La forma de mi Corazón
Rating : T
Disclaimer : Los personajes de POTC pertenecen exclusivamente a sus creadores y productores. Yo sólo hago uso de ellos para crear esta historia.
Capitulo 7
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- Te traje desayuno - entro Philip a la mañana siguiente. La mujer le miro con desconfianza. Durante la noche, la herida había dejado de sangrar, y la fiebre le había bajado, por lo tanto pudo descansar algo, pero aún así se sentía incómoda dormir con la apariencia humana. Se sentó en la cama
- No como comida de humanos - movió su rostro hacia la ventana que mostraba el mar. Philip suspiro.
- No sé que comen las sirenas, si puedes darme alguna idea, te lo conseguiré -
- ¡Ja! no creo que te adentres al agua a buscar algunos ostiones crudos - Philip cruzó los brazos. Ya estaba perdiendo la paciencia con la mala agradecida de la sirena. Suspiro molesto.
- Mira, se que odias a los humanos, en especial a nosotros los hombres, pero si te das cuenta, te he salvado la vida. Deberías agradecer un poco...-
- Nunca pedí ser rescatada...- miro sus uñas largas mientras giraba el rostro hacia la playa. - Morir es mejor que estar con esta apariencia débil -
- No creo que tus hermanas estuvieran contentas- Vaya que esa criatura era muy diferente a Syrena. Ella estaba muy preocupada de sus hermanas, mientras que la pelirroja estaba deseando morir.
- Y no lo estarán. Como ya no me sienten en el mar, vendrán. Mi canto sirvió para localizarme en está estúpida isla..- El pecho de Philip se contrajo. ¿Vendrán? ¿sus hermanas? ¿Syrena? sus ojos se desviaron en dirección a la ventana que daba al océano y a las rocas lejanas. Ella podría volver... por fin verla.
Sería un sueño...
- ¿Vendrá Syrena? - la de ojos azules como océano le miraron con interrogante. No evito su excitación de poder verla nuevamente. Al parecer por fin podría ocurrir un milagro.
- No me llevo muy bien con esa hermana en especial. Es una mojigata; supongo que podría venir. - Philip podía imaginar su piel quemar sus manos. ver su sonrisa iluminada por la luz de la fogata y sus bellos ojos verdes que lo mirarían como si hubiesen pasado décadas...era simplemente cautivador y emocionante.
Philip se acerco a la sirena y con sorpresa de ella, le agarro de las manos con una alegría que desbordaba sus mejillas.
- Se que te debe doler muchísimo, pero... agradezco a dios en que me haya topado contigo, criatura. Estas permitiendo lo que había deseado hace tiempo - La pelirroja se sonrojo ante el tacto suave y la mirada contenta hacia ella. ¿Desde que siglos que no sentía esa mirada? desde los romanos...
Philip se alejó de ella y corriendo las escaleras le dijo que le buscaría sus famosos ostiones.
Cuando ya se encontraba sola, la mujer se toco las manos con lentitud, tratando de absorber la calidez que había dejado el hombre.
- Me llamo Azura...-
...
- Veo tu rostro muy feliz, amigo - John le observó con curiosidad al encontrarlo en el mercado pesquero. Philip suspiro contento. - Por fin te iniciaste como hombre -
- No. - su rostro se asustó de que lo dijera fuerte.- Claro que no. Sólo que mi deseo por fin se hará realidad- John le observó escéptico.
-¿La sirena?- el de ojos verdes azules asintió con ganas. John no daba crédito a lo que Philip le contó en los minutos siguientes.
- debes mantener la boca cerrada.- John asintió. Sería demasiado excitante conocer a esa mujer sirena que estaba en la cama de philip.
- ¡Eres un puto suertudo! tienes a una mujer "especial" bajo tus sábanas y no la tocas o la seduces, debes tener zafado un tornillo - Philip pagó el medio kilo de ostiones, mientras John le miraba con asombro y envidia.
- No debo mentir. La mujer es muy hermosa, pero mi corazón pertenece a Syrena. - caminaban de regreso del mercado. John se sentía celoso. Una mujer de ese calibre como le había descrito el ex misionero, sólo podía ponerlo bien duro e imaginarse pervertidas escenas con una mujer tan espectacular como él la pintaba. Le haría gozar y no olvidar nunca que los hombres también pueden dar placer a criaturas como ella.
- Pero...¿Ella te dijo cuándo vendrían sus hermanas ? -
- No, pero supongo que pronto, por lo tanto, te pediré que te mantengas lejos de la cabaña - ¿Qué? ¿Hablaba en serio? John frunció el ceño.
- ¿Crees que te dejare la diversión a ti? ¡Ah verdad! tu no disfrutas del placer. lástima de la sirena de cabellos rojos que debe estar deseando estar entre tus piernas y tu miembro. - Philip se giró a él molesto. Claro que podría disfrutar del placer, pero no del placer carnal; no antes de estar casado.
- Podré hacerlo pronto, si Syrena acepta quedarse conmigo...- John paró su andar y agarro el hombro de Philip para hacerle frente.
- ¿Casarte? ¿Con una Sirena? ¡Estás loco! nunca he oído semejante disparate que un hombre se case con una sirena. -
- Entonces será la primera- confesó Philip con una total despreocupación. John se golpeó el rostro y se movió los cabellos negros con lentitud.
- A ver... Las sirenas viven por muchísimos años. ¿Crees que aceptará vivir contigo, un simple mortal? -
- Por otro lado. ¿Aceptará las condiciones de vivir en la tierra? hablamos de una mujer pez, su mundo es el océano, no la tierra. Si quieres un revolcon con ella, hazlo, pero, no permitiré que te hagas mierda tratando de realizar un sueño estúpido e infantil -
- Yo me acostumbraría de que ella tuviera que volver al mar a ver a su familia. Ella tiene la capacidad de vivir acá, no sé que problema podría existir.-
John observó a su mejor amigo observar el mar con mucha ilusión. Suspiro cansado; quizás nunca podría hacer cambiar de opinión a Philip.
...
- Toma - le estiro un plato llenó de conchas de ostiones sin abrir. La mujer miró con hambre los mariscos. Se veía delicioso. Pero antes de aceptar gustosa el plato, miro el rostro de Philip. Tenía sus ojos curiosos e interesado en algo. Frunció el ceño.
- ¿Qué quieres a cambio? - El castaño claro se sentó en el taburete y dejo el plato en el velador.
- Quisiera que cuando lleguen tus hermanas, viniera Syrena con ellas...¿Puedes hacerlo? - la pelirroja suspiro cansada y un tanto enojada. Siempre los humanos serían egoístas.
- Qué pasa si digo que no - Philip suspiro impaciente - ¿Me matarás? ¿Me violarás? - su mirada se dirigió a sus pantalones apretados, notando las pantorrillas torneadas y bien cuidadas. Azura, suspiro aguantando el deseo que la embargaba.
- Por supuesto que no. ¿Crees que soy un bárbaro?- Por un instante deseo que dijera otra cosa. Desde que lo había visto anoche, le había gustado lo que vio. Era guapo, fuerte y con un cuerpo muy envidiable para otros hombres ¿Porqué no quererlo en sus piernas? quizás era delicioso.
- Sólo - le interrumpió sus pensamientos. - quiero volver a verla; es lo único que quiero - sus pestañas rubias taparon sus ojos, agachando su cabeza y tomando sus manos en una gentil caricia. - Si puedes ayudarme, te estaré eternamente agradecido -
Azura observo el rostro del hombre.¡Vaya idiota!, estaba perdiendo todos sus encantos de hombre varonil al arrastrarse por pedir su ayuda; implorando.
- Esta bien - Philip levantó sus ojos con sorpresa - pero te costará - asintió atento a escuchar su petición. Cualquiera que fuese, le ayudaría a cumplirlo.
- Quiero sexo -
Y para Philip fue un balde de agua fría que sentía en su cuerpo.
Sería imposible hacerlo...
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Y nos fuímos con el septimo capítulo de este entretenido fanfic. Vaya vaya, subí un poco el tonito de la historia, pero tranquilas, será breve.
Para que próximamente comience la acción, de la que estaba esperando que comenzará :3
Por si acaso, el nombre de la sirena pelirroja "azura" es su apodo que le entrega a los hombres u otras criaturas. Su verdadero nombre es otro.. y como veremos más adelante, sabremos el porqué las sirenas no pueden decir sus verdaderos nombres.
Saludos
Ca211
