Una vez dije que acabaría esta historia y, aunque era una niña en ese entonces, creo que nunca debo faltar a mi palabra. Gracias a los que esperaron. En serio. Gracias

Chapter 7: De tratos y oscuridad

En el infierno no hay lunas, no hay estrellas lejanas, todo es oscuridad. Las celdas están cerradas, los habitantes duermen; otros simulan hacerlo para no pensar. Nadie habla, hay silencio, y como si se tratara de alguna regla no escrita, todos obedecen al silencio. Un recordatorio, la muerte, encerrados eternamente, pagando. Porque no dejan de pensar en todo lo que hicieron en vida, porque es una meditación eterna, un castigo sutil; y bastante sublime.

El infierno es oscuro, el infierno no arde, todo es una mentira, el infierno es sabio y más frío que el día más gélido. Y cuando abrió los ojos, cuando despertó en aquella pequeña cueva, y sintió a Freezer acurrucado a su pecho, porque… joder, sabía que era él al sentir la gran diferencia de tamaño, cuando lo sintió allí… Cell halló la calidez por primera vez desde su llegada.

No gritó, no lo empujó, no armó un escándalo. Se mantuvo callado, mirando en la oscuridad a donde sabía que estaba su amigo, respetando el silencio del infierno por ese instante.

Cell no tenía sueño y aún no amanecía, sonrió ligeramente al notar la cola del otro oprimiendo una de sus piernas, le pareció lindo. Aún no creía como es que había encontrado la compañía perfecta para dejar de aburrirse en ese lugar.

Una pena que fuera a ser desposado por algún estúpido.

O por ese idiota de Mascarita.

Alzó una de sus manos en el aire, sosteniendo el aire, observando sin observar, porque el infierno era oscuro.

–Lo matarás, Freezer, aunque se arme un escándalo por ello, o si tu padre o hermano se fastidian contigo, lo matarás. Matarás al bastardo que quiera acostarse contigo, porque tú no eres estúpido y no tienes porqué casarte. Y esta vez, no habrá infierno al que ir.

Susurró, siguió mirando su mano sin verla.

Pero no quería aburrise.

–Freezer, despierta, Freezer… oh, qué nombre, si eres bastante cálido– bajó su mano y le dio leves empujones para despertarle–…oh, demonios, Freezer, despierta

Feezer parpadeó desorbitado; Cell sonrió satisfecho. El pequeñajo se removió con somnolencia, se incorporó hasta terminar sentado. Miro al otro con sueño y una mueca de fastidio. Aunque ninguno podía ver las muecas del otro por la oscuridad. Qué lamentable.

– ¿Qué demonios se te ofrece, Cell?

–Nada en especial… –cerró los ojos

La tierra se sentía suave, nada incómoda; no había brisa. Porque el infierno solo es un lugar de pensamiento, no es tosco. Porque ese pequeño bosque quizás fue echo para ocultarse y entender la suavidad de la reflexión.

–Esto no es una comedia, Freezer, no es una historia feliz. Estamos en el infierno

–Lo sé

Freezer se volvió a recostar, confundido y con despojos de sueño.

–Tu padre no quiere que contraigas nupcias así por así, tu hermano no amenaza por capricho, Mascarita no se te insinúa porque sí, el infierno no es una comedia. Todo tiene una razón, ven, está oscuro. Es el momento perfecto para hablar de está tontería

–– ¿Por qué tanta seriedad de pronto?

–Me acabo de despertar en medio de la oscuridad, no estoy en mi celda, estoy contigo a solas y noto que esto del torneo te fastidia tanto a mí como a ti. Y se me ha ocurrido que podemos matar el rato hablando de ello… además, sé algo

– ¿Algo?

–Coller me dijo que me alejara de ti.

Freezer hizo un sonido de afirmación, no le sorprendía. Cell dudo sobre si contarle más, sobre compartir los pensamientos que tenía al respecto, pero decidió que al final Freezer era el único amigo que tenía y, por consiguiente, se lo diría.

– ¿Recuerdas tu primera cita con Mascarita? Coller te estaba espiando, no creo que lo hayas notado, uh, me pareció extraño, así que me acerqué… le hablé, me dijo que me largará, no eran mis asuntos.

El infierno no hace sufrir, porque la atención de Freezer era envolvente, suave, Cell cantaría esa noche, porque la atención de Freezer… ahh, era el momento. En infierno te hace encontrarte, porque las manos de Freezer se volvían puños y oían inverosímiles. El infierno es como la Tierra de cierta forma, porque aún tienes dudas y hay secretos.

La tierra del infierno es igual a la de la Tierra.

O eso creía Cell.

–También vi que Mascarita te noqueaba, es fuerte… lo es, nunca oí hablar de él, pero no creo que puedas matarlo…

Y Freezer atendía, respetaba el silencio.

No hay comedias.

–Freezer, no sé qué suponga esto, pero creo que tu hermano y Mascarita se conocen bastante bien.

Jamás.

–Esto no es un simple torneo, ¿por qué de la nada tu padre organiza un torneo? ¿Por qué muestran interés en ti de pronto?... Absurdo, es absurdo. ¿No lo crees?

Freezer asintió.

–Sé que apenas te conozco, soy nuevo aquí, pero siento que me agradas, todos aquí son una sarta de estupidez… demonios, no quiero que el único que me resulta interesante aquí se quede amarrado a alguien por ese torneo… quizás, como te digo, gane Mascarita y no puedas matarlo. Soy Cell, joder, soy perfecto y aun así he muerto, no sé qué creer… puedo apoyarte, jamás he apoyado a alguien pero me conviene que…

Eso es, Cell, disfrázalo con conveniencia.

–Me conviene que salgas bien librado de ese torneo.

Cuando está uno en el infierno, sabe que ha hecho algo malo. Porque es lo lógico, es obvio. Entonces, se conoce a alguien de tus mismas condiciones, alguien que encaja contigo, apenas se conocen, pero llega a sentirse el compañerismo, la sociedad. Como si el destino hubiese tardado y llegara después de muertos, pero el destino no existe y solo se sabe que de tantos seres tendría que haber alguna que encajara bien.

Entonces, cuando Cell conoció a alguien tan divertido de molestar y con sus mismos ideales, sonrió satisfecho. Y aunque solo fueron un par de días, ya no lo quiso soltar. Cell sabía que ya no encontraría a tal ser de mismas condiciones, que era fantástico, joder, era su compañía perfecta.

Por eso cuando lo vio, le pidió amistad inmediata.

Y jamás se alejaría de ese pequeñajo, no cuando se daba cuenta del problema que le envolvía.

Pero Cell no iba a admitir que alguien le había agradado de tal forma, él no era así, le iba a hablar a Freezer de conveniencia, de planes, de la estupidez del infierno, de que no hay comedias; Cell iba a ocultar su cariño, que aunque era mínimo, él sabía que con el paso de las semanas iba a crecer. Era el ser más perfecto, qué decir, él no era estúpido.

–Cell…

Hubo silencio, porque el infierno callaba, era su silencio y respeto, sí sí… Segundos que pasaron a ser minutos… Silencio.

En el infierno no hay brisa, no hay respiración. No hay luz, pero la mano de Freezer buscó la de Cell y la halló.

–Descubramos que pasa aquí, Cell. Esto es surrealista, ¿recuerdas los grupos? Comencemos por allí.

Ambos sostuvieron sus manos con fuerza como símbolo de unión.

Era un trato.

.

–Así, considerando la posibilidad de que Mascarita y Coller trabajen juntos, tú podrías disfrazarte de él y reunirte con mi hermano.

– ¿En serio crees que se crea ese rollo? No seas ingenuo

Freezer rodó los ojos, impaciente.

–Son del mismo tamaño

–Para ti todos son enormes, enano

Había pasado algún rato desde que hicieron el trato, se habían sentado y hablaban sin cansancio sobre qué hacer al respecto, ninguno tenía ganas de seguir el juego de la comedia, del teatro absurdo.

Si como decía, Freezer, los grupos eran fundamento de toda estructura en el infierno, esto sería un teatro, y el premio mayor era el enano. Si habían quince sectores, con el séptimo y el segundo liderando en territorio y en poder, quizás todo fuera una mentira. El infierno estaba lleno de traidores. Eso era bastante sabido, y algo pasaba. ¿Qué había?

¿Poder? ¿Escapar de allí?

El poder sonaba más razonable y más causante para todo el embrollo.

El poder movía masas.

En dónde entraba Freeze-… ohh, ya entendía.

Esto no era para "a ver qué sector se lo gana, y si ninguno lo hace, ya, qué va". Era serio.

Cell entendía. Freezer era un ídolo, el enano era alguien de poder, además de ser bastante popular. Si uno de los sectores lo tenía, lo tenía todo ganado, poder y popularidad. El torneo era para tener a Freezer, nada de pretendientes, joder, nada de eso, el torneo era una excusa para ver quién se llevaba el premio, quién ganaba. Oh, el infierno era cruel a veces.

Para ellos, su amigo era un medio. Todos eran unos mentirosos, traidores, el padre de Freezer lo vendió. Dijo "el que gana se lo lleva, nadie se opondrá" Nadie se iba a oponer. Porque su padre lo vendió.

Lo sirvió.

Por eso tal insistencia, por eso tantos inscritos, a ninguno le importaba Freezer, solo querían poder. Querían comer de él.

Uh, bueno, al menos ahora Cell estaba aquí para cuidar de Freezer.

–Seré como su guardia real, princesita.

–Puedo cuidarme bastante bien, Sr. Perfecto.

Freezer hizo una mueca.

Y aun así, el cuidado de Cell le parecía una buena idea.

–Nosotros conquistaremos el infierno.

–Oh, ¿ya no lo hacemos?

–Aún no, Cell

–Pero lo haremos

–Destruiremos a los sectores, reorganizaremos todo

–Como diga, princesa

–Que te jodan, Cell

Ya amanecía en el infierno, la noche de reflexión se esfumaba, dejando atrás la oscuridad, la nada. A veces el infierno aterraba, era un encuentro con uno mismo. El terror a enfrentarse. Cell y Freezer no tenía por qué temer, se tenían el uno al otro, aunque sea reciente, era el inicio…. El comienzo de la aventura, lo de antes eran los preliminares.

Destruir todo, engañar a los mentirosos, fingir que nada pasa, tenían que vender a todo aquel que no sirviera.

Sobrevivir el infierno, porque el infierno era frío, la fogosidad de los muertos era lo que ardía, el odio, la traición, el infierno era frío. Siempre lo fue, solo contiene. Cell era un narcisista, quería poder, pero ya estaba muerto, no era estúpido. Entendía que el poder era estúpido.

A estas alturas lo era.

Porque en el infierno no hay lunas ni estrellas, en el infierno no había luz de noche y esa noche, a pesar de todo, sintió la luz que desprendía Freezer, la viveza con la que pasaba sus días aun muerto, la comprensión cuando guardo silencio, el compañerismo aún en su condición de criatura despreciable.

Cell se di cuenta de lo profundo que resultaba Freezer, notando como a los demás no les importaba él, se dio cuento de que el enano estaba más allá de ser objeto de poder, más allá de ser un tirano en vida, más allá de una gran reputación… Freezer era como todos, sentía, tenía los principios incorrectos y por ello estaba en el infierno, pero… pero sentía y pensaba, era inteligente, era profundo y sabía… Freezer sabía.

Entonces Cell admiró a Freezer.

No lo vio como objeto de diversión, o como digno peleador.

Simplemente lo admiró.

–Cuando termine de amanecer, nos largaremos de aquí y fingiré que nada pasó, estaré contento e iré al torneo.

Por cómo guardo silencio y asintió.

–Mi hermano no sospechará–sonrió con autosuficiencia

Por cómo sonrió.

–Nadie me vende, Sr. Perfecto

Por ser Freezer y nada más.

–Entonces yo me encargaré de que nadie le dañe, princesita enana

A veces Cell tenía miedo de sí mismo. Porque sonó broma pero lo dijo en serio.

Freezer rio, complacido. Cell le siguió. El infierno alumbraba por fin, el infierno seguía frío. El infierno observaba todo eso desde lejos. Y Cell sabía que no el ser más virtuoso…

Pero, a pesar de todos sus defectos, tenía algo de humano y lo usaría para cumplir el trato.

Por conveniencia.

O quizás no…

Ha sido algo corto, pero es como una pausa, es un capítulo de pensamiento, de tratos... es la admiración que nace.

Gracias por leer.