SECRETO

- Dime.

- No.

- Por favor.

- No, Greg-o.

- Poooor faavooor, Cath, juro que no se lo diré a nadie – dijo el joven CSI poniendo esos ojitos de perrito abandonado que tanto lograban conmover a la mayoría de las chicas del laboratorio.

Pero de por si Catherine no pertenecía a ese grupo de chicas, llevaba tantos años conociéndolo que ya tenía por completo superada esa etapa, así que los ojos de cachorro del chico no le afectaban en lo mas mínimo. Aun así le divertía ver como se desvivía por averiguar qué era lo que la mantenía más alegre de lo habitual estos días.

- Vamos, dime cuál es tu secreto, desde hace una semana que esa sonrisa tan fantástica no se te quita de la cara – dijo incorporándose y dando unas vueltas por el lugar, en pose detectivesca – estas mucho más alegre de lo normal.

- ¿Y qué tiene eso de malo, Greg? Solo estoy alegre.

- Es que yo sé una parte de tu secreto, Catherine.

Por un momento apenas, la sonrisa de Catherine se borró de su rostro para mirar interrogante al chico, quien al ver su reacción sonrió más que satisfecho consigo mismo.

- ¿Y qué sabes exactamente Greg Hojem Sanders?

- Tienes… - se detuvo un momento, sentándose frente a Catherine, mirándola fijamente a los ojos, disfrutando del momento pre-revelación, en el cual la CSI intentaba disimular con poco éxito el nerviosismo que había empezado a sentir – un nuevo NOVIO.

En eso entró Sara a la sala de descanso, y sonrió divertida al encontrarse con una Catherine que se partía de la risa mientras un desconcertado Greg la observaba atónito, mirando primero a Cath, luego a ella y después de nuevo a Cath.

- ¿Qué sucede, chicos? – Preguntó curiosa mientras se servía una taza de café - ¿Por qué esa cara Greg?

Pero fue Catherine la que le respondió, después de unos minutos en que por fin pudo controlar su risa.

- Greg-o cree que tengo novio.

Y Sara también rió, dejando aún más atónito al pobre Greg.

- Pero eso es lo único que podría explicar la repentina alegría excesiva de Catherine – dijo el chico intentando justificarse.

- ¿Desde cuándo la alegría es excesiva en un trabajo como el nuestro, Greg? – le comentó Catherine antes de marcharse del cuarto de descanso, dirigiéndole una significativa mirada a Sara, a la cual ella asintió. Desconcertando todavía más al chico.

- Tú sabes, ¿cierto?

- ¿Qué yo sé qué cosa? – le respondió Sara, tomando un sorbo de café haciéndose la que no sabe nada de nada – no tengo ni idea de qué estás hablando, Greg.

- ¡El secreto de Cath! – Dijo exasperado, sentándose en uno de los asientos – Dime, Sara.

- Pero si no se dé qué hablas.

- Dime.

- No, Greg.

- Poooor faaavooor.

- Nooo.

Y así se llevaron un par de minutos hasta que tuvieron que volver a trabajar. Greg con paso derrotista y Sara más animada que nunca, porque ella sí sabía cual era aquel oscuro secreto que tanto quería saber el chico.

El secreto de Catherine era Sara...

… y los besos tan apasionados que se dan a escondidas desde hace una semana.