Hola a todos!!! Bienvenidos una vez más a un nuevo capítulo de este fic que no existiría si no fuera por vosotros :D

Antes que nada, quiero dar las gracias por sus mensajes a:

Ammyriddle, Lna, prisgpe, biankismasen, misscullen9, nocturnal depression, miicaa, margara, christti, carmenlr, melina, miitzukoO-chan, beautifly92, new-sexy-vampire, pinkcullen, valu86, M-Way, peritha12, chanelleG, anrreSweet, Leyla, duciell, abril, Hik-y, Nereidas y Elena Swan (que ha dejado un review como me gustan, largos jejeje :p)

Es un placer escribir sabiendo que hay gente a la que le gusta mi historia así que nunca me cansaré de daros las gracias.

Bueno, espero que os guste el capítulo de hoy, un besito y nos vemos abajo!! Venga, a leer, ¿qué esperáis?

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Bella es una chica normal que trabaja para el periódico del instituto de Forks. Un gran artículo que rodea el mundo de los chicos más populares y algo relacionado con carreras de coches es algo que no puede perderse ¿verdad? (Todos humanos)

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Capítulo VI. ¿Ha sido un beso?

"¿Habéis sentido alguna vez mientras estáis dormidos, la sensación de un leve aleteo sobre vuestros labios? Como si una mariposa se hubiera posado en vuestras bocas y hubiese permanecido allí unos segundos, sólo eso, lo suficiente para que, al despertar, ella ya no estuviera allí pero el cosquilleo de vuestros labios aún permaneciese intacto… Un leve aleteo. Sólo eso. La sensación de las cosquillas y el hormigueo… Bueno, yo lo sentí… sólo que… no fue una mariposa quien lo causó…"

Me dolía la cabeza. Mucho. Por si no fuera poco el tener a Alice en casa todo el día de un lado a otro corriendo, dando saltitos y batiendo las palmas cada vez que recordaba que tenía que ir a comprar un accesorio para el baile, por si no fuera poco que arrastrara con su entusiasmo a Jasper y que se pasara horas enteras buscando en el salón o la sala de música un pendiente que había perdido, por si eso fuera poco, cuando llegué aquel lunes al instituto, las pancartas que anunciaban el baile parecían haber inundado el lugar entero.

Y por supuesto, allí donde mirara, las curiosas miradas de las chicas me seguían… No importaba donde fuera, ni donde estuviera, me seguían. El año anterior por las mismas fechas Emmett me había llamado paranoico hasta que habíamos descubierto en el vestuario masculino una pequeña cámara de vídeo enfocada a mi casillero.

Desde entonces me cambiaba detrás de las taquillas, sólo por si acaso.

Fruncí el ceño. ¿Dónde estaban mis hermanos cuando les necesitaba? Generalmente la presencia de Rosalie o Alice parecía ahuyentar a la mitad de las miradas que me dedicaban las chicas del instituto. ¿Por qué siempre que necesitas a alguien no lo ves?

Me detuve junto a mi taquilla y la abrí metiendo unos libros y sacando otros, ignorando completamente el montoncito de notas y sobres que habían colado a través de la rendija superior.

Admito que el año anterior lo había pasado realmente bien en aquella época… había disfrutado coqueteando con todas las chicas que se me habían acercado con tontas excusas, pestañeando de forma exagerada y riendo como tontitas con risitas forzadas sólo para hacerme ver que tan blanco tenían sus dientes. Pero ahora… Ahora era diferente.

El año pasado no estaba Bella Swan ocupando cada rinconcito de mi mente. Lo había intentado. Había intentado apartarla de mi mente, de mi cabeza, de mi vida. Incluso había intentado razonar con Alice cuando me había anunciado que pretendía que Bella se convirtiera en su nueva mejor amiga. El resultado: Alice había dejado de hablarme durante dos días completos…

Después de la última conversación que había mantenido con Esme me había dado cuenta de que no podía quedarme apartado de Bella… Y creo que aunque hubiese podido hacerlo, no habría querido…

-¡Edward!

Rosalie llegó hasta mí sonriendo de forma felina; me dio un beso en la mejilla y miró por encima de mi hombro. Me giré justo a tiempo para ver como dos chicas de segundo se giraban y se marchaban hacia la salida del instituto. Reí entre dientes.

-¿Me equivoco si digo que venían hacia aquí?

-No solo eso, venían con intenciones de pedirte que fueras al baile con una de ellas.

-¿Con una de ellas? –pregunté-. Eso es nuevo.

-Según lo que escuché en el baño de chicas, a ninguna le importaba con quien de las dos fueras siempre que fueras con una de ellas –se encogió de hombros.

-No te lo tomes a mal Rosalie, pero a veces estáis completamente locas…

-No me lo tomo a mal… Nosotras estamos locas, vosotros sois idiotas… Estamos en paz.

Suspiré.

-¿Qué ha hecho Emmett?

-No ha querido separarse de mí en toda la mañana –enarqué una ceja. Eso no debería de molestarla-. Quiso entrar al baño conmigo –vale, eso sí era raro-, y como no le dejé lo intentó por la ventana –añadió sarcástica.

La entendía. Me reí entre dientes. La venta del baño de las chicas era de un tamaño pequeño, más bien diminuto. Creo que las únicas personas que cabrían por allí serían Alice y Bella. La sola imagen de Emmett intentando entrar por ese hueco… No, ni siquiera podía imaginarlo.

-¡Ha estado a punto de hacerse daño, el muy idiota! Sé defenderme sola, no necesito ningún guardaespaldas –añadió enfadada cruzándose de brazos.

Cerré mi taquilla y, pasando un brazo por los hombros de Rosalie y atrayéndola hacia mí, empezamos a caminar hacia nuestras siguientes aulas.

-Bueno, ahí me declaro culpable –confesé-. Sommers está haciendo de las suyas y no queremos que os pase nada...

-Lo sé, Alice me lo contó –rodé los ojos. Jasper me debía cien dólares-. Pero aún así, sabemos defendernos solas ¿sabes?

-Lo sé, pero nosotros nos quedamos más tranquilos si no os dejamos solas –repliqué-. Sommers no es un bocazas, Rosalie. Es… es peligroso… -me detuve y la enfrenté-. No quiero que os acerquéis a él ¿entendido?

-Se supone que yo soy más grande que tú –frunció el ceño ligeramente contrariada por mi orden.

-También eres mayor que Alice y cuando ella dice "salta" tú obedeces.

Rosalie soltó una risa divertida que hizo que los chicos que estaban allí girasen para mirarla. No podía culparles. Rosalie era… Rosalie; no había palabras para describirla.

-Alice es diferente… da miedo cuando está enfadada de verdad.

Fruncí el ceño.

-¿La has visto enfadada alguna vez? –abrió la boca-. Quiero decir enfadada realmente…

-Creo que no… y sinceramente cuando la vea espero estar del bando apropiado.

Reí suavemente. Coincidía completamente con ella en ese aspecto.

Sonrió a medias mientras se colocaba el cabello tras la oreja. La miré detenidamente, esperando y… ¡sí, ahí estaba! Acababa de pestañear dos veces seguidas y se había acariciado la mejilla derecha. Sonreí. Era una suerte conocer esos pequeños tics que todos mis hermanos tenían y que me indicaban cuando me estaban intentando ocultar algo que sabían, seguramente, no me iba a gustar demasiado.

-¿Qué pasa Rosalie? –le pregunté con paciencia.

Miró a su alrededor para asegurarse de que no había nadie cerca que pudiera escucharnos.

-Tengo que estar en Cab's Point esta noche –susurró-. Victoria me ha desafiado –dijo con cierto fastidio.

La miré enarcando una ceja, preguntándole en silencio qué había hecho para cabrear a Victoria tanto hasta el punto de que ésta la había desafiado a una carrera de fuego. La pelirroja solía ser muy temperamental pero casi siempre era cuando James estaba involucrado de algún modo. Además, generalmente solía retar a los chicos para demostrar que era buena corriendo. Pocas veces… Suspiré. Rosalie seguía mirándome, esperando que dijera algo.

-¿Qué necesitas? –pregunté.

-Que vengas con nosotros para impedir que Emmett haga alguna tontería –frunció el ceño como si estuviera recordando algo.

Le sonreí y pasé el pulgar por su ceño fruncido.

-¿Necesitas preguntarlo? –me sonrió. El timbre sonó-. Nos vemos a la salida –vi como sonreía y estaba a punto de entrar en su clase cuando me giré y llamé su atención -¡Pero tú se lo dices a Emmett!

-¡Joder! –gruñó ella.

Reí. Rosalie podía ser bastante predecible a veces.

Tan pronto como entré en clase y me senté, me di cuenta de que todo lo predecible que tenía Rosalie, Bella Swan lo tenía de impredecible. Generalmente me gustaba eso en ella, pero a veces creía que podría matarlo por serlo. Y aquella era una de esas ocasiones.

Tan pronto escuché la conversación que Ángela y Eric estaban manteniendo detrás de mí, fruncí el ceño. ¿Bella estaba haciendo qué?

Miré el reloj y estuve a punto de tomar las cosas y salir de clase para ir a buscarla y hacerla entrar en razón. Desgraciadamente el profesor acababa de entrar en el aula. Miré el reloj de nuevo, y casi gemí de la exasperación ¿por qué tenía que pasar el tiempo tan despacio?

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No importaba lo que Ángela dijera. Era la única forma de conseguir averiguar algo sobre todo aquel asunto. Estaba plenamente convencida de que si la gente empezaba a escuchar el rumor que yo misma había lanzado, alguien me diría algo o, en todo caso, alguien empezaría a hacer preguntas y a comportarse de un modo diferente al que se comportaban normalmente

Golpeaba el lápiz contra mis apuntes en la biblioteca, de forma rítmica mientras pensaba en la lista de personas a quienes había comentado mi rumor… Según mis cálculos, a aquellas horas la mitad del instituto debía de saber ya que pretendía averiguar qué diablos era Fuego Eterno y qué se escondía detrás de ello… Quizá si se lo comentaba a Jessica el rumor se extendería más rápidamente pero…

-¡Eh, Bella!

-Shhhhh –la señora Barks chistó a Mike desde su mesa.

Él se sentó a mi lado con una sonrisa mientras rodaba los ojos intentando hacerse el gracioso respecto a la forma en que la bibliotecaria del instituto le había llamado la atención.

-Hola Mike –hablé en voz baja. Por suerte, pareció entenderlo y me imitó.

-Te estaba buscando en la cafetería –me dijo señalando la puerta-. Tenía que hablar contigo…

-Lo siento, deberes –me disculpé señalando el libro de álgebra que tenía delante de mí pero que bien podía haber sido de chino por lo poco que entendía lo que había allí escrito-. ¿Para qué me buscabas?

-Yo… me pregunta si… -sonrió-… si querrías ir al baile… conmigo…

Ni siquiera había planeado ir al baile, llevaba díaas enteros escapándome de Alice y de sus continuos comentarios disimulados acerca del mismo y ahora Mike me preguntaba si quería ir al baile con él… ¿Estaba bromeando?

-Yo… eh… no creo que sea buena idea… bailar y yo no… -sonreí avergonzada al recordar la última vez que lo había intentado en Phoenix-… no es buena idea, créeme.

-Oh, bueno… yo… esperaba hacerte cambiar de opinión y…

-Lo siento Mike, además no planeaba ir al baile con nadie –añadí-. ¿No te has enterado? Creía que Jessica ya debía haberlo comunicado a todo el mundo –sonreí-. Creo que me gritó durante dos horas completas para intentar hacerme entrar en razón.

Mike hizo una mueca y me miró.

-Sí, lo sé, sólo… En fin, creí que me habías enviado señales y…

Negué con la cabeza, sintiendo lástima en parte por él y culpa por tener que darle una decepción de forma tan abrupta.

-No era mi intención confundirte Mike. Eres un buen amigo pero no… no estoy interesada en ti, lo siento.

-Oh… vaya… -miró alrededor para asegurarse de que nadie había escuchado como yo le rechazaba-… eso sí que acaba con mi autoestima.

Sonreí.

-Lo siento –repetí-. No era mi intención hacerte daño ni nada de eso, es sólo que… en estos momentos no estoy pensando en salir con nadie.

¡Mentira! Una voz gritó en mi cabeza y la imagen de un Edward sonriente atravesó mi mente. Me obligué a mí misma a desecharla y miré a Mike.

-No, lo entiendo… a mí también me ha pasado... –sonrió nada convencido de sus palabras. Mike era tan mal mentiroso como yo.

-Pídeselo a Jessica –le dije con una media sonrisa-. Sé que quiere ir contigo…

-Sí, lo sé… Sólo… si se lo pido a ella y luego tú cambias de opinión y quieres ir conmigo y…

Un momento… ¿Mike estaba presuponiendo que iba a cambiar de opinión y que además de hacerlo le iba a pedir que me acompañara? Vale, una de dos, o el chico tiene un gran concepto de sí mismo y un ego del tamaño del gimnasio o dos, y me inclino por esta, tiene algún problema en la cabeza.

-No voy a cambiar de opinión Mike –le aseguré-. Y si lo hiciera, no sería apropiado que te pidiera que me acompañaras, ya sabes… no estaría bien que dejaras plantada a Jessica por mí…

-Oh, bueno, entonces… supongo que se lo pediré a ella… -sus hombros se hundieron un poquito, pero no perdió la sonrisa ni un solo instante-. Bueno, entonces… el miércoles quizá podríamos…

-A Alice no va a gustarle –canturreó Jasper detrás de mí.

Di un salto, literalmente, y estaba segura que de haber estado en un lugar que no fuera una superficie plana, hubiera terminado con mi trasero en el suelo.

-No. Vuelvas. A. hacer. Eso. Nunca –dije espaciando las palabras para que quedaran bien claras. En un gesto instintivo me llevé la mano al corazón para asegurarme de que seguía latiendo.

-Lo siento –dijo aunque su sonrisa evidenciaba lo poco que lo sentía-. No quería asustarte.

-Ya, bueno… no suelo asustarme a no ser que me vengan por detrás de forma silenciosa.

Mike carraspeó para que le prestáramos atención.

-Newton, largo –dijo la voz de Jasper.

Mike no esperó a que se lo dijeran dos veces. Me guiñó un ojo en lo que él pretendía que fuera un gesto coqueto y puse los ojos en blanco tan pronto me dio la espalda.

-Gracias por eso –susurré.

-Cuando quieras. Alice me dijo que podías usarme de coartada así que, ¿quién soy yo para contradecir a mi chica? –reí.

-¿Es que lo has intentado alguna vez?

-Bueno, sigo vivo, ¿no? Eso debería darte una pista de la respuesta –sonreí.

-¿Qué haces en la biblioteca?

-Te buscaba. No creo que a Emmett le haga mucha gracia tampoco… -abrí la boca para decir algo pero Jasper fue más rápido que yo-. A Edward tampoco va a gustarle.

-No me importa lo que…-me miró desafiante y con aquella sonrisita de condescendencia. Resoplé-. ¿Qué no va a gustarles?

Jasper rió entre dientes y me miró fijamente como si acabase de descubrir un gran secreto y no estuviese dispuesto a compartirlo conmigo a pesar de que estaba claro que yo tenía algo que ver con ese secreto.

-El rumor que has extendido –me dijo simplemente.

-Oh, eso…

-Sí, ¡oh, eso! –repitió mis palabras. Le saqué la lengua en señal de mi gran madurez y él rió.

-Bueno, verás, tengo una teoría al respecto –le dije.

Jasper se sentó en la silla que había a mi lado, a horcajadas, apoyó los brazos en el respaldo de la misma y me miró.

-¿En serio? Me encantará oírla…

Le miré dulcemente.

-El sarcasmo no te va –le dije. Él rió entre dientes-. Verás, llevo semanas investigando qué diablos es eso de Fuego Eterno y lo único que he conseguido es que todos me digan que hay un rumor… bla, bla, bla… carreras ilegales bla, bla, bla… chicos populares… -hice un gesto con la mano para desdeñar otras cosas-. Todos dicen cosas distintitas pero coinciden en que sólo es un rumor y que eso de Fuego Eterno sólo es una leyenda urbana.

-Bella, ¿puedes ir al grano por favor? Si es que hay alguno…

-A eso voy. Si según todo el mundo, sólo es un rumor, nadie debería molestarse porque yo esté haciendo preguntas al respecto, ¿correcto? –asintió-. Entonces si alguien empieza a actuar de forma diferente, sabré no sólo que no es ninguna leyenda urbana, sino que además descubriré quienes forman parte de lo que sea eso… ¿Crees que puede ser un club?

Pero Jasper no sonrió con mi broma. Me miró muy serio, con sus ojos claros fijos en mí.

-¿Podemos salir fuera?

-¿Por qué?

-Para que pueda gritarte lo que opino acerca de tu teoría –miró a su alrededor-. No creo que a la señora Barks le haga gracia que vuelva a gritar en la biblioteca… otra vez.

-¿Otra vez? –pregunté divertida-. ¿Por qué has gritado en la biblioteca antes?

-No lo recuerdo exactamente, pero estoy seguro que Emmett y Edward tuvieron algo que ver.

-No creo que me apetezca que me grites en este momento –señalé mis apuntes-. Estoy un poco ocupada.

Frunció el ceño preocupado.

-¿Has pasado aquí la hora de la comida? –asentí-. ¿No has comido nada?

-Estoy bien… -empecé a decir.

Pero ya era demasiado tarde. Se levantó de la silla farfullando cosas como "tienes que comer más" y haciendo burla de mi "estoy bien, estoy bien". Tiró de mí hasta que me puso de pie, luego recogió mis cosas y tomándolas en una mano y a mí de la otra me sacó de la biblioteca. Por la mirada que me dedicó la señora Barks supe que no sería buena idea volver a la biblioteca durante algún tiempo.

Jasper sólo consiguió llevarme hasta el pasillo anterior a la cafetería. Tyler se interpuso en nuestro camino y Jasper resopló.

-Tyler…

-Hey, Jasper, ¿qué tal?

-Ocupado –me señaló con la cabeza-. La llevo a comer.

Tyler parecía realmente confuso.

-Uhm… ya… bueno… Bella ¿puedo hablar contigo? –Jasper abrió la boca para protestar-. Sólo será un minuto, no quiero ser el responsable de que se quede sin comer –añadió rápidamente.

-Un minuto –señaló su reloj-. Y lo voy a cronometrar.

-No sabía que estuvieras bajo su protección –medio gruñó y rió Tyler.

-Ya… yo acabo de descubrirlo –reí suavemente, con la risita estúpida que tanto odiaba y que me salía cuando estaba nerviosa sin tener ninguna posibilidad de cambiar-. Ehm… bueno, ¿qué querías?

-Ah, sí, yo… me estaba preguntando si querrías venir al baile conmigo –le miré parpadeando.

¿Era en serio? Vale, que yo recordara no le había dado ninguna indicación a ningún chico acerca de querer ir al baile con ellos, entonces ¿por qué me lo preguntaban? Primero Mike, ahora Tyler… ¿quién iba después, Eric? Tyler me sonrió. Vale, lo admitía. Era guapo. Era atractivo… Pero no tenía ni punto de comparación con Edward. Me maldije en silencio. ¿Es que ahora iba a comprar a todos los chicos con Edward? Sabía de antemano que ninguno de ellos alcanzaría el nivel de Edward.

-Tyler, verás… no creo que… -carraspeé mientras pensaba en una respuesta-. Para empezar no me gusta bailar –dije sinceramente.

-No tenemos que bailar, podemos sentarnos y hablar o…

-No creo que sea buena idea tampoco.

-Si lo dices por el jefe Swan, estoy seguro de que si hablo con él…

Reí entre dientes intentando ahogar la carcajada que luchaba por salir a la superficie desde mi garganta. ¿Hablar con Charlie otra vez? Estaba segura de que papá acabaría matándole, sobretodo después de que Tyler hubiese tenido aquel accidente con el coche unas semanas atrás y hubiese estado a punto de atropellar a Eric.

-No es eso… -compuse mi mejor sonrisa comprensiva-. Lo cierto es que estoy pasando por una época en la que no quiero salir con ningún chico –vi como la esperanza se apagaba de sus ojos y puse los míos en blanco mentalmente-. Necesito un poco de tiempo para pensar en mí misma, lo entiendes ¿verdad? –luego como si le estuviera contando una conspiración, bajé la voz-. Cosas de chicas, ya sabes…

-Oh, claro… -reprimí la risa. Por su cara, era más que evidente que no entendía nada-. Quizá para el baile de graduación… -sugirió.

-Bueno, realmente no sé si…

-Se acabó el tiempo Ty –interrumpió Jasper-. Recuerda que el entrenamiento de hoy se ha aplazado hasta mañana –cambió de tema mientras me sujetaba del brazo-. Di adiós, Bella.

-Adiós Bella –reí divertida dirigiéndole una mirada de disculpa a Tyler mientras el rubio me guiaba hasta el comedor. Jasper me fulminó- ¡Oh, venga!, ¿Dónde está tu buen humor hoy, Jazz?

-Me lo he dejado en casa –contestó sarcástico-. Alice me matará si se da cuenta de que he podido llevarte a comer y no lo he hecho…

-¿Y por qué va a enterarse Alice de que no he comido? Además, no es tu responsabilidad. Ya soy mayorcita para comer sola ¿sabes?

-Sí, claro… eso es lo que tú crees –dijo entre dientes.

No entendí a qué se refería. Tampoco pregunté. En aquellos momentos Jasper no parecía demasiado dispuesto a darme ninguna respuesta.

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¿No es genial? Cuando no quería verla la encontraba en todas partes y cuando necesitaba hablar con ella para hacerla entrar en razón desaparecía.

¿Podía una persona desaparecer de la faz de la Tierra? No estaba seguro, pero empezaba a plantearme la posibilidad de que pudiera desaparecer del instituto de Forks. ¿Dónde diablos se había metido Bella? Ni en el periódico, ni en la sala de profesores, ni en la pequeña biblioteca ni en la cafetería. Tampoco estaba en el gimnasio ni en las pistas de atletismo ni en el campo de fútbol ni en… Suspiré. Simplemente no estaba.

Tampoco estaba su camioneta en el aparcamiento. Saqué las llaves del bolsillo y me dirigí hacia el volvo con la idea de acercarme a su casa.

-¡Eh, Cullen!

Me detuve antes de abrir la puerta del coche y me giré para ver a James acercarse hasta mí. Elevé una ceja y esperé pacientemente a que llegase hasta mí.

-Sommers… -saludé con una inclinación de cabeza.

Era curioso como siendo tan diferentes, los dos pusimos la misma mueca de resignación al tener que hablar con el otro. Alice había leído en alguna revista que todo el mundo tiene un antónimo en algún lugar. Sería gracioso que Sommers fuera el mío… ¿no podría estar en la otra punta del mundo?

-¿Vas a ir hoy?

Asentí. No hacía falta que ninguno diéramos más datos; sabíamos de qué estábamos hablando.

-¿Vas a correr?

-No.

Sonrió burlón a mi respuesta y decidí borrarle la sonrisa.

-La última vez el coche de Laurent ya quedó bastante estropeado ¿verdad? –pregunté burlón-. ¿Lo ha arreglado?

El brillo burlón desapareció de su mirada y sus ojos se oscurecieron.

-Yo no estaría tan contento si fuera mi hermana quien corriera.

Le miré extrañado.

-Bueno, esa es la diferencia, yo sí confío en Rosalie –sonreí a medias.

-Típico de vosotros… confiáis en demasiada gente.

-¿Qué diablos quieres decir con eso?

-Swan ha estado haciendo preguntas por ahí –dijo señalando el instituto con la cabeza. Cada uno de los músculos de mi cuerpo se tensó al escuchar la referencia a Bella.

-¿Y qué?

-Que hasta que no empezó a sentarse con vosotros en la hora de la comida había estado muy quietecita escribiendo artículos de moda –dijo sarcástico.

-Ella no los escribe –le corregí automáticamente sin pensar. Me miró extrañado-. Bella no escribe los artículos de ropa, odia… -sacudí la cabeza interrumpiéndome a mí mismo-. ¿Qué hago yo dándote explicaciones acerca de nada?

-Mejor a mí que a Jane, ¿no te parece?

-¿Quieres que te vuelva a partir la cara?

-Eh, tranquilo –dijo alzando las manos ante mi aviso-. Sólo te estoy diciendo lo que puede pasar si sigue preguntando cosas que no le conciernen.

-Además, ¿qué estás insinuando? –pregunté recordando sus palabras anteriores-. ¿Qué alguno de nosotros le ha hablado de Fuego Eterno a Bella?

-Lo has dicho tú, Cullen –dijo riendo entre dientes.

-Dimos nuestra palabra de no hablar de ello con nadie –le hablé entre dientes con ira contenida-. Y nosotros no rompemos nuestras promesas.

-Sólo digo que como la hija del jefe de policía se entere de algo, tendremos a todos los agentes encima de nosotros en menos de lo que canta un gallo y no me gusta esa idea. Quizá tenga que hacer algo para que deje de preguntar…

Le miré con tanta intensidad que incluso yo me di cuenta de que tembló ligeramente antes de volver a recomponer su coraza de "chico malo y duro".

-Mantente alejado de Bella –le dije-. No me gusta repetir las cosas, así que grábalo bien en la cabeza porque es la última vez que te lo digo.

-Los accidentes ocurren –dijo simplemente Sommers.

-No a mi familia –le dije cortante-. Y si les pasa algo a alguno de ellos, será mejor que reces para no estar cerca… Y eso incluye a Isabella Swan.

Sonrió indiferente como si la conversación no tuviese nada que ver con él. Chasqueé la lengua y abrí la puerta con fuerza maldiciendo en voz baja cuando no le di un golpe con la portezuela. Me deslicé en el interior del coche y arranqué el motor.

Juro que algún día iba a hacerle tragar a Sommers todas sus palabras. ¡Oh, sí! Esperaba impaciente ese día.

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El instituto estaba cerrado. Forzó la entrada trasera y se deslizó dentro con la certeza de que no le pillarían. Forks era un lugar pequeño y tranquilo donde nunca ocurría nada y dónde no era necesario mantener un vigilante nocturno para el instituto. Le gustaba estar allí solo, entrar en silencio sabiendo que no había nadie, le gustaba escuchar el eco de sus propios pasos sobre el suelo de baldosas blancas.

Los pasillos desiertos olían a pintura por las pancartas y carteles que cubrían el instituto y que anunciaban el baile. El silencio reinaba a su alrededor y la única luz que alumbraba y que le servía de guía provenía de la pequeña linterna negra que había encontrado en el garaje de casa.

Sabía donde se dirigía y casi sin pensarlo sus pies se deslizaron hacia su objetivo.

Se detuvo al llegar frente a la puerta del periódico y arrodillándose en el suelo se quitó de encima la mochila que llevaba colgaba en el hombro, dejándola caer suavemente hasta el suelo, no por miedo a que hiciera demasiado ruido sino simplemente por miedo a que algo pudiera romperse.

Con la ganzúa en sus manos expertas hizo saltar la cerradura de la puerta y se coló en la habitación mirando a su alrededor. Todo estaba ordenado y tranquilo. Sonrió a medias. No reconocerían el lugar cuando acabara con él.

Lo primero que vio fue la mesa de ella. La primera empezando a contar por la derecha de la puerta. Lo sabía aunque no hubiese nada que lo indicase. La había visto sentada allí muchas veces cuando la puerta estaba abierta y él pasaba para ir a la cafetería. Siempre sonriente, siempre segura, siempre confiada.

Bella Swan. Había aparecido de la nada y parecía que había captado la atención de todo el mundo. No era algo que le hubiese importado demasiado en cualquier otro momento, pero lo que no me gustaba era que estuviera fisgoneando en algo que no le importaba en absoluto y que para él lo significaba todo.

Había sido en la clase de trigonometría donde me había enterado de lo que Isabella Swan quería hacer, de lo que ya estaba haciendo. No podía permitirlo.

Me quedaba un año, un maldito año para conseguir salir de todo aquello y ver mi recompensa. Un legado que había pasado de generación en generación en mi familia desde hacía décadas. Un legado que había prometido tomar. Un legado que iba a seguir. Pesara a quien pesara.

Su ordenador fue el primero en estrellarse contra el suelo. El resto, vino después.

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Di un golpe en el volante mientras conducía carretera abajo hacia la casa de Bella con la esperanza de encontrarla allí. Me había asustado cuando no la había localizado después de clases. ¿Cómo diablos no iba a asustarme? Sommers la había amenazado y si él había escuchado el estúpido rumor que Bella se había empeñado en hacer correr sobre Fuego Eterno, podría no haberle hecho demasiada gracia. Cuando me detuve al llegar a casa de los Swan, salí del coche azotando la puerta con fuerza y casi volé la distancia desde el vehículo hasta la puerta. Llamé insistentemente, respirando apenas aliviado al ver la furgoneta de Bella aparcada en la entrada del garaje.

-¡En el jardín de atrás! –me llegó su voz clara.

Rodeé la casa. La había escuchado pero aún así necesitaba verla y asegurarme de que estaba bien. Tenía la necesidad de saber que estaba bien a pesar de que la estaba viendo con mis propios ojos.

Estaba listo para gritarle, para zarandearla y para darle un sermón. Estaba preparado para advertirle que no se metiera en cosas que no comprendía y que dejara de perseguir el Pulitzer con un artículo que podría resultar realmente perjudicial para ella si llegaba a oídos de ciertas personas según qué comentarios. Estaba preparado para decirle cientos de cosas pero para lo que no estaba preparado era para verla del modo en que la encontré.

Vestía una sencilla camiseta blanca que le venía grande y… caía de uno de sus hombros dejando al descubierto el fino tirante de una camiseta interior. La camiseta le llegaba a cubrir hasta medio muslo y debajo de ella llevaba unos pantalones cortos de deporte de color negro que dejaban al descubierto sus piernas blancas y unos tobillos finos y delicados que se apreciaban perfectamente ya que iba descalza. Su cabello estaba desordenado y recogido de alguna forma extraña con lo que parecía ser una pinza en la nuca y algunos mechones rebeldes se habían escapado y enmarcaban su sorprendido rostro. Estaba estirada y alzada en las puntas de sus pies tendiendo ropa.

-¿Sabes qué le pasó a la niña del cuento que hacía preguntas sobre lo que no le concernía? –pregunté sin demasiada ceremonia.

-¿Qué averiguó la verdad? –repuso ella sarcástica.

-Sí, y después tuvo que pagar el precio –contesté siguiéndole el juego.

Bella me miró fijamente.

-Bueno, mientras no sea demasiado alto, creo que podría pagarlo –me sonrió.

-¿Es que te has vuelto loca?-le pregunté aferrándola de los brazos con fuerza- ¡No puedes ir haciendo preguntas sobre un estúpido rumor y mucho menos hacer correr el rumor de que sabes cosas que no sabes!

-¿Tú vienes a mi casa a gritarme y soy yo quien está loca?

Ignoré su protesta y también la corriente de electricidad que me golpeó cuando la toqué.

-¿Sabes en qué te estás metiendo?

-Edward… -habló tranquila-… me estás haciendo daño…

La solté como si su piel me hubiera quemado. Me pasé las manos por el cabello y suspiré pesadamente. La miré.

-Lo siento… -me disculpé-… sólo… A veces es peligroso hacer preguntas y… y no quiero que te ocurra nada… -admití.

-Espera, ¿has venido hasta mi casa para decirme que deje de hacer preguntas porque crees que puede ser peligroso? –no detecté el enfado en su voz.

-No lo creo, lo sé –la corregí con absoluta certeza.

-¿Y cómo lo sabes? –me preguntó frunciendo el ceño.

-Sólo… confía en mí… es peligroso que sigas haciendo preguntas…

-¿Confiar en ti? –preguntó con cierto tono de tristeza en su voz-. ¿Cómo puedo confiar en ti si un día me ignoras y al día siguiente te preocupas por lo que me pasa? –me preguntó-. ¿Cómo puedo confiar en alguien así, Edward, si cuando te veo, nunca sé qué Edward eres?

No supe qué contestar. Ella tenía razón, toda la razón.

-Tú… tú sólo hazme caso, ¿vale?

-¡No! –gritó entonces-. ¡No vale! –me dio un golpe en el pecho con su dedo índice-. ¡¿Quién te crees que eres para venir aquí y gritarme lo que tengo que hacer sin darme una sola explicación?! –me preguntó furiosa. Era increíble que incluso enfadada fuese tan bonita-.¿Qué diablos te da derecho a venir a mi casa a decirme lo que debo o no debo hacer?. ¡No eres ni mi padre ni mi novio ni nadie a quien tenga que hacer caso! –siguió gritándome mientras me daba golpecitos en el pecho con su dedo-¡ Te estás portando como un estúpido…

-… novio sobreprotector, lo sé!…-la interrumpí gritando yo también agarrándola de la mano para que dejara de darme golpecitos-. Y lo siento… -me disculpé. Noté el momento en que sus músculos se relajaron y su enfado desapareció-… Sólo… sólo quería que supieras que es peligroso plantear algunas preguntas y… no quiero que… no quiero que te pase nada…

Me estaba repitiendo, lo sabía, pero es que ese era el único pensamiento que tenía en la cabeza en aquellos momentos. Mantenerla a salvo, que ella estuviese bien, que no le pasara nada… Era lo único en lo que podía pensar.

Me miró pensativa, confusa, extrañada… como si no pudiera creer lo que le estaba diciendo, como si no quisiera atreverse a creer lo que estaba escuchando y lo peor de todo, era que no podía culparla por ello.

-Lo siento –volví a disculparme al ver que ella no decía nada-. Será mejor que me vaya…

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Lo había estado pensando durante mucho tiempo, horas enteras dedicadas a pensar en él, en lo que sentía cuando estaba cerca, en lo que deseaba cuando estábamos en la misma habitación. Había tenido muchas noches para recordar la atracción que había sentido en el centro comercial y cada vez que lo recordaba un escalofrío me recorría la espalda. Había tenido mucho tiempo para pensar y analizar mis sentimientos, para darme cuenta desde un punto de vista objetivo qué era lo que me ocurría con Edward Cullen, qué era lo que pasaba entre nosotros dos… como si cada vez que estuviéramos juntos una descarga eléctrica me sacudiera por completo todo el cuerpo y el corazón y cada vez que estábamos separados, me faltaba él… me faltaba su mirada clara, verde, fresca, me faltaba su sonrisa ladeada, la forma en que tenía de sonreír junto a sus hermanos, la manera en que apretaba los labios y los convertía en una delgada línea cuando estaba pensativo… incluso me faltaba su ceño fruncido y la pequeña arruga que se formaba en el entrecejo cuando estaba enfadado o concentrado.

Había tenido muchísimo tiempo para analizar cientos de cosas y cientos de sentimientos… los escalofríos, el modo en que me sonrojaba cuando sabía que él me miraba, la manera en que me ponía nerviosa cuando estaba junto a él en las clases de biología, la forma en que me había sentido cuando le había visto besar a Lauren, como si alguien me hubiera sacado el corazón y lo hubiera roto en mil pedazos…

Si cualquier persona me hubiese preguntado por qué sentía eso le hubiese dicho que simplemente estaba enamorada… Pero claro… siempre ve antes el humo quien está fuera que el fuego quien está dentro…

-Lo siento –volvió a disculparse al -. Será mejor que me vaya…

Fue en ese momento, en esa fracción de segundo que duraron sus palabras cuando me di cuenta de la verdad absoluta que me había tenido tan confusa las últimas semanas. Acababa de darme cuenta de que estaba enamorada de Edward Cullen.

Se alejó de mí unos pasos y la voz se quebró en mi garganta al darme cuenta de que quizá era la única oportunidad que iba a poder tener con él. Si no decía algo, si no hacía algo, la forma en que Edward me había estado tratando de evitar sería una constante en mi vida… y no estaba segura de poder soportar algo así.

No pensé. No pensé lo que iba a decir, sólo… yo sólo hablé con el miedo atenazándome por dentro… miedo de una cosa, y era miedo a perderle; miedo a cerrar los ojos y saber que él no iba a estar allí. Saber que si no decía nada podía perderle para siempre era más de lo que podía soportar. No quería hacerlo, no podía hacerlo.

-No me importaría que lo fueras… -susurré.

-¿Qué?

¡Idiota! Me regañé a mí misma. Podría haber dicho muchas cosas, pero no, claro, los nervios tuvieron que hacer que dijera la mayor estupidez que podía haber dicho. Noté su mirada clavada en mí y, a pesar de darme cuenta de que seguramente mis mejillas habían adquirido el tono de una manzana roja, en algún lugar, quizá del miedo, encontré el valor para volver a repetirlo.

-No me importaría que lo fueras –dije un poco más alto. Me miró sin comprender-. Ya sabes… un novio sobreprotector… -susurré de nuevo-… no me importaría que lo fueras…

-No sabes lo que estás diciendo –intenté sonar divertido pero creo que sonó más bajo y gutural de lo que quería.

-Bueno… al menos eso explicaría tus cambios de humor… creo –fruncí el ceño-. Nunca he tenido novio así que no sé si lo explicaría pero todo el mundo sabe que las parejas de novios siempre están discutiendo y bueno, las discusiones vienen con cambios de humor y tú eres… estás… a veces… -me estaba empezando a poner realmente nerviosa el modo en que me estaba mirando-. ¿Quieres dejar de mirarme así? Me deslumbras…

-¿Qué? –preguntó divertido-. ¿Te… te deslumbro?

-¡Cómo si no lo supieras! –protesté resoplando. Me miró extrañado-. No tienes ni idea de lo que estoy hablando, ¿verdad? –negó-. Tus ojos… parecen ser capaces de leer los pensamientos de las personas y… bueno… cuando miras a alguien fijamente, le deslumbras.

-¿Te deslumbro a ti?

Apreté los dientes.

-A veces –acepté a regañadientes-. Pero sólo cuando me pillas con la guardia baja –añadí en un intento de parecer menos tonta.

Sacudió la cabeza pero antes pude ver el tormento en sus ojos, como si estuviese luchando consigo mismo por algo.

-No deberías decir esas cosas… Bella… de hecho deberías apartarte de mí, deberías apartarme de ti… no soy… hay cosas que no sabes y… -titubeó.

-No me importa…-dije y era verdad.

-Pues debería importarte…

Atrapé su rostro con mis manos y la piel me hizo cosquillas cuando entró en contacto con su piel.

-Pues no me importa –repetí intentando que en mis ojos se reflejara la verdad de mis palabras.

-¡Maldita sea! –gritó-. No sabes nada de mí… no me conoces… puedo ponerte en peligro sin querer hacerlo. Hay muchas personas, en determinados círculos que me tienen miedo y tú también deberías tenérmelo ¿Es que no tienes miedo de nada?

-Oh, sí… -reí entre dientes-… tengo miedo de muchas cosas… pero me da más miedo escucharte hablar y tener la sensación de que siempre te estás despidiendo, de que siempre te estás escondiendo y alejando de mí… Lo que más miedo me da es abrir los ojos y darme cuenta de que no estás ahí…

-No deberías de sentir eso… A mí también deberías de temerme… -me dijo en voz baja y tranquila.

-No te tengo miedo –le aseguré-. De ti, no. De ti, nunca.

-¿Por qué? –susurró como si le costase un gran trabajo hacer aquella pregunta.

-No lo sé… pero es así… -era cierto. No entendía por qué pero no podía cambiar lo que sentía. Y de haberlo podido cambiar, no habría querido hacerlo.

-Maldita sea… -me empujó contra el árbol que había a mi espalda con gentileza. Su respiración se acercó a la mía y su aliento acarició mi cuello. Sus ojos brillaron y vi como sus manos temblaban como si estuviese conteniéndose de hacer algo-. Sería más fácil si pudiera mantenerme alejado de ti… -confesó. Me apartó un mechón rebelde que se había soltado de mi recogido y lo colocó detrás de mi oreja en un gesto tan íntimo que hizo que me ruborizara-… Lo he intentado… juro que de verdad que lo he intentado… pero no… -carraspeó-…no puedo hacerlo… -sonrió levemente-… no soy tan fuerte como pensaba…

Busqué con mi mirada sus ojos y me vi reflejada en sus orbes claras. Le sonreí, temblando por algo que ni siquiera sabía comprender.

-No te he pedido que lo seas –le contesté suavemente.

-Entonces, ¿qué es lo que me estás pidiendo?

Negué con la cabeza, incapaz de encontrar las palabras adecuadas para ello porque ni siquiera yo sabía qué era lo que le estaba pidiendo. Se acercó más a mí si es que eso era posible y noté el calor que emanaba de su cuerpo, extrañamente frío, y cálido al mismo tiempo.

-No lo sé… -susurré en voz tan baja que incluso yo tuve problemas para escucharme.

-Bella…

Una de sus manos se apoyó en el árbol que había detrás de mí, a la altura de mi cuello. Lo sé porque sentí el calor de su toque en esa zona en particular aun sin que me estuviera tocando… Era como estar piel con piel y separados únicamente por una hoja de papel inexistente. Tuve que contener la tentación de girar el rostro para acercar mi cuello a ese contacto y realmente no sé de donde saqué las fuerzas para quedarme quieta e inmóvil, el sonido de su voz susurrante aún clamando en mi cabeza.

Fui consciente de su otra mano cuando la colocó bajo mi barbilla pequeña y delicada. Quizá fui demasiado consciente. Emití un leve jadeo por la sorpresa de notar su piel tan caliente cuando siempre parecía fría; le escuché reír entre dientes por mi reacción y mis mejillas se sonrojaron aún más. Me obligó a levantar la mirada y enfrentarme a la suya. ¿Cuándo se había acercado tanto? Me preguntaba si era posible que dos personas compartieran el mismo espacio en el mismo momento… y a pesar de saber que era imposible, en aquel instante, mientras él me miraba, creí que ambos formábamos parte del mismo lugar y espacio.

-No sé qué es lo que te estoy pidiendo… -repetí con voz más fuerte sin apartar mi mirada de la suya.

Pasaron unos segundos sin que él me contestara. Empezaba a dudar muy seriamente de haber hablado en voz alta. Edward no se movía, no hablaba… sólo me miraba fijamente como si quisiera descubrir dentro de mis ojos algo… como si pretendiera leer mis pensamientos, mis sentimientos mirándome de aquella forma.

-Quédate quieta… no te muevas… -susurró entonces.

Sus manos acariciaron mi piel de forma tan suave que temí deshacerme ante su toque. Enmarcó mi rostro con ellas y sentí como mi piel ardía bajo sus manos. Sonrió como si fuese conocedor de algún secreto que acabara de descubrir y no deseara compartir nunca con nadie.

-Edward… -empecé a decir.

-No te muevas por favor… -me pidió-… sólo… no te muevas…

Esperé, paciente, quieta, aunque en mi interior estaba saltando por los nervios y la incertidumbre. Notaba el calor del cuerpo de él acercándose, sus manos acariciando mi rostro allí donde estaban puestas, su cálido aliento acarició mi cuello y su risa, cuando me estremecí, hizo que suspirara profundamente, recordando de repente que necesitaba respirar para vivir.

Fueron segundos, minutos enteros, horas… no lo sé, sólo sé que siempre recordaré el modo en que se acercó a mí, la manera en que su cuerpo rozó el mío, la forma en que inclinó su rostro. Cerré los ojos… me sentía desnuda mirándole mientras él se inclinaba sobre mí.

-Tonta Bella… -susurró a escasos centímetros de mis labios.

Tenía la boca reseca y la humedecí pasando la lengua por mis labios. Le escuché gemir y fui incapaz de abrir los ojos para saber qué era lo que le había trastornado.

Entonces lo sentí… Un cosquilleo, como cuando un insecto se posa en tus labios, como cuando una mariposa bate sus alas y te roza la boca, como cuando pasas los pétalos de una flor por tus labios… Suave, superficial, dulce… apenas un roce, sólo eso, un simple roce que me hizo perder el mundo de vista consiguiendo que todo a mi alrededor desapareciera excepto su olor, su calor, su respiración y su sabor.

Escuché una maldición y abrí los ojos. Edward estaba a un par de pasos de mí. ¿Cuándo se había alejado? Peor aún, ¿me había besado de verdad? Le miré mientras descolgaba su teléfono móvil, el gesto frustrado en su rostro, sus ojos duros mientras contestaba la llamada. ¿Eso había sido un beso o sólo mi imaginación?

No pude preguntar. No me dio tiempo. Edward colgó y guardó el teléfono en su bolsillo. Me miró entre la confusión el miedo. Titubeó.

-Yo… tengo que irme… Scott… -parpadeó-… un amigo…luego… luego hablamos –dijo de forma interrumpida.

Me quedé allí quieta mientras se marchaba. Escuché el motor de su coche y me llevé la yema de los dedos a los labios, aún cosquilleantes, aún temblorosos, aún calientes… Fruncí el ceño. Había sido como el aleteo de una mariposa, suave, tranquilo, casi inexistente pero había estado ahí. Un maravilloso cosquilleo que hizo que mi sonrisa se estirara como una tonta sin poder evitarlo.

Sí, había sido corto, pequeño y superficial, pero había sido un beso…

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Estaban hablando de mí. Lo supe tan pronto entré en la sala de estar y Emmett y Jasper dejaron de hablar mirándome. Fruncí el ceño.

-¿Qué? –pregunté.

-Nada… ¿estás bien?

¿Estaba bien? La llamada telefónica me había desconcertado en más de un sentido. Scott estaba en el hospital por accidente de coche y no sabían si iba a recuperarse… Las probabilidades de que se quedase en coma y que finalmente muriese eran de un noventa y siete por ciento frente al tres por ciento de posibilidades que tenía de recuperarse.

Pero no había sido solo aquello. La había besado. La había besado durante una fracción de segundo y en ese corto espacio de tiempo en que había formado parte de ella, en esos escasos momentos en que había besado sus labios suaves y tiernos me había sentido… a salvo, en casa, tranquilo.

-¿Edward? –insistió Jasper.

Parpadeé intentando centrarme en la conversación. Asentí gravemente.

-Estoy perfectamente…-mi voz no sonó convincente del todo y maldije en silencio por ello-. Vengo del hospital –ambos me miraron-. Scott está en cuidados intensivos, ha tenido un accidente.

-Imposible, Scott es un conductor excelente –dijo Emmett.

Jasper le miró enarcando una ceja y luego me miró.

-¿Fuego Eterno? –me preguntó. Asentí-. ¿Se recuperará?

-No lo saben, pero lo tiene todo en contra para recuperarse. Las opciones más seguras son el coma o la muerte –el silencio reinó en el salón y carraspeé.- ¿Y las chicas?? Es la hora de irnos.

Si no hubiera estado tan atontado por lo que había ocurrido con Bella, habría escuchado la maldición de Jasper y el gruñido de Emmett. A ninguno de los dos le había hecho gracia saber que Scott estaba en el hospital, pero claro, ni siquiera les presté atención.

Una hora después estábamos en el lugar de encuentro. Subí la cremallera de la chaqueta. Aquella noche hacía frío y ni siquiera el calor humano que cientos de cuerpos podían proporcionar servían para apaciguarlo… Quizá cuando comenzasen las carreras la adrenalina haría que la temperatura subiera. Jasper estaba abrazando a Alice de forma protectora. Tenía la cintura de ella rodeada con sus brazos y la apretaba contra él, obligando a la chica a mantener su espalda pegada a su pecho, compartiendo el calor corporal para mantenerla abrigada. Sonreí a medias. Alice había declinado tomar una chaqueta porque eso habría arruinado el conjunto que había elegido especialmente para correr. Jasper no parecía tener ningún problema con ello.

-¿Estás lista? –escuché como Emmett le preguntaba.

-Sí –contestó ella-. Mi coche está preparado para ganar otra vez –afirmó orgullosa.

Sonreí. Si había alguien que comprendiera el amor que alguien podía sentir por un coche, ésta era sin duda Rosalie. Tenía que admitir que cuando la gente se enteraba de que ella era una fanática de las cosas con cuatro ruedas hasta el punto de ser una mecánica excelente, la miraban como si estuvieran evaluando esa posibilidad. No les culpaba, por supuesto, después de todo, no se espera que una chica como ella sepa algo práctico. Pero bastaba verla sumergirse en el motor de un coche, bajo el capó para darse cuenta de que sabía lo que hacía.

-Este circuito es fácil –le dije mirándola-. Pero ten cuidado cuando pases el tercer bidón; hay una curva cerrada a la derecha… -asintió-… tendrás que frenar antes de entrar en la curva.

-Pero perderá velocidad –protestó Alice.

Cada vez que me preguntaba por qué Emmett había nombrado a Rosalie su segunda en lugar de nombrar a Alice, ésta decía algo como aquello y entonces recordaba que la impulsividad de Alice era mortal si se combinaba con un volante…

-Sí, pero así no se estrellará –repliqué mirando a la morena-. Escúchame Rosalie, frena antes de entrar y cuando sientas que las ruedas están agarradas al asfalto pisa el acelerador a fondo ¿entendido?

-De acuerdo –asintió. No era tonta. Era la primera vez que corría en aquel circuito y sabía apreciar los consejos cuando le venían bien para lo que quería hacer-. ¿Algo más?

-Sí, después del quinto –señalé un punto de fuego lejos-, hay una recta de unos doscientos metros, si entras fuerte en ella consigues mucha velocidad. Si tienes en cuenta esas dos cosas, no debería de resultarte difícil, ¿de acuerdo?

-Entendido –debió de ver mi ansiedad porque sonrió-. Estaré bien, no es la primera vez que corro ¿recuerdas?

-Sí, y cada una de las veces que alguno de vosotros corréis tengo la sensación de que pierdo diez años de vida –gemí a medias bromeando y a medias hablando en serio.

Rosalie me miró frunciendo el ceño. Lo sabía. Todos lo sabían. Cada vez que alguno de ellos tenía que participar en las carreras podían ver en mi rostro la angustia y el miedo de perderles…. Si algo así ocurriera… sería mi culpa. Sólo mía. La mano menuda de Alice se apoyó en mi brazo llamando la atención.

-Está bien Edward, Rosalie estará bien –me dijo.

Sonreí un poco más tranquilo. No sabía cómo lo hacía pero Alice parecía ir siempre un minuto por delante de los demás… si ella decía que iba a estar bien, apostaba por su predicción.

El nombre de Rosalie y el de Victoria resonaron en el megáfono de Morgan. Rosalie me sonrió confiada y entró en su coche. Vi como Emmett se inclinaba hacia delante y recostaba los brazos en la ventanilla bajada.

-Ten cuidado, ¿me escuchas? –le preguntó-. No importa que pierdas, pero ten cuidado.

-Estaré bien Emmett –él introdujo la cabeza dentro del vehículo y la besó de forma brusca y salvaje dejando bien patente a la vista de todo aquel que estuviera mirando que la pasión entre ellos era algo normal y habitual en su relación-. Nos vemos en la meta –dijo.

Ambos coches arrancaron. Era difícil seguirles la pista debido a la oscuridad. Aquello formaba parte del juego, de la adrenalina, de mantener el control… La oscuridad levemente atenuada por las llamas de los bidones ardientes.

-¿Cómo va? –preguntó Alice.

Sonreí y decidí no burlarme de su altura… al menos de momento.

-Acaba de entrar en la segunda curva y Victoria la ha sobrepasado –Jasper sonrió ante mi declaración.

-¿Por qué no me has dejado ir con ella? –preguntó Alice frunciendo el ceño.

-Porque me gusta mantenerte calentita junto a mí… -habló el rubio en voz baja haciéndola reír ligeramente.

Me acerqué a Emmett que seguía la carrera con expectación. Le di un golpe en su hombro con el mío.

-¿Estás bien?

-Cada vez que participa es como si corriera yo –me dijo sin apartar los ojos-. ¿Acaba de pasar la curva? –asentí.

-Emmett, Rosalie saldrá bien de esto –le dije-. Aprendió del mejor ¿recuerdas?

-Hacerme la pelota no servirá para que me tranquilice –me miró y sonrió-, pero agradezco el detalle.

-Acaba de dar la vuelta, faltan tres curvas más y la recta –le dije.

Era fascinante ver como se vivían las carreras dentro del coche de una forma y desde fuera de otra. Cuando tú conducías, la adrenalina parecía durar horas. Cuando tú mirabas, sólo duraban segundos. Eran dos máquinas rugiendo por tener el primer lugar. Cuando tú conducías… tú formabas parte de la máquina.

-¡Están llegando! –gritó Alice tirando de Jasper para ir a la meta y ser los primeros en recibirla.

Llegamos cuando el morro del vehículo de Rosalie acababa de cruzar la línea. El rugido de la gente denotaba claramente por quién habían apostado. Sonreí. Al menos habían sido listos en eso.

Emmett no esperó a que Rosalie saliera del coche. Le abrió la puerta y tiró de ella hasta que la tuvo contra su pecho rodeándola con sus brazos, asegurándose que ella estaba bien.

-¡¿Cómo diablos me has adelantado en esa curva sin salirte de la pista?! –rugió la voz de Victoria-¡Es imposible hacerlo!

-Bueno, pues ella lo ha hecho ¿verdad? –replicó Alice.

-¡Quiero ver tu motor! –insistió Victoria.

Rosalie se despegó de Emmett y miró a Victoria sin amedrentarse ni un ápice.

-¿Me estás llamando tramposa? –retó Rosalie cruzándose de brazos-. No he añadido nada que el coche no tuviera ni tampoco he usado ningún tipo de acelerante –añadió.

-¡Has modificado el motor! –protestó Victoria siseando entre dientes.

Para entonces una gran multitud se había reunido a nuestro alrededor. Miré a Emmett y Jasper que parecían tan tensos como yo. Alice estaba serena y tranquila, demasiado quizá, para lo enérgica que era. Me extrañaba que no estuviera junto a Rosalie gritando y despotricando contra Victoria pero cuando vi que el brazo de Jasper la retenía por la cintura me di cuenta de que si no estaba con Rosalie era porque no la dejaban.

-No he modificado absolutamente nada –los ojos de Rosalie brillaban con fuerza-. ¿Quieres que alguien revise el motor? –sugirió.

-¡Sí! –gritó Victoria. Miró a su alrededor y sonrió confiada al ver a Morgan cerca del círculo que se había formado, dispuestos a enterarse de lo que fuera que estuviese pasando-. Morgan, exijo una revisión del motor de Rosalie Cullen.

Alice resopló claramente enfadada y Jasper la abrazó más fuerte. Al contrario de lo que podía parecer sólo Rosalie estaba tranquila respecto a lo que estaba pasando.

Emmett la miró incrédulo. Sabía qué era lo que pensaba, ¿se había vuelto loca? Habíamos visto al coche de Rosalie prácticamente volar en el circuito y para ninguno de nosotros había estado nunca más claro que la chica le había hecho algo al motor del coche. Si lo revisaban y se daban cuenta de que había sido modificado podría suponer la expulsión de Rosalie del Fuego Eterno y aquello era como una cárcel, era muy fácil entrar pero casi imposible salir.

Me tensé y noté por el modo en que él también lo hizo, que Emmett y yo estábamos compartiendo el mismo pensamiento. Si aquello se ponía feo íbamos a tener que salir de allí quemando los neumáticos. Jasper atrapó mi mirada. Tenía la llave de su coche en la mano, listo para ser el primero en volar de allí si la cosa se ponía demasiado mal. Asentí indicándole que lo había visto.

El capó del coche se abrió y Rosalie esperó pacientemente junto a la puerta del conductor, recostada en la misma, mientras se miraba las uñas distraídamente y de vez en cuando resoplaba ante los comentarios sarcásticos de Victoria. La miré fijamente.

Victoria. No debía de subestimarla nunca. Lo que sabía de ella no era agradable. Había sido la pareja de James durante un par de años, si no recordaba mal, y nunca lo habían dejado del todo. Los rumores y malas lenguas del instituto afirmaban que detrás de cada chica que afirmaba que Sommers la había drogado y aprovechado de su estado de inconsciencia, también afirmaban que la sombra de Victoria estaba presente.

-Todo está en orden –dijo Morgan después de revisar el motor. Miró a Rosalie con admiración-. La dama vuelve a ganar –dijo imitando el acento de un caballero del siglo XVIII y sonriéndole-. La próxima vez que acuses a alguien, ten pruebas –le dijo a Victoria.

-¡Esto no quedará así! –siseó Victoria entre dientes mirándonos.

Ignoramos a los que se habían congregado a nuestro alrededor y nos alejamos hacia nuestros coches. Sólo cuando estuvimos lejos de oídos ajenos, Jasper se atrevió a hablar.

-¿Cómo lo has hecho para modificar el motor y que no haya rastro alguno de ello? –preguntó Jasper mirando seriamente a Rosalie.

-¿No confiáis en mi palabra? –preguntó con fingida ofensa-. No he modificado nada –explicó la rubia.

-Rosalie… -advirtió Emmett con un deje de seriedad en la voz poco visto en él.

-Al menos no hoy –aceptó sonriendo con picardía-. Digamos que el coche no estaba a pleno rendimiento hasta hoy.

Al comprender sus palabras, Alice batió sus palmas y Jasper rió entre dientes mientras que Emmett lanzó una carcajada que atrajo varias miradas y mientras la estrechaba contra sí pasándole un brazo por los hombros exclamó:

-¡Esta es mi chica!

En aquel momento, cuando vi a la gente que quería abrazarse entre ellos mirarse con cariño y besarse con pasión, fue cuando me di cuenta de lo solo que había estado toda mi vida y descubrí algo más… Que no quería estar solo nunca más. Necesitaba y quería estar con ella…

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Bueno, pues esto es todo.

Bufff!!! No sabéis lo que me ha costado escribir este capítulo… Lo he borrado y escrito tres veces, he eliminado escenas, he puesto otras, tenía ideas que ya tenía redactadas y que al final las he dejado porque la historia iba demasiado deprisa si las metía aquí… en fin… Ha sido toda una Odisea llegar a escribirlo!!!

Espero que el resultado final haya sido bueno y os haya gustado, si es así, es todo lo que necesito para estar contenta :D

Por cierto, qué tal el primer besito de Edward y Bella? Es que me parecía que si ponía un super beso de repente iba a ir muy rápida la cosa… así que bueno… salió esto… Juro que los personajes cobran vida propia en mis manos ¬¬

Bueno, a ver, son… dos y dos cuatro y me llevo cinco, más tres menos dos…. Hago esto… ahora sumo aquí y…. 16 páginas!! Así que espero vuestros reviews con vuestras opiniones.

Un besito para todos, sed felices y pasad un buen fin de semana!!

Y recordad: "no nos gustan los cuentos de hadas porque hayan dragones sino porque nos enseñan que podemos vencerlos"

Sed felices, nos leemos pronto!!