Roulette
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Escena VI
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Oyó lejano el ruido en la madera, aún sin saber con certeza dónde estaba. Parpadeó despacio, la luz del sol lo ayudó a reconocer poco a poco las cortinas azules, la lámpara en el techo y las sábanas de su cama. La segunda vez que tocaron a la puerta, trató de levantarse y notó la presencia cálida de la chica con la que había vuelto una noche antes. De un brinco se puso de pie mirando a la ventana y se llevó las manos a la cabeza justo cuando la puerta se abrió. La cara de Juvia fue un poema mientras que con la mirada pasaba de él a ella. Dijo algo que no pudo procesar.
— Juvia, no es lo que...
Cerró la puerta a sus espaldas y entonces notó su desnudez. La chica abrió los ojos con pereza, Gajeel miró cómo comenzó a moverse entre una maraña de cabello rojo y sábanas, movió su mano hasta tocar el buró buscando su bolso y tomó de ahí su celular, para cerciorarse de la hora. Salió disparada de la cama enseguida.
— Santo cielo, voy a llegar tarde a la práctica —empezó a recolectar su ropa por la habitación, se giró para ver a Gajeel—. Hola, buenos días.
Le hizo un gesto con la mano para saludar que él correspondió solo con un movimiento de cabeza. La miró ponerse los shorts, la blusa y atarse la larga melena en una trenza, él la imitó vistiendo lo primero que tomó del clóset. Gajeel se adelantó y abrió la puerta de la habitación.
— Si estás lista...
— ¡Sí! Gracias
Bajaron por las escaleras, él la acompañó hasta la puerta. La chica se despidió con un beso en la mejilla.
Al girarse, pudo ver a su hermana, con una taza de té en la mesita de centro de la sala, sentada en flor de loto y leyendo una revista.
— Juvia, lo de hace un momento...
— Te juro que no me tienes que explicar— pasó una hoja de la revista sin quitarle la mirada de encima—, soy una persona madura. Además, sé de sobra cómo se hacen los niños, ¿se te olvida.
Se llevó ambas manos a la barriga y observó a su hermano.
— Pero es tú casa, no quiero incomodarte…
— Gajeel, entiendo que tengas ciertas necesidades pero quiero que tengas una familia, que seas feliz, que te enamores de una buena chica, no solo alguien de una noche. No quiero que vuelvas a estar solo. ¿Estás consciente de que "esto" va a terminarse? No eres el padre de mi hijo, ni el mío y no tienes por qué hacerte responsable por siempre de nosotros— Juvia recogió sus cosas y puso rumbo a la cocina—. Y diga lo que diga el testamento, esta casa es nuestra, no solo mía.
— Levy, tus brownies son los mejores.
Rogue se cubrió la boca con la servilleta y cerró los ojos para concentrarse en degustar el postre que Levy había hecho. Ella estaba completamente concentrada en mirar el pizarrón donde Gajeel recién había escrito una serie de indicaciones para el proyecto escolar.
— No deberías halagarme tanto, son solo brownies.
El profesor se colocó los anteojos antes de empezar a leer de un cuaderno lo mismo que estaba ya en la pizarra. Levy sintió una punzada en la espina dorsal al verlo: para evitar que le estorbara, levantó su cabello en su clásica coleta larga y negra, sus lentes le daban una actitud más profesional y seria. Se imaginó que la calidez que le comenzaba a inundar las mejillas no era otra cosa que la sangre subiéndole al rostro, por lo que se cubrió con un libro y se dio prisa en guardar los empaques de los brownies antes de volver a su sitio. Apenas se sentó, Gajeel fue a cerrar la puerta como acostumbraba y se paró frente a ellos.
— Como podrán ustedes leer, tenemos proyectos pendientes de revisión y ya que hoy nos vamos de vacaciones, me parece que es oportuno revisarlo ahora —hizo una pequeña pausa, tomó las hojas y caminó hasta el fondo del salón, mirando a todos sus alumnos por la espalda—. Lo primero en la lista es un festival de inicio de año, donde tendremos que participar con una actividad artística ¿alguna idea?
— Profesor, somos todo menos artísticos —a su derecha, un alumno hizo el comentario que causó gracia a todos—. Aquí hacemos lo mismo cada año, Rogue canta, toca la guitarra, los demás no hacemos mas que aplaudir como si la vida se nos fuera en ello.
Todos dirigieron la mirada a Rogue, que se hundía en su mesa de trabajo. No dijo nada, únicamente hizo un tipo de gesto de aceptación hundiendo los hombros.
— Bueno, aclarado este punto, pasemos a lo siguiente: ya que están en su último año, es importante que realicen su proyecto escolar, para presentarlo dentro de su carta curricular para la universidad. Aceptaré sus avances al volver de vacaciones, esta tarde les enviaré un corro electrónico con los lineamientos para entregar sus avances. Cualquier duda, les atenderé por la misma vía, ¿de acuerdo? —miró su reloj de pulsera y volvió hasta su escritorio—. Si no tienen ninguna duda, empezaré a revisar sus hojas de práctica de esta semana, los que no hayan terminado regresen al taller.
Todos los alumnos se levantaron de sus asientos, algunos comenzaron a ponerse la bata de práctica, otros simplemente acudían con carpetas hacia Gajeel. Levy se quedó un rato mirando al profesor, luego, abrió su libreta de apuntes y dejó una sola frase escrita en una hoja:
"NO MÁS AYUDA"
Volvío la vista a Gajeel, quien la llamó para que se acercara
— Nos veremos aquí todo las vacaciones, exceptuando navidad y año nuevo— dijo, como respuesta a la espera de Levy.
— Lo lamento, pero no podré —se miraron directamente por un rato. Aunque Levy estaba nerviosa, se mantuvo firme en su posición—, pasaré las vacaciones con mi padre, en Fiore.
Gajeel frunció el ceño con ligereza. Anotó su número telefónico en un trozo de papel y lo deslizó a Levy, quien lo tomó.
— Entonces nos vemos al regreso de clases, Mcgarden —ella se ofendió inútilmente y comenzó a caminar de vuelta a su asiento—, que pase buenas fiestas.
Con su estatura, era imposible otorgarle otro papel. Levy tiró de la media a la altura de sus rodillas, se puso en pie y se aseguró de que su vestido cubría suficiente de sus piernas. Tomó el abrigo del perchero junto a su bolso antes de salir por la puerta de la cocina.
— No sé cómo aguantas semejante humillación.
Rogue se acercaba despacio con el skate bajo el brazo. Iba de camisa negra, jeans y la garbardina negra, larga y pesada, que Levy le había dado en su cumpleaños pasado
— No es tan malo cuando lo llevas puesto—sonrió mientras daba una vuelta para lucirse— el verde le va bien a mi piel, me hace parecer menos demacrada que de costumbre.
— Siempre estás linda.
Ambos se sonrojaron. Levy clavó la vista en las puntas de sus zapatos en tanto Rogue dedicó tiempo a buscar nada en el bolsillo de su pantalón.
— ¡Hey, los tortolos de allá! Daros prisa que no llevamos mucho tiempo
Cana sacaba el cuerpo a través de la ventanilla trasera del auto, permitiendo que su escote diese la bienvenida a cualquiera que la mirara. Su padre permanecía rígido, sosteniendo con firmeza y ambas manos el volante. Al llegar junto al auto Rogue se acomodó en el asiento de copiloto en tanto que Levy fue atrás, acompañando a Cana.
Hicieron todo el recorrido hasta la mansión Heartfilia en silencio, dentro de la patrulla policial del padre de Cana.
Acostumbrada a una esbelta figura, había tardado horas en elegir aquel vestido turquesa de corte griego que vestía en la fiesta. A tan poco tiempo para que terminara su embarazo, cada día era más difícil pasar desapercibida con la barriga por delante. Recibió de sus anfitriones, una rubia y un pelirrosa vestidos a lo Papá Noel, una copa con jugo de naranja que contoneaba parada junto a Gajeel, mirando a la multitud bailar y beber.
—Parece que Natsu es bastante feliz con Lucy. Ya no es el niño pequeño que iba a jugar a casa.
Gajeel emitió un gruñido con intención de asentir. Observó el trono de terciopelo rojo donde Natsu Dragneel jugaba con algunos niños en sus piernas escuchando sus deseos navideños y a su lado, Lucy Heartfilia le entregaba un regalo a cada niño al término de su turno.
Aunque realmente lo que él miraba, eran los mechones azules escapando del gorro de duende.
Sus piernas delgadas cubiertas con las medias bicolor.
El vestido verde que ceñía su menudo cuerpo, infantil junto a su compañera de disfraz, cuyo vestido apenas lograba cubrir su trasero.
— Mira Gajeel — Juvia saludaba y señalaba con la mirada a una pelirroja al lado contrario del salón—, es tu amiguita del otro día, la que se quedó a dormir.
Observó cómo la chica se acercaba lentamente hacia ellos, sonriente. Saludó a Juvia meneando la mano suavemente.
— Hola, Gajeel — se acercó a su mejilla para besarlo. Él poso levemente su mano en la espalda de ella y notó el pronunciado escote de su vestido.
— Hola, Flare.
Difícil año, lo siento.
Gracias por leer.
