablar, Santana esta todo el fin de semana sola, y había pensado si podía ir a su casa, y hacerle compañía, para que no esté tan sola. – El padre de Rachel me mira y lo único que hago es sonreír.

Padre Berry: Esta bien por esta vez, pero ella también puede venir a casa...

R: Lo sé, es solo que... tiene que encargarse de la casa y la puedo ayudar en eso.

Padre Berry: Cuidaros.

R: Lo haremos.

S: Adiós señor Berry.

El padre de Rachel entra en casa y volvemos a coger las bicis camino a mi casa. Llegamos en pocos minutos.

R: Deberíamos cocinar algo, estoy hambrienta.

S: Sí... un momento, espérame en el salón, ¿vale? Voy un momento a mi habitación.

R: Okay, aquí te espero. – me dice confundida.

Ando lo más rápido que puedo y cuando estoy en mi cuarto, empiezo a revolverlo todo, tengo que encontrar un pañuelo o algo con lo que taparle los ojos a Rachel. Con suerte encuentro en un cajón un pañuelo de esos que se llevaban antes y me lo meto en el bolsillo.

Voy al salón y Rachel me mira. Me pongo detrás del sillón en el que esta y le tapo los ojos con el pañuelo.

R: ¿Qué haces San? – me dice echándose a reír.

S: Shhhh... Sólo haz caso a lo que te diga, ¿sí?

R: Vale – me dice confundida.

S: Levántate del sillón, yo te cogeré del la mano, tu solo camina.

R: Eso me da miedo. – me dice moviendo las manos

S: Confía en mí.

La llevo de la mano durante todo el camino, el lugar donde la quiero llevar no queda lejos.

R: Te quiero, pero esto me da miedo. – me dice nerviosa.

S: Tranquila Rachel, no te voy a matar. – le digo entre carcajadas.

Llegamos, le quito el pañuelo de los ojos a Rachel.

S: Ya estamos aquí, ¿qué te parece? – Rachel abre los ojos y se sorprende por lo que ve. Una casa de montaña al lado de un lago enorme.

R: San.. Santana, ¿es tuyo? – balbucea.

S: Sí, bueno, es de mis padres, no suelo venir mucho por aquí, porque es un lugar para venir con alguien – giro la cabeza y la miro - especial.

R: Dios, es el mejor regalo que nadie me ha hecho. – No consigue evitar llorar.

S: Rach, mi amor, no llores. Lo he hecho para que te pongas contenta, no para que... – la abrazo muy fuerte. Luego le levanto la cabeza y le seco las lágrimas – eh, Te quiero, y quiero que seas feliz, nadie más te volverá a hacer daño, te lo prometo.

R: Gracias, te amo tanto, nunca te podré agradecer todo lo que haces por mí. – intenta no llorar más.

S: Es lo que te mereces, y siempre que pueda, haré lo que sea posible por ver esa preciosa sonrisa, ¿me oyes? – Rachel sonríe y me besa.

Pasamos la tarde en el lago, diciéndonos lo mucho que nos queremos y besándonos, besándonos sin parar. Es el mejor día de mi vida, la tengo a mi lado, es mía y la amo.

Nos secamos cuando vemos que está cayendo la noche, cojo unas mantas de la casa y las sacamos fuera, nos tumbamos en ella y vemos como comienzan a salir las estrellas. Estoy viviendo un sueño, nunca me había sentido tan viva.

R: Me encanta estar a tu lado, y más ahora, me encantar ver las estrellas contigo, me siento en la luna, no puede estar pasándome esto, eres tan buena, demasiado para mí. – Rachel se gira y me mira.

S: No tienes ni idea, no sabes la suerte que tengo de poder estar contigo, tú me has cambiado Rachel. – la beso una vez más y una vez más siento el dulce sabor de sus labios en los míos, el calor que desprende su cuerpo y la felicidad que me produce estar con ella.

Estamos viviendo un momento único, y esto solo es el principio.