¡Aaaa! Acabo de ver Friendship Games por segunda vez, la primera lo hice para disfrutar, la segunda para sacar el material para un futuro fanfic, pero bah, Big Mac no tuvo ni siquiera una pequeña aparición, ni qué decir de Soarin, los únicos que aparecieron fueron Trent, Flash Sentry (jaja, Twilight ni le tiró bola) y Fleur de Liz. De todas formas, disfruten el capítulo.


Viernes, tres de la tarde y media, Sunset Shimmer presentía la cercanía de su compañera y en esta oportunidad también su competidora contraria; desde que corrió una carrera contra el instituto Cristal, le había gustado el motocross, la velocidad y la adrenalina tenían su propia atracción y ciertamente, no tenía la misma adicción a ellas en la misma medida que Rainbow Dash, pero era agradable compartir pequeñas carreras por una carretera abandonada del bosque, aquel día las clases terminaron antes por ser el día de la fundación del colegio, su aniversario les retribuía unos cuantos motivos para esperarlos. El viento en su cabellera expuesta era reconfortante, llevaba la delantera solamente por unos pocos metros, la de cabello multicolor pronto haría una de sus movidas arriesgadas, así que distraerse no era la mejor de las ideas. La tierra que sus neumáticos levantaban al paso, el viento y las vibraciones constantes del motorizado la mantenían con un instinto de competencia. El sonido del motor de la moto de Rainbow le advertía la cercanía de esta, sus latidos se incrementaban.

Desde donde estaba, Rainbow observaba a la pelifuego correr a toda marcha, después de todo, tenían una habilidad más o menos similar, aunque no igual. Una curva fue suficiente para que el vehículo de la adolescente de piel cian pudiera apegarse a la pelifuego, sus miradas se cruzaron por una fracción de segundo, con cierto presentimiento, la pelifuego comenzó a acelerar, esquivando un pequeño cúmulo de tierra para que su aceleración no se viera retrasada, Rainbow sin embargo, no lo pudo lograr, por lo cual el medio metro de diferencia entre ambas se incrementó a un metro, Sunset sonreía a través de su casco, mientras observaba el resto del camino, lleno de árboles, tierra, lodo y gracias a los rayos del sol, cálido y agradable.

Pero perder no era una opción para la mejor competidora de Canterlot High comenzó a acelerar aún más, conociendo el camino como lo conocía, sabía muy bien que en poco más de treinta metros, existía una pequeña curva, pero el truco de esta era que también existía una piedra de gran tamaño, que con sus habilidad se podría usar como rampa. Mas Sunset Shimmer prefirió cerrarle el camino, ella al parecer tenía una gran intuición para las posibles jugadas que la de ojos violeta pretendía realizar. No obstante, la moto de la pelifuego comenzó a desacelerar debido al poco agarre que sus neumáticos tuvieron en el fango, este desde luego era salpicado de forma salvaje por la rueda trasera de su vehículo, Rainbow tuvo una idea brillante, desaceleró lo justo para ir detrás de Sunset, ella se encontraba en el extremo izquierdo, debía llegar al extremo derecho, y la pelifuego se había encargado de bloquear el paso, no obstante, al terminar aquella parte del camino llena de fango, debido a las lluvias recientes, se encontraba la roca con la cual podría superar a su rival con un salto y evitando las desaceleraciones en la curva angosta.

Desaceleró levemente para posicionarse detrás de la de ojos turquesa, quien la perdió de su campo de visión periférica, el plan era simple, llegar al final del camino y acelerar de forma inmediata una vez que Sunset comenzara a recorrer la curva algo angosta, el resto sería simplemente rutina; y finalmente aparecería delante de su competidora, después de dar un salto asombroso. Al recorrer los últimos metros detrás de ella, una gran cantidad de fango fue liberada por la rueda trasera del motorizado de la adolescente contraria, este salpicó y lleno la mayor parte del traje de la de piel cian, dos metros antes de llegar al punto clave, una gran cantidad de fango fue liberado con tanta fuerza que fue capaz de proyectarse al casco de la competidora de cabello multicolor que sintió como unas gotas llegaban a su boca.

Tal como se había planeado, Sunset comenzó a dar el giro, mientras Rainbow se acercaba a la roca, pero ya existía un error en todo el plan, Rainbow no podía ver; cuando trató de frenar, la rueda delantera se hallaba ya chocando con la parte frontal de la piedra a la que se debía llegar inclinando hacia arriba dicho neumático, la desaceleración fue tan lenta que en tres milésimas de segundo, debido al fango, la rueda trasera chocó con la piedra y la piloto salió despedida, sostenerse del manubrio no fue suficiente y solamente logró que su cuerpo se proyectara hacia adelante; Sunset Shimmer ya terminaba de dar el giro, cuando los ojos violeta de la accidentada se cruzaron con los de ella, en menos de un segundo, el cuerpo de Rainbow fue directamente a caer contra el suelo del camino, probablemente su posición de aterrizaje era la más idónea, pues sus pies estaban al frente, pero la presencia de varias rocas, fuera del camino por donde debería haber aterrizado su moto, en el trayecto de su caída imposibilitó salir ilesa de aquel accidente. Aterrizando sobre un pie algo torcido de lado, la adolescente pudo sentir como su articulación sufría un severo daño, mientras que la inclinación de la roca la hacía caer de espalda sobre otras piedras más pequeñas, pero con formas redondas; el dolor fue inmediato.

Sunset Shimmer solamente pudo escuchar un sonido seco, seguido de los gritos de dolor de la de cabellos multicolor ahogados por su casco, rápidamente la de ojos turquesas se aproximó al lugar.

- ¡Dash! - Gritó poco antes de ver el cuerpo de su amiga.

El casco se hallaba en un terrible estado, afortunadamente la había salvado de sufrir una severa lesión en la nuca. Pero aparte de aquella señal evidente, la adolescente no sabía nada más del estado de la de cabellos multicolor que se manchaban con el lodo. Debido al fuerte golpe, así como al dolor intenso, los ojos de Rainbow Dash rodaron, para después ser cubiertos por sus párpados. Aterrando a una Sunset Shimmer que de un segundo al otro, pasaba de un estado al otro, comenzaba a actuar, agachándose para comprobar el estado de su amiga, tranquilizando los nervios y planteando las alternativas de solución…

Una bruma obscura era todo lo que Rainbow podía apreciar, no obstante, podía escuchar algunas palabras.

- Lamentablemente no podrá hacer ningún deporte durante al menos tres meses, la fractura de es realmente terrible para cualquier deportista, desde luego, una fisioterapia la pondrá como nueva si es que es constante; debo admitir que fue lo bastante afortunada, generalmente accidentes como estos terminan… ejem… mal.

Aquella forma de hablar, sencilla y al mismo tiempo clara era de un solo doctor dentro del hospital, el doctor Whooves; Rainbow lo reconocía de la vez en la que su padre terminó hospitalizado por una lesión no muy diferente a la que ella tenía.

- Entiendo doctor, al menos mi Rainbow Dash está bien – Esa era la voz de Soarin, definitivamente algo malo le había ocurrido.

- Sí, agradézcale a la señorita, ella fue capaz de dar los primeros auxilios de forma impecable, además ha estado en la sala de esperas por mucho más tiempo que cualquiera, incluso sus padres.

Forzando un poco los ojos, Rainbow Dash comenzó mover sus párpados de a poco, la luz era enceguecedora, el ambiente estaba algo cargado, no recordaba muy bien lo que había pasado y de hecho tenía un dolor de cabeza. Sus sentidos parecían activarse de un largo sueño sabático, primeramente sentía que estaba sobre una cama de hospital por el colchón, en segundo lugar, el olor a medicamentos era clara señal del lugar y finalmente la presencia de un calor agobiante, asfixiante y una sensación de debilidad daban razones suficientes para pensar en dónde se hallaba.

- Miren, se está despertando. – Señaló Rarity emocionada.

De inmediato los visitantes como el doctor se acercaron para ver a la internada. Una última sensación le llegó a la fémina, su pie derecho se sentía algo apretado, rígido. Cuando trató de moverlo sintió una punzada aguda en su tobillo.

- Señorita Dash, sé que suena obvio, pero usted lleva un yeso por una muy buena razón. – Argumentaba el doctor que comenzaba a sacar una tablilla con varias anotaciones hechas con una letra ilegible.

Las amigas de Rainbow Dash, así como Soarin se aglomeraron casi de inmediato y empujando a un lado al doctor que sonrió al ver el aprecio de los amigos de la paciente, ciertamente uno de los mejores atenuantes para el sufrimiento dentro del hospital eran las visitas a sus pacientes y al no ser de carácter imperativo brindar su acostumbrado informe a sus pacientes, podría dejar que aquella visita tuviese su debida privacidad. Sin aviso alguno, salió de la habitación que la muchacha de cabello multicolor tenía para ella sola, al menos hasta que las otras tres camas se ocupasen.

Sin siquiera darse cuenta de la salida del doctor, el grupo de amigas siguió con lo suyo, incluso Twilight se encontraban alrededor con una sonrisa al ver que su amiga se encontraba en buen estado. Cuando esta volteó la mirada, pudo observar a Sunset Shimmer, aun con su traje para montar la moto, ella desde luego se veía más feliz que el resto.

- Así que sabes primeros auxilios.

- Sí, aprendía algo estudiando el cuerpo humano y esas cosas… - Respondió la pelifuego con cierta tranquilidad en su voz – …perdóname Rainbow Dash, no era mi intención lanzarte.

- Nada de eso Sunsy, de hecho debería darte las gracias. – Aclaró Rainbow, aceptando con cierta dificultad su accidente.

Las palabras que el doctor Whooves dijo poco antes le traían cierta calma, pues si era constante con la recuperación, sus aptitudes físicas no se verían comprometidas. Tomando la mano de Sunset le informó del error en el que había caído al creer que era su culpa.

Sus amigas desde luego también se encontraban sentadas a su alrededor, al borde de la cama, esperando el mejor momento para empezar a hablar, aunque su simple presencia e ayudaba a confrontar los hechos; no era algo terrible, tenía su gravedad, pero no era terrible, no perdería la pierna ni nada por el estilo.

- Tus padres vinieron hace bastante tiempo Dashie, se fueron poco antes de que despertaras, me dijeron que te quedaras aquí por la noche, que ellos tienen que salir de viaje inmediatamente.

- Claro, como siempre. – Respondió la adolescente con cierto desdén, seguramente le llamarían a las diez de la noche.

Efectivamente, sus padres debían mantenerse en viajes constantes por su trabajo y aunque apreciaba su esfuerzo, su ausencia siempre le daba algo de nostalgia. Ellos no estuvieron cuando su equipo gano el torneo de soccer, tampoco cuando recibió todos sus trofeos, aunque siempre estaban al pendiente por teléfono y cosas similares. Las pocas horas que podía verlos era cuando llegaban agotados y dormían, sus charlas eran cortas, pero altamente valoradas, en especial con su madre que le dio consejos valiosísimos sobre los novios y desde luego, los celos de su padre.

- Espero que te mejores en pocos meses querida, los Wondercolts debemos ganar un torneo más. – Advirtió Rarity mientras peinaba un mechón del pelo de su amiga, este todavía se hallaba lleno de lodo ahora seco.

Sunset tampoco se había dado un baño, su rostro seguía lleno de tierra, pues había tenido que perseguir a la ambulancia al hospital. Evidentemente, su rostro denotaba cansancio por el agotador día, mas aquella calma que transmitían sus ojos al ver que su amiga se encontraba sana y salva no tenía comparación alguna. Así era pues Sunset Shimmer, una amiga como pocas en el mundo, sabía de antemano que para ella valía oro puro y nada impediría su ayuda cuando se la necesitase.

- Sí Dashie, ahora puedes decir que sobreviviste a un accidente de moto y viviste para contarlo. – Aclaró preocupada Applejack, mientras dejaba una canasta de manzanas cerca, no eran exactamente la sidra que tanto le encantaba a la de cabellos multicolor, pero serviría para calmar los nervios, pues Rainbow no podía mantenerse quieta por mucho tiempo.

Temporalmente, las nubes de tormenta dejaban pasar los rayos de luz a la habitación, tornando de un naranja pálido las paredes blancas e impregnando de su calidez a los presentes.

- Además, la enfermera Pinkie te cuidará los miércoles. – Indicaba con alegría Pinkie Pie que había tomado algún guardapolvo de quien sabe dónde en el corto trayecto del elevador a la habitación donde estaba internada la adolescente de piel cian.

Aproximadamente quince minutos de una plática entre muchachas fue una cuestión algo problemática para que Soarin tuviese oportunidad para hablar, mas, a diez minutos de que terminase el horario de visitas se levantó del asiento en el que se vio confinado para hacer una pequeña petición.

- Chicas, me gustaría tener unos pocos minutos con Rainbow Dash para hablar.

Todas voltearon la mirada, acordándose de su existencia, incluso Rainbow se había olvidado por completo de la misma, al verlo parado y cruzar su mirada con este, su corazón comenzó a latir más velozmente, definitivamente ella también deseaba tener aquellos últimos diez minutos junto con él. Con una mirada pudo comunicárselo a sus amigas. Quienes se levantaron de la cama.

- Bueno querida, mañana estaremos todas aquí para cuando te den de baja. Y además traeré un marcador que combine con tus ojos.

- Firmarán mi yeso ¿Enserio? Rarity, sabes lo mucho que me molesta tener esta cosa y ¿también quieres darle algo de estilo? – Rainbow hablaba de forma sarcástica, su sentido del humor regresaba y de la misma forma su carácter afrontaba de aquella forma algunos problemas como aquellos.

- Sí, buena idea, tengo el betún de pastel perfecto para estas cosas… - Expresó Pinkie Pie, moviendo sus manos con emoción y midiendo el yeso de la internada.

- Técnicamente no lograremos nada haciendo ello, pero creo que hacerlo en contra de la voluntad de Rainbow es algo emocionante. Dijo Twilight mientras tomaba una chaqueta del respaldo de la silla de Soarin. Al instante recibió una fuerte palmada en la espalda por parte de la fémina Apple.

- Ya lo entendiste niña. Exclamó la adolescente del sombrero, mientras empujaba al resto de sus amigas, entendía la necesidad de privacidad de la joven pareja.

- Hasta mañana Rainbow. – Se despidió Sunset Shimmer saliendo de la habitación, con un fuerte rugido de su estómago, realmente se había quedado al lado de Rainbow por más tiempo que cualquiera de las otras.

Poco después de que saliesen, ambos todavía se quedaron estáticos por un momento, sin una buena frase para iniciar la conversación, aunque no la necesitaban precisamente.

- Por fin despertaste, me tenías muy preocupado. – Dijo finalmente el muchacho de pelo añil.

- Ha sí, cuán preocupado. – Cuestionó la adolescente, con cierta sonrisa en su rostro.

- Del uno al diez, cinco. – Respondió de forma cómica el doncel mientras se dirigía hacia la cama de la muchacha. Esta a su vez hacía un poco de espacio para que se pudiese sentar a su lado.

- Oh vamos, sabes que no puedes vivir sin mí. – Tanto la una como el otro sabían que alimentar el ego del otro era algo que se debía hacer con pinzas.

La mano del adolescente se deslizó por el rostro de su novia, realmente le había tenido preocupado desde que recibió la llamada de Rarity, informándole del accidente, una fractura era algo serio, pero por fortuna ella estaba viva y conociendo su cabezonería, así como su fuerza, estaría de pie en dos meses y jugando para los Wondercolts en tres.

Desde su posición, sentado y con el rostro de la de cabellos multicolor ardiendo, el muchacho poco o nada podía hacer, las palabras de Rainbow eran ciertas, no podía vivir sin ella y mucho menos deseaba hacerlo, e incluso con su aspecto descuidado seguía siendo hermosa a sus ojos, aun cuando la mayoría de los muchachos preferían a muchachas como Rarity, Fluttershy, Pinkie Pie y hasta Sunset Shimmer. Él y Trent eran los únicos que se fijaban en algo distinto al rango común de búsqueda dentro del grupo de las Mane Six, bueno, también Flash Sentry a quien le iba pero que a Trent.

- No podré estar tres meses con esta cosa. – Se quejó Rainbow Dash con cara de pocos amigos.

- Míralo por el lado positivo, te llevaré helado y te atenderé durante esta semana. – Aclaró el adolescente con satisfacción al ver el brillo de aquellos hermosos ojos violeta.

El sonido de la puerta hecha por una de las enfermeras, informó a la pareja el término de la hora de visita. Aprovechando los pocos segundos que quedaban, Soarin robó un beso de unos pocos segundos a la fémina, poco antes de despedirse y salir de la habitación.

Se aproximaba una tormenta nocturna, el frio, los rayos, las señales se alzaban por toda la ciudad, el iluminado público hacía resaltar la caída de las primeras gotas de agua, dentro de la granja Apple, se podía apreciar la finalización de los trabajos, Applebloom dirigía al toro Alfonso al granero, los cerdos al cochinero y las gallina… obviamente al gallinero, Big Mac desde luego se encargaba de meter todas las cosas pesadas a sus respectivos lugares; a esas alturas del día su mente solía finalmente despejarse por el cansancio, alguna serie de televisión, algún libro, alguna tarea, incluso ayudar a su hermana con la cena o a Applebloom con una des su tareas llenaba el tiempo restante, sus ojos se enfocaban en la casa Apple, implícitamente, estaba mejor que en las anteriores semanas, ahora su mente comenzaba nuevamente a enfocarse en las cosas importantes, aquel atroz, doloroso y persistente sentimiento finalmente se alejaba; podía sentirse relajado, finalmente salía con vida de aquel túnel sinsentido al que había estado arrinconado.

Aunque todavía daba sus pequeñas convulsiones, su corazón se convertía lentamente en el verdugo de aquella fuente de preocupación irracional, aquella fuente de dolor que tanto le estaba fastidiando y que era tan recurrente; Rainbow Dash comenzaba a aquedarse en el pasado, el alivio era tremendo. Hasta su trabajo parecía hacerse mejor en aquellos últimos días. Terminando de transportar un saco lleno de herramientas viejas al cobertizo, se disponía ingresar a su hogar, cuando a pocos metros de la puerta escuchó a su hermana hablar por su celular.

- Lo sé Rarity, Rainbow seguramente está triste por su accidente, y el hospital de la ciudad no es el mejor ambiente de todos para alguien como ella y bueno, para cualquiera.

A la mierda, tres semanas de un trabajo intenso en olvidar, en dejar en el pasado aquel amor de juventud se iban a la mierda; neciamente, el mancebo regresaba al maldito estado que era un fastidio, hasta el punto de hacer la pregunta de lamento que más despreciaba: ¿Por qué a mí?

Existe pues una parte de cada ser humano, aquella que desprecia más e irónicamente está presente en la mayor parte de su vida, aquella parte que parece escapar a la ilusión del control que tanto le gusta; Big Mac desde luego era una de las personas que más gustaba de aquella ilusión; desde luego, comenzaba a perder lentamente el control de sus acciones, su mente no razonaba con claridad, la nublada percepción de la realidad que ahora tenía era tan sencilla que a duras penas lograba mantener pugna contra ella. Sin darse cuenta, sintiendo la adversidad de la lluvia en la obscuridad de la noche, ya se encontraba a mitad del camino hasta el hospital de la ciudad que por diferentes razones se hallaba en las afueras de la ciudad.

La velocidad que mantenía era sorprendente, pese a que el peso del agua se iba acumulando en su ropa que la absorbía, el movimiento constante que mantenía en su carrera al hospital lograba mantenerlo caliente, pero también lo ignoraba por completo; su mente tenía solamente un objetivo, un motivo por el cual pensar, preocuparse, y actuar: Rainbow Dash.

Sus sentimientos desbordaban ya su capacidad de control, en un santiamén un amor a punto de morir se hacía tan colosal, tan potente que el joven Apple apenas podía oponer resistencia; ignorando el resto de la realidad, como el hecho de que aquella adolescente de hermoso cabello tenía novio o que lo último que llegaría a pensar sería en él. Olvidando todo aquello, su mente así como su corazón encontraban cierta calma, cierto mundo habitable dentro del cual todo parecía estar en orden, bien… perfecto.

En menos de veinte minutos el de ojos verdes llegó al hospital, mil ideas diferentes cruzaron por su cabeza, muchas de las cuales tuvieron en común el hecho de ser como un golpe al hígado; pues si bien aquel pequeño olvido de la realidad estaba sucediendo lograba ser como leña para el fuego no pasaba mucho tiempo para que la grandiosa realidad aplastase aquellas ensoñaciones, esperanzas, visiones y demás artilugios que usaba para engañarse a sí mismo, para no sentir aquel dolor, aquella angustia por no estar en otra situación.

Lo que menos deseaba ser el joven Apple era ser un amante trágico, despreciaba la idea de serlo, despreciaba la idea de sufrir por un amor inalcanzable para él…

- Los horarios de visita terminaron hace mucho tiempo. – Anunció una de las recepcionistas del hospital.

Ignorando las palabras, la advertencia implícita en ellas y las reglas establecidas por el hospital, el mancebo comenzó a correr en dirección al pasillo que por casualidad estaba abandonado por el guardia de turno, el sonido de sus botas de trabajo con una combinación idónea de metal y goma resistente en la suela resonaba por todo el pasillo, dejando de lado los gritos de la recepcionista y también de los pasos del guardia que al parecer había tenido que dejar atrás su café, Big Mac avanzó hacia el ascensor, no sabía bien a dónde iba, hasta ese momento no había visitado el hospital y por tanto no sabía dónde se encontraba ella, incluso podría estar en otro hospital…

Al llegar a las puertas del ascensor, la puerta se abrió de par en par, mostrando a un doctor de aspecto serio y con una mirada llena de sorpresa en los ojos, a través de sus lentes; pero de inmediato cambió su expresión por una leve sonrisa.

- Buenas noches joven. – Dijo poco antes de cerrar las puertas poco antes de que el guardia llegase al lugar – Y ¿A quién visitamos esta noche? – Cuestionó con cierta curiosidad, pero con voz calmada.

- Rainbow Dash – Respondió el mancebo tratando de no sonrojarse ni de tener otra reacción, ¿Por qué trataba de ayudarle?

- Ya veo, fractura en el tobillo, a ver, pabellón b, piso dieciocho, habitación 3B pero procura ser rápido, los guardias te alcanzarán demasiado pronto.

Cuando el ascensor se abrió finalmente, el doctor se despidió con la mano, empujando al adolescente y cerrando nuevamente las puertas para bajar.

Sin preocuparse más por aquel sujeto, Big Mac observó el cartel colgado en la pared, "piso 18" poco después volteó la mirada a su derecha "pabellón B" de inmediato comenzó a correr en aquella dirección, el sonido de sus pasos, una mezcla entre ropa mojada y metal chocando con el piso típico de hospital, inundaron los pasillos hasta que finalmente llegó a la habitación 3B.

Al abrir la puerta se cuestionaba sí estaba loco, ¿quién en su sano juicio haría tantas tonterías en una sola noche? Respuesta, un tonto enamorado, pero ¿Qué le había visto? ¿Cuándo aquel sentimiento se había originado? La mente del adolescente comenzaba a ingresar nuevamente a los temas que por definición eran completamente inútiles para él, pues no poseían respuesta alguna. Hasta que pasó al interior de la habitación, cerrando la puerta con cuidado, sus cavilaciones comenzaban a recuperar el control de sus acciones.

En medio de aquella obscuridad, se encontraban cuatro camas, pero de entre todas, solo una poseía a un paciente, sus ojos se posaron inmediatamente en ella, se denotaban las juveniles curvas de Rainbow Dash, cubiertas por las sábanas blancas, su cabeza yacía de lado, observando el televisor, con el control aun en la mano. Sus pasos fueron lentos y lo más silenciosos posibles, ella se encontraba bien, el yeso de su pie libre de la protección de la sábana era un indicio claro de lo que le había sucedido, bueno, el doctor se lo había dicho. Cuando se acercó lo suficiente como para ver su rostro, su mente comenzó a dilucidar la respuesta que había dejado de buscar, pero lo hizo de forma rápida, un mero recuerdo del pasado, primero eran diversos colores… un peluche… el calor de mediodía…

El pasado era algo que a Big Mac no le gustaba tocar, el pasado era cruel, indiferente y cierto. Pero más que todo, doloroso, habían momentos de alegría que estaban plasmados en su corta memoria, pero también tenía momentos que suprimió durante todo el lapso de tiempo, como por ejemplo la muerte de sus padres; no lograba recordar absolutamente nada de aquella época, ni el rostro de su madre ni la voz de su padre… asimismo una larga época después de su muerte tuvo la misma suerte; pero en aquella época, existía un momento secreto íntimo y que estaba relacionado con los colores magenta, verde, amarillo, orado, azul… los mismos colores que el cabello de la de ojos violeta.

Con gran dificultad, el mancebo finalmente lograba encontrar aquel momento…

*** Flash back ***

El calor de la tarde no lograba mitigar el terrible frío que un niño de piel rojiza sentía, solo, caminando por el parque sus pasos lo guiaban a cualquier lugar que estuvieses lejos de su casa, lejos de la granja, lejos de su abuela, lejos de sus hermanas… lejos de cualquier cosa que le recordase a la familia, se sentía solo, abandonado. La tristeza lo embargaba constantemente, sus ojos cansados de llorar no veían realmente el parque al que había decidido fugarse durante toda la mañana. Solamente observaba a su madre y a su padre, Applejack seguramente estaba en su casa preguntando por él, no le importaba, ella todavía no comprendía bien lo que había sucedido, más el comprendía a la perfección lo que había pasado. Sus padres se habían ido para no volver jamás, solo, en medio de toda la confusión, en medio de un mundo cruel, sus pulsaciones se veían comprometidas con cada recuerdo, con cada lágrima que había derramado durante las últimas semanas.

Nadie nunca podría comprender aquel dolor a menos que lo sintiera. Mamá, papá los amo; aquella frase era ya tan inservible que el niño no lograba conciliar el sueño repitiéndola, aquel desgarrador soneto de palabras llenas de arrepentimiento, de palabras que pretendían cambiar la actitud de un niño malcriado, que en un arranque de furia dijo las palabras más dolorosas para unos padres fueron en vano. Ni todo el dinero del mundo, ni todo el poder podrían lograr que escuchasen sus palabras, las lágrimas inundaban nuevamente los ojos del niño que ahora se tendía sobre la base de un árbol, los había perdido para siempre…

Ciertamente, habían mil casos peores en cien países diferentes en ese mismo instante, habían mil personas, millones de animales sufriendo una agonía peor a la del niño de ojos verdes, pero aquello no quitaba el hecho de que Big Mac, con solo siete años de edad hubiese perdido a sus padres poco después de haberles dicho que los despreciaba.

No, ya no habrían abrazos cálidos de mamá, ya no habrían las lecciones de papá, aquel par de enamorados que estaban comprometidos con sus hijos había encontrado el final a una edad temprana.

Pero pronto, su mano derecha, que buscaba cualquier objeto para distraerse, palpó una superficie suave y blanda, entonces haló de ella para ponerla a disposición del infante, pero una fuerza en dirección contraria se lo impidió, al voltear la cabeza para observar mejor, se percató de la presencia de una niña de ojos violeta, de cabello multicolor con una mirada de pocos amigos.

- Hey, yo lo encontré primero. – Dijo la pequeña mientras forcejeaba para apoderarse del objeto, este resultó ser un peluche de un burro con botones en lugar de ojos, nada llamativo para la mayoría de los niños.

Le habían quitado a sus padres, ¿pero también le querían quitar algo tan simple como un peluche? Definitivamente no, el niño comenzó a halar de la muñeca y en vista de su fuerza superior, la pequeña de cinco años utilizó su puntapié para dar un golpe certero en la canilla a un desprevenido Big Mac que de inmediato soltó la muñeca, que quedó finalmente a disposición de la pequeña. Tan fácil era quitarle todo, tan débil resultaba ante la adversidad, para un niño de siete años, percatarse de aquellos hechos era mucho peor que golpearlo. Entonces, sin miramientos, los ojos verdes de Big Mac comenzaron a llenarse de lágrimas, sus sollozos no se hicieron esperar.

- No creas que me vas a convencer fingiendo que estás llorando. – Anunció la voz de la niña mientras segundo a segundo comenzaba a sentirse mal.

No pasó mucho tiempo hasta que la niña de piel cian se acercara para comprobar sus sospechas que de inmediato le hicieron sentirse la peor persona del mundo.

- Lo siento, no quería lastimarte. Perdóname. – Comenzó a decir mientras se agachaba para dar vuelta al niño de piel rojiza.

Los ojos de Big Mac se posaron en aquellos ojos apenados de color violeta, encontrando cierta calma en ellos. Sus sollozos se calmaron con el tiempo, no tardó mucho en limpiarse las lágrimas, su padre siempre le decía que los niños no debían llorar y ni siquiera eso podía lograr.

Arrepentida, la niña extendió el peluche para que Big Mac dejara de estar triste, pero su mirada continuaba perdida, el aspecto de tristeza era constante en su mirada.

- ¿Qué te pasa? – Preguntó la pequeña sin darse por vencida.

- No te importa. – Respondió de forma seca el niño, esperando que aquella niña se fuera.

- Claro que me importa, te di el peluche, pero sigues triste. – Enuncio la pequeña, con más energía todavía.

Por el aspecto de la niña, con una jardinera a medida, con una polera algo grande y con una mirada decidida, Big Mac simplemente se dejó caer nuevamente sobre el piso, escondiendo su rostro que continuaba con el llanto.

- Vamos, dime que te pasa, prometo no decírselo a nadie. – Continuó la pequeña que no conocía el significado de la palabra no. Provocando la furia del pequeño.

- Mis padres murieron. – Dijo finalmente con un tono de sequedad en su voz, a esas alturas ya nada importaba, incluso lo que fuera a decir la pequeña que sabía menos que él de cuestiones como aquellas.

- Vaya. – Fue toda la respuesta que obtuvo por parte de la niña, que se sentó a su lado.

Levantando su rostro, intrigado por la forma de actuar de su interlocutora, el pequeño de ojos verdes comenzó a percatarse de que aquel cabello tenía todos los colores del arcoíris, a él siempre le había gustado el arcoíris. Y por alguna razón estaba sentada junto con él, observándolo atentamente ¿Por qué? ¿Por qué se tomaba la molestia de ponerle atención cuando a nadie más parecía importarle sus sentimientos? Sin cuestionar nada más, aquella niña comenzó a hablar.

- Tal vez no sea lo mismo, pero mis padres no están conmigo todo el tiempo, siempre salen de viaje y me dejan con una niñera. – decía con cierta tranquilidad la pequeña, pero siendo los suficientemente cuidadosa al tocar el tema, cualidad que desde luego, se le perdería al pasar los años.

- No, no es lo mismo. – Advirtió de forma brusca el pequeño de piel rojiza que ya dejaba de llorar.

- Bueno, yo tampoco puedo abrazarlos o estar con ellos todo el tiempo, pero cuando no están siempre pienso que ellos desearían poder estar a mi lado, no es su culpa ni la mía y aunque a veces parezca que lo es, al final del día siempre me doy cuenta de que no es así. Las cosas simplemente y no puedes llorar todo el tiempo…

Palabras tan maduras, solamente podían ser mencionadas con franquezas similar por los niños y las niñas, aunque no supieran todas las consecuencias de las mismas. En aquel momento, esa simple frase, demasiado popular para los serios pensadores pero ciertas, lograban llegar al lugar más profundo de Big Mac, sus ojos verdes observaban con rotunda incredulidad a la niña menor que él y sin embargo, más fuerte que él.

- Vamos, hay una montaña que no puedo escalar sola y creo que con tu fuerza podré lograrlo. – La niña de hermoso cabello halaba fuertemente de la polera del muchacho.

El cuerpo del niño se dejó llevar por la pequeña hacia otra sección del parque, desde luego, aquella montaña se convertiría después en una mera pendiente llena de rocas para agarrarse, la memoria del mancebo develaba aquel día que fue igual al ojo de la tormenta, todo lo que había pasado hasta ese momento fue considerado como una consecuencia de sus actos, como si toda la culpa de perder a sus padres recayese sobre él, la soledad era tomada como su castigo, no fue sino hasta ese día que todo aquello comenzó a tomar un rumbo diferente, cambiando no solo su punto de vista, sino también la forma en la que llevaría su vida. Desde luego, fue uno entre muchos momentos, pero bien podría ser considerado el primero.

*** Fin del Flashback***

Al final de aquel día, se prometió volver al parque a ver a aquella niña de la que ni su nombre sabía, pues cuando se lo preguntó, esta no pudo decírselo porque su niñera la llevó inmediatamente, separando a ambos del juego más largo que había tenido en su infancia. Pero recordando todas las características de aquella niña, ahora sabía su nombre: Rainbow Dash. Lamentablemente aquella niña jamás volvió al parque y al año Big Mac ya se encontraba trabajando dentro de la granja, madurando, aprendiendo, creciendo, viviendo, viendo crecer a sus hermanas y envejecer a su abuela. El recuerdo era tan profundo y aclaraba las cosas de forma tan contundente que apenas se podía mantener parado.

Olvidar algo como aquello jamás se podría pensar, era un momento importante de su vida, un momento que era tan invaluable que recuperarlo del olvido fue como recibir uno de esos dulces de la infancia, aquellos que podían extender una sonrisa, procurar un buen comportamiento y desde luego, una visita al odontólogo.

Algún sueño tenía la de ojos violeta que le hizo esbozar una sonrisa, así como estaba, podía verla tan tranquila, tan pacífica, posiblemente aquella era la razón por la cual sentía algo tan fuerte ¿Ridículo? Quizás, pero era la realidad después de todo. Aquella niña se hallaba allí, durmiendo, los años probablemente la habían cambiado; pero, definitivamente para sus ojos no había muchacha más hermosa en aquellos momentos; observando atentamente aquel rostro que tenía, aun lleno de lodo seco y de tierra, seguía siendo igual; un impulso le obligó a acercarse y tocar su frente con sus labios.

- Gracias, Rainbow. – Dijo con una sonrisa mientras sentía cómo aquel sentimiento era finalmente aplacado y cómo desaparecía temporalmente.

Los guardias ya se encontraban cerca, desde luego, no opondría resistencia ante sus acciones, después de todo había roto las reglas y debía pagar por ello tarde o temprano.

Poco antes de salir por la puerta, los ojos de le adolescente, entre el sueño y la realidad se entreabrieron para ver la sombra que dibujaba la figura de Big Mac, mas este se combinó con el sueño que tenía… pero volvió a cerrarlos.

Al salir de la habitación, el joven Apple observó la figura de dos guardias que se acercaban a toda prisa, levantar las manos sería suficiente para dejar en claro que no opondría resistencia, pero debido a la inexperiencia por parte del guardia más joven, recibió el disparo de una pistola eléctrica que lo tumbo al piso de inmediato, sin embargo, si aquel era el precio por aclarar mejor su situación lo pagaba, no con gusto, pero lo pagaba.


NA: Nótese que dije pistola eléctrica, no pistola semiautomática nueve milímetros mata zombies…etc XD.

Debo decir que me centré en desarrollar un MacDash y ciertamente, no puedo evitar darle un poco más de atención, desde luego, el final sigue en incertidumbre; me encanta esta forma de escribir porque cada capítulo es una posibilidad para cambiar la trama, dar giros y todo eso; mas solamente puedo pensar en un capítulo a la vez y no en todo el fic, es limitante pero liberador para la inspiración, bueno, dejaré de alimentar mi ego, nos leemos pronto mis estimados y estimadas lectores/lectoras.