A ciegas

Fanart de Fran - Fic por Angie Jb /Angelina Velarde

Empezó en Junio de 2016

Continúa Enero de 2017

Albertfans

Historias Alternativas


CAPITULO 7

- ¡Si Donovan, estamos bien!… - respondí casi gritando, con alivio. No sé qué esperaba encontrar tras esa voz, pero en esos tiempos aun sin una invasión tácita, todo podía suceder. El hambre y el miedo atenazaban a los ingleses con o sin bombardeo, igual que tentaban a la cordura de cualquiera. Nadie estaba del todo a salvo con o sin el ejército enemigo encima.

El doctor entró al refugio sin dar crédito a nuestra existencia, prácticamente sin un rasguño.

- ¡Tuvieron una suerte que no se imaginan!... – termino al fin Donovan, haciendo un ademán con su cabeza para que lo siguiéramos al exterior, pero regresó sobre sus pasos y se quedó pasmado, como si no encontrara las palabras exactas, las que necesitaba decir. Estaba visiblemente nervioso. Como nosotros. Su semblante lleno de polvo y sus ojos llorosos y rojos parecían un espejo. Con la respiración agitada empezó a hacer un recuento atropellado de lo que había visto durante el bombardeo, arrinconado contra los muros de la casa. -… ¡Al menos la mitad de los edificios al este de la ciudad están en ruinas!... quizás más, ¡no hay modo de saberlo!,…el humo no permite saber más, solo sé que los gritos no cesaban ¡no dejaban mi cabeza!…Y luego pararon, y en el silencio absurdo que siguió fue todavía peor- Su voz llegaba incrédula, como si se hablara de un lugar lejano, de ficción, y no de un frente de guerra que estaba apenas tras la puerta, en nuestra calle, cayendo sobre todos. El tono de su voz aumentaba sin control, mientras señalaba insistentemente el exterior con sus dedos llenos magulladuras y algo de sangre - ¡Es urgente movernos, hacer algo!... Tenemos que hacer algo – repitió gritando - ¡ES URGENTE! – Donovan hablaba atropelladamente. Su voz temblaba de miedo e indignación. Pestañeaba repetidamente mientras las lágrimas brotaban de sus ojos irritados sin detenerse. – Esto es atroz… es… una carnicería… es…

Donovan soltó el llanto casi en silencio, deteniéndose en el quicio de la puerta del improvisado refugio. Con la espalda sobre la pared, se dejó caer hasta el suelo sollozando.

Intenté hablar pero no pude, porque en ese preciso momento una profusa tos me atrapó mientras intentaba limpiar mis pulmones. Como pude me acerqué y apoyé mi mano sobre su hombro con fuerza.

Ni siquiera intenté contener mis lágrimas. Candy cubrió su rostro con las manos y se volvió a la pared, mientras sollozaba y sus hombros se agitaban sin disimulo. No sé cuánto tiempo pasó, en tanto el cansancio nos fue serenando. Entonces, la voz de Candy surgió lentamente, entrecortada.

- No puedo explicarme, aún no puedo explicarme la razón de todo esto… no encuentro un argumento, uno solo… – dijo ella con una tristeza profunda mientras secaba su rostro con las mangas de su suéter maltrecho.

- No lo hay… – terminé yo, mirando su espalda de soslayo

- ¿Qué haremos? – preguntó Candy

Donovan se limpió las mejillas también y se irguió recuperándose poco a poco. Un tanto apenado, miró hacia el suelo y luego aventuró al aire la única respuesta posible que todos conocíamos de antemano:

- Continuar... – contestó el doctor simplemente, volviendo su cara ceniza y cansada hacia nosotros.

Candy asintió mirando a Donovan con seriedad. No había tiempo para llorar más. No en ese momento. Por supuesto que estaba consciente de ello, pero independientemente de la situación tan terrible que nos rodeaba, me quedé helado. Ella rehuía mi mirada, cualquier contacto visual conmigo. "Eso no" fue el primer pensamiento angustiante y urgente que tuve. Sin más, le tendí mi mano a Candy y para mi alivio inicial, ella la tomó, la aferró por un momento pero casi inmediatamente la soltó, apartándose de mí. Sus ojos esquivos y todavía llorosos me vieron de reojo con frialdad… Manteniendo su distancia.

Mi corazón se detuvo un momento.

Michael nos miró un segundo en el tenso silencio que siguió.

- Vamos a ello entonces… – dijo apretando los labios con determinación – los espero afuera, para... hablar… creo que podemos hacer más de lo que parece...y… bueno,... estaré por aquí… - repitió con discreción, y luego dio media vuelta y se dirigió a la vaguedad de la luz del día que se filtraba entre el humo. Su voz se fue haciendo poco a poco más inteligible, a medida que se alejaba. Al parecer hablaba con alguien más.

Por lo pronto, yo solo tenía una cosa en mente.

Candy empezó a caminar hacia la puerta ignorándome por completo. Así, sin más y yo, simplemente no pude soportarlo. Me quedé parado entre la puerta y Candy, impidiéndole la salida, como si mis pies estuvieran clavados en el suelo. Busqué su mano lánguida una vez más, pero esta vez la apresé con la mía y la detuve. No podía, me decía con toda certeza, separarme así de ella. Ahora menos que nunca, y definitivamente no así… sin una explicación… sin…

- Candy – murmuré su nombre al tiempo que acaricié involuntariamente con mi pulgar el dorso de su mano

Ella sollozó y movió su cabeza negativamente un par de veces mientras miraba al suelo.

- Déjalo, eso no importa ahora… lo importante es sobrevivir, hacer algo… lo sabes bien. No tenemos tiempo para "esto"… – dijo alarmándome como si un nuevo ataque se cerniera otra vez en la ciudad... Más específicamente sobre mí...

- Candy, por favor

Busqué su mirada poniéndome a su altura. Deteniéndome en su rostro. Rocé sus mejillas con mis dedos y ella empezó a llorar casi al instante con los ojos muy cerrados, apretados, impidiendo cualquier atisbo de su mirada. Finalmente, y entre lágrimas levantó la vista y yo le sonreí con una sonrisa parca, amarga porque no sabía si podía explicarle lo que ahora pasaba, o no pasaba entre ambos,...

- No te besaré… - le repetí nuevamente, con suavidad, mirándola fijamente y con intensidad, con todo el amor que me inspiraba o si es posible más… Pero ella, simplemente no estaba de humor.

- Eso ya lo dijiste, no necesitas repetirlo otra vez ¿ESTÁ BIEN? – dijo enfadada, como si no le importara, pero luego arrepentida arremetió en contra de la idea escupiendo sus palabras con coraje - Pero no, primero necesito que intentes explicarte, si es que puedes… ¡¿POR QUÉ?!... ¡¿POR QUÉ?! – me increpó ella, respingando en voz casi inaudible que recobró su tono casi inmediatamente- ¿Por qué me rechazas? ¿Por qué ahora que tocamos las puertas de la muerte prefieres alejarte de mí? – Candy sacudió el contacto que mantenía con su cuerpo, en claro rechazo. Estaba realmente molesta, no sé si más enojada que triste. Dio unos pasos hacia atrás alejándose de mí, ofendida pero sin perderme de vista - ¿Por qué insistes en no sentir nada por mí cuando evidentemente no es así? ¿Crees que la vida nos estará esperando siempre?... No te entiendo, ¡NO TE ENTIENDO!... ¡¿QUÉ PASA CONTIGO ANTHO…ny?...

Candy calló de pronto confundida, tartamudeando, intentando recordar mi nombre… Me miró angustiada, mordiendo sus labios. No podía recordar mi nombre, el que horas antes le había confesado, el que ella misma había pronunciado. Quizás sus episodios de amnesia eran fluctuantes, quizás no terminaría por recordarme completamente jamás. Sus ojos se abrieron más, las lágrimas escurrieron nuevamente por sus mejillas. Su respiración descompasada, elevaba y subía su pecho como si le fuera muy difícil respirar.

Yo la miré sin reclamo alguno, asumiendo que después de todo, la razón me asistía aunque fuera tan difícil aceptarlo para ambos. Tomé sus manos y las besé con fuerza y las cobijé con mis manos, sin permitir que se escabullera otra vez. Luego la miré haciendo un gran esfuerzo por repetirme un juramento inclemente y débil, el de no acercarme, el de no besarla. El juramento al cual me tenía que aferrar pese a todo.

- No te besaré amada Candy, hasta que sepas quién soy.

Me le quedé viendo intensamente, como si con la mirada pudiera permitir que las palabras que acababa de decir cayeran más hondo en su mente, en su corazón. Seguí hablándole sin dejar de verla un instante, recuperando su mirada cuando trataba de escabullirse, permitiéndome decir lo que siempre había querido decir y no había podido por una u otra razón.

- No te besaré… Hasta que recuerdes quién soy, o por lo menos hasta que sepas más de mí…, porque soy más que solo un nombre, más que mi propio nombre el cual ni siquiera puedes asegurar que sea el mío…- tomé su rostro con mis manos con toda la delicadeza y el amor que pude, esperando con el alma que ella comprendiera – ¿Cómo puedo permitirme amarte de otro modo Candy? ¿Cómo estás seguro que me amas a mí y no a la idea que tienes de mí? ¿Qué dirás mañana si me permito amarte, y entonces descubres que no soy quién crees? ¡No quiero engañarte y no lo haré jamás!... Candy. ¡No soy Anthony!, pero en muchos sentidos soy parte de él. Tu mente no me recuerda, lo acabas de confirmar... Yo esperaba tener tiempo para que lo hicieras, sin presionarte, sin dañarte, todo para que pudieras entender que en realidad siempre he estado contigo,… y ahora… ¡Ahora no puedo esperar, porque seguir vivo se está convirtiendo en una casualidad, y no permitiré que la muerte me sorprenda sin haber hablado!… Si no me recuerdas entonces tendré que decirte quién soy, porque lo cierto es que no sé si viva mañana y no moriré con esta verdad que lacera mi vida.

Cerré los ojos, suspiré con fuerza y entonces las palabras que dije ya fueron imposibles de contener.

- No soy Anthony Candy ¡Soy otra persona!... Soy Albert… ¡SOY ALBERT Y POR TODOS LOS CIELOS TE ASEGURO QUE TE AMO! ¡Te amo y te he amado no sé desde cuando! Estos años en los cuales no sabía tu paradero han sido los peores de mi existencia. Encontrarte fue igual que encontrar una segunda oportunidad de creer, de tener esperanza, de vivir, de sentir, de ser… ¡Carajo! ¿Cómo te lo puedo explicar?. No sé cuántas veces estuve a punto de dejarme llevar por la desesperación cuando no sabía si estabas viva o muerta. Ahora te encontré, y lo último que me pasa por la cabeza es renunciar a ti... No querida, ¡no estoy renunciando a este amor! Tan solo pensarlo es casi imposible además. Aunque me lo pidieras, aunque muriera, seguiría amándote. Candy, no lo dudes ni por un segundo… lo que más deseo es estar contigo, y sin embargo no te puedo besar… ¡NO TE PUEDO BESAR!

Ella no asintió ni movió su rostro. Me escuchaba con la respiración agitada y casi petrificada. ¡Cielos! Tan solo esperaba no complicar más su estado, su salud mental, pero esto ya era imposible de callar…

- Es importante que sepas más de mí antes de besarte hasta morir… Te aseguro que esto no es fácil… Tan solo necesito que confíes en mí… ¡CONFÍA EN MÍ!

Candy asintió todavía agitada, y con toda su atención en mis palabras, solté la verdad y sentí que un enorme peso se iba diluyendo descargando mis hombros de tensión acumulada por años.

- Soy Albert… – insistí temblando, atragantado con mi propio aliento, apretando sus hombros – Soy… - tragué saliva pero ya no me podía detener – un Andrew, soy tío de Anthony, soy hermano de Rosemary… Soy…

- Tío de Anthony... – repitió casi en un susurro, incrédula

- Si... Soy "el" tío de Anthony… - dije a mi vez cansado, con las palabras que salían a duras penas de mi garganta - la tía Elroy me llamaba, el "tío abuelo", para ocultar mi verdadera identidad como heredero de los Andrew… una verdadera estupidez, si me preguntas… - terminé hablando más para mí que para ella…

La miré fijamente con seriedad, con más angustia que otra cosa. No quería perderla, pero este laberinto de identidades era un tormento que ya no estaba dispuesto a alimentar. Al fin, Candy con una tristeza evidente, bajó la cara y frotó con las mangas de su suéter las lágrimas que se veía decidida a contener.

- Eres el tío William – me miró con incredulidad – eres… No eres Anthony… - dijo con cierta desilusión que a mí me sentó como un golpe en el estómago

- Soy William Andrew - dije finalmente asumiendo en una exhalación la verdad desnuda. – William Albert Andrew en realidad

Ella, pasmada, se llevó las manos a su frente, cerrando los ojos, intentando entender. Los segundos parecían interminables. No pude haber contenido la respiración todo ese tiempo, pero casi puedo apostar que dejé de respirar esperando lo que fuera de su parte. Una palabra, sorpresa, rechazo… lo que fuera. Finalmente ella me miró a los ojos y sus palabras me desarmaron por completo.

- No… no eres el tío William... ¡Eso no puede ser posible!

Yo bajé la vista con cierta desesperación y decepción, y entonces ella tomó mi hombro.

- No, no ¡Espera!... ¡No es que no te crea!... Es lo que sé – me dijo temblando - Eres alguien que conozco, porqué sé que te conozco… y al tío abuelo jamás lo conocí, jamás lo vi, casi podría asegurártelo… Por lo menos, eso recuerdo, eso creo recordar… - insistió presionando sus memorias, tratando de extraer algo de su mente - He visto antes tu rostro, he visto tus ojos así como los veo ahora, he tenido tu piel al alcance de mi mano como ahora… No eres el tío abuelo William, ¡eres alguien más! ¡Lo sé aunque mi memoria sea un desastre, lo sé!

- Candy, ¡cálmate por favor!... por supuesto que yo soy más que un anónimo "tío abuelo". Tus dudas se resolverán cuando recuerdes precisamente quién sí fui en tu vida… ¡es una promesa! – le aseguré realmente preocupado

- ¡No! ¡Permíteme terminar!... – me dijo con resolución - En mi mente… mi mente me dice sin duda alguna que tú eres Anthony, aunque intento asumir que no lo eres, porque tú específicamente me estás diciendo que no es así… Y entonces me pregunto ¿cómo puedo confiar en ti a ciegas, tomando como cierto todo esto que me dices? Incluso contra mi propio convencimiento, contra toda lógica y contra mis propios argumentos, contra lo que me queda de razón... No se porqué pero te creo… ¿Qué no ves cuánto confío en ti?,... ¡¿Cómo te lo puedo explicar, si yo misma no entiendo cómo?! Pero aquí lo realmente importante es... An... Al..bert,… ¡ALBERT! – repitió mi nombre cerrando los ojos y aferrándose a él - Te lo dije antes, y te lo digo ahora: ¡NO ME IMPORTA CÓMO TE LLAMES!, ¡NO ME IMPORTA!… - sus gritos inundaron el lugar, y entonces levantó su dedo con determinación frente a mi rostro - ¡NO TE ATREVAS A ALEJARTE DE MI! ¡NO TE ATREVAS A DEJARME SOLA OTRA VEZ! No me alejes, no me prohíbas abrazarte, ni tocarte porque siento que te he extrañado ya demasiado, y no tengo tiempo para estas sandeces … ¡Y NO ME BESES SI NO QUIERES!, ¡NO ME BESES POR FAVOR TE LO RUEGO!... Ya habrá tiempo para entender esta confusión de recuerdos, para que estés tranquilo y tu inoportuno sentido del deber y del honor repose en paz… ¡Sí, inoportuno! – respondió ante mi mirada sorprendida- Inoportuno y fuera de lugar para poder expresar lo que sentimos… Y es que, ahora entiendo que esto que sucede sobrepasa por mucho cualquier miramiento y protección que pretendes darme, y tú también deberías entenderlo porque… porque….- Candy estaba desatada y entonces enfatizó con vehemencia, como si tuviera una revelación - ¡PRECISAMENTE POR QUÉ ME AMAS! ¡POR QUÉ TAMBIÉN ME AMAS! Y porque ahora irremediablemente, te amo más…

Candy lloraba profusamente. Se alejó de mi con los brazos inermes a sus costados, y luego levantando la vista balbuceó una serie de palabras que salvaron mi vida para siempre.

- Lo único que sé de cierto, algo que no olvidaré, es que no estoy dispuesta a renunciar a la idea de estar contigo…

¡Diantre!

Exhale profundamente…

Tomé su mentón, alcé su boca entreabierta a la mía y deposité con frenesí el beso apremiante que tenía guardado para ella desde que mi mundo era el suyo. La dulzura de su aliento, la fuerza de sus labios que refrescaban el mío. El sabor a sal de sus lágrimas dio a nuestro encuentro todavía más intensidad. Candy invadió mi cuerpo, mi espíritu, mi ánimo y todo lo que soy, integrándose a cada palmo de mi piel, de mis pensamientos, de todo lo que me hace sentir vivo. Mis manos exploraron su melena revuelta acariciándola repetidamente, uniéndola a mi beso desechando cualquier intención de dejarla escapar, y menos aún, puesto que ella ya había echado sus brazos en torno mi cuello y se aferraba, y se pegaba a mí como la humedad a la pared, a la hiedra, al bosque por la mañana. Ella empezó a pulsar por cada parte de mi cuerpo. En cada uno de mis pensamientos, mi futuro, mi amor, mi espíritu, en todo lo mío que ya estaba a sus pies. Pasara lo que pasara. Jamás me había sentido de esa manera. Jamás. Sus labios temblaban, pero no se decir quién temblaba más, porque yo apenas podía mantenerme en pie. Ese placer culposo de saberla mía, en ese éxtasis de tan solo un beso, me invadió por completo, y pensé que nunca sería capaz de replicar otro "no", nunca más… ¡Qué cálidos y deliciosos eran sus labios! La forma en la que se repegaba a mí... Beber su aliento… una frase trillada, pero que en esos momentos daba cuenta de todo y más de lo que sentí. Beber su aliento indispensable en un beso que apenas empezaba a respirar… ¡que no podía morir! Necesitaba ese beso y la promesa que incluía, y no lo había entendido sino hasta ese momento…

Era cuestión de vida, de vivir…

Mis manos se posaron sobre su espalda y la apreté más contra mi pecho, mientras disminuía la intensidad del beso. Ella repasó mis labios varias veces más sin pretender separarse definitivamente, y yo sonreí bajo la sucesión de sus besos dejándome querer otro instante y otro más robado a la guerra.

Un solo beso no sería suficiente. No podría serlo jamás… pero tenía que bastar por ahora, me repetía en tanto me alejaba de ella rompiendo el contacto, su encanto, intentando convencerme.

Finalmente recargué mi frente en la suya y la besé otra vez con cuidado. A pesar de la evidencia, de todo lo que estaba ocurriendo, debía detenerme. La parte legal en nuestra relación... no me importaba lo que pensaran los demás. Pero necesitaba arreglar eso cuanto antes, darle la libertad de decidir frente… frente a quién fuera sobre lo que teníamos, y entonces lo único que me importó salió simplemente de mis labios:

- Te amo Candy…

- Te amo… – Candy suspiró besándome lentamente otra vez – Nunca olvides, que yo también te amo… lo resolveremos… lo resolveremos pronto…

Sin decir más se dejó caer con todo su peso entre mis brazos apretándose contra mi pecho y luego sin soltarme, se separó un poco, repasando con la lengua los labios se irguió y me llevó hacia el exterior, hacia el jardín. Por un momento, su mano se deshizo del contacto de la mía, y cuando el sol me deslumbró y la vi desaparecer perdida en el resplandor, se disparó una alarma casi estridente en mi mente. No tardé más de dos segundos en alcanzarla, y caminar a su lado para escuchar hasta el murmullo más tenue de su voz. No la dejaría. Eso, ni pensarlo.

Ahora una de mis prioridades era definitivamente encontrar la manera de que supiera lo que significaba el que yo fuera un Andrew. Todo lo que ello implicaba, incluyendo nuevamente esta situación de la adopción. Creo que esa parte todavía no le quedaba clara a Candy. Pero no era el momento de insistir. Yo debía transmitirle que pese a lo que fuera, yo siempre sería Albert, uno que ella recordaría o quizás no. Ella tenía que saber, aunque su memoria no regresara jamás… Necesitábamos claro estaba explorar más su memoria... quizás ella podría recordar más de lo que parecía... Ahora juntos podría haber más oportunidades para hacerlo porque todavía quedaban muchas preguntas sin respuestas. Muchas mías, muchas de ella. Con todo, algo estaba claro: el viaje hacia el pasado de nuestras vidas, se tendría que mezclar con el presente, con el futuro…

Así, mis esperanzas se fueron atadas a su paso firme, hacia la casa. En el Hall, Donovan daba instrucciones a un par de voluntarios que traían a toda prisa una camilla con un herido, y los disponía por todo el lugar. El ni siquiera volteó a verme cuando supo que estaba ahí. Sabía que no necesitaba permiso y que yo de antemano le daba mi aprobación total a la idea. La mansión no era ya de los Andrew, pero hasta que los nuevos dueños aparecieran, yo podría responder por la política de puertas abiertas. El mundo, todo estaba cambiando.

En la trifulca y el desorden de las siguientes horas, no me di cuenta que la tempestad y la confusión, se habían colado al interior de la mansión en más de un sentido, en manos de alguien que pensé no vería en mucho tiempo.

Continuará...


Ya por fin la entrega del capítulo 7... espero subir el próximo en este mismo mes, antes de que empiece lo duro de mi chamba (febrero que ya se viene encima). Releyendo la historia (ya la volví a editar, lo cual creo que seguiré haciendo después con el resto de los capítulos para darle más coherencia) recordé mucho a CFRio... esa Candy es una llorona ¿eh? Y no sé cómo me iría con ella al tener a un Albert tan llorón también... XD Cada lágrima queridas mías, está puesta ahí por una razón. Sin embargo, me parece que nada es eterno y me gusta pensar que en un futuro no muy lejano, podré hacer algo mejor con esta y con otras historias que he escrito. Este experimento de escribir y salirle a la historia en cada rincón me sigue pareciendo entretenido, ya que de origen pensaba que esto fuera solo un minific. El precio sin embargo es que me voy a permitir regresar y editar cuando me dé la gana, o cuando sienta que no debí haber escrito algo en particular. Vicios y beneficios de ser el autor supongo. . El experimento me sigue siendo interesante. Espero que a ustedes también les resulte igual. Ya de perdis, espero en lo próximo intentar evitar lo predecible. Eso, me interesa mucho. Finalmente y ya sin tanto rollo, espero que sea de su agrado este capítulo y ya sin más... ¡Gracias por anticipado!