Autor:
¡OMG, capítulo siete! Ni yo me la creo D:
Capítulo VII: Cristales y un corazón roto
Ichimatsu estaba de rodillas mirando los fragmentos de cristal. Unas cuantas astillas se impregnaron en sus dedos, sacándole unos puntos rojos. Observó su sangre siendo indiferente con su dolor. No ganaba nada con romper el espejo, ni con desfigurar el rostro de la idol con una de las piezas. Sin embargo, lo hizo por no saber controlar sus impulsos.
—¡Ichimatsu nii-san!— Jyushimatsu corrió la puerta y entró a la habitación. Con emoción movía las mangas de su ropa, echándosele sobre la espalda. —¡No encuentro mis manos! ¿Haz visto mis manos?— seguía moviendo la tela.
Ichimatsu lo miró de reojo y en un pestañeó volvió a suspender la mirada en su desastre. Una pieza se la guardó en la sudadera, el resto la fue apilando. El sonido de los cristales chocando entre sí, atrajo la atención de Jyushimatsu.
—Es el espejo de Karamatsu nii-san, ¿se te cayó?— Jyushi se apartó y miró con asombro al espejo roto.
—Esto es muy problemático— Ichimatsu bufó.
Jyushi se puso una mano en el mentón, ladeó el rostro y se puso a limpiar el desastre. —Karamatsu nii-san lo va a entender— dijo con optimismo.
—No fue una buena noche después de todo— Choromatsu miró su reloj, eran las dos de la mañana.
—Sólo me acompañaste para darme mala suerte— Oso se pasó las manos detrás de la cabeza y caminó sin ninguna preocupación, olvidando su comportamiento infantil por acaparar a Pajamatsu.
La incomodidad de Choromatsu era obvia, no dejaba de tocarse el brazo y mirar en dirección contraria de donde se localizaba Osomatsu. Retornar a casa era un martirio por la tensión por parte de los dos hermanos. El contraste de sus personalidades los hundía, ya que ninguno hablaba de sus pensamientos. Uno por preocupado; otro, por orgulloso.
—Todomatsu tiene mejor suerte en el Pachinko— Choromatsu tragó saliva y se rascó el cabello. Extrañó su infancia, donde podía planear maldades con Osomatsu sin culpa. Suspiró.
—¡Totty, Totty, Totty!— Osomatsu pateó una lata y se detuvo para agarrar del cuello a Choromatsu. —Si no es Todomatsu es Cacamatsu, ¿por qué estás pasando más tiempo con otros que conmigo?
Choromatsu no hizo nada para defenderse, cerró los ojos por presentir un posible golpe —también son mis hermanos— respondió.
De nuevo, apareció el infantil de Osomatsu y sus celos absurdos. —¿Qué? ¡Eso no es suficiente!— gritó y se enroscó el cuello de su hermano entre sus dedos, tensandose las palmas.
—Es más que suficiente, son mi familia— Choromatsu respondió frunciendo el ceño. Osomatsu se estaba pasando de la raya.
—¡Para mí no lo es!— Osomatsu lo soltó y le dio la espalda. Era parte de su chantaje, quería acorralar a Choromatsu para que le pidiera disculpas y continuasen como si nada hubiera pasado. Amaba salir ganando aunque estuviera de lo más equivocado.
—Te volviste un egoísta por lo que te pasó con Tougo...— Choromatsu se fijó en la espalda de su hermano mayor. Desde atrás todos eran el mismo molde porque no se apreciaba la personalidad de cada uno. Un frasco para confundir, unos simples muchachos idénticos para todo el mundo.
—¡No es cierto!— Osomatsu apretó los puños y por más que intentó demostrar que ese nombre no significaba nada para él, sus piernas temblaban y el corazón se le partía por evocar al miedo.
—L-Lo siento, Osomatsu— Choro estiró la mano, pero no pudo alcanzar su espalda ni sus hombros. Todo Osomatsu levantó una barrera como si fuera de nuevo un niño. También su personalidad había cambiado por sus factores de vida y Choromatsu se sintió horrible por recordarle el motivo.
—Lo siento, Karamatsu nii-san. Se ha roto— Jyushimatsu le entregó una bolsa con los restos de un espejo.
Karamatsu la abrió, con cuidado revisó el interior. En efecto, estaba roto y era una lástima porque le gustaba mucho. Pensó en el regalo de Choromatsu, podía quedarse con la parte plástica para no ser grosero, y aún tenía en mente dibujarle gafas a Nya-chan. —Oh, que desgracia...
—¿Te fue champú a los ojos? A mí siempre me va champú a los ojos— Jyushimatsu lo interrumpió antes de que sacase la base del espejo.
Karamatsu parpadeó y en uno de los fragmentos revisó el estado de su rostro. Tenía los ojos inflamados por llorar a quien no se lo merece. Demasiado lamentable, tanto para su vanidad como para su amor propio. —¡Non, non, non, brotha! A los hombres como yo no se les va el champú a los ojos.
—¿El jabón?— Jyushimatsu respondió enseguida.
Karamatsu alzó una ceja y de su cajón especial de pantalones con brillos sacó una paleta. No tenía ánimos para lidiar con Jyushimatsu.
—Jyushi, a tu brotha no se le mete el jabón ni el champú por los ojos, ¿entendido?
—Sólo Ichimatsu— Todomatsu tomó una foto de sus hermanos y les sonrió.
Karamatsu perdió el color.
Jyushi corrió por el cuarto admirando su paletita roja.
—¿Siguen peleando? Vi que salió del baño todo enojado. Nii-chan, ¿tocaste a uno de sus gatos?— Totty se sentó en el sofá y continuó revisando sus mensajes.
—Algo así— Karamatsu respondió por inercia.
Osomatsu y Choromatsu regresaron sin dirigirse la palabra.
La casa se encontraba a oscuras, y sus hermanos no mostraban señales de seguir despiertos. Osomatsu se quitó el calzado en su lugar correspondiente y subió a la habitación sin esperar a su hermano.
—Bienvenido, brotha— Karamatsu se tapó la cara cuando Osomatsu prendió la luz.
Jyushi no se dio por enterado, Totty se puso la almohada en el rostro, e Ichimatsu abrió los ojos como vampiro dispuesto a iniciar la caza.
—¿Dónde está Choromatsu?— Karamatsu se sentó en el futón.
—Abajo, aprovecha que tiene tiempo para jalarsela por estar sólo— Osomatsu se puso la pijama y se metió al futón.
Choro se quedó en la entrada con los labios deformes en pena, fue grosero con Osomatsu. Podría escudarse con que se lo merecía por comportarse como un egoísta profesional, pero se estaría poniendo a su nivel, en lugar de resolver los problemas, buscaría problemas más grandes.
—Ya, me calmo...— Choro se sentó en el escalón de la entrada y al posar la mano, se quejó de dolor.
—Te lo dije, se la está jalando— comentó Osomatsu y se tapó por completo. Él ya se iba a dormir, sí la pasó algo a Pajamatsu, se lo tenía merecido.
Ichimatsu se hizo al dormido, pero una sonrisa retorcida le llenó toda la cara por el aullido de dolor.
Karamatsu se salió de la cama sin decir nada, y se fue al primer piso. Ichimatsu apretó los puños.
—¿Todo bien, brotha?— Karamatsu prendió las luces de la entrada.
Choromatsu presionaba su mano derecha contra su ropa. La tela fue absorbiendo la sangre hasta crear una enorme mancha que le cambió el color de la camisa. Choro no se encontraba bien, estaba pálido y con los ojos bien abiertos al ver cómo su sangre manchaba el piso de madera.
Karamatsu lo llevó a la cocina. —Choromatsu, dame tu mano— espetó.
Choro negaba y ponía resistencia para que no le mirase la piel.
Karamatsu lo vio directo a los ojos —Tranquilizate, con mis cuidados de enfermero estrella, nada te dolerá.
Choromatsu dudó, pero estaba a salvo, tenía al hermano con habilidades para ser una madre viendo por su salud. Con lentitud, abrió la mano. Un pedazo de cristal estaba en el centro, todo cubierto de sangre.
—Piensa en mí, para que no sientas dolor cuando te saque el cristal.
—¿Qué? ¡No! Eres mala anestesia— respondió Choromatsu todo mareado al ver su herida al aire.
—En la adorable de Nya-Chan— Karamatsu dijo enseguida.
Surtió efecto, porque Choromatsu taradeó una de sus canciones.
Karamatsu aprovechó para abrir el grifo, sacarle el cristal y lavarle la mano. A Choromatsu le salieron algunas lágrimas y un dolor agudo le recorrió toda la palma.
—No está profunda, reaccionaste a tiempo— Karamatsu sonrió aliviado.
Choromatsu estaba a punto de desmayarse cuando le hizo apretar un trapo y lo sentó en la mesa de la cocina.
—Voy por el botiquín y mamá, no tardo— dijo Karamatsu al subir. Sus pasos hicieron ruido por toda la escalera.
Karamatsu se detuvo al final de la misma, al reconocer la silueta de Ichimatsu en la oscuridad. No tenía intenciones de hablar con él después de lo ocurrido en el baño. Sin embargo, lo que ocurrió fue placentero como humillante, era triste el tener que aceptar, que sólo de maneras tan grotescas iba a sentir algo de su cariño, o devoción por torturarlo. Tuvo que pasar a un lado de él, sin decirle nada.
—Miau...— Ichimatsu se interpuso en el camino para que Kara no siguiera avanzando. "Esto es problemático" pensó al ver las prisas de su hermano.
Karamatsu se detuvo —Miau— le respondió como todo un gato de voz grave. Mas no le dio toda su atención porque enseguida entró al baño. Necesitaba el botiquín y despertar a su hermosa madre para que lo ayudase a curar a Choromatsu.
Ichimatsu lo siguió y se quedó parado en el umbral.
—Please, Ichimatsu, déjame en paz por hoy. Choromatsu se lastimó la mano.
Ichi desvió la mirada y le mostró los dedos con la sombra de piquetes.
Karamatsu tembló, y por unos instantes perdió el equilibrio por la falta de aire —Fuiste tú...— dijo con un hilo de voz.
Ichimatsu torció la boca—los celos son muy problemáticos...
