Capítulo VII

Si alguna vez debía cometer un error, aquel era el día propicio para ello.

A pesar de que el caballero de Escorpio lo había expulsado de su cama y por consiguiente de su templo, Aioria no tenía más remedio que regresar Al suyo y ducharse allí, para poder hacer la guardia de la noche.

En esos momentos no se arrepintió de haberse follado a Milo, sino que, enaltecido por tal éxito, bajó las escaleras de dos en dos, con el placer dibujado en su rostro.

Sólo cuando se cruzó con una mujer, que lo llamó por su nombre, se quedó estático, a pesar de que su mente le pedía que saliera de allí corriendo.

—Esta noche tienes guardia, ¿verdad?— ronroneó Marin, acercándose al caballero de Leo. Pero cuando estuvo a una distancia prudencial, ella se separó extrañada.
Retiró la máscara de plata de su rostro y miró a su compañero.
—Hueles raro— murmuró inquieta—, hueles demasiado a hombre.

Él no respondió, simplemente se quedó quieto, dejando que aquella muchacha fuera rodeándole, olisqueando el aroma que desprendía su cuerpo.
—Es un aroma familiar…— musitó ella, sin llegar a encajar bien el denominador común.

Esta frase, en un principio pasó inadvertida para Aioria, quien seguía aguantando estoicamente la revisión de la fémina.

Hasta que la conexión se hizo patente y la amazona de Águila apretó los puños indignada.
—Hueles al caballero de Escorpio.

Ella temblaba. Él se mantenía férreo en su posición. Ni siquiera sintió dolor al recibir la bofetada que ella le asestó en el rostro.

Sólo cuando ella hubo desaparecido de su vista, reaccionó de manera leve. Un simple suspiro y se introdujo en su templo, directo a la ducha.

Aún seguían esparcidos por el suelo los cristales del frasco de colonia que solía usar.

Al terminar de lavarse, la hora de comenzar la guardia era inminente, por lo que se colocó la armadura de oro y ascendió hacia el templo Patriarcal.

Llegando al templo de Escorpio, paró unos segundos y llamó a la puerta. El dueño del lugar salió a recibirle, cruzándose de brazos.
—¿Qué pasa?

Aioria volvió a sentir los efectos del perfume de su compañero, provocando de nuevo la salvaje oleada de necesidad de sexo.
—¿Podíamos…?— indicó el caballero de Leo, tratando de allanar la morada del caballero de Escorpio, pero éste le impidió el paso.
—Tienes guardia— le recordó fríamente su compañero.
Aioria se encogió de hombros
—Uno rápido, venga…— exigió, volviendo a lanzarse contra el caballero de Escorpio.

Pero Milo fue tajante en su decisión. Cerró los ojos y sonrió de medio lado.
—Escucha esto, Aioria— a pesar de la sonrisa, el tono era serio—, te advertí que no quería que nadie supiera nada de mi vida privada y desde hace una hora ya corre el rumor de que tú y yo hemos compartido cama.

—¿Acaso es mentira?— preguntó extrañado el caballero de Leo—. ¿Qué problema tienes? Al fin y al cabo todo el mundo sabe que tú y el caballero de Acuario follábais sin parar.

Agarrando el canto de la puerta, el caballero de Escorpio se dirigió por última vez a Aioria.
—Vete a hacer la guardia— respondió, dando un portazo.

Dolido por la actitud de su compañero, el caballero de Leo prosiguió su ascenso hasta el templo del Patriarca, ocupando el lugar destinado para realizar la guardia.

Cada vez que pensaba en Milo y su aroma, su miembro se erguía rápidamente. Era como un veneno recorriendo su sangre, provocándole sin cesar.

Se sentó sobre unas escaleras de piedra, que daban a los aposentos de Atenea, quien dormía plácidamente.

Aioria recordó todo lo que había sucedido en poco más de veinticuatro horas. Sexo con Marin. Sexo con Milo. El cabreo de Marin…

"Hueles al caballero de Escorpio"

La frase rondaba por su cabeza una y otra vez. Así que ella también se había percatado del perfume de su compañero…ella debería saber lo provocativo que era…pero sin embargo, él no olía sólo a perfume de Milo. Habían mantenido relaciones sexuales. Y según su compañero, a sudor, a su perfume y su semen.

Las piezas iban encajando en un puzzle de aromas.

—¿Cómo demonios ella ha sabido que olía a semen de Milo?— se preguntó unos segundos, cuando la frase que Milo dijo a su primer encuentro regresó a su mente.

"Tú hueles a sudor, semen y a coño de Marin"

La furia del caballero de Leo se extendió hasta su puño, que terminó estrellándose contra el peldaño donde se apoyaba.

—¡Será hijo de puta!

FIN


Gracias a Lunatica Misa, Sasshura y Misaikigozen por leer la historia ^^ espero que os haya gustado.