VII

"This heart of mine has been hurt before

This time I wanna be sure"

Foreigner


Dustin se había mantenido callado. Julia había pensado que enfrentarlo tendría como resultado que él explicaría por qué estuvo ocultándole algo tan importante y qué es lo que iban a hacer ahora que la situación en Hawkins estaba lejos de acabar. Sin embargo, se había ido a dormir y no le había abierto la puerta de su habitación cuando ella llamó.

Julia decidió que también era hora de irse a dormir y por la mañana, seguramente, insistiría. Por su lado, Dustin estuvo en todo momento tras la puerta escuchando a su prima rendirse con él. Quería que se fuera a su habitación y se quedara allí para así poder salir de casa un momento. Nada le pasaría si hacía eso para buscar al responsable de haber metido a su propia prima en el asunto.

Steve.

¿Por qué tuvo que hacerlo? Si él mismo no le había dicho a Julia qué es lo que estaba pasando en ese pueblo —que muchos llamarían maldito si tan solo supieran— era para protegerla. No quería que se involucrara, que pensara en quedarse por él, que hiciera locuras para quedarse a su lado y pelear contra lo que fuera que viniera, porque él no quería que ella viera lo que él había visto, ni siquiera a Dart. La quería mucho como para eso.

Cuando, al cabo de unos minutos, Julia se rindió y se fue a acostar, apagando todas las luces de la casa de paso, Dustin salió sigilosamente, como muchas veces lo hacía cuando su madre se quedaba dormida, y tomó su bicicleta del garaje para pedalear hacia la gran mansión de los Harrington. Steve tendría que escucharlo, aunque fuera tan solo un niño para él, tendría que escucharlo porque se había metido con parte de su familia y la había involucrado en asuntos que incluso Hopper decía que eran delicados para compartir con cualquiera.

No es que estuviera pensando que Julia era cualquiera, pero sabía sobre su carácter. Si Steve le contó todo, entonces era muy probable que deseara tomar cartas en el asunto, ayudar, hacer algo por mínimo que fuera, para estar a su lado. Ah, y también regañarlo por meterse en líos.


Cuando llegó, no se molestó en tocar el timbre para que sus padres salieran, sino que recolectó piedritas inofensivas y comenzó a lanzarlas a la ventana de su habitación, una de las que quedaba en el patio trasero, frente a su gran piscina.

Lanzó más de diez piedrecillas hasta que decidió que era suficiente. Cogió una de mayor tamaño y la lanzó, esperando que no causara un gran alboroto, pero por suerte no rompió el cristal e hizo un sonido mayor al de las primeras piedras.

Y Steve lo sintió.

Frunciendo el ceño, se asomó cuidadosamente y abrió los ojos como un loco al ver a Dustin afuera. Si su reloj no se equivocaba, era casi medianoche.

— ¿Qué demonios haces aquí? —chilló sin voz a penas abrió la ventana.

— Baja ahora —le exigió Dustin.

— ¿Qué? ¿Por qué? —siguió Steve.

— Steve, no me obligues a llamar a la puerta…

— Eso saldría peor para ti, amigo —sonrió el mayor—. Mis padres llamarían a tu casa y Julia no estaría muy contenta con saber que estás a…

— ¡Hijo de perra! Baja ya…

— Ok, ok.

Steve cerró la ventana y bajó sigilosamente. Sus padres también dormían y, mientras no le importaba que lo encontraran a él saliendo, pues ya era casi mayor de edad, le importaba que vieran a Dustin afuera y le pidieran explicaciones sobre el niño a tan altas horas de la noche en su jardín.

Salió por la puerta trasparente que daba hacia la piscina y se quedó frente a Dustin con las manos metidas en su chaqueta, la cual se había puesto a la rápida encima del pijama.

— ¿De qué se trata todo esto? —preguntó con una mueca en el rostro.

— Le dijiste a Julia todo, ¡TODO! —explotó Dustin.

— Baja la voz —Steve sacó las manos de su chaqueta de inmediato y las levantó, indicándole con gestos desesperados que no comenzara a gritar como un loco a esas horas y afuera de su casa—. Sí, lo hice, ¿Por qué vienes a mi casa a medianoche a reprochármelo? Julia no es tonta, se estaba preguntando cosas, sobre todo después del circo que le montaron tú y Mike con Once en tu casa.

Dustin, por un instante, pareció quedarse sin defensas. Steve había optado por enrostrarle todo lo que había hecho que Julia sospechara e hiciera preguntas obvias.

— ¿Por qué respondiste sus preguntas con la verdad, joder? —lo atacó entonces.

Steve estaba un poco sorprendido de la pose defensiva de Dustin ante alguien que claramente no era un extraño para él, sino todo lo contrario.

— Dustin, ¿Por qué no quieres que Julia lo sepa?

— ¡Porque la estoy protegiendo! ¡¿Qué no lo ves?! —explotó el niño, arreglándose su eterna gorra roja sobre sus rizos color ceniza antes de continuar—. ¿Tu crees que quiero que se preocupe por mí? ¿Qué se preocupe de que un maldito monstruo me vaya a comer? Yo la conozco, más que tú, y sé que, si yo le hubiera dicho todas las locuras que hemos vivido que, oh, tú sabes cuáles son y cómo son, idiota… ella enloquecería.

— Pues no lo hizo —Steve se encogió de hombros—. De hecho, tuvimos una conversación muy civilizada. Tú eres quien la está pintando de un modo totalmente distinto a como es.

— ¿Desde cuando sabes más de Julia Henderson que yo?

Steve se pasó una mano por la frente.

— ¿En serio vamos a comenzar a pelear por esto?

— Ya me conoces —Dustin gruñó.

, pensó Steve, Dustin tenía ese genio que también caracterizaba a Julia, lo que le hacía sonreír cada vez que ambos actuaban involuntariamente parecido.

— Ella tiene un punto —le informó Harrington a su amigo—. Ella me preguntó sobre los que venían antes de Once, ya sabes… como la nombraron con un número… pudo haber sido nombrada "uno", pero no, la llamaron Once.

Dustin se quedó en silencio.

— ¿Ves? —siguió Steve—. Julia es otro punto de vista.

— Ya sé lo que estás intentando hacer. Estás intentando evadir que esto es un gran problema para nosotros. Mike enloquecerá, Hopper enloquecerá…

— No si la llevamos con el grupo y les proponemos esto que tenemos, Dustin —sugirió Steve.

— ¿Quieres hacerla parte del grupo? —Dustin enarcó una ceja. Ya no estaba enojado, sino curioso. La última persona que había metido las patas contándole todo a un extraño había terminado besando a ese extraño o extraña, mejor dicho, en el baile de invierno.

Eso quería decir que…

Intentó no mirarlo con cara de "sé lo que estás intentando hacer, amiguito".

— No, no. Solo creo que si ella tuvo esa idea es lógico que ella se la comunique al grupo, ¿Entiendes? —se explicó Steve.

— Eso es bastante parecido a hacerla parte del grupo —siguió Dustin.

— ¿Es que hay un "grupo"? —se exasperó Steve—. Porque yo no veo que Nancy y Jonathan pasen mucho tiempo con ustedes, ni siquiera yo, yo solo paso tiempo contigo…

Dustin hizo una mueca extraña cuando su amigo mencionó a Nancy y a Jonathan, algo que Steve captó muy bien.

— No tienes que seguir fingiendo frente a mí. Que Nancy y Jonathan son un hecho lo sé hace bastante —le aclaró.

Se quedaron en silencio.

— ¿No estás al menos un poco molesto con ellos?

Steve suspiró.

— No.

— ¿Seguro?

— Dustin…

— Ok, ok —Dustin alzó las manos. El ambiente había vuelto a ser el mismo entre ambos, relajado y tranquilo—. Hombre, me alegra que así sea —sonrió luego.

Vaya, del enojo a la completa felicidad. Dustin era uno en un millón. Steve se encogió de hombros, aliviado de que las cosas hubieran cambiado de rumbo en el curso de la conversación. Quizás ahora era el momento de decir…

— ¿Y? ¿Qué opinas sobre… llevarla con los demás?

Dustin casi se larga a reír. Steve parecía un chiquillo nervioso preguntándole al padre de su chica si puede llevarla al baile. Era una escena fabulosa y la estaba disfrutando enormemente. Lástima que Julia no le creería jamás si le contara.

— Ahora que ya la cagaste, por así decirle —explicó el chico—. Temo que la rechacen ¿Sabes? A Max le pasó, y todavía está acostumbrándose a la frialdad de Mike y Once. Jules solo me tendría a mí allí y…

— Y a mí —Steve soltó de inmediato y luego comenzó a tener un par de tics antes de contradecirse—. Es decir, si necesitas que alguien te de una mano con eso de la aceptación en el clan y todas esas tonterías de códigos que tienen ustedes… además, creo que es importante que resolvamos qué sucedió con todos los demás niños de laboratorio, y creo que una buena forma de comenzar sería investigar las denuncias que han hecho sus padres.

Dustin lo pensó y, al parecer, se le ocurrió una idea de momento.

— Creo que Hopper o la mamá de Will lo mencionaron alguna vez. En los archivos, en la biblioteca, hay muchas notas en los diarios del 70 de personas que reclaman que abdujeron a sus hijos y culpan al tipo ese al que Once llamaba papá… eso quiere decir que… —Dustin avanzó y agarró a Steve de los brazos—. ¡Tienes toda la razón!

Steve sonrió haciéndose el orgulloso.

— ¿Ahora me puedes soltar y dejar que vaya a dormir? —dijo de forma amenazante.

Dustin entornó los ojos.

— Claro, el rey Steve necesita su precioso sueño —se mofó.

— Sí, sí, sigue hablando, niño —bufó el aludido—. Nos vemos mañana.

— Mañana en casa de Mike, con Julia.

Steve, quien ya había avanzado hacia la puerta corrediza para entrar a la casa, se detuvo en sus pasos y miró hacia atrás.

— ¿Mañana?

— Mañana, Steve Harrington. Y sí, necesito tu apoyo con eso.

Steve meneó la cabeza, sonriendo y alzó una mano quedamente como despedida.

Dustin tomó su bicicleta y emprendió rumbo por las frías y solitarias calles de Hawkins de regreso a casa. Esos paseos a medianoche se habían hecho cada vez más siniestros desde que sabía que en cualquier momento podría suceder lo impensable, como lo que le pasó a Will una noche hace dos años después de una gran partida de calabozos y dragones en casa de Mike.

Por suerte, al divisar su casa, supo que en el condado había una calma momentánea. Momentánea, decía, porque todos los que sabían lo que pasaba, sabían también que estaba lejos de acabar.

Ahora tendría que resolver el futuro de Julia en Hawkins, pero eso sería por la mañana. Estaba cansado y necesitaba, así como Steve, de su precioso sueño reparador.