"En el Techo"
CAPÍTULO 6. "Va a ser complicado"
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Cuando se abrió la puerta salió concentrándose en asimilar que había tenido que volver a aquel planeta. No podía hacer otra cosa, así que si tenía suerte igual el clase baja ya había vuelto de su estancia en el Universo. Traspasó la compuerta y sobre la rampa paró al notar cuatro leves kis, aunque uno era más fuerte que los otros tres. Abrió los ojos y vió al novio de la científica con un animal agazapado en su hombro junto a la mujer rubia. Y a la peliazul. Allí estaba ella reposando una mano en la cadera y muy al contrario que los otros tres, tranquila y sosegada, clavándole sus ojos color zafiro. Su pelo estaba distinto. Una enmarañada bola azul surgía de su cabeza y tuvo que contenerse de no soltarle una mofa.
-¡Vegeta! ¿Qué diablos estás haciendo aquí?- le preguntó visiblemente alterado el humano.
Siguió mirando a Bulma hasta pasados unos segundos después de la pregunta, cosa que incomodó a todos menos a ella. De nuevo, la peliazul no le temía. Por fín quitó sus ojos sobre la científica para otear el ambiente. No, no había tenido suerte: allí no estaba el hijo de Bardock. Volvió en sí para contestar la cuestión:
-Vengo buscando a Kakarotto, ¿dónde está?- esta vez se percató de la pose ridícula del guerrero terrícola. Estaba en guardia, como si pudiera hacer algo si él decidiera atacarle.
-¿Qué? ¿Es que no lo has visto en el espacio?- le cuestionó confundido.
Saltó al suelo del jardín. Era como si aquel insignificante hombre quisiera realmente retarlo. "Bien", pensó para sus adentros, "será entretenido volverlo a ver muriéndose." -No pienso contestar a esa tonta pregunta- le respondió provocándolo. Vió cómo surtió el efecto esperado porque el terrícola apretó los puños enfadado.
-Vamos, Yamcha.- la peliazul por fin habló para parar lo que le pareció una pelea de niños. Se dirigió a su novio en un principio: -Tranquilízate, ¿por qué no dejas que se bañe primero?- y cambió sus pasos para ir a por Vegeta, colocándose justo enfrente de él. Se volvieron a mirar y el príncipe entrecerró los ojos pensando en qué podría estar pasándole por la cabeza ahora a esa mujer. Notó cómo su cuerpo daba un respingo al ser palpado por ella. Había osado tocarle otra vez, y lo que era peor, con un índice sobre su destrozada carcasa, en claro gesto de llamada de atención. -¡Y tú!- exclamó Bulma frunciendo el ceño, -Tienes que bañarte porque estás muy sucio.- El saiya quedó aturdido, pero no tanto como en sus primeros encuentros con ella. Ya se esperaba cualquier cosa de esa atrevida humana que por fín levantó su índice y él se vió ridículo siguiendo con los ojos el dedo de la mujer que indicaba que la acompañara. -Ven, te diré dónde puedes ir.- El príncipe se preparó para gritarle que quién se había creído tratándolo así pero ella se adelantó rompiéndole todos los esquemas: -¿¿Quieres darte prisa?? ¡Y compórtate! ¡Estás delante de una señorita!-
Aquello le pareció delirante. Nunca, jamás, ningún ser vivo o muerto, ni siquiera su padre cuando era niño, absolutamente nadie, ni Freezer en un mal día, le habían hablado así. Cuando quiso darse cuenta la estaba siguiendo subiendo las escaleras del primer piso a la planta de arriba.
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-Increíble...- murmuró Yamcha.
-¿Vegeta está obedeciendo a Bulma?- preguntó retóricamente Puar.
-¿Nadie quiere una taza de té?- la señora Brief, de la emoción al ver de nuevo al príncipe, tardó en darse cuenta de que se le estaba derramando todo el líquido en el suelo. -¡Oh, vaya!- exclamó, -Será mejor que entre para programar a los robots y que limpien todo este destrozo.- Desapareció sonriendo más de lo común sin percatarse de ello ninguno de los dos restantes.
-Yamcha, Yamcha, - trató de captar el interés de su amigo. -¿Qué está ocurriendo aquí?-
Pero el guerrero, totalmente ausente solo torció el gesto a una mueca de enfado y preocupación y volvió a murmurar, aunque esta vez algo distinto a lo anterior: -Tengo que llamar a Krilin.- y entró cabizbajo en la cocina de la residencia.
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Cruzaron el jardín callados, él mirando al suelo con los brazos en jarra aún tratando de asimilar lo que estaba haciendo, y ella con paso solemne. Fue cuando el saiya se le adelantó en las escaleras que ella habló:
-¿Se puede saber a dónde vas?-
-Sé perfectamente dónde están mis aposentos, humana, lo que no sé es por qué quieres acompañarme.- le contestó él sin mirarla.
-Pues para que...- trató de replicarle la peliazul deteniéndose al instante. Se acababa de dar cuenta de que ella tampoco lo sabía. Él se había tirado más de cuatro meses allí y conocía de sobra el camino hacia su dormitorio. De todos modos, siguió los pasos del saiya, que ya entraba en el cuarto, obviamente sin esperarla y cerrando la puerta.
-Veo que sigues con tus mismos modales.- le comentó Bulma apoyada en el umbral.
-Y yo veo que seguís sin ponerle un candado a las puertas de esta casa.- él estaba de espaldas y con los brazos cruzados, mirando a través del ventanal. Era el mismo paisaje que dejó hace ya casi nueve meses terrestres. No había cambiado en nada, menos en que ya no estaban los molestos namekianos.
-¿Dónde has estado?- le preguntó ella entrando en la habitación.
El príncipe le contestó aún sin mirarla: -Eso a ti no te incumbe, además, creo que ya sabes la respuesta.- y añadió, esta vez girándose para observarla: -¿O es que no funcionaba el radar de...- se detuvo en este punto al darse cuenta de que ella no paraba de abrir y cerrar los cajones. -¿Qué estás haciendo?- le cuestionó extrañado.
-Estoy buscándote una toalla.- respondió Bulma con su cabeza metida en el armario.
Se acercó al tocador, justo al lado de ella, y abrió el último cajón para cogerla él mismo y mostrársela. Le dedicó una de sus miradas observadoras, de ésas en las que arruga aún más su frente. –Te pones muy dócil cuando quieres.-
Ella agarró la toalla, le devolvió la mirada y una sonrisa socarrona apareció en su cara: -Tú también- le dijo antes de dirigirse camino al baño. Él plegó más su entecejo. Sabía a lo que ella se refería. Desde el baño escuchó: -Por un momento creí que sí sabías tratar a una dama como yo.-
Vegeta miró a un lado y resopló. Por supuesto. Él era un príncipe. Le enseñaron modales muy estrictos que a lo largo de toda su vida como guerrero casi no pudo poner en práctica. Por un instante, solo por un instante, pensó que igual por eso la siguió, pero enseguida apartó esa idea de la cabeza: -Solo cumplí el trato.- murmuró más para sí que para ella, para acto seguido alzar la voz: -Solo cumplí el trato.- reiteró para que la peliazul le oyera mientras se quitaba su armadura y la dejaba en una cesta. –Y tú no eres una dama.- añadió a la vez que se dejaba caer sobre la cama y cerraba los ojos. Aunque fué buena idea la de llevarse el colchón, nada podía compararse a la suavidad de esas sábanas. Cerró los ojos esperando en vano que ella se fuera.
-¿Qué has dicho?- la científica salió del baño y se le quedó mirando dubitativa. Había oído que le hablaba desde el interior de la habitación pero no lo escuchó. Él no se inmutó y ella captó la indirecta: -Bah, da igual. Lo que tú digas.- le dijo desinteresadamente. El príncipe entreabrió un ojo tras ese comentario despectivo de ella y la vió cómo se acercaba a la cama.
-Estás realmente cansado, ¿verdad?- le dijo a su vera.
Vegeta, que mantenía los ojos cerrados, los abrió para contestarle pero cambió de táctica al momento. Durante unos segundos la miró detenidamente.
-¿Qué?- preguntó Bulma.
-Me preguntaba qué animal de los que tienes abajo has tenido que matar para colocarte todo su pelo azul en la cabeza.- y volvió a cerrar los ojos sosegado. Había deseado decírselo desde que llegó y aquel fué el momento perfecto. En seguida vino lo que se esperaba:
-¿¿Qué has dicho??- chilló la científica. -¡Estoy guapísima! ¿Qué digo guapísima?- abrió los brazos indignada. -¡¡Estoy espectacular!! ¡Ni que tú pudieras presumir de peinado normal!- El príncipe ni se inmutó por lo que la peliazul entendió que no había conseguido provocar lo que quería con ese comentario. Volvió a cruzar los brazos enfurecida mirando hacia un lado de la habitación. Resopló hondamente para calmarse: –Bah, lo que tú digas.- reiteró. Sus ojos azules habían bajado sin querer hasta la cesta con la carcasa del guerrero. Al momento se le fue el enfado. -¡Tu armadura tiene sangre, Vegeta!- exclamó extrayéndola. -¿Es que acaso estás herido?-
-Esa sangre no es mía.- fue la desganada respuesta del príncipe que permanecía con los ojos cerrados.
Bulma entendió equívocamente aquello como un intento de intimidación por su parte: -¿¿Se puede saber qué has hecho por ahí fuera, eh, loco??-
En esta ocasión sí abrió los ojos. -¡Nada que te deba de importar, pesada!- y se incorporó como un resorte para empezar a desvestirse bajando la parte de arriba del uniforme.
-¡Por supuesto que me importa!- le chilló la científica sin darse cuenta de que había dejado un resquicio de duda con aquella afirmación tan contundente. Vio cómo él tensaba los músculos de su parte superior ahora al descubierto para observarla detenidamente.
-¿Por qué?- le preguntó el príncipe calmado e intrigado.
-¿Qué?- ella esperaba que siguiera gritándole, no que cambiase el tono de voz a prácticamente sosegado.
-¿Por qué te importa lo que yo haga por ahí, eh?- le reiteró él levantando la barbilla y arrugando aún más el entrecejo.
Si por un momento ella pareció pensativa, al instante se rearmó y puso sus brazos en jarra: -Pues porque te llevaste mi nave, ¿por qué iba a ser si no?-
-Deja de preocuparte por mi cámara y preocúpate más por el insolente que tienes ahí abajo.- le dijo él sentándose en la cama y quitándose una de las botas.
-¡Ese insolente es mi novio! ¿Es que no te acuerdas de quién es?-
-No.- mintió serenamente mientras se despojaba de la otra bota.
-¡Esto es increíble!- exclamó la científica abriendo los brazos.
-Ése de abajo es un insolente.- indicó él levantándose tranquilamente e irguiéndose frente a ella. –Y un cobarde.- sentenció enlazando sus brazos.
-¡Él no es ningún cobarde!- De las veces que la había visto alterada, posiblemente ésta era la que más. –¡Luchó contra gente despreciable como tú para salvarnos a todos!- vociferó tan alto que su cara tornó a rosa.
Vegeta cerró los ojos para concentrarse. Si no lo hacía, iba a retorcer el cuello de ella lentamente y aquello no le convenía. De nuevo se acordó de Kakarotto y deseó como nunca que él estuviera allí para descargar toda la furia que esa mujer vulgar le hacía contener.
-Escúchame, humana.- comenzó a decir manteniendo la calma. Abrió los ojos y vió que la peliazul estaba con los brazos cruzados y le mantenía la mirada. Era como si estuviera esperando de verdad una explicación a toda esa absurda conversación. Continuó: –Me he cruzado con miles de guerreros y te aseguro que ése de ahí abajo te demostrará tarde o temprano que es un cobarde.- A lo largo de su oscura vida había conocido a toda clase de hombres y siempre le agradó la idea de saber que en la tensión de la batalla es cuando de verdad dan a conocer la naturaleza de ellos. Para él estaba claro que ése de ahí abajo era de los que pertenecían al grupo de los de falsas agallas: luchadores que se dejaban llevar no por la honra de pertenecer a una raza o por el deseo de autosuperación, si no por el contexto bélico en el que se encontraban y que pudiera parecer a los ojos de los demás que sí que eran valientes, pero lo cierto y triste era que simplemente querían impresionar a los que le rodeaban contagiándose por la alteración de emociones que inflige la lucha. Tal tipo de guerrero era de los primeros en caer pues normalmente también suelen sobreestimarse en demasía. Durante las batallas en las que estuvo inmiscuido pudo comprobar eso mismo muchas veces. Excesivamente emotivos, agresivos y sin mucha personalidad ni inteligencia. Y parecía que ese de ahí abajo, el novio de la peliazul, cumplía todos los requisitos.
Esperó la contestación de ella, pero para su sorpresa, si antes estaba alterada hasta la exageración, ahora parecía calmada e incluso asomó una sonrisa por su rostro.
-¿Y a ti que te importa?- dijo por fin la científica cruzando sus brazos.
Ahí estaba la réplica. Cuando el príncipe llegaba a La Tierra era consciente de que al momento de encontrársela, discutirían. Y no solo estaban discutiendo si no que además para su sorpresa ya se habían zambulllido de lleno en una nueva lucha de poder que tanto caracterizaron sus encuentros anteriores. Con ese ¿y a ti que te importa? le devolvía la misma pregunta que la dejó noqueada anteriormente. Y lo que era peor, con ese ¿y a ti que te importa? consiguió lo que él pretendía anteriormente: dar a entender que a él le importaba. Se observaron por enésima vez desde que se habían reencontrado. Los dos se dieron cuenta al instante de que nada había cambiado.
Al igual que ella, él supo salir de ese atolladero. -Procura que no me moleste dejándose llevar por el ímpetu de quedar como un estúpido héroe.-
-¿Es que te piensas quedar?-
-¿Me estás invitando otra vez, humana?-
-¿Si no lo hago te quedarías de igual modo?-
-¿Podrías impedírmelo?-
-¿Podrías obligarme?-
-¿Quieres comprobarlo?-
-¿Quieres obligarme?-
-¿Qué harías tú para...?-
-¿Para impedírtelo?- soltó ella adelantándose a su pregunta. Él aprovechó la interrupción para dirigirse al baño y ella le siguió con la mirada. -Recuerda que nunca debes...-
-¡Si yo nunca debo subestimar a una mujer, la próxima vez ponme una de verdad delante!-
-¡Yo soy una dama!- chilló indignada viendo cómo se alejaba de ella dando por finalizada esa discusión. -¡Y él no es un cobarde!- exclamó por último la peliazul.
Vegeta la miró de reojo antes de cerrar la puerta con el pie. -¡Lo que tú digas!- Y cerró.
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-Engreído- decía Bulma mientras cruzaba el pasillo. –¡Y encima me imita!- gritó hablando sola. -¡Presumido y vanidoso saiya del demonio!- viró para encarar la escalera. –¡Debería coger su uniforme y quemarlo!- En ese instante paró y levantó los labios de forma retorcida. Se giró para volver al dormitorio del príncipe. "Te vas a enterar", pensó para sus adentros.
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Al bajar a la cocina se encontró a su madre toqueteando el ordenador central y un montón de homerobots yendo de un lado a otro de la estancia alterados y golpeándose contra los muebles. La señora Brief alzó la vista al verla y dejó lo que estaba haciendo para aproximarse a su hija y abrazarla: -¡Ha vuelto!- dijo. -¡Hija! ¡El príncipe ha vuelto!- y volvía a estrecharla entre sus brazos emocionada.
-No te excites tanto, mamá, solo ha venido para luchar contra Goku y luego se irá.- le dijo ella soltándose del agarre de su madre mientras esquivaba a los pequeños androides y se ponía ella frente a la computadora. "¿Se quedará?, pensó para sí.
-Él se quedará.- exclamó su progenitora mirándola. Parecía que le había leído el pensamiento. –Él no se irá, ¡ya se te ocurrirá algo para que no se vaya!- Ahora era la rubia la que esquivaba a los pequeños androides que se deslizaban en formación para entrar en su habitáculo.
-¿Dónde está Yamcha?- preguntó ella mirando al jardín por el ventanal. Había optado hace mucho por la ignorancia cuando su madre volvía con sus obsesiones por Vegeta. Por otro lado, sabía que tenía una conversación pendiente con su novio y cuanto antes la zanjase, mejor.
-Ha subido arriba con Krilin.- le contestó su progenitora sacando de un mueble una bandeja rectangular.
-¿Con Krilin?- desvió la mirada hacia la rubia.
-Le oí llamarlo por teléfono, hija, y parecía muy preocupado.- empezó a explicarle su madre mientras abría el frigorífico y sacaba algunos pasteles. -Le dijo algo así como que necesitaba que él estuviera allí sin falta.- no se fijaba en la cara de disgusto que su hija mostraba mientras ella hablaba y colocaba los pasteles en la bandeja. -Pero ya sabes que a mí no me gusta escuchar las conversaciones de los demás, querida.-
Esta última afirmación hizo volver en sí a la peliazul que se quedó mirandola fascinada. -Ay, mamá, eres increíble.- Se acercó a ella sonriendo, le dió un beso y se volteó para subir la escalera. No podía hacer más que rendirse ante el desparpajo con el que su madre había soltado aquella mentira que tantas veces ella había sufrido.
-¡Hija!- la llamó antes de perderla de vista.
-¿Sí?- preguntó la científica desde la base de la escalera.
-Tu padre y yo vamos a preparar una barbacoa para celebrar la llegada del príncipe, ¿avisas a tus amigos?-
-Claro.- contestó mientras subía las escaleras. -Seguro que están deseando celebrarlo.-
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Cuando subió las escaleras escuchó a su novio y a Krilin que estaban dialogando en la balconada central y fue a por ellos. Tenía que hablar con Yamcha. Debía de hacerlo después de su discusión y sobre todo tras el encuentro con Vegeta que seguro que le dejó muy desconcertado. Él nunca la había visto antes interactuar con el príncipe y le constaba que la forma que ella tenía de tratar al saiya suscitaba desorientación entre los demás. "Hombres", se dijo a sí misma. "Va a ser complicado tener a los dos aquí". Y entonces le vino la duda de antes: "¿Se quedará?". Y dubitativa se dispuso a salir al balcón.
-Así que el ki que sentí era de Vegeta.- comentó el pequeño guerrero. -Vine enseguida pensando que Goku ya habría regresado.-
-Por lo poco que sé, -empezó a comentar su novio. -solo ha vuelto para pelear contra él.-
-Solo espero que no se le ocurra hacer ninguna barbaridad.- añadió Bulma uniéndose a ellos.
Yamcha, al escucharla, se giró hacia ella y sentenció: -Eso no lo sabremos.- Fue su forma de dejar claro que, por si había alguna duda, estaba enfadado con ella.
La tensión entre los dos se cortó de la parte que menos esperaban para multiplicarse por mil entre los demás: -¡Eh, humana!- se escuchó gritar desde el exterior. -¡Mujer terrícola! ¡Ven aquí ahora mismo!- Cada uno de los presentes tragó saliva, todos menos la peliazul:
-¡Mi nombre es Bulma! ¿Es que aún no te lo has aprendido? ¡Llámame por mi nombre de una vez, grosero!-
-¿¿Dónde está mi uniforme??-
-¡Lo eché a lavar porque estaba sucísimo! ¡Te he dejado ropa limpia ahí fuera!- se volteó para mirar a sus amigos que se maldecían por permanecer ahí escuchándolo todo, convencidos de que en cualquier momento un rayo de poder atravesaría la pared y los fulminaría al instante. Estar allí oyendo la discusión sobre la colada entre el Príncipe de los Saiyajins y Bulma era demasiado perturbador para ellos, pero entonces la peliazul, con una mirada buscó la complicidad de todos y terminó diciendo: -Si no te gusta, puedes ir por ahí desnudo.- y les guiñó un ojo. No pudieron evitar reírse a carcajadas. Hasta Yamcha se sorprendió riéndose. Sin duda, su novia era una mujer extraordinaria.
Y si ya era casi cómica la extraña circunstancia, el príncipe apareció con una camisa rosa y un pantalón amarillo.
-Vaya, Vegeta, estás guapísimo.- exclamó Bulma provocando la más espontánea risotada de todos los presentes. Sin embargo, la distensión fué erradicada de golpe:
-Si en algo apreciáis vuestras vidas, ¡callaos!-. Y todos lo hicieron así al momento. Por un instante se habían olvidado de que delante estaba el Príncipe de la raza más cruel de todo el cosmos, que apretaba los puños contando los segundos de mísera existencia que les quedaban a esos humanos.
Bulma supo al instante lo que hacer: -Vegeta, ¿por qué no te quedas hasta que regrese Goku?- Con esa pregunta consiguió lo que quería: que el saiya se desconcentrara y desapareciera de su mente la idea de una masacre. Yamcha se quedó estático. Lo estaba haciendo otra vez, lo estaba invitando a quedarse y sabía lo que aquello implicaba. Vegeta pareció aturdido y apartó la vista de ella, como si no quisiera cruzarse con la mirada de la científica. Bulma prosiguió tranquila: -No tienes dinero y si te quedas serás el primero es saber de su regreso.- y volvió a clavarle los ojos al príncipe.
Todos estaban expectantes. Dentro de todo ese caos cualquier cosa podía ocurrir, pero lo que menos esperaban era lo que pasó: el príncipe, que por un instante miró asqueado al novio de la peliazul, destensó los músculos y habló: -Tengo hambre.- y se giró en busca del pasillo. "Interesante", pensó mientras salía por la puerta. No se dió cuenta de cómo Puar y Krilin se taparon las bocas el uno al otro para no reírse. En la espalda de la camisa del guerrero había escrito Bad Man.
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Fué ver salir al saiya y Yamcha soltó la cuestión que estaba deseando decir: -¿Por qué lo has vuelto a invitar?-
-Abajo está mi madre.- dijo Bulma ignorando la pregunta. No era ni el momento ni el lugar para discutir con su novio. -Tengo que ir con él.- añadió para encarar la puerta.
-Vaya, Bulma, -empezó a decir Krilin. -Cualquiera diría que no puedes vivir sin el Príncipe de los Saiyajins, ¿eh?.- y se rió esperando que los demás le acompañaran en la burla. Yamcha, se levantó para mirar el jardín molesto.
-¿¿Qué parte de abajo está mi madre no has entendido, imbécil??- le gritó su amiga sumamente alterada. Había sido una broma fuera de lugar y cruzó los brazos observando a su novio de espaldas.
-Vale, vale.- trató de calmarla Krilin encogiéndose y preguntándose en qué había fallado su burla. -Yo solo decía que...-
-Vosotros bajad dentro poco,- interrumpió la peliazul. -Mis padres quieren hacer una barbacoa en el jardín.- y se giró no sin antes echar un último vistazo a su novio que seguía de espaldas y sin mirarles. "Va a ser complicado", se volvió a decir.
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Cuando Bulma llegó a la cocina vio a Vegeta sentado en la misma silla frente a la mesa que había usado desde el primer día que llegó a su casa. Estaba comiendo pastelitos sin parar y su rubia progenitora lo observaba con un brillo especial en los ojos. "Estupendo", se dijo a sí misma mirando a su madre, "ha pasado del gusto a la adoración absoluta". Y es que no pudo evitar que aquello le recordase al primer encuentro entre ambos en ese mismo lugar.
-¡Querida!- exclamó la rubia andando hacia ella. -Ya me iba para ayudar a tu padre con la carne.- Se giró para volver a mirar al saiya y añadió -¿No está arrebatador vestido así?- y le guiñó un ojo a su hija mientras se encaminaba hacia la salida. Vegeta levantó la vista lentamente hacia la mujer rubia, para luego mirar a la peliazul. La vió sonreír sin apartar sus ojos sobre él.
-Eso mismo le he dicho yo.- contestó Bulma para acto seguido escuchar el gruñido del príncipe.
La peliazul empezó a andar hacia él observándolo. -¿Ya no sospechas que te queramos envenenar?- le preguntó cogiendo una botella de zumo del frigorífico. Su mutismo le hizo continuar hablando: -Mis padres van a hacer una barbacoa para almorzar. Irán mis amigos y tú deberías ir también.- Se sentó en el otro extremo y bebió.
-No pienso mezclarme con más humanos.- fué la concluyente contestación de Vegeta.
-Los dos sabemos que no solo de pasteles te alimentas, así que...- y volvió a coger su vaso para beber dedicándole una plena sonrisa.
El príncipe detuvo su ingesta de comida para observarla. Era la mujer más agotadora que había conocido jamás. -Yo me alimento de muchas cosas, humana- acertó a comentar para volver a centrarse en los pastelitos.
Bulma vió desde su silla la mancha de merengue que él tenía en su mejilla. -Pues es una pena porque habrá carne.- comentó mientras se levantaba de su asiento. Empezó a andar hacia él, que la miró con sospecha. -Y a ti te encanta la carne.- dijo la peliazul mientras cogía una servilleta de la encimera. -Y puedes ponerle esa salsa de tomate que tanto te gusta.- Ya estaba a su lado cuando él le cogió el brazo de la muñeca en un movimiento seco.
-¿Qué haces?- le preguntó el saiya más extrañado que enfadado.
Ella se quedó perpleja y estudió la escena. "¿Qué hago?". Vegeta le había parado la mano en el aire, que ya iba directa a limpiarle la mancha, y Bulma ni siquiera se había dado cuenta de lo que estaba realizando. Reaccionó soltándose de su agarre: -¡Pues te iba a dar una servilleta para que te quitaras esa ridícula mancha que tienes ahí!- y dejó la servilleta sobre la mesa. -¿Qué iba a hacer si no?- y se giró malhumorada para volver a su sitio sin percatarse del agudo fruncimiento de ceño del príncipe. Quiso cambiar de tema al instante: -Después del almuerzo iré a ver el desastre que habrás causado en mi nave con ese perfecto aterrizaje tuyo.- comentó mientras iba hacia la puerta.
-¡Ese perfecto aterrizaje es culpa tuya!- el comentario provocó que el saiya se levantara de la mesa enfurecido.
Bulma se giró para enfrentarlo. No iba a permitir que él le insinuara que su nave no era perfecta: -¿¿Mía??-
-¡Sí, tuya!- bramó él señalándola. -¡El maldito descompensador de frenada no respondía ni nivelando la presión del propulsor!-
A ella, una científica eminente, que el príncipe le hablase usando esos términos le sorprendió pues daba a entender que sabía de mecánica aeroespacial. Al momento, volvió a ser la misma Bulma Brief de siempre: -¿¿Has estado tocando mi nave??- y se dirigió rauda a por ella al jardín.
-¡Ni se te ocurra pensar que vas a entrar ahí!- Vegeta la siguió andando a paso rápido. Cuando ya debatía entre dispararle un halo de poder o cogerla en brazos para impedirle entrar en su nave, ella paró en seco su avance al escuchar a Yamcha desde el fondo del jardín, a su espalda:
-¿Pasa algo, Bulma?-
-No pasa nada, querido, solo están discutiendo como siempre.- Oyó que soltó la voz risueña de su madre.
Su novio acababa de bajar al jardín al igual que todos a punto de disfrutar de la barbacoa. No los vió al salir de la cocina. Por su voz, dedujo que estaba esperando poder defenderla. Supo que tendría que dejar esa discusión para otro momento porque si insistía en retar a Vegeta, Yamcha intentaría cualquier cosa y tendría todas las de perder con el Príncipe de los Saiyajins. Se giró dispuesta a hablar pero el saiya se le adelantó:
-Nada que a ti te interese, idiota.- Vegeta, que estaba a su espalda, ya se había dado la vuelta y se había cruzado de brazos para mirar a su novio. No soportaba a ese humano con sus preguntas absurdas.
-¿Cómo dices?- cuestionó retóricamente el guerrero apretando los puños. -Eres solo un...-
-¡Yamcha!- Bulma le gritó para que no continuara, y al conseguirlo se posicionó al lado del príncipe que le seguía clavando la mirada al guerrero. -Vegeta,- trató de calmar al saiya adoptando un semblante aparentemente tranquilo. -¿Qué tal si dejamos lo de la nave para más adelante?- Al príncipe le sorprendió que esa mujer exasperante y chillona cambiara tan rápidamente su tono de voz a pausado y suave. Le miraba sin ningún atisbo de ira y pareció que aprovechó la duda del guerrero para continuar: -¿Comemos y luego veo en qué puedo mejorarla para ti?-
El príncipe entendió al momento lo que la peliazul estaba haciendo. Un nuevo trato. Si él dejaba pasar el desplante del estúpido de su novio, ella le arreglaría la cámara. Y no solo eso, si no que la mejoraría. Le sonrió de lado y se dirigió a la mesa sin dejar de mirar al humano.
Yamcha se echó hacia atrás pensando que había llegado su fin y suspiró aliviado cuando lo vio sentarse y enlazar los brazos asqueado. Su novia siguió al príncipe hasta la mesa y dejándolo allí, se acercó a Yamcha para darle un beso en la mejilla. Quería dejarle claro que aunque le hubiera gritado, estaba de su parte. Su novio la miró irritado para ser él el que ahora se sentase a la mesa.
Los señores Brief se sonrieron mientras preparaban los pinchos y la rubia se aproximó a su hija para susurrarle: -Tú sí que sabes, querida.- para luego añadir saludando al jardín: -¡Hola cerdito!-
Todos miraron en la dirección del saludo. Tras un árbol aparecía una gorra y media oreja rosa asomando. Al escuchar la exclamación de la señora de la casa supieron que se refería a Oolong pues siempre lo llamaba así. Era incapaz de aprenderse su nombre. -¡Acércate para comer, anda! ¡No seas tímido!- Lo que todos entendieron como el infinito miedo que sentía Oolong por el príncipe de los Saiyajins, ella lo asimiló como timidez, absurda timidez, ya que su amigo cerdo era de todo menos tímido.
-Vaya, es Oolong, ¿quién lo avisó?- preguntó Puar.
-Krilin lo llamó antes de marcharse él a Kame House.- contestó Yamcha sirviéndose una cerveza tratando de olvidar lo de antes.
-¡Oolong! ¡Deja de hacer el tonto y acércate!- le gritó Bulma ayudando a sus padres a pinchar las verduras y los trozos de carne en las estacas.
-Krilin no me dijo que teníais más invitados.- dijo el multiforme acercándose temeroso y tratando de no mirar al saiya que mantenía sus ojos cerrados en signo de profunda apatía y concentración. Es como si estuviera ausente y Bulma lo entendió como el severo desprecio que sentía por estar allí sentado entre humanos, en una escena cotidiana y mundana.
-Si te lo llega a decir,- comenzó a decir la peliazul dirigiéndose a Oolong, -seguro que no hubieras venido, ¿verdad, chicos?- pero ninguno le contestó a la broma con la que quería despistar y calmar el ambiente. Yamcha, al igual que Vegeta, miraba al suelo con los ojos absortos. -¿Qué ocurre?- preguntó la científica. No recibió ninguna respuesta. Observó al príncipe. Estaba apretando los puños haciendo que toda la musculatura de su brazo se marcara como nunca y desde donde ella estaba veía el sudor aparecer en su frente. "Dios", pensó para sí, "¿tan insoportable se le hace estar aquí con nosotros?". –Vegeta, te he traido la salsa de tomate que tanto te gusta.- le comentó incrustando un trozo de carne en el pincho. Otra vez parecía que tendría que interceder por todos los demás frente a la sociopatía del saiya.
Él pareció no escucharla porque susurró: -Freezer…- y se levantó de su silla para golpear la mesa. -¡¡Ese estúpido de Kakarotto no fue capaz de eliminarlo teniendo la oportunidad!!-
Aquello dejó perplejos a los presentes que se preguntaban a qué venía aquella exaltación del saiya. Se podían esperar cualquier cosa del cruel Príncipe de los Saiyajins pero no comprendieron a qué se refería. Solo Yamcha parecía haberlo entendido:
-¿Estás completamente seguro de que este ki pertenece a Freezer?- le cuestionó.
-¿Crees que yo puedo cometer errores como tú? Eres solo un novato.- fue la respuesta desganada del guerrero.
-¿A quién le dices novato?- Yamcha se puso en pie para encarar el insulto.
-Vegeta, aquí tienes la salsa que me pediste para la barbacoa.- interrumpió por enésima vez Bulma. No tenía ni idea de qué estaban hablando pero otra vez parecía que los dos estaban a punto de ponerse a pelear así que no le quedó otra opción que la de hacer algo en lo que ya se estaba convirtiendo en toda una experta: cambiar la atención del saiya y sosegarlo. Hacerle ver que seguía en su casa y que él hizo un trato. La salsa de tomate se manifestaba como un código entre los dos.
Vegeta la miró por un instante para al momento alzar el vuelo y desaparecer. Simplemente, desapareció en el aire. Dejó a todos allí mirando hacia el cielo.
Todos, en el desconcierto, no supieron qué decir ante aquello menos Oolong: -Tengo la sensación de que si La Tierra desapareciese, Bulma sobreviviría- comentó casi en un susurro. Pero era tal el silencio creado tras la evasión del príncipe que todos lo oyeron claramente. En un breve intervalo de tiempo habían pasado de estar a punto de disfrutar de una sabrosa barbacoa a una incertidumbre máxima.
-Yamcha, ¿qué está pasando?- cuestionó la científica a su novio. El resto seguía mirando el rastro de poder que el príncipe había dejado en el aire.
-Es Freezer, ha vuelto.- respondió su novio sumamente afectado.
-¿Freezer?- Puar, al igual que los demás, no salía de su asombro.
-¿Quién es Freezer?- cuestionó la señora Brief rearmándose tras el inicial pasmo. -¿Y por qué dejas que se vaya el príncipe, querida?- se dirigió a su hija casi molesta.
-¡Oh, Kami santo! Estamos en problemas.- fué el razonamiento en alto de la peliazul, que soltó el pincho de comida sobre un plato y pensativa.
-Parece que se dirige a las montañas del norte.- indicó Yamcha oteando el horizonte. -¡Me voy!- y alzó el vuelo dejando el mismo rastro que el príncipe y yendo hacia su misma dirección.
Tras unos segundos de desorientación, fué el señor Brief el que abrió la boca al ver cómo su hija se dirigía hacia el laboratorio. Supo en seguida para qué iba para allá: -Hija, creo que no deberías...-
-Iré en su búsqueda, papá.- le interrumpió la peliazul sin girarse para contestarle.
-¿En búsqueda de quién?- le cuestionó su madre con una sonrisa en los labios: -¿De Vegeta o de Yamcha?- Para ella, aquello estaba siendo muy entretenido.
Su hija sí paró esta vez para voltearse y responder: -De Freezer.- y entró en el laboratorio en búsqueda de un radar.
o-o-o-o
