Capítulo 7

Sorpresas

…..

La señora Kaioh observaba como su esposo caminaba impacientemente a través de toda la casa, iba y venía enfurecido.

-¡¿Cómo puede hacernos esto?! ¡¿Qué dirán mis amigos?! ¡La cuidad entera!-no paró de gritar eufórico.

-Cielo cálmate, tienes que hablar con ella, de seguro tiene una buena explicación para todo esto-

-Si eso hare, la llamaré para que me lo explique de una buena vez, pero ya.

El celular sonaba y sonaba dejando a la casilla de voz.

-¿No atiende?-

-¡No! ¡¿Lo puedes creer?! ¿Quien se cree esa mocosa? ¡Ya se regresa! Mientras seguía rezongando entre dientes su esposa se fue a escondidas hacia su recamara e intentó comunicarse con su hija, pero sin conseguirlo decidió dejarle un mensaje de voz.

-Hija por favor atiéndeme, tu padre esta desesperado, mejor dicho está furioso, te ha dejado más de 50 mensajes de voz. ¿Dónde estás? ¿Que paso? Por favor cuando escuches mi mensaje llámame-

Mientras tanto en el living de su gran mansión se encontraba Kaioh ya al borde de un ataque de nervios.

-Si, como te he dicho necesito ese favor… muy bien, muchas gracias-colgó el teléfono y se dirigió hacia la puerta de entrada.

-¿Cariño a dónde vas?-apareció de repente su esposa que había escuchado que hablaba con alguien pero no llegó a escuchar con quien.

-A encargarme yo mismo de esta situación- y salió dando un portazo.

….

Dentro de una cabina telefónica se encontraba un joven rubio hablando por teléfono. Tuvo que abrir la puerta ya que no soportaba el calor que hacía ahí dentro. Era el mediodía y el sol estaba exactamente encima de su cabeza y con unas temperaturas altísimas.

-Si ahí nos encontraremos, no en mi casa no, no quiero problemas… ok… nos vemos en un rato- salió de la cabina secándose la frente, quitándose el sudor y se dirigió hacia una plaza que quedaba a pocas cuadras de allí.

Justo en el centro de la misma había una estatua de un prócer del lugar y junto a la figura una banca en la cual se sentó. A los pocos minutos apareció un hombre vestido de negro y con gafas oscuras.

-Está nublado, parece que lloverá- al escuchar aquellas palabras Andrew le respondió.

-Están pronosticando fuertes tormentas- dicho esto ese extraño personaje se sentó junto a él pero en el otro extremo de la banca. Así permanecieron en silencio por varios segundos hasta que disimuladamente dejó un sobre de papel con algo dentro en el espacio que había entre ambos. El extraño lo tomó y lo guardó en el bolsillo interno de su saco.

-Ahí está todo-

-Muy bien, en breve tendrá noticias- el desconocido se levantó y se marchó.

Mientras tanto.

-Señorita disculpe, pero su celular no deja de sonar. ¿Qué hago, lo atiendo?-

El rostro de la peli aguamarina se tornó tan pálido que parecía haber visto un fantasma.

-Dejémosla a solas a la señorita… vamos que necesito que me ayudes con algo- fingió necesitar algo y se marcharon dejando sola a Michiru observando el teléfono.

Lo tomó y vio la cantidad de llamadas que había, la mayoría eran de su padre, de Andrew, pero también de su madre. Miró el correo de voz y también encontró varios pero decidió solo escuchar el de esta última.

Al oírlo quedó unos segundos pensativa y decidió mandar un mensaje.

"avísame cuando estés sola así puedo llamarte".

Enseguida recibió una respuesta.

"tu padre no está, se fue hace un rato, puedes llamar".

Marcó velozmente el número y una voz muy preocupada atendió.

-¿Hija estas bien? ¿Dónde estás?-

-Estoy bien mama, no te preocupes-

- ¿Cómo que no me preocupe? Tu padre esta histérico, echa fuego por la boca, no sé lo que hará cuando te encuentre-

-¿Me está buscando?-

-Si, hace un rato se fue eufórico-

-No creo que me encuentre, tranquila mama-

-Hija conoces a tu padre, el no se da fácilmente por vencido y más aún cuando algo se le mete en la cabeza-

-Lo sé-

-Hija cuéntame ¿qué paso?-

Se quedaron varios minutos charlando. La peliaguamarina le relató brevemente sobre Haruka, sobre la fiesta, sobre lo bien que se sentía a su lado. Pero tuvieron que cortar abruptamente la conversación.

-Hija ahí llego tu padre, luego te llamo- dijo esas palabras y cortó.

Del otro lado de la línea quedó una muchacha temerosa, esperaba que su madre no le comunicara al enfurecido de su padre lo que acababa de contarle y mucho menos que éste desquitara su rabia para con ella.

-¿Cariño a donde fuiste?-

Su esposo pasó a su lado pero no le contestó, seguía colérico. Ella quedó aún más angustiada cuando notó que en su rostro apreció una sonrisa y ella ya sabía lo que aquello significaba.

….

Continuará….