Capítulo 6: She's not there
But it's to late to say you're sorry. How would I know? Why should I care?
Please don't bother trying to find her, She's not there. Her voice was soft and cool eyes were clear and bright, but she's not there
—The Zombies
Rukia llegó corriendo al departamento de policía. Sacudió un poco su húmedo cabello durante el viaje en ascensor y tan pronto como se abrieron las puertas automáticas, Rukia prácticamente trotó hasta llegar a su oficina y encerrarse dentro, sus tacones resonando en el piso de mármol e ignorando por completo las miradas curiosas que voltearon en su dirección antes de que ella cerrara la puerta.
La mujer se sentó en la silla de su escritorio y tan pronto como pudo, encendió la computadora. Aprovechó los pocos segundos de arranque del ordenador para quitarse el largo saco blanco y luego taconear impacientemente el suelo con su zapato durante los segundos restantes. Una vez que observó aparecer la imagen de una ciudad europea en su escritorio, Rukia ignoró la pestaña de correos y comenzó inmediatamente con la búsqueda de Ukitake Jushiro en internet.
Rukia sabía que Ukitake era un artista globalmente reconocido por las originales obras modernas y surrealistas que era capaz de crear, y aunque se le conocía principalmente por las coloridas y extrañas pinturas, cuya fama era incluso mayor que el artista mismo, también era un escultor talentoso.
No era secreto alguno que a ella le gustara el arte, y aunque prefería el arte renacentista y clásico, Rukia opinaba que las obras de Ukitake tenían cierto encanto.
El artista era capaz de despertar una reacción en el demandante público contemporáneo pues no se preocupaba en despertar en los demás un sentimiento, sino expresar el suyo en sus obras y eso era algo que a Rukia le parecía interesante. De su oficina misma colgaba una réplica que había comprado hacia unos años, pues una pintura original era extravagantemente cara.
Ella había asistido a la mayoría de las exposiciones en el centro de artes de la ciudad. Algunas veces sola y otras acompañada. Sin embargo, era extraña la ocasión en que Rukia se la perdiera. Para ser honestos, el embustero de Ichigo la había acompañado e inclusive había conseguido boletos, aun cuando Ichigo prefería la literatura.
—Enana, te tengo una sorpresa —anunció Ichigo por el teléfono una tarde mientras jugueteaba con un par de boleto que acababa de conseguir horas atrás.
No había sido sencillo ahora debía un favor, pero él estaba más que seguro que valía la pena. Recientemente, Ichigo había decidido que Rukia Kuchiki valía toda la pena del mundo. Robaría la Monalisa misma si tan solo Rukia se lo pidiera… o si tan solo supiera que su profesión en realidad era ser ladrón y no un aburrido editor de libros.
—¿Qué es? —dijo la voz de Rukia a través del teléfono.
—Si te lo digo no será una sorpresa, ¿o sí? —respondió con una media sonrisa.
—¿Bien, tenemos regla de etiqueta? —preguntó ella.
—Es formal, así es, pero no tan formal, estarás perfecta —dijo Ichigo y Rukia giró los ojos; ahora entendía porque Ichigo había insistido aquella mañana en que Rukia llevara vestido al trabajo.
Se trataba de un vestido azul marino que llegaba por unos centímetros por encima de la rodilla y tenía mangas ajustadas que llegaban a sus antebrazos. Medias negras y tacones del mismo color.
—Pasaré por ti a las seis —dijo él mientras observaba el reloj.
—Bien.
Tres horas después Ichigo la recogió a la hora determinada. Él había optado por pantalones negros, camisa de vestir blanca con los últimos tres botones sin hacer, debajo de un chaleco gris y un saco negro. Rukia no sabía de donde había aprendido a vestirse también pero una de las tantas cosas que le gustaban de el editor era su manera de vestir-
—¿Qué tal tu día? —preguntó mientras conducía.
—Aburrido —se quejó ella.
—¿En serio? Uno pensaría que ser detective policiaca sería de lo más divertido
—Lo es, a veces, pero últimamente todo ha estado bastante tranquilo… tal vez sería más emocionante estar del otro lado de la ley —bromeó Rukia mientras arreglaba su cabello en un chongo detrás de su cabeza con ayuda del espejo en el visor del auto. Ichigo volteó a verla con un brillo incrédulo que ella no notó.
—Sí supongo que tienes razón… podría ser divertido —dijo Ichigo con una media sonrisa. La ironía de la vida.
Minutos después Rukia se encontraba tan emocionada que casi no podía mantenerse quieta.
—¡¿Cómo conseguiste boletos para la inauguración de la exposición de Ukitake?! —preguntó ella con una sonrisa.
Ichigo le sonrió de vuelta y coocó un mechón de cabello detrás de la oreja de la mujer, deslizando su mano por la suave mejilla de ella.
—Un amigo
—Que buenos amigos tienes, Ichigo.
—Oh, me lo cobrará sin duda en el futuro cercano, pero creo que vale la pena, ¿no crees?
—¡Por supuesto que sí! —dijo Rukia mientras besaba la mejilla del perinaranja.
—Entremos ya, tal vez puedas pedir consejos a un profesional y así dejar de dibujar tus malditos conejos horrendos —sonrió Ichigo altaneramente.
—Mis conejos son menos horrendos que tu cara, zanahoria —sonrió ella antes de entrar al edificio.
Ichigo suspiró y la siguió. Aparentemente nunca podría ganarle a aquella mujer cuando se tratara de discusiones verbales.
Hora y media después Rukia se encontraba frente a un cuadro colorido de dos personas caminando debajo de una sombrilla a orillas de un río que le recordaba bastante al Tamesis, en Londres. La primera persona parecía ser un hombre alto y delgado mientras que la segunda era de una niña en un vestido y un impermeable de color amarillo cuya mano era sujetada por el hombre. Las pinceladas eran gruesas y un tanto bruscas, como si Van Gohg y Monet hubieran aportado de su estilo a la obra, sin embargo Ukitake tenía la característica de agregar más color y reflejos en los suelos de sus pinturas.
Ichigo se acercó a Rukia.
—Años atrás, mi madre compró una pintura de estas, en ese entonces tan caras entonces —comentó Ichigo.
—¿En serio? —Rukia volteó a verle.
—Sí, está aún en casa de mi padre, ese viejo se niega a venderla aun cuando la pintura ha incrementado cinco veces su valor.
Rukia le sonrió.
—No creo que este interesado en el dinero entonces, cada quien recuerda a sus seres queridos como prefiere, Ichigo —dijo ella mientras desviaba la mirada.
Ninguno de los dos eran del tipo de personas que compartieran sus pesares. Ambos eran reservados en cuanto a sus debilidades, sin embargo poco a poco habían comenzado a conocerse el uno al otro. Ichigo sabía de su hermano desaparecido y Rukia sabía de su madre difunta.
—Hah, en lo absoluto…
—Ninguna de estas estará en venta hasta el término de la exposición —dijo Rukia.
—Es una pena… podríamos robarla —bromeó Ichigo y Rukia volteó a verle divertida. Cualquier amargo sentimiento que habían tenido segundos antes fue completamente olvidado
—¿En serio? —dijo sarcástica —No sería muy difícil, cualquier error que puedas cometer, podría desaparecerlo de la base de datos en la oficina —bromeó Rukia.
—¿Ah sí, qué te hace pensar que cometería un error?
—No creo que los editores de libros se enfoquen en examinar puntos débiles en habitaciones o puntos ciegos en las cámara de seguridad, ¿o si? Además, tu cabello naranja te hace un blanco terriblemente fácil.
Ichigo rio ante la ironía y se pasó una mano por la cabeza. Un robo con Kuchiki Rukia sería, sin duda alguna, un trabajo exitoso. Estaba seguro.
—Hmmm, es verdad, podría teñirlo de negro, y conseguir unos sancos, tal vez así podrías estirarte lo suficiente para alcanzar el cuadro sin activar los sensores.
—Hah, usaría cuerdas tensoras y un carrito eléctrico tú podrías cuidarnos de la policía y reservar nuestro plan de salida, quiero una isla en el mediterráneo.
—Para eso tendríamos que robar más pinturas, Rukia —razonó Ichigo.
—Bueno, eso lo hace más complejo… qué tal activar las alarmas, te disfrazas como uno de mis policías, ocasionamos algún tipo de conmoción y tomamos las pinturas durante el operativo… aunque tal vez sería más fácil con dinero —sugirió Rukia antes de moverse a la siguiente pintura.
Ichigo la siguió con una expresión de sorpresa mientras una sonrisa divertida se formaba en su rostro. No había duda alguna de que Rukia Kuchiki, de haber estado en el lado contrario de la ley, sería una de las mejores, probablemente mejor que Yoruichi.
Rukia sacudió la cabeza para alejar aquél recuerdo y detuvo su búsqueda unos segundos. Bajó la mirada hacia el bolsillo de su saco donde yacía el teléfono de Ichigo. Por alguna estúpida razón, la mujer no se había desecho de el desde el momento que el pelinaranja se lo había dado, lo había cargado con ella a todos lados con la esperanza de recibir alguna llamada que pudiera rastrear y así atraparlo. Su bolsillo parecía pesado y el simple hecho de saber que el teléfono se encontraba ahí le molestaba un poco, no le gustaba la idea de tener nada que se relacionara con él cerca de í que, decidiendo que estaba siendo un tanto ridícula, sacó el teléfono y lo guardó apresuradamente en el cajón de su escritorio antes de continuar determinadamente con su búsqueda.
Rukia no averiguó mucho que no supiera ya. Ukitake era un artista graduado de una de las escuelas de artes más prestigiosas en Asia y sus trabajos habían sido presentados numerosamente a nivel internacional en muchos museos reconocidos. Tokyo, Londres, Amsterdam, Madrid, Berlin, Washington, etc. El hombre era bien conocido y Rukia no necesitaba de Wikipedia para saber que también era un filántropo cuyas aportaciones, enfocadas principalmente en instituciones de niños huérfanos y campañas a favor del medio ambiente, llegaban a una larga suma de varios millones de dólares.
Regresó a la página principal y buscó su próxima exposición. No le fue sorprendente que la próxima fuera justo ahí en Karakura, aquello ya lo había visto en aquel minisúper con Ishida, lo que le sorprendió un poco fue el hecho de saber que la noche de estreno se llevaría tan solo en cuatro días.
Cuatro días.
Rukia se recargó en el respaldo de su asiento pensativa.
Si Ichigo iba por alguna reliquia del famoso artista, no había manera alguna de que pudiera preparar, orquestar y advertir que se iba a llevar a cabo el robo. La propaganda de la exposición había comenzado con tan solo dos semanas de anticipación a la fecha de la inauguración. ¿Cómo podía alguien organizar un robo tan complejo como ese con tan sólo 15 días de anticipación?
Algo no cuadraba. Algo parecía extraño.
Tal vez Ichigo no iba detrás de alguna de las obras de Ukitake.
En verdad no había manera de organizar un asalto de tal magnitud, a menos claro, que alguno de los participantes tuviera acceso a programas, calendarios y fechas de lanzamiento. Rukia elaboró que si tal era el caso, entonces las cosas deberían volverse sencillas.
Rukia se tomó un momento para meditar la idea.
Ninguno de los dos robos que habían ocurrido en días anteriores eran trabajo de un solo hombre. Burlar la seguridad de ambos sitios no pudo haber sido cosa sencilla. Oh no. Ichigo sin duda debía tener ayuda, eso había quedado obvio desde el inicio, sin embargo no se le había ocurrido hasta ahora que tal vez debía cambiar de estrategia.
Si lograba dar con sus colaboradores, eventualmente daría con él también.
Rukia sonrió ante la idea y sus ojos se desviaron a la esquina superior de su computadora. Eran apenas las seis de la tarde. Aún tenía tiempo para visitar a un viejo conocido de Ichigo.
O-O-O-O-O-O-O
Media hora más tarde, Rukia cerraba el paraguas que siempre cargaba con ella mientras abría la puerta de la tienda de curiosidades. Colgó el mojado paraguas en uno de los ganchos en la pared y se adentró en la tienda.
La tienda de antigüedades y curiosidades de Urahara era un pequeño negocio único en su clase. Constaba de piezas de todo tipo y para todos los gustos. La tienda era de dos pisos y estaba bien iluminada, y bien cuidada. Pero parecía la tienda perfecta en la que uno encontraría un portal para el más allá, la lámpara de un genio o cualquier cosa sencilla que fuera más de lo que aparentaba. A su parecer, la tienda parecía pertenecer más bien a un cuento de magia y duendes que al mundo contemporáneo.
Rukia miró su reloj y después de una satisfecha sonrisa, caminó por las pasillos despreocupadamente. Se tomó su tiempo para observar piezas curiosas, estatuillas, macetillas y un sin fin de cosas que no tenían un uso en específico más que el de ocupar espacio en la vivienda de alguien. La tienda de antigüedades, decoraciones y curiosidades se encontraba prácticamente vacía, pero eso no le incomodaba en absoluto.
La mujer recorrió pasillos, estantes y vitrinas deteniéndose a observar desinteresadamente las chacharas que lograran llamar su atención. No pretendía comprar algo, ella sólo buscaba una breve entrevista, y nada más. Sin embargo, en una de las vitrinas de madera obscura, la figurilla de un zorro llamó su atención. Era uno muy parecido al que habían encontrado en la escena del crimen en el casino, la joyería y el banco y Rukia lo reconoció enseguida. La detective abrió cuidadosamente la vieja vitrina, que seguramente también estaba a la venta, y cuidadosa de no tirar el extravagante juego de té de porcelana china que descansaba junto al zorro, extrajo la figurilla.
El objeto era pesado, liso al tacto y la capa brillante con la que había sido bañada reflejaba la luz. Por el precio bajo la panza del animal, Rukia notó que a diferencia de las estatuillas encontradas en las escenas del crimen, esta estatuilla no era de oro.
Con una sonrisa arrogante, Rukia observó nuevamente el reloj en su muñeca y sonrió. Faltaba cuarto para la hora de cierre. Justo a tiempo.
Con la figurilla asegurada en su mano, caminó al único de los mostradores que se encontraban abierto, encontrándose con una mujer de cabello violeta en lugar de la joven castaña que había estado ocupando el puesto al momento de su entrada.
La mujer cambió la página del catálogo de Tous de la temporada.
—¿Vaya tarde, huh? —saludó la mujer amablemente mientras colocaba una marca en la página y cerraba la revisa.
La joven Kuchiki se preparó para lo que venía a continuación y respiró disimuladamente.
—Sí, ha estado lloviendo mucho —Rukia dijo tranquilamente. No se molestó siquiera en pretender que no conocía a aquella mujer.
Yoruichi Urahara, era una mujer millonaria por herencia y con la que Rukia se había encontrado dos o tres veces durante toda su vida. Un par de veces durante las comidas a las que solía asistir su hermano antes de su desaparición y otra, por mera casualidad, en una de las fiestas de gala a la que había asistido con Ichigo. Ella era la esposa de Urahara Kisuke y la dueña de una marca lujosa de perfumes que tenía el gusto de trabajar ocasionalmente en la tienda.
Una expresión de completa sorpresa recorrió los ojos color ámbar de la mujer antes de ser disfrazada por una de alegría.
—¿Rukia Kuchiki, cierto? Qué sorpresa. Hacía siglos que no te veía por la ciudad —saludó Yoruichi con una amplia sonrisa —¿Cómo va todo?
—Todo va… bien —Rukia dijo simplemente antes de sonreír falsamente. Ella se negaba a confiar en alguien que tuviera cualquier relación con Ichigo Kurosaki y sus amigos ladrones
—Ah. Es bueno saberlo. Escuché que regresaste a tu antiguo trabajo, ¿cómo va la investigación? —la mujer preguntó mientras se recargaba en el estante. Su largo escote revelando una cadena de oro alrededor de su cuello y que caía sobre su pecho.
—Podría ir mejor —Rukia mintió. Le molestaba admitir que se sentía ligeramente incomoda frente a Yoruichi. La inteligente mirada de la mujer y la expresión en su rostro, le hacían pensar que se encontraba estudiándola, le causaban inseguridad.
—Ah. Tonterías. Todo saldrá de maravilla, preciosa, ya verás —dijo Yoruichi con una sonrisa.
La forma en que hablaba, la sonrisa que le dedicaba, no le gustaban en lo más mínimo.
—No he escuchado más que maravillas de ti, Rukia —la mujer le observó divertida y Rukia decidió no preguntar en donde había escuchado tales maravillas o de quién. En su lugar, observó el extraño gato de plástico que movía la pata a manera de saludo al lado del mostrador.
—Dime, ¿qué te trae por aquí? —le escuchó decir y Rukia sonrió.
—Un amigo mío cumplirá años en unos días y bueno, he decidido comprarle algo —contó Rukia despreocupadamente mientras colocaba la figurilla del zorro sobre el estante.
Los ojos de la otra mujer se posaron sobre la estatuilla y Rukia observó atentamente mientras una expresión de sorpresa y reconocimiento cruzó nuevamente por su rostro de la mujer.
Así que Yoruichi reconocía la estatuilla… qué interesante.
Pocos segundos pasaron y Yoruichi sintió el ambiente tornarse un tanto pesado. De entre todas las cosas que esperaba de esa noche, aquello no era una de ellas.
Yoruichi sonrió divertida sin levantar la mirada de la estatuilla. Como la mujer orgullosa que era, le avergonzaba admitir a si misma que una mujer con la mitad de su edad la había tomado por sorpresa.
La expresión en su rostro al reconocer la figurilla habían advertido a Rukia de que Yoruichi estaba familiarizada con ella. No había que ser un genio para suponer que su marido Kisuke entonces probablemente también estaba familiarizado con ella y tomando en cuenta que Rukia sabía de la verdadera profesión de Kiske entonces casualidad no era algo con lo que Yoruichi pudiera defenderse.
Si bien Yoruichi también era una ladrona, Rukia no sabía nada en lo absoluto de ella, pero si de su marido y de Ichigo. Yoruichi supuso entonces que Rukia relacionaba a ambos hombre como cómplices.
Claramente, Rukia Kuchiki no había venido por tan sólo un regalo de cumpleaños. Oh no. La Kuchiki había venido por una confirmación… por más sutil que hubiera sido y ambas lo sabían.
Vaya que te pareces bastante a tu hermano.
—Es una figurilla curiosa, ¿no crees? —Yoruichi inquirió mientras introducía la figurilla en una caja pequeña de cartón.
—Bastante, es irónica.
—Sí que lo es, ¿qué tal te ha ido, Rukia?
—Bastante bien, qué tal a usted, cómo se encuentra el señor Urahara? —Rukia preguntó casualmente.
Yoruichi sonrió aún más ante atrevimiento de la muchacha.
La joven mujer era inteligente y astuta. No cabía duda del porqué Ichigo se encontraba tan obsesionado en recuperar su afecciones, eso claro si ella no lograba encarcelarlo primero.
—Ocupado con asuntos de trabajo, querida —Yoruichi informó.
Rukia mantuvo la sonrisa ante aquella respuesta. Parecía que estuvieran hablando en clave y en otra situación habría parecido gracioso el hecho de que ambas sabían que "trabajo" era en realidad la orquesta de un robo.
—Ah, qué oportuno. Por favor, salúdelo de mi parte —pidió Rukia un tanto arrogante mientras hurgaba por su tarjeta de débito.
—Lo haré si te visitas más por nuestra tienda. Siempre es bueno verte —dijo Yourichi divertida mientras aceptaba la tarjeta y cobraba el precio.
Rukia asintió y guardó la bolsita y su tarjeta en su bolso. En realidad, a Rukia no le desagradaba aquella mujer, no señor. Había sido amiga de su hermano y sólo había sido casualidad que terminara casad con uno de los amigos ladrones de Ichigo. Yoruichi nunca le había hecho nada y Rukia hubiera preferido mil veces que hubiera sido Kisuke el que la atendiera.
—Linda noche —se despidió Rukia fijando la mirada en el suelo, mientras se encaminaba hacia las puertas de cristal. ahora que había obtenido lo que necesitaba, no tenía la necesidad de ser la fría detective en busca de pistas.
—Linda noche —Yoruichi le sonrió.
Rukia tomó nuevamente el paraguas e ignorando por completo la estudiosa mirada que le dedicaba la otra mujer, abrió la puerta.
—¡Rukia! —llamó la otra mujer antes de que saliera de la tienda y la joven volteó a mirarle neutralmente.
—¿Sí?
—Mucha suerte —guiñó.
—Uh. Gracias —se obligó a decir la detective antes de salir de la tienda bajo la traviesa sonrisa de Yoruichi.
Una vez afuera, se obligó a respirar profundamente, abrió su paraguas y caminó hacia la estación del subterráneo más cercana.
Ichigo no trabajaba sólo y a juzgar por la expresión delatora que había presenciado unos minutos antes, podía asumir que tenía un buen financiamiento por parte de los Urahara e inclusive su ayuda misma.
Necesitaría mucha más ayuda.
O-O-O-O-O-O-O
El hombre rubio sonrió de oreja a oreja mientras aplaudía divertido luego de escuchar sobre el encuentro de su esposa con la joven detective. Una pequeña risa se escapó por sus labios y nadie se sorprendió ante la tranquilidad con la que el hombre estaba tomando las noticias.
Cualquier otra persona probablemente se encontraría realizando planes para cambiarse el nombre y dejar el país. Sin embargo, Urahara no era una persona normal y tampoco era la primera vez que se encontraba en una situación similar.
—Para alguien que acaba de entrar a la lista de sospechosos de la detective más astuta que este pueblo jamás ha visto, seguramente estás muy feliz —Ishida comentó tranquilamente mientras tomaba un sorbo de su taza de té. No parecía importarle el hecho de que dicha taza perteneciera a una colección de porcelana de la mismísima época de la dinastía Ming, en China. Probablemente había bebido de tazas y había comido en trastes aún más antiguos que eso. De cualquier manera, una mera taza proveniente de la penúltima dinastía del imperio chino no era el motivo por el cual se encontraban allí.
La sonrisa de Urahara se ensanchó aún más.
—¿Qué puedo decir? Los Kuchiki nunca son aburridos.
Ishida levantó una ceja ante aquella respuesta, pero antes de que pudiera comentar al respecto, Yoruichi habló.
—Pero… Uryu tiene razón, si te encarcelan, no tendré quien me haga compañía en esas tardes aburridas —sonrió la mujer sin mostrar ni la más ligera de las preocupaciones.
—Me parece que las visitas conyugales son permitidas en estos días —sonrió divertido Urahara. Yoruichi sonrió y jaló el sombrero rayado sobre los ojos del rubio en un ademán juguetón— de cualquier manera, sabemos que ese no será el caso.
Ishida rodó los ojos por enésima vez aquella noche y desvió la mirada de la escena.
Vaya pareja de locos excéntricos; definitivamente se merecían el uno al otro.
Qué acaso era el único que se encontraba preocupado por la situación, se preguntó a sí mismo mientras volteaba a ver a Ichigo. El joven pelinaranja, el causante de todo aquello, no había dejado de repetir los últimos quince minutos de la grabación de seguridad de la tienda de antigüedades y curiosidades. Su atención completamente puesta en la joven detective que recorría por los pasillos una y otra vez. El muy idiota parecía tan embobado con la cinta como un niño de cinco años con Bob Esponja.
En serio, ¿en qué diablos estaba pensando cuando aceptó a semejante sarta de imbéciles para este trabajo?
—Me sorprende la tranquilidad con la que se están tomando esto. ¿Es está la manera en la que intentan evadir sus problemas o realmente no tienen idea de lo que están haciendo? —Hitsugaya Toushiro preguntó desde su lugar en el mueble.
Uno pensaría que un joven de quince años, con apariencia punk por semejante cabello blanco y un aire arrogante, no tendría motivo alguno por el cual estar en aquel lugar y mucho menos en compañía de unos de los ladrones más notables del mundo contemporáneo. Sin embargo, era bien sabido que en el mundo de los criminales no se discriminaba por edad, sitio de origen, sexo o apariencia. Si se era lo suficientemente talentoso, creativo, astuto, competente e inteligente para manejarse en tan curiosa profesión, entonces se era bienvenido.
Hitsugaya Toushiro no sólo era un experto cartereando personas, también era un buen actor que sabía utilizar su apariencia y su edad a su conveniencia, el joven era brillante y prácticamente podía aprender lo que quisiera. Para él la escuela no era desafío alguno. Tenía un futuro prometedor y de no haber compartido el gusto por la vida criminal ni de haber conocido a las personas indicadas, Toushiro habría sido en el futuro un peligro para todos los de su clase.
—Hn —coincidió el pálido hombre de cabello ligeramente largo y de expresión neutra. Su nombre era Ulquiorra Cifer, y aunque no hablaba mucho, era el hombre perfecto para la investigación y la recolección de inteligencia. Él, al igual que Ishida, era un experto en la tecnología y había sido miembro de la interpol. Tenía la formación de un detective hecho y derecho, y bueno, era el hombre indicado si se requería dar con alguien, donde sea que estuviese.
Ulquiorra simplemente daba nombres y direcciones, con expresiones neutras y después de haber cobrado miles o millones, dependía del trabajo y de la clientela. Cualquier cosa que ocurriera después no era asunto suyo y tampoco de su interés.
—¿Encontrase al susodicho? —preguntó Uryu ignorando al resto de los presentes en la habitación.
—Nesso. Un pueblo pintoresco —contestó Ulquiorra
Uryu sonrió y no le pareció extraño cuando escuchó a Hitsugaya soltar un bufido. Al parecer, no era el único al que le parecía muy gracioso que un hombre con expresión tan seria pudiera utilizar una palabra como "pintoresco".
—¿Italia? —inquirió Ichigo, apartando la mirada de la pantalla por primera vez para observar al excéntrico investigador.
—Ah —asintió Uquorria.
—Está algo lejos —comentó Ichigo pensativo.
—Te aseguro que es ahí donde está —comentó el ex detective.
Ichigo hizo un gesto pensativo.
—Tendremos que hacer algunos ajustes entonces —dijo más para sí mismo que para los demás.
—¿En serio? —preguntó Ishida sarcásticamente. Tendrían que hacer bastantes ajustes, en realidad.
Todos en la habitación guardaron silencio por unos minutos antes de que Ulquorria colocara su taza de porcelana china sobre la mesa de café frente a uno de los muebles.
—Hay cosas que debo hacer, les mandaré los detalles de su ubicación más tarde —dijo el hombre.
—Por supuesto, eres bienvenido cuando quieras—sonrió Yoruichi mientras guardaba en el bolsillo del saco del hombre un anillo.
El hombre hizo un ademán de despedida con la cabeza antes de salir de la habitación; conocía bien el camino hacia la salida.
N/A: Hola!
Siento bastante haber tardado en actualizar. Han pasado muchas cosas y el tiempo para escribir prácticamente fue absorbido por todo, esta pareja me sigue gustando bastante y aunque a veces no tengo la inspiración para seguir, les reitero que no la abandonaré. El final de esta historia está cerca. Tres capítulos más y veremos el desenlace de esto. Gracias a todos los que siguen leyendo y gracias por sus reviews! :D
EXTRA: ¿Quieren lemmon?
