Ya saben, los personajes son míos solo en sueños porque en la realidad son de M. Kishimoto. Les aviso con muchísima tristeza, que entré a la universidad. Por lo que actualizaré los fines de semana. Eso sí sin falta, a no ser que tenga muchos exámenes.

Química Perfecta. Capítulo 7

Hinata

El sonido de la profunda respiración de mi hermana es lo primero que oigo al despertar. Anoche me acosté a su lado y la mire durante un rato mientras ella dormía antes de quedarme yo dormida también.

Cuando tenía 12 años y escuchaba los truenos de una tormenta salía corriendo con mi hermana. No para tranquilizarla, más bien era ella quien me daba paz. La tomaba de la mano y de algún modo mis miedos desaparecían.

Observo a mi hermanita durmiendo profundamente y no logro encontrar un motivo por el que mis padres quieran mandarla lejos. Hanabi es una parte de mí, y vivir sin ella me parece intolerable. A veces siento que estamos conectadas de una manera que nadie entiende. Incluso cuando mis padres tratan de adivinar qué piensa Hanabi yo ya lo sé.

- No permitiré que te alejen de mí – le digo en voz baja – Siempre te cuidaré –

Me levante de su cama. Es imposible mentirle, se dará cuenta de mi tristeza. De modo que me visto y me marcho antes de que despierte.

Ayer me confesé a Naruto y el mundo no exploto. En realidad me siento bastante mejor por contarle a alguien sobre mi hermana. Si lo he logrado con Naruto, quizás pueda con Ino y Matsuri.

Mientras espero en el coche frente a la casa de Ino, me pongo a divagar sobre mi vida. En estos momentos, nada va bien. Se suponía que este año sería genial, fácil y divertido. Hasta ahora no ha sido nada de eso. Kiba no deja de presionarme, un chico de una banda se ha convertido es algo más que un compañero de química y mis padres quieren llevarse lejos a mi hermana. ¿Qué más puede salir más?

Me doy cuenta de que algo se mueve en la ventana de la habitación de Ino, en el segundo piso. Primero un par de piernas, luego un trasero. ¡Es Sai intentando saltar el enrejado!

Sai debe haberme visto porque la cabeza de Ino se asoma por la ventana. Me hace gestos indicando que la espere.

El pie de Sai aún no ha tocado el enrejado. Ino lo coge de la mano para ayudar a que se equilibre. Al final consigue hacerlo pero se distrae y cae al suelo sacudiéndose. Aunque está bien, antes de salir corriendo le hace un gesto a Ino indicándole que no tiene nada roto.

Me pregunto si Kiba treparía enrejados por mí.

La puerta principal se abre tres minutos después, Ino aparece en bragas y camiseta de tirantes.

- Hinata ¿qué haces aquí? Son las siete de la mañana y no hay clase hoy –

- Lo sé, pero todo está fuera de control –

- Entra y hablamos – dice abriendo la puerta – Se me congelan las piernas –

Al entrar a su casa me quito los zapatos.

- ¿Tus padres? – pregunto.

- Se marcharon al gimnasio hace una hora –

- Entonces ¿por qué Sai salió por la ventana? –

Ino hace una mueca y sonríe – Ya sabes, mantener la emoción de la relación. A los chicos les encanta la aventura –

Sigo a mi amiga hasta su habitación. Está pintada de fucsia y con algunas flores pintadas en la pared. Me desplomo en el sofá mientras Ino llama a Matsuri.

- Matsuri, ven a mi casa. Hinata tiene una crisis –

Matsuri vive a dos casas, de modo que aparece en minutos en pijama y zapatillas.

- Bueno, empieza – me dice Ino una vez estamos las tres.

De repente, las dos me miran y empiezo a reconsiderar la idea de compartir aquello.

- En realidad no es nada –

Matsuri se pone recta.

- Me has sacado de la cama a las siete de la mañana, suéltalo –

- Sí – insiste Ino – Somos tus amigas. Si no puedes contarnos a nosotras ¿a quién podrás? –

A Naruto Uzumaki, pero no les diré eso.

- ¿Veamos una película, sí? – sugiere Ino

Matsuri hace un puchero – No puedo creer que me hayan despertado por una falsa crisis y para ver películas. En serio, tiene que pensar mejor las cosas. Lo mínimo que pueden hacer es compartir un buen cotilleo conmigo –

Ino nos lleva al salón y las tres nos sentamos sobre los cojines.

- He oído que el martes vieron a Tayuya besándose con alguien en el cuarto de vigilantes –

- Eso no es novedad – dice Matsuri.

- Fue con Kimimaro, uno de los vigilantes –

- Bueno, eso sí que es un buen cotilleo -

¿Sucederá lo mismo si comparto mis penas? ¿Acabaré transformándolas en un cotilleo del que todos pueden reírse?

Después de pasar horas en el salón de Ino, viendo películas, comiendo palomitas y helado, me siento mucho mejor. Me siento optimista y siento que todo es posible. Lo que me hace pensar en…

- ¿Qué piensan de Naruto Uzumaki? – les pregunto.

- ¿A qué te refieres con "qué piensan"? pregunta Ino metiéndose una palomita a la boca.

- No sé – contesto, no quiero darle muchas vueltas a la intensa e innegable atracción que existe entre nosotros – Es mi compañero de laboratorio –

- ¿Y…? – insiste Ino, como si no supiera a donde quiero llegar.

Cojo el mando y detengo la película – Es guapo. Admítelo –

- Puaj, Hinata – dice Matsuri, haciendo gestos de querer vomitar.

- Vale, es lindo. Pero no saldría con él. Ya sabes un pandillero – dice Ino.

- La mitad del tiempo viene a clase drogado – interviene Matsuri.

- Matsuri, me siento a su lado siempre y nunca lo he visto drogado –

- ¿Estás loca Hinata? Naruto consume antes de venir al instituto y en el baño cuando sale de las clases. Y no hablo de marihuana sino de cosas más fuertes – dice Matsuri como si fuera un hecho.

- ¿Tu lo has visto? – pregunto, la estoy desafiando.

- Hinata, no tengo que estar en una habitación con él para saber que se droga. Naruto es peligroso. Además, las chicas como nosotras no andan con los Akatsuki –

- Lo sé – admito, recostándome en el sofá.

- Kiba te quiere – dice Ino, cambiando el tema.

Tengo la sensación de que el amor es algo que se aleja bastante de lo que Kiba me demostró en la playa, pero ni siquiera quiero hablar de ello.

Mi madre intento hablar conmigo tres veces. Primero a través del celular, y luego al ver que lo apague llamo a casa de Ino.

- Tu madre dice que si no hablas con ella vendrá a buscarte – me advierte Ino con el teléfono en sus manos.

- Me iré si lo hace –

- Matsuri y yo te daremos algo de intimidad. No sé qué sucede, pero debes hablar con tu madre – dice Ino pasándome el teléfono y rogándome con la mirada en silencio.

Lo tomo y me pongo el auricular en el oído – Hola mamá –

- Hinata. Escucha, sé que estás enfadada. Anoche tomamos una decisión respecto a Hanabi. Sé que es muy duro para ti, pero… tu hermana últimamente está demasiado agresiva –

- Tiene 10 años mamá y se enoja cuando la gente no la entiende ¿no crees que es normal? –

- El año que viene irás a la universidad. No es justo retener a Hanabi en casa más tiempo. Deja de ser egoísta –

Ahora es mi culpa que se la lleven, porque iré a la universidad.

- Van a seguir con esto aunque yo me oponga ¿verdad? –

- Ya está decidido –

Naruto

Cuando llega el viernes y Hinata entra en la clase de la señorita Yuhi, todavía estoy pensando en el modo de devolvérsela por haberme tirado las llaves en los arbustos el fin de semana. Tardé 45 minutos en encontrarlas y no paré de maldecirla durante toda mi búsqueda. Sí, yo empecé todo. También tengo que darle las gracias porque hablar de la muerte de mi abuelo me dio un impulso, llame a los miembros más antiguos para preguntar quién podía odiarlo tanto.

Hinata lleva toda la semana muy desconfiada. Está esperando una broma de mi parte, una venganza. Después de clase cuando estoy frente a mi casillero, se acerca a mí en su uniforme de animadora que la hace ver tan jodidamente sexy y está enojada, muy enojada.

- Sígueme – me dice.

Tengo dos opciones: seguirla o marcharme del instituto. Cojo los libros y la sigo hasta el gimnasio. Me muestra su llavero sin llaves.

- Mis llaves han desaparecido por arte de magia ¿tienes alguna idea de esto? – pregunta – Llegaré tarde al partido y la señorita Anko me echará a patadas del equipo –

- Tus llaves – me llevo la mano a la barbilla – Sí… sí recuerdo. Creo que se me cayeron por ahí – me mira incrédula – Deberías comprar un bolso con cremallera. No sabes cuándo alguien podrá meter la mano y quitarte algo –

- Me alegra descubrir que eres un cleptómano – se ríe un poco - ¿No me darás una pista? –

Me apoyo contra la pared, pensando qué pensaría la gente si nos encuentra solos aquí.

- En un lugar mojado. Muy, muy mojado – digo dándole la pista.

- La piscina – responde.

- Creativo ¿verdad? – digo asintiendo con la cabeza.

Ella me empuja delicadamente.

- Ve por ellas –

Si no la conociera, diría que intenta coquetearme. Me gusta este jueguito.

- A estas alturas deberías conocerme mejor. Yo no te pedí ayuda cuando me dejaste tirado en el parqueadero, debes encontrarlas sola –

Hinata ladea la cabeza y me hace un puchero. No debería concentrarme tanto en sus labios, es peligroso. Pero no puedo evitarlo.

- Dime dónde están, por favor –

La dejo en ascuas un minuto antes de darme por vencida. Ahora mismo el instituto está casi vacío. Todos están de camino al partido de fútbol o en casa, disfrutando.

Caminamos hasta la piscina, las luces están apagadas pero aún está iluminada por los rayos de sol que entran por las ventanas. Las llaves de Hinata están justo donde las lance, en la mitad en la zona más profunda. Señalo el punto brillante bajo el agua.

- Ahí están. Ve por ellas –

Hinata se queda inmóvil, con las manos sobre su falda corta, pensando cómo tomarlas. Se acerca al largo palo que cuelga en la pared que se utiliza para sacar cosas de la piscina.

- Muy fácil – dice.

Pero cuando introduce el palo en el agua, se da cuenta que no es tan sencillo como parece. Reprimo una carcajada mientras la veo intentar lo imposible.

- Puedes quitarte la ropa y lanzarte desnuda. Yo avisaré si alguien viene –

- Y eso te haría tan feliz ¿verdad? –

- Pues claro – admito, aunque no hace falta que lo haga – Aunque si tienes calzones de abuelita, no será nada excitante –

Ella me mira – Son de seda rosa – baja la cabeza, aquello lo contesto solo por defenderse – Y ya que quieres compartir información tan personal, ¿tú llevas bóxer o pantaloncillos cortos? –

- Ninguno de los dos. Llevo los chicos al aire – en realidad, no los llevo al aire, pero eso tendrá que averiguarlo.

- Eso es asqueroso – dice girándose.

- No lo digas hasta que no lo pruebes – sugiero caminando hacia la puerta.

- ¿Te vas? –

Miro la puerta y luego a ella – Pues… sí –

- ¿No me vas a ayudar? –

- Pues… no –

Si me quedo, me veré tentado a pedirle que se quede conmigo y se olvide del partido. No estoy preparado para que me rechace. Jugar con ella no me hace ningún daño. Demostrarle quién soy en realidad como el otro día me hizo bajar la guardia y no quiero hacerlo de nuevo. Abro la puerta de un empujón después de mirarla por última vez, me pregunto si dejarla allí sola me convierte en un idiota, un hijo de puta, o un cobarde o todo a la vez.

Una vez en casa, lejos de Hinata y de las llaves de su coche, busco a mi primo, me prometí que hablaría con el esta semana y ya lo he retrasado mucho. Antes de que pueda evitarlo, habrá entrado en la banda y recibirá una paliza como iniciación, tal como me ocurrió a mí.

Encuentro a Konohamaru en la habitación, intentando ocultar algo bajo la cama.

- ¿Qué es eso? – pregunto.

- Nada – contesta, luego se sienta sobre la cama.

- No me digas que no es nada Konohamaru – grito, apartándolo de un empujón y mirando bajo la cama. Encuentro una reluciente pistola. La cojo y la sujeto en una mano – ¿De dónde la sacaste? –

- No es tu asunto –

Por primera vez en mi vida quiero asustar a Konohamaru de muerte. Ponerle el arma en la cabeza y mostrarle lo que debemos enfrentar los miembros de la banda, siempre inseguro, sin saber si será tu último día.

- Soy tu primo y soy mayor, además estás en mi casa –

Vuelvo a mirar el arma. Por el peso asumo que está cargada. Mierda, si esto se dispara accidentalmente, cualquiera podría acabar muerto.

Konohamaru intenta pararse pero lo obligo a sentarse de nuevo.

- Tu vas por ahí armado – protesta - ¿Qué tiene que lo haga yo? –

- Ya sabes por qué. Yo soy miembro de una banda. Tu no, debes estudiar, ir a la universidad y tener una vida normal –

- Crees que puedes planificar mi vida ¿no? – suelta Konohamaru – Yo también tengo planes –

- Pues mejor que no incluyan a los Akatsuki –

Konohamaru guarda silencio. Siento que lo he perdido. Se me tensan todos los músculos. Puedo evitar que entre a los Akatsuki solo si me deja ayudarlo. Miro la fotografía de Moegi encima de la cama donde duerme. La conoció este verano, cuando fuimos a ver el espectáculo de fuegos artificiales, su familia vive en un barrio cerca a la casa de Hinata. Desde que la conoció se ha obsesionado con ella. Hablan por teléfono cada noche. Es inteligente, bonita y cuando Konohamaru trato de presentarnos, nada más ver mi bandana hizo que su rostro se transformara como si yo fuera a dispararle ahí mismo.

- ¿Crees que Moegi querrá salir contigo si te vuelves un pandillero? – le pregunto.

No hay respuesta, una buena señal. Está reflexionando.

- Te dejará de hablar y pronto no sabrás nada de ella –

Konohamaru mira la foto colgada en la pared.

- Pregúntale a qué universidad irá. Estoy seguro que ya ha pensado en eso y deberías hacer lo mismo –

Mi primo me mira. En su interior intenta elegir entre lo que parece más fácil (ser pandillero) y las cosas que de veras valen la pena (Moegi).

- Búscate nuevos amigos, entra en el equipo de futbol de instituto o algo así. Compórtate como un chico normal, yo me ocupo del resto –

Me meto la pistola en el pantalón y salgo de casa, directo al almacén.

Hinata

Llegué tarde al partido. Después de que Naruto se marchará no pude hacer más que lanzarme en ropa interior y saltar a la piscina por mis llaves. Además, recibí un buen sermón de la señorita Anko.

Me dijo que debería sentirme agradecida porque aún puedo estar en el equipo.

Después del partido me tumbe en el sofá con mi hermana. Mi cabello aún apesta a cloro, pero estoy demasiado cansada para ponerle atención a eso. Vemos un reality show y siento cómo mis ojos se quieren cerrar.

- Hinata despierta. Kiba está aquí – dice mi madre zarandeándome.

Levanto la cabeza y veo a Kiba frente a mí. Me ofrece la mano y pregunta - ¿Ya estás lista? –

Maldición, me he olvidado de la fiesta de Sai aunque está planeada hace muchos meses. Sinceramente, no quiero ir.

- Quedémonos en casa –

- ¿Bromeas no? Todos esperan que vayamos. No podemos perdernos la fiesta del año – dice mientras examina mi ropa, una sudadera y una camiseta ancha, lo ideal para quedarme en casa – Te esperaré mientras te vistes. Apresúrate – me mira de nuevo – Ponte el vestido negro que tanto me gusta –

Me arrastro hasta el armario para cambiarme. Veo en una de las esquinas, perfectamente doblada la bandana de Naruto. Anoche la lavé, la tomo y la acerco a mi nariz, queriendo sentir el olor de su dueño, pero solo apesta a detergente. Que decepción. Ahora mismo no quiero ponerme a divagar sobre mis sentimientos, especialmente porque Kiba me espera abajo.

Tardo un poco poniéndome el vestido, si a ese corto pedazo de tela puede considerarse uno, arreglándome el cabello y maquillándome. Espero que Kiba no se enoje por mi demora. Compruebo mi imagen en el espejo, debo estar perfecta si no quiero que mi madre mi deje por el suelo frente a Kiba.

Cuando bajo, Kiba está sentado en el borde del sofá, ignorando olímpicamente a Hanabi, creo que lo pone nervioso.

La inspectora que tengo por madre se me acerca y toma un mechón de mi cabello.

- ¿Te has puesto acondicionador? –

¿Antes o después de darme un chapuzón en la piscina?

- Mamá, por favor – le imploro apartando su mano.

- Estás increíble – dice Kiba acercándose.

Afortunadamente mi madre se retira. Es obvio que le agrada la aprobación de Kiba.

En el trayecto a casa de Sai, observo al que ha sido mi novio los últimos 5 meses. La primera vez que nos besamos fue de hecho en casa de Sai, jugando a la botella. Nos besamos por cinco minutos, sí… Ino lo cronometró. Desde allí hemos sido pareja.

- ¿Por qué me miras así? – pregunta mirándome.

- Recordaba la primera vez que nos besamos –

- Fue en casa de Sai. Menudo espectáculo. Todos quedaron con la boca abierta –

Sonreí.

- Somos la pareja dorada – dice doblando, al frente se ve la casa de Sai - ¡Que empiece la fiesta! ¡Ha llegado la pareja dorada! – grita Kiba cuando entramos a la casa.

Él se va con los chicos mientras yo busco a Ino. La encuentro en el salón. Mi mejor amiga me da un abrazo y me siento junto a ella en el sofá, a su lado. Hay un grupo de chicas que están en las animadoras, entre ellas, Karin.

- Bien, ya que está Hinata ¡Que empiece el juego! – dice Ino.

- ¿A quién te gustaría besar? – pregunta Temari – Empezamos por algo sencillo ¿Dogo o caniche? –

Ino se recuesta en el sofá.

- ¿Comparan a los chicos con perros? –

- Sí –

- Bien – dice Ino – Los caniches son tiernos y mimosos, pero los dogos son más masculinos y tienen esa mirada imponente. Un caniche no puede con un dogo, yo digo dogo, ¿tu Hinata? –

- Dogo – digo igual que ella. Aunque para ser sincera lo dije porque sí.

- Puaj, caniche sin dudarlo – dice Karin – Los dogos tienen ese hocico hacia fuera y están siempre babeando. No apetece nada besarlos –

- No lo haremos idiota – dice Ino.

- Yo tengo una pregunta – dice Matsuri - ¿El entrenador Kakashi o el profesor Asuma de matemáticas? –

- ¡Kakashi! – exclaman todas al unísono.

- Está tan bueno – dice Tayuya.

- Siento aguarles la fiesta, pero está felizmente casado – dice Ino.

- ¿Eso es un problema? – dice Matsuri sonriendo.

- Yo tengo otra – dice Karin - ¿Kiba Inuzuka o Naruto Uzumaki? –

Todas me miran. Entonces Ino me codea indicando que no estamos solas. Debe ser Kiba, ¿por qué Karin me la ha jugado así? –

Todos están mirando a Kiba, que está de pie detrás de mí.

- Ups. Lo siento – dice Karin.

- Todos saben que Hinata elegiría a Kiba – interviene Ino.

- ¿Por qué has hecho eso Karin? – pregunta Matsuri.

- ¿Qué? Es solo un juego –

- Sí, pero nosotras jugamos uno muy diferente al tuyo –

Kiba se aleja hacia el patio. Le agradezco con la mirada a Matsuri por regañarla o corro tras él.

Lo encuentro en las sillas de la piscina.

- ¿Por qué demonios dudaste cuando Karin te pregunto? – grita – Me has puesto en ridículo –

- No es que yo esté muy contenta con Karin –

Kiba suelta una carcajada falsa - ¿No lo entiendes? No es culpa de Karin –

- ¿Crees que es mi culpa? Yo no pedí a Naruto de compañero –

- Tampoco te quejaste –

- ¿Quieres pelear Kiba? –

- Puede que sí, al menos así actuarías como una novia –

- ¿Cómo puedes decir eso? Yo te lleve al hospital cuando te torciste la muñeca, salgo corriendo al campo cada vez que termina un juego, hayas ganado o perdido, te visite cada vez que enfermaste. No ha ocurrido nada con Naruto, soy inocente –

- Eso fue hace tiempo – dice Kiba tomándome de la mano y llevándome a la casa – Quiero que me demuestres ese amor, ahora –

Entramos en la habitación de Sai y Kiba me obliga a tumbarme en la cama con él.

Lo aparto cuando me toca el cuello con la punta de la nariz.

- Deja de comportarte como si te obligara – masculla Kiba. La cama cruje por nuestro peso – Desde que empezó el instituto actúas como una verdadera mojigata –

- No quiero una relación que se base solo en sexo. Es decir… nunca hablamos – digo sentándome sobre la cama.

- Bien, hablemos – dice mientras una de sus manos trata de llegar a mi pecho. La detengo.

- Tú primero. Di algo y luego hablaré yo –

- Es lo más estúpido que he oído nunca. No tengo nada que decir Hinata. Si tienes algo en mente, anda, dilo –

Respiro profundamente, castigándome a mí misma por sentirme más a gusto con Naruto que en aquella cama con Kiba. No puedo dejar que esta relación termine. Mi madre se pondría histérica, mis amigas igual… mi mundo acabaría.

Kiba tira de mí para que me tire a su lado. Supongo que un "me da miedo tener relaciones sexuales" no le importará. Pero, después de todo él también es virgen. La mayoría de nuestros amigos lo han hecho. Tal vez eso es lo que hace que me sienta como una estúpida y mi interés por Naruto se haya convertido en una excusa para no acostarme con Kiba.

Sus brazos me rodean la cintura. ¿Por qué echarlo todo a perder por una atracción hacia alguien al que ni siquiera debería dirigirle la palabra?

Cuando sus labios están a escasos centímetros de los míos, reparo en algo que me deja helada. Una fotografía sobre la mesa de noche de Sai, Kiba y él en la playa ese verano.

Hay dos chicas con ellos, y Kiba rodea cariñosamente con los brazos a una bonita chica de cabello rojo. Sonríen de oreja a oreja, como si tuvieran un secreto que compartir.

- ¿Qué es eso? – pregunto, señalando la fotografía e intentando sonar normal.

- Un par de chicas que conocimos en la plata – dice él recostándose de nuevo en la cama.

- ¿Cómo se llama ella? – pregunto por la chica en sus brazos.

- No lo sé, creo que se llama Fuka, algo así –

- Parecen una pareja –

- Eso es ridículo. Ven aquí – me ordena, se levanta impidiendo que yo vea la fotografía – Tu eres la única que deseo ahora, Hinata - ¿qué quiere decir con ahora? ¿Es decir que este verano deseo a Fuka y ahora me desea a mí? ¿Estoy analizando demasiado sus palabras? Antes de que lo note, mi vestido ha bajado y mi sujetador igual. Intento concentrarme y convencerme de que mis dudas son solo el producto de los nervios.

- ¿Pusiste seguro en la puerta? – pregunto tratando de calmarme.

- Sí – responde él. Al sentir sus manos en mi cuerpo, tiemblo, no es placer. Esto no es como esperaba. Kiba se levanta y baja sus pantalones hasta la rodilla.

- Probemos algo nuevo –

Antes de cualquier cosa la puerta se abre, por instinto me cubro los pechos. La cabeza de Sai se asoma.

- ¿Dónde demonios hay una cámara cuando la necesitas? –

- ¡Pensaba que habías cerrado la puerta! – le grito a Kiba mientras trato de cubrirme aún más.

- Mierda Sai, déjanos algo de intimidad ¿sí? – me mira – Deja de actuar como una histérica –

- Esta es mi habitación – dice recostándose en el marco de la puerta, enarca una ceja y añade – Hinata, sé sincera ¿son naturales? –

- Cerdo – le digo apartándome de Kiba.

Mi novio trata de cogerme cuando bajo de la cama.

- Vuelve aquí Hinata. Lamento no haber echado el cerrojo. Me deje llevar –

El problema no es solo eso. Me llamo histérica sin pensárselo dos veces, no le ha dicho nada a Sai por su comentario.

- Bien, ahora soy yo la que me dejo llevar y se marcha –

A la una de la mañana estoy en mi habitación, mirando el celular. Kiba me ha llamado 36 veces y ha dejado 10 mensajes. Desde que Ino me acompaño a casa me he dedicado a ignorarlo. En parte porque debo dejar que se me pase el enojo.

El teléfono suena de nuevo y mi pulso ya está normal. Finalmente respondo.

- Deja de llamarme – le digo.

- Escúchame y dejaré de hacerlo – se oye arrepentido.

- Habla –

Aspira profundamente – Lo siento. Siento no haber puesto el cerrojo. Siento haber querido tener relaciones sexuales. Siento que uno de mis amigos haga bromas que no tiene ni pizca de gracia. Siento mucho no soportar verte al lado de Uzumaki en clase de química. Siento haber cambiado este verano –

No sé qué decirle. Kiba ha cambiado, pero ¿también lo he hecho yo? ¿O soy la misma que lo despidió antes de que se marchara de vacaciones? No lo sé.

- No me gusta estar peleados –

- A mi tampoco. ¿Puedes solo olvidar esta noche? Te compensaré es una promesa. ¿Recuerdas el brazalete que te regale en nuestra última cita antes de vacaciones? –

Sí, lo recuerdo. No lo hubiera aceptado a no ser que me lo entregó frente a mi madre que me rogaba con la mirada que lo tomara, para mí era demasiado caro.

- Sí, lo recuerdo –

- Te compraré los pendientes que hacen juego –

No tengo el valor para decirle que no quiero unos malditos pendientes, no quiero que me dé unos pendientes que me recuerden esta noche. Reúno fuerzas.

- No quiero los pendientes –

- Entonces ¿qué quieres? Dímelo –

Tardo un rato en contestar.

- Ahora mismo no sé qué quiero –

- ¿Me darás una pista cuando lo sepas?-

Claro, si es que llego a descubrirlo.

Naruto

El lunes intento no darle demasiada importancia a las ganas que tengo de entrar a clase de química. Obviamente no por la señorita Yuhi, si no por Hinata, quien por cierto llega tarde.

- Hola – la saludo.

- Hola – responde ella.

Ni rastro de una sonrisa, ni brillo en sus ojos. Definitivamente algo la atormenta.

- De acuerdo chicos – habla la señorita Yuhi – Veamos cuánto han estudiado –

Mientras maldigo a la señora Yuhi en silencio por no organizar un día de laboratorio donde Hinata y yo podamos hablar, miro a mi compañera. No ha despegado la vista del suelo.

He estudiado algo. Así que al leer el examen no se me ha hecho tan imposible.

Resuelvo el primer problema y veo a Hinata. Está mirando la hoja del examen, sin verla realmente.

Cuando nota que la observo dice - ¿Qué? –

- Nada –

La señorita Yuhi nos mira. Respiro y de nuevo me concentro en el examen. ¿Por qué actúa de ese modo? ¿Por qué de la nada se vuelve tan fría conmigo? ¿Qué le pasa?

Pronto la música empieza a sonar, avisando que el tiempo terminó. Su hoja está en blanco. Aún así la entrega. Observo el cabello negro azul de Hinata balanceándose menos que de costumbre mientras sale de clase, sola, sin su novio.

- Hola Naruto –

Es Sakura. Está esperándome frente a mi casillero.

- ¿Qué pasa? –

Mi ex novia se acerca, dejando ver el escote de su camiseta.

- Iremos a la playa después de clase ¿vienes? –

- Tengo que trabajar – replico – Quizás aparezca más tarde –

Pienso en todo lo ocurrido hace dos fines de semana, cuando fui a casa de Hinata y tuve que ver el espectáculo de su madre con aires de superioridad. Fue todo un choque.

Emborracharme para olvidar mi dañado ego fue una idea estúpida. Quería estar con Hinata, pasar el rato con ella. No solo estudiando, quería averiguar qué había tras esos ojos plateados y esa cabellera negro azul.

De Sakura poco recuerdo, la veo en el lago, rodeándome con sus brazos. Sentada sobre mi junto al fuego fumando. Yo, drogado, borracho… hubiera dejado que cualquier chica me consolara.

Sakura estaba ahí deseándolo y le debo una disculpa, aunque ella me provocó, yo mordí el anzuelo. Tengo que aclararle las cosas.

Después de clase veo una multitud alrededor de mi moto. Mierda, si algo le pasa juro que le partiré la cara a alguien. No tengo que abrirme paso, a medida que avanzo la gente me hace un camino.

Todos me miran mientras contemplo con la boca abierta el acto de vandalismo que ha sufrido mi moto. Están esperando que entre en cólera. Después de todo ¿quién se atrevería a pegar un timbre rosa al manillar y enrollar serpentinas de color chillón en las empuñaduras? Alguien va a tener problemas.

Como Hinata, por ejemplo. Miro a mi alrededor no la veo cerca.

- No he sido yo – dice Shikamaru.

Todos murmuran que tampoco han sido ellos. Luego se ponen a cuchichear sobre los posibles responsables.

- Kiba Inuzuka, Sai… -

Pero yo no estoy escuchando, sé perfectamente quién es la culpable. Mi compañera de química, quien hoy me ha ignorado como nunca.

Arranco la serpentina y el timbre de plástico rosa. Me pregunto si será de alguna de sus bicis.

- Quítense – ordeno.

Todos se dispersan, creyendo que estoy reventando de ira. A veces ser el tipo duro tiene ventajas. ¿La verdad? Utilizaré el timbre y la serpentina como una excusa para hablar hoy con Hinata.

Después de la jornada de clase, voy al campo donde están las animadoras.

- ¿Buscas a alguien? –

Cuando me vuelvo, me encuentro con Karin.

- ¿Hinata está por aquí? – pregunto.

- No –

- ¿Sabes dónde está? –

¿Naruto Uzumaki interesado en el paradero de Hinata Hyuga? Espero que me responda que no es mi asunto. O que la deje en paz. Pero en lugar de eso me contesta.

- Se ha ido a casa –

Murmuro un gracias y regreso a mi moto mientras marco el número de mi primo.

- Deidara –

- Soy Naruto, llegaré tarde –

- ¿Castigado de nuevo? –

- No, nada de eso –

- Bien, cuando vengas te espera el auto de Zetsu, le dije que podía pasarse a las siete y ya sabes cómo se pone cuando no cumples con una promesa –

- No te preocupes – respondo mientras pienso el puesto que ocupa Zetsu en la pandilla.

Es el típico tipo al que no quieres enfadar. El tipo tiene una personalidad algo más que volátil – Allí estaré –

Diez minutos más tarde, llamo a la puerta de los Hyuga con el timbre rosa y la serpentina en la mano, intentando adoptar una postura de tipo duro.

Cuando Hinata abre la puerta con una camiseta holgada y unos pantalones cortos, me derrumbo.

- Naruto, ¿qué haces aquí? – me pregunta con sus ojos plateados abiertos de par en par.

Le entrego el timbre y la serpentina.

- Viniste solo por una broma, increíble – dice.

- Tenemos que hablar –

Ella traga saliva, está nerviosa.

- Ahora no me siento bien, hablemos en el instituto – intenta cerrar la puerta.

Mierda, no puedo creer que vaya a hacer esto, como los acosadores de las películas abro la puerta de un empujón.

- Naruto no –

- Déjame entrar, solo será un minuto, por favor –

Hinata niega con la cabeza.

- A mis padres no les gusta que invite gente a casa –

- ¿Están aquí? –

- No – suspira y luego abre la puerta algo indecisa.

Me cuelo dentro. La casa es incluso más grande de lo que aparenta. Las paredes son blancas, como un hospital. Apuesto a que no encontraré ni una pizca de polvo.

Hinata tenía razón, no pinto nada aquí. No me importa, aunque no pertenezca a este lugar, ella está aquí, donde quiero que esté.

- Bueno ¿de qué querías hablar? – pregunta.

Ojalá sus largas y esbeltas piernas no destacaran tanto con esos pantalones cortos. Son una distracción demasiado tentadora. Aparto la mirada e intento controlarme con todas mis fuerzas. ¿Y qué si tiene unas piernas sexys? ¿Qué más da que tenga ojos como dos perlas preciosas? ¿Qué pasa si puede aguantar una broma y devolverla aún con más arte? ¿A quién pretendo engañar? No tengo excusa para estar aquí más que el deseo de estar a su lado. A la mierda la puta apuesta.

Quiero descubrir cómo puedo hacerla reír. Quiero saber cómo hacerla llorar. Quiero saber lo que se siente que me mire como si fuera su caballero de brillante armadura.

- Hinata – resuena una voz distante.

- Espera – me ordena antes de salir corriendo por el pasillo – Ya vuelvo –

No voy a quedarme aquí como un tonto. La sigo, sabiendo que estoy a punto de entrar en su mundo privado.

Continuará…